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sábado, 18 de mayo de 2013

Rayuela, 50 años


Todavía sigo enamorado de la Maga. “¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua” (1).
Del lado de allá. “Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”. “Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua” (7).
Del lado de acá. “Todo porque se le mezclan las realidades y los recuerdos de una manera sumamente no-euclidiana” (56). “Caminar con un propósito que ya no fuera el camino mismo. De tanta cháchara (qué letra, la ch, madre de la chancha, el chamamé y el chijete) no le quedaba más resto que esa entrevisión. Sí, era una fórmula meditable. Así la visita al Cerro, después de todo, habría tenido un sentido, así la Maga dejaría de ser un objeto perdido para volverse la imagen de una posible reunión —pero no ya con ella sino más acá o más allá de ella; por ella, pero no ella—.(48).
De otros lados. “Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia” (68). Rayuela, Julio Cortázar, 1963.
5 de mayo 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9179670

domingo, 4 de marzo de 2012

50 años de cronopios y famas



Como el cine, la literatura es mejor que la vida. Por eso regreso obligadamente a ciertos libros, a ciertas lecturas. Historia de cronopios y famas (1962), es uno de ellos. No recuerdo cuándo di con aquella feliz edición de Minotauro, publicada en Argentina. 
Lo que sí recuerdo es el impacto que me causó ese libro: gracia, risa, gusto por ver el lado insólito de las cosas que siempre están frente a nosotros. Así es la literatura de Julio Cortázar, divertida, siempre dispuesta al juego, a la inteligencia lúdica de quien nos enseña a ver un escalera, un reloj, un sillón, una hormiga o un cabello. Con Julio redescubrimos lo cotidiano al revés.  A veces somos cronopios, otras famas.

Este año se cumplen 50 de Historia de cronopios y famas. No dejo pasar la ocasión de un brevísimo homenaje. 

De pérdida y recuperación del pelo:
“Para luchar contra el pragmatismo y la horrible tendencia a la consecución de fines útiles, mi primo el mayor propugna el procedimiento de sacarse un buen pelo de la cabeza, hacerle un nudo en el medio y dejarlo caer suavemente por el agujero del lavabo”.

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De instrucciones para tener miedo:
“En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere”.

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De instrucciones para dar cuerda al reloj:
“Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. […]No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj”.

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De propiedades de un sillón:
“En casa del Jacinto hay un sillón para morirse. Cuando la gente se pone vieja, un día la invitan a sentarse en el sillón, que es un sillón como todos pero con una estrellita plateada en el centro del respaldo. La persona invitada suspira, mueve un poco las manos como si quisiera alejar la invitación y después va a sentarse en el sillón y se muere”.

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Acefalía:
“A un señor le cortaron la cabeza, pero como después estalló una huelga y no pudieron enterrarlo, este señor tuvo que seguir viviendo sin cabeza y arreglárselas bien o mal”.

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Historia:
“Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta”.

Gracias Julio. 

4 de marzo 2012
Milenio http://impreso.milenio.com/node/9123501