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miércoles, 19 de abril de 2023

Debate


Debate en el Teatro Nazas

 

El debate sí tuvo sabor. Pasó de todo: señalamientos, críticas, propuestas, risas, chiflidos y abucheos. Hasta ahí, nada fuera de lo normal. Es aburrida una discusión donde las partes piensan lo mismo, o peor todavía, donde surgen monólogos. El debate del domingo 16 de abril en el Teatro Nazas, fue buen escenario para conocer los perfiles de los candidatos y sus propuestas, rumbo a las elecciones de gobernador en Coahuila. Desde las inmediaciones del teatro, ya se calentaban los ánimos a favor de los candidatos. Los equipos de campaña tomaron cada uno sus espacios con tamboras, bocinas, templetes y banderas. Unos por la Valdés Carrillo, otros por la Morelos y la Cepeda. A unas cuadras del foro, el ambiente previo fue festivo y anunció una guerra simbólica, como son las elecciones. Por lo mismo, los debates son la sal y pimienta de las contiendas.

Manolo Jiménez, de la Alianza PAN-PRI-PRD mantuvo su lugar, se plegó al guion y no cayó en las provocaciones constantes de los candidatos de Morena y PT. Consciente de liderar las encuestas, procuró cuidar su espacio y concentrarse en las propuestas. Sin embargo, sorprendieron los filosos cuestionamientos que hizo la periodista y moderadora, Sandra Romandía. Ya me imagino la reprimenda del poder a los consejeros electorales afines al PRI. De apretarlo un poco más, la moderadora lo habría sacado de sus casillas.

Sobre ese punto, fue positivo que los moderadores Javier Solórzano y Romandía no fuera floreros, sino actores del mismo debate. Una y otra vez regresaron a los candidatos al tema de las preguntas, cuando estos se iban por la tangente. Aunque las respuestas fueron variopintas.

Por su parte, Ricardo Mejía del PT, arrancó con la espada desenvainada. Cuestionó fuerte y duro, en especial a Armando Guadiana, pero también a Jiménez. Se proclamó como el bueno de la 4T. Su propósito es alcanzar al segundo lugar, por lo tanto, concentró las baterías en Guadiana. El mensaje fue estructurado y logró polemizar, sobre todo, en el papel de los policías, lo cual rayó en la denuncia.

Más allá del sombrero de Guadiana, la imagen del candidato de Morena, quedó a deber. Su discurso fue disperso y desparpajado. Bien haría su equipo de campaña, en ayudarlo con enumerarle del uno al diez, las propuestas. Se veía cansado y distraído. Ni siquiera pudo recordar el año de la denuncia que presentó contra la deuda. Tampoco le salió el chiste. Eso sí, por momentos, su estilo campechano provocó risas en el público. En esos menesteres, el lenguaje corporal lo dice todo. Los ademanes y aspavientos que hizo contra Mejía, mostraron su tirria al candidato que le resta puntos. Ni siquiera lo nombró, sólo lo señaló desdeñoso con las manos. Dicha disputa, abona al candidato de la Alianza.

Lenin Pérez, candidato de UDC y Verde, se expresó bien y claro, tiene propuestas, pero su lugar en las elecciones está destinado a un raquítico e insuficiente porcentaje. Dicho en otras palabras, no pinta, y él lo sabe. Aunque su candidatura solitaria en algo suma al poder.

Por momentos, el público en el debate no respetó la regla del silencio, e irrumpió en varias ocasiones con risas, siseos, abucheos y porras a los candidatos. Habrá quien repruebe esas manifestaciones, pero sin duda, son inherentes a la política misma. Durante las campañas las pasiones están a flor de piel. A ratos, el Nazas fue auténtico teatro político gracias a la intervención del público asistente. Su participación terminó de sazonar el debate. Por puesto, las reacciones del público y el golpeteo entre los candidatos, no es muy diferente de lo que se vive en las contiendas democráticas de otros países. Tampoco es muy diferente a lo que sucede en los debates de cámaras y parlamentos. Hasta los más correctos y elegantes británicos, desbordan las pasiones en los debates públicos.

Otro momento que suscitó tremendo abucheo, fue cuando el candidato de la Alianza, afirmó que el moreirato no existe. La reacción del público fue al unísono. Hay que decirlo con todas sus letras, elecciones van y vienen, pero la nefasta herencia de los hermanos sigue ahí: el elefante en la sala.

En las próximas semanas la temperatura de las campañas subirá, ya veremos si se mueven las preferencias o todo se mantiene igual. Por lo pronto, no adelantemos vísperas.

