Leo y vuelvo a leer con atención el largo y puntual Informe Mundial sobre las Drogas 2012, que acaba de publicar la Oficina contra la droga y el delito de las Naciones Unidas (UNODC). Lejos de la visión moralista o peor aún, la policiaca, el Informe nos deja muy en claro la cotidianeidad del consumo y la producción de la drogas en el mundo. En realidad, no obstante la persecución, la dupla cosumo-producción está bien integrada al mercado mundial, funciona con regularidad y además es estable. Esa es la principal conclusión del estudio: la estabilidad del mercado.
Porque más allá de la criminalización e incluso, a pesar de la lucha de los estados contra las drogas, el consumo mundial está tan extendido, que al menos, unas 230 millones de personas consumieron alguna droga durante el 2010. Nada hay en esa megatendencia que nos indique menos millones de consumidores en 2011, ni para el cierre del 2012. Tampoco se espera, a juzgar por la hambrienta demanda, una caída relevante de la oferta.
Cito el Informe: “El volumen de consumo mundial de drogas ilícitas se mantuvo estable durante cinco años hasta finales de 2010 entre el 3,4% y el 6,6% de la población adulta”.
Para quienes admiran Colombia, no habría que omitir que “la producción y consumo de la cocaína se mantiene estable en los últimos años” (UNODC, 2012). Quién diría que el fracaso de la política antidroga en Colombia terminaría por estabilizar su mercado: “En general, los precios en dólares se mantuvieron estables entre 2007 y 2010 e incluso bajaron en algunos países”. Ahí donde Estados Unidos lucha contra las drogas, el mercado tiende a consolidarse. Por ejemplo, tras la vergonzosa invasión norteamericana a Afganistán, ese país se ha vuelto el rey del opio mundial. El problema para esos países, incluido México, es la terrible cuota de violencia y muertos, mientras el mercado mundial satisface su demanda.
Cito de nuevo la conclusión del Informe que nos anuncia el fracaso: “Los datos disponibles más recientes indican que la situación mundial del consumo, la producción y las consecuencias sanitarias de las drogas ilícitas no ha cambiado sustancialmente”.
Cada año en nuestro país los accidentes automovilísticos (entre 17 y 24 mil) cobran más vidas que la defensa violenta del mercado de las drogas y sus consumidores. A nivel mundial, el tabaco también acaba con más vidas que las drogas “ilegales”. Hasta cuatro millones según la OMS. Lo mismo se puede decir del consumo de alcohol, que se lleva la vida de unos 2.5 millones a nivel mundial cada año. En México más de 50 mil cada año.
Alcohol y tabaco son una variante de drogas ampliamente aceptadas y legalizadas. De facto, el mercado mundial de las drogas “ilícitas” funciona independientemente de las restricciones punitivas. Pero todavía son minorías los gobiernos que amparan el consumo de las drogas e incluso asisten a sus ciudadanos. Quizá el mejor ejemplo de liberalización sea Portugal. Mientras tanto, en nuestro país seguimos empeñados en el combate, la violencia y los muertos. Es una pena que los candidatos llevaran una intensa campaña casi al margen de este problema. ¿Aguantaremos otros seis años con una demencial violencia?
29 de junio 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9151722
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martes, 3 de julio de 2012
lunes, 7 de noviembre de 2011
Un mundo de 7 mil millones
Confieso que es difícil asimilar la cifra, pero somos un mundo de 7 mil millones de habitantes, y quién sabe si dentro de 50 años llegaremos a los 10 mil millones. El gran empuje demográfico lo tomamos en 1950 y a la fecha la tendencia es “ligeramente” creciente. China e India son enormes motores. África también se apunta. Sin embargo, hace unos dos mil años, la población mundial era de unos 300 millones de personas. Tuvieron que pasar 1600 años para que la población se duplicara. ¡De ese tamaño eran los cambios!
Los datos los pueden encontrar en el informe de la ONU, Estado de la población mundial 2011. A raíz de la lectura que hice del documento, volví a ver la película dirigida por Alfonso Cuarón, Niños del hombre (2006), donde se incluye un perturbador documental. Retomo la historia: es 2027 y el mundo perdió la fertilidad. El hombre más joven de la tierra, con 18 años, acaba de ser asesinado en Buenos Aires y la noticia conmociona por todos lados. En vez de crecimiento, la humanidad vive un largo periodo de infertilidad.
El filme es una antiutopía inquietante, pero no lo son menos las utopías descritas por Platón, Moro, Fourier o Marx. En el siglo pasado Aldous Huxley y George Orwell imaginaron sociedades terribles. Para el primero la tecnología significó el camino de un mundo feliz; para el segundo, la tecnología conduce a un nuevo orden totalitario.
