domingo, 17 de agosto de 2014
El drama al cine
lunes, 24 de enero de 2011
Habla la Maestra
miércoles, 29 de diciembre de 2010
La cultura en las encuestas
La época exige cambiar de tema, hablar de otras cosas. Y no es para menos, así que desde esta columna mandamos un abrazo a los lectores y les deseamos una feliz Navidad. Para este artículo y el próximo comentaré los resultados la “Encuesta nacional de hábitos, prácticas y consumo culturales, 2010”. El estudio fue impulsado y patrocinado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA). Se trata del segundo en su género, aunque hay que decir, que la magnitud y extensión del mismo, superó con mucho aquella encuesta realizada en el 2005.
jueves, 23 de diciembre de 2010
Mapa del crimen (UNODC)
miércoles, 8 de diciembre de 2010
A Pan y agua (diez años con el PAN)
Y sí, pareciera que Tocqueville no sólo se refería a la república francesa y los tiempos posteriores a la revolución, sino al México del presente. Desde luego que esto no es así, pero las observaciones de Tocqueville son útiles en tanto observador de una sociedad en cambio y permanencia. Por eso, esta semana que el PAN cumplió diez como gobierno al frente de la presidencia, conviene regresar a sus páginas para preguntar: ¿Cuál ha sido el saldo? ¿Qué tanto avanzó el país bajo el sello de los gobiernos panistas? ¿Hasta qué punto cambió la política en relación a los tiempos del partido único?
Pero la decepción fue esencialmente política, porque lo cambios que el PAN estaba llamado a hacer no los entendió, no pudo hacerlos o no los quiso realizar. Al final, el blanquiazul encontró “agradable” y muy cómodo el estado de cosas establecido en el viejo régimen. Por lo mismo, no cambió e incluso, terminó acrecentando los vicios, las corruptelas, los arreglos como en los tiempos del autoritarismo. En el mejor de los casos, fue una mala copia del PRI. Del “no nos falles” en el 2000, los votantes han pasado al rechazo del panismo en las elecciones locales y nacionales. Hay alternancia también.
El domingo pasado, Calderón festejó los diez años de gobiernos panistas advirtiendo, como quien mira al abismo, que regresar al pasado es corrupción y pobreza. “México no se merece quedar parado a la mitad del camino y mucho menos regresar a lo antiguo, a lo autoritario, a lo irresponsable”. ¿Lo antiguo? ¿Lo autoritario? ¿Lo irresponsable? Calderón habló para los suyos, con la “magia” que implica un encuentro interno de partido. Afuera, lo antiguo, lo autoritario, lo irresponsable fue adoptado y reproducido en tantos espacios donde el PAN no fue la diferencia, sino la similitud.
La gente no vive en el pasado, sobre todo, cuando el presente es incierto para millones de mexicanos, o para otros tantos que no viven de la política. Por eso resulta inútil la melancolía, como sugirió esta semana Jesús Silva-Herzog Márquez. Porque quizás, la mayor deuda del panismo como actor central de la alternancia, fue la justicia, la rendición de cuentas. En contraparte, los incentivos a la impunidad permanecieron como en el antiguo régimen y rápido, la intenciones por desmontar lo anterior, se hicieron agua.
lunes, 22 de noviembre de 2010
El barril sin fondo
Fue la semana de los millones. Más bien, de los 3.4 billones de pesos. La cifra contiene muchos ceros y es difícil imaginarla. Al mismo tiempo, el tema no es popular, ni tampoco fácil, sin embargo, la aprobación del presupuesto de egresos para 2011 realizada por los diputados, es un asunto crucial para los ciudadanos. De entrada, el presupuesto expresa el dinero público que el gobierno destina en dos sentidos: el sostenimiento y la operación del estado; y el dinero destinado a la inversión pública y social para los ciudadanos. Así que el interés no debe ser menor, porque el presupuesto suele ser revelador del rumbo, los compromisos, las prioridades y las atenciones del gasto público destinado a la sociedad.