El Siglo, 18 de abril 2023

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/2023/debate.html


domingo, 12 de marzo de 2017

Respuesta a Ángel Carrillo sobre el Torreón


Estimado Ángel, espero que te encuentres bien.
Como cada domingo, leo tu texto con atención. De antemano, agradezco tus palabras sobre el tema del monumento del Torreón. Más aún: aprecio que se discuta con apertura, pasión y crítica.
Me parece interesante el punto que comentas: ¿por qué el monumento del Torreón generó esta protesta, y no otros? Desde hace años vengo trabajando como historiador en documentar la identidad, la memoria y el orgullo, acerca de valores materiales e intangibles de nuestra ciudad. En pocas palabras: de lo lagunero. Por cierto, vienen varios libros de un servidor en camino. Entre los monumentos e inmuebles históricos que refieres, por supuesto son relevantes y tienen un lugar en la historia local, sin embargo, hay otros que guardan un enorme peso simbólico. Los enumero no necesariamente en orden de importancia: La Casa del Cerro, la “Fuente del Pensador” y el Torreón (antiguo y moderno).  En función de esa identificación, también está la respuesta. Te acordaras que octubre de 2013, algún funcionario tuvo la “brillante” idea de pintar de rojo el monumento del “Pensador”, pero ante el rechazo inmediato de la gente, al día siguiente rectificaron. En noviembre de 2016, a otro “brillante”, se le ocurrió colocar semáforos… en 80 años nadie había alterado el paisaje del monumento. Por supuesto, ante el reclamo, rectificaron.
Sobre el emblemático Torreón señalé el criterio de conservación. Hacer la nuevas obras, pero integrar, el monumento. La protesta creció, y en lugar de escuchar, aceleraron el corte del Torreón. Ahora las autoridades ya hablan de reinstalar el monumento… ahora  ya dicen que es un “emblema representativo”, cuando antes dijeron que no tenía valor —“no aparece como monumento histórico ni cultural; no figura dentro del perímetro del Centro Histórico”—. Bajo ese obtuso criterio, ¿dónde queda el puente del río Nazas de 1931?
El monumento del Torreón no es cemento, es historia. En ese lugar estuvo el primer torreón en 1850.
Sigo impresionado con el malestar de los ciudadanos, pero también con la arbitrariedad e imposición que han generado las autoridades municipales. Por supuesto, todo eso lo podrán valorar los ciudadanos en el mediano y largo plazo. Son mayores de edad y libres de elegir.  Acerca de la legitimidad de la protesta, en lo personal, como historiador, no basta con escribir cómodamente en el escritorio. No podía quedarme callado como si nada pasara. Entre 2015 y 2016, realicé una investigación, que después se convirtió en exposición de museo, donde la destrucción de una casa particular en 1981, movilizó a los ciudadanos a la protesta. A pesar del llamado a la conservación, la casa fue demolida. Eso generó un trauma en aquellas generaciones, pero algo muy positivó resurgió. La manifestación se canalizó en la conservación de la Casa del Cerro, la Casa Colorada, el torreón de la antigua fundidora… 
Hoy necesitamos reencauzar estas problemáticas, bajo una junta del Centro Histórico que funcione, no que desestime el patrimonio. Más todavía, una autoridad que valore la gobernanza, como ha propuesto el Implan en Torreón. Hay muchas cosas que se pueden hacer y conservar. Estoy convencido de que se pueden y deben hacer bien. No obstante, reconozco que también hay espíritus negados a la crítica, molestos porque se le cuestiona su labor pública. Para ellos, “legitimidad” es que no los critiquen, cuestionen, ni nada. Pero ya sabemos que pasa, cuando entregamos a las autoridades un cheque en blanco…

Posdata. Del Hotel Francia, en su momento me habló el nuevo representante jurídico en 2015, para preguntarme sobre los valores del inmueble y cómo cuidarlos. Por fortuna, el edificio se conserva y está en uso. Nada más malo para un inmueble histórico, que el abandono. No todo tiene que ser museo. La cabeza de Morelos la mandó en 1961 la Secretaría de Patrimonio Nacional  y la colocaron afuera del Palacio Federal. ¿No les gustó? A los pocos años, en 1968, la reubicaron al pie del Cerro de la Cruz, ahí estuvo largas décadas. Finalmente en 2015 la movieron al bosque Venustiano Carranza. La enorme diferencia, es que para mover ese monumento, no tuvieron que cortarlo ni dañarlo. Por cierto, hubo una solitud del Instituto Municipal de Cultura al Cabildo para remover el monumento. Sobre la Plaza de Armas, hubo discusión interna en la Junta de Conservación —de la cual era miembro—, sobre la necesidad de tener el permiso del INAH antes de la intervención, aunque primero iniciaron las obras, y luego solicitaron el permiso.  También aporté ahí en 2010, antes de iniciadas las obras, una presentación sobre los valores históricos de la plaza y sus cambios físicos en el tiempo, a fin de conservar lo más posible el sentido original. El resultado está a la vista.
Ángel te agradezco tu puntual crítica y tu apertura para la discusión. Estamos para servir, y ojalá sigamos dialogando, no sólo de este, sino de muchos temas más. Abrazo.
Carlos Castañón Cuadros

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12 de marzo de 2017

domingo, 11 de agosto de 2013

Marihuana de moda


La marihuana está de moda, ni qué decir. Pero no es una novedad en las calles, sino en los medios. Al fin el consumo de la marihuana, como una de las drogas populares junto al tabaco y el alcohol, se debe más al gusto en el mercado, a pesar de las prohibiciones, condenas y combates. En México el tema la legalización de las drogas, en particular la marihuana, ha cobrado ímpetu en los últimos dos años, sobre todo, por la desgraciada matazón y singobierno que se vivió y todavía se vive en algunas ciudades del país.

Pese al costoso combate, las drogas siguen ahí, el mercado también. Paradójicamente el mayor apoyo a la mariguana no provine nada más de líderes políticos o figuras internacionales, sino de localidades en Estados Unidos como Colorado, Washington y una docena más de estados en ese país. Se pueden esgrimir razones morales contra el mal de las drogas, pero no se puede cerrar los ojos ante el inmenso negocio que lo mismo forma ejércitos privados, compra gobiernos y aterroriza poblaciones. Pero la moda no es el consumo de las drogas o el gusto por la cannabis, sino el debate que se suscita en varios países. Recientemente Uruguay desafió el status quo de las drogas al llevar al congreso una ambiciosa iniciativa de legalización. En varias ocasiones el presidente uruguayo José Mujica se pronunció a favor de la legalización de la marihuana. Finalmente el Congreso aprobó la ley que rompe el tabú de las drogas y la casi incuestionable visión dominante sobre el combate y la penalización.

