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lunes, 26 de diciembre de 2016

La región nunca más transparente

Foto: http://elpoderdelconsumidor.org/contaminacion-del-aire/sufre-monterrey-alta-contaminacion-desde-hace-mas-de-15-anos-y-su-poblacion-lo-desconoce/

En Visión de Anáhuac, un texto imperdible del gran Alfonso Reyes, abre con una bienvenida al viajero: “has llegado a la región más transparente del aire”. Mucho tiempo después, en los años cincuenta, un brillante discípulo de Reyes, por entonces el joven Carlos Fuentes, escribió una novela entrañable, La región más transparente. Lo irónico, y hasta lo trágico de aquel título, es una ciudad de México nunca más transparente del aire. Ahí el caos es normalidad, y el tráfico interminable. Por donde se le vea, el sello de una ciudad que no funciona. La ciudad es tan grande como desordenada. En los últimos meses, el ambiente que ya era malo, terminó peor. Como una indeseada vuelta a la década de los noventa, la contingencia ambiental, el Hoy No Circula y la perenne contaminación están de regreso. ¿Alguna vez se fueron? En plena época de alternancia, allá por el 2000, la inversión pública más visible del gobierno de la ciudad, fue a parar a esos horrores de segundos pisos. Una infraestructura atroz y millonaria para los automóviles. A la vuelta de los años, la contingencia es un resultado visible. Por supuesto, no el único, pero sí una cadena de consecuencias asfixiantes.  La inversión en el transporte público fue poca cosa, comparado a  esas moles de cemento que en otros países han tumbado por nocivas. Unos culpan a otros: los automovilistas a los camioneros, los políticos a otros políticos, e incluso, notables ilustrados culpan a los semáforos, bordos y hasta a la nueva ley de movilidad. Pero mientras todos expían sus culpas, el smog sigue ahí.
De esa manera, en los medios se habla de la contingencia como si fuera un problema exclusivo de valle de México. Más todavía, para ese discurso dominante, el problema no es la descomunal cantidad de automóviles, sino el programa Hoy No Circula. Para esa visión, lo que contamina, —no dejan de asombrarme estas afirmaciones—, no es el automóvil, si no lo lento que va en las calles por culpa de la ley. Ya lo decía Descartes con cierta mordacidad: el buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo. Pero dejemos de lado a la región nunca más transparente, allá están más ocupados en hacer un “constitución”.
Lo significativo de la contaminación que puebla el paisaje urbano, es que la ciudad México no tiene el monopolio de la contingencia.
Paradójicamente hay ciudades mexicanas tan contaminadas o más que México, donde se habla de cualquier cosa, menos de contingencia. La Organización Mundial de la Salud, recién renovó la base de datos de 2011 a 2014, (Who Global Urban Ambient Air Pollution Databese), donde muestra quién es quién de las ciudades más contaminadas en el mundo. Si vamos al caso mexicano, el top de urbes contaminadas lo lidera la zona metropolitana de Monterrey, que está peor que México, y eso ya es mucho decir. Por supuesto, el deterioro del ambiente no importa a las autoridades regias, que ni por error reconocen la contingencia. Allá están más interesadas en hacer un segundo piso rumbo a la carretera Nacional o en Gonzalitos, como ya anunció inteligentemente el alcalde de Monterrey, Adrián de la Garza. Eso sí es negocio, y no las alertas ambientales.
¿Y qué pasa con el mentado Bronco, un tal Jaime Rodríguez que es gobernador de Nuevo León? Él sólo sueña con ser candidato independiente a la presidencia de la República en el 2018. Entonces ¿para qué molestarse en gobernar? Regresemos al smog; perdón, al ranking de contaminación urbana de la OMS. En segundo lugar está Toluca, y luego le siguen las ciudades del bajío: León, Salamanca, Irapuato y Silao. En la desesperación por tanta polución, el ayuntamiento de León, Guanajuato, ya analiza la posibilidad de aplicar un programa como el Hoy No Circula. A ver cómo les va. Para muchos, restringir la circulación del automóvil es un anatema.
El séptimo lugar de la polución lo comparten Puebla y México, como diciendo, siempre hay otros peores. Y finalmente, la menos mala de las grandes, es Guadalajara. Lo revelador de estos datos no es lo mal que estamos, eso ya lo respiramos a diario, sino la ausencia de políticas serias y consistentes en largo plazo para remediar la calidad del ambiente en las ciudades.

