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martes, 7 de marzo de 2023

Economía vigente

 



La vecindad hace inevitable el intercambio. Para bien y para mal, México y Estados Unidos comparten una larga y porosa frontera. ¡Más de 3 mil kilómetros! Pese a los muros y las agresiones del país vecino, estamos unidos por una dinámica mayor que supera la política y la ideología. Puede haber prejuicios, discriminación y racismo, pero eso no cambia la presencia de México en Estados Unidos, y viceversa. Por el contrario, reafirma una identidad vital. De esa manera, economía y migración superan la geografía y las jurisdicciones de los estados.

Desde el siglo XIX, las relaciones entre ambos países han pasado de la guerra y las invasiones, incluida la pérdida de la mitad del territorio nacional, a los tratados comerciales y la cooperación.

De un tiempo para acá, un sector de la política estadounidense pide con vehemencia que se declaren "terroristas", a los cárteles mexicanos. La fijación de un "enemigo público", le da contenido a la propaganda gringa y de paso reafirma los prejuicios. Es más fácil culpar al vecino, que reconocer los propios problemas. El tráfico de drogas se puede leer como un problema moral, pero también como una economía bien integrada entre gobiernos, empresas y consumidores. La red es inmensa, tanto como el gusto por las drogas en los Estados Unidos. El discurso contra las drogas, sólo muestra una cara de la misma moneda. Por supuesto, del otro lado nos les gusta reconocer que son un inmenso mercado de drogas, pletórico de hambrientos consumidores.

El historiador inglés, Benjamin Smith, nos advierte en su más reciente libro, Las Drogas (Debate: 2022), que "hoy en día, los mitos en torno a la guerra contra las drogas sientan las bases para el fortalecimiento del nacionalismo estadounidense". Hace dos décadas los "enemigos" fueron los árabes, hoy los sustituyen los cárteles. No obstante, aunque el panorama se presenta entre buenos y malos, como la película Traffic (2000), donde Steven Soderbergh, mostró a Estados Unidos a color, y a México en sepia, la realidad es tan compleja que se entiende mejor una como arraigada economía.

El juicio lapidario al ex secretario de Seguridad Pública en México, Genaro García Luna, llama a reescribir la historia reciente de la llamada guerra contra el narco, que enarboló el presidente Felipe Calderón, en medio de una crisis de legitimidad. Sin duda, Calderón sabía, o era un idiota (Diego Fernández dixit). Sabemos cuándo inició la guerra, pero es fecha que no sabemos cuándo va a terminar. En la actualidad, todavía padecemos en el país, los estragos de la guerra, que abrió un gobierno abiertamente ligado al narco. Pero lejos de ser excepción, hay una continuidad que impone esa economía. En su momento, el poderoso presidente, Plutarco Elías Calles (1924-1928), sobreviviente de la revolución, fundador del Partido Nacional Revolucionario, sabía de los pasos del gobernador Abelardo L. Rodríguez en Baja California. Lejos de condenarlo, lo toleró por ser un hombre leal al régimen. Llegado el momento, Calles lo impulsó como presidente. Abelardo fue promotor del elegante casino Agua Caliente, cuando la absurda prohibición del alcohol en Estados Unidos, incentivó la oferta en la frontera. Esa política alentó el mercado negro y de paso, consolidó a Tijuana, como una ciudad próspera y festiva. El casino pronto se volvió el lugar favorito de estrellas de Hollywood, mafiosos y aventureros. Más todavía, Abelardo se asoció con la mafia estadounidense, esa, que le hacen películas y series de televisión. En vano leí la autobiografía del expresidente, para buscar algún testimonio sobre sus relaciones con la mafia gringa. En cambio, sí enlista más de 84 empresas en las que participó jugosamente.

En su momento, el presidente Miguel Alemán (1946-1952), creó instituciones de inteligencia política y represión, a fin de mantener el régimen autoritario disfrazado de democracia. A principios de 1947 creó la Dirección Federal de Seguridad, un FBI a la mexicana. La Dirección quedó al mando del senador y coronel Carlos I. Serrano. Hombre de todas sus confianzas, repartió su tiempo entre liderar al Senado, espiar y traficar drogas a los Estados Unidos. Alemán sabía.

Lejos de erradicar las drogas, el prohibicionismo y la guerra, han fortalecido el mercado, y hasta lo han hecho más rentable. De allá para acá nos condenan con visión maniquea. De aquí para allá, el mercado se integra como otras industrias altamente rentables.

En su estudio reciente, 2022, sobre las drogas y los espías gringos en nuestro país, el investigador Carlos A. Pérez Ricart resume la otra cara de la misma moneda: "Las métricas del éxito de la DEA son las cuentas del fracaso de México. Lo que la DEA asume como logros ineludibles de la estrategia antinarcóticos -la fragmentación de las grandes organizaciones de la droga en entes más pequeños y aparentemente más controlables- no ha sido sino el detonador de las mayores oleadas de violencia criminal en todo el continente. En esa medida, la DEA es responsable directa de violaciones a los derechos humanos".

Quizá nos disguste aceptarlo, pero la economía de las drogas es una realidad vigente de un lado y de otro.