La Junta internacional de fiscalización de estupefacientes, un órgano más de la ONU, condenó la aprobación uruguaya por violar acuerdos internacionales. Al mismo tiempo, otro órgano de esa burocracia mundial, la Comisión global de políticas de drogas, insiste en cambiar de enfoque. Exmandatarios como Fernando Henrique Cardoso (Brasil), César Gaviria (Colombia) y Ernesto Zedillo (México), forman parte de esa comisión que pugna por cambiar el paradigma fracasado del combate que alimenta muy bien al crimen y las cárceles. En México Enrique Peña Nieto ha mostrado su rechazo al tema, aunque actualmente, se puede portar pequeñas dosis de droga para consumo personal, pues han sido despenalizadas en el país.

Sin duda vamos tarde, aunque nos sobren muertos, violencia y crimen. Alguna propuesta surge en el Distrito Federal. Ya en las modas, hasta el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, se anima al debate. Tímido, el procurador Jesús Murillo Karam, prefiere rehuir el tema con un pretexto sobradamente creativo: es un tema internacional.

No creo que la legalización será la panacea, ni tampoco pienso que de la noche a la mañana la apertura a la marihuana resolvería de golpe una serie de problemas relacionados con el narco y la violencia. Sin embargo, la evidencia aportada por experiencias como la de Portugal, Holanda o algunos entidades de Estados Unidos, demuestra que la legalización no lleva a la multiplicación del crimen, sino a su control. Al contrario, el combate no acaba el mercado, sino parece beneficiarlo. En México, seguimos apostando por el fracaso de la visión prohibicionista. Al final el mayor costo es para la sociedad.

7 de agosto 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9188220

domingo, 23 de junio de 2013

¡Vicente Fox marihuano!


¿Vicente Fox pacheco? ¿Vicente Fox tronándosela? ¿Vicente Fox grifo? ¡Para nada! El ex presidente mexicano es fiel a su tradición de publicista. Hombre simpático, dicharachero, hablador. En pocos palabras, un genio de la comunicación involuntario. Como sabemos, Vicente tiene algunos años insistiendo en cambiar el paradigma sobre las drogas. Curiosamente, su propuesta no está tan fumada. Se trata, eso sí, de una tendencia que poco a poco gana adeptos entre políticos, académicos y consumidores organizados de varios países. En Estados Unidos hay 18 estados que han legalizado no sólo el consumo, sino hasta la producción de drogas. Más reciente, los ciudadanos de Colorado votaron el sí (51%) a las drogas, lo cual ya ha impactado en la reducción del precio de la marihuana en ese país. Para los que no se han enterado, por aquello de la moral y las posiciones personales, la portación de droga en México está regulada en pequeñas cantidades: ¡es legal la pachequez!

La marihuanada de Fox es una posición que pide un cambio de paradigma. No el de la guerra contra la drogas que impuso a sangre y fuego Estados Unidos. Fracasos monumentales como el de Colombia y México, evidencian un mal todavía mayor de esa política punitiva. En conferencia en Seattle, Fox abogó por el cambio de enfoque, e incluso, a pregunta expresa, hasta se animaría a producir mota, una vez fuera legal.

Seguí con atención varias entrevistas y no sólo las declaraciones aisladas que llamaron la atención de los medios. Contrario a lo que podría pensarse, máxime por las puntadas en su sexenio, la propuesta fue articulada con la tendencia en Estados Unidos. El argumento de Fox fue bastante coherente, tanto como el discurso latinoamericano que poco a poco empieza a emerger, y que encuentra en el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, a uno de los más lúcidos promotores del nuevo paradigma. El triunfo del carrujo legal en el país vecino parece ser la mayor transformación de drogas entre México y Estados Unidos. No la lucha armada que ha dejando un país herido y profundamente lastimado. Hay que leer con atención el informe de la Organización de Estados Americanos (OEA) sobre “El problema de las drogas en las Américas” (2013). No es la condena ni el combate violento lo que se propone; tampoco cierra los ojos ante el daño de las drogas en las personas. Sin embargo, el informe advierte un mal mayor en la tendencia actual del combate. Además, presenta escenarios hacia el 2025. Cito algunas preguntas de los escenarios: ¿Cuáles son las oportunidades y los desafíos actuales? ¿Cuáles son las oportunidades que podríamos tener y los retos que tendríamos que afrontar en el futuro? ¿Qué opciones tenemos? ¿Qué es lo que debemos hacer para enfrentar mejor el problema de las drogas en las Américas? Después de todo, Vicente Fox no está tan pacheco. Quizá sólo esté apuntado lo que en las próximas décadas podría ser visto como normal.

12 de junio 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9183251

Lo que ELLA quiere

Con frecuencia, la visión de unos se suele confundir con la de todos. Pero lo que vemos no es necesariamente lo que todos ven. Creemos, suponemos: un error muy frecuente entre los noveles de la política. Que en La Laguna tengamos algunos grupos a favor de la conformación de un nuevo Estado, no significa en automático que el punto sea, el punto de la mayoría de los laguneros. Hace uno días, mi estimado compañero del periódico Milenio, Eduardo Holguín, respondió a mi texto, “Preguntas para Ella” (2 de junio, 2012).

