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lunes, 4 de mayo de 2015

Carmen Salinas




A las sociedades actuales se les entiende desde el espectáculo. Ya no es solamente e-x-i-s-t-i-r a través de la televisión, sino a partir de miles de “likes” y “favoritos”. En el mundo de Facebook y Twitter los seguidores lo son todo. Hace algunos años un conocido, cansado de regalar boletos, cenas y hasta Ipads, para aumentar su popularidad, mejor decidió comprar 100 mil seguidores en Twitter. Ahora está más tranquilo.  Pero independientemente de quienes quieren popularidad, hay otros que casi nacen con ella. Como pocos personajes en México, Carmen Salinas (Torreón, 1933) goza de una extraordinaria fama. Actriz de teatro, cine y televisión, ha dejado huella en la cultura mexicana desde la segunda mitad del siglo pasado. Desde el cine de rumberas, hasta escenificaciones en Aventurera, Carmelita es parte del imaginario mexicano. Docenas de programas de televisión a partir de los años sesenta como La vecindad, El chofer, La sonrisa del diablo, María Mercedes, María del barrio, Mi pequeña traviesa, Hasta en las mejores familias, Abrázame muy fuerte, La rosa de Guadalupe, Los simuladores, Porque el amor manda, por mencionar algunas de la meteórica lista.

También docenas de películas desde los años setenta, sitúan a Carmen Salinas casi casi a nivel de familiar. Doña Macabra, El rincón de las vírgenes, Las cenizas del diputado, Noches de cabaret, Tívoli, Bellas de noche, Las tentadoras, La pulquería, El rey de los albures, Huele a gas, Placeres divertidos, El rey de las ficheras, Goza conmigo, Noche de ronda, Sexo por compasión, Todo el poder, Santos Peregrinos, y hasta una con Denzel Washington: Man on Fire. En una época decadente del cine mexicano, inauguró el cine de ficheras con un personaje que asumió al pie de la letra: la Corcholata. 

Para no ir tan lejos, Carmen Salinas es como la abuela de los mexicanos. Comprensiva, dicharachera, desenfadada y también malhablada. No duda en decir su opinión o marcar un alto con decidido carácter. Carmelita irradia humor e imaginación a la mexicana. Y como ustedes saben, en eso de las bromas, los mexicanos somos los opuesto a los ingleses. Más recientemente su popularidad domina el flotante mundo de las redes sociales. ¡Es la reina! Sin hay un meme por excelencia, necesariamente es de Carmen Salinas. Si hay una expresión o dicho emblemático, es de Carmen Salinas. Incluso hasta hubo un tono de teléfono con metadas de madre por Carmelita Salinas. Tanto gusto da entre los públicos, que hasta los romanos de unas galletas la convirtieron en su reciente imagen.

Carmen pertenece a una generación que se formó con los grandes cantantes y actores de la vieja guardia. Tin tan, Pedro Vargas, El Piporro, José Alfredo Jiménez, El Indio Fernández, Dámaso Pérez Prado, María Félix, Toña la Negra, Libertad Lamarque, Olga Guillot, entre otros grandes. Literalmente es una de las pocas que trasmite el espíritu de aquella época en México. Carmelita es provocadora, políticamente incorrecta, pero hace más reír que llorar. Ligera, se toma las cosas humor. Por ejemplo en Twitter, donde abundan los vituperios y las descalificaciones fáciles, @CarmenSalinasLo no sólo contesta a los críticos, sino hasta se ríe de sí misma. Porque en estos menesteres públicos, se puede perder la fe, pero nunca el humor.


Esta semana Carmelita causó polémica por estar en la lista de candidatos a diputados plurinominales del PRI. Inmediatamente llovieron memes y críticas, pero también un buen número de apoyos. El PRI que actualmente es gobierno ha resultado un desastre. Tiene mucho partido, pero poco gobierno, por lo mismo no extraña que en su excéntrica pluralidad, le apueste por una actriz. La invitación resulta casi trivial a lado de los nombramientos de la senadora Arely Gómez al frente de la Procuraduría General de la República, y la propuesta de Eduardo Mediana Mora para la Suprema Corte de Justicia. En el primer caso ni siquiera disimularon su relación con Televisa. En el segundo, garantiza una Corte supeditada al Ejecutivo. En pocas palabras, una declarada regresión.   

El Siglo de Torreón 
4 de Marzo 2015

domingo, 15 de febrero de 2015

A la puerta de las elecciones

Que no haya ilusos para que no haya desilusionados, diría Manuel Gómez Morín. En ese tono, unas nuevas elecciones se avecinan para el mes de junio. Sé que para muchos, hablar de elecciones, partidos y votos, resulta despreciable. Más todavía, porque la principal autoridad está desprestigiada por sendas casas y escándalos corrupción. Menos mal que allá en la Presidencia nos confirman que todo es "legalmente". Bajo un viejo principio: se puede engañar un tiempo, pero no todo el tiempo. Más allá de la crítica, la queja amarga, o el desprecio, el momento para rechazar está en las urnas, no en los cafés y las redes sociales. Por lo mismo, los próximos comicios son relevantes por varias razones. Se trata de la primera elección intermedia que va a enfrentar al partido en el poder. Ahí veremos si en verdad el malestar que reflejan los ciudadanos en la opinión pública, logra conectarse con las urnas. No nos sorprendamos luego, a pesar del ambiente crispado contra el gobierno de Enrique Peña Nieto, que su partido resulte nuevamente ganador.
Aunque las condiciones estén dadas para castigar al PRI, el malestar por sí mismo no garantiza un voto de castigo. Muchas veces la indignación en México no alcanza, ni tampoco llega hasta las boleta. Por momentos parece que el mejor escenario para los políticos profesionales, es una abstinencia electoral. En tal reclamo, recientemente los padres de los 43 jóvenes de Ayotzinapa, han llamado a no votar en Guerrero, un estado donde la degradación es vida cotidiana. Paradójicamente, su propuesta, lejos de afectar a los candidatos, terminará por favorecer a quienes buscan rechazar. Candidatos mediocres como Luis Walton, exalcalde de Acapulco, o inconscientes como Ángel Aguirre Herrera, hijo del defenestrado gobernador de Guerrero, son las principales cartas del Movimiento ciudadano y PRD en esa entidad. Si esos son candidatos, no quiero saber cómo están los otros.
Por lo mismo, ante un entorno de desconfianza, independientes como "Lagrimita", quien busca la alcaldía de Guadalajara, o el "Temoc", tras la alcaldía de Cuernavaca, son más una caricatura, que serios candidatos. Estas elecciones también pueden ser un buen momento para mejorar el acceso de los candidatos independientes al poder. No porque los independientes sean una garantía de honestidad y profesionalismo. Más bien los partidos necesitan algún contrapeso cuando al ciudadano no le basta votar por el menos peor. Hay liderazgos genuinos que pueden revitalizar la vida pública más allá de los partidos. Quien sin duda puede dar la sorpresa es Morena, el partido personal de Andrés Manuel López Obrador. De ser así, el tabasqueño no sólo sería revivido por el PRI, también demostraría que tiene tres vidas después de sus derrotas rumbo a la presidencia.
Ante el desencanto, me quedo con la puntual propuesta de Transparencia Mexicana. Hay que exigir a los candidatos al menos tres puntos: Declaración patrimonial; declaración de intereses; y declaración de impuestos. Aun así, entre los aspirantes, hay muchos con sus "casas blancas". Todo sea por el mal menor.
28 de enero 2015