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martes, 5 de octubre de 2010

Fernando Vallejo o el desbarrancadero


Hace algunas semanas visitó un colombiano nuestra ciudad. A sus palabras alentadoras, bien se puede oponer la crítica "desbarrancadora" de Fernando Vallejo, el otro colombiano, también de Medellín. Acá sobre el Céline de la violencia latinoamericana.





martes, 28 de septiembre de 2010

¿Colombianizar Torreón?

De la academia a la política


En los últimos años, varios políticos colombianos se han vuelto referencia internacional por haber realizado buenas prácticas de gobierno. Incluso, no es casualidad que el ex presidente de Colombia, Álvaro Uribe, terminó su mandato con los más altos niveles de popularidad.  Sin embargo, a diferencia de Uribe, de línea “dura”, han sido otros políticos colombianos, ex alcaldes, los que han dignificado notablemente la política. No sólo con buena voluntad y discursos, sino con resultados palpables, medibles.
Después de duros años de violencia, algo pasó en la sociedad colombiana que terminó por llevar al poder a políticos singulares y poco convencionales como Antanas Mockus, Sergio Fajardo y Enrique Peñalosa. Los dos primeros matemáticos, y el tercero, un notable urbanista. Fajardo, quien visitó nuestra ciudad a petición del alcalde de Torreón, Eduardo Olmos, se ha vuelto una referencia internacional, debido a los resultados obtenidos en el gobierno de Medellín, ciudad que en otro momento, estuvo considerada la más violentas del mundo. Fajardo es identificado como el alcalde que bajó significativamente los niveles de violencia, pero además, generó alternativas medibles para aumentar el nivel de bienestar social en Medellín. La memoria de su gestión quedó registrada en el libro “Del miedo a la esperanza”.

Fajardo asumió el gobierno de una ciudad con profundas desigualdades sociales y económicas. Aunado a esto, la herencia del narcotráfico había alcanzado niveles brutales. En 1991, Medellín registró más de 6 mil 500 homicidios, es decir, casi el promedio de asesinatos en México durante los últimos cuatro años.  El descenso de la violencia pasó de 381 homicidios anuales por cada 100 mil habitantes, hasta llegar paulatinamente a un promedio de 37 durante la administración de Fajardo, entre 2004 y 2007. Su estrategia consistió en promover una “pedagogía de la convivencia”, a fin de conformar una cultura ciudadana. Más que las armas, la gente.
Periodos de violencia: disminución relativa.

Sin embargo, el éxito político de Fajardo y su buena fama pública, suelen ser traspolados por cándidos y voluntariosos, como si se tratase de replicar una fórmula química. Por eso, conviene tener presentes las circunstancias, a fin de evitar comparaciones “bobas”, como la expresada por la secretaria de Estado, Hillary Clinton. Doy un dato,  sin que esto signifique un consuelo. Actualmente la violencia en Colombia es tres veces mayor a la de nuestro país (véase el Informe Mundial sobre Drogas, ONU: 2010).

Por otro lado, “colombianizar” no necesariamente tiene una connotación negativa. Cuando los partidos han fallado, ya quisiéramos en México tener la posibilidad de elegir a nuestros políticos por la vía de las candidaturas independientes. Fajardo accedió a la alcaldía por ese medio. También ya quisiéramos tener las intervenciones urbanas de un Peñalosa o las impactantes y excéntricas enseñanzas de un Mockus en Bogotá. Pero no hablemos exclusivamente de individuos. El gobierno de Medellín destaca en su país por tener el mejor desempeño fiscal. Asimismo, posee una empresa pública encargada de administrar el agua, la cual ha alcanzado estándares internacionales. En este caso, se trata de una de las prácticas gubernamentales más destacadas de Latinoamérica.

Consecuentemente, para hacer el gobierno de Medellín, se conjugó una administración pública con un alto perfil académico-profesional. Sí, Fajardo, ¡un académico en el poder! De ahí la importancia que le dieron al papel de los indicadores de desempeño. El mecanismo fue sencillo: presupuesto (transparencia) + desempeño (responsabilidad) + evaluación (indicadores)= resultados (rendición de cuentas). 

A la luz de la alentadora visita de Fajardo a nuestra ciudad, el alcalde Olmos Castro, tiene en lo inmediato varios problemas. No sólo la seguridad, sino la calidad del gobierno que día a día entrega a los torreonenses.  La eficiencia facilita a un gobernante acrecentar o disminuir su legitimidad ante la población. Desde un principio Fajardo, como buen matemático, midió la aprobación de su gobierno, el cual comenzó con poco más de 70 puntos, y concluyó superando los 85.  En este sentido, la gestión y aplicación puntual de indicadores, aunado al plan de desarrollo municipal (2010-2013), que ya circula ¡al fin!, será fundamental para medir y evaluar el desempeño de la presente administración.
Dice Fajardo en su memoria: “Demostramos que sí es posible hacer política y, al mismo tiempo, ser transparentes”. En cambio, el tema de la transparencia se ha convertido en el talón de Aquiles del Ayuntamiento. El vergonzoso lugar que ocupa a nivel nacional, lejos de crear confianza, genera sospecha. Y así lo expresa el último lugar que Torreón ocupa en el Índice de transparencia y disponibilidad de la información fiscal (Aregional: 2010).  Quizás la visita de Fajardo puede inspirar alternativas, y acaso, la necesidad de corregir el rumbo para que la administración produzca gobierno. En esos términos, bienvenida la colombianización de Torreón.    
twitter/uncuadros

miércoles, 8 de septiembre de 2010

El Torreón que continúa


Cien años después nos volvemos a reunir. Otra generación, otras circunstancias, otra ciudad. Los cien años del Casino de La Laguna nos convocan en el presente. El Casino es uno de los símbolos de Torreón, recuerda una serie de historias, pero sobre todo, el característico  espíritu de trabajo que movió a los laguneros a construir esta ciudad.

Tradicionalmente se ha recordado a los laguneros como hombres de trabajo y empresa, de fidelidad y lucha; solidarios, independientes, abiertos a la innovación y al cambio, orgullos de su entorno, de sus obras. En este sentido, las cualidades del lagunero, resultan similares a las de otros pobladores norteños de Nuevo León, Chihuahua, Sonora, por mencionar otros estados. Entre el siglo XVI y el XIX estas poblaciones eran la frontera nómada, un inmenso territorio despoblado, árido, difícil y expuesto a constantes ataques de los llamados “indios bárbaros”. 
El Norte, conocido también como la gran chichimeca, fue el escenario de una lucha entre barbarie y civilización. Eran tiempos de una guerra de “baja intensidad”. Para nuestros abuelos coloniales, formar esas poblaciones implicó la amenaza constante de la propia vida, aunado a la dificultad geográfica del entorno. De ahí que los valores de lucha, solidaridad, trabajo, confianza, espíritu de grupo, fueran decisivos para la supervivencia de los pueblos.

El Dr. Sergio A. Corona Páez, historiador y cronista de la ciudad ha estudiado a profundidad cómo esos valores característicos del norteño, forjaron la identidad del lagunero. Por eso, no sería extraño que una población como Torreón reflejara esas cualidades hacia finales del siglo XIX. Otro historiador, Mario Cerutti, experto en historia económica del noreste mexicano, ha explicado el paradigma del empresario norteño en los centros urbanos de Chihuahua, La Laguna y Monterrey, ese eje empresarial bien demarcado hasta nuestros días.

