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miércoles, 12 de diciembre de 2012

Legado calderonista (fin de sexenio)

Cierra un largo ciclo con Felipe Calderón. No sé ustedes, pero a mí seis años me parecen muchos. Demasiado largo y tedioso es la duración del gobierno en México. Aunque no siempre fue así… sin embargo, otro gallo nos cantaría con reelección y periodos de cuatro años. Hasta la competencia y los incentivos serían mayores. Pero es lo que tenemos y con eso hay que lidiar.
Por estos días, además del bostezo, no parece haber otro tema que el balance del sexenio calderonista. Que si afirmó, que si dijo, que si hizo, que si no hizo. Hasta al cansancio lo vemos en los medios.
Como en todo, hay reconocimientos y críticas, ditirambos y señalamientos de mala leche. Pero antes de todo eso, habría que ver legado de Calderón a la luz de nuestra historia, si se quiere, para no ir inútilmente tan lejos, desde los años setenta. Casi nada que venga de esas épocas de excesos, línea dura y autoritarismo nos dejó un mejor país entre las sucesiones de un presidente y otro. Fue hasta la transición entre Zedillo y Fox en el año 2000, cuando al fin asistimos a cambios sin traumas, quiebras o hermanos incómodos. Esto es mucho decir y no habría que escatimarle reconocimiento a la vapuleada democracia mexicana.
La evaluación de su gobierno puede ser sistemática, comparada, echando números. Pero no tiene caso insistir.
A Calderón no lo recordaremos por “limpiar la casa”, sino precisamente por dejarnos intranquilos y peor de cómo estábamos en seguridad. En la percepción, lejos quedaron sus atributos para ser borrados por un único tema: la violencia. 101 mil asesinatos (y si tienen duda, vayan al SNSP o lean el recientísimo estudio sobre el homicidio de México Evalúa).
A la par, su gobierno no se caracterizó por el cambio y las reformas, sino por la continuidad del estado de cosas. En el mejor de los casos no nos hereda el desastre como en el pasado glorioso del PRI, pero tampoco le interesó desmontar el viejo régimen. En cambio, fue notable su empeño por mantenerlo hasta la mediocridad.
Por supuesto que no celebro que la corrupción sean menor que antes, pero a como estábamos, sería un despropósito no ver las diferencias. No obstante, el legado de Calderón se resume en una palabra: m-u-e-r-t-o-s.

28 de noviembre 2012 
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9165677

Más sobre el legado (otras entradas)

Con relación a los medios de comunicación http://civitaslaguna.blogspot.mx/2012/08/entre-vargas-y-calderon.html

¿Es México más seguro después de Calderón? http://civitaslaguna.blogspot.mx/2012/09/es-mexico-mas-seguro-despues-de-calderon.html

18 millones de víctimas http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9160252

México inseguro http://civitaslaguna.blogspot.mx/2012/08/herencia-calderonista.html

Homicidios en México http://civitaslaguna.blogspot.mx/2012/08/cuanto-se-mata-en-mexico.html

Estadística del homicidio http://civitaslaguna.blogspot.mx/2012/11/mismos-numeros-diferentes-lecturas.html

Manejo adecuado de la crisis http://civitaslaguna.blogspot.mx/2012/06/las-lecciones-de-mexico.html

Poder y elecciones: el PAN al tercer lugar http://civitaslaguna.blogspot.mx/2012/07/la-segunda-alternancia.html

La derrota del PAN y Calderón http://civitaslaguna.blogspot.mx/2012/07/el-discurso-de-la-derrota.html

Rendición de cuentas. Sobre la Ley de contabilidad gubernamental http://civitaslaguna.blogspot.mx/2012/10/revolucion-silenciosa.html

Transparencia y corrupción http://civitaslaguna.blogspot.mx/2011/12/lo-entenderan-los-panistas.html

viernes, 7 de septiembre de 2012

¿Es México más seguro después de Calderón?

Una pequeña frase resume el sexto informe de Felipe Calderón: el llamado a los mexicanos para apoyar al próximo presidente. Breves palabras, pero al fin un apoyo y reconocimiento a Enrique Peña Nieto. Quizá para muchos esas palabras sean insignificantes. Para otros, son motivo de repudio. Pero lejos de las emociones que despierta el presente, hay que valorar a la distancia, la normalidad democrática y sobre todo, la estabilidad con la se han dado los cambios de gobierno desde Ernesto Zedillo a la fecha.

Sobre el último saldo del sexenio ¿qué informó el presidente? Como sabemos, el principal tema que vendió Calderón durante su campaña fue convertirse en el “presidente del empleo”. Las circunstancias y el insignificante margen con el que ganó lo llevaron a otros caminos, entre ellos, el de la seguridad y la intervención del ejército en las calles como fuente de legitimidad.
Bajo ese punto, la presidencia se volvió monotemática. No porque no atendiera otros aspectos, sino porque el desastre en la seguridad impidió mirar hacia otro lado. Por lo mismo, a la luz del extenso informe, convine revisar las cuentas entregadas.

Cito el principal supuesto del gobierno: “Durante esta administración, el Gobierno Federal se propuso recuperar la paz y la tranquilidad de los mexicanos, así como prevenir la violencia y construir los cimientos de una seguridad auténtica y duradera. Se ha enfrentado decididamente a la criminalidad, por ser esta, la principal amenaza a la paz y la libertad de los mexicanos, así como a las instituciones democráticas. Frente a este reto, y en cumplimiento a una responsabilidad constitucional y ética, se desarrolló la Estrategia Nacional de Seguridad” (Sexto Informe, septiembre 2012).
Más combate, ¿menos drogas? Fuente: Sexto Informe

¿Hay más paz y tranquilidad en el país después de la política calderonista? No.

Tras el combate ¿tenemos menos violencia y seguridad en las calles? No. Por cierto, el informe no menciona los miles y miles de muertos. Sencillamente decidieron que ahí no existen (subcapítulo 1.4, crimen organizado)

¿Hay menos droga en México por el combate al narcotráfico? No. Y si lo dudan, vayan a la página cuatro del Anexo estadístico, en el tomo Estado de derecho y seguridad. Para 2011 y la tendencia en lo que va de 2012, no hay más decomisos de droga que en los años anteriores. Si el combate pretendía que la “droga no llegue a tus hijos”, los indicadores que presenta la propia presidencia de la República en el informe, sólo sustentan el fracaso de la estrategia.
Más secuestro: Fuente: Sexto Informe

En el sexenio calderonista se pretendió proteger “la paz y la libertad de los mexicanos”, pero las propias cifras de la presidencia en el informe, demuestran por mucho, que el secuestro se disparó como nunca. ¿Hay más paz y libertad? Escribir que “no” ya suena a insulto, pero más lo es echarle la culpa del desastre a los Estados Unidos.

Ahora toca el turno al PRI que tantas veces acusó el fracaso.

lunes, 6 de agosto de 2012

Herencia calderonista

La principal herencia que deja el gobierno de Felipe Calderón, es sin duda, el grave problema de la inseguridad. Ante la intranquilidad, pareciera que los demás temas se borran. Incluso los ámbitos donde el gobierno dejó cuentas positivas. Sin embargo, lo que pesa, y no por mera percepción, es el deterioro exponencial de la seguridad. El problema no sólo se desató en las calles contra el narco, sino crecieron notablemente otros “negocios” de la delincuencia. Visto así, no sólo quedan los miles de homicidios, sino los robos, las extorsiones, los secuestros y las agresiones en el país. Todo esa economía del crimen creció al por mayor. Para el caso no los inundaré con cifras, pero bien vale revisar las evaluaciones de centros de investigación como México Evalúa, Cidac, ICESI o el Observatorio Nacional Ciudadano. El saldo es profundamente negativo.
Con esa responsabilidad, ayer se celebró la trigésima tercera sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública. En buena medida, lo que ahí se trata tiene repercusiones nacionales en la política de seguridad.