El primer punto de la crítica de Holguín se refiere a la relevancia de juntar 500 mil firmas, para “mostrarle a los legisladores y a las autoridades del país que queremos ser nosotros mismos los forjadores del buen futuro de la región”. Pero incluso, aunque juntemos 1 millón de firmas en apoyo a la creación del Estado de La Laguna (Ella), la irrelevancia sería la misma. Seguramente esas miles de firmas llamen la atención y hagan ruido de vez en cuando en los medios nacionales, pero institucionalmente no hay en nuestro sistema político validez para esas firmas. Podemos juntarlas a favor o en contra de una causa, nada lo impide, sin embargo, ante la ausencia de mecanismos de democracia directa, sencillamente esas firmas son irrelevantes. Referéndum y plebiscito no existen en nuestra constitución. Por eso, al archiconocido periodista, Pedro Ferriz de Con, lo mandaron “por un tubo” con su iniciativa de eliminar a los diputados plurinominales. El periodista de Grupo Imagen juntó 4 millones de firmas. Por entonces, el presidente de la Cámara de diputados, Carlos Ramírez Marín, declaró: “Los diputados, sin lugar a dudas, la tomarán en cuenta”. Tan la tomaron en cuenta, que mejor la mandaron a la basura. En otras democracias, con mucho menos firmas, hasta pueden correr a sus legisladores. No es nuestro caso para incidir en el gobierno.

Pero vamos a suponer que dentro de unos años, los laguneros que tanto desean un Estado, quedamos de acuerdo para anular el voto en las elecciones de gobernador. Un voto en blanco generalizado sería un claro rechazo a las capitales de Durango y Coahuila. En 2010, votaron en las elecciones locales, 107 mil ciudadanos en Gómez Palacio, y 45 mil en Lerdo. En 2009, 43 mil ciudadanos votaron en Matamoros, y 232 mil en Torreón. En suma 427 mil votos que podrían ser anulados para mandar una contundente señal política. Para decidir sobre el futuro de la región no necesitamos 500 mil firmas, ni tampoco un Estado. Tampoco pienso que “es la primera vez que La Laguna está de acuerdo en algo”, como se afirmó en la entrevista con Ferriz de Con. Mucho antes de pretender un Estado, los laguneros hicieron grandes empresas comunes para beneficio de la región. No necesitaron firmas para hacer un puente, o una carretera para unir Lerdo, Gómez Palacio y Torreón. Sencillamente lo hicieron. Independientemente de Ella, no tengo duda de que pequeñas acciones en común entre los laguneros, podría hacer una mejor región. Y conste que no hablo de un Estado.

7 de junio 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9182808

miércoles, 31 de octubre de 2012

Marihuana


Mucho se habla de la guerra contra las drogas, la prohibición de los gobiernos y la condena contra los consumidores. Pero también ya se habla más de despenalizar, incluso de legalizar. Aunque parezca que la visión prohibicionista siempre ha sido, las sociedades y los gobiernos han ido por otros caminos más abiertos y menos contraproducentes. Para el caso no tenemos que ir al pasado, sino revisar lo que actualmente se hace en el presente. Estados Unidos es una paradoja. Por un lado su gobierno nacional insiste en la lucha contra las drogas, los cárteles y el tráfico; pero por otro, las autonomías estatales han encontrado espacio no sólo para descriminalizar el consumo de las drogas (sobre todo la marihuana), sino para legalizar formas “medicinales”.

La tendencia parece apuntar hacia otro lado a pesar de la cerrazón en México. Por eso es relevante la crítica de ex dirigente de la ONU, Kofi Annan, sobre la tragedia de México por el combate al narcotráfico. Durante una conferencia en el prestigioso centro de estudios Brookings de Washington, Annan comentó sobre México: “Cuando uno mira los resultados de Calderón, la mayoría de la gente le dirá que no ha funcionado. Ha muerto mucha gente”. A favor del debate sobre las drogas, el diplomático hizo referencia al estudio de la Comisión Global de Políticas sobre Drogas: “Nuestra principal conclusión fue recomendar la descriminalización, no la legalización, porque hemos llenado las prisiones de gente joven cuyas vidas salen destrozadas por una onza (de droga)”.

Aunque Annan hace la distinción entre descriminalizar y legalizar, el paso resulta inevitable. Desde otra trinchera, el peculiar presidente de Uruguay promueve la liberalización de la marihuana. No se anda con rodeos y advierte para su país, lo que en México es cotidiano, es decir: violencia, ejecuciones, muerte. Antes de que el monstruo crezca más, el mandatario uruguayo, José Mujica, propuso una iniciativa para legalizar la marihuana. Su diagnóstico es familiar para los mexicanos: “En el país tenemos miles de presos producto del tráfico de esta inmundicia y han aparecido los delitos por ajustes de cuentas. Porque a la gente que no paga no le mandan los abogados para cobrar. Le pegan un tiro. Eso era desconocido en el Uruguay”.

Más realista y menos moralista propone: “Lo que queremos hacer con la marihuana no es legalizar el consumo, es regularlo. El consumo ya existe”. Continúo con la cita del mandatario sudamericano: “Lo que nosotros levantamos como tesis es que este problema encarado por la vía policial y de la represión sigue estancado, sin solución. Tenemos más presos, gastamos más dinero y el problema se multiplica en las calles”.

Despenalizar el consumo o legalizar la marihuana, no son propuestas de dos hippies trasnochados, sino de dos políticos reconocidos que evidencian el fracaso del enfoque actual. Para mal, en México el debate no prende, pero sí seguimos bajo la desgracia del combate y el fracaso del estado para proteger la vida. No sé si a estas alturas aguantemos 60, 80 o 100 mil asesinatos más.

