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lunes, 29 de junio de 2009

Debates







Podemos iniciar con una pregunta sencilla: ¿A los mexicanos nos gusta debatir? ¿Encontramos un gusto y sobre todo, una utilidad en el debate? Más aún, ¿nos agrada confrontar nuestras ideas? La realidad es dura, pero cierta. Entre nuestras virtudes cotidianas no figura la deliberación. Es decir, no nos gusta debatir, ni tampoco estamos acostumbrados a defender nuestras ideas con argumentos y con razones. Máxime cuando se trata de temas sobre política. Bien recomienda una frase popular entre nosotros: es mejor no hablar de política ni religión sobre la mesa. Otra variante, aconseja por educación, omitir estos temas en las conversaciones comunes. Por eso, las encuestas nos refieren que de cada diez mexicanos, sólo dos hablan de política en una conversación (ENCUP, 2008).

Y quizá el tema resultaría trivial, si la política en la democracia, no se basara en argumentos, pesos y contrapesos. Por eso, tampoco extraña, que muchos de nuestros políticos hayan descuidado tanto el arte de la argumentación. En cambio, prolifera la retórica en un sentido peyorativo, la demagogia o el enojo y los aspavientos fáciles ante los cuestionamientos. Hemos alimentado una relación poco sana con nuestros hombres públicos, tan dados a la foto y las imágenes, las apariencias y las simulaciones, que a la defensa de las decisiones públicas. Por lo general, los políticos no tienen empacho en pedir el voto por las calles, pero a la hora de defender el proyecto, de mostrar una justificación sensata, por no decir racional, pocos levantan la mano.

Un caso ejemplar lo encontramos en Enrique Peña Nieto, Gobernador del Estado de México. Peña Nieto es sin duda, el político más popular del país, incluso más que el Presidente de la República. Su exposición mediática nos recuerda más a un actor de televisión que a hombre de Estado, sin embargo, no recuerdo alguna propuesta relevante o alguna intervención decisiva para dirimir un problema. Se trata de un hombre que seduce por las apariencias, pero del cual se repara poco en su capacidad deliberativa. Probablemente habrá quien considere que no la necesita, a fin de cuentas, lo que importa es verse bien. Si bien, en este punto, no condeno la imagen, tampoco considero perder de vista que un régimen político como la democracia, es en esencia, un régimen deliberativo donde los actores se aprestar a defender decisiones y proyectos, pero también donde los ciudadanos utilizan distintos medios para cuestionar, exigir explicaciones y cuentas.

En uno de sus lúcidos artículos, Gabriel Zaid, recomendaba más “organizar debates informados e informativos de los problemas y oportunidades nacionales, entre los aspirantes al poder”, en vez atiborrar los medios con propaganda política de buenas intenciones. Hay que obligar a los aspirantes del poder a defender sus propuestas ante los electores, a que también las confronten con sus rivales de campaña y que finalmente busquen convencer por qué sus propuestas son mejores y más viables que las de su adversario. Sobran los anuncios y los espectaculares de un país mejor, pero falta saber con claridad cómo lo van a lograr y cuánto nos va a costar.

En sentido, y gracias a You Tube, pude ver el debate entre los dirigentes de los tres principales partidos: Germán Martínez del PAN, Beatriz Paredes del PRI y Jesús Ortega del PRD. De entrada, no me aburrió el debate, lo cual ya es algo, sobre todo, por el tipo de debates acartonados que procura el IFE. Sin embargo, faltan más ejercicios abiertos como ese encuentro, pero a horas más accesibles, donde los ciudadanos puedan formarse directamente opiniones. En este caso parece algo extraordinario, más en realidad se trata de algo común y frecuente en democracias consolidadas, donde los ministros de un gabinete por ejemplo, suelen confrontar sus resultados con el poder legislativo. De la misma manera, ahora debemos impulsar más las discusiones públicas con el fin de que los ciudadanos vean los pros y los contras, las carencias y las capacidades de quienes nos pretender gobernar. Tal vez así, candidatos y políticos, muestren al fin, una propuesta clara o simplemente exhiban su incapacidad para defenderla.