¿Pero a qué viene esta historia? ¿Por qué hablar de valores, identidad y regiones? Hace unos días, un famoso empresario de Monterrey, heredero de ese antiguo paradigma empresarial, causó revuelo al escribir en su cuenta de Twitter una serie de críticas a los empresarios que han huido de Monterrey. “Me quedo a aportar, sumar esfuerzos y construir.... y repito, Regio: quédate, lucha, exige, actúa”. Luego insistió en defender lo que los ancestros construyeron.
Lo expresado por Lorenzo Zambrano me lleva a preguntar sobre La Laguna: ¿Dónde está el liderazgo, la crítica, la independencia del otrora empresario lagunero? Me temo que La Laguna sufre una crisis similar a la de Monterrey, bien definida por Diego Enrique Osorno como la muerte de los padres fundadores.

En numerosas ocasiones he escuchado hablar de los valores laguneros, pero en realidad se trata de clichés, de viejas añoranzas que poco tienen que ver con nuestro presente. Es una historia que se ha perdido y no forma parte de nuestro imaginario, de nuestro quehacer colectivo. Las antiguas empresas como La Fe, La Unión, La Esperanza, La Constancia, hoy están en ruinas.

A pesar del deterioro, la marcha continúa. Aquí vivimos, trabajamos, transitamos. Por eso resulta valioso resaltar lo que sigue sucediendo a pesar de la demencial violencia. Hace una par de semanas, las letras fueron motivo de una nutrida convocatoria en la biblioteca municipal de la Alameda. El maestro Saúl Rosales nos entregó un nuevo libro, producto de “Un año con el Quijote”.

Esta misma semana, más de un centenar de personas acudieron a la conmemoración centenaria del Casino de La Laguna. La exposición de unas 250 imágenes, fueron aportadas por el público que en algún momento estuvo en el Casino. Bajo la idea de construir una participación en las exhibiciones del Museo Arocena, la curadora Adriana Gallegos, abrió el museo a la comunidad. Al mismo tiempo, una generación de jóvenes artistas, el colectivo “Sector Reforma Arte Contemporáneo”, hizo una intervención en diferentes espacios del museo.  
Esto también pasa en nuestra ciudad, y quizá la dura crisis que vivimos ahora, está forjando de manera insospechada una ciudad más fuerte, capaz de construir su futuro. Porque al final, como ha escrito Juan Villoro: “A México no lo salvarán las balas, lo salvará la gente”.

sábado, 26 de junio de 2010

Buen Gobierno


Se cerró el capítulo del Instituto Ciudadano para el Buen Gobierno. Ahorcado por la tesorería municipal, huérfano y poco conocido entre los ciudadanos, el Instituto quedará como una experiencia inconclusa y como un intento de buena voluntad para hacer contrapeso al gobierno, pero también para mejorarlo. Sin embargo, no me parece tan negativo su cierre. Dada la naturaleza de sus actividades, un instituto así tendría que tener autonomía presupuestaria para no depender del gobierno.

Quizá de esta crisis pueda gestionarse un movimiento ciudadano interesado en llamar a cuentas al gobierno local y en proponer alternativas para generar un buen gobierno (en el sentido de la Nueva Gestión Pública). En su momento Transparencia Internacional nació de una crisis de su fundador, Peter Eigen. Actualmente en México, un buen modelo gestión lo tenemos en la asociación civil Fundar. Por lo demás, el Instituto sí logró formar a un grupo de laguneros, entre ellas varias mujeres, que ahora tienen mejores herramientas para hacer ciudadanía y sobre todo, impulsar un buen gobierno.

sábado, 5 de junio de 2010

El sueño de Fco. Villanueva

Palacio inconcluso
Un largo sueño inconcluso, un proyecto nunca realizado, una idea de espacio público quedaron enterrados hace 112 años en Torreón. Era el sueño de Francisco Villanueva, quien fue alcalde de la entonces villa entre los años de 1895 y 1898. Villanueva había proyectado construir un gran palacio municipal para albergar ahí al Ayuntamiento. Los bocetos del proyecto reflejaban la inspiración de una población que estaba por convertirse en el centro económico de la región. Se trataba de un palacio a imagen y semejanza de los europeos, con una longitud de poco más de 80 metros, donde estarían las principales instancias del poder público: la presidencia, el cabildo, la comandancia de policía, la secretaría del ayuntamiento, el registro civil, los juzgados y la recaudación de rentas.
Por esos años, la población de Torreón rebasaba ya los 9 mil habitantes y en poco tiempo se transformó en una de las principales ciudades porfirianas del país.
Torreón era ejemplo de cómo el “progreso” había desarrollado una población en pocos años. Ese “progreso” era la industria, los ferrocarriles, el comercio, los incentivos fiscales, la tecnificación de las aguas de los ríos Nazas y Aguanaval, el cultivo del algodón, entre otros. 

Al final, el proyecto del gran palacio municipal no pudo concretarse por desacuerdos en las fuentes de financiamiento público, aunado al modesto presupuesto municipal. De esa manera la presidencia ocupó en sus inicios durante febrero de 1893, un modesto local frente a la estación de Ferrocarril por el rumbo de la Alianza. Posteriormente se construyeron tres nuevos inmuebles, más acordes al arca municipal: la presidencia, la gendarmería y la cárcel municipal.     
Para 1907, la población estaba creciendo rápidamente y pronto fueron rebasadas las capacidades de los inmuebles de gobierno. Se había reservado un terreno frente a la Plaza “2 de abril”, ahora llamada Plaza de Armas, a fin de construir la nueva presidencia municipal, pero en su lugar se construyó el Casino de La Laguna.

Al final el gobierno local compró por 25 mil pesos la manzana de la avenida Matamoros entre Galeana y Corona, donde actualmente se ubica el edificio público que pronto será demolido. Mientras tanto, la presidencia tuvo una época itinerante, inclusive, en circunstancias bastante difíciles como las que se vivieron durante la Revolución. De esa manera, el gobierno municipal pasó a un edificio en la avenida Juárez. Actualmente ese edificio histórico sigue en pie y forma parte de una institución educativa. 

Entre 1917 y 1923 se construyó el nuevo palacio municipal en la manzana ubicada entre Matamoros y Morelos. Nuevamente, sobre  la base de ese antiguo inmueble, se edificó un segundo piso en 1943. Ese edificio estuvo en funciones desde el fugaz periodo de Nazario Ortiz Garza como alcalde, hasta la presidencia de Homero del Bosque en 1980. Al frente estuvieron 31 presidentes municipales.
En 1980 el gobierno estatal, todavía al mando de Oscar Flores Tapia, inició la construcción de nuevas presidencias para los municipios de Torreón, Parras, Matamoros, Nueva Rosita, Ciudad Acuña, Villa Unión, Ocampo y Ramos Arizpe.

El nuevo edificio con fachada de mármol fue inaugurado el 15 de septiembre, día del aniversario de Torreón como ciudad. Ahí gobernaron 13 presidentes municipales hasta el actual alcalde Eduardo Olmos Castro. En ese edificio se dio también por primera vez, la alternancia con la presidencia de Jorge Zermeño en 1997.  

