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lunes, 16 de agosto de 2010

Y los gobernadores hablaron


Hablaron. Algunos expusieron sus culpas, otros señalaron rezagos, se coincidió en  restablecer la seguridad originaria del Estado, también se llevaron propuestas y se pidió más dinero para el rubro de seguridad. Al escuchar antier los discursos y las exposiciones de los gobernadores en el foro convocado por Ejecutivo Federal, “Diálogo por la seguridad”, me quedó la impresión de haber escuchado un acuerdo unánime, una gran convocatoria a refundar la República. Gobernadores reconociendo su parte de responsabilidad; gobernadores sensibles ante la inseguridad que azota a las ciudades; gobernadores conscientes de los rezagos en los cuerpos policiacos y la infiltración de sus agentes; gobernadores que sí se coordinan y están dispuestos a apoyar la “lucha por la seguridad pública” abierta por el presidente Felipe Calderón.

Sin embargo, trato de quitarme los lentes de quien vive inmerso en el contexto de la política mexicana. Y no puedo menos que conmoverme ante las voluntades expresadas por los gobernadores. En verdad que por momentos me convencían de que próximamente vendrá un cambio sustancial para México.  Visto desde fuera por un actor ajeno al país, la percepción sería el principio de un gran acuerdo con la finalidad de brindar seguridad a los ciudadanos. Sin duda, algo esperanzador. Lo cierto, más allá de la imaginación deseable, es que poco se les puede creer a los políticos ahí reunidos. O en verdad, ¿ustedes les creen que ahora sí…? La desconfianza no es gratuita, y quizá valga la pena remontarnos a las solemnes reuniones del Consejo Nacional de Seguridad Pública. ¿Cuánto se avanzó tras cada Consejo? Poco, si advertimos el creciente deterioro suscitado en los últimos años.  

A pesar de la unanimidad y el beneplácito observado en la reunión, todavía falta esperar una agenda concreta donde se incluya un programa para el cambio de estrategia. Sobre la mesa, hubo propuestas concretas con diferente valor y sentido, porque verdaderamente algunos gobernadores que estuvieron, sólo se limitaron a hablar o expiar sus culpas, pero no llevaron una propuesta seria. Véase los gobernadores que ya se van: Amalia García, Fidel Herrera, Eugenio Hernández, Ismael Hernández, entre otros. Los gobernadores vigentes, y para el caso pienso en la propuesta de Enrique Peña Nieto: destinar más dinero de los contribuyentes a las corporaciones de seguridad. En el análisis duro, si algo ha quedado claro, además del fracaso gubernamental, es que no hay correlación clara para la atractiva ecuación de “más dinero igual a más seguridad”. Por el contrario, pareciera que el resultado es “más dinero, más inseguridad”. En vez de solicitar más dinero, esa fuente paciente e inagotable de los contribuyentes, habrá que exigir indicadores, metas visibles y avances en la reducción de los índices delictivos. Lo más cómodo para un gobernante no es dar resultados, sino aumentar el presupuesto.

Por otro lado, y ofreciendo una lección pedagógica, el famoso y todavía gobernador de Puebla, Mario Marín, insistió en la educación, al igual que otros mandatarios. Pero ¿realmente es la educación la alternativa?, sobre todo, si pensamos en la forma en que es administrada por el sempiterno liderazgo de Elba Esther y compañía.  Un plan serio basado en la educación, sobre todo si pensamos en el largo plazo, tendrá que considerar una reestructuración a fondo de nuestros educadores. ¿Estará dispuesto el gobierno federal? ¿Harán lo mismo los gobernadores en sus estados?
Por lo pronto, hay que reconocer la apertura del foro y la posibilidad de integrar una estrategia distinta para un problema urgente. Ojalá pronto veamos una agenda puntual de compromisos.

viernes, 28 de mayo de 2010

El general en su laberinto


Mucho se opina sobre la inseguridad. Esta semana, un grupo empresarial de la región exigió la renuncia del General retirado Bibiano Villa, quien ahora se desempeña como director de Seguridad Pública de Torreón. 
Este grupo argumenta la falta de resultados, sin embargo, en este caso los críticos no ofrecen una evaluación seria de la seguridad y los comportamientos delictivos. ¿Dónde están los indicadores para medir en el tiempo el problema delictivo? ¿Dónde están los parámetros para evaluar el desempeño?  De poco sirve destituir a uno, para traer a otro, si de por medio no hay instrumentos de evaluación como un semáforo delictivo o una “barómetro” de convivencia donde se fomente el respeto público y el valor de la vida. Quitar a uno para traer a otro, no nos libra del laberinto de la inseguridad. Por cierto, ¿porqué excluir del reclamo a los jueces

miércoles, 27 de agosto de 2008

¿Cómo pudimos llegar hasta este punto?

Un artículo publicado en El Universal por el respetado politólogo Mauricio Merino, da con el clavo al cuestionar el Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad, suscrito por el Consejo Nacional de Seguridad Pública el pasado 21 de agosto: "Henos aquí, al final de 2008, inventando al Estado desde lo fundamental".