El Siglo 

miércoles, 31 de mayo de 2017

Diez años después


En apariencia, dicen que las cosas en seguridad van bien. ¿En verdad van bien? Regiones como La Laguna mejoraron visiblemente. Pero no vayamos de prisa, hagamos una pausa. ¿Qué significa mejorar? Que las cosas están menos peor. Es cierto, ya no hay guerra en las calles, aunque siguen los homicidios con menos frecuencia. En esa región se estabilizaron las corporaciones policiacas, antes infiltradas por el crimen organizado, pero los robos siguen, los asesinatos también. La vida nocturna se recuperó, pero el mercado negro sólo cambió de lugar. Ciudad Juárez, la otrora ciudad más violenta del país, pasó de una demencial violencia, a una baja considerable, pero los problemas continúan. Siguen matando impunemente y el jugoso negocio de la frontera parece interminable. La zona metropolitana de Monterrey ha vivido ciclos de alzas y bajas, pero ya sabemos, que en los penales mandan otros. Gracias a la justicia de Estados Unidos, no crea lector que la de México, nos enteramos que en Nayarit, la cabeza de la Fiscalía General del Estado, era —¿o es?— la cabeza del crimen mismo. La realidad supera la ficción.
En Reynosa, Tamaulipas, recién se vivió hace unos días tremendo enfrentamiento. Ahí la guerra nunca se fue. Balaceras, incendios, bloqueos. Como Prometeo, siempre hay un capo nuevo. En el extremo del país, Acapulco no se queda atrás. Pelea el campeonato de asesinatos. El telón de fondo muestra abiertamente la presencia del crimen, no obstante, los miles de policías, militares, marinos, armas, y fuerza bruta. ¡Muy bruta! Nomás no hay tregua, y sin embargo, domina la impunidad.
Hace diez años, al presidente de la República, se le ocurrió lanzar la guerra contra el narco, en vez de sanear las instituciones desde dentro. Un día de diciembre de 2006, miles de soldados partieron a Michoacán. Por desgracia, el resto de la historia ya la conocemos. De esa guerra conocimos el principio, pero todavía no damos con el fin. El sexenio panista terminó con miles y miles de muertos. Otros tantos miles desaparecidos… vino el PRI, que nos dijo con hombría que sí sabía gobernar, y ya ven como estamos ahora: los criminales son los gobernantes mismos. Les propongo la nueva acepción de “gobernador” en la RAE: dícese de un ratero electo popularmente.  
¿A que viene todo este horrendo recuento? No piensen que nos gusta sufrir por demás en este valle de lágrimas. Pero el pasado mes de marzo se encendieron las alertas en cuestión de homicidios dolosos, aunque ya habíamos iniciado el año rompiendo marcas. Lo preocupante, no es un mes, sino la tendencia del trimestre que está para pensarse. De acuerdo con las cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo de Seguridad Pública, se mata tanto como en sexenio pasado. Esto ya es mucho decir, dado que los gobiernos estatales suelen maquillar o rasurar alegremente los datos. El pasado mes de marzo registró 2 mil 20 homicidios dolosos en el país. Lo cual representa el mayor pico del sexenio de Enrique Peña Nieto. Para entender la cifra, el punto máximo que alcanzó el sexenio de Felipe Calderón, se registró en mayo de 2011, con 2 mil 131 asesinatos. En ese sentido, la principal estrategia del presidente priista fue no hablar del problema de seguridad, aunque este siguiera ahí. Tan sigue ahí que marzo nos dio un durísimo aviso. ¿Qué más nos espera?
Diez años después seguimos entrampados en una guerra de baja intensidad. La guerra contra el narco no nos llevó a la paz, sino a una peligrosa militarización. Diez años después poco se han transformado las instituciones para generar otros resultados. Incluso, algunos legisladores, hasta proponen una ley para dar más fuerza al ejército en las calles. ¡No aprendimos nada!

Con el corazón roto, un poeta al que le asesinaron a su hijo, llamó a esa guerra, “guerra imbécil”. Es fecha que no terminamos de comprender la profundidad del daño, las secuelas, el mal de la tragedia. Hay una generación huérfana. Heridas abiertas, traumas, miedos. Palabras de nuestro lenguaje se volvieron comunes: fosas, desaparecidos, restos humanos. Diez años después seguimos en el laberinto de la violencia.
https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1335006.diez-anos-despues.html
26 de abril 2017
El Siglo

domingo, 1 de mayo de 2016

28 gramos de mota


Más nos vale ver los cambios y las nuevas tendencias, a quedarnos como estamos. Por supuesto, me refiero a la fallida guerra contra las drogas y la criminalización de los consumidores. Estados Unidos es el país que lanzó la guerra e impuso cruentos combates en países como Colombia y México. Los resultados: cientos de miles de homicidios, cárceles pobladas, estados debilitados por el crimen y una demanda de drogas creciente al otro lado del río Bravo. Para no ir más lejos, un gran negocio redondo alentado por la política del prohibicionismo. Paradójicamente ese mismo país que obliga a repudiar en otros países las drogas, es el mismo donde sus entidades federativas, no sólo legalizaron el consumo de la marihuana, sino incluso, hasta la producción misma. Esa tendencia fue marcada por los mismos ciudadanos, que empujaron a sus gobiernos locales a la legalización. Washington y Colorado fueron los más recientes.
Contrario al modelo dominante, e incluso, contra las indicaciones de la ONU, Uruguay promovió otro camino que legaliza el consumo y la producción de la marihuana. En México llegamos tarde y mal. Después de miles de asesinatos, policías y gobiernos enteros bajo el control del crimen organizado, hay pequeñas señales de cambio. Por una parte, la ayuda de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, para ofrecer una alternativa en relación al consumo de la marihuana. Por otra, el rotundo fracaso del combate al narco y las drogas que terminó por crear "héroes" y fortunas al estilo "Chapo" Guzmán.
Ante esa tendencia, el presidente Enrique Peña Nieto, dio un viraje un tanto tímido, pero al fin la propuesta es un cambio con respeto al problema de las drogas. Al menos en esta ocasión no desperdició el viaje a la asamblea de la ONU sobre las drogas. Destacan dos puntos: la propuesta de cambiar de enfoque y la iniciativa de aumentar la portación de marihuana a veintiocho gramos para los consumidores.
Después de años de violencia, por fin estamos escuchando otra propuesta gubernamental sobre las drogas en México. Leamos el discurso oficial: "Ante las limitaciones del paradigma prohibicionista, se debe atender el tema mundial de las drogas desde la perspectiva de los Derechos Humanos. Este cambio de fondo, implica modificar el enfoque eminentemente sancionador, para ubicar a las personas, sus derechos y su dignidad".
Para complemento, el presidente envió al Senado de la República, una iniciativa de reforma a la Ley General de Salud y al Código Penal Federal, donde propone aumentar los gramos de posesión de marihuana, lo cual de aprobarse, tendría un impacto en el mediano plazo. Aunque celebro que por fin el gobierno federal está proponiendo nuevos enfoques, la iniciativa se queda muy corta, pues no va a la otra cara de la moneda: la producción. ¿De dónde van a salir los 28 gramos y más, si no es del mercado negro? Al final, la propuesta del presidente parece una mesa que le faltan dos de las cuatros patas. De esa manera, no atiende el problema de los enormes recursos a los que acceden los cárteles, ni tampoco atiende las nuevas tendencias económicas en el mercado estadounidense, donde ya se produce marihuana legalmente. La iniciativa federal es pequeña en relación al tamaño del problema. Reconoce el fracaso, pero sólo busca atenderlo por encima. Quién dijera, mejor el PAN, el partido conservador, tiene una propuesta más liberal y completa al respecto, como lo ha expresado Roberto Gil, presidente del Senado.
El caso de Colombia tiene mucho que decir y qué aportar en términos negativos: lo que no debemos hacer. Colombia pagó con harta sangre el combate al narcotráfico y la penalización de las drogas. A la vuelta de las décadas, México repitió esa historia violenta. A pesar de todo, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, propone algo similar a México, pero no más. Afirma que "consumir no es un crimen y la adicción no es un delito", pero su propuesta no va más allá de reconocer el fracaso de la guerra contra las drogas. Mientras tanto, los veintiocho gramos, y miles de toneladas más, vendrán eficientemente del mercado negro.
27 de abril 2016
El Siglo
https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1218810.28-gramos.html