Después de todos estos años terribles, lo que no deja de sorprender es la lentitud de las autoridades y los raquíticos avances. Al mismo tiempo, se evidencia, como en otras sesiones, la seria carencia del Estado mexicano para construir instrumentos de evaluación. Un ejemplo son las bases de datos que registran los delitos, pero hasta la fecha, presentan inconsistencias y contradicciones. Sí, a estas alturas del partido y con miles de millones gastados todavía no tenemos registros sólidos, qué nos espera en el futuro. Desde afuera, el Estado parece grande y poderoso, pero desde dentro es un máquina obsoleta y oxidada. Ayer la procuradora Marisela Morales llamó a crear al fin una base de datos de ¡huellas balísticas! Ingenuo pensar que el Estado ya la tenía.

En los últimos años se multiplicaron los presupuestos de seguridad pública, y también se multiplicaron los delitos. A todo esto, ¿qué hacen los gobiernos con tanto dinero?

Durante su intervención, el presidente Calderón destacó una reducción semestral de los homicidios. El debate vino después, porque esa reducción, como argumentó Héctor Larios (del Observatorio Nacional Ciudadano), no es significativa estadísticamente. La corrección molestó al presidente, pero se tendría que estar hablando de tasas mayores para destacar una baja importante. Celebrar esa reducción es como pasar de sexto nivel del infiero al quinto. Pero así las cosas…

Un aspecto positivo fue la inclusión de cinco asientos en el Consejo abiertos a los ciudadanos. Para la próxima reunión del Consejo habrá de incorporase un nuevo presidente. La duda es si con el nuevo liderazgo habrá otros resultados. ¡Vaya rifa del tigre!


3 de agosto 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9154909

domingo, 4 de septiembre de 2011

Informe monotemático

Escuché el mensaje del presidente Felipe Calderón con motivo del quinto informe de gobierno. En esencia, el eje de su discurso se basó en la seguridad. Desde hace tiempo que la presidencia de la República está atrapada en el tema de la violencia, la inseguridad y la disputa con los criminales. Parece que ya no hay espacio para imaginar otro país, para construir otro futuro. En ese sentido, la agenda pública va y viene en torno al mismo tema: la seguridad.


La vorágine de la violencia impide llevar otros temas, hablar de logros o incluso mostrar avances en otros ámbitos. Sencillamente la inseguridad oscureció el resto de la agenda. La presidencia monotemática ahora es presa de sus propios laberintos. A estas alturas del sexenio el presidente vuelve a insistir en las reformas. No ha sido escuchado y sus propuestas fueron bloqueadas en el Cámara baja. En el quinto año, los presidentes tienen ya pocos recursos. Están cansados y desgastados por el largo periodo presidencial. Sin incentivos para continuar, los últimos dos años se vuelven para algunos una pesada carga; para otros una pesadilla.

No hay duda de que Calderón será recordado como el presidente de la (in)seguridad. Él mismo lo ha reconocido en otras ocasiones. Se habla ya del presidente de los cincuenta mil muertos. Luis Echeverría queda en nuestra memoria como un mandatario marcado por el autoritarismo y la violencia de Estado contra los mexicanos. López Portillo es recordado por los excesos y el quebranto al país. De la Madrid y Salinas emprendieron una serie de reformas para reducir el Estado y llevar al país a la apertura económica. Al final, el papel del primero fue olvidable y la corrupción del segundo terminó en una catástrofe económica imperdonable. Zedillo, sin duda, fue el mejor presidente de las últimas décadas, acaso, porque no se esperaba nada de él. Sobrio y responsable en su gobierno, fue consecuente con la transición democrática. La estabilidad en el país puede contarse desde su gobierno hasta la fecha.


Fox fue el presidente locuaz que nos hizo soñar con el “cambio”, pero no quiso ni supo desmontar el antiguo régimen. Sencillamente se sintió cómodo con lo que encontró. La minúscula legitimidad con la que llegó Calderón, ¡0.56!, lo llevó a posicionarse desde los primeros días con el ejército. No obstante el riesgo que eso conlleva.

Desde el gobierno del Dr. Zedillo se construyó una razonable estabilidad en el país. Sin sobresaltos, el cambio de sexenio ya no es motivo de inestabilidad económica. No obstante, la estabilidad no ha permitido crecer en promedio más allá de un punto porcentual. Con programas sociales no vamos a sacar a la mitad de los mexicanos de la pobreza. Sólo una economía con niveles de crecimiento sostenido permitirá forjar otro país. En eso hay que trabajar.




4 de septiembre 2011
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9020384

viernes, 24 de junio de 2011

Diálogo desde el Castillo

fuente: presidencia.gob.mx
El diálogo inició con un silencio. El encuentro fue honesto, necesario, crítico. Habló Javier Sicilia, habló Julián Le Barón, hablaron otras víctimas, entre ellas una madre de Torreón partida por la desaparición de su hijo. Ahí estaban los secretarios, la procuradora, el presidente Felipe Calderón. No creo, como quienes quieren ver todo fracasar, que el encuentro se convirtió en un monólogo. Ahí estaban frente a frente, viéndose lo rostros, acaso con la esperanza de ver, que de todo esta desgracia se pueden sembrar tiempos mejores. Bien el presidente, bien Sicilia como representante de muchos que no tienen voz. Hubo respeto, también claras diferencias.

El poeta demandó una disculpa al presidente por los cuarenta mil muertos de la “guerra”. También llevó a la mesa varios puntos como la petición de crear una Fiscalía Social de la Paz; hacer una ley de atención y protección a las víctimas; cambiar el enfoque militar de la estrategia a un sentido social para atender el problema desde la salud pública; despenalizar el consumo de algunas drogas; crear la figura del auditor externo de la Policía Federal; aumentar los recursos destinados a la educación, tanto o más como los destinados a las instituciones de seguridad y acabar con los privilegios del Sindicato de la Educación; finalmente, la reforma política.

La respuesta del presidente comenzó como un “me duele” y recordó los casos de tantos policías y ciudadanos inocentes que han perdido la vida a manos de los criminales. Calderón aceptó el perdón, pero también, en un tono de regaño le contestó a Sicilia: “Y coincido en que debemos pedir perdón por no proteger la vida de las víctimas pero no por haber actuado contra los criminales que están matando a las víctimas, eso definitivamente es un error y en eso, Javier, sí estás equivocado. Sí, sí es de pedir perdón por la gente que murió a manos de los criminales, por no haber actuado contra esos criminales.Pero si de algo me arrepiento en todo caso no es de haber enviado fuerzas federales a combatir criminales que nadie combatía por miedo o estaba comprado con ellos”.
Durante el diálogo hubo razón de las partes y la crítica no estuvo ausente. Pero a estas alturas, lo que ya no podemos hacer es culpar al gobierno en la persona de Calderón. La responsabilidad en este tema es corresponsabilidad, y ahí los gobernadores, los presidentes municipales, los jueces, los ministerios públicos han llegado tarde.

¿No así los ciudadanos? Para decirlo con otras palabras: nos quedan a deber, y mucho. Pero igualmente como sociedad hay incuria, desprecio por lo público, tolerancia a la corrupción.
Quizá el día de mañana el presidente Calderón sea recordado como el presidente de la violencia y la guerra contra el crimen. Pero entonces, más allá de las conocidas mentadas al ejecutivo ¿cuándo será depurado el sistema de justicia? ¿Cuándo se responsabilizará a los jueces y ministerios públicos por el fracaso de la seguridad? ¿Cuánto más debemos esperar para que los legisladores desde el Congreso impulsen un cambio institucional?
La respuesta no está en los políticos, sino en una sociedad que no se decide a cambiar. 

