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martes, 5 de septiembre de 2023

Tengo un sueño

 



Hay momentos en la historia vibrantes. El pasado 28 de agosto, se cumplieron sesenta años del famoso discurso que pronunció el Dr. Martin Luther King, en Washington, 1963. I Have a Dream (tengo un sueño), es una frase para la memoria colectiva. Anclado en los símbolos, habló desde el monumento de Abraham Lincoln, frente a más de 200 mil almas dispuestas a la esperanza. Escuchemos su voz: "Les digo a ustedes hoy, mis amigos, pese a todas las dificultades y frustraciones del momento, yo todavía tengo un sueño. Es un sueño arraigado profundamente en el sueño americano. Yo tengo un sueño de que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo: que todos los hombres son creados iguales. Sueño que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter".

Las palabras del líder por los derechos civiles iluminaron una época sombría, donde el racismo, la discriminación, los asesinatos políticos y la segregación hacia los afroamericanos, eran la norma. En el corazón de la democracia, pervivían profundos valores antidemocráticos que dividieron a la sociedad estadounidense. El movimiento de desobediencia civil por la equidad, logró impulsar en 1964, la Ley de Derechos Civiles, y en 1965, la Ley de Derecho del Voto. Figuras como Rosa Parks se volvieron fuente de inspiración para muchos.

No obstante, las acciones afirmativas, los resabios del racismo en los Estados Unidos, perviven en la actualidad, no sólo contra los afrodescendientes, también contra mexicanos y latinos. La discriminación vive una puesta al día en la frontera. De la misma manera, al interior se resaltan los valores de una supuesta "supremacía blanca". Es relevante observar cómo la política formal refleja esas actitudes. Milwaukee, 23 de agosto. Se realiza el primer debate de los aspirantes a la candidatura presidencial por el Partido Republicano, participaron ocho miembros. Los aspirantes coinciden en sus opiniones sobre el presidente Joe Biden: forja "el declive americano".

Al mismo tiempo, hubo consenso para referirse a los migrantes que llegan a Estados Unidos, como "invasión". Ironías de la historia. En sus inicios, el país se conformó de migrantes, pero hoy los repudia. Bajo la lógica que definió Carl Schmitt de amigo-enemigo, se representa a la frontera negativamente. El mal son los migrantes. Si bien, no es la primera vez que lo dice, el gobernador de Florida, Ron DeSantis, fue el más explícito sobre la relación Estados Unidos y México. Llamó a frenar la invasión cerrando las fronteras e incluso, instó a utilizar la fuerza letal. Su propuesta, para el día uno en caso de ser presidente, es ordenar la militarización del sur, intervenir México y utilizar drones para asesinar a los cárteles de la droga. No sólo asume la discriminación hacia los migrantes, además los asocia al narcotráfico.

En la película Traffic (2000), dirigida por Steven Soderbergh, las escenas en Estados Unidos son a color y las de México en sepia. De la misma manera, la saga de Sicario, anunció en la pantalla grande, los anhelos republicanos de intervenir México bajo el supuesto terrorista. Para el caso, la realidad reafirma al cine. Desde la visión del gobernador DeSantis, lo malo vienen del sur, y habría que utilizar al ejército y designar formalmente terroristas a los cárteles de la droga. De cara a las elecciones, DeSantis abandera el ala más radical: "Tenemos el derecho a defender este país. México no nos va a ayudar con ello, entonces tenemos que hacer lo que tenemos que hacer".

Su postura es más extrema que la de Donald Trump, lo cual ya es mucho decir. Propone intervenir, invadir, utilizar drones. Al respecto, bien probada es la experiencia norteamericana sobre el uso de drones contra sus "enemigos" árabes. A miles de kilómetros de distancia, comandan máquinas asesinas, dotadas de Inteligencia Artificial, que no distinguen entre buenos y malos, culpables o inocentes. Brutalmente, el dron destruye el área indicada sin importar las vidas humanas a su alrededor. A ese resultado lo llaman "daño colateral". El debate republicano confirma las visiones. Racismo ayer, racismo hoy. A sesenta años de las palabras pronunciadas por el Dr. King, el sueño americano parece tornarse en pesadilla.

El Siglo 

5 de septiembre 2023

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/2023/tengo-un-sueno.html

martes, 8 de agosto de 2023

Un tiro en el pie

 


Entre los bordes de aquí y allá, de un lado y del otro, Estados Unidos y México, pasan con facilidad de la integración al rechazo. La frontera es el drama cotidiano, donde los sueños se contraponen violentamente. Como hermanos enfrentados, a veces las diferencias se dan en forma de leyes, otras en muros, alambre de púas, y la más nueva: boyas en el río Bravo o río Grande, según se vea. Pese a la cantidad de obstáculos, pese a los peligros de cruzar el desierto, miles y miles de migrantes buscan pasar. El sueño de una vida mejor los lleva a jugarse la vida misma. Tan sólo en el año 2022, murieron 830 migrantes al tratar de cruzar la frontera.