24 de octubre 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9162442

lunes, 11 de junio de 2012

Recomendaciones para un debate



En nuestro país estamos más acostumbrados al aplauso que a la discusión. Desde esa práctica, se expresan lugares comunes cuando sucede algún debate: “abundaron las descalificaciones”. Pero si un punto define parte de la democracia, es sin duda, la deliberación. Es decir, la discusión en torno a las decisiones públicas. El debate es la esencia de parlamentos y congresos, cabildos y consejos. 

No hay democracia sin discusión, sin deliberación.   

Poco habituados a las discusiones públicas, los debates en México generan gran expectativa por su joven tradición, tanto como la propia democracia en nuestro país. A ese ritmo, tenemos muchas elecciones pero pocos debates. Muchos votos, pero pocos ciudadanos reclamando el producto del sufragio. Para nuestros políticos dos debates parecen muchos, pero en las democracias maduras hay docenas de ellos antes de conseguir una candidatura.
Como sea, habrá que aprovechar la ocasión del debate presidencial para cultivar una de las virtudes de la democracia

Vayamos por partes. 

  • Ante todo hay que mantener la calma y tener en claro los puntos que se quiere exponer. Sin esos dos ingredientes, el candidato empieza perdiendo. Las palabras convencen, pero si el candidato no está tranquilo, el cuerpo te traiciona. Pesa más el lenguaje corporal, que el verbal.


  • Más que hablar, hay que escuchar. La lengua puede ser el peor enemigo de uno. Fox es un genio en ese arte. Un mal consejo para cualquier debate es enojarse. Nunca falta quien pierde los estribos. Hace unos días y sin pudor por estar frente a las cámaras, un diputado griego (por si fuera poco, “neonazi”), no toleró la discusión y agredió a dos diputadas. Primero arrojó agua a una de ellas y luego se fue golpes contra otra. El hombrecito huyó de la televisora donde sucedió el debate.


  • Para nuestro caso los golpes son verbales. No lo olvide. Por eso, conocer las debilidades propias resulta tan útil, como saber las del adversario. Se puede agredir al oponente, pero si el ataque no es convincente, éste será irrelevante o incluso se volverá contra uno. Winston Churchill nos recomienda: “no responda ofensas, reviértalas”. Más que el guión del candidato, cuenta su capacidad de reacción e improvisación. 


  • Un debate es la oportunidad para conocer al candidato de frente, su alcance y el nivel de su discurso. Por lo mismo, la apariencia cuenta tanto como la propuesta o el argumento. En ese punto, puede ser que la propuesta de un candidato sea buena, pero mal expresada, el argumento queda condenado a la irrelevancia. 
  • Por eso, más que pronunciar largas frases (no vaya ser que se le acabe el tiempo), prepare frases breves y claras que sinteticen su idea. Demasiada complejidad mata el encanto o la efectividad del mensaje.   


  • Aunque el debate llama al diálogo y la discusión, al final, el candidato no puede perder de vista que le habla a los ciudadanos y sus potenciales votantes. Así que no desaproveche la oportunidad de dirigir su oferta política.


Los debates cuentan, influyen y forman opinión, pero no siempre definen elecciones cómo aquella histórica entre Kennedy y Nixon. En países como el nuestro todavía pesa más la capacidad del partido en las calles. Salvo que fuera desastroso el debate, entonces el impacto pudiera traducirse en votos. Veremos qué sucede este domingo.  

11 de junio 2012

lunes, 14 de mayo de 2012

Recuerdos del debate

Tengo buenos recuerdos de los debates presidenciales en México. En todos, aunque en 1994 todavía no votaba, los compartí con la presencia de buenos amigos. Este no fue la excepción y en verdad agradezco a @hhramos y @letrasalaire, pero nos faltó @rutanortelaguna. En general el debate se quedó corto. A diferencia de otros, este no será recordado por alguna frase o por algún momento crucial entre los candidatos. Quizá la excepción la hizo la playmate...  Así de gris el encuentro. Sin pena ni gloria.

Uno pensaría que los cuatro candidatos pueden dar más, pero no, ¡es lo que tenemos! No hay más. Por eso lo que tanto se esperaba nunca sucedió. Andrés Manuel López Obrador no destacó, salvo cuando regañó a Enrique Peña Nieto. Es decir, recurrió al aparente argumento de la autoridad y a muy pocas cifras y datos duros.


De ahí en más su tan deseada participación no logró entusiasmar; y eso que pidió muchos debates. Josefina, esa sí tan cuadrada, sacó muy poco contra Peña. ¿Es todo lo que tiene la panista? Me temo que sí, por eso su presencia tampoco prendió. En realidad ninguno de los dos logró despeinar al candidato puntero en las encuestas. Ese fue el mayor resultado del debate. Enrique Peña ileso. Enrique sin despeinarse.


Por eso, si hubo un “ganador” no fue Gabriel Quadri, ni Josefina, sino Peña que la libró por lo que no le hicieron ni le cuestionaron a fondo. Se fue limpio, sin daño alguno, a pesar de las recriminaciones de corrupción que le hizo la panista y el perredista. Josefina se empeñó en señalar la caída en el índice de transparencia del estado que Peña gobernó, pero lo mismo puede decirse de los panistas que en 12 años de gobierno no bajaron, sino incrementaron la percepción de corrupción. Tan malo el pinto como el colorado. Eso sí, Peña pretextó una y otra vez que el tiempo no le alcanza. Tal vez busca la eternidad. Por cierto, Josefina no contestó la sencillísima pregunta del priista. ¿Por qué faltó tanto a la Cámara cuando fue diputada plurinominal? Nunca lo dijo. Optó por generalidades.