24 de junio 2011
Milenio http://impreso.milenio.com/node/8981046

sábado, 5 de marzo de 2011

Las paradojas del combate


A veces sin problemas, otras abiertamente conflictivas. Así han sido las relaciones diplomáticas entre México y Estados Unidos. La tentación de intervención por parte de nuestro vecino del norte es constante y en ocasiones burda. De Poinsett a Wilson, de Negroponte a Pascual, la historia de la diplomacia bilateral ha mostrado una compleja, y en ocasiones complicada relación. Jeffrey Davidow, exembajador de Estados Unidos en México, describió esa relación como la del oso (EU) y el puercoespín (México). Hago una breve cita: “el puercoespín no se imagina asimismo como un roedor muy desagradable. Y el oso no piensa en sí mismo como un patán que se conduce torpemente. En la mente de ambos son águilas, los símbolos nacionales”.

Tan sólo hace unas semanas, la Secretaria de Estado, Hilary Clinton elogió al presidente Felipe Calderón por su decidido combate al narcotráfico. Sin embargo, Janet Napolitano, Secretaria de Seguridad Nacional en EU, no pensó lo mismo después del asesinato de Jaime Zapata, agente norteamericano. 

De esa manera, la seguridad fue uno de los puntos centrales tras la visita de Calderón a Barack Obama, donde su homólogo estadounidense planteó que los agentes de su gobierno puedan portar armas en México, además de reconocer una “responsabilidad compartida”.
Sin embargo, después del deterioro dramático de la seguridad en México, varias paradojas surgen del combate al narcotráfico y el crimen organizado. Me enfoco en tres. La más reciente evidenció que el arma con la que se asesinó a Zapata provino de Texas. La segunda paradoja señala que un aumento de los presupuestos destinados a la seguridad no necesariamente reduce los delitos y la criminalidad. Por el contrario, ¡aumentó! Este punto lo volvió a demostrar con datos duros la Auditoría Superior de la Federación. 

Y la tercera paradoja plantea que a pesar del duro combate, los “daños colaterales” y los miles de muertos, la incautación de droga aumentó, pero también aumentó la producción en el país, a tal grado que los cárteles mexicanos desplazaron el liderazgo de los colombianos. (Véase el Informe 2010 de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, ONU).
En estas condiciones el combate se libra a un costo muy alto para la sociedad mexicana y relativamente bajo para el vecino del norte. Tan lejos de Dios, y tan cerca de los Estados Unidos…
La Opnión Milenio 4 de marzo 2011
http://impreso.milenio.com/node/8921445 

miércoles, 13 de octubre de 2010

Ódiame por favor...

   

   
   
Modificado por Joombly
   

   
El nuevo (viejo) affaire Calderón-AMLO reanuda viejos odios, viejos amores. Los dimes y diretes ya parecen letra de Jaramillo.

martes, 31 de agosto de 2010

Calderón en picada

Fuente: Excélsior.

¿Cómo llega Felipe Calderón al cuarto Informe de Gobierno?
¿Cómo medir, cómo evaluar?
Hay diversas formas de hacerlo, pero quizá la que más pesa, es la percepción de la opinión pública. Percepción no es lo mismo que realidad, y sin embargo, al final, la primera puede construir la segunda.
No cabe duda que tras conocer las principales cifras de las casas encuestadoras, el presidente ha perdido la batalla en la opinión pública.
Ya sea por la inseguridad y la violencia, o por la economía... María de las Heras nos dice: "Cuatro de cada diez personas entrevistadas no están nada satisfechas con la forma en que Calderón ha manejado la economía y otro tanto manifiesta la misma insatisfacción con respecto a su estrategia contra el narcotráfico. Quizá lo más preocupante es que a estas alturas apenas un 19% se manifiesta confiado en que en los dos años de Gobierno que le quedan la situación va a cambiar para bien, mientras que un 42% está convencido de que solo nos queda esperar a que llegue su relevo en 2012" (El País, 31 de agosto, 2010).

Algo simalar apunta Mitofsky: "La percepción ciudadana a unos días de la conmemoración está estancada en un pesimismo hacia la economía, la seguridad y la política" (Consulta, 31 de agosto, 2010). Ulises Beltrán y Asociados por las mismas como bien ejemplifican las dos gráficas (Excélsior, 30 de agsoto, 2010).

¿Qué le queda a un político después de perder la batalla en la opinión pública?

lunes, 16 de agosto de 2010

Y los gobernadores hablaron


Hablaron. Algunos expusieron sus culpas, otros señalaron rezagos, se coincidió en  restablecer la seguridad originaria del Estado, también se llevaron propuestas y se pidió más dinero para el rubro de seguridad. Al escuchar antier los discursos y las exposiciones de los gobernadores en el foro convocado por Ejecutivo Federal, “Diálogo por la seguridad”, me quedó la impresión de haber escuchado un acuerdo unánime, una gran convocatoria a refundar la República. Gobernadores reconociendo su parte de responsabilidad; gobernadores sensibles ante la inseguridad que azota a las ciudades; gobernadores conscientes de los rezagos en los cuerpos policiacos y la infiltración de sus agentes; gobernadores que sí se coordinan y están dispuestos a apoyar la “lucha por la seguridad pública” abierta por el presidente Felipe Calderón.

Sin embargo, trato de quitarme los lentes de quien vive inmerso en el contexto de la política mexicana. Y no puedo menos que conmoverme ante las voluntades expresadas por los gobernadores. En verdad que por momentos me convencían de que próximamente vendrá un cambio sustancial para México.  Visto desde fuera por un actor ajeno al país, la percepción sería el principio de un gran acuerdo con la finalidad de brindar seguridad a los ciudadanos. Sin duda, algo esperanzador. Lo cierto, más allá de la imaginación deseable, es que poco se les puede creer a los políticos ahí reunidos. O en verdad, ¿ustedes les creen que ahora sí…? La desconfianza no es gratuita, y quizá valga la pena remontarnos a las solemnes reuniones del Consejo Nacional de Seguridad Pública. ¿Cuánto se avanzó tras cada Consejo? Poco, si advertimos el creciente deterioro suscitado en los últimos años.  

A pesar de la unanimidad y el beneplácito observado en la reunión, todavía falta esperar una agenda concreta donde se incluya un programa para el cambio de estrategia. Sobre la mesa, hubo propuestas concretas con diferente valor y sentido, porque verdaderamente algunos gobernadores que estuvieron, sólo se limitaron a hablar o expiar sus culpas, pero no llevaron una propuesta seria. Véase los gobernadores que ya se van: Amalia García, Fidel Herrera, Eugenio Hernández, Ismael Hernández, entre otros. Los gobernadores vigentes, y para el caso pienso en la propuesta de Enrique Peña Nieto: destinar más dinero de los contribuyentes a las corporaciones de seguridad. En el análisis duro, si algo ha quedado claro, además del fracaso gubernamental, es que no hay correlación clara para la atractiva ecuación de “más dinero igual a más seguridad”. Por el contrario, pareciera que el resultado es “más dinero, más inseguridad”. En vez de solicitar más dinero, esa fuente paciente e inagotable de los contribuyentes, habrá que exigir indicadores, metas visibles y avances en la reducción de los índices delictivos. Lo más cómodo para un gobernante no es dar resultados, sino aumentar el presupuesto.

Por otro lado, y ofreciendo una lección pedagógica, el famoso y todavía gobernador de Puebla, Mario Marín, insistió en la educación, al igual que otros mandatarios. Pero ¿realmente es la educación la alternativa?, sobre todo, si pensamos en la forma en que es administrada por el sempiterno liderazgo de Elba Esther y compañía.  Un plan serio basado en la educación, sobre todo si pensamos en el largo plazo, tendrá que considerar una reestructuración a fondo de nuestros educadores. ¿Estará dispuesto el gobierno federal? ¿Harán lo mismo los gobernadores en sus estados?
Por lo pronto, hay que reconocer la apertura del foro y la posibilidad de integrar una estrategia distinta para un problema urgente. Ojalá pronto veamos una agenda puntual de compromisos.

sábado, 26 de junio de 2010

El extraño caso de Calderón


Hablar bien de algo por sí solo no altera su condición.
De la misma manera que hablar bien de México no altera su realidad.  Si así fueran las cosas, la economía estaría creciendo y la pobreza sería irrelevante, o mejor aún, la Selección se llevaría la copa del mundo en Sudáfrica. Ahora que el presidente Felipe Calderón salió a explicarnos con claridad el asunto de la inseguridad, el crimen y la violencia, se propuso al mismo tiempo relanzar la imagen del país ante el mundo. Porque desde fuera la prensa internacional habla de secuestros, crímenes y otras fechorías en el país.

