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lunes, 18 de septiembre de 2023

Una larga espera. Desagravio y reconocimiento a la comunidad china en México.

Portada de libro 303 (2021)

El pasado 17 de mayo de 2021 se vivió un día histórico en Torreón. Por primera vez el Estado mexicano realizó la petición de perdón a la comunidad china por los agravios cometidos contra la minoría asiática. Los días 13, 14 y 15 de mayo de 1911 la ciudad de Torreón fue tomada por los maderistas. Tras medir fuerzas, el ejército abandonó la plaza ante la superioridad numérica de los alzados. Paradójicamente hubo poca resistencia, pero al materializarse la toma, 303 cadáveres de chinos se apilaron en las calles. Asesinados con sevicia y saña, la multitud celebró un festín sangriento contra los migrantes asiáticos. ¿Cómo explicar la masacre? Durante buena parte del siglo XX, el terrible suceso fue reducido a una anécdota morbosa en el mejor de los casos, pero también se enterró bajo supuestos falsos: “fue durante la revolución”; “los chinos atacaron a los maderistas”; “los mató Pancho Villa”; “ellos se lo buscaron”. Esta última expresión me recordó los aciagos días del calderonismo, cuando en las calles de Torreón se asesinó a diestra y siniestra. En ocasiones gente inocente perdió la vida por encontrarse en medio de la refriega. Al final se repetía la misma explicación: “En qué andarían metidos… por algo los mataron”. La historia da vueltas y se repite. Al paso de los años, la matanza de 303 chinos en Torreón se convirtió en tabú. En su momento, el historiador pionero de la ciudad, Eduardo Guerra, dedicó una hoja y media y sugirió como cierta, la falsa acusación contra los chinos. Más que historia, hubo prejuicio. 

Tras la matanza los maderistas festejaron por la tarde y aunque el crimen era inocultable, el frenesí revolucionario cubrió los hechos. Al pasos de los días la situación fue insostenible y un conflicto internacional se generó entre México y China. Diez días después de la masacre, el eterno presidente de México, Porfirio Díaz, renunció al poder el 25 de mayo. Para justificar el crimen, Emilio Madero, líder de Segunda División del Norte, —la primera quedó al frente de Francisco I. Madero en la toma de ciudad Juárez—, formó una Junta Militar que inventó un informe de 41 páginas al respecto. Es decir, construyó una “verdad histórica”. En tal informe incriminó falsamente a los chinos y esa versión circuló ampliamente en los medios nacionales e internacionales, que en su gran mayoría dieron por verídica la información. Sin embargo, dos investigaciones posteriores, una del gobierno federal y otra del gobierno de China secundado por un despacho de abogados norteamericanos, refutaron las difamaciones contra la colonia china de Torreón. Ambas coincidieron por separado, que la colonia china era pacífica y laboriosa, estaba desarmada y no participó en la defensa de la ciudad.  Los chinos fueron asesinados “odio de razas”, xenofobia y envidia económica. Después de todo, fueron una colonia rica que incluso, llegó a construir un banco que todavía el edificio se yergue en el centro de la ciudad. Por entonces la colonia tenía poco más de 600 miembros. Fue asesinada la mita: ¡un auténtico genocidio lagunero! 

Los chinos fueron pioneros en el cultivo de hortalizas, lavanderías y procuraron la figura de mutualismo en sus empresas comerciales, lo que les permitió ofrecer mejores precios por encima de las prestigiosas casas comerciales como Lozano, Buchenau y Lack. Aunque el gobierno mexicano acordó una indemnización por 3 millones 100 mil pesos oro, además de expresar el desagravio a la bandera China, esto nunca sucedió. La revolución interrumpió la reclamación, no obstante, en el camino llegaron dos presidentes abiertamente antichinos: Obregón y Calles. Por lo tanto, no sólo los asesinaron, sino los borraron de la historia. Sin embargo, el capítulo de xenofobia no terminó ahí sino se extendió en los años veintes y treintas, cuando se formaron cientos de comités antichinos en el país. En Torreón la vergonzosa campaña continuó y tuvo entre sus miembros a prominentes familias, e incluso a dos expresidentes municipales.  ¿Así o más claro? Como Saturno que devoró a sus hijos, los chinos fueron masacrados por los laguneros, desde luego, no todos, pero sí una importante mayoría, entre los que se encontraban las clases bajas, pero también comerciantes, políticos y empresarios. La petición de disculpas a la comunidad china en México por parte del Estado mexicano es significativa porque dignifica la memoria histórica. La ceremonia la encabezó en Torreón el presidente Andrés Manuel López Obrador el pasado 17 de mayo de 2021. 