El tránsito hacia el otro lado, va de los Juegos del hambre a La Purga. Quizás las películas sean una exageración, pero también representan una actitud hacia los otros, en este caso, los migrantes, no vistos como personas, sino enemigos a eliminar. Las políticas más recientes impulsadas por los gobernadores de Florida y Texas (ambas entidades con una profunda raíz hispana), reflejan el extremo de lo que el filósofo Achille Mbembe, acuñó como la necropolítica: ese poder de hacer morir y dejar vivir.

En el primer caso, el gobernador Ron DeSantis, más radical que su contrincante Donald Trump, lo cual ya es mucho decir, impulsa sin cortapisas disputas públicas. Se va contra las minorías sexuales y lanza una campaña bajo la frase lapidaria: "no digas gay". El mundo del gobernador no está en Disneylandia, por lo mismo, su lucha está contra la "ideología woke". No contento con sus peleas, también se va contra los migrantes sin papeles. Miles de ellos forman parte activa de la economía del estado, ya sea en la construcción o en los campos agrícolas. La promulgación de la ley migratoria SB-1718, no sólo criminaliza a los migrantes, sino a las empresas que los contraten. De ahí para arriba, todo lo que apunta a los migrantes podrá ser perseguido y penalizado punitivamente, como si se tratase de objetos peligrosos. La nueva ley es un tiro en el pie para el estado. La ley entró en vigor el pasado primero de julio, aunque Florida también vive de los migrantes. Sin embargo, la discriminación y el racismo ya le pasó la factura a DeSantis, quien se ha desinflado en las preferencias rumbo a las elecciones presidenciales. Prácticamente, los republicanos prefieren a Trump. ¡Vaya ironía!

En Texas, el odio del gobernador Greg Abbott hacia los migrantes, lo llevó a un absurdo peligroso. Colocar boyas en el río Bravo. Al gobernador no le importa la ley, ni muchos menos los tratados internaciones de límites entre ambos países, su propósito es frenar el paso de los "ilegales". Sus acciones buscan combatir la ilegalidad desde la ilegalidad. No se trata de la opinión de quien escribe, sino de la demanda que ya entabló el Departamento de Justicia del gobierno de Estados Unidos contra Texas.

La fiscal general adjunta Vanita Gupta, expresó en un comunicado: "Esta barrera flotante plantea amenazas para la navegación y la seguridad pública, y presenta preocupaciones humanitarias. Además, la presencia de la barrera flotante ha provocado protestas diplomáticas por parte de México y corre el riesgo de dañar la política exterior de Estados Unidos".

La realidad cotidiana en la frontera agrega un capítulo más a la saga republicana de la Purga. El cerco de púas y boyas en el río Bravo no sólo tienen la función de contener o disuadir, sino hacer daño. Para no ir más lejos, es odio a los migrantes como política institucional. Todo esto me recordó al Gringo viejo de Carlos Fuentes: "Hay una frontera que sólo nos atrevemos a cruzar de noche: la frontera de nuestras diferencias con los demás, de nuestros combates con nosotros mismos".

El Siglo 

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/2023/un-tiro-en-el-pie.html

domingo, 17 de agosto de 2014

Odio y discriminación

Con respecto a mi artículo de la semana pasada, Hondura en La Laguna, veo con tristeza cómo hay mexicanos que ven con desprecio e intolerancia a los migrantes centroamericanos. Se trata de una historia conocida de odio y discriminación hacia ciertos grupos extranjeros. En el primer tercio del siglo XX, un buen número de mexicanos, incluido el mismo estado, hicieron una campaña contra los chinos que llegaron al país. 
En menor medida se hicieron campañas contra judíos y árabes, aunque los chinos, acaso por ser más visibles físicamente, sufrieron la peor parte: expulsiones, boicots comerciales, violencia e incluso asesinatos masivos, como sucedió en Torreón durante los sucesos de mayo de 1911. No es casualidad que ayer, como ahora, los migrantes queden descalzos tras la violencia ejercida contra ellos. El 15 de mayo de 1911 en Torreón, quedaron cientos de cadáveres descalzos. La turba de asesinos les quitó los zapatos para buscar ahí dinero escondido. El crimen quedó impune, no obstante que el gobierno pudo identificar a los responsables, por entonces conocidos "revolucionarios".
Ayer fueron unos, hoy son otros. De esa manera el odio cambia de actores y se renueva. Actualmente tenemos violencia contra minorías migrantes que pasan por el país. Tampoco faltan expresiones vergonzosas como decir que los migrantes quitan el trabajo a los mexicanos. O peor aún, que los migrantes, por ser pobres, son criminales que llegan a México. Esas afirmaciones no sólo reflejan viejos odios, sino intolerancia hacia los otros. Eso sí, somos muy "nacionalistas" para indignarnos por el trato que reciben los migrantes mexicanos en Estados Unidos. Ya lo ha dicho el filósofo francés Bernard Henri-Lévy: "El nacionalismo es siempre una tontería, y el nacionalismo étnico, una tontería asesina".

30 de julio 2014
El Siglo de Torreón