Actualmente el gobierno estatal a cargo del gobernador Humberto Moreira, ha proyectado una magna obra en el Centro Histórico: la Gran Plaza y la nueva presidencia municipal. Se trata de un proyecto ambicioso que sin lugar a dudas cambiará la imagen urbana de Torreón, sobre todo, en la zona del Centro, tan descuidada y en abierto abandono. En lo personal me agrada  la obra, e incluso la dimensión de la misma, que altera de manera radical el antiguo plano de Wulff de 1887.

A la luz de las problemáticas que enfrenta la ciudad, en especial la más visible en lo que se refiere a la inseguridad, una obra de esta naturaleza puede propiciar cambios positivos en el entorno. En lo particular si la obra va acompañada de una estrategia que integre espacios públicos como el Museo Arocena, el Teatro Nazas, la Plaza de Armas y por qué no, el poniente de la ciudad. Es bien sabido entre los urbanistas que el espacio dispone, condiciona; en este sentido, la dignificación del Centro es un paso para contribuir a construir un Torreón incluyente.

viernes, 28 de mayo de 2010

El general en su laberinto


Mucho se opina sobre la inseguridad. Esta semana, un grupo empresarial de la región exigió la renuncia del General retirado Bibiano Villa, quien ahora se desempeña como director de Seguridad Pública de Torreón. 
Este grupo argumenta la falta de resultados, sin embargo, en este caso los críticos no ofrecen una evaluación seria de la seguridad y los comportamientos delictivos. ¿Dónde están los indicadores para medir en el tiempo el problema delictivo? ¿Dónde están los parámetros para evaluar el desempeño?  De poco sirve destituir a uno, para traer a otro, si de por medio no hay instrumentos de evaluación como un semáforo delictivo o una “barómetro” de convivencia donde se fomente el respeto público y el valor de la vida. Quitar a uno para traer a otro, no nos libra del laberinto de la inseguridad. Por cierto, ¿porqué excluir del reclamo a los jueces

sábado, 1 de mayo de 2010

Torreón, La Laguna y la competencia


Lo confieso, me apasionan los estudios, las mediciones. Con el perdón de mis amigos escritores, en más de una ocasión he sacrificado un cuento, una novela, por atender  estudios, estadísticas y manuales. Hay algo de manía en las profesiones.
Dicho esto, en la semana se publicó el importante estudio de Competitividad Urbana 2010, realizado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). Se trata de la segunda edición del índice que ubica a los municipios y zonas metropolitanas más competitivas del país, no sólo en el ámbito económico, sino en oportunidades de bienestar social, educación e incluso en capacidad de relaciones globales. 

El IMCO presentó su investigación sobre el desempeño de 86 ciudades, a través del análisis de 111 variables agrupadas en 10 factores de competitividad. Las 86 ciudades estudiadas producen cerca del 80% del PIB nacional, concentran al 65% de la población, al 70% de la fuerza laboral del país y al 86% del talento nacional.

Esto hace del Índice el más completo en su categoría y una útil herramienta para la recomendación, implementación y mejora de las políticas públicas referentes a las ciudades del país. El propósito del informe es dar a conocer la situación actual de las ciudades mexicanas más importantes en términos poblacionales y de producción, así como dar un panorama amplio sobre las líneas de acción de política pública en las que es urgente actuar desde todos los órdenes de gobierno y desde la sociedad, para que las ciudades se transformen en actores que impulsen el crecimiento económico del país y donde sus habitantes tengan una mejor calidad de vida.

Los principales elementos de competitividad urbana que aborda el estudio son seguridad, gasto de agua, sistemas de transporte, oferta educativa, facilidad para hacer negocios, finanzas públicas sanas y transparencia gubernamental. 

De esa manera, entre las primeras cinco ciudades que más avanzaron durante los años 2006 a 2008, están Colima, Los Cabos, Mexicali, ¡Monclova! y Querétaro. Las cinco que más retrocedieron: Ciudad Juárez, Ciudad del Carmen, Valle de México, Zacatecas y Ciudad Victoria.  La ciudad más competitiva del país es la zona metropolitana de Monterrey.
En todo esto, ¿dónde está Torreón y La Laguna? De acuerdo al Índice, Torreón es considerado como zona metropolitana junto con Matamoros, Lerdo y Gómez Palacio. Su desarrollo es medio alto,  al igual que 32 ciudades más, sin embargo, tres limitantes le impiden avanzar al siguiente nivel de competitividad, para entonces sí, colocarse entre las 15 ciudades más competitivas: 1) el deterioro del medio ambiente, 2) el mercado de factores (capital+trabajo+territorio) y 3) la baja participación internacional.


En el estado de Coahuila, Monclova fue unos de los municipios a nivel nacional que más avanzó, en cambio, Durango capital, ahora en elecciones, fue uno de los que retrocedió. Saltillo es un caso que serviría para ejemplificar lo que no se debe de hacer con un gobierno municipal. Por eso “destaca” en el Índice por tener un sistema de “gobierno débil”. Y claro está: alcaldes que van y vienen, gasto excesivo en burocracia y falta de transparencia.
En el panorama nacional, dos ciudades fueron notables por contribuir a la exclusión social: Michoacán y Oaxaca, ya que ahí se registraron las peores prácticas en materia educativa. El deterioro por la inseguridad en varias ciudades entre ellas Ciudad Juárez, también afectó las posibilidades del desarrollo.

No obstante, desde el enfoque del estudio, no sólo se detectan las problemáticas que mantienen en el atraso a una ciudad, sino también se proponen las alternativas para salir adelante.
Tras leer las casi 300 páginas, el estudio concluye que la mayoría de las ciudades en México enfrentan serios problemas de crecimiento desordenado, inseguridad, contaminación del agua, congestión vial, sobrerregulación y baja capacitación de la fuerza laboral, además de una capacidad limitada para competir a nivel mundial. De ahí que el IMCO proponga “acciones urgentes para las ciudades del futuro”. Pero de esas acciones, hablaré la próxima semana.

sábado, 10 de abril de 2010

100 días de Lalo Olmos



Cien días, ¿son pocos o muchos para conocer a un gobierno, valorarlo? Desde la inmediatez, cien días apuntan actitudes, muestran pulsos, forman impresiones. En este sentido, los primeros cien días del gobierno municipal en Torreón, a cargo del alcalde Eduardo Olmos Castro, han marcado actitudes, pulsos e impresiones en los ciudadanos.
Una primera actitud la conocimos desde la sesión solemne de Cabildo en el teatro Nazas, cuando el gobernador Humberto Moreira anunció de propia voz el arranque de obras estatales en el municipio y el claro apoyo al alcalde. Lo más visible de ese apoyo ha sido la pavimentación y el mantenimiento urbano de las principales vías de la ciudad. Este hecho, espectacular por su arranque, dejó en claro la naturaleza de la relación entre el municipio y el estado, sobre todo, por emanar del mismo partido ambos gobernantes. Algunos han criticado la actitud al acusarla como partidista o de plano, por dejar el gobierno municipal al estado.