Nunca han faltado alternativas a los problemas inherentes del crecimiento demográfico. Ante la crisis que vivía Irlanda en 1729, Jonathan Swift hizo una “Modesta proposición” para resolver el problema del hambre y la pobreza. Su propuesta es una cruel e irónica distopía. Hoy, cualquier distraído lector podría terminar indignado con esa lectura.
Ortega y Gasset veía con desconfianza el imparable fenómeno de las masas en el siglo XX. “Es lo mostrenco social”, escribió con cierto espanto en uno de sus más célebres ensayos. Para el filósofo español “asistimos al triunfo de la hiperdemocracia”. Actualizando esta idea, Slavo Zizek considera que la tiranía del siglo XXI se llama democracia. Según este filósofo pop, tenemos una versión “descafeinada” de los viejos principios democráticos. Polémica para otra discusión.
Por su parte, Elias Canetti, quien escribió un catálogo sobre las masas, nos dice que su origen es tan enigmático como universal: “Hay una compulsión de crecer”. Aunque el informe de la ONU prefiere, en palabras de Babatunde Osotimehin, no concentrarse en preguntas dramáticas, como “¿Cuánta gente puede sostener nuestra Tierra?”, tenemos una serie de datos y tendencias innegables: altos niveles de desigualdad; modelos económicos poco sustentables; una mayor expectativa de vida frente al problema de las pensiones; migraciones; el diseño de las ciudades; la explotación de los recursos naturales e incluso, el llamado cambio climático.
Hay un dato notable: los jóvenes menores de 25 años de edad representan un 43% de la población mundial. En buena medida, ese segmento está llamado a definir el siglo XXI. Aunque nunca se sabe en qué acabará todo esto, ahora pienso en las palabras de Lévi-Strauss: “El mundo empezó sin el hombre y terminará sin él”.
6 de noviembre 2011
Milenio http://impreso.milenio.com/node/9056963
Los datos los pueden encontrar en el informe de la ONU, Estado de la población mundial 2011. A raíz de la lectura que hice del documento, volví a ver la película dirigida por Alfonso Cuarón, Niños del hombre (2006), donde se incluye un perturbador documental. Retomo la historia: es 2027 y el mundo perdió la fertilidad. El hombre más joven de la tierra, con 18 años, acaba de ser asesinado en Buenos Aires y la noticia conmociona por todos lados. En vez de crecimiento, la humanidad vive un largo periodo de infertilidad.
El filme es una antiutopía inquietante, pero no lo son menos las utopías descritas por Platón, Moro, Fourier o Marx. En el siglo pasado Aldous Huxley y George Orwell imaginaron sociedades terribles. Para el primero la tecnología significó el camino de un mundo feliz; para el segundo, la tecnología conduce a un nuevo orden totalitario.
Nunca han faltado alternativas a los problemas inherentes del crecimiento demográfico. Ante la crisis que vivía Irlanda en 1729, Jonathan Swift hizo una “Modesta proposición” para resolver el problema del hambre y la pobreza. Su propuesta es una cruel e irónica distopía. Hoy, cualquier distraído lector podría terminar indignado con esa lectura.
Ortega y Gasset veía con desconfianza el imparable fenómeno de las masas en el siglo XX. “Es lo mostrenco social”, escribió con cierto espanto en uno de sus más célebres ensayos. Para el filósofo español “asistimos al triunfo de la hiperdemocracia”. Actualizando esta idea, Slavo Zizek considera que la tiranía del siglo XXI se llama democracia. Según este filósofo pop, tenemos una versión “descafeinada” de los viejos principios democráticos. Polémica para otra discusión.
Por su parte, Elias Canetti, quien escribió un catálogo sobre las masas, nos dice que su origen es tan enigmático como universal: “Hay una compulsión de crecer”. Aunque el informe de la ONU prefiere, en palabras de Babatunde Osotimehin, no concentrarse en preguntas dramáticas, como “¿Cuánta gente puede sostener nuestra Tierra?”, tenemos una serie de datos y tendencias innegables: altos niveles de desigualdad; modelos económicos poco sustentables; una mayor expectativa de vida frente al problema de las pensiones; migraciones; el diseño de las ciudades; la explotación de los recursos naturales e incluso, el llamado cambio climático.
Hay un dato notable: los jóvenes menores de 25 años de edad representan un 43% de la población mundial. En buena medida, ese segmento está llamado a definir el siglo XXI. Aunque nunca se sabe en qué acabará todo esto, ahora pienso en las palabras de Lévi-Strauss: “El mundo empezó sin el hombre y terminará sin él”.
6 de noviembre 2011
Milenio http://impreso.milenio.com/node/9056963
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