domingo, 22 de noviembre de 2015

Todos marihuanos

Cada vez más surgen voces en pro de la legalización de las drogas, principalmente la marihuana. El Estado de Portugal promueve la política más liberal al respecto, y sin embargo, no llegaron en masa los consumidores. Más bien los regularon. Ahí el menú es el más grande y variado, incluyendo drogas duras. No obstante esa política, nadie habla de un capo lusitano; tampoco la violencia ensombrece las calles de ese país. En 2013, Uruguay legalizó la marihuana con un proyecto amplio no sólo para el consumo, sino para la producción y venta. La propuesta va a la demanda, y a la oferta. Pero desde allá no escuchamos sobre fugas espectaculares de una prisión de alta seguridad. Mucho menos de cárteles que doblegan a ese pequeño, pero respetable gobierno.
Estados Unidos, un país que promueve el combate contra las drogas en el mundo (los ejemplos más sangrientos y desastrosos son Colombia y México), está cambiando de dirección. Más de una docena de estados, ya han legalizado el consumo y hasta la venta marihuana. Con el aval de los votantes en las urnas en 2014, los ciudadanos de Oregon y Washington D.C dijeron sí a la legalización de la cannabis. El mundo no se derrumbó y las cosas siguieron de rumbo.
Recientemente Nick Clegg, exvice primer ministro del Reino Unido, impulsa una campaña en Europa para cambiar las políticas sobre las drogas. Escuchemos sus palabras: "Transformar una política fallida es difícil… En vez de criminalizar a millones de jóvenes y fijarnos objetivos poco realistas, como la erradicación total de las drogas, ha llegado el momento de que los gobiernos busquen alternativas basadas en la realidad" (El País, 2 de octubre 2015).
De acuerdo con el último Informe Mundial sobre las Drogas (ONU, 2014), las muertes ocasionadas por el consume de drogas no superó los 226 mil muertos. El alcohol, una de las drogas legales y predilectas de los consumidores en el mundo, causa la muerte de 3.3 millones de personas al año, según los datos de la Organización Mundial de la Salud. El tabaco mata cada año casi 6 millones de personas (OMS, 2015). El consumo de alcohol y tabaco se ha reducido gracias a campañas preventivas, aumento de impuestos, y hasta prohibición de anuncios comerciales. Sobre las drogas ilegales como la marihuana, pesa el estigma de la prohibición, y peor aún, la criminalización de los consumidores. En el sexenio pasado los mexicanos sufrimos una guerra absurda por el combate a las drogas y el narcotráfico. El rentable negocio no desapareció, pero creció exponencialmente la violencia, el secuestro, las extorsiones y los robos. De la misma manera, la organizaciones criminales han tenido el suficiente poder de fuego y económico para corromper el estado.
En el Congreso de la Unión no ha avanzado un debate serio sobre las drogas y la legalización. Por su parte, el Gobierno Federal, prefiere sacrificar a los ciudadanos, en vez promover una política radicalmente distinta con respecto al consumo, la producción y venta de drogas. Irónicamente, teme contrariar la política exterior gringa, en vez de atreverse a cambiar las reglas del juego. En un suceso inédito, Arturo Zaldívar, ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, va a presentar el próximo 28 de octubre, un proyecto que buscar declarar inconstitucionales cinco artículos de la Ley general de Salud donde se prohíbe la siembra, el cultivo y la posesión de la droga para autoconsumo con fines recreativos. Por momentos, la argumentación del valiente ministro, retoma lo mejor del pensamiento liberal expuesto por John Stuart Mill. ¿Por qué el Estado tiene que decidir sobre el consumo privado del individuo? En su proyecto, el ministro Zaldívar no minimiza los daños por el consumo de la marihuana, pero tampoco criminaliza. Cito el proyecto del ministro: "Este Alto Tribunal considera que pertenece al estricto ámbito de la autonomía individual protegido por el derecho al libre desarrollo de la personalidad, la posibilidad de decidir responsablemente si desea experimentar los efectos de esa sustancia, a pesar de los daños que esta actividad puede generarle a una persona".
Con la legalización no se acaban al día siguiente los problemas del narcotráfico o los problemas de salud pública. Sin embargo, las políticas actuales han sido desastrosas y con resultados adversos para la sociedad. Ya es hora de cambiar el rumbo. Ojalá la Corte impulse esa tendencia.
21 de octubre 2015
El Siglo

domingo, 11 de agosto de 2013

Marihuana de moda


La marihuana está de moda, ni qué decir. Pero no es una novedad en las calles, sino en los medios. Al fin el consumo de la marihuana, como una de las drogas populares junto al tabaco y el alcohol, se debe más al gusto en el mercado, a pesar de las prohibiciones, condenas y combates. En México el tema la legalización de las drogas, en particular la marihuana, ha cobrado ímpetu en los últimos dos años, sobre todo, por la desgraciada matazón y singobierno que se vivió y todavía se vive en algunas ciudades del país.