Aunque en principio, el protagonismo del gobierno estatal en Torreón es positivo y palpable para el mejoramiento de la ciudad, también resulta ambivalente. ¿Quién genera la directriz, quién marca el rumbo? Por lo pronto, no podemos negar que ahora sí tenemos gobernador con todas sus letras en Torreón y ojalá esto concrete inversiones, avances y un apoyo irrestricto, sobre todo, en la tan deteriorada seguridad pública.
Asimismo, el pulso de estos primeros cien días exhibió algunos funcionarios carentes de la experiencia que exige el servicio público. Entre ellos, el tesorero Pablo Chávez Rossique se llevó la mayoría de las menciones. Y vaya que hay diferencias entre la administración pública y privada como lo ha demostrado el desempeño del novel funcionario. Desde el manejo de la nómina, hasta el “buen” trato a instancias ciudadanas que administran parques, institutos, asociaciones, organizaciones no gubernamentales. Pero más allá de este primer pulso, si Chávez Rosique quiere ayudar al gobierno de Eduardo Olmos, deberá demostrar en el largo plazo dos aspectos: un manejo transparente y pulcro de las finanzas municipales; aunado a un fortalecimiento de los principales indicadores financieros que hacen de Torreón, un ayuntamiento competitivo. Caso contrario, podría llevar al desastre de la “exuberancia irracional” que ocurre con el ayuntamiento de Saltillo, donde la mayoría del dinero de los contribuyentes se destina a burocracia y gasto corriente.

Otro pulso que todavía está por definirse, es el desempeño de la Contraloría al mando del ingeniero Lauro Villareal. Ahí se han anunciado irregularidades, supuestos malos manejos que la administración anterior cometió, sin embargo, para tener credibilidad, es necesario (antes de acudir a los medios), fundar los hechos, y no presentar simulaciones de rendición de cuentas. A lo mejor le conviene a este funcionario, recodar por qué fracasó la alternancia panista en su “intento” de mejorar el gobierno.
Porque si de mejorar se trata, dónde quedaron los pocos indicadores de desempeño que venían operando. ¿Cuál será la propuesta del Contralor para impulsar mecanismos de control, transparencia y rendición de cuentas que a la vez conozcan los ciudadanos?

Pero cien días son pocos, si queremos evaluar con seriedad el desempeño de programas y acciones de largo aliento. Por eso, áreas como la Dirección de Seguridad Pública, a cargo del General Bibiano Villa, necesitan de una construcción persistente, constante, consistente. La depuración de malos elementos policiacos, puede ser rápida como recientemente sucedió en el mes de marzo, pero generar las bases de una corporación confiable y eficiente, comprometida y honesta, llevará años de duro trabajo donde las decepciones no serán pocas.

Una forma razonable de evaluar la seguridad más allá de las opiniones o los datos periodísticos, es la publicación puntual de un “barómetro del delito” (véase mi blog, 1/11/2008). En este punto, la página de internet del ayuntamiento podría ser un buen medio para conocer la evaluación. Sin embargo, resulta todavía pobre el uso de ese medio. La subutilización de la página expresa la limitada “idea” que se tiene sobre el gobierno electrónico. Por cierto, alejada de las obligaciones que en transparencia debe contener.
El alcalde Olmos, tras sus primeros cien días, sabe que el éxito de su gobierno, depende en buena medida de los resultados que entreguen sus colaboradores, pero al mismo tiempo, de la visión e inteligencia que guíe al gobierno. ¿Habrá tal?

twitter.com/uncuadros

domingo, 14 de febrero de 2010

Juárez-Torreón



El discurso sobre la guerra siempre es más extenso y brillante que el de la paz.
Aún así, no podemos renunciar a la inteligencia, a la civilización más que a las armas, la violencia, la barbarie. En lo inmediato se ha atendido más con las armas que al la construcción del largo plazo en las bases de la sociedad. Así han pasado tres largos años, porque se apostó más a la violencia que a la reconstrucción social. Primero fueron las policías y luego el ejército. Pero poco se avanzó en educación, en dignificación de espacios, en la multiplicación de oportunidades. Y este es justamente una ruptura visible que podemos leer para las propuestas que los gobiernos Federal y Estatal han anunciado para Juárez y Torreón.

En el caso de Ciudad Juárez, el Presidente Felipe Calderón constató los reclamos directos de varias madres de familia cuyos hijos fueron asesinados. El sentido reclamo de una de las madres, Luz María Dávila expresó en buena medida la desesperación, la impotencia y el dolor que hay detrás de muchos mexicanos. “Lo que quiero es justicia” reclamó la señora Dávila.
¿Qué hacer entonces? Nuevamente se anunció un plan, un cambio de estrategia. Calderón, además de ofrecer disculpas a las madres, anunció un plan para Juárez. En el encuentro denominado: “Todos Somos Juárez, Reconstruyamos la Ciudad”, el Ejecutivo Federal informó que la propuesta comprende cuatro ámbitos: la recomposición del factor institucional; el factor operacional y la depuración de las policías; el factor social, que incluye los temas de educación, salud, espacios públicos y, la participación ciudadana.

¿Hay novedad en la propuesta? ¿Tiene sentido después de tanta violencia? Los dos primeros rubros ya los conocemos y también los desalentadores resultados, pero los últimos dos, resultan novedosos en el discurso gubernamental.
El plan propuesto incluye explícitamente dos elementos destinados a atender algo más profundo y de largo plazo como son: educación, valores, cultura cívica, atención a grupos vulnerables, rescate de espacios públicos. Pero al mismo tiempo, reconoce el ejecutivo que “no escucharon” a la ciudadanía, y para lo cual se pretende privilegiar la participación ciudadana. Se trata pues de mecanismos como las políticas públicas e incluso la gobernanza, para ir más allá de la gobernabilidad.

Quizá por eso, en su discurso del 9 de febrero en Palacio Nacional, el Secretario de la Defensa, el General Guillermo Galván, incluyó en su discurso el concepto de “cohesión social” como signo del cambio de estrategia. Ante el fracaso de las armas, ante el efecto limitado de la fuerza, comienzan a cobrar fuerza conceptos como integración social, inclusión, cohesión social, cultura cívica.
En un importante estudio de la región latinoamericana, la CEPAL midió el impulso de esas prácticas encaminadas a la difícil tarea de restaurar el tejido social. Retomo el siguiente extracto: “En física, una definición simple de cohesión considera el cruce de tres variables que relacionan los elementos dados de un conjunto, a saber: la distancia entre los elementos, la integración entre ellos y el todo y la fuerza que los conecta. Respecto de la vida en sociedad, guardando las diferencias pero rescatando las analogías, la cohesión puede entenderse como el efecto combinado del nivel de brechas de bienestar entre individuos y entre grupos, los mecanismos que integran a los individuos y grupos a la dinámica social y el sentido de adhesión y pertenencia a la sociedad por parte de ellos”.

De esa manera, la cohesión social se refiere tanto a la eficacia de los mecanismos instituidos de inclusión social como a los comportamientos y valoraciones de los sujetos que forman parte de la sociedad. Los mecanismos incluyen, entre otros, el empleo, los sistemas educacionales, la titularidad de derechos y las políticas de fomento de la equidad, el bienestar y la protección social. Los comportamientos y valoraciones de los sujetos abarcan ámbitos tan diversos como la confianza en las instituciones, el capital social, el sentido de pertenencia y solidaridad, la aceptación de normas de convivencia y la disposición a participar en espacios de deliberación y en proyectos colectivos (Cohesión social, Cepal, 2007).