Fue un acto sencillo y conmovedor. Acudieron descendientes de la comunidad china de varias partes del país. También estuvo el embajador de China, Zhu Qingqiao, quien me enteré hizo un esfuerzo por no expresar sus emociones. Las primeras palabras las pronunció Mónica Cinco, antropóloga e historiadora de la migración china, pero lo más significativo, hija de un migrante chino expulsado del país. Sus palabras cimbraron a quienes estuvimos en la ceremonia, e incluso por momentos algunos quedaron con la voz entre cortada y al borde de las lágrimas, como Sergio Ley, ex embajador de México en China, y un descendiente prominente de inmigrantes chinos. Quienes coincidimos en la ceremonia y después en otras actividades quedamos unidos de antemano por una profunda empatía. Ya fuera por ser descendientes de agraviados o por estudiar la historia como quien busca comprender sus raíces. El acto propuesto por el Gobierno Federal tuvo un alcance internacional y trascendió lo político. Con un discurso sobrio y crítico, el presidente López Obrador mostró su carácter de hombre Estado. 

Sin duda, los símbolos cuentan y la ocasión permitió refrendar los lazos de amistad con China, a la luz de que el Dragón asiático es la gran potencia del siglo XXI. La historia de la masacre es poco conocida, pero los estudios serios sobre el tema representan un psicoanálisis para los laguneros, todavía reacios a reconocer la historia. En cambio, la petición de perdón fue una logoterapia. Hablar y reconocer; entender y comprender. El suceso marcó un momento histórico en la ciudad. Por primera vez en 110 años, la historia fue reconciliación como enseñó Paul Ricoeur. Sin duda el acto histórico propuesto por el Estado mexicano resinificó ese capítulo terrible. Lejos de la negación, la memoria nos permite advertir sobre los peligros de nuestro presente contra otros grupos vulnerables como los migrantes que en su paso por México, son vilipendiados. Pero de igual manera las minorías sexuales, las mujeres. Al final, la historia propició un recuento en el presente, donde los descendientes de la aquellos laboriosos migrantes tuvieron al fin un loable reconocimiento. El Ayuntamiento de Torreón, el gobierno de Coahuila y el Museo Arocena se sumaron con diversas actividades en donde la comunidad china de Torreón fue protagonista. Como corolario el presidente del Congreso de Coahuila, Eduardo Olmos, impulsó un necesario  a los chinos laguneros el día 21 de mayo. A todas luces una resignificación de la historia.

Revista Metropólis, junio 2021

miércoles, 23 de agosto de 2023

Quemar libros

 


Ya lo sabemos, la historia se repite. Cambian los personajes, las formas y el tiempo, pero el drama humano permanece. En días recientes, la polémica sobre los libros de texto se acompaña de expresiones tajantes. "Totalmente mal hechos". Dado el recipiente, la afirmación evidencia el contenido del personaje. Otros califican a los libros de "ideológicos" y "comunistas". Los más atrevidos, llaman a mutilar, arrancar hojas, e incluso a quemar. ¿Qué sigue? Profético, el poeta Heinrich Heine, apuntó un siglo lamentable: "Allí donde se queman los libros, se acaba quemando personas".

Sin embargo, las protestas no son nuevas. Nacieron con la producción de los libros oficiales, cuando se creó la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos en 1959 (Conaliteg). Era la época del Estado fuerte y autoritario, al mando del presidente Adolfo López Mateos, quien encargó al Secretario de Educación, Jaime Torres Bodet (hombre notable), hacer los libros de texto para las escuelas del país. El reto no fue menor. A su vez, la historia unió fértiles destinos en los gobiernos postrevolucionarios. En su administración, el presidente Álvaro Obregón, nombró al filósofo José Vasconcelos, Secretario de Educación en 1921. Asumió su misión a la manera de cruzada cultural. Con más intuición que método, había la necesidad de alfabetizar a la población. Por entonces las cifras eran pavorosas: 71 por ciento de los mexicanos no sabía leer ni escribir.

