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martes, 8 de agosto de 2023

Un tiro en el pie

 


Entre los bordes de aquí y allá, de un lado y del otro, Estados Unidos y México, pasan con facilidad de la integración al rechazo. La frontera es el drama cotidiano, donde los sueños se contraponen violentamente. Como hermanos enfrentados, a veces las diferencias se dan en forma de leyes, otras en muros, alambre de púas, y la más nueva: boyas en el río Bravo o río Grande, según se vea. Pese a la cantidad de obstáculos, pese a los peligros de cruzar el desierto, miles y miles de migrantes buscan pasar. El sueño de una vida mejor los lleva a jugarse la vida misma. Tan sólo en el año 2022, murieron 830 migrantes al tratar de cruzar la frontera.

El tránsito hacia el otro lado, va de los Juegos del hambre a La Purga. Quizás las películas sean una exageración, pero también representan una actitud hacia los otros, en este caso, los migrantes, no vistos como personas, sino enemigos a eliminar. Las políticas más recientes impulsadas por los gobernadores de Florida y Texas (ambas entidades con una profunda raíz hispana), reflejan el extremo de lo que el filósofo Achille Mbembe, acuñó como la necropolítica: ese poder de hacer morir y dejar vivir.

En el primer caso, el gobernador Ron DeSantis, más radical que su contrincante Donald Trump, lo cual ya es mucho decir, impulsa sin cortapisas disputas públicas. Se va contra las minorías sexuales y lanza una campaña bajo la frase lapidaria: "no digas gay". El mundo del gobernador no está en Disneylandia, por lo mismo, su lucha está contra la "ideología woke". No contento con sus peleas, también se va contra los migrantes sin papeles. Miles de ellos forman parte activa de la economía del estado, ya sea en la construcción o en los campos agrícolas. La promulgación de la ley migratoria SB-1718, no sólo criminaliza a los migrantes, sino a las empresas que los contraten. De ahí para arriba, todo lo que apunta a los migrantes podrá ser perseguido y penalizado punitivamente, como si se tratase de objetos peligrosos. La nueva ley es un tiro en el pie para el estado. La ley entró en vigor el pasado primero de julio, aunque Florida también vive de los migrantes. Sin embargo, la discriminación y el racismo ya le pasó la factura a DeSantis, quien se ha desinflado en las preferencias rumbo a las elecciones presidenciales. Prácticamente, los republicanos prefieren a Trump. ¡Vaya ironía!

En Texas, el odio del gobernador Greg Abbott hacia los migrantes, lo llevó a un absurdo peligroso. Colocar boyas en el río Bravo. Al gobernador no le importa la ley, ni muchos menos los tratados internaciones de límites entre ambos países, su propósito es frenar el paso de los "ilegales". Sus acciones buscan combatir la ilegalidad desde la ilegalidad. No se trata de la opinión de quien escribe, sino de la demanda que ya entabló el Departamento de Justicia del gobierno de Estados Unidos contra Texas.

La fiscal general adjunta Vanita Gupta, expresó en un comunicado: "Esta barrera flotante plantea amenazas para la navegación y la seguridad pública, y presenta preocupaciones humanitarias. Además, la presencia de la barrera flotante ha provocado protestas diplomáticas por parte de México y corre el riesgo de dañar la política exterior de Estados Unidos".

La realidad cotidiana en la frontera agrega un capítulo más a la saga republicana de la Purga. El cerco de púas y boyas en el río Bravo no sólo tienen la función de contener o disuadir, sino hacer daño. Para no ir más lejos, es odio a los migrantes como política institucional. Todo esto me recordó al Gringo viejo de Carlos Fuentes: "Hay una frontera que sólo nos atrevemos a cruzar de noche: la frontera de nuestras diferencias con los demás, de nuestros combates con nosotros mismos".

El Siglo 

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/2023/un-tiro-en-el-pie.html

miércoles, 18 de abril de 2012

Coahuila y Texas en tiempos de cólera

Tomo el título de esta columna del libro de Javier Villarreal Lozano, “Tiempos de tormenta. La vida en Monclova, Victoria y Matamoros” (Plaza y Valdés en coedición con la Universidad Autónoma de Coahuila, 2011; 226 páginas). En la publicación, Villarreal Lozano traduce, anota y comenta el maravilloso diario escrito entre 1833 y 1835 por Benjamin Lundy; un cuáquero de Filadelfia que buscó formar una colonia con negros liberados en Monclova. A su buen propósito, Lundy vivió un periodo tormentoso de nuestra historia: la pugna entre Monclova y Saltillo por tener la capital Coahuila y Texas. Al mismo tiempo, el triunfo de los separatistas texanos y por si fuera poco, el año de la cólera. No obstante, a través de su diario, se revela un interesantísima interpretación de nuestro estado en el primer tercio del siglo XIX.


Aunque parezca increíble, Lundy vino a Monclova con la ferviente convicción de formar un colonia comunitaria para acoger a los esclavos liberados. Un sueño utópico y loable contrario a la tendencia esclavista de la época en los Estados Unidos. Como nos dice Carlos Manuel Valdés en la espléndida introducción que hace al diario: “A Benjamin Lundy se le presentó un buen día la posibilidad de liberar a los negros alejándolos de sus enemigos, los blancos esclavistas… pensó lo que pensaban muchos socialistas , utopistas y cristianos de la época, en crear una sociedad en las que sus miembros trabajaran para el bien común”. 