Visto en nuestro entorno lagunero, resulta coincidente ese cambio de estrategia en relación a la problemática de la inseguridad. El Gobernador Humberto Moreira también anunció un nuevo “Plan Torreón”, el cual ya no se centra exclusivamente en los cuerpos de seguridad, sino se desdoblará, según se anunció, en “acciones en materia de empleo, economía familiar, educación, deporte y servicios primarios”.

Ambos anuncios de planes para Juárez y Torreón son en principio positivos por su intención social, no obstante, falta conocer los detalles, la letra pequeña. Falta ver, para bien de la sociedad, el impacto de los mismos en esa necesaria labor por la cohesión social.

el siglo de torreón
13 de febrero 2010
twitter.com/uncuadros

viernes, 29 de enero de 2010

Cronista de Torreón



Leo con gusto el artículo, “Blogs sobre historia regional en México,” escrito recientemente por el prestigioso investigador Felipe Castro, quien es doctor en antropología e historiador de la UNAM. Al respecto escribió sobre el blog cronicadetorreon.blogspot.com, del Dr. Sergio Antonio Corona Páez, quien es además Cronista de la ciudad: “es un buen candidato al título de blog activo más antiguo sobre historia de México, dado que está en línea desde septiembre de 2006. El autor es un estudioso de la historia local, con varias publicaciones sobre el tema, y en este blog ha escrito asiduamente sobre lugares, acontecimientos y tradiciones del pasado. No olvida, tampoco, que un historiador se interesa por el pretérito, pero no es un anticuario, de modo que comenta y opina sobre los sucesos contemporáneos de su ciudad, particularmente en lo que se refiere a su patrimonio histórico”. Desde estas líneas felicitamos al cronista por difundir la historia en uno de los blogs más activos del país. Las más de 122 mil visitas y los cientos de artículos lo demuestran. No dejen de visitar frecuentemente el blog.

domingo, 17 de enero de 2010

Del esplendor al ocaso




Hace ya algunos años tuve el privilegio de seguir de cerca la gestión y conclusión de una investigación que había estado relegada en la historia de Torreón: el desarrollo urbano. Por una u otra razón los estudiosos del pasado habían dejado entre paréntesis ese tema. Se sabía de la importancia, se conocían las fuentes, se habían sugerido ya algunas líneas de investigación, pero el tema seguía ahí, a la espera de ser develado. En este sentido, la publicación del libro “Entre el esplendor y el ocaso algodonero: ensayo sobre el desarrollo urbano de Torreón”, de Javier Ramos Salas, llena con solidez ese hueco para nuestra historia. La investigación fue publicada bajo el sello editorial del Gobierno del Estado y consta de 276 páginas.

En algún lado el gran Víctor Hugo había expresado con exactitud una idea que retoma bien este libro: la ciudad es una escritura. De ahí que Ramos Salas, economista de sólida formación y empresario desarrollador de vivienda, se propuso en su investigación leer la ciudad, interpretar las huellas de ese pasado urbano que va desde los orígenes del rancho del Torreón hasta la primera mitad del siglo XX.
Ramos Salas nos comparte sus interrogantes: ¿Cómo se construyó la ciudad? ¿Cuáles eran las circunstancias? ¿Quiénes proyectaron lo que ahora es el Centro Histórico de Torreón? ¿Cuánto trabajo les costó a esos pioneros del desarrollo urbano iniciar la ciudad? ¿Cuál era el papel del Ayuntamiento en la nueva empresa de formar una ciudad?

Estas y otras preguntas las responde Ramos Salas con una precisa referencia a numerosas fuentes documentales y archivos, ubicados lo mismo en Torreón que en la ciudad de México. El investigador ofrece una acuciosa y bien construida explicación de la historia urbana a través de tres valiosas herramientas: la del historiador, porque consulta, coteja y verifica con todo rigor la evidencia documental; la del economista porque encuentra y hace comprender la relación del valor entre la tierra y el desarrollo citadino; y finalmente, la propia experiencia empresarial del planificador urbano que le permite comprender la problemática de construir la ciudad.
La combinación de estas herramientas da como resultado un genuino trabajo de historia en todo el rigor de la palabra. En este sentido, la pertinencia de la investigación ofrece tres lecturas fundamentales: la comprensión del pasado en función presente, pero también del futuro. Ante la problemática que plantea toda ciudad, y más el de una región como la Comarca Lagunera, el autor le preocupa lo que viene:

“¿Qué ciudad y qué sociedad estamos construyendo hoy en día? ¿Qué estamos haciendo mal y qué tenemos que corregir? ¿Qué sociedad y qué ciudad o ciudades queremos para las nuevas generaciones de laguneros que vienen después de nosotros?”
Con la profundidad que permite la historia, Ramos Salas piensa en el futuro y su libro es, no me queda la menor duda, una referencia para el actual desarrollo urbano de Torreón, y más aún, para el buen camino de la recién creada Zona Metropolitana de La Laguna. Sin embargo, quienes vemos la historia como quehacer profesional, no sólo buscamos el pasado por el pasado, como mera nostalgia o colección de datos memorables, sino con una utilidad práctica. La historia ofrece experiencias, casos, lecciones; propone las pautas para comprender el presente y por qué no, entrever el futuro.

Al escribir la historia urbana, Ramos Salas echa luz sobre el pasado porque asumen que así se comprende mejor el presente. Por eso su trabajo nos lleva al pasado porque en realidad nos propone la proyección de un futuro deseable.
Su propuesta de una nueva integración de la ciudad-región ante las nuevas realidades que nos han sobrepasado preocupantemente, lo llevan a proponer alternativas en torno a temas como el agua, las rutas de transporte y comunicación, entre ellas un aeropuerto en la también ciudad metropolitana de Matamoros.

Tras una época de esplendor, la región se sumió en una crisis que la llevó a reconvertirse económicamente. Pasamos de la vitivinicultura en la época colonial al algodón, tal y como lo ha estudiado magistralmente el Dr. Sergio A. Corona Páez. Tras el ocaso algodonero, la región cambió a la ganadería y la industria láctea a mediados del siglo XX. Sin embargo, al estancamiento de los últimos años, la región está en busca de una nueva identidad que le regrese al fin, la vitalidad creadora que caracterizó a los laguneros de antaño.
Por lo pronto, un signo de los nuevos tiempos que enriquece la historia lagunera, es la aparición del libro de Ramos Salas y su oportuna contribución de ampliar el conocimiento sobre nuestro pasado lagunero.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Torreón en datos duros




Para Heriberto Ramos

¿Quién es quién en los municipios de Coahuila? ¿Cuáles son los municipios que presentan el mejor desempeño general? ¿Bajo qué criterios medir los resultados? ¿Cómo comparar los 38 municipios y en relación a qué? Esta semana la Auditoría Superior del Estado de Coahuila, dirigida por el contador Armando Plata Sandoval, presentó nuevamente un panorama general y preciso, claro y contundente, cuidadoso y necesario sobre las finanzas del Estado.ç

El Informe del Resultado de la Cuenta Pública 2008, compila el desempeño de los municipios y demás entidades en el Estado durante los últimos cinco años. Se trata de un documento técnico y extenso sobre la aplicación de los recursos públicos, es una especie de “Quién es quién de los municipios” que permite conocer con precisión el estado de las finanzas públicas. El Informe se construyó por medio de ocho indicadores básicos en referencia a un punto común (la media estatal por ejemplo) que permite compararlos. Esos indicadores van desde la autonomía financiera de los ayuntamientos (recursos propios) hasta la eficiencia administrativa y su proporción en relación al gasto corriente y la inversión pública.

