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domingo, 1 de mayo de 2016

Voy a cantar un corrido

Con el permiso de ustedes señores, voy a cantar un corrido…





¡Sí! Me confieso admirador de los corridos. Si hay una música por excelencia que representa la norteñidad, sin duda es el corrido. Bajo sexto, acordeones, tololoches, armónicas y hasta el salterio, hacen los sonidos que caracterizan al Norte. Para la ciudades del noreste mexicano y sur de Texas, hay un soundtrack común que se escucha lo mismo en las calles de Reynosa a La Laguna, de Monterrey a Matamoros, de Saltillo a ciudad Acuña, de Brownsville a San Antonio, de Austin a Dallas. Esas norteñas están nutridas por Los Cardenales y Los Invasores de Nuevo León, Los Alegres de Terán, Los Relámpagos del Norte, Los Cadetes de Linares, Los Montañeses del Álamo, Los Donneños, Los Tigres del Norte, Carlos y José, Luis y Julián Garza, Ramón Ayala, Juan Peña, Cuco Sánchez, Cornelio Reyna, Chalino Sánchez, Lorenzo de Monteclaro y Lalo Mora (el rey de mil coronas), por mencionar algunos representantes del vivísimo género del corrido y las norteñas.
Uno de los pioneros en estudiar el corrido, Vicente T. Mendoza, refiere su origen en el romance español durante el siglo XIX. Hay estrofa, composiciones octosilábicas, canto épico, lírico y mucha, pero mucha tradición popular. Por lo mismo, el corrido habla de la comunidad; ya sea una hazaña, tragedia, o la huella de un bandolero regional como sucedió con Heraclio Bernal, Jesús Malverde, y por supuesto, el legendario Pancho Villa.
Ante todo, el corrido cuenta un historia, refleja un sentir o expresa un suceso. Así tenemos corridos sobre la inundación del río Nazas en La Laguna (1968), la tragedia de los mineros en Barroterán (1969), las luchas revolucionarias a partir de 1910, o incluso las tragedias personales de Rosita Alvírez y Agustín Jaime. Cuando uno camina por las calles del centro de Saltillo, no podemos evitar recordar la calle de Bravo. Por cierto, Eulalio González, "El Piporro", interpretó de manera insuperable ambos corridos. ¿No los han escuchado? Corran a YouTube a escucharlos.
Los dos corridos son tan representativos de Saltillo, como el pan de pulque y el sarape. También, de Parras, Coahuila, fue originario Cornelio Reyna, que después de Francisco I. Madero, es el mayor parrense. Feliz coincidencia, a lado de Juan Peña con el dueto Carta Blanca en Reynosa, surgió un joven, que después sería el rey del acordeón: Ramón Ayala.
En el medievo los juglares cantaban noticias de un lado a otro. A través de la oralidad, transmitieron un cierto saber social. De forma similar, los corridos son el pretexto para los juglares modernos del noreste. Pero si ayer esos corridos cantaron sobre Pancho Villa, un bandolero redimido por la revolución, hoy esos mismos juglares cantan las gestas del "Chapo" Guzmán. Tanto unos, como otros corridos, reflejan ciertas circunstancias sociales. De esa manera, es absurdo pensar que el corrido hace al revolucionario. Por el contrario, es el suceso histórico o el sorprendente presente que se refleja en una canción.
No podemos dejar de mencionar, "Los dos amigos" un corrido muy lagunero sobre una peculiar amistad: "Estos eran, dos amigos, que venían de Mapimí, que por no venirse de oquis, robaron Guanaceví". Treinta años antes de la guerra en La Laguna, los corridos sobre el pistolero "Chito" Cano, ofrecen una clave para entender la tragedia que luego vivimos en la región. ¡Casi un vaticinio!
Un novísimo corrido, "500 balazos", que circula lo mismo por cantinas, Internet y canales de televisión, denota una historia reciente de ese México tomado por los criminales. En los últimos años, entre 2006 y 2013, la "crisis de seguridad" dejó más de 148 mil asesinatos (¿No lo creen? Vean las cifras del Secretariado Nacional de Seguridad Pública). La matazón es mayor que las muertes contabilizados en la última guerra en Irak. Por lo mismo, no resulta extraño, que la agrupación "Voz de mando", haga cantar a miles de mexicanos: "antiblindaje, expansivas las balas, dos o tres bazucas, y lanzagranadas, Obregón, Sonora, de veras pensaba que andaba en Irak". Otra vez, el corrido como reflejo social. Al igual que la literatura, el corrido expresa una historia novelesca donde realidad y ficción se mezclan en el acordeón y bajo sexto. Así, escuchamos al inigualable Julián Garza quien se creó para la posteridad al "Viejo Paulino." Antes de morir, el Museo de Historia Mexicana en Monterrey, hizo un oportuno homenaje en vida al prolífico autor de corridos. Ante la relevancia del corrido, las más prestigiosas universidades del país como la UNAM, el Colegio de México o la Universidad de Nuevo León han alentado la investigación del género norteño y su relevancia en la cultura mexicana. En años recientes, el filólogo del Colmex, Aurelio González, ha actualizado los estudios sobre el corrido. Nótese la palabra corridos, sin prefijos, ni prejuicios moralizantes.
A falta de política en Coahuila, el gobernador Moreira II se ha empeñado en otra legislación absurda, sin sentido y contra los ciudadanos: prohibir los "narcocorridos". Según el gobernante, hay que prohibir la "apología de la violencia". Bajo esa lógica, tendrían que cerrar en Torreón la mitad de los bares que han abierto alrededor de la Plaza Mayor. Pero curiosamente, ese mismo gobernante hace la apología de la corrupción al mantener impune la megadeuda que dejó Moreira I. Ahí guarda un escandaloso silencio.
En 2013 la Suprema Corte de Justicia de la Nación dio revés a una ley similar que aprobó el gobernador de Sinaloa, Mario Valdés. Al final, la conclusión fue sencilla. Podrán gustar o no los corridos, podrán ser notables o chabacanos, pero de eso a que el gobierno nos diga qué debemos escuchar, hay un largo trecho protegido por la Constitución. El corrido refleja un fenómeno, en este caso puede ser el narcotráfico, pero no provoca el fenómeno como tal. Si eso fuera, el hambre sería abolida por decreto.
Ya con esta me despido, que en Coahuila y el Norte, tenemos grandes corridos.