Pese al costoso combate, las drogas siguen ahí, el mercado también. Paradójicamente el mayor apoyo a la mariguana no provine nada más de líderes políticos o figuras internacionales, sino de localidades en Estados Unidos como Colorado, Washington y una docena más de estados en ese país. Se pueden esgrimir razones morales contra el mal de las drogas, pero no se puede cerrar los ojos ante el inmenso negocio que lo mismo forma ejércitos privados, compra gobiernos y aterroriza poblaciones. Pero la moda no es el consumo de las drogas o el gusto por la cannabis, sino el debate que se suscita en varios países. Recientemente Uruguay desafió el status quo de las drogas al llevar al congreso una ambiciosa iniciativa de legalización. En varias ocasiones el presidente uruguayo José Mujica se pronunció a favor de la legalización de la marihuana. Finalmente el Congreso aprobó la ley que rompe el tabú de las drogas y la casi incuestionable visión dominante sobre el combate y la penalización.

La Junta internacional de fiscalización de estupefacientes, un órgano más de la ONU, condenó la aprobación uruguaya por violar acuerdos internacionales. Al mismo tiempo, otro órgano de esa burocracia mundial, la Comisión global de políticas de drogas, insiste en cambiar de enfoque. Exmandatarios como Fernando Henrique Cardoso (Brasil), César Gaviria (Colombia) y Ernesto Zedillo (México), forman parte de esa comisión que pugna por cambiar el paradigma fracasado del combate que alimenta muy bien al crimen y las cárceles. En México Enrique Peña Nieto ha mostrado su rechazo al tema, aunque actualmente, se puede portar pequeñas dosis de droga para consumo personal, pues han sido despenalizadas en el país.

Sin duda vamos tarde, aunque nos sobren muertos, violencia y crimen. Alguna propuesta surge en el Distrito Federal. Ya en las modas, hasta el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, se anima al debate. Tímido, el procurador Jesús Murillo Karam, prefiere rehuir el tema con un pretexto sobradamente creativo: es un tema internacional.

No creo que la legalización será la panacea, ni tampoco pienso que de la noche a la mañana la apertura a la marihuana resolvería de golpe una serie de problemas relacionados con el narco y la violencia. Sin embargo, la evidencia aportada por experiencias como la de Portugal, Holanda o algunos entidades de Estados Unidos, demuestra que la legalización no lleva a la multiplicación del crimen, sino a su control. Al contrario, el combate no acaba el mercado, sino parece beneficiarlo. En México, seguimos apostando por el fracaso de la visión prohibicionista. Al final el mayor costo es para la sociedad.

7 de agosto 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9188220

Michoacán: mejor debatir las drogas


Cuando creíamos haberlo visto todo, aparece una nueva desgracia. Como otras veces, Michoacán es el escenario de la degradación, pero en la vorágine de la violencia también están Guerrero, Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas… Al final la violencia continúa en México, a pesar de que cada vez hablemos menos de la misma. La actual política de comunicación saca el indeseable tema de la seguridad de los reflectores mediáticos, lo cual no evita que la violencia continué. Como en el cortísimo cuento: la sangre sigue ahí.

Fracaso tras fracaso, Michoacán es el paradigma de estado donde el gobierno es un actor impotente, ni siquiera ineficaz, para resguardar el orden y la seguridad de los habitantes. Allá cada quien hace lo que quiere: los criminales, los políticos, las llamadas defensas comunitarias, los maestros. Ya hasta resulta anecdótico que la entidad no tenga gobernador, o que la licencia evite las responsabilidades del votado Fausto Vallejo. ¿Dónde estará el viejito? Ahora el ejercicio del poder se limita a alcanzar el cargo, pero no asumirlo con todas sus responsabilidades. Revuelto el ambiente en Michoacán, el poder lo toma el más bárbaro, el más salvaje. A punta de fuerza, a punta de pistola, los criminales han pretendido una ideología e incluso, una pseudoreligión: la familia, los caballeros. Al fin ambas figuras trastocadas, tergiversadas, perdidas.

En esta matazón que no parece encontrar tregua, unos optan por la violencia, y otros por el debate. A pesar de sus estúpidas declaraciones, el expresidente Vicente Fox ha sido un necesario portavoz de la legalización de las drogas en México. Contrario a la visión dominante del combate, el Centro Fox acaba de organizar un pertinente simposium sobre la legalización y uso médico de la cannabis. Lo interesante del encuentro no es sólo la posición a favor de la legalización de las drogas, eso ya lo sabemos, sino la experiencia directa de ciudadanos integrados a un mercado llamado a la legalidad en Estados Unidos, especialmente en los estados de Colorado, Maryland y Washington.

Pero la relación con las drogas importa no sólo por las implicaciones morales, ustedes pueden rechazar o no el consumo, sin embargo, lo que no podemos rechazar es la defensa de la vida misma. En nuestro país la violencia alcanzó niveles descomunales, por lo mismo, el problema nos debe de interesar tanto como el valor de la vida. El prestigioso ex secretario de Salud en México, y actual decano en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, Julio Frenk, comentó en el Centro Fox: “Prohibir las drogas en México no ha reducido su consumo y, al contrario, ha traído otras consecuencias, como la violencia… Las papas fritas o las fritangas también hacen daño y no están prohibidas. Se trata de traer al debate políticas que vayan mas allá de la prohibición”. 

Por supuesto que el tema de la legalización (no sólo despenalización), es más complejo que una dañina fritanga, pero por mucho más preferible que seguir con la matazón y los gobiernos tomados por el crimen. Michoacán fue el fracaso de Felipe Calderón, y para como está el estado, ya lo comparte también Enrique Peña Nieto.

26 de julio 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9187225

domingo, 23 de junio de 2013

¡Vicente Fox marihuano!


¿Vicente Fox pacheco? ¿Vicente Fox tronándosela? ¿Vicente Fox grifo? ¡Para nada! El ex presidente mexicano es fiel a su tradición de publicista. Hombre simpático, dicharachero, hablador. En pocos palabras, un genio de la comunicación involuntario. Como sabemos, Vicente tiene algunos años insistiendo en cambiar el paradigma sobre las drogas. Curiosamente, su propuesta no está tan fumada. Se trata, eso sí, de una tendencia que poco a poco gana adeptos entre políticos, académicos y consumidores organizados de varios países. En Estados Unidos hay 18 estados que han legalizado no sólo el consumo, sino hasta la producción de drogas. Más reciente, los ciudadanos de Colorado votaron el sí (51%) a las drogas, lo cual ya ha impactado en la reducción del precio de la marihuana en ese país. Para los que no se han enterado, por aquello de la moral y las posiciones personales, la portación de droga en México está regulada en pequeñas cantidades: ¡es legal la pachequez!