sábado, 11 de abril de 2009

Crónica de la campaña


A diferencia de las elecciones locales realizadas el año pasado, estos próximos comicios federales para renovar la Cámara Baja del Congreso, no pintan tan aburridos. Al menos así se ha mostrado el cierre de esta primera parte del proceso que fue de las precampañas en enero, a la tregua de Semana Santa, donde hasta los políticos “descansan”.

A principios de año, en enero, el PRI parecía dominar la contienda de manera casi absoluta, al menos así lo presentaban todas las encuestas nacionales, donde el tricolor lideraba las posiciones hasta por 20 puntos de diferencia en varias circunscripciones. A la par de las encuestas y los comentarios sobre la tendencia arrolladora del PRI, el IFE y los partidos nos recetaron varios cientos de miles de anuncios. Y si bien, los del IFE informaron sobre el proceso de credencialización y la fecha para ir a votar el 5 de julio, los partidos en general, nos prodigaron sus fórmulas para la felicidad, sin importar siquiera que sean medianamente realizables. Sin embargo, a pesar de la impunidad declarativa con la que asechan a los electores, creo que pocos recordamos, o en el mejor de los casos, ni siquiera interesa, la información repetida hasta la nausea que nos impusieron los partidos.

Pasaron los meses y las cosas parecían inmejorables para el PRI, pero una campaña planeada y administrada desde las trincheras nacionales del PAN, metió en la pelea a ese partido. El principal pugilista, Germán Martínez, logró que el PAN empatara en las preferencias electorales al PRI, lo que se tradujo en una caída de las preferencias tricolores, aunado a la campaña negra que hábilmente administró el líder del PAN. Entre otras cosas, Martínez acorraló al PRI por la tardanza con que aprobaron las leyes antinarco en el Senado, como la extinción de dominio, pero al mismo tiempo un par de candidatos priistas, uno a gobernador de Colima y otro más en ciudad Juárez, aparecieron con nexos cercanos al crimen organizado, lo que ensombreció más al PRI. La actitud combativa de Martínez y su mensaje dominical en video desde la página de Internet del PAN, terminaron por sacar de sus casillas al más templado y colmilludo priista: de Manlio Fabio Beltrones a Emilio Gamboa, de Beatriz Paredes a Jesús Murillo Karam.

Quien dijera que el “muchacho pendenciero” (Gamboa dixit), iba ser quien marcara la pauta de esta primera fase de la campaña y que por lo tanto, regresara al PAN a la pelea.
Si ha habido un protagonista de esta primera fase, ese ha sido Germán Martínez con la sal y pimienta que agregó al proceso electoral, aún con todo y la (barata) multa que el IFE aplicó al PAN por recurrir a las campañas negativas. Y es que a Martínez y su partido, no le queda de otra más que arrojarse y sacar combativamente la campaña, porque es ahora o nunca, para un partido blanquiazul que simplemente ha perdido más del 90% de las elecciones convocadas.
Y como muestra de ese arrojo, el PAN de manera pragmática, le ganó al PRI, a Valdemar Gutiérrez Fragoso, dirigente del sindicato del IMSS, y quien hace unos días, el PRI lo tenía por seguro para una diputación plurinominal.

Por lo pronto, esta pelea por el poder no se termina y todavía faltan dos combates más: la campaña abierta de los candidatos que inicia en mayo, donde vamos a ver las preferencias más cercanas a la realidad y finalmente, el día de la elección. Entonces sabremos, si el reposicionamiento del PAN se sostiene o la pelea del PRI lo regresa a la primera fuerza. Seguiremos atentos a las tendencias, y por lo pronto, les deseo a los lectores días de paz y reflexión, propias de la Semana Santa.