1 de junio 2016 El Siglo 

sábado, 19 de mayo de 2012

Adiós Carlos


Murió Carlos Fuentes, nuestro gran escritor mexicano. Recién había leído la entrevista que se publicó en El País, la cual deja ver a un Fuentes tan activo como hace diez, veinte o treinta años. Firmando autógrafos a cientos de personas como lo llegó a hacer hace tiempo en Torreón. Dando constantemente entrevistas, presentando libros y escribiendo prolíficamente como si fuera un muchacho. 


Tras la noticia de su deceso, no pude menos que sentir agradecimiento por las novelas y los ensayos que leí. Como quien recurre a un fetiche, ayer me dirigí a buscar entre mis libros La región más transparente. Ahí está todavía Ixca Cienfuegos diciéndonos: “En México no hay tragedia: todo se vuelve afrenta”.

Luego desempolvo del librero y de la memoria Agua quemada, La muerte Artemio Cruz, Aura, Gringo viejo, Las buenas conciencias, Tiempo mexicano, El espejo enterrado, Cristóbal Nonato y Terra Nostra. También están las muchas editoriales en los periódicos y las docenas de artículos en las revistas. Todavía tengo en mi memoria ese texto que me permitió redescubrir la Texas hispánica y la imparable migración que ahora hace esas poblaciones.


Alguna vez lo traté brevemente, tanto como los miles de admiradores que nos acercamos después de una conferencia. En aquél entonces estaba por salir de la preparatoria y tenía la ingenua inquietud de estudiar filosofía. “¿Tiene sentido estudiar filosofía?”. Su respuesta fue positiva e incluso me alentó a emprender esos estudios. Por fortuna, a pesar de que ya estaba encarrilado formalmente en la filosofía, una suerte de lucidez y autocrítica en la antiescuela de E. M. Cioran me hicieron rectificar.


Fuentes vivió hasta sus 83 con lucidez. Su opinión sobre los tres principales candidatos a la presidencia de la República fue muy clara. De mediocres y pequeños no los bajó: “A mí me parecen candidatos mediocres o poco interesantes los tres. No nos están ofreciendo ninguna novedad, nos dan retórica”. 
Su gallo era Marcelo Ebrard, a quien consideraba un candidato inteligente. Sobre el debate del seis de mayo escribió en una editorial: “Me preocupa e impacienta que estos grandes temas de la actualidad estén fuera del debate de los candidatos a la presidencia de México, dedicados a encontrarse defectos unos a otros y dejar de lado la agenda del porvenir”.

En reiteradas ocasiones condenó la guerra contra el narco. Afirmaba que el narco tiene todas las de ganar. Para el escritor la forma de enfrentar el problema que ahora nos tiene sumidos en la violencia está en la legalización de la drogas. No es extraño, que en su última visita a Colombia, reiteró su posición con su ex alumno, y ahora mandatario, Juan Manuel Santos.


Recientemente sobre lo que sucede en nuestro siglo comentó: “Me fascinan los cambios que estamos viviendo. ¿Quién iba a decirle a usted que los cambios iban a empezar en el norte de África? Y de ahí se ha extendido a buena parte de Europa y a los Estados Unidos”.
Fuentes, el escritor que en tiempos de tabletas y redes sociales escribía a mano y con pluma. Fuentes nuestro gran escritor al que hay que regresar. Tal vez ahora se encuentre bailando. Descanse en paz.



15 de mayo 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9147587