Esta semana, la declaratoria de Calderón en medios nacionales viene a decirnos que no se trata de la “guerra contra el narco”, sino de la “lucha por la seguridad pública”. De esa manera nos aclaró que el problema es más amplio y complejo que el discurso monotemático de la guerra; sólo que la precisión se da más allá de la mitad del sexenio, es decir, 22 mil muertos después y con una percepción negativa generalizada entre la población. ¿Cuál Calderón escuchar?  ¿El de los últimos tres años que nos dijo que había que luchar “para que la droga no llegue a tus hijos” o el que nos dice esta semana que “no es así”, porque la lucha no solamente es contra el narco?
Como si fuera “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde”, Calderón nos plantea otro discurso: no es sólo el narco, sino la seguridad. Por eso, argumentó el presidente,  “el Gobierno Federal le hizo frente al problema en aras de construir un México más seguro”. Sin embargo, ese México más seguro, en realidad se ha vuelto barbarie en algunas zonas del país, y donde no, los delincuentes operan con la certeza de la impunidad. Desde el robo de vehículos, bancos, comercios, tuberías y placas conmemorativas hasta el cable de líneas telefónicos. Por eso una y otras vez los estudios de opinión constatan que esta “guerra”, que a partir de ahora no se llama guerra, la van ganando los criminales.  ¿Qué sigue entonces?

Armar una gran campaña de publicidad para mejor la imagen del país. En su reciente visita a Baja California, Calderón declaró: "Estamos promoviendo en mi Gobierno un proyecto integral de publicidad, sí, pero principalmente de relaciones públicas, en el que estamos contratando a las mejores agencias del mundo para promover integralmente la imagen de México”. Seguramente a esto habrá que sumar un nuevo incremento en el gasto de publicidad, que tan sólo para este año de austeridad, según una investigación de Diego de la Mora, aumentó. De acuerdo con Mora, “los recursos destinados a Comunicación Social y Publicidad aumentaron en 145% en 2009 con respecto a lo que se había presupuestado (2,919 millones de pesos) y en 49% con respecto a lo gastado en 2008. El aumento respecto a los que se gastó en el último año de gobierno de Vicente Fox es del 501 por ciento”. 

Por imagen se puede hacer mucho, pero cuando ésta no corresponde a la realidad, viene el derrumbe. Así, en nuestro entorno inmediato, la Cámara de Comercio local, anunció que promueve ya la campaña nacional “Hablemos bien de México”, a fin de mejorar las percepciones. Pero dejar de hablar de nuestros problemas no resuelve la violencia, el robo o la exclusión social. La premisa es: hay que “hablar bien de México”, para no hablar más de inseguridad. Pero el silencio no cambia la realidad: robos, violencia, impunidad, muerte.

Y tiene razón el presidente al decir que no es una lucha de él, “sino de todos los mexicanos”. No obstante, cuando la población percibe que sus gobernantes (recalco el plural), no respetan ni hacen respetar la ley o incluso, son ellos mismos los promotores de la impunidad o la corrupción, no hay campaña de publicidad que sirva para generar credibilidad o confianza.

sábado, 24 de abril de 2010

El ingenuo era yo



Vaya semana de enredos, contradicciones, desatinos. No me refiero a la polémica concedida al estimado cantante español,  quien expresó con claridad su opinión sobre la “guerra” que se libra en México contra el narcotráfico: "Yo creo que el presidente Calderón... creo que fue muy ingenuo, por decirlo de buena manera, cuando planteó esa batalla. Parece mentira que no supiera que la Policía estaba completamente infiltrada y a sueldo. Y parece mentira que no supiera que esa guerra no la puede ganar él ni la puede ganar nadie". (El Universal, 12 de abril 2010).

No preocupan las opiniones del cantante, sino las contradicciones de las autoridades, los enredos inútiles ante una situación de inseguridad que los rebasa, supera, pero que a los ciudadanos nos ahoga. Primero escuchamos  la apreciación del Ejecutivo Federal al afirmar que de las 22 mil muertes reconocidas, 90% son delincuentes. Según el mandatario, "ha habido algunos civiles inocentes atrapados, pero son los menos", lo que supone daños colaterales de un 10%. ¿Cuánto más podremos tolerar? ¿Un 20%, hasta un 30 más?

Lo cierto es que la esquizofrenia declarativa del algunos miembros del gabinete, como Patricia Espinosa o Ernesto Cordero, reflejan en parte la confusión operativa del gobierno en la materia. Por eso Cordero, el flamante Secretario de Hacienda es capaz de afirmar que la inseguridad no afecta las inversiones, como si por el solo hecho de ser secretario, pudiera cambiar la realidad misma con sus declaraciones.
Más cauto, el Secretario de Marina, el almirante Mariano Francisco Saynez Mendoza reconoció que en la lucha contra el narcotráfico es necesario reconocer errores.  En este sentido, los problemas mexicanos en el ámbito de la seguridad no cambiarán solamente “hablando bien” de México, como han propuesto las autoridades federales.

A estas alturas de la “guerra”, lo menos que podemos esperar son mentiras, eufemismos y otros insultos a la inteligencia. Pretender tapar el sol con un dedo no cambia las cosas, de la misma manera de desear que estén mejor tampoco.
Diversos argumentos se han expuesto en torno a esta lucha, uno de ello supone una variable partidista, donde entonces el PRI, a diferencia del PAN sí podría resolver el problema, porque se asume que sí saben gobernar. Veamos tres casos inmediatos. Tamaulipas, cuyo gobernador Eugenio Hernández Flores prefiere ceder la seguridad a los cuerpos federales y militares, dado que están rebasados. Cito una reciente declaración del gobernador: "La verdad es que el Gobierno estatal de Tamaulipas y me atrevo a decir que todos los gobiernos estatales del País, pues somos rebasados por estos grupos delictivos que tienen una capacidad de fuego muy fuerte, que actúan en todos los estados o muchos estados del País, que actúan incluso en otros países" (El Norte, 6 de abril del 2010).

Nuevo León
, donde el gobernador Rodrigo Medina es incapaz de dar la cara ante los sucesos, donde el crimen organizado demuestra que controla la zona metropolitana de Monterrey. Ahí lo mejor que pudo hacer ese gobernante fue organizar una marcha. Luego, el Procurador de esa entidad repite la fórmula de Fernando Gómez Mont, cuando este criminaliza a estudiantes o personas secuestradas para luego retractarse. Al final, como si nada pasara, el Secretario de Gobierno, Javier Treviño recomendó “seguir con la vida normal”. 
Y finalmente Chihuahua, acaso el modelo de estado fallido, cooptado por el crimen. Allí, a pesar de la atención particular del gobierno federal, el gobernador simplemente deja sus responsabilidades a la federación, porque por más policías y militares, la incidencia delictiva y lo que ello conlleva no ha disminuido.