En este sentido, bien vale echar un vistazo a los datos concretos del Informe, para así entonces, situar al municipio de Torreón. En el tema de la autonomía financiera, es decir, donde se mide cuánto vale el municipio en relación a los ingresos propios que recauda, podemos dimensionar para la base del presupuesto que se ha ejercido en 2008, 1447 millones de pesos), que sólo vale menos de la mitad: 41% (593 millones) son generados por el municipio. El resto se completa con participaciones federales y estatales. De ahí la importancia para el municipio de generar una recaudación eficiente de los impuestos locales, para así proyectar un presupuesto estable de recursos no petroleros. De esa manera los municipios de Ramos Arizpe, Torreón e Hidalgo son los que mayor autonomía tienen en el Estado. Los que menos ingresan: Lamadrid, Viesca y Abasolo.

Si analizamos el indicador de la proporción del gasto corriente, el cual se refiere al dinero utilizado para que la administración municipal opere, Torreón dedica 53% del total de sus recursos, lo cual es una cifra alta que refleja la ineficiencia en términos de administración pública. Lo deseable es alrededor de un 30%, porque mientras más cueste operar un ayuntamiento, menos inversión pública beneficiará a sus habitantes. Ahí el costo de oportunidad es alto. Sin embargo, en Coahuila hay municipios más ineficientes aún: Allende dedica 79% de sus recursos; Frontera 79% y San Juan de Sabinas 77%. Saltillo por ejemplo, un municipio de dimensiones similares a Torreón, utiliza hasta un ¡66%! de sus recursos para funcionar. Esto quiere decir que a los contribuyentes de esa ciudad les sale, como dice coloquialmente en sus clases el economista Isaac Katz, “más caro el caldo que las albóndigas”. Todo un reto de eficiencia tiene el alcalde electo Jericó Abramo Masso.



En el tema de la burocracia, los recursos destinados a servicios personales y pago de personal, el ayuntamiento de Torreón creció (¿justificadamente?) en los últimos seis años su nómina. En el año 2004 se destinó 278 millones, en 2006 pasó a 335 millones para luego llegar en 2009 a 442 millones. Se disparó la nómina, pero no así los servicios, la calidad, ¿la eficiencia?
En este sentido, los ayuntamientos que más gastan en burocracia, paradójicamente son municipios pequeños como San Buenaventura que dedica 48% de su presupuesto, Francisco I. Madero con 47% y Nadadores con 44%. Torreón gasta 29% y Saltillo 34%.


¿Y con tanto gasto cuánto queda para la inversión pública? Poco cuando se sostiene un elevado gasto corriente. Los ayuntamientos que más invierten por cuenta propia son Candela (58%), Progreso (56%) y Ramos Arizpe (47%). Saltillo invirtió la raquítica suma de 22%. Torreón asignó el 32%, con la particularidad de que en los últimos seis años esa inversión ha competido con lo gastado en burocracia. Si a esto le sumamos el gasto corriente, sencillamente concluimos que a los ciudadanos no sale más caro sostener el funcionamiento del ayuntamiento que el beneficio obtenido.


Por lo tanto, lo que éste regresa en bienes y servicios a los habitantes llega muy mermado. Gastan un peso, pero nos regresan menos de 50 centavos. Si lo planteamos en términos de utilidad, sale perdiendo la ciudadanía, lo cual produce un alto costo de bienestar social.






Me queda claro que si en el próximo Ayuntamiento de Torreón se lo proponen, el alcalde electo Eduardo Olmos, bien puede fincar las bases e iniciar la construcción de una administración eficaz y razonable, competitiva y fuerte, pero sobre todo, a favor de los ciudadanos.

sábado, 8 de agosto de 2009

Habemus candidato




Tras las especulaciones y los deseos por la alcaldía de Torreón, esta semana se definieron al fin, los candidatos del PRI y el PAN. Por un lado, Eduardo Olmos competirá nuevamente por la tan añorada presidencia, misma que le peleó al ahora alcalde José Ángel Pérez. En aquella ocasión, 2005, el PAN se impuso por 19 mil votos. Ahora las cosas han cambiado, y el PRI, tras arrasar en dos elecciones consecutivas, donde se renovaron diputados locales y federales, estaría en condiciones de doblar esa cantidad. Olmos, quien ha sido señalado y duramente criticado por ir y venir de un cargo público a otro, sin siquiera completar cabalmente un periodo, es también el político que supo esperar con tesón, a pensar de la derrota. La política es una rueda de la fortuna, a veces se gana, y otras se pierde, y ahora Olmos tiene los vientos a su favor. Manejó programas de obra pública y asistencia social, es conocido ampliamente por el electorado y cuenta con la venia del gobernador.
Por otro lado, en el PAN se han decidido, lo cual sorprende tras la perpetua división interna, por el diputado Jesús de León Tello como candidato de unidad. Quizá en el PAN estén aprendiendo que una “casa dividida, no puede permanecer de pie”, o al menos, esa es la señal que han dado algunos de sus miembros. Por ejemplo, Rodolfo Walls, quien se perfilaba como el delfín de Pérez Hernández, declinó a favor de León Tello para ir a su planilla como regidor, lo cual es muy probable que lo veamos en el próximo Cabildo. Aún así, los intereses de algunos grupos, podrían meterle ruido al candidato de unidad. De León Tello enfrenta un reto enorme, en tanto tendrá que recuperar la confianza perdida en el PAN, tras la mediocre y desafortunada administración actual. Y la confianza, no es un asunto que se cultive con dinero, tinacos o pintura, sino con hechos claros y razonables de un gobierno de calidad. Con de León Tello, el PAN lanza a un candidato con una trayectoria razonable como legislador y a un joven con meteórica carrera política.

Pero independientemente de los escenarios electorales que ya se perfilan en las encuestas, incluso, más allá de quien gane la alcaldía de Torreón, conviene reflexionar en torno a los retos de corto y largo plazo que enfrenta la ciudad. No son pocos los problemas que tenemos, ni tampoco son ilimitados los recursos para afrontarlos. Quien sea el próximo alcalde, asumirá en lo inmediato, un ayuntamiento en crisis.
Sin ánimo de enumerar todas las problemáticas, bien vale concentrarse en tres principales: 1) La basura y el contrato de limpieza; 2) Los policías y la seguridad pública; y 3) La salud de las finanzas públicas.

En lo inmediato, la actual administración renunció a un retiro digno de su gestión, tras complicarse innecesariamente el contrato para el servicio de limpieza de la ciudad. Ya en otros artículos de esta misma columna, he comentado, cómo la decisión que se tome al respecto, reflejará el compromiso y la visión de largo plazo del gobierno para con los ciudadanos. No sólo se trata de contratar una empresa para recoger la basura, sino de construir un futuro sostenible para la ciudad del siglo XXI.