La marihuanada de Fox es una posición que pide un cambio de paradigma. No el de la guerra contra la drogas que impuso a sangre y fuego Estados Unidos. Fracasos monumentales como el de Colombia y México, evidencian un mal todavía mayor de esa política punitiva. En conferencia en Seattle, Fox abogó por el cambio de enfoque, e incluso, a pregunta expresa, hasta se animaría a producir mota, una vez fuera legal.

Seguí con atención varias entrevistas y no sólo las declaraciones aisladas que llamaron la atención de los medios. Contrario a lo que podría pensarse, máxime por las puntadas en su sexenio, la propuesta fue articulada con la tendencia en Estados Unidos. El argumento de Fox fue bastante coherente, tanto como el discurso latinoamericano que poco a poco empieza a emerger, y que encuentra en el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, a uno de los más lúcidos promotores del nuevo paradigma. El triunfo del carrujo legal en el país vecino parece ser la mayor transformación de drogas entre México y Estados Unidos. No la lucha armada que ha dejando un país herido y profundamente lastimado. Hay que leer con atención el informe de la Organización de Estados Americanos (OEA) sobre “El problema de las drogas en las Américas” (2013). No es la condena ni el combate violento lo que se propone; tampoco cierra los ojos ante el daño de las drogas en las personas. Sin embargo, el informe advierte un mal mayor en la tendencia actual del combate. Además, presenta escenarios hacia el 2025. Cito algunas preguntas de los escenarios: ¿Cuáles son las oportunidades y los desafíos actuales? ¿Cuáles son las oportunidades que podríamos tener y los retos que tendríamos que afrontar en el futuro? ¿Qué opciones tenemos? ¿Qué es lo que debemos hacer para enfrentar mejor el problema de las drogas en las Américas? Después de todo, Vicente Fox no está tan pacheco. Quizá sólo esté apuntado lo que en las próximas décadas podría ser visto como normal.

12 de junio 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9183251

domingo, 11 de noviembre de 2012




Quizá la política más importante sobre la drogas en México, viene de los Estados Unidos. Por supuesto que no me refiero a la prohibición, sino a la legalización, incluyendo la producción. En los Yunites se vive una política ambigua respecto al tema: se ataca, pero se permite. Se dan facilidades, pero se condena. Aplauden una guerra contra las drogas en el país vecino, pero al mismo tiempo son voraces consumidores. Por eso seguí con sumo interés las elecciones norteamericanas. Más allá del triunfo arrasador de Barack Obama, los comicios incluyeron no sólo la reelección o la renovación de autoridades, sino la votación de docenas de políticas locales, peticiones e iniciativas que decidieron los ciudadanos por medio de las urnas.
Uno de esos temas locales, la legalización de la marihuana, fue votado a favor por 51% de los electores en Colorado. Washington también aprobó, pero no así en Oregon.
Todavía no sabemos con claridad el impacto de esas elecciones locales en el mercado de drogas mexicano. Pero sin duda, los electores estadounidenses empujaron, lo que quizá sea la mayor política de impacto sobre las drogas en nuestro paísNo las armas, el combate y la violencia, sino el poder del sufragio.
Mientras en México asistimos a una gran matazón, en Estados Unidos los ciudadanos llevaron el tema de las drogas a las urnas. Esa votación ahora importa tanto para nosotros como para los ciudadanos de Colorado y Washington.
Habrá que volver a escuchar a César Gaviria cuando insiste en replantear el enfoque actual. Tras la decisión electoral de legalizar, el ex presidente colombiano comentó: “Es un reconocimiento a que hay que cambiar las políticas sobre el tema de consumo de drogas. Hay que cambiarlas en nuestros países y hay que cambiarla en este país (Estados Unidos)”.
Inusual entre nuestros políticos, la senadora Marcela Guerra, presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores para América del Norte, llamó a abrir el debate después del sí estadounidense: “No tengamos debates o discursos de doble moral, vamos a tener debates, ustedes saben que en algunos estados de Estados Unidos ya legalizaron la mariguana, nosotros estamos obligados a asumir un debate serio, no hipócrita, en torno a este tema, es el momento de revisar el mercadeo de eso (sic); y lo tenemos que abordar tarde o temprano”.
Por lo pronto, habrá que ver si el gobierno nacional no decide impugnar a las legislaturas estatales de Colorado y Washington. Si no lo hace y todo marcha conforme los electores dispusieron, en breve esos estados estarán regulado la producción, el consumo y hasta cobrando impuestos.
Se podrá estar de acuerdo o no con esa política sobre las drogas, se podrá condenar moralmente su consumo, pero los electores norteamericanos con su decisión, fijaron una alternativa más razonable para abordar el problema. ¿Pondremos nuestras barbas a remojar?


9 de noviembre 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9163736



miércoles, 31 de octubre de 2012

Marihuana


Mucho se habla de la guerra contra las drogas, la prohibición de los gobiernos y la condena contra los consumidores. Pero también ya se habla más de despenalizar, incluso de legalizar. Aunque parezca que la visión prohibicionista siempre ha sido, las sociedades y los gobiernos han ido por otros caminos más abiertos y menos contraproducentes. Para el caso no tenemos que ir al pasado, sino revisar lo que actualmente se hace en el presente. Estados Unidos es una paradoja. Por un lado su gobierno nacional insiste en la lucha contra las drogas, los cárteles y el tráfico; pero por otro, las autonomías estatales han encontrado espacio no sólo para descriminalizar el consumo de las drogas (sobre todo la marihuana), sino para legalizar formas “medicinales”.