Por su parte Quadri, el candidato más insignificante fue el que mejor se desenvolvió por su expresión auténtica y natural. Sin embargo, su postura de “no soy un político”, no solamente es un contrasentido, también es ridícula. Nada más engañoso que el argumento de la pureza en política, nada más falaz que anteponer un estado inmaculado. Habla de la educación como si no representara al partido de las peores prácticas educativas.


Si lo mejor del debate no estuvo en el debate, hay que reconocer la intrusión de un quinto actor. Los ciudadanos que de manera intensa estuvieron comentado en Twitter. Eso sí fue una novedad en el debate: la capacidad de comentar en tiempo real las opiniones de los candidatos. Interesante las valoraciones, los comentarios, las críticas y hasta los chascarrillos.
Algunas cosas para el vano recuerdo: el índice Tsuru propuesto por Andrés Manuel; la falta de tiempo de Peña. Otras menciones no fueron triviales, por ejemplo, la vergonzosa relación entre Coahuila y los Moreira. ¿Vendrá pronto alguna sorpresa?



9 de mayo 2012
Milenio http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9146916

miércoles, 18 de enero de 2012

Debate panista (entre el avión, el piloto y los pasajeros)


En nuestro país, los hombres públicos están más acostumbrados a los aplausos que a los debates. Incluso la palabra misma parece disgustar a un buen número de personajes públicos. Pero en buena medida, el espíritu de la democracia alienta el debate y la deliberación pública. Por lo mismo, más que rehuir, hay que alentar esas discusiones. En general, las elecciones son un tiempo propicio para el debate, pero en realidad tenemos pocos, porque los protagonistas no quieren, ni desean confrontar sus posiciones con los competidores.

Ayer fue ocasión para un nuevo debate entre los aspirantes panistas a la presidencia de la República. Pero debate es un decir. A diferencia de otros encuentros, no hubo propiamente debate, fue más bien un encuentro tímido, evitando no ir demasiado lejos para no cometer errores o caer en provocaciones. Con el encuentro de los panistas los electores pueden completar el perfil del posible candidato. Santiago Creel se centró en el tema de seguridad y recalcó cada vez que pudo, que él es un hombre de experiencia en la materia. Incluso presumió que durante su cargo como secretario de Gobernación, el índice de violencia estuvo en los niveles más bajos. Aunque evitó confrontaciones, sí dijo que se necesita cambiar la estrategia del presidente Calderón, y para ello propone una especie de ministro del interior.

Josefina Vázquez Mota me pareció la más conservadora de los tres, su discurso lo basó en la familia, los valores y la educación para hacer un México posible. No obstante, me pareció valioso que rescatara en su discurso la propuesta de reforma política para reducir el congreso, promover la reelección y quitar parejo el fuero a los funcionarios. Para Josefina la educación es lo que puede hacer mejor al país. Sin embargo, es difícil compartir su punto, sobre todo, si  recordamos su labor en la Secretaría de Educación Pública y la nulidad que le causó  “La Maestra”. Consciente de que va la arriba en las encuestas, no desaprovechó la ocasión para ratificar que los panistas la prefieren por encima de Creel y mucho más que Ernesto Cordero.

Por su parte, el favorito del presidente, Cordero, se concentró en el tema de la economía, y no se cansó de decir que él sí sabe llevar el país, tanto como el copiloto del avión. De esa manera preguntó a los panistas: ¿prefieren al piloto o algún pasajero para conducir el avión? Por momentos Cordero sí quiso confrontar a sus compañeros, echándoles en cara que no son incondicionales del proyecto calderonista. En consecuencia, él mismo se presenta como la mejor opción entre los panistas. En tiempos de turbulencia económica advirtió: “más nos vale que el próximo presidente sepa conducir la economía”. Para él, Santiago y Josefina son simples pasajeros.

Lo que sí tuvieron en común los tres panistas, además de no debatir, fue tratar de diferenciarse, aunque no creo que lo lograran, de los candidatos del PRI y el PRD. Los tres insistieron en que el PRI es “un regreso al pasado”. (¿emisarios del pasado reloaded?) Y el PRD un populismo. Hubo en el encuentro de ayer, ya dejemos la palabra debate, un listado de qué hay que hacer, pero al final, nos quedamos sin los cómos. ¿Los dirán en la próxima? 

18 de enero 2012

viernes, 25 de noviembre de 2011

Los críticos ante la crítica

Para Francisco Adame

Buen precedente para la libertad de expresión y el debate público acaba de fijar la Suprema Corte de Justica de la Nación. El fallo de la Corte emitido el pasado miércoles, vino a dirimir un antiguo conflicto entre el periódico La Jornada y la revista Letras Libres. El litigio surgió a raíz de unartículo de Jorge García Ramírez, publicado en la revista que dirige Enrique Krauze. El texto, titulado “Cómplices del terror” (marzo, 2004) hizo una mordaz crítica a La Jornada por su defensa y simpatía con las causas del (¿retirado?) grupo terrorista ETA. 

La polémica pronto se desató entre la directora del diario, el famoso juez Baltasar Garzón y hasta el filósofo español, Fernando Savater. Sin embargo, lo que empezó como un debate público, terminó en los tribunales por instancia del periódico, que argumentó un daño a su imagen.

Hace algunos meses, cuanto todavía no conocíamos el fallo de la Corte, el desaparecido periodista Miguel Ángel Granados Chapa, escribió al respecto: “cuando una publicación acude a los tribunales para denunciar la conducta de otra publicación, me parece que estamos ante una deformación del propósito legal, dañina para la prensa en su conjunto”.