Desde la variable partidista, se afirma que el PAN no sabe gobernar, pero también el PRI no demuestra que no se queda atrás. Quizá por eso su dirigente nacional, Beatriz Paredes afirma con rancia retórica: el país se nos está deshaciendo en las manos.
A lo mejor la esperanza está en otra parte. Por eso, para no quedar como ingenuos, mejor recordamos a nuestro laureado poeta, José Emilio Pacheco, quien acaba de recibir el premio Cervantes. Transcribo el poema Alta traición: “No amo mi patria. Su fulgor abstracto es inasible. Pero (aunque suene mal) daría la vida por diez lugares suyos, cierta gente, puertos, bosques de pinos, fortalezas, una ciudad deshecha, gris, monstruosa, varias figuras de su historia, montañas y tres o cuatro ríos”.

martes, 6 de abril de 2010

Calderón cambia de tema



Positivo me parece que por fin el presidente Felipe Calderón cambie de tema: seguridad, seguridad, seguridad; como si sólo se resolviera con soldados, armas y policías...
Por eso, la iniciativa de decreto para cambiar diversas disposiciones de la Ley Federal de Competencia Económica, del Código Penal Federal y del Código Fiscal de la Federación podría ser una oportunidad para fincar un país e instituciones más equitativas, dispuestas para el desarrollo.
En otras palabras, se trata de una "iniciativa para combatir los monopolios".

Técnicamente hablamos de oligopolios que dominan el mercado y pueden fijar el precio, las más de las veces en detrimento de los ciudadanos.
Consumimos dos canales de televisión, dos marcas de cemento, una marca de telefonía, una de maíz, una de leche, una de gasolina... con la enorme pérdida de competencia, precio y calidad que ello implica para los consumidores.


Los gobiernos mexicanos, incluyendo el presente de Calderón, han estado más dispuestos a esos poderes fácticos que al de las mayorías que "representan". Por eso, yo no imagino al sr. Slim en la cárcel durante tres años por maneter tranquilo, el domino del mercado en telefonía móvil y local. ¿Ustedes se lo imaginan?
Bueno, eso es lo que pretende la iniciativa de Calderón, ahora en manos del Legislativo. Al final, no creo que ningún político, así sea el presidente, se atreva a que lo borren de la pantalla.

lunes, 22 de marzo de 2010

Volver a Juárez



La fotografía muestra con claridad la expresión del hombre. El drama de una lucha que se percibe perdida, sin sentido. Nietzsche decía que cuando miras el abismo éste también te ve y eso lo que se percibe en la mirada captada por la lente. El rostro del presidente Felipe Calderón y sus gestos, son elocuentes del entorno, esa realidad que nos rebasa. Me refiero a la imagen que circuló en varios diarios nacionales tras su tercera visita a Ciudad Juárez en un lapso de cuarenta y cinco días. Calderón regresó a la ciudad fronteriza con la finalidad de supervisar el programa “Todos somos Juárez”, el cual busca reconstituir el tejido social.

Sin embargo, la visita presidencial estuvo rodeada previamente por el asesinato de tres personas ligadas al Consulado de Estados Unidos en la ciudad. La condenación del hecho fue realizada incluso, por el presidente Barack Obama. Luego vino el escándalo por las palabras de Janet Napolitano, Secretaria de Seguridad Interna de Estados Unidos, quien afirmó que la participación del ejército en esa ciudad “no ha ayudado”.

Más allá de la indignación de los funcionarios mexicanos, las palabras de Napolitano no son las de una funcionaria novata en asuntos de seguridad, ni tampoco se trata de las declaraciones de una burócrata que desconoce México.
Napolitano, abogada y dos veces gobernadora del estado vecino de Arizona, conoce la situación de México de tiempo atrás, debido a la natural relación bilateral entre ambos países. Antes de ser la exitosa gobernadora de Arizona, fue fiscal por el mismo estado, lo que le permitió tratar de cerca las problemáticas de seguridad. Desde su perspectiva como conocedora del tema, la presencia del Ejército mexicano en Ciudad Juárez no ayudó a detener la ola de violencia, por lo que sugiere que Estados Unidos necesita trabajar más con el País para frenar el crimen organizado. En este sentido, no sería la primera vez que el gobierno vecino interviene directamente en el país. Basta con echar una mirada al siglo XIX.

El Secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, descalificó la afirmación de Napolitano: "No quiero pasar por injusto frente a una afirmación que a mí me parece reprobable, hay que entender el contexto en que fue dicho. No acepto, por falso, que se diga que el papel de las Fuerzas Armadas en Juárez es insustancial o insuficiente".
En un principio la “guerra” contra el crimen organizado le había ganado legitimidad al gobierno de Calderón, sin embargo tras tres años de violencia, la situación es percibida, así lo constatan las encuestas, como un fracaso del gobierno federal. En todo esto, Ciudad Juárez ha sido tratada aparte, acaso por el reconocimiento tácito de ser una ciudad fallida, donde su alcalde reside tranquilamente en El Paso.

El laberinto de Juárez, además de marcarnos negativamente, puede ser también la muestra de que no sólo con las armas se “gobierna”. De esa manera, la propuesta social hecha por las autoridades federales podría transformar sustancialmente el abordaje del problema y la construcción de las soluciones en el largo plazo. Ojalá así sea, porque lo otro sería extender nuestro fracaso como sociedad.
20 de marzo de 2010
el siglo de torreón

domingo, 14 de febrero de 2010

Juárez-Torreón



El discurso sobre la guerra siempre es más extenso y brillante que el de la paz.
Aún así, no podemos renunciar a la inteligencia, a la civilización más que a las armas, la violencia, la barbarie. En lo inmediato se ha atendido más con las armas que al la construcción del largo plazo en las bases de la sociedad. Así han pasado tres largos años, porque se apostó más a la violencia que a la reconstrucción social. Primero fueron las policías y luego el ejército. Pero poco se avanzó en educación, en dignificación de espacios, en la multiplicación de oportunidades. Y este es justamente una ruptura visible que podemos leer para las propuestas que los gobiernos Federal y Estatal han anunciado para Juárez y Torreón.

En el caso de Ciudad Juárez, el Presidente Felipe Calderón constató los reclamos directos de varias madres de familia cuyos hijos fueron asesinados. El sentido reclamo de una de las madres, Luz María Dávila expresó en buena medida la desesperación, la impotencia y el dolor que hay detrás de muchos mexicanos. “Lo que quiero es justicia” reclamó la señora Dávila.
¿Qué hacer entonces? Nuevamente se anunció un plan, un cambio de estrategia. Calderón, además de ofrecer disculpas a las madres, anunció un plan para Juárez. En el encuentro denominado: “Todos Somos Juárez, Reconstruyamos la Ciudad”, el Ejecutivo Federal informó que la propuesta comprende cuatro ámbitos: la recomposición del factor institucional; el factor operacional y la depuración de las policías; el factor social, que incluye los temas de educación, salud, espacios públicos y, la participación ciudadana.

¿Hay novedad en la propuesta? ¿Tiene sentido después de tanta violencia? Los dos primeros rubros ya los conocemos y también los desalentadores resultados, pero los últimos dos, resultan novedosos en el discurso gubernamental.
El plan propuesto incluye explícitamente dos elementos destinados a atender algo más profundo y de largo plazo como son: educación, valores, cultura cívica, atención a grupos vulnerables, rescate de espacios públicos. Pero al mismo tiempo, reconoce el ejecutivo que “no escucharon” a la ciudadanía, y para lo cual se pretende privilegiar la participación ciudadana. Se trata pues de mecanismos como las políticas públicas e incluso la gobernanza, para ir más allá de la gobernabilidad.

Quizá por eso, en su discurso del 9 de febrero en Palacio Nacional, el Secretario de la Defensa, el General Guillermo Galván, incluyó en su discurso el concepto de “cohesión social” como signo del cambio de estrategia. Ante el fracaso de las armas, ante el efecto limitado de la fuerza, comienzan a cobrar fuerza conceptos como integración social, inclusión, cohesión social, cultura cívica.
En un importante estudio de la región latinoamericana, la CEPAL midió el impulso de esas prácticas encaminadas a la difícil tarea de restaurar el tejido social. Retomo el siguiente extracto: “En física, una definición simple de cohesión considera el cruce de tres variables que relacionan los elementos dados de un conjunto, a saber: la distancia entre los elementos, la integración entre ellos y el todo y la fuerza que los conecta. Respecto de la vida en sociedad, guardando las diferencias pero rescatando las analogías, la cohesión puede entenderse como el efecto combinado del nivel de brechas de bienestar entre individuos y entre grupos, los mecanismos que integran a los individuos y grupos a la dinámica social y el sentido de adhesión y pertenencia a la sociedad por parte de ellos”.

