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martes, 4 de abril de 2023

Corrección política

 



Más allá de la tecnología, lo que va del siglo XXI puede caracterizarse como el siglo de la corrección política. Una palabra, un gesto, o una opinión pueden ser motivo de linchamiento. Para el caso, no importan los argumentos, sino las reacciones por aquello que se considera "correcto", así sea absurdo o visiblemente contradictorio.

Ortega y Gasset consideraron que vivimos bajo el brutal imperio de las masas. En su versión actualizada, se impone la tiranía del "pensamiento" políticamente correcto. Bajo ese supuesto, hasta la más célebre obra de arte es equiparada con pornografía. ¡Toda una obscenidad!

A la magnificencia de los murales de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, repleta de desnudos, sobrevino la corrección del Papa Pío IV, quien mandó tapar los rabos en 1564. Algo similar sucedió después con las esculturas que pueblan el Vaticano. Para evitar los genitales expuestos, se añadieron hojas de parra e higueras. Hasta la fecha, los curiosos pueden apreciar las hojas en los cuerpos. Sin embargo, la historia no deja de ser irónica. Un buen día, el duque de la Toscana regaló a la reina Victoria, una copia del David en 1857. Según la leyenda, la enorme pieza sorprendió por su entera desnudez a la reina, quien mandó tapar la pudenda parte expuesta con una hoja de parra. Quizá la anécdota nos resulta graciosa, pero muestra la mentalidad de la época victoriana, en relación a los cuerpos y el sexo. Con razón, en su famosa historia de la sexualidad, el filósofo francés Michel Foucault, se preguntó si después de esos dos largos siglos estaremos ya liberados de aquella moral.

A veces las cosas no cambian mucho y prevalece la corrección, a fin de conseguir un jugoso trato económico. De esa manera, en 2016 se repite la historia. La visita del mandatario iraní a Roma, llevó a las autoridades italianas, a cubrir los desnudos en varias salas donde pasó el gobernante. Se preparan unos plafones blancos para cubrir las esculturas, a fin de evitar las escenas de pudor. Por entonces se dijo que fue una forma de respeto a la cultura y sensibilidad. Así el eufemismo.

Como obra extraordinaria, el David continúa conmoviendo. Al ver esa pieza, uno se queda boquiabierto. Frente al mármol, tratamos de imaginar la maestría y perfección del artista para dar vida a la roca. Filas y filas abarrotan la sala. Siglos después, su presencia nos asombra.

Hace unas semanas, en una escuela de la capital del estado de Florida, Tallahassee, la maestra Hope Carrasquilla, se vio obligada a renunciar. La causa: mostrar a los alumnos de sexto grado una imagen del David, dentro la clase de historia del Renacimiento. Algunos padres se quejaron y presionaron a la junta de la escuela para reprender y despedir a la maestra. Según las quejas, los padres asociaron la obra clásica a la pornografía. ¡Creo porque es absurdo! La calificación de la obra como obscena, es sin duda, ridícula, pero también muestra una cierta mentalidad en el estado que suelen decidir elecciones para la presidencia de los Estados Unidos. Congruente con esa manifestación, el gobernador Florida, Ron DeSantis, se presenta como guardián moral, frente a los grupos de la diversidad sexual y otros ámbitos a favor de los derechos civiles. El más reciente litigio lo llevó contra el parque de diversiones Disney, por oponerse a la tolerancia hacia dichas minorías. Desde antes, DeSantis promovió una ley para restringir la enseñanza de la educación sexual y la identidad de género. Lejos de ser excepción, las luchas del gobernador lo empujan en sus aspiraciones presidenciales. Ya rebasa a Donald Trump en las encuestas y al grisáceo presidente Joe Biden. Para 2024, no nos extrañe su posible avance electoral. Veamos otra perspectiva. Los amantes y defensores de las armas en Estados Unidos, ya olvidaron la masacre de San Valentín en 2018, cuando en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas, de Parkland, Florida, un exalumno de 19 años, mató a 17 personas con un rifle de asalto. El contraste es lapidario, porque allá, las armas no son obscenas, ni objeto relevante de indignación. Quizá convenga decirlo con corrección política: son un derecho que protege la segunda enmienda de la constitución.