23 de marzo 2016
El Siglo
https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1208594.voy-a-cantar-un-corrido.html

viernes, 20 de mayo de 2011

Voy a cantar un corrido…


De un amigo de mi tierra, llamádose Valentín, que fue fusilado y colgado en la sierra... El fragmento proviene del un legendario corrido cristero llamado “Valentín de la sierra”. Fue compuesto por unos campesinos trovadores, los hermanos Pacheco, originarios de Huejuquilla El Alto, Jalisco. El corrido sobrevivió y se difundió por todos los rincones del país. Nos llega a nosotros una versión pulida que sintetizó el drama de la guerra cristera y la confrontación de miles de mexicanos contra el gobierno.
Si en el pasado el corrido cantó a héroes populares, bandoleros y revolucionarios, en el presente, con la más variopinta calidad, las versiones han cambiado los personajes por criminales y narcotraficantes (de los Tigres del Norte a los Tucanes de Tijuana). Pero también hay héroes ciudadanos (Don Alejo uno de ellos), además de temas políticos y hasta de corte personal (conozco a un exdiputado con varios corridos en su haber).
Por sorprendente que parezca, el gobernador de Sinaloa, Mario López Valdez decretó un veto a los narcocorridos en el estado. Envió una reforma al reglamento de la ley sobre venta y consumo de bebidas alcohólicas a fin de prohibir “enaltecer criminales”. Está el decreto, pero no queda claro cómo operará la prohibición ¿Alcanzarán los inspectores para revisar cada cantina, bar, antro, tugurio y fiesta en Sinaloa? ¿Cómo harán con los narcos que gustan de la autopromoción pública? ¿Acaso para el gobernador un inspector en cada hijo te dio? 
No hay duda de que los narcocorridos hacen apología del delito, pero de eso a suponer que una prohibición evitará futuros criminales o desalentará a nuevos, es exagerado. Escuchar un narcocorrido o ver una película sobre criminales no te convierte en futuro criminal. En Chihuahua y Sinaloa han prosperado leyes restrictivas contra los narcocorridos, sin embargo no han evitado su aceptación popular y mucho menos su éxito.
A decir de Poiré, los “Narcocorridos son apología del delito y promueven salidas falsas. Hay que enfrentarlos con cultura de la legalidad”. Pero hay una paradoja: se puede escribir, difundir y vender un narcocorrido y al mismo tiempo estar en perfecta legalidad. ¿Se imaginan a los Tucanes amparados en la Constitución para tocar en Mazatlán o en Juárez? Vaya ironía.
A nivel individual podrán rechazarse los narcocorridos por chabacanos o por lo que se quiera, pero de ahí a que el estado imponga por ley gustos y géneros, hace suponer que el corrido en sí propicia delincuentes. La polémica restricción parece más un decreto “políticamente correcto”, que una ley funcional. Como en otras cosas, la prohibición o la censura, terminan por alentar más el objeto del deseo. Y ahí sí, ya con ésta me despido.