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miércoles, 13 de enero de 2016

¡Ayuda, ayuda! Se hunde la Morelos

Para no ir tan lejos, una obra dice más que mil palabras. De esa manera, podrán hacerse cientos y miles de spots sobre un gobierno local. Podrá contratarse una cara bonita para decir que es el mejor gobierno, pero al final del día, lo que habla son las obras. Por lo mismo, más vale que sean de calidad. Recién empezamos el año con una noticia sorprendente: ¡la avenida Morelos se hunde! Más todavía, la emblemática avenida, casi se come un automóvil. ¡Imagínese el hambre!






Hacia el inframundo. Foto: El Siglo. 

Como ya es costumbre, cada que llueve en Torreón, la situación es para alarmarse. Y casi podría decirse que eso del "calentamiento global" sí es cierto. ¡No! No es un invento de amargados ecologistas. ¿Se acuerdan de las lluvias atípicas del año pasado? Todavía es fecha que las seguimos culpando. Si hay un accidente, la culpa es de las lluvias atípicas. Si falló el alumbrado, la culpa es de las lluvias atípicas. Si hay baches, la culpa es de las lluvias atípicas. Sin embargo, aquí donde "vencimos al desierto", la lluvia es malestar. Llueva mucho o llueva poco, la ciudad se desquicia. Mejor quedarnos así. Pero la preocupación no nos viene de la sequía, ni de los terregales, sino del agua. Si llueve mucho es problema. Si llueve poco, también. Con la ayuda del obispo, habría que convocar a una misa multitudinaria en el lecho seco del río Nazas. La plegaria sería: ¡Que ya no llueva más! Ni siquiera chipi-chipi.
El agua es cristalina, y por estos días, la lluvia aportó más transparencia que ni participación ciudadana 29. ¡Sí! La pertinaz lluvia exhibió con notable claridad, la calidad de las obras que el gobierno municipal emprendió en la Morelos. ¿Estábamos mejor cuando estábamos peor? "Por favor que ya no llueva", gritaron en lo más alto de la presidencia municipal.
Entre más lluvia más transparencia. Primero un taxi desvió su curso al inframundo. Y el pavimento se movía, se movía, se movía. Luego otro hundimiento más. Y el pavimento se movía, se movía, se movía. Como la lluvia siguió, otro hundimiento nos regaló la lluvia. ¡Cuánta generosidad! ¡Cuánta transparencia! Curiosamente, el mayor crítico que encontró el gobierno de Miguel Ángel Riquelme, no provino del PAN, y mucho menos de algún acucioso periodista, sino de una lluvia que le dio por revelar la verdad en las calles. Parece que las cosas no las ocultaron bien.
Tal vez más pronto que tarde, estemos padeciendo las segundas lluvias atípicas en la ciudad. ¡Más vale preparar el paraguas! Después del regaño al experimentado director de Obras Públicas, Gerardo Berlanga, vino el regaño a Hugo Pérez Agüero, dueño de la empresa que el municipio culpó. Mejor dicho, exculpó, sino desde cuando lo hubieran notado. Sin pudor alguno, el hábil constructor declaró a la prensa: "Pero es falso que los trabajos tengan vicios ocultos, tampoco hubo negligencia". Léase: "vicios ocultos", "negligencia".
Pero no hay que escatimarle crédito a la lluvia. El problema no fue el cuidadoso trabajo de supervisión de la Dirección de Obras Públicas; Berlanga no se equivoca. Tampoco el problema es del constructor responsable de la obra, que hace de la calidad, su mejor sello de trabajo. El problema es de la lluvia y de nadie más. ¡Sí! De nadie más. La lluvia es el responsable de los problemas de la ciudad. Hay que decirlo con todas sus letras, el culpable es la lluvia. No se le olvide esto querido lector. Las obras se hacen bien, pero la lluvia todo lo estropea. Habría que buscar sanciones. Limitar las aguas y hasta hacer un gigantesca techumbre para proteger la Morelos. Así, no dudamos que jamás se volverá a hundir la Morelos.
6 de enero 2016
El Siglo de Torreón

