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sábado, 19 de mayo de 2012

Adiós Carlos


Murió Carlos Fuentes, nuestro gran escritor mexicano. Recién había leído la entrevista que se publicó en El País, la cual deja ver a un Fuentes tan activo como hace diez, veinte o treinta años. Firmando autógrafos a cientos de personas como lo llegó a hacer hace tiempo en Torreón. Dando constantemente entrevistas, presentando libros y escribiendo prolíficamente como si fuera un muchacho. 


Tras la noticia de su deceso, no pude menos que sentir agradecimiento por las novelas y los ensayos que leí. Como quien recurre a un fetiche, ayer me dirigí a buscar entre mis libros La región más transparente. Ahí está todavía Ixca Cienfuegos diciéndonos: “En México no hay tragedia: todo se vuelve afrenta”.

Luego desempolvo del librero y de la memoria Agua quemada, La muerte Artemio Cruz, Aura, Gringo viejo, Las buenas conciencias, Tiempo mexicano, El espejo enterrado, Cristóbal Nonato y Terra Nostra. También están las muchas editoriales en los periódicos y las docenas de artículos en las revistas. Todavía tengo en mi memoria ese texto que me permitió redescubrir la Texas hispánica y la imparable migración que ahora hace esas poblaciones.


Alguna vez lo traté brevemente, tanto como los miles de admiradores que nos acercamos después de una conferencia. En aquél entonces estaba por salir de la preparatoria y tenía la ingenua inquietud de estudiar filosofía. “¿Tiene sentido estudiar filosofía?”. Su respuesta fue positiva e incluso me alentó a emprender esos estudios. Por fortuna, a pesar de que ya estaba encarrilado formalmente en la filosofía, una suerte de lucidez y autocrítica en la antiescuela de E. M. Cioran me hicieron rectificar.


Fuentes vivió hasta sus 83 con lucidez. Su opinión sobre los tres principales candidatos a la presidencia de la República fue muy clara. De mediocres y pequeños no los bajó: “A mí me parecen candidatos mediocres o poco interesantes los tres. No nos están ofreciendo ninguna novedad, nos dan retórica”. 
Su gallo era Marcelo Ebrard, a quien consideraba un candidato inteligente. Sobre el debate del seis de mayo escribió en una editorial: “Me preocupa e impacienta que estos grandes temas de la actualidad estén fuera del debate de los candidatos a la presidencia de México, dedicados a encontrarse defectos unos a otros y dejar de lado la agenda del porvenir”.

En reiteradas ocasiones condenó la guerra contra el narco. Afirmaba que el narco tiene todas las de ganar. Para el escritor la forma de enfrentar el problema que ahora nos tiene sumidos en la violencia está en la legalización de la drogas. No es extraño, que en su última visita a Colombia, reiteró su posición con su ex alumno, y ahora mandatario, Juan Manuel Santos.


Recientemente sobre lo que sucede en nuestro siglo comentó: “Me fascinan los cambios que estamos viviendo. ¿Quién iba a decirle a usted que los cambios iban a empezar en el norte de África? Y de ahí se ha extendido a buena parte de Europa y a los Estados Unidos”.
Fuentes, el escritor que en tiempos de tabletas y redes sociales escribía a mano y con pluma. Fuentes nuestro gran escritor al que hay que regresar. Tal vez ahora se encuentre bailando. Descanse en paz.



15 de mayo 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9147587

martes, 17 de mayo de 2011

Celebrar la muerte

El domingo por la noche leí la noticia: Estados Unidos mata a Osama Bin Laden. Después de casi diez años y más de tres billones de dólares diría Joseph Stiglitz, el gobierno norteamericano logró una operación exitosa para terminar con el terrorista. Al final, un puñado de “seals” hizo lo que varios miles no pudieron en años de invasión a Afganistán e Irak.

La leyenda del hombre escondido en alguna cueva en Tora Bora, terminó bajó las balas en un lujoso sector de Pakistán. De manera simultánea el gabinete de Obama observó la cacería desde las oficinas en Washington. Las fotográficas oficiales de la Casa Blanca muestran diversas expresiones entre gusto, estupor y conmoción.
Ese mismo día por la noche el presidente estadounidense Barack Obama leyó un cuidadoso discurso durante tanto tiempo pospuesto. Para Obama, después de la muerte del terrorista “el mundo es ahora más seguro”. A pesar del tiempo transcurrido, se ha hecho justicia, declaró el presidente norteamericano. Pero a diferencia de su antecesor en la presidencia, George W. Bush, no pronunció un discurso religioso para señalar a los enemigos. Obama habló de Bin Laden en tanto terrorista al que no debe confundirse como un líder del Islam, porque como afirmó aquella noche, Estados Unidos no está en guerra contra esa fe.

El mensaje fue contundente y claro para las familias que sufrieron la tragedia del 9-11, pero también para el mundo. Tras la noticia hubo reconocimientos, felicitaciones, festejos y hasta afloró el orgullo nacionalista en el entorno estadounidense. Afuera de la Casa Blanca una multitud festejó. Pero si bien, el principal terrorista no quedó impune y las fotos de su rostro lo atestiguan, la celebración de la muerte en las calles refleja la miseria.

Al desentrañar el juicio de Eichmann en Jerusalén en 1961, la filósofa alemana Hannah Arendt hizo una valiente crítica no sólo a los asesinos, sino a los asesinos de los asesinos. Su reflexión sobre la legalidad y la justicia llevaron a mostrar las fallas del juzgador. La banalización del mal no tiene exclusividades.

Desde la realpolitik hay un contrargumento clásico: si quieres la paz prepara la guerra. No obstante el riesgo de esa vía siempre es latente, no importa cuán poderoso sea el “pacificador”, o cuanta pretensión se tenga sobre la seguridad en el mundo. No hay un solo camino para buscar la paz, ni tampoco un largo periodo en la historia sin guerra. Así de duro, así de contradictorio.

4 de mayo 2011
Milenio http://impreso.milenio.com/node/8953306