lunes, 7 de noviembre de 2011

Un mundo de 7 mil millones

Confieso que es difícil asimilar la cifra, pero somos un mundo de 7 mil millones de habitantes, y quién sabe si dentro de 50 años llegaremos a los 10 mil millones. El gran empuje demográfico lo tomamos en 1950 y a la fecha la tendencia es “ligeramente” creciente. China e India son enormes motores. África también se apunta. Sin embargo, hace unos dos mil años, la población mundial era de unos 300 millones de personas. Tuvieron que pasar 1600 años para que la población se duplicara. ¡De ese tamaño eran los cambios!

Los datos los pueden encontrar en el informe de la ONU, Estado de la población mundial 2011. A raíz de la lectura que hice del documento, volví a ver la película dirigida por Alfonso Cuarón, Niños del hombre (2006), donde se incluye un perturbador documental. Retomo la historia: es 2027 y el mundo perdió la fertilidad. El hombre más joven de la tierra, con 18 años, acaba de ser asesinado en Buenos Aires y la noticia conmociona por todos lados. En vez de crecimiento, la humanidad vive un largo periodo de infertilidad.


El filme es una antiutopía inquietante, pero no lo son menos las utopías descritas por Platón, Moro, Fourier o Marx. En el siglo pasado Aldous Huxley y George Orwell imaginaron sociedades terribles. Para el primero la tecnología significó el camino de un mundo feliz; para el segundo, la tecnología conduce a un nuevo orden totalitario.
Nunca han faltado alternativas a los problemas inherentes del crecimiento demográfico. Ante la crisis que vivía Irlanda en 1729, Jonathan Swift hizo una “Modesta proposición” para resolver el problema del hambre y la pobreza. Su propuesta es una cruel e irónica distopía. Hoy, cualquier distraído lector podría terminar indignado con esa lectura.


Ortega y Gasset veía con desconfianza el imparable fenómeno de las masas en el siglo XX. “Es lo mostrenco social”, escribió con cierto espanto en uno de sus más célebres ensayos. Para el filósofo español “asistimos al triunfo de la hiperdemocracia”. Actualizando esta idea, Slavo Zizek considera que la tiranía del siglo XXI se llama democracia. Según este filósofo pop, tenemos una versión “descafeinada” de los viejos principios democráticos. Polémica para otra discusión.


Por su parte, Elias Canetti, quien escribió un catálogo sobre las masas, nos dice que su origen es tan enigmático como universal: “Hay una compulsión de crecer”. Aunque el informe de la ONU prefiere, en palabras de Babatunde Osotimehin, no concentrarse en preguntas dramáticas, como “¿Cuánta gente puede sostener nuestra Tierra?”, tenemos una serie de datos y tendencias innegables: altos niveles de desigualdad; modelos económicos poco sustentables; una mayor expectativa de vida frente al problema de las pensiones; migraciones; el diseño de las ciudades; la explotación de los recursos naturales e incluso, el llamado cambio climático.


Hay un dato notable: los jóvenes menores de 25 años de edad representan un 43% de la población mundial. En buena medida, ese segmento está llamado a definir el siglo XXI. Aunque nunca se sabe en qué acabará todo esto, ahora pienso en las palabras de Lévi-Strauss: “El mundo empezó sin el hombre y terminará sin él”.



6 de noviembre 2011
Milenio http://impreso.milenio.com/node/9056963