Mostrando entradas con la etiqueta reforma hacendaria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta reforma hacendaria. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de agosto de 2013

De changarros y empleos formales

La promesa política por excelencia es el empleo. No es un asunto de México, sino mundial. Ahí donde las economías entraron en crisis o en el mejor de los casos, se han desacelerado, el empleo aparece como una prioridad del gobierno. A falta de mismo, España tiene una generación de desempleados y también de indignados. Estados Unidos con su supremacía económica o militar, no da cabida a todos en el empleo. Y hasta Francia y Alemania le batallan, para decir de una vez, que la envejecida Unión Europa registra el 11 por ciento de desempleo. En México vivimos una feliz mediocridad. Los indicadores de satisfacción nos sitúan entre los países más felices del mundo a pesar de la pobreza o el estancamiento económico. 

Hace tiempo que el “milagro mexicano” de la posguerra quedó en los libros de historia y entre algunos nostálgicos. Dos sexenios bastaron para destruir lo ganado. Todavía los recordamos como la “docena trágica”. En otros años, el expresidente que ahora promueve la mota, prometió la multiplicación del changarro para generar los empleos necesarios. Al final no hubo más empleos ni crecimos más. En la búsqueda del empleo perdido, los responsables de medirlo lo hace a su gusto y manera. El IMSS considera los empleos formales, es decir, sólo aquellos que tienen registrados los patrones. Pero visto así, la economía da una impresión dramática y esquelética. Para evitar tan flaco panorama, el INEGI es más plural y compasivo: cuenta todo aquello que sume algún ingreso. Sea por el azar, el changarro de la esquina o alguna actividad prohibitiva. Bajo esa medida, se estiman 29 millones de trabajadores informales. Otra vez, changarros y más changarros. Pero dejemos la hipocresía: ¿Qué sería del México lindo y querido sin las remesas de los inmigrantes, el narco, Pemex y la economía informal? Sin esos pilares la cosa estaría peor.

Esta semana el presidente Enrique Peña Nieto anunció que su gobierno irá tras los informales a través del Programa para la Formalización del Empleo 2013. ¿Se acabaron los tianguis, las hamburguesas de la esquina, los vendedores ambulantes y los lavacoches? 59 por ciento de los empleos están en la informalidad. Para el presidente, “la informalidad nos afecta a todos como sociedad, vulnera los derechos de las personas y limita el verdadero potencial económico de nuestro país”. Habría que agregar lo más importante para el gobierno: no pagan impuestos. Porque con el IMSS rebasado en su capacidad, lo que cuenta no es cubrir la seguridad social de los trabajadores, sino captar los recursos que no llegan al gobierno. Les urge más lana.

Se puede pensar que “la informalidad afecta al trabajador y a su familia”, pero ¿qué haríamos sin esos millones de empleos en el servicio doméstico? ¿Qué de los taqueros nocturnos, los mecánicos y tantos y tantos que viven de lo que pueden? ¡Sin duda que estaríamos peor!
“La informalidad esa una salida falsa”, pero también es producto de las reglas del juego que promueve el gobierno mexicano, no de ahora, sino de décadas. Sin embargo, en la propuesta que hace la presidencia no queda claro cómo van a convertir a 200 mil trabajadores informales en formales. ¿A caso multiplicarán los panes? ¿Dónde encontramos los detalles y las letras grandes (deje usted las chiquitas), del nuevo Programa de Formalización? Por lo pronto, ya nos esperan más impuestos. ¡Agárrese si está en la formalidad! En septiembre se presentará la iniciativa de Reforma Hacendaria. Ya veremos cómo viene.

24 de julio 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9187013

sábado, 19 de marzo de 2011

Sí, pero no



Propuestas no han faltado y en aire nuevamente vuelve el tema de las mentadas reformas. Por aquí y por allá escuchamos que si la reforma laboral, que si la reforma del trabajo, que si la reforma energética, pero en el fondo poco se ha avanzado desde el Congreso. Abundan los diagnósticos, la detección de problemáticas, los señalamientos; pero no así la solución de las problemáticas dentro de un margen posible.
Ahora que el influyente senador Manlio Fabio Beltrones retomó con fuerza el tema de la reforma hacendaria, se ve la posibilidad de que el punto pudiera avanzar en el Senado. El tema no es un asunto menor, y aunque muchos ciudadanos no les interese, o vivan como si estuvieran en otro país, el hecho es que las decisiones que ahí se tomen podría afectar sus obligaciones fiscales.
Iniciativas de reformas hacendaria llevan años discutiéndose. Me temo que en este asunto, sucederá como con la reforma petrolera. Durante el gobierno de Zedillo el PRI llevó una propuesta razonable al Congreso y fue bloqueada por el PAN. Luego, cuando el PAN llegó al gobierno propuso algo similar y entonces, el PRI la bloqueó. Hasta ahí el cuento de nunca acabar.
Dato curioso, hasta el presidente Felipe Calderón le dio la bienvenida a la iniciativa de Beltrones, pero el secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, se encargó de completar la bienvenida. Para Cordero es absurdo que una iniciativa de esa naturaleza pueda recaudar más. Y es entendible que el señor de los dineros no quiera ni pueda bajar el alto gasto corriente que tiene el gobierno federal. Eso es una tarea muy complicada y casi nadie está dispuesto a pagar el costo de dicha cirugía; salvo los contribuyentes.
Por eso, la respuesta de Hacienda fue sí, pero no. En su postura oficial, la Secretaría “celebra que el planteamiento de la iniciativa coincida con lo que expertos, analistas y autoridades hemos reconocido en diversos foros: el fortalecimiento de nuestras finanzas públicas, la disminución de nuestra dependencia del petróleo, la ampliación las bases tributarias, la eliminación de privilegios y el incremento en el universo de contribuyentes para impulsar el desarrollo nacional”.
Sin embargo, la considera regresiva y de aplicarse, calcula que el gobierno, junto con estados y municipios estarían perdiendo recursos por un monto de 220 mil millones de pesos.
De esa manera, Hacienda concluye en su respuesta Beltrones: “Aunque se comparten los objetivos fijados por la iniciativa, una condición fundamental de cualquier propuesta fiscal debe ser la responsabilidad al fortalecer los ingresos, racionalizar el gasto y el mejor aprovechamiento de las facultades de los tres órdenes de gobierno”.
En otras palabras la reforma ya naufragó hasta en tanto no se renueve el poder en los Pinos. Pero independientemente de que esto suceda, hay quienes están, como afirma Verónica Baz,  creciendo a pesar de México. 
18 de marxo 2011