domingo, 30 de junio de 2013

Torreón, propuesta para el cabildo

Como otras elecciones municipales, la figura principal es el candidato. Nadie recibe más atención de los electores, los medios y los mismos políticos, que el candidato. Mucho sobre Jesús de León, mucho sobre Miguel Ángel Riquelme… ellos y nada más son la atención durante el proceso local. Pero poca atención se guarda a quienes acompañan formalmente a los candidatos. No me refiero a sus promotores en las calles, sino a la conformación de la planilla de regidores y síndico. ¿Quiénes son? ¿qué van hacer con los problemas de la ciudad?

Para bien o para mal serán el equipo del próximo alcalde durante los próximos años. Más todavía, serán esos regidores quienes tomen las decisiones más importantes para la ciudad. Desde el presupuesto, la aprobación de impuestos o incentivos fiscales, hasta la regulación del transporte y la movilidad. Lo mismo en otras cuestiones públicas como los espacios públicos, e incluso, ciertas conductas de los ciudadanos. Tradicionalmente se piensa en el alcalde como principal responsable de la administración, pero la máxima autoridad reside en el Cabildo. Algunas veces de manera ejemplar, otras en formas notablemente degradadas.

Muchas cosas hemos escuchado de los candidatos: serán los mejores alcaldes, habrá inversión sin precedentes, se recuperará la confianza e incluso el agua no faltará. La lista de buenos deseos es larga. Las problemas muchos. Los recursos limitados. Pero lejos de pedirles obras de millones de pesos como puentes y más pavimento para los autos, al futuro cabildo le pediría, y desde ahora hago votos, atender los reglamentos del municipio. La finalidad es muy sencilla: actualizar y dejar en concordancia los enunciados de las reglas con las prácticas. Parece mucho, pero les propongo un aspecto en concreto, y nada más.

Derogar el reglamento de anuncios. ¡Sí! Anular ese reglamento para tener congruencia con lo que sucede de facto en la ciudad. En Torreón cada quien se anuncia como quiere, donde puede y cuando quiere. ¿No es algo similar al graffiti o el vandalismo? Cada quien su anuncio, cada quien su rayón. Para eso tenemos el mobiliario urbano al alcance de todos. También incluye puentes, camellones, postes, semáforos, bardas… en el colmo de la aberración, están las palmeras y los árboles. ¡Todo está permitido! La regla general es anunciarse. No importa el lugar, o que se paguen derechos. Por ejemplo, hay un vendedor impune que anuncia “duelas y pisos laminados” por doquier. Cómo vil vándalo ha marcado toda la ciudad. No hay autoridad que lo frene, ni vigilancia que lo pare. Cuando alguien quita sus anuncios, con gran eficiencia los vuelve a reponer. No hay quien le gane. Tanto como un ciudadano que pinta una barda rayoneada, pero al siguiente lunes amanece igual, y así hasta el cansancio. En Torreón se carece de orden y estética. La ciudad de por sí es fea, pero los anuncios agravan su aspecto. Por lo tanto, derogar ese reglamento sería un buen paso para reconocer la anarquía en materia de anuncios. Es el orden del desorden. Por lo mismo, una acción tan sencilla como derogar ese reglamento, nos dejaría en absoluta congruencia con las prácticas ciudadanas. Una ciudad fea de facto, pero no por reglamento.

Próximos ediles, dejen de lado la corrección política de sostener reglamentos inútiles que nadie cumple ni desea cumplir. En mucho mejoraríamos si empezamos por pequeñas acciones. Una de ellas es atender las prácticas. ¿Habrá alguno que le interese?

Posdata
Para quienes gustan de las creencias en tiempos de elecciones, conviene leer a Karl Popper: ¿17 puntos arriba? ¡Qué malos estudios!

30 de junio 2013
http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9184914