El Siglo, 4 de abril 2023

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/2023/correccion-politica.html


domingo, 17 de marzo de 2013

Guardián de las palabras


Nadie duda del poder de las palabras. Podemos construir o derrumbar con las mismas. Pueden ser tan ligeras por triviales, o tan pesadas por su significado. Eso sí, depende de cómo las digamos, con qué fuerza, con qué intención. Hasta decimos que con “cierto tono”. En ocasiones, las palabras son materialmente vida, en otras muerte. Nombramos y entonces la representación cobra sentido. “Óyeme con los ojos” escribió Sor Juana en un precioso poema. En su famoso Tractatus, Ludwig Wittgenstein argumentó: “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Como lenguaje, las palabras evidencian nuestro mundo personal, pero también son, nuestro intento por representarlo. ¡Y vaya que los límites se notan!

En una pugna por las palabras, la Suprema Corte de Justicia de la Nación acaba de emitir un fallo insólito. Todo comenzó con una pelea entre periodistas que recurrieron al insulto y las acusaciones como argumento. El pleito terminó en los tribunales y a su vez llegó hasta la máxima autoridad judicial. Como resultado, la Suprema Corte decidió que las palabras “maricón” y “puñal” en notas periodísticas, no están protegidas por la libertad de expresión, y por lo tanto, al utilizarlas en dichos medios, son causa de demanda por daño moral. De acuerdo con el polémico fallo de la Corte, se trata de expresiones homofóbicas que llaman a la discriminación. Con tres votos a favor y dos en contra, la Corte se acaba de erigir como guardián de las palabras. 

Al paso que va, es posible que hasta se convierta en un brazo judicial de la Real Academia de la Lengua Española. Pero el argumento de la Corte va más en el sentido de lo políticamente correcto, que de la libertad de expresión garantizada en la constitución. Es cierto, nada garantiza que esa libertad se use con prudencia, o con tolerancia, sin embargo, tampoco, el fallo de la Suprema Corte garantiza el uso o la restricción de los insultos o las descalificaciones. Tan absurdo como suponer un policía detrás de cada ciudadano. En dado caso, son las personas y las sociedades las que instituyen el uso, y no las autoridades judiciales. Aunque por supuesto, nunca falta quien aspira a un Big brother orwelliano.

Pero no pensemos solamente en dos palabras referidas al sexo, sino en muchas más que también insultan, degradan, llaman al odio. ¿Esas palabras también las restringirá la Corte? ¿Por qué prohibir unas y no otras? ¿Habrán de publicar un diccionario de la pureza, de lo políticamente correcto?
Hace unos días el historiador Enrique Krauze tuiteó con razón: “Sólo para troles: en mis textos -acertados o no- jamás encontrarán calumnias ni insultos. Mucho menos deseos de muerte contra nadie”. Si algo abunda en las redes sociales o en los comentarios virtuales en los medios, es el insulto, la descalificación, el odio como argumento. Pero también, las redes sociales y los medios han abierto espacios de comunicación, lazos y hasta formas de solidaridad. ¿Tendríamos que prohibir las palabras por los evidentes abusos? ¿Cómo le haríamos después en un estadio de fútbol o en la lucha libre?

No cuestiono que las dos palabras sancionadas por la Corte sean discriminatorias. Cuestiono sí, la imposibilidad de restringir cualquier cantidad de palabras para la discriminación y el odio. Es, para fines prácticos, un contrasentido constitucional. Un régimen de excepciones al que sólo le falta un Instituto Correctivo de la Moral Pública (ICMP). ¿Quién habrá de administrar ese laberinto?

8 de marzo 2013 
http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9174411