Apóstol de la educación, Vasconcelos promovió la impresión de una serie de libros clásicos, con su famosa portada verde oscuro. Las colecciones de Lecturas clásicas para niños son memorables, y guardan actualidad. Se imprimieron tirajes de 20 y 25 mil ejemplares por libro, mismos que se distribuyeron gratuitamente. Así llegaron a muchos rincones del país, ejemplares de Platón, Homero, Esquilo, Eurípides y otros clásicos. En suma: que la falta de libros no fuera pretexto. El joven Torres Bodet fue secretario particular de Vasconcelos en la Universidad Nacional y esa experiencia lo marcó, hasta que el alumno superó al maestro. En su papel de Secretario de Educación (1958-1964), procuro dar orden a través una Comisión especializada: Conaliteg. Para el caso nombró al escritor Martín Luis Guzmán, por su amplia experiencia editorial. Las portadas de los primeros libros fueron ilustradas con héroes de la Independencia y la Revolución, por David Alfaro Siqueiros, Roberto Montenegro, Alfredo Zalce, Fernando Leal y Raúl Anguiano. Destaca en particular, la portada de 1962, hecha por el artista Jorge González Camarena. A la larga, esa imagen de la madre patria sosteniendo la bandera, se volvió un símbolo del imaginario nacional. ¡Qué época! Grandes educadores, artistas y políticos en pro de la educación nacional.

Por primera vez el Estado pudo instrumentar una política general y unificada para la educación pública y privada del país, lo mismo en ciudades que en comunidades rurales. Los libros fueron gratuitos, únicos y obligatorios. Sin embargo, la promoción de la educación por parte del Estado a través de los primeros libros de texto oficiales, tuvo numerosas críticas, acusaciones y señalamientos. Las menos, por faltas ortográficas. Lo cierto, es que esos primeros 19 libros publicados entre 1960 y 1961 se hicieron en un tiempo récord y reafirmaron el papel central del Estado en la educación. Por supuesto, la política no gustó a ciertos sectores, que calificaron la propuesta de monopolio. El Partido Acción Nacional vio en la mano estatal un "totalitarismo educativo", con libros "socialistas" contrarios a la fe cristiana. La Unión de Padres de Familia protestó contra los libros de texto gratuitos, por considerarlos inconstitucionales (no leyeron el artículo tercero); además, expuso que "las mentes infantiles quedarán a merced de los vaivenes políticos e ideológicos, antipedagógicos… fracasarán como en la Alemania nazi y la Rusia soviética; coartan la libertad de enseñanza (Excélsior, 1960)".

El cardenal de Guadalajara, José Garibi Rivera, pidió a los padres de familia, velar por la educación, llamó a los profesores sectarios y exigió remedio a una situación "en sumo grado perjudicial". ¿Leer hace tanto daño?

Por su parte, la Barra Mexicana de Abogados criticó el carácter monopólico de los libros, "único, uniforme, y obligatorio, menoscaban la integridad de la familia y sus deberes educativos e impiden el libre acceso a la verdad".

No sólo hubo críticas, sino manifestaciones y protestas en varias partes del país. En Monterrey se afirmó que los libros "tienden a orientar a los educandos en la ideología marxista". En Obregón se manifestaron contra el "comunismo" en la educación. Otra crítica se centró en la explicación del ciclo reproductivo de la vida, pues la Unión de Padres de Familia consideró que la educación sexual es derecho de la familia, no de la escuela, y mucho menos del Estado. Desde un principio, los libros de texto gratuitos estuvieron rodeados de duras críticas. Para 1970, el analfabetismo disminuyó al 25 por ciento de la población. Sin duda, aquella política educativa del Estado logró resultados favorables para el país, en un México lejano a la democracia y las libertades. Vuelvo al punto inicial: cada vez que se renuevan los libros de texto, regresa la polémica, a veces con razón, otras sin ella.