El segundo punto, es quizá el más espinoso de los temas, pues tiene que ver con un asunto vital para la ciudad: la seguridad pública. Luego de la “depuración” y la evidencia de infiltración en la policía, el asunto de los policías cesados, no encuentra una clara solución, y mientras tanto, las consecuencias de ese problema, las seguimos pagando los ciudadanos. ¿De dónde sale el dinero público, sino de los contribuyentes mismos?

Finalmente, el dinero ante la crisis se ha estrechado. El gobierno no es la excepción, y las finanzas públicas de todos los niveles lo están resintiendo, lo cual se traducirá en un reajuste presupuestal para el próximo año. El ayuntamiento, recientemente pidió al Congreso Estatal, la autorización de un crédito por 174 millones, pues el dinero no le alcanza. De una u otra manera, el próximo ayuntamiento, deberá ser más cuidadoso y racional con el gasto y las inversiones.
A todo esto, ¿qué van a proponer los candidatos? ¿Cuál será su visión para enfrentar estos problemas? Y sobre todo, ¿cómo le van hacer? Estaremos atentos a sus propuestas.

El Siglo de Torreón
8 de agosto de 2009

jueves, 18 de junio de 2009

PASA y el Buen Gobierno



El Instituto Ciudadano para el Buen Gobierno, encargado de velar por los intereses ciudadanos, enfrenta su primera prueba de fuego con el caso de la basura y la nueva licitación que abrirá el Ayuntamiento de Torreón. Como ha señalado Transparencia Internacional, los grandes contratos y las concesiones públicas millonarias, tienden a ser atractivas para arreglos irregulares y actos de corrupción. Ahora que el Instituto está en funciones, tiene la obligación y sobre todo, el motivo, para demostrar su compromiso con los ciudadanos, y al mismo tiempo, garantizar los mejor términos para el manejo de la basura en la ciudad. De lo contrario, estaríamos ratificando las viejas inercias de un régimen político, ineficaz y corrupto. ¿O ya se nos olvidó cómo se licitó hace 15 años la concesión de PASA?

sábado, 23 de mayo de 2009

302


Después de la Influenza y el síndrome del cubrebocas en el país, nuestra ciudad, Torreón, nuca se apartó de lo “normal”: balaceras, enfrentamientos, narcomantas, levantones, secuestros, policías baleados, muertes entre mafiosos y al paso, de civiles.
Sin olvidar que un día asaltan un banco y al otro también. Ahora, que la crisis de salud se distensó, volvemos a recordar duramente nuestra realidad con los sucesos violentos de esta semana: persecuciones, balaceras, asesinatos. Habrá que volvernos a preguntar: ¿Será que ya nos acostumbramos a la “normalidad”? ¿Será que como sociedad ya cedimos, y por lo tanto, dimos por perdidos esos espacios? Porque si no es así todavía, eso parece.

Dentro del marasmo que todo esto conlleva, en la semana sucedió lo ya se espera tiempo atrás: la destitución de 302 policías. Unos por no acreditar los exámenes de confianza, otros por abusar de la misma, y otros más por delinquir; lo cual constató, la gravedad y profundidad del problema. Si bien, la decisión del presidente municipal, José Ángel Pérez Hernández, llega un tanto tarde, no podemos dejar de reconocer la transcendencia de la misma, pero sobre todo, la necesidad inevitable de tomarla. La contundente decisión del Alcalde, es sin duda, una buena señal para los ciudadanos, y también una bocanada de aire fresco para la vulnerada institución de Seguridad Pública Municipal. Por otro lado, la decisión verifica una vez más, lo que era ya de conocimiento público: una policía infiltrada, indisciplinada, organizada, no para defender a los ciudadanos, sino para actuar en contra de ellos. ¿Digo algo nuevo que no describa a otras corporaciones de seguridad en los tres niveles de gobierno?

Por diferentes violaciones a los reglamentos, ordenamientos y como declaró el edil, “por haber incurrido en actos de conducta y acciones reprobables indignas de su investidura que lastiman a nuestra sociedad”, fueron destituidos, sin derecho a indemnización, los policías. La descripción de los hechos y las responsabilidades, muestran la dimensión, y más aún, la facilidad con la que las instituciones encargadas de resguardar la seguridad de los ciudadanos, se vuelven contra ellos. Desde prácticas como extorsión, consumo de drogas, sabotaje y daños al equipo satelital GPS de las patrullas, robos, lesiones e incluso secuestros, son algunos de los delitos imputados a los ex policías. Por lo menos 8 policías cesados, fueron acusados de participar en secuestros. A la lista hay que sumar 55 más señalados por cometer robos y lesiones con violencia; 38 por sabotear el equipo satelital de las patrullas; 26 comandantes y mandos medios encargados de coordinar la vigilancia y el patrullaje en diferentes sectores de la ciudad.

A pesar de las vicisitudes del edil, que no han sido pocas ni menores, no hay que escatimar méritos a la decisión de Pérez Hernández, de hecho, este es el tipo de acciones que los ciudadanos quisiéramos ver con más frecuencia, pero también, este es el alcalde que quisiéramos ver más seguido.
La decisión del miércoles pasado, sienta un precedente en el país, y aunque ya habíamos sabido de destituciones y depuraciones en la policía de otros parte del la República, ninguna tiene la magnitud de la sucedida en Torreón. De cierta manera, uno puede plantearse a la luz de los hechos locales: ¿porqué otros gobierno no han realizado una depuración similar, y si no lo han hecho, estarán dispuestos a hacerlo?

Al final, la tarea que viene, es larga y compleja, y la otra cara de la moneda, no le corresponde al gobierno, sino a los ciudadanos. Porque así como están las cosas, las alternativas para mejorar la situación en torno a los problemas de la seguridad, necesitan de la confluencia de los ciudadanos, no del abandono. Por ejemplo, el triste hecho de que 78% de los mexicanos considera que es el gobierno quien debe solucionar los problemas, y sólo un 16%, piensa que la sociedad es corresponsable (Encup, 2008), refleja que los ciudadanos no se perciben como agentes de cambio, y que por lo tanto, no son parte corresponsable de la seguridad. Esta crisis no sólo se trata de armas y fuerza, sino del compromiso y la colaboración que los ciudadanos decidan.

martes, 16 de septiembre de 2008

De controversias y fallos

Lo que puedas arreglar pacíficamente, no
lo intentes arreglar por la guerra o por un proceso

Régis Debray

La política, duro terreno para ingenuos y desesperados, es tan también el terreno de disputas, conflictos, diferencias y tempestades. Un malentendido de forma, puede llevar a un problema de fondo, de la misma manera que una mala relación aumenta innecesariamente las diferencias. Los que saben de estas cosas, prefieren antes que nada, la política en frío -cálculo, paciencia, prudencia-, que la política en caliente, donde las pasiones se desbordan por encima de la razón.

En abril de 2007, año del centenario, el Ayuntamiento de Torreón al mando de José Ángel Pérez, decidió impugnar ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la creación de la Secretaría de Desarrollo Regional de La Laguna (SDRL) por considerar que invadía la esfera municipal y su autonomía, además de duplicar funciones con la actual administración. Aunque en el fondo se vio con recelo la dependencia estatal por pretender ejercer funciones electoreras.