El diario de Lundy es una revelación de nuestro historia coahuiltejana. Hay en sus páginas apreciaciones memorables. Por ejemplo, cuando hace un elogio del ambiente que encontró en Monclova: “El aire de las montañas que circundan la población es, quizás, el más sano del mundo. ¿Se imaginan lo que podrían hacer de esta tierra los emprendedores e industriosos granjeros del norte?” (5 de noviembre de 1833). Por cierto, en ese pasaje recuerda el río cristalino y sus peces, que ahora, como en tantas otras tragedias ambientales, ya no existe. Su visión del país era alta, por lo mismo nos dice: “A largo plazo, México está destinado a convertirse de la más brillante de las repúblicas americanas” (13 de noviembre de 1833). Y en efecto, la condiciones de México y Estados Unidos eran similares, incluso la expectativa de crecimiento era mayor para México, pero la historia fue por otro rumbo.


Sobre el paisaje norteño, nos dice el norteamericano: “Los hermosos ocasos que disfrutamos ahora en Monclova no tienen paralelo con nada que yo haya visto en latitudes más norteñas. Si el cielo es claro, un ancho arco de luz ardiente, de un bermellón profundo, se alza sobre el horizonte. Como si se tratara de una inundación luminosa, el resplandor del poniente baña de color las fachadas de las casas” (29 de noviembre, 1833). Cuando bebió mezcal lo consideró una “especie de cerveza de calidad inmejorable, aunque en extremo intoxicante”. Algunas prácticas le parecieron repugnantes, como aquella larguísima corrida de toros que inició a las 11 de mañana y se extendió hasta el anochecer: “Por la noche, el cielo amenazaba de lluvia. Yo rogaba para que la amenaza se cumpliera y obligara a suspender tan bárbara diversión” (18 de noviembre 1833)


Había en Lundy una constante preocupación por la tolerancia religiosa y la posibilidad de que en esa época, la década de 1830, se estableciera en México la libertad religiosa, por entonces bajo el monopolio de la iglesia católica. En realidad no sería sino hasta la Reforma, cuando al fin se separó el matrimonio entre Iglesia y Estado.


Hay varios momentos en el diario que dan cuenta del interés de Stephen Austin para hacer de Texas un estado independiente. Al final, Lundy vio su sueño frustrado por el triunfo de los esclavistas estadounidenses en la separación de Texas y la derrota en San Jacinto.
Gracias Javier por divulgar esta joya de nuestra historia coahuiltejana.


6 de abril 2012
Milenio http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9141798

Una historia no apta para Hollywood

El Álamo, una historia no apta para Hollywood (Planeta, 2011, 243 páginas), es el libro que desde su polémico título nos entrega Paco Ignacio Taibo II. La publicación me interesó no sólo por la calidad del autor y la amena prosa que se agradece, sino por la temática, que para los mexicanos, especialmente para los norteños, resulta cercana a su historia. Mientras la separación de Texas se fraguó frente a nuestras narices, Monclova y Saltillo se disputaban en vano la capital del inmenso territorio de Coahuila y Texas. Por tales motivos, éstos últimos se ganaron el mote de “saltilleros”.
Taibo nos advierte que detrás de su libro está el interés por explicar el Álamo más allá de las tendenciosas versiones cinematográficas que “educaron” por décadas a estadounidenses y en consecuencia a mexicanos.
En esencia la historia se basa en la paradoja del triunfo y la derrota. Lo que fue una masacre para los texanos de origen estadounidenese, se convirtió en la principal base del mito imperial norteamericano. En cambio para los mexicanos, la victoria militar en el Álamo a cargo de su Alteza Serenísima, el general Santa Anna, se volvió rápido un estrepitoso fracaso en San Jacinto, que desembocó en la pérdida de Texas en 1836. A la larga fue la guerra con EU en el 46 y la pérdida de una buena parte del territorio nacional.


Si bien Taibo no llena un hueco en la historiografía del tema, sí aporta en divulgación al público mexicano. El tema en sí es una biblioteca y muchos archivos donde destacan en su mayoría los historiadores del otro lado del río; entre los mejores Stephen L. Hardin y James E. Crisp, quien por cierto, aportó una auténtica pieza de historiografía, donde erudición y crítica se combinan para deconstruir el mito texano por excelencia.


En ese sentido, Taibo escribe con su Álamo, una breve historia que aborda lo mismo las películas, como la exitosa y racista versión de John Wayne, así como las investigaciones académicas o la demoledora crítica a las hagiografías de los principales actores separatistas y héroes gringos: David Crockett, Willian Travis y Jim Bowie.


Con su característico estilo, el escritor mexicano teje dos libros en uno. Por un lado la historia general del presidio del Álamo desde sus orígenes como misión, donde con justicia se reconoce lo que pocos laguneros saben y los norteamericanos no ignoran: la aportación de la Segunda Compañía Volante de San Carlos de Parras en la consolidación de aquella población.
Por otro, Taibo reescribe la historia del mito, es decir, cómo se contó la historia y cómo se construyó ese discurso, acaso el más taquillero y nacionalista de sus discursos. Pero nada comparado con la infamia de Vietnam y más recientemente Irak o Afganistán.
No obstante, al final, el presente nos deja un mejor sabor de boca que aquellos “tristes recuerdos” que dividieron a los coahuiltejanos. Taibo concluye con razón: “en lo que se llamaría justicia poética, y que la historia no hace con demasiada frecuencia, en Texas hoy el nombre más común para un niño es José”.
Como dice aquella frase entre quienes van y vienen a la antigua Coahuila; quizás sólo les prestamos a los gringos Texas para que la pavimentaran e hicieran los highway. Hoy aquél territorio parece más México y la tendencia lo hace inevitable.
8 de abril 2012
Milenio http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9142645