El Siglo 

22 de agosto 2023

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/2023/quemar-libros.html

miércoles, 31 de mayo de 2017

Mejor el jersey de Brady

Foto: CNN http://edition.cnn.com/2017/03/20/sport/tom-brady-stolen-super-bowl-jerseys-recovered/

Ven la tempestad y no se hincan. ¿Cómo entender? Para los aspirantes a nuevos cargos públicos, no importa la vergüenza. Tampoco la dignidad, que es poca cosa frente a la “plenitud pinche del poder”. ¿Prestigio? ¿Para qué? A falta de honestidad, simulacro. Algunos dirán: qué caso tiene, si la legitimidad proviene de la militancia. Pero ¿cuándo nos perdimos? ¿en qué momento la corrupción lo dominó todo? En el pasado autoritario, “la corrupción es el sistema”. No hay más. De esa manera, el sistema político se organizó como una repartición vertical. Bajo una visión patrimonialista, el gobierno transformó los bienes públicos en beneficios privados. Otros dirán: la multiplicación de los panes. Hace no mucho, se decía de un político de altos vuelos: “robó, pero salpicó”.
Después vino el 2000, el triunfo histórico de la oposición, ¿y qué sucedió? Con la democracia, la corrupción también democratizó. El monopolio partidista simplemente se pluralizó. Rojo, azul, amarillo, verde…
En años más recientes, la narrativa de la inseguridad y la violencia, fue desplazada por los problemas económicos y la corrupción. Ésta última, magistralmente expuesta por la presidencia de la república. Sin tapujos, sin miramientos. La “casa blanca”, el contratista y hasta el secretario de hacienda…  Para esclarecer el caso, la autoridad nos salió con un tal Virgilio Andrade. El virgilazo pues. Tan natural se les hizo, que la mejor explicación provino de la cultura: “la corrupción es cultural”. Pero el problema no es la cultura, sino las instituciones y sobre todo, las reglas del juego. De esa manera, las mismas instituciones incentivan y hasta protegen, —maravillosa impunidad—, la corrupción. Inventar papeles, falsear datos no es un delito grave; no importa que de por medio se pierdan miles de millones de pesos. Remember Coahuila.
Pero si la corrupción es cotidiana, aunado a las instituciones y hasta la prácticas políticas, ¿cómo rompemos con ese lastre? Una respuesta, un tanto tardía y de camino lento (las cosas en palacio marchan despacio), provino de un conjunto de leyes y cambios legales conocidos como Sistema Nacional Anticorrupción (SNA). De entrada, tan tremendo nombre a nadie entusiasma. Pero veamos el lado bueno. Con el nuevo sistema se enfrentará mejor la corrupción gubernamental y más allá. ¿Usted recuerda la última vez que se llamó a cuentas y procesó a un personaje de esos? En medio de la discusión, le salió un lujoso departamento en Miami a Alejandra Barrales, la sindicalista que terminó millonaria y que ahora dirige las ruinas del PRD. No obstante, la corrupción no es cultura, sino institución. Regresemos a la difusa esperanza del SNA. Siempre que el gobierno abre una chamba jugosa y de poder, —no es poca cosa juzgar a los poderosos—, surgen manadas para digerir el encargo. ¡Se trata de comer como lobo!  Uno pensaría que a la convocatoria acuden los mejores, lo más honestos, los intachables, lo de mayor prestigio…  sin embargo, la cosa habría pasado inadvertida, sino fuera por dos notables aspirantes al cargo de fiscal anticorrupción, ¡que copiaron! Los llamados a combatir la corrupción, resultaron corruptos.  Braulio Robles Zúñiga y Angélica Palacios Zárate plagiaron en una parte del ensayo presentado al senado. El plagio que ambos presentaron fue además del mismo autor.  Idénticas partes de un texto robado, no uno, sino dos veces. El plagio es la expresión por excelencia de la mediocridad intelectual, de la falta de talento y la ausencia de ideas. A pesar de eso, lo relevante para aspirar al cargo de fiscal, son otras “aptitudes” que el poder se encarga de modelar como plastilina.

Como si a los mexicanos nos hiciera falta mala fama, un “bad hombre”, identificado como periodista, robó el jersey de Tom Brady, jugador de los Patriotas de Nueva Inglaterra. El amante de lo ajeno, los sustrajo tras la algarabía del pasado Super Bowl. Manos a la obra, no tuvo reparo en observar la cámara que después lo exhibiría. Al respecto, conviene regresar al punto ¿es la cultura o las instituciones? Estados Unidos podrá tener muchos defectos, empezando por su presidente, pero que las instituciones funcionan, no hay duda. Allá las autoridades investigaron el misterioso robo, y vaya sorpresa, el ladrón lo encontraron en México. ¿Ustedes creen que el nuevo fiscal va a encontrar a Javier Duarte? ¿Alguien cree que el SNA va a proceder contra el presidente, contra los gobernadores? La pregunta misma es una broma.
https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1323866.mejor-el-jersey-de-brady.html
22 de marzo 2017
El Siglo