De esa manera, la cohesión social se refiere tanto a la eficacia de los mecanismos instituidos de inclusión social como a los comportamientos y valoraciones de los sujetos que forman parte de la sociedad. Los mecanismos incluyen, entre otros, el empleo, los sistemas educacionales, la titularidad de derechos y las políticas de fomento de la equidad, el bienestar y la protección social. Los comportamientos y valoraciones de los sujetos abarcan ámbitos tan diversos como la confianza en las instituciones, el capital social, el sentido de pertenencia y solidaridad, la aceptación de normas de convivencia y la disposición a participar en espacios de deliberación y en proyectos colectivos (Cohesión social, Cepal, 2007).

Visto en nuestro entorno lagunero, resulta coincidente ese cambio de estrategia en relación a la problemática de la inseguridad. El Gobernador Humberto Moreira también anunció un nuevo “Plan Torreón”, el cual ya no se centra exclusivamente en los cuerpos de seguridad, sino se desdoblará, según se anunció, en “acciones en materia de empleo, economía familiar, educación, deporte y servicios primarios”.

Ambos anuncios de planes para Juárez y Torreón son en principio positivos por su intención social, no obstante, falta conocer los detalles, la letra pequeña. Falta ver, para bien de la sociedad, el impacto de los mismos en esa necesaria labor por la cohesión social.

el siglo de torreón
13 de febrero 2010
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domingo, 7 de febrero de 2010

Réquiem por las reformas



Envidia me causó hace unos días ver un debate, que para nuestras costumbres en México, acá resultaría imposible. El presidente Barack Obama se metió a la boca de lobo por decir de una manera. Fue hasta la casa de sus opositores, de sus detractores en el Congreso y en las calles para dar la cara y defender la Reforma de Salud, además de otros temas de la agenda que impulsa el gobierno a su cargo. Los temas debatidos por el presidente norteamericano no fueron menores, ni tampoco sencillos, sobre todo, en momentos en que la crisis y el desempleo han afectado el país vecino y de paso, a la economía mundial.

Obama se presentó a una reunión del caucus republicano celebrado en Baltimore. Ahí habló fuerte y claro, expuso sus argumentos e incluso aceptó ante los republicanos que retomaría sus propuestas a fin mejorar la conducción del país. Serio, pero sin perder la compostura, aguantó fuertes reclamos, críticas. Incluso se dio tiempo para intercalar algunas bromas a fin de suavizar el debate. En la discusión se expresaron dos visiones distintas del país en torno a temas como la seguridad social, el crecimiento del déficit público, los impuestos, el desempleo y la generación de energía. Asumiendo su rol como Jefe de Estado, Obama escuchó las diferencias y mostró apertura con respecto a la reforma de salud: "Si ustedes me enseñan propuestas que expertos independientes puedan respaldar como benéficas para la reforma que necesitamos, pueden estar seguros de que las voy a incluir".

Contundente, no dudó en declarar que “el pueblo no quiere que nos ocupemos de salvar nuestros puestos de trabajo, sino sus puestos de trabajo”.

Paralelo a esto, el debate abierto por el presidente Felipe Calderón con respecto a la Reforma Política, parece destinado al fracaso. De entrada, nuestro presidente ni siquiera puede pararse en el Congreso a debatir o defender sus propuestas. Cuando lo hacen los Secretarios, aquello se convierte en una retahíla de descalificaciones e insultos en el mejor de los casos.
Por otro lado, la defensa de la Reforma Política fue abandonada durante semanas por el Presidente. La lanzó en diciembre del año pasado, y justo esta semana, la semana de los terribles crímenes de Juárez y Torreón, decide retomar el tema.

Así, el pasado tres de febrero Calderón publicó en dos diarios de circulación nacional, El Universal y el Excélsior, un texto titulado: “Reforma en favor de los ciudadanos: del sufragio efectivo a la democracia efectiva”. En el texto retomó una modesta defensa de su propuesta, la cual nos dice, es “perfectible”. Leyendo los más de 171 comentarios que acumuló el sitio del Universal, se muestran más que argumentos, duras críticas y descalificaciones. ¿Será acaso una muestra del nivel argumentativo de los mexicanos que acceden a Internet? No le fue bien en los comentarios, como tampoco le ha ido bien con el Congreso, más apurado en las próximas elecciones, que el futuro del país.

En donde sí he visto mejor recepción en cuanto a crítica y discusión, es en el nuevo sitio que abrió la Secretaría de Gobernación para el tema de la reforma del poder: reformapolitica.gob.mx. Ahí se presentan diversas actividades y foros abiertos para opinar y escribir al blog del Secretario Fernando Gómez Mont. De hecho es el más activo promotor de las reformas en diferentes círculos académicos, intelectuales y medios de comunicación.

Sería una verdadera pérdida de oportunidad, si es que algo nos “dice” el año del Bicentenario, que ese debate no llegue a ningún lado. No obstante, es significativo de la cultura política en México, que poco podamos discutir, a fin de avanzar en la tan gastada relación entre políticos y ciudadanos. Desde hace varios años los ciudadanos estamos acotados por el problema de la inseguridad, desgastados también por la falta de credibilidad y confianza en las instituciones.

Por eso no es extraño que las tres principales encuestas de valores, el Latinobarómetro, la Encup, y la Encuesta Mundial de Valores, registren la insatisfacción de los mexicanos con la democracia. Esos estudios empíricos muestran una creciente decepción con la democracia. En consecuencia, tampoco debe extrañarnos que un sector de la población mexicana esté dispuesto a abandonar libertades propias de la democracia, a fin de abrazar un régimen duro y autoritario que garantice la seguridad y el crecimiento económico. ¿Acaso estamos ante el retorno autoritario? No lo creo, pero hay en el ambiente manifestaciones preocupantes.


6 de febrero
el siglo de torreón
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sábado, 30 de enero de 2010

Godot y la estafa



Como si se tratara de teatro del absurdo, dos hombres esperan en vano a un tal Godot. Pero a diferencia de la célebre obra de Samuel Beckett, la inútil espera viene en dos vías. La que va de nuestra clase política a los ciudadanos y la que esporádicamente se presenta: de los ciudadanos a la política. Ambas guardan una parálisis e inmovilidad desesperantes, porque en el fondo se reflejan, se parecen. De esa manera el discurso repetido hasta el cansancio termina por no ser escuchado. Sólo oímos el ruido que legislatura tras legislatura se hace. De esa manera, el discurso sobre las “reformas” se ha vuelto mítico y etéreo, pero también inalcanzable porque nunca llega.

El decálogo del Presidente Felipe Calderón para hacer una reforma política, pronto se desdibujó en la irrelevancia de los legisladores panistas, y sobre todo, en el muro infranqueable del PRI. Hace semanas comentaba que la propuesta calderonista se propone cambiar las reglas del juego en la relación sociedad-gobierno, quizá no sea la mejor propuesta, o tal vez no nos guste, pero el peso de la propuesta radica en que emanó directamente del Ejecutivo. En este sentido, se discute ya con algo sobre la mesa a fin de afinarlo, mejorarlo o cambiarlo. Sin embargo, en el Seminario para la Reforma del Estado, que se efectuó en el Senado de la República, la presidenta del PRI, Beatriz Paredes, más que discutir, desechó rápidamente el tema de las candidaturas independientes. “No pasarán”, debido a la “influencia acrecentada de los poderes fácticos y al inusitado hiperactivismo de los grupos de ultraderecha”. Habrá que recordar entonces su silencio cuando el PRI junto con el PAN, impulsados por la Iglesia Católica, han promovido la penalización del aborto.