La tendencia parece apuntar hacia otro lado a pesar de la cerrazón en México. Por eso es relevante la crítica de ex dirigente de la ONU, Kofi Annan, sobre la tragedia de México por el combate al narcotráfico. Durante una conferencia en el prestigioso centro de estudios Brookings de Washington, Annan comentó sobre México: “Cuando uno mira los resultados de Calderón, la mayoría de la gente le dirá que no ha funcionado. Ha muerto mucha gente”. A favor del debate sobre las drogas, el diplomático hizo referencia al estudio de la Comisión Global de Políticas sobre Drogas: “Nuestra principal conclusión fue recomendar la descriminalización, no la legalización, porque hemos llenado las prisiones de gente joven cuyas vidas salen destrozadas por una onza (de droga)”.

Aunque Annan hace la distinción entre descriminalizar y legalizar, el paso resulta inevitable. Desde otra trinchera, el peculiar presidente de Uruguay promueve la liberalización de la marihuana. No se anda con rodeos y advierte para su país, lo que en México es cotidiano, es decir: violencia, ejecuciones, muerte. Antes de que el monstruo crezca más, el mandatario uruguayo, José Mujica, propuso una iniciativa para legalizar la marihuana. Su diagnóstico es familiar para los mexicanos: “En el país tenemos miles de presos producto del tráfico de esta inmundicia y han aparecido los delitos por ajustes de cuentas. Porque a la gente que no paga no le mandan los abogados para cobrar. Le pegan un tiro. Eso era desconocido en el Uruguay”.

Más realista y menos moralista propone: “Lo que queremos hacer con la marihuana no es legalizar el consumo, es regularlo. El consumo ya existe”. Continúo con la cita del mandatario sudamericano: “Lo que nosotros levantamos como tesis es que este problema encarado por la vía policial y de la represión sigue estancado, sin solución. Tenemos más presos, gastamos más dinero y el problema se multiplica en las calles”.

Despenalizar el consumo o legalizar la marihuana, no son propuestas de dos hippies trasnochados, sino de dos políticos reconocidos que evidencian el fracaso del enfoque actual. Para mal, en México el debate no prende, pero sí seguimos bajo la desgracia del combate y el fracaso del estado para proteger la vida. No sé si a estas alturas aguantemos 60, 80 o 100 mil asesinatos más.

24 de octubre 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9162442

martes, 3 de julio de 2012

Drogas, el informe del fracaso

Leo y vuelvo a leer con atención el largo y puntual Informe Mundial sobre las Drogas 2012, que acaba de publicar la Oficina contra la droga y el delito de las Naciones Unidas (UNODC). Lejos de la visión moralista o peor aún, la policiaca, el Informe nos deja muy en claro la cotidianeidad del consumo y la producción de la drogas en el mundo. En realidad, no obstante la persecución, la dupla cosumo-producción está bien integrada al mercado mundial, funciona con regularidad y además es estable. Esa es la principal conclusión del estudio: la estabilidad del mercado. 


Porque más allá de la criminalización e incluso, a pesar de la lucha de los estados contra las drogas, el consumo mundial está tan extendido, que al menos, unas 230 millones de personas consumieron alguna droga durante el 2010. Nada hay en esa megatendencia que nos indique menos millones de consumidores en 2011, ni para el cierre del 2012. Tampoco se espera, a juzgar por la hambrienta demanda, una caída relevante de la oferta. 


Cito el Informe: “El volumen de consumo mundial de drogas ilícitas se mantuvo estable durante cinco años hasta finales de 2010 entre el 3,4% y el 6,6% de la población adulta”.
Para quienes admiran Colombia, no habría que omitir que “la producción y consumo de la cocaína se mantiene estable en los últimos años” (UNODC, 2012). Quién diría que el fracaso de la política antidroga en Colombia terminaría por estabilizar su mercado: “En general, los precios en dólares se mantuvieron estables entre 2007 y 2010 e incluso bajaron en algunos países”. Ahí donde Estados Unidos lucha contra las drogas, el mercado tiende a consolidarse. Por ejemplo, tras la vergonzosa invasión norteamericana a Afganistán, ese país se ha vuelto el rey del opio mundial. El problema para esos países, incluido México, es la terrible cuota de violencia y muertos, mientras el mercado mundial satisface su demanda.

Cito de nuevo la conclusión del Informe que nos anuncia el fracaso: “Los datos disponibles más recientes indican que la situación mundial del consumo, la producción y las consecuencias sanitarias de las drogas ilícitas no ha cambiado sustancialmente”.

Cada año en nuestro país los accidentes automovilísticos (entre 17 y 24 mil) cobran más vidas que la defensa violenta del mercado de las drogas y sus consumidores. A nivel mundial, el tabaco también acaba con más vidas que las drogas “ilegales”. Hasta cuatro millones según la OMS. Lo mismo se puede decir del consumo de alcohol, que se lleva la vida de unos 2.5 millones a nivel mundial cada año. En México más de 50 mil cada año.

Alcohol y tabaco son una variante de drogas ampliamente aceptadas y legalizadas. De facto, el mercado mundial de las drogas “ilícitas” funciona independientemente de las restricciones punitivas. Pero todavía son minorías los gobiernos que amparan el consumo de las drogas e incluso asisten a sus ciudadanos. Quizá el mejor ejemplo de liberalización sea Portugal. Mientras tanto, en nuestro país seguimos empeñados en el combate, la violencia y los muertos. Es una pena que los candidatos llevaran una intensa campaña casi al margen de este problema. ¿Aguantaremos otros seis años con una demencial violencia?


29 de junio 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9151722

lunes, 27 de febrero de 2012

La violencia, las drogas, la legalización






Demencial la tendencia en los últimos cinco años. La guerra contra las drogas, el combate al narco nos ha salido muy caro como sociedad, por decir lo menos. Mientras más fuerza se usa, las cosas empeoran más. Por más promesas y anuncios de las autoridades, no parece llegar la calma. Hace tiempo la federación presumió que la violencia había alcanzado su pico, pero un año supera al otro; así en lo sucesivo. Difícilmente la inercia actual nos puede llevar a la calma. La radicalidad de la violencia choca con las posturas más duras, más conservadoras. El camino actual es un sinsentido, una aporía, con la gravedad que ahí va la vida de las personas.

La asociación civil México Unido Contra la Delincuencia (MUCD), regresó el debate de la legalización de las drogas en el País. La tesis es sencilla, si el estado actual de cosas no funciona, es hora de romper el paradigma. En el foro, “Drogas: un Balance a un Siglo de su Prohibición”, se planteó un cambio radical: tratar el consumo de drogas bajo un enfoque de salud pública. El punto no es sencillo, pero tampoco inviable. 