La sonrisa de Javier

Fuente: La Jornada http://www.jornada.unam.mx/2017/04/17/politica/003n3pol
Todo se disponía a salir bien como en otras ocasiones.  ¿Qué podía salir mal si el Jefe ya había acordado todo? Con antelación mandó por el dinero al banco. Para sorpresa del mensajero, nunca había visto tanto en efectivo. 25 millones de pesos. ¡Le parecía un mundo! Prepararon dos maletas, y con sumo cuidado apilaron los fajos de billetes. Cuídalas mucho, que es un encargo muy importante del Jefe. Sí señor, todo está en orden. El Jefe sonrío. Procedente de Xalapa, el avión oficial del gobierno de Veracruz, arribó al aeropuerto de Toluca, la meca del próspero y poderoso grupo Atlacomulco. La conseja popular rebautizó con sorna aquel pueblo de México, como “Atracomulco”.      
Dos maletas. Un vuelo oficial. ¿Qué podía salir mal para el subdirector de Operación Financiera de la Tesorería Estatal? Sin embargo, lo que aparentaba una misión de rutina, terminó en sospecha, detenciones y forcejeos. ¿Y ese dinero? ¿A dónde lo llevas? Documento en mano, el subdirector alegó un encargo oficial del Jefe, pero la justificación no convenció a los agentes del aeropuerto. ¿De quién es el dinero? Ya te dije. Del gobierno del estado de Veracruz. Deja hago una llamada. Al poco tiempo, llegó otro funcionario que se identificó como miembro del equipo de seguridad del Jefe. ¿Y quién es tu mentado jefe? El gobernador Javier Duarte. Pese a mostrar la charola, los agentes no se sintieron convencidos. Ahí mismo los detuvieron, confiscaron las abultadas maletas y se inició una averiguación previa en la Procuraduría General de la República. Más tardó en llegar el avión a Toluca, que los medios de comunicación. El escándalo corría. De esa manera, la situación causó profundo malestar al Jefe, pero más a su otro jefe: el candidato.  
Al desatarse el escándalo, el coordinador de campaña habló muy molesto al gobernador. Javier te agradecemos la aportación, pero no podías ser más discreto… ya no hagas olas al candidato… está enojado. Te sugiero cambies al tesorero. Entrégaselo a los leones, ya sabes que siempre están hambrientos. El escandalo seguía, y seguía, mientras tanto, el gobierno estatal argumentó que el dinero era para pagar la celebración de la Feria de la Candelaria. ¡Sí! Muy devotos del efectivo en tiempos de transferencias electrónicas y cheques. Pero el Jefe era chapado a la antigua. ¡Qué se le va hacer! Siguiendo el consejo de los asesores, llegó el nuevo tesorero. Un hombre de todas las confianzas del Jefe, pero sobre todo, bueno para los negocios. Tarek Abdala Saad fue presentado como el flamante titular de la Tesorería de la Secretaría de Finanzas y Planeación. Para entonces, ya pensaban en un heredero digno de toda la confianza del Jefe.
Mi querido Javier, con el tiempo pasará el escándalo, de mi te acuerdas. Ya verás que ganando nuestro candidato, todo se arregla. ¡Bendita democracia! Tranquilo, el Jefe sonrío. Pasada la tempestad, el tiempo le dio la razón al secretario general del partido. Las elecciones se ganaron, el partidazo regresó a la silla, y aquél dinero confiscado que tanto bochorno causó, regresó a las manos del Jefe. Para qué hacen tanto escándalo,  les dije que todo se iba arreglar. La gente de la procu fue muy amable, y hasta nos regresaron el dinero con todo e intereses. No más lo que no regresaron fueron las dos maletas LV… quesque le gustaron mucho a los agentes. ¡Mugrosos!
Al teléfono, se escucha muy apurado Amado Yáñez, gran amigo del Jefe. ¿Cómo estás carnal? ¿por qué tanta urgencia? Ya tronó aquello de lo que te hablé...
No te preocupes, en este mismo momento te mando los abogados. Ellos ya saben que hacer. Además, conozco un juez muy profesional que te puede ayudar,  trabaja con nosotros… justo acaba de arreglar algo de unos “porkys”.