Así los demás temas, donde incluso se acusó la propuesta del Ejecutivo como una regresión autoritaria. Pero independientemente de la diferencias, no hemos escuchado, ni tampoco leído la cotrapropuesta de otros partidos y actores, a fin de avanzar. ¿Si no qué sentido tiene un congreso bien pagado para que sólo vayan a platicar y tomar café? En todo esto los ciudadanos nos quedamos esperando a Godot, sin saber bien a bien cuál es el sentido y lo que se espera.
Acaso, uno de los pocos que sí tiene una propuesta es el senador Manlio Fabio Beltrones, quien se destapó esta semana como un posible candidato a la presidencia de la República. No obstante, de poco le ha valido, a “título personal”, esa propuesta que por cierto, guarda similitudes con la enviada por el Ejecutivo. Esta misma semana, el coordinador de la bancada priísta en San Lázaro, Francisco Rojas le contestó a su compañero de partido y descartó la reforma porque a la gente le importa "el empleo, tener alimentos tres veces al día en sus casas y contar con una manera digna de vivir".

Además del futbolista, durante la semana lo que se llevó el tiempo, el esfuerzo, fue la preparación de la próximas elecciones. Ahí sí, partidos y políticos dedican atenciones, porque en realidad lo que importa, no es lo que desde el poder se puede transformar en beneficio de los ciudadanos, si no obtenerlo a toda costa.
Quizá por eso, en la desesperación, el presidente Calderón, en una accidental autocrítica, declaró que los partidos estafan a los ciudadanos: “Mientras los temas más críticos del país se guarden y se archiven por meses y años, el ciudadano seguirá sufriendo una permanente estafa en la falta de decisiones de quien lo representa”.
Así el camino de las reformas. Entre Godot y la estafa.

El Siglo de Torreón, 30 de enero 2010
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sábado, 19 de diciembre de 2009

La reforma del poder


Douglass North


¿Puede ser México de otra manera? ¿Los mexicanos podemos cambiar conductas tan recurrentes como negativas, entre ellas la corrupción? ¿Nuestros políticos pueden actuar de otra forma, ofrecer otros resultados de cara al ciudadano? ¿Acaso la ley se podría convertir en una referencia general y no un desprecio generalizado? ¿Debemos conformarnos con que “así somos y no hay remedio”? Al tono de pesimismo o en mejor de los casos, escepticismo acerca de las posibilidades para mejorar nuestra vida pública, bien vale releer la historia reciente para reconocer cambios favorables en nuestro país. Es cierto que tenemos muchos rezagos y carencias, pero al igual que nosotros, otros países han construido desde peores condiciones un futuro deseable. Corea del Sur, Irlanda, España, Chile e incluso Brasil son algunos ejemplos. ¿Cómo le hicieron esos países para ser exitosos, para salir del atraso?

Sin ánimo de agotar las explicaciones, ofrezco una referencia desde la aceptada y funcional teoría institucionalista, de la cual su principal exponente es el profesor Douglass North (premio Nobel de economía en 1993). En su libro Instituciones, cambio institucional y desempeño económico (1990), North escribió: “las instituciones son las reglas del juego en una sociedad, o más formalmente, son las limitaciones ideadas por el hombre que dan forma a la interacción humana. Por consiguiente estructuran incentivos en el intercambio humano, sea político, social o económico. El cambio institucional conforma el modo en que las sociedades evolucionan a lo largo del tiempo”.

Describo dos ejemplos que explica la teoría. El comportamiento de los legisladores está modelado por las instituciones, por lo tanto, su conducta refleja las mismas. De esa manera, si los diputados o senadores que emanan del poder público no regresan al público, al votante, es porque no hay realmente un puente formal que obligue a los primeros a regresar con los electores, es decir, no tiene inventivos formales para hacerlo. En este sentido si quisiéramos propiciar un cambio en el desempeño, pero sobre todo, en la relación entre legislador y ciudadano, tendrían que cambiarse las actuales reglas del juego. No hay nada obligue o incentive para bien, que un legislador regrese y rinda cuentas a su electorado, mucho menos tenemos una relación en la cual los electores podamos apremiar o castigar su trabajo.

Otro ejemplo común lo tenemos en la criminalidad, bien estudiada por el economista Gary Becker. En México, antes y después de la “guerra contra el narco”, el índice de impunidad alcanza hasta un 95%, en consecuencia los delincuentes tienen un alto grado de rentabilidad y un riesgo bajo de ser castigados, pues el entorno institucional es ineficiente y débil. Así, los incentivos a quienes delinquen son muy atractivos en la medida que reflejan el comportamiento (la reglas del juego) de las instituciones.
Si queremos políticos productivos y que podamos llamar a cuentas, si queremos una seguridad eficiente, una cultura de la legalidad, tenemos que cambiar el entorno institucional y el ejemplo que en la práctica de ahí deriva.

Por eso me parece positivo el debate abierto por el presidente Felipe Calderón al proponer al Congreso de la Unión una Iniciativa de Reforma Política en diez puntos. Y me parece positivo en dos sentidos: por un lado, ya no estamos hablando de discursos presidenciales, sino de una iniciativa en papel, la cual ya está propiciando un debate entre los diferentes actores políticos. Por otro lado, una reforma al poder de esta naturaleza estaría regresando poder a los ciudadanos para así incidir en la política. Detrás de esta propuesta, encuentro una sentida y añeja demanda para cambiar y acercar la relación entre políticos y ciudadanos.

Candidaturas ciudadanas, reelección en legisladores y presidentes municipales, disminución de diputados y senadores, segunda vuelta electoral, son algunas de las diez propuesta que contiene la iniciativa. Varios políticos han criticado que la iniciativa de reforma se queda corta, pero lo cierto es que a partir del documento la propuesta se puede mejorar y enriquecer. Ahí está por ejemplo la propuesta de Reforma del Estado publicada recientemente por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. También están las propuestas del senador Manlio Fabio Beltrones.

El debate está abierto y la oportunidad de avanzar en la reforma del poder abre las posibilidades de un cambio institucional importante, a fin de fortalecer al tan debilitado ciudadano.

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sábado, 12 de diciembre de 2009

Bienvenida la reelección


Mito, tabú, aún así, el tema de la reelección en México no pude ignorarse ni tampoco aplazarse más. Máxime por tratarse de un tema que puede posibilitar la rendición de cuentas, el profesionalismo en la política e incluso, una relación distinta entre políticos y ciudadanos. No obstante, a la población en general el tema no le gusta, en buena medida por la calidad de políticos y sobre todo, por la desgracia de los resultados. ¿Quién en su sano juicio quisiera reelegir a muchos de los políticos que tenemos? Pero me temo que este rechazo proviene de un educación oficialista, producto del régimen posrevolucionario que elevó al pedestal una frase actualmente hueca: “Sufragio efectivo no reelección”.

Si algo debemos desmontar, deconstruir diría el filósofo argelino Jacques Derrida, son esos mitos que heredamos de la “Revolución”. Como escribieron recientemente Héctor Aguilar Camín y Jorge Castañeda, “México es preso de su historia” porque "nos sobra pasado, pero nos falta futuro”.

Así, mucho antes que Francisco I. Madero tomara la causa política de la “no reelección” para Presidente de la República, Porfirio Díaz luchaba por el mismo fin, acaso porque otro presidente en el poder, Benito Juárez, no dejaba la silla tan deseada. A Juárez ni el viento lo movió de la presidencia, cargo que ejerció durante 14 años consecutivos hasta que eso sí, le llegó la muerte. Esto sumó más del doble de tiempo que su “Alteza Serenísima”, Antonio López de Santa Anna, quien fue y vino de la presidencia –en once ocasiones–, como quien va al supermercado. El problema de la duración del poder fue resuelto hasta 1929 con la creación del Partido Nacional Revolucionario (ahora PRI), a fin de frenar los asesinatos entre los aspirantes. Sin embargo, esta limitación terminó con los años, por extenderse a otros cargos de elección popular como diputados, senadores y presidentes municipales. Al final, esta limitación terminó por inhibir también el derecho de los ciudadanos para llamar a cuentas a sus gobernantes.