Portugal es el caso más liberal, y hasta en Estados Unidos, algunos estados han legalizado una gama de drogas. La legalización no es una invitación a la ingenuidad. Por lo mismo, la primera conclusión del foro nos dice con claridad: “Las drogas son nocivas y su uso debe ser disuadido. La prohibición no ha logrado reducir el consumo por lo que vemos la necesidad de buscar otras alternativas”.

En corto, he preguntado a diversos políticos su postura sobre la legalización y sólo encuentro un consenso privado. Sin embargo, afuera domina lo políticamente correcto. Fernando Henrique Cardoso, expresidente de Brasil nos llama a romper el tabú. Y vaya que cuando afirma que la política de criminalización de las drogas ha fracasado, lo dice un actor de primera línea en el tema: “Los programas antidrogas son ineficientes en el mejor de los casos, y contraproducentes en el peor”.


El expresidente mexicano, Ernesto Zedillo vuelve a insistir desde su trinchera internacional en la legalización de drogas ante las “consecuencias desastrosas” que vive México. Entre esas consecuencias está el poder corruptor del crimen sobre las instituciones del Estado. Especialmente el monstruo de la violencia en la sociedad. Fuera de los lugares comunes, los dos principales candidatos a la presidencia, Enrique Peña Nieto por el PRI y Josefina Vásquez Mota por el PAN están en contra. Sólo el candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador se ha pronunciado a favor con cierta reserva.


Ante la cerrazón oficial, el cambio de paradigma está en otra parte. Nuestro vecino del sur, Guatemala, parece dispuesto. Allá el recién electo presidente, Otto Pérez Molina, quien además es un general retirado, ha planteado un debate hemisférico a favor de la legalización. Ya apunta a Estados Unidos. Pérez Molina, que prometió mano dura contra el crimen reconoce que el Estado no puede erradicar las drogas. Por eso, en vez de ir contra la corriente, propone una alternativa contra el estatus quo.


La vorágine de la violencia en México es insostenible en el esquema actual. ¿Cuánto más? La desesperación, el hartazgo, el temor y la amenaza de la vida tarde que temprano nos obligarán a otras alternativas. Ojalá no sea demasiado tarde.



26 de febrero 2012
Milenio http://impreso.milenio.com/node/9119452

lunes, 9 de agosto de 2010

La parábola del rey



Había un rey que convocó a un banquete. Llegada la fecha de la reunión, uno a uno los invitados se fueron excusando por no poder asistir. Al ver el rey que no llegaban los invitados decidió salir al cruce de caminos e invitar a lo que no habían sido invitados en un principio.   Al igual que el rey de la parábola, el presidente Felipe Calderón se declaró solitario y salió nuevamente a convocar a diversos actores de la sociedad, haciendo énfasis en los políticos, a fin de discutir el tema de la seguridad.  Hace algunas semanas, tras el atentado al candidato a gobernador de Tamaulipas, el presidente hizo un llamado a la unidad que inmediatamente fue rechazado por los opositores políticos.

En los diversos foros del “Diálogo por la seguridad; hacia una política de Estado", convocados por el Gobierno Federal durante esta semana, participaron expertos, empresarios, líderes religiosos, políticos y funcionarios. En pleno laberinto de la inseguridad y con más de la mitad del sexenio recorrido, el presidente se mostró desesperado, solitario e incluso abandonado. Hay que leer con detenimiento el discurso pronunciado el miércoles 4 de agosto ante líderes religiosos. Un Calderón que se percibe así como el rey abandonado de la parábola, por eso no dudó  en reprochar a los actores políticos sus excusas: “Yo estoy saliendo y pidiendo la ayuda de la sociedad, como también ya se la pedí a los partidos políticos, y se la pedí al Congreso, y se la seguiré pidiendo. Pero no me voy a quedar a esperar a ver a qué hora los intereses particulares terminan de estar por encima de los intereses nacionales”.

En general hay un clamor para que el Gobierno Federal cambie la estrategia contra el crimen organizado, el narcotráfico y otras manifestaciones que afectan la precaria de la seguridad pública en el país. En este sentido, cada vez más han aumentado las voces que critican la ruta seguida por las autoridades federales. Algunos con razón y honestidad, otros simplemente desde la idiotez que niega el interés público, a fin sólo de llevar agua a su molino.

En lo personal, y lo he escrito en otras ocasiones, no comparto la visión y los caminos que animaron “la lucha por la seguridad pública”; sin embargo también hay que reconocer que ahora el Ejecutivo Federal se mostró dispuesto a discutir un cambio de estrategia, e incluso,  “analizar a profundidad” un tema complejo y espinoso como la legalización de las drogas. A estas alturas del desastre, si los tomadores de decisiones no atienden la palabra del presidente y empujan la administración del problema hacia otros enfoques y resultados eficientes, entonces el laberinto de la inseguridad seguirá acrecentándose fatalmente, mientras el tiempo corre y los ciudadanos esperan en vano.

Por lo tanto, si la crítica, y vaya que hay muchas voces, no conduce a un avance, o la dilucidación de un problema no lleva a resolverlo, el esfuerzo será estéril. Críticos y críticas nos sobran, pero construcción y constructores de instituciones nos faltan. Desde los partidos la crítica ha sido alharaca y en tanto no vaya acompañada de una propuesta, de una alternativa, pierde el valioso sentido republicano. El cambio de estrategia implica una revisión, otra estrategia, y por consiguiente habrá que preguntarse: ¿qué se propone, cómo, con quiénes, bajo que indicadores, en cuánto a tiempo, a qué costo? 

Ya es hora que el PRI o el PRD expresen sus propuestas y no solamente sus críticas. Porque al final, esos partidos también forman parte del poder y tienen responsabilidades. De la misma manera, la sociedad tiene su parte de corresponsabilidad. Pero si bien, como señaló Calderón, “tenemos una delincuencia organizada y una sociedad desorganizada”, el asunto de la participación a través de la denuncia se vuelve poco efectivo en un entorno de profunda desconfianza institucional. Y no nos referimos a casos de conocidos personajes públicos, como aquel obispo duranguense que se atrevió a señalar la morada de un delincuente, y luego de una oportuna amenaza, se desdijo convenientemente. Más bien, nos referimos a la advertencia que luego pueden hacer algunos ciudadanos,  no obstante de dominar el miedo o la duda razonable de que luego se revierta contra los mismos. ¿Cuánto tiempo más esperar?