Mira Amado, en el peor de los casos, te echan al bote, pero te aseguro que en dos años y medio sales. Ya ves como le hicimos con Raúl. ¡5 mil millones no es nada! Por el monto que me dices, no creo que pagues más de 7 millones para librarla. Ya verás cómo te ayudamos, ahorita mismo hago un par de llamadas con nuestro amigo de la Corte. ¡Gracias Javier, muchas gracias! ¡Qué alivio! No se que haría sin tu amistad. Como de costumbre, al colgar el teléfono, el Jefe sonrió.
https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1332743.la-sonrisa-de-javier.html
19 de abril 2017
El Siglo

Diez años después


En apariencia, dicen que las cosas en seguridad van bien. ¿En verdad van bien? Regiones como La Laguna mejoraron visiblemente. Pero no vayamos de prisa, hagamos una pausa. ¿Qué significa mejorar? Que las cosas están menos peor. Es cierto, ya no hay guerra en las calles, aunque siguen los homicidios con menos frecuencia. En esa región se estabilizaron las corporaciones policiacas, antes infiltradas por el crimen organizado, pero los robos siguen, los asesinatos también. La vida nocturna se recuperó, pero el mercado negro sólo cambió de lugar. Ciudad Juárez, la otrora ciudad más violenta del país, pasó de una demencial violencia, a una baja considerable, pero los problemas continúan. Siguen matando impunemente y el jugoso negocio de la frontera parece interminable. La zona metropolitana de Monterrey ha vivido ciclos de alzas y bajas, pero ya sabemos, que en los penales mandan otros. Gracias a la justicia de Estados Unidos, no crea lector que la de México, nos enteramos que en Nayarit, la cabeza de la Fiscalía General del Estado, era —¿o es?— la cabeza del crimen mismo. La realidad supera la ficción.
En Reynosa, Tamaulipas, recién se vivió hace unos días tremendo enfrentamiento. Ahí la guerra nunca se fue. Balaceras, incendios, bloqueos. Como Prometeo, siempre hay un capo nuevo. En el extremo del país, Acapulco no se queda atrás. Pelea el campeonato de asesinatos. El telón de fondo muestra abiertamente la presencia del crimen, no obstante, los miles de policías, militares, marinos, armas, y fuerza bruta. ¡Muy bruta! Nomás no hay tregua, y sin embargo, domina la impunidad.
Hace diez años, al presidente de la República, se le ocurrió lanzar la guerra contra el narco, en vez de sanear las instituciones desde dentro. Un día de diciembre de 2006, miles de soldados partieron a Michoacán. Por desgracia, el resto de la historia ya la conocemos. De esa guerra conocimos el principio, pero todavía no damos con el fin. El sexenio panista terminó con miles y miles de muertos. Otros tantos miles desaparecidos… vino el PRI, que nos dijo con hombría que sí sabía gobernar, y ya ven como estamos ahora: los criminales son los gobernantes mismos. Les propongo la nueva acepción de “gobernador” en la RAE: dícese de un ratero electo popularmente.  
¿A que viene todo este horrendo recuento? No piensen que nos gusta sufrir por demás en este valle de lágrimas. Pero el pasado mes de marzo se encendieron las alertas en cuestión de homicidios dolosos, aunque ya habíamos iniciado el año rompiendo marcas. Lo preocupante, no es un mes, sino la tendencia del trimestre que está para pensarse. De acuerdo con las cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo de Seguridad Pública, se mata tanto como en sexenio pasado. Esto ya es mucho decir, dado que los gobiernos estatales suelen maquillar o rasurar alegremente los datos. El pasado mes de marzo registró 2 mil 20 homicidios dolosos en el país. Lo cual representa el mayor pico del sexenio de Enrique Peña Nieto. Para entender la cifra, el punto máximo que alcanzó el sexenio de Felipe Calderón, se registró en mayo de 2011, con 2 mil 131 asesinatos. En ese sentido, la principal estrategia del presidente priista fue no hablar del problema de seguridad, aunque este siguiera ahí. Tan sigue ahí que marzo nos dio un durísimo aviso. ¿Qué más nos espera?
Diez años después seguimos entrampados en una guerra de baja intensidad. La guerra contra el narco no nos llevó a la paz, sino a una peligrosa militarización. Diez años después poco se han transformado las instituciones para generar otros resultados. Incluso, algunos legisladores, hasta proponen una ley para dar más fuerza al ejército en las calles. ¡No aprendimos nada!