Y en efecto, en vez de que el debate se resolviera por las mismas palabras, el crítico diario decidió litigar. No es frecuente la crítica entre los medios y mucho menos la autocrítica. Por lo mismo, el caso que acaba de resolver la Corte es una sana ratificación del debate público en una sociedad democrática. Sin tantos rodeos, el Máximo Tribunal regresó el argumento a los críticos molestos por la crítica: “además de gozar de la más amplia libertad para increpar el actuar de figuras públicas, también debe tolerar un amplio escrutinio respecto de su propia conducta, igual al que ejerce y cuya protección invoca”.

Al votar por unanimidad contra La Jornada, la Corte hizo unalegato a favor de la democracia: “el debate en temas de interés público debe ser desinhibido, robusto y abierto, pudiendo incluir ataques vehementes, cáusticos y desagradablemente mordaces sobre figuras públicas o, en general, ideas que puedan ser recibidas desfavorablemente por sus destinatarios y la opinión pública, de modo que no sólo se encuentran protegidas las ideas que son recibidas favorablemente o las que son vistas como inofensivas o indiferentes. Estas son las demandas de una sociedad plural, tolerante y abierta, sin la cual no existe una verdadera democracia”.

En buena medida nuestra Constitución, nos recuerda la Corte, “no reconoce un derecho al insulto o a la injuria gratuita, sin embargo, tampoco veda expresiones inusuales, alternativas, indecentes, escandalosas, excéntricas o simplemente contrarias a las creencias y posturas mayoritarias, aún y cuando se expresen acompañadas de expresiones no verbales, sino simbólicas”.
Al final, de esta particular pugna entre los medios, nos queda una valiosa lección para los críticos ante la crítica. Ojalá no la olvidemos. 

25 de noviembre 2011

miércoles, 28 de septiembre de 2011

El aborto a debate

¿Dónde comienza la vida de un ser humano? ¿Qué es la vida? ¿Con cuántas semanas tenemos un ser humano? ¿En qué momento adquiere consciencia de sí? ¿Qué es la consciencia? ¿Hay derechos humanos, pero también derechos de embriones? Dichas preguntas no provienen de un complejo debate entre filósofos y científicos, sino de la aplicación de una ley en la tierra. 
El debate no es nuevo, mucho menos la polémica que toca las fibras más sensibles de la sociedad, las religiones, los partidos políticos. En pocas palabras: las instituciones.

Dos legislaciones estatales, Baja California y San Luis Potosí, prohíben el aborto y por lo tanto, presuponen el derecho a la vida. Igualmente, 16 legislaturas más han impulsado leyes similares en las entidades del país.


La impugnación de las legislaturas a la Suprema Corte reabren uno de los debates más importantes en el país durante los últimos años. Detrás de los argumentos a favor del derecho a la vida desde la concepción, está una certidumbre cuestionable. 468 legisladores de congresos locales han resulto el misterio de la vida que ni filósofos y científicos lograron. Por su parte, el presidente Calderón ha expresado su postura en contra del aborto, e igualmente, asociaciones religiosas han protestaron.


El caso ya lo había tratado la Corte en el año 2008, con motivo de una legislación liberal promovida por Marcelo Ebrard en el Distrito Federal. Ahí se ampliaron los derechos y se descriminalizó a la mujer por casos de aborto. Dicha ley fue impugnada. La Corte convocó a un amplio debate con científicos y especialistas. El resto de la historia ya la conocemos. Así, el máximo órgano de justicia tomó una de las decisiones más relevantes en cuanto a la ampliación de derechos humanos y garantías individuales.


Que un poder como la Suprema Corte resista las presiones del ejecutivo, de los líderes políticos y religiosos, en pro de los derechos ciudadanos, representa un cambio significativo en nuestras instituciones. Impensable en el México del pasado.



28 de septiembre 2011
Milenio http://impreso.milenio.com/node/9033964 

lunes, 25 de julio de 2011

El Estado de La Laguna

La Laguna, siglo XVIII

Un fantasma recorre la región, el fantasma del Estado de La Laguna. La aspiración política no es nueva, porque ya en el pasado diversos grupos han abanderaron la propuesta. También varios políticos la llevaron infructuosamente al Congreso. El tema resulta atractivo para muchos, y sobre todo, espinoso para los políticos: “no es momento” se afirmó hace algunos años.

Un estado de La Laguna sería un golpe a las finanzas estatales de Coahuila y Durango. Pero está claro que no es sólo presupuesto. Hay detrás de las propuestas un viejo deseo de unidad política regional y al mismo tiempo, una frustración más reciente por el beneficio notable a las capitales.

Hace algunos años le cuestioné a mi estimado Carlos Bracho, entonces diputado federal, el sentido de su iniciativa. Me contestó: Hay que aspirar a diez, porque quizá obtengamos siete, y eso es un avance. El tiempo le dio la razón. No prosperó la iniciativa para crear el nuevo estado, en cambio, se logró la inclusión de Zona Metropolitana (ZM). Así, la gestión de la ZM resultó a la larga una historia de éxito construida por panistas y priistas.

Pero retomemos la cuestión: ¿es viable un Estado de La Laguna? No lo creo, en especial por las relaciones actuales que guardan nuestros municipios. Me explico. Si algo ha demostrado el ejercicio de los recursos destinados a la ZM, es la disparidad de criterios, incluso en abierta contradicción con el espíritu regional. Los dineros se han ejercido como si los municipios fueran independientes, de tal manera que las acciones en Durango son unas y en Coahuila otras. Así ¡ni cómo llegar muy lejos!