De esta manera, una problemática en específico no requiere solamente de buenos discursos o de una identificación precisa, sino que la política vaya acompaña de un presupuesto para su operación. Por eso resulta tan relevante conocer cómo el gobierno se gasta el dinero de los ciudadanos.
Así, esta semana se ha repetido en boca de funcionarios y diputados una afirmación tan entusiasta como ordinaria: logramos un “presupuesto histórico”. Y en parte tienen razón porque se trata del mayor presupuesto aprobado por el gobierno mexicano, no obstante de la crisis mundial y de la caída estrepitosa de la economía.
Al respecto, conviene preguntar si los “recursos históricos” del gobierno han hecho de este país algo mejor para sus ciudadanos. Por ejemplo, el rubro donde más se destinó dinero fue a la educación pública: 230 mil millones de pesos. ¿Es mucho o es poco? Si comparamos lo que destina México en la educación con respecto a lo que gastan los principales países de la OCDE, nos damos cuenta que el gobierno mexicano no solamente gasta mucho, sino gasta más que varios países ricos en el mundo con notables desempeños. ¿Entonces, por qué si gastamos mucho los resultados son tan pobres? La clave no está tanto en el dinero que se destina a un determinado ámbito o problema, sino en la calidad y eficiencia con la que se aplica ese dinero público. Varios son los factores que ensombrecen la efectividad del gasto en educación: un elevado gasto corriente destinado a nómina, baja inversión en infraestructura y por tanto, un desempeño reprobatorio e insuficiente de los alumnos. Otro pernicioso ingrediente más ha señalado la OCDE: el sindicato.
De los “recursos históricos” pasamos a la cartera abultada para pretender arreglar los problemas. La fórmula mágica es la siguiente: aumentar el presupuesto mejora el desempeño gubernamental. Por lo general esta tesis gusta bastante a políticos y funcionarios que ejercen recursos públicos porque supone que ante el aumento de recursos, el desempeño del gobierno para atender problemáticas o proporcionar servicios mejorará. No obstante, en los últimos años, la evidencia empírica de evaluaciones nacionales e internacionales muestra lo contrario.
Por ejemplo, las diferentes instituciones de seguridad y orden, como la Secretaría de Seguridad Pública o el Ejército, han ejercido mayores presupuestos, sin embargo, el deterioro exponencial de la seguridad en las calles, ha aumentado significativamente. Dicho de otro modo, la fórmula parece revertirse: ¡más dinero, menos seguridad!.
Recientemente conocimos las declaraciones contradictorias de dos instancias gubernamentales. Mientras el secretario de Desarrollo Social, Heriberto Félix Guerra supone que la pobreza alimentaria acabará en el 2015, el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), resaltó en su más reciente estudio sobre la niñez y la adolescencia en el contexto de la crisis económica global, que la cifra de niños en pobreza alimentaria se duplicó en los últimos dos años, lo que equivale a 3.4 millones de niños en riesgo.
Durante el verano pasado, la Cepal (2010) publicó el informe, “El Progreso de América Latina y el Caribe hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio”. Ahí se señala que Brasil, Chile y Perú superaron a México en el cumplimiento de la meta del milenio para reducir a la mitad el porcentaje de la población que vive en situación de pobreza extrema. Entonces ¿qué sucede con tantos recursos destinados al desarrollo social? Es, para decirlo con Santiago Levy, un programa de buenas intenciones con malos resultados.
Pero esta situación ineficiente en manejos de los recursos públicos, no es particular del gobierno federal, sino que la tendencia se extiende a estados, municipios y organismos autónomos como recientemente lo han demostrado descarnadamente los estudios publicados por el CIDE: una Suprema Corte que resuelve la mitad de los casos que en otros países, pero nos cuesta más que la Corte en Estados Unidos. Un IFE que gasta a manos llenas en burocracia o una Comisión Nacional de Derechos Humanos obscenamente alimentada.