Con el corazón roto, un poeta al que le asesinaron a su hijo, llamó a esa guerra, “guerra imbécil”. Es fecha que no terminamos de comprender la profundidad del daño, las secuelas, el mal de la tragedia. Hay una generación huérfana. Heridas abiertas, traumas, miedos. Palabras de nuestro lenguaje se volvieron comunes: fosas, desaparecidos, restos humanos. Diez años después seguimos en el laberinto de la violencia.
https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1335006.diez-anos-despues.html
26 de abril 2017
El Siglo

domingo, 1 de mayo de 2016

Por sus instituciones los conoceréis


Como en todo, las empresas pasan ciclos buenos y ciclos malos. En las buenas rachas no sólo se gana, sino también se crece. Los años buenos pueden apalancar el futuro y también permiten amortiguar las bajas. Pero las oportunidades no siempre se dan. De ahí, que una buena administración hace la diferencia para permanecer y continuar. Aunque se trata de pequeños principios, resulta aterrador conocer la forma en que a lo largo de las décadas, se han administrado las empresas públicas. Peor todavía, las instituciones. A diferencia de las empresas privadas, que suelen desaparecer tras una mala administración, las empresas del gobierno y también sus instituciones tienen la "ventaja" de permanecer no obstante una deuda que las ahoga, o una pésima administración. Al final siempre quedan los recursos públicos para sostener lo insosteniblemente.
Nuevamente Pemex, "la empresa de los mexicanos", está al borde del colapso. Ahí los principios básicos de administración no aplican, como tampoco aplica una sana economía. Otra vez, de la historia no aprendimos nada. La primera década del siglo XXI dejó ingresos millonarios a la empresa. Los altos precios del petróleo sirvieron para financiar el gasto corriente de los gobiernos, la deuda pública, proyectos improductivos y al final, muy poco de eso nos quedó como valor público. Ahora que los precios están por los suelos, el gasto operativo de la empresa es incosteable. No aprendimos nada de los exuberantes años 70 del siglo pasado. Tampoco nos quedó nada de esa buena racha con precios altos; ni siquiera un fondo para los años de "vacas flacas". Durante décadas Pemex fue la caja chica del Estado mexicano, pero todo tiene un límite. Hoy le saldría más barato a los ciudadanos declararla en quiebra, que tratar de mantener artificialmente un cadáver. Como solución, el gobierno federal propone más deuda para rescatar un empresa inoperante. Se trata de una cifra estratosférica: ¡un billón de pesos! Por lo pronto, ya recetaron 50 mil millones de pesos para solventar las pensiones. El cuento de nunca acabar.
Sin embargo, lejos de tratarse de un caso asilado que amerita un rescate excepcional, se trata de una característica que muestra la dimensión inoperante del Estado mexicano. No sólo del gobierno, sino del Estado mismo. ¿Ahora entienden por qué es tan endeble la seguridad pública?
Pero veamos otra institución, para no ensañarnos con las "empresa de los mexicanos". Recientemente las autoridades festejaron la creación la nueva Secretaría de Cultura a nivel federal. Pero lo nuevo poco duró, porque arrastra serios problemas en su administración. Mucho personal y pocos resultados. El mejor ejemplo lo tenemos en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Encargado de proteger el patrimonio arqueológico e histórico del país, el INAH está ahogado por una inmensa burocracia que se concentra en la capital del país (¡qué raro!). ¿Qué significa esto? De más de 7 mil trabajadores, sólo 24 por ciento hacen labores sustantivas para la conservación. El resto engorda la nómina. Dicho en otras palabras, una institución relevante es degradada desde un gobierno inoperante. Por lo mismo, es difícil que así pueda haber eficiencia, buen servicio y resultados con un claro valor público. Hace décadas Gabriel Zaid llamó a esta característica del Estado mexicano, el progreso improductivo. Seguimos en las mismas. Bajo esa relación, no hay dinero público que alcance, ni instituciones que puedan prestar servicios de calidad. Para el caso, ya mejor ni hablamos de la salud. Más que pensar en reformas y gastar en aviones millonarios, habría que empezar por lo básico: administrar bien lo que se tiene. ¿Es mucho pedir?
El Siglo 17 de febrero 2016
https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1198031.por-sus-instituciones-los-conocereis.html