El suceso desencadenó una abierta disputa entre algunos funcionarios del gobierno municipal y estatal, especialmente entre el alcalde de Torreón y el Secretario Eduardo Olmos, ahora candidato a diputado local. En medio de los dimes y diretes, una ocurrencia del edil lagunero obligó a parar las obras realizadas por el gobierno estatal en la ciudad. Justo cuando parecía calmarse las aguas, regresaban los golpes de ambos lados. Después de un largo, costoso y desgastante proceso para ambos gobiernos, pero sobre todo para el gobierno panista, vino la resolución de la Corte sobre el caso.

¿Quién tiene la razón? ¿Es inconstitucional la SDRL? Finalmente, el pasado 5 de agosto, la respuesta de los 11 Ministros de la Corte fue unánime: la SDRL no es inconstitucional, ni tampoco puede considerarse que invade la esfera municipal. En tanto se supo la noticia del fallo, la mayoría de los medios regionales interpretaron el hecho como un revés al gobierno municipal.
Sin embargo, es limitado pensar que el Gobierno de Humberto Moreira ganó y el de José Ángel Pérez perdió. Ya bien lo decía Carlos Castillo Peraza, el filósofo de la transición en México, un buen político es aquel que le ahorra tiempo a la gente. Si aplicamos este argumento a la multicitada controversia constitucional entre el Estado de Coahuila y el municipio de Torreón, veremos que no solamente los ciudadanos perdimos tiempo, sino también dinero y esfuerzo.

Al final no ganó el Estado ni el municipio, ni tampoco la decisión de la Corte sentó un precedente trascendente para los municipios en México. Al final, los que perdimos fuimos los ciudadanos. No Moreira ni Pérez. Así nuestra política.
Players of life
septiembre 2008

sábado, 13 de septiembre de 2008

Más sobre el Interregno


Todos son culpables, excepto yo
Céline


Apenas ayer, en un trasnochado festejo del centenario, era recibido con aplausos y rancia pletesía el alcalde José Ángel Pérez Hernández. El ejemplo sirve al caso como una analogía del poder: nada más efímero que los aplausos y la gloria. Hoy estás arriba y mañana abajo, decía el sabio florentino de la política. Y así está el alcalde de Torreón después del asunto de los policías, ya tristemente célebre en las páginas nacionales, en la consciencia de los laguneros. El enfrentamiento entre policías federales y municipales, la muerte de un policía, la corrupción de un grupo de agentes locales, el cese de Alfredo Castellanos, director de la Dirección de Seguridad Pública Municipal (DSPM), terminó por generar auténticas horas de interregno en la ciudad. Hablamos de un espacio de tiempo en que un Estado no tiene soberano, de la misma manera que la ciudad quedó por momentos sin mando, ni gobierno.
Mientras tanto, lo que si fluyó con rapidez fue la noticia del enfrentamiento y el escándalo inadmisible de corrupción. La respuesta de las autoridades locales llegó tarde y mal. Entre la cantinfleada del invisible Secretario del Ayuntamiento y las declaraciones desafortunadas del alcalde Pérez Hernández, la situación conllevó a un clima de incertidumbre, desorden y confusión.
En medio de la conmoción, la Secretaría de Seguridad Pública del Gobierno Federal, publicó dos boletines (http://www.ssp.gob.mx/) donde confirmó la relación con el crimen organizado de un grupo de policías adscritos a la DSPM.

Al escándalo vino la desorganización, el desconcierto y la torpeza de Pérez Hernández y sus colaboradores más cercanos, misma que no pudo ser solventada por ninguno de sus notables asesores. Las pasiones a flor de piel, llevaron a echarle leña al fuego innecesariamente con imprudentes declaraciones, pero tampoco faltaron los oportunistas, como Horacio del Bosque, presidente del Congreso de Coahuila, que anunció la peregrina iniciativa de quitar a Pérez Hernández en un plazo no mayor a 72 horas. Por otro lado, el papel del gobernador Humberto Moreira fue prudente y recordó lo que ya había dicho tiempo atrás sobre la policía municipal, e incluso reiteró el apoyo y la colaboración del Gobierno Estatal. No faltaron las acusaciones y culpabilidades: que si el problema del secuestro, que si los infiltrados, que si esto y aquello.

Al final se repitió la misma historia que en otros rincones del país. Echarse la bolita, porque el culpable siempre es el otro, nunca uno, ya que no me corresponde. Y esto demuestra una vez más, la pésima lectura que hacen nuestros gobernantes en un momento como este. Si algo exigen los ciudadanos en el sensible tema de la seguridad, es responsabilidad y resultados, no que los gobernantes salgan a repartir culpas y escamotear responsabilidades. A los políticos se les olvida al final que también son gobierno y tienen corresponsabilidades más allá de su estatus municipal, estatal o nacional. A estas alturas, las excusas sólo terminan por insultar la inteligencia de los ciudadanos. Resultan decepcionantes luego, las declaraciones fáciles ante la ciudadanía, cuando claramente las circunstancias requieren de altura, no de retórica ni lugares comunes. Podemos invertir la fórmula, más resultados y menos política.

A diferencia de otros escándalos, más frívolos y anecdóticos, lo que acaba de suceder con la policía municipal, no sólo constata las sospechas y señalamientos que anteriormente se decían, sino que viene a destruir, por acción de un grupo de policías coludidos con el crimen organizado, la poca credibilidad que los torreonenses tenían en su policía. ¿Cómo confiar en las autoridades encargadas de velar por la seguridad? ¿Cómo depositar de nuevo la confianza en los policías que circulan por la calles?

Menuda tarea la de lograr siquiera el beneficio de la duda de los ciudadanos. Se perdió la poca credibilidad que quedaba en los cuerpos de seguridad municipal.

¿Qué sigue para la policía y sobre todo, para los ciudadanos? ¿Está todo perdido? Si pensamos en la carrera política del alcalde, en particular el proyecto político de Pérez Hernández, no es difícil anticipar su estrepitosa caída y casi anulación. Sin embargo, a Pérez Hernández le queda algo más valioso por hacer que estar pensando en candidaturas y elecciones. Trabajar a fondo en limpiar la DSPM, ofrecer información puntual, útil, y por lo tanto, mostrar resultados contundentes, como presentar él mismo a más involucrados, adelantarse antes de que se adelanten a él. A los líderes se les conoce en realidad por sus momentos de crisis y su capacidad para salir del atolladero. Habrá que ir pensando en lo que sigue. Primeramente, exigir los resultados de las investigaciones, tanto las del municipio, como las de la federación. Por otro lado, tratar de recuperar la confianza, pieza fundamental en el orden social, y eso, sólo se logra con eficiencia, con hechos. No con discursos, ni declaraciones.
13 de septiembre, 2008
El Siglo de Torreón

martes, 9 de septiembre de 2008

Interregno


Como interregnum podríamos describir las horas que vivió (¿vive?) la ciudad de Torreón. Lo que empezó como una persecusión de la policía federal terminó en un efrentamiento entre policías federales y municipales... el boletín oficial de la Secretaría de Seguridad Pública registró sobre los municipales: "al ver la presencia de la Policía Federal, intentaron alertar a los cinco presuntos delincuentes, por lo que también fueron detenidos". El hecho desencadenó en 33 agentes municipales detenidos, un muerto, la salida del director de la DSPM... ¿Qué sigue?