Con estos antecedentes, el histórico presupuesto para 2011 se parece cada vez más a un barril sin fondo, porque no importa tanto la cantidad de dinero que destina el gobierno a sus ciudadanos, sino la eficiencia de su aplicación. Y esto, nunca será poca cosa.
20 de noviembre 2010
el siglo de torreón
martes, 26 de octubre de 2010
Cuado el destino
Por ejemplo, la media nacional refleja que el 67% del dinero público va a nómina, los estados más gastones, de los que más reportan en el capítulo de servicios personales, son Michoacán, Verazcruz, Puebla y Coahuila. Pero todavía, hay casos extremos, donde existen nóminas adicionales: Baja California, Nuevo León y San Luis Potosí gastan por arriba del 70%. Así ni cómo avanzar en serio.
Además del malestar para los consumidores de cigarrillos, los cuales tendrán que cargar con una votación “políticamente correcta”, la Ley de Ingresos para el 2011, en realidad exhibe la precariedad del sistema fiscal mexicano. Un sistema ineficiente, inequitativo y mal distribuido. El análisis de la mayoría de las finanzas gubernamentales, llámese federal, estatal, municipal, órganos autónomos, entre otros entes… nos da cuenta que a los mexicanos nos sale más caro sostener el gobierno, que los supuestos beneficios derivados del mismo. Ahí está por ejemplo, el caso de la seguridad, donde casi cualquier nivel de autoridad se empequeñece, se lava las manos o para acabe pronto, le echa la culpa al vecino.
Lo cierto es que el México de la alternancia, o incluso el México del siglo XXI no ha podido concretar un aparato fiscal competitivo, capaz de sostener con estabilidad al estado. En las comparaciones, se suele hablar de la exitosa transición española y los famosos pactos de la Moncloa, sin embargo, esos pactos en esencia, fueron fiscales. El caso del milagro irlandés ilustra también sobre el compromiso de su clase política para cobrar impuestos, pero con la condición de que los ingresos recaudados quedaron vedados al gasto corriente. Para decirlo claro, el gasto corriente termina siendo un barril sin fondo, un fiesta de la cual ya pagamos la consecuencias de la resaca.
Aún así, no se ve en el PAN, el PRI o el PRD un pacto por construir una reforma fiscal. Si a los azules les falló la política, a los tricolores les gana el temor por el costo político, máxime con la elección presidencial en puerta. Y de lo perredistas, estos ya no saben qué hacer con el tabasqueño.
El año pasado los legisladores prometieron ahora sí empujar una reforma fiscal. Desde luego que esto rápido se olvidó. Por lo pronto, la recién aprobada Ley de Ingresos terminó por ser un fiasco, eso sí, calificada como "responsable" por el partido en el poder.
Hay varios puntos insostenibles. La relación asimétrica entre quienes pagan formalmente impuestos y sostienen inequitativamente los servicios públicos que consume la mayoría. Desde esa relación, no hay institución que aguante. Y para prueba las pensiones que ha alcanzado el IMSS. ¿Se entenderá la gravedad del problema francés que ahora mismo tiene en jaque a sus autoridades?
Quizá después del 2017 se logre un gran pacto, no de gobierno, sino de estado. Mientras tanto, la cuenta de la fiesta seguirá corriendo a costa de los contribuyentes. Eso sí, cuando el destino nos alcance.
Twitter/uncuadros
sábado, 2 de octubre de 2010
Formas de justicia
Por ejemplo, la definición de “maicear”, rescatada de la tenebra por el obispo de Ecatepec, nos recordó viejas prácticas en nuevos tiempos. Así, otras palabras como “plenitud”, “ética”, “estado”, “charro”, “caudillo”, “democracia”, “alternancia”, “competencia”, “monopolio”, son algunos conceptos que a la luz de la teoría política más solvente, resultan deficientes explicarlos.