Para acrecentar el debate, recomiendo algunas referencias que bien vale echar un vistazo. Por ejemplo, resulta de utilidad conocer el último Informe Mundial de las Drogas 2010, generado por la ONU (véase unodc.org); también conviene revisar el primer Informe del Centro Internacional de Ciencia en Política de Drogas (icsdp.org) donde se ha explorado la hipótesis de que el combate a las drogas genera más violencia en vez de reducirla. Y finalmente, para dimensionar el problema del narcotráfico, no dejen de leer en la revista de Nexos del actual mes, el texto “Los hoyos negros de la estrategia contra el narco” de Eduardo Guerrero Gutiérrez.

twitter.com/uncuadros

sábado, 24 de julio de 2010

Economía de la violencia


Triste, decadente. Nos encontramos nuevamente ante la violencia. La de hoy supera a la de ayer y así sucesivamente. Al mismo tiempo hay conmoción, indignación, pero también silencio cómplice, incómodo. Si no hay límites es porque no hay referencias y desde hace tiempo que el sentido de autoridad se ha dispersado. Por eso, la degradación siempre puede ser mayor. Ante la exposición constante de la violencia, también sucede la indiferencia. Si las imágenes de la violencia y sus efectos son ya un lugar común, como argumenta Susan Sontag, tal saturación 

sólo nos incapacita un poco más para sentir, para que nos remuerda la conciencia”.

Al mismo tiempo el miedo inmoviliza, ahora pronunciado en forma de terror. Pesan las muertes, pero no tanto, porque al final continúa la promesa de la “coordinación”. En los últimos años se logró un presupuesto millonario para la Zona Metropolitana de La Laguna, pero todavía se insiste en pensar que cada municipio es una isla. En este sentido, una autoridad del nivel del Gobernador de Durango puede afirmar infortunadamente que la “contaminación” está en otro lado, en Torreón.

Ante lo inadmisible, se demandan más policías. Pero el supuesto derriba la esperanza inmediata. Más policías, en este caso la llegada de federales, hacen las veces de una añorada solución. Luego de varios años de estar inmersos en la “escalada de violencia”, el supuesto no se confirma, de la misma manera que Ciudad Juárez ha comprobado los escasos resultados. La multiplicación de las fuerzas policiacas o militares, no se traduce en una disminución de la violencia, como tampoco de los índices delictivos. Y para el caso, Torreón es un ejemplo. 

En otro siglo, Alexis Tocqueville admiraba los lazos de confianza y cooperación de los norteamericanos. Afirmaba que la confianza había hecho grande a esa nación. Por el contrario, en nuestra circunstancia, la confianza no parece ser un valor público, no sólo porque se ha roto, sino porque el tejido de la sociedad no lo puede sostener. No al menos en estas condiciones. Diego Gambetta, en su clásico texto sobre “La mafia siciliana y el negocio de la protección privada”, ha mostrado cómo la mafia refuerza la desconfianza al fomentar la delincuencia. En estas condiciones, el espacio público se estrecha y por lo tanto, las relaciones. De ahí el cambio de hábitos, costumbres, prácticas.

Las condiciones actuales, aunado a la política, no favorece sino la obtención de resultados similares, casi siempre al amparo de la impunidad. Nuestro deterioro no ha valido para que al fin la sociedad, reflejada en sus políticos, empuje otras condiciones, otros pactos. 

Pero si la vida humana no ha valido ¿entonces qué?  

Si el problema son los mercados, los territorios y la disputa por la alta rentabilidad de los productos, ¿cómo lo abordan otros países, qué políticas han seguido para llevar con éxito sus problemas? Esta semana el concejo municipal de Oakland, California, anunció la aprobación del cultivo, producción y comercialización de la marihuana a gran escala. El avance en la legalización del cannabis en California, afirman las autoridades, estaría en la recaudación de unos mil quinientos millones de dólares. Al respecto, conviene resaltar dos puntos: las autoridades municipales de ese país no discutían la violencia entre las bandas criminales en disputa por los mercados, por la sencilla razón de que ese aspecto no representa un problema que está fuera de control para la entidad; además, al controlar la producción estarían ejerciendo la venta y por lo tanto, la recaudación por los productos. Algo parecido a lo que sucede con el alcohol y el tabaco.

Otro caso interesante, recién abordado en The Wall Street Journal por Susana Ferreira (20-VII-2010), nos habla de Portugal y los diez años de experiencia con la liberalización de las drogas. En ese país, aprobaron en el año 2001 una política más liberal que la ejercida hasta entonces en Holanda.  Ferreira no dice: “Tras una década en pleno funcionamiento, la legislación ofrece un modelo real de cómo tratar un problema social y económico que se ha extendido por todo el mundo”. Este modelo busca ser aplicado por Noruega y Dinamarca a fin de reducir las tasas de muerte por consumo, los síntomas secundarios y la criminalidad.

Al abordar el problema de las drogas desde estrategias donde el estado controla, no directamente por vía de las armas, como fallidamente en México se ha intentado, sino a través de políticas rectoras y asistenciales, países como Portugal no han desaparecido en su totalidad la violencia o el crimen; pero sí lo han reducido sustancialmente a tal grado que no representa una amenaza para la sociedad y la estabilidad del Estado.

Un indicador establecido, a fin de hacer comparables las tasas de homicidios por cada 100 mil habitantes, lo encontramos en el Informe Mundial Sobre las Drogas 2010, realizado por la ONU. Mientras en Portugal la incidencia de homicidios es de 1.2; en Holanda 1; en México registra 11.6; Estados Unidos 5.2; Canadá 1.7; Colombia 38.8;  Guatemala 45; Honduras 60; Salvador 51; Brasil 22; Venezuela 52; Sudáfrica 36.5
Así los números, así la economía de la violencia.

El Siglo de Torreón, 24 de julio 2010
twitter.com/uncuadros