Para fines prácticos, nuestro sistema político permite votar, pero sin recibir a cambio ninguna garantía o mecanismo de control sobre los representantes a quienes otorgamos el poder. Esto es tanto como comprar un producto en el mercado, y no recibir ninguna garantía o factura que ampare un defecto o una devolución si la mercancía está dañada o es claramente insatisfactoria. Por lo tanto, el votante está impedido a reclamar, a llamar a cuentas al político.
El voto se convierte así en un boleto de ida que no tiene regreso, ni garantía. De esa manera, la relación actual entre los políticos y los ciudadanos es desigual porque legalmente así está instituida. Y si no rinden cuentas, es porque no está establecido en ningún mecanismo que permita a los votantes apremiar o castigar a los políticos. Se tendría que transformar la relación para producir otros efectos.

En este sentido, durante la ceremonia por su tercer año de gobierno en Palacio Nacional, el Presidente Felipe Calderón propuso la reelección de legisladores y de alcaldes en todo el país, “para obligarlos a una rendición de cuentas”. Además, habló de impulsar la participación de la sociedad a través de figuras como la iniciativa ciudadana, el referéndum, y la posibilidad de participación en los procesos electorales “sin rigideces”. ¿Se referirá a las candidaturas ciudadanas?

El sistema político actual no puede producir los efectos deseados en la ciudadanía por la sencilla razón de que no fue dispuesto para empoderar a los votantes. Si queremos obtener otro resultado, será necesario cambiar las reglas de juego, donde entonces sí, el ciudadano no sea un mero observador, sino un auténtico partícipe con el poder de elegir, pero también de castigar.
Países como Chile, Argentina, Brasil, Uruguay y hasta El Salvador, han incorporado en sus sistemas electorales la reelección como una forma de representación inclusiva, sujeta a que el ciudadano pueda evaluar si su representante popular realizó un buen trabajo o no. Sólo de esa manera, los representantes populares estarían siendo responsables directos ante el ciudadano y no solamente ante las complacientes dirigencias partidistas.

Al respecto, el poderoso senador Manlio Fabio Beltrones ha expresado textualmente su interés por impulsar estas reformas políticas, pero al igual que lo propuesto por Calderón, no se ve claro para cuándo. De concretarse una reforma de esta naturaleza, estaríamos dando un paso para transformar las tan deterioradas relaciones entre políticos y ciudadanos.
Si bien, una reforma así no es la panacea y mucho menos la solución al decoroso comportamiento de los políticos, sí estaría enfocada a generar productividad y buen desempeño, bajo un esquema de incentivos entre representante y representado. Ojalá pronto podamos ratificar o reprobar el trabajo de nuestros políticos, puesto que ya es hora de regresar el poder a los ciudadanos.

El Siglo de Torreón
12 de diciembre 2009

twitter.com/uncuadros

domingo, 11 de octubre de 2009

Charrismo mexicano



Las noticias que se han ventilado sobre el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y su infaltable líder esta semana, no son novedad. Más aún forman parte de un largo y certero diagnóstico sobre los problemas nacionales. Dicho de otra manera, el problema de los sindicatos es tan sólo uno de los capítulos que aquejan la vida nacional, pero también, es un asunto que expone a todas luces el subdesarrollo del país. Pero aclaro de una vez mi postura antes de entrar en materia. No estoy en contra de los sindicatos ni mucho menos de su existencia y su razón de ser. Más bien considero que son derecho ganado con mucho esfuerzo por las sociedades que nos antecedieron.

En ocasiones ese derecho llevó trágicamente un desenlace violento que les costó la vida a muchos trabajadores. Sin embargo, como ha sucedido con otros logros en el país, los sindicatos se distorsionaron, perdieron el rumbo y ahora, en vez de ser una defensa de los agremiados, son la palanca para riquezas personales, liderazgos perversos, chantajes nacionales. En realidad esta situación que marca lo mismo al sindicato de la educación, el petrolero, el minero y nuevamente el electricista, es producto de un marco institucional que alienta, cobija, tolera, reproduce y hasta respalda legalmente.

En buena medida, los excesos que conocemos son parte de ese arreglo institucional que impera en el país. Se trata de un esquema presente tan vivo como en el pasado. Algunos ejemplos como las partidas millonarias que transfiere el gobierno, eso sí, con cargo a los contribuyentes, para las privilegiadas dirigencias sindicales. Una vez ahí, no importa cuál es su destino, ni tampoco conocer en qué se gasta. Mucho menos pensar en rendir cuentas. Y justamente ese el significado de “autonomía” para los sindicatos gubernamentales.

Si hoy vemos una y otra vez los abusos como en los viejos tiempos del monopolio partidista, es porque las antiguas estructuras nunca se desmontaron. Son los resabios del autoritarismo. Esto significa que seguimos jugando con las mismas reglas del juego, luego entonces, los resultados no tendrían que ser de otra manera sino los mismos. Los desastres que ya conocemos: empresa pobre, sindicato rico.

En medio de la crisis económica, el presidente Felipe Calderón bien pude impulsar la revisión de este añejo problema, sobre todo ante la urgencia y el carácter inaplazable con el asunto del SME. Una posible hipótesis sugiere, tras negarle la “toma de nota” al líder de los electricistas de Luz y Fuerza, Martín Esparza, que ahora sí se hará algo de fondo con el problema que se viene arrastrando desde hace varios sexenios. A principio de su gobierno, Calderón no recurrió al “golpe de timón” para deponer a líderes sindicales corruptos. Le apostó al gradualismo, incluso a negativa la alianza con la maestra Elba Esther. Ahora que las cosas se han vuelto más complicadas, se abre una valiosa oportunidad de retomar el problema a fin de recomponer el rumbo. ¿Qué pasa con otros líderes sindicales? ¿Por qué siguen impunes?

Bien dicen que en la política no hay casualidades, y ojalá así lo sea con la orden de aprehensión que le espera al líder virtual de los mineros, Napoleón Gómez Urrutia. También, esta semana surgió una oposición al sindicato de Petróleos Mexicanos, en particular para que su líder Carlos Romero Deschamps −el mismo que presume a los reporteros exclusivos relojes−, no se reelija como de costumbre.
¿Esto nos indica que hay una estrategia trazada por el Gobierno Federal? De ser así, son buenas noticias, porque en muchos años, los gobernantes toleraron la corrupción. Por el contrario, si en estos conflictos el Gobierno termina cediendo al chantaje, a la extorsión, el intento por resolver el problema quedará como un discurso de buenas intenciones.

A todo esto ¿qué tienen qué decir y hacer nuestros productivos, visionarios legisladores? La legislatura anterior nos presumió de sus avances y logros, pero no fue capaz de construir las condiciones para el largo plazo. Prestos a apagar el fuego con reformas pequeñas, porque era “lo posible”, renunciaron al futuro por atender el corto plazo. La legislatura anterior dejó el tema de la reforma laboral guardado. No quiso asumir el complicado asunto en materia de trabajo, incluyendo el espinoso caso de los sindicatos. En este sentido, la responsabilidad ahora la tiene el Congreso, en especial el PRI, aunque no le guste, aunque e no lo quiera reconocer. Una razonable reforma laboral puede cerrar la pinza con el problema de los sindicatos que carga el Estado y paga la sociedad.

La solución no está en propinar un “golpe de timón” a estos poderosos personajes de nuestra débil democracia, pero cómo ayudaría, sobre todo, sí necesariamente va acompañado el golpe con cambio radical en las reglas del juego. ¿Le entrarán los legisladores? ¿El PRI nos mostrará su compromiso?