El desencanto que siguió después del año 2000, nos reveló con claridad que la alternancia no produce rendición de cuentas, ni justicia, ni esclarecimiento del pasado. Tampoco sobrevino la deconstrucción del antiguo régimen, por eso, a pesar de algunos cambios positivos, las antiguas prácticas se siguen reproduciendo con tanta vigencia como en el pasado.
De esa manera, si leemos lo sucedido en las últimas semanas, varios casos muestran la materia de lo que está hecha la justicia en México. Por eso no resulta sorprendente que con frecuencia hablamos de impunidad, porque en realidad la justicia es una excepción. En este sentido, el mensaje que desde las instituciones se envía a los ciudadanos, termina por reafirmar en la práctica que las leyes no son relevantes para un orden común. Y esto en verdad, es una de las tragedias nacionales.
En estas circunstancias, resulta “normal” que un ex funcionario de la Comisión Federal de Electricidad, pueda utilizar un cargo público como medio de enriquecimiento ilícito. De ahí el yate, el Ferrari y las cuentas bancarias. Sin embargo, el escándalo de corrupción y sobornos no fue procesado por las autoridades mexicanas, sino por la justicia del país vecino: Estados Unidos. De hecho, el secretario de la Función Pública, Salvador Vega ni siquiera estaba enterado.
Pero si de “Lucha por la seguridad pública” se trata, el rotundo fracaso del llamado “michoacanazo” dejó en claro la incapacidad de la Procuraduría General del República para investigar, procesar y castigar. No decimos que los liberados del “michoacanazo” sean unos santos, pero la Procuraduría no pudo probar las acusaciones de una supuesta vinculación con el crimen organizado. Al mismo tiempo, un diputado prófugo la justicia, hermano del gobernador Godoy, se declara inocente y víctima política, pero actuó como si no lo fuera.
Inoperante para cerrar la pinza y concluir los procesos, la procuración de justicia resulta un incentivo para la impunidad. Si la autoridad no es un ejemplo de buen actuar, no hay fuertes motivos para el ciudadano sí lo sea.
Por otro lado, los contribuyentes formales, esos que están registrados en el Sistema de Administración Tributaria, rinden cuentas cada mes del año, a reserva de ser sancionados, pero el SAT mismo se resiste a rendir cuentas al IFAI. No importa que de por medio se viole la ley, no importa que se envíe un mensaje negativo y de paso se oculte información. ¿Por qué el SAT no revela los nombres de las personas y empresas beneficiadas con la cancelación de créditos fiscales por la suma de 73 mil 960 millones de pesos en 2007? ¿Qué oculta?
A la inversa de lo señalado por Douglass North, el reflejo de nuestras instituciones de justicia, impulsan un despropósito para la legalidad, el desarrollo económico y el cambio institucional.
Twitter/uncuadros
jueves, 9 de septiembre de 2010
martes, 31 de agosto de 2010
Calderón en picada
¿Cómo llega Felipe Calderón al cuarto Informe de Gobierno?
¿Cómo medir, cómo evaluar?
Hay diversas formas de hacerlo, pero quizá la que más pesa, es la percepción de la opinión pública. Percepción no es lo mismo que realidad, y sin embargo, al final, la primera puede construir la segunda.
No cabe duda que tras conocer las principales cifras de las casas encuestadoras, el presidente ha perdido la batalla en la opinión pública.
Ya sea por la inseguridad y la violencia, o por la economía... María de las Heras nos dice: "Cuatro de cada diez personas entrevistadas no están nada satisfechas con la forma en que Calderón ha manejado la economía y otro tanto manifiesta la misma insatisfacción con respecto a su estrategia contra el narcotráfico. Quizá lo más preocupante es que a estas alturas apenas un 19% se manifiesta confiado en que en los dos años de Gobierno que le quedan la situación va a cambiar para bien, mientras que un 42% está convencido de que solo nos queda esperar a que llegue su relevo en 2012" (El País, 31 de agosto, 2010).