La promoción del Estado de La Laguna está más cerca de la psicología que de la política, de la identidad que de la gobernabilidad. Nuestros políticos locales prefieren no hablar del tema, pero la discusión no está demás si consideramos la inequidad presupuestal entre Torreón y Saltillo, Gómez Palacio y Durango. Empecemos la discusión con varios foros, hagamos una buena encuesta y no sólo echemos a la basura el tema. 

Por lo pronto, el gobernador electo, Rubén Moreira, tendrá que llegar con algo más que un cúmulo de acciones llamado “Plan Laguna Siglo XXI”.

lunes, 10 de enero de 2011

Más sobre la ciberdemocracia

Acostumbrado a los medios, resulta un lugar común la descalificación, el insulto como huella del tan extendido anonimato. Enrique Krauze retoma el tema del debate en democracia, y hace referencia a las versiones de ciberdemocracia

"La descalificación del otro (política, intelectual, moral) es un fundamento imposible para la discusión, pero es lo más común en nuestro medio. En la radio, la televisión o el Twitter, los usuarios no exponen argumentos sino alabanzas o vituperios, santificaciones o anatemas. Por eso en nuestra vida política es raro escuchar comentarios matizados, ver como algo natural -por ejemplo- que alguien critique ciertas políticas públicas y encomie otras sin ser tachado inmediatamente de tibio, contradictorio o vendido. Acá la crítica racional se confunde con la oposición irracional, el matiz con la blandura".

lunes, 29 de junio de 2009

Debates







Podemos iniciar con una pregunta sencilla: ¿A los mexicanos nos gusta debatir? ¿Encontramos un gusto y sobre todo, una utilidad en el debate? Más aún, ¿nos agrada confrontar nuestras ideas? La realidad es dura, pero cierta. Entre nuestras virtudes cotidianas no figura la deliberación. Es decir, no nos gusta debatir, ni tampoco estamos acostumbrados a defender nuestras ideas con argumentos y con razones. Máxime cuando se trata de temas sobre política. Bien recomienda una frase popular entre nosotros: es mejor no hablar de política ni religión sobre la mesa. Otra variante, aconseja por educación, omitir estos temas en las conversaciones comunes. Por eso, las encuestas nos refieren que de cada diez mexicanos, sólo dos hablan de política en una conversación (ENCUP, 2008).

Y quizá el tema resultaría trivial, si la política en la democracia, no se basara en argumentos, pesos y contrapesos. Por eso, tampoco extraña, que muchos de nuestros políticos hayan descuidado tanto el arte de la argumentación. En cambio, prolifera la retórica en un sentido peyorativo, la demagogia o el enojo y los aspavientos fáciles ante los cuestionamientos. Hemos alimentado una relación poco sana con nuestros hombres públicos, tan dados a la foto y las imágenes, las apariencias y las simulaciones, que a la defensa de las decisiones públicas. Por lo general, los políticos no tienen empacho en pedir el voto por las calles, pero a la hora de defender el proyecto, de mostrar una justificación sensata, por no decir racional, pocos levantan la mano.

Un caso ejemplar lo encontramos en Enrique Peña Nieto, Gobernador del Estado de México. Peña Nieto es sin duda, el político más popular del país, incluso más que el Presidente de la República. Su exposición mediática nos recuerda más a un actor de televisión que a hombre de Estado, sin embargo, no recuerdo alguna propuesta relevante o alguna intervención decisiva para dirimir un problema. Se trata de un hombre que seduce por las apariencias, pero del cual se repara poco en su capacidad deliberativa. Probablemente habrá quien considere que no la necesita, a fin de cuentas, lo que importa es verse bien. Si bien, en este punto, no condeno la imagen, tampoco considero perder de vista que un régimen político como la democracia, es en esencia, un régimen deliberativo donde los actores se aprestar a defender decisiones y proyectos, pero también donde los ciudadanos utilizan distintos medios para cuestionar, exigir explicaciones y cuentas.

En uno de sus lúcidos artículos, Gabriel Zaid, recomendaba más “organizar debates informados e informativos de los problemas y oportunidades nacionales, entre los aspirantes al poder”, en vez atiborrar los medios con propaganda política de buenas intenciones. Hay que obligar a los aspirantes del poder a defender sus propuestas ante los electores, a que también las confronten con sus rivales de campaña y que finalmente busquen convencer por qué sus propuestas son mejores y más viables que las de su adversario. Sobran los anuncios y los espectaculares de un país mejor, pero falta saber con claridad cómo lo van a lograr y cuánto nos va a costar.

En sentido, y gracias a You Tube, pude ver el debate entre los dirigentes de los tres principales partidos: Germán Martínez del PAN, Beatriz Paredes del PRI y Jesús Ortega del PRD. De entrada, no me aburrió el debate, lo cual ya es algo, sobre todo, por el tipo de debates acartonados que procura el IFE. Sin embargo, faltan más ejercicios abiertos como ese encuentro, pero a horas más accesibles, donde los ciudadanos puedan formarse directamente opiniones. En este caso parece algo extraordinario, más en realidad se trata de algo común y frecuente en democracias consolidadas, donde los ministros de un gabinete por ejemplo, suelen confrontar sus resultados con el poder legislativo. De la misma manera, ahora debemos impulsar más las discusiones públicas con el fin de que los ciudadanos vean los pros y los contras, las carencias y las capacidades de quienes nos pretender gobernar. Tal vez así, candidatos y políticos, muestren al fin, una propuesta clara o simplemente exhiban su incapacidad para defenderla.