¿Qué le queda a un político después de perder la batalla en la opinión pública?
lunes, 30 de agosto de 2010
Inteligencia financiera
Groucho Marx
Primero pegas, luego preguntas. Y esa impresión que deja la estrategia calderonista de la “guerra contra el narco”, ahora “lucha por la seguridad”. A punto del cuarto informe de gobierno, el presidente Felipe Calderón llega en un momento crítico, donde incluso, la presión internacional, tras los 72 migrantes asesinados en Tamaulipas, ensombreció aún más el panorama.
Sí; las cosas siempre pueden empeorar más, y la masacre en el municipio de San Fernando, lo vuelve a reiterar. Ayer el presidente, en el Campo Marte advirtió sobre la violencia que viene: “Comparto el propósito de que podamos encontrar la manera de reducir esta criminalidad, minimizando la violencia, pero en el corto plazo, hay que admitirlo, es esperable que haya permanencia de la violencia e incluso una intensificación que posteriormente debe tender a reducirse drásticamente en la medida en que, por un lado, se deteriora la capacidad de reclutamiento, de crecimiento y de fuerza de las organizaciones criminales y por otra el estado fortaleciéndose constantemente, que es la estrategia de estado".
De esa manera, queda claro que el problema no es un asunto a resolver en el corto plazo. En este sentido, la conclusión de los “Diálogos por la seguridad”, donde se discutieron propuestas, se expusieron diagnósticos, se hicieron críticas, deja la expectativa para la construcción de una auténtica política de estado. Después del fracaso de la estrategia belicista, en la semana se volvió a retomar el tema del lavado de dinero. Por un parte resulta positivo que al fin se presenten una serie de estrategias financieras, pero por otro, no podemos dejar de reconocer el tiempo y las vidas perdidas. Finalmente llegamos al punto en que la estrategia no supone solamente la fuerza, sino eventualmente la inteligencia. Así, el presidente presentó las iniciativas y los cuatro ejes que conforman la “Estrategia Nacional para la Prevención y el Combate al Lavado de Dinero y al Financiamiento del Terrorismo”. Falta ver qué hace y en cuánto tiempo el Congreso de la Unión concreta estas iniciativas, que indican el desorden con el que se abordó el problema. Es decir, el gobierno federal empezó de atrás para adelante, abordando la ramas del problema y los no las raíces. No obstante la barbarie e incluso la banalidad del mal; el fuego no ha apagado el fuego, ni el sistema de justicia ha cerrado la pinza. ¿Será en el financiero?
Al mismo tiempo se presentan iniciativas como una posibilidad institucional para el cambio. Pero la ley federal de extinción de domino y la flamante unidad de “inteligencia financiera” ubicada en la Secretaría de Hacienda, son herramientas, hasta ahora, irrelevantes. Tan sólo hace algunas semanas, otro gobierno extinguió a un capo, no la vida, sino la friolera de unos 800 millones de euros, algo así como 1000 millones de dólares a un mafioso de la “Cosa Nostra”. ¿Y la Cosa Nuestra cuándo?
Por lo pronto, en el ámbito local no deja de ser preocupante el fracaso de los cuerpos de seguridad para bajar los índices delictivos. En ese contexto, no resulta extraño que grupos de colonos estén pensando en tomar medidas. La tentación de las bardas aparece así como una respuesta inmediata y “razonable” ante la desesperación por los constantes robos y atracos en la zona norte de Torreón. La pretensión de levantar muros en este caso, refleja la incapacidad de las autoridades para proteger a los ciudadanos. En contraparte, los colonos de Los Ángeles decidieron unilateralmente cerrar algunas calles. Hoy empezamos con una barda, y mañana terminaremos con una ciudad amurallada. Amurallada primero en sus colonias, como muchos fraccionamientos, amurallada luego en su convivencia. Así empezó la “región más transparente”, un muro aquí, un muro allá, para formar al fin, una ciudad segregada, dividida. Lejos está la cohesión social, y más lejos, el mítico espíritu que la historia registra de los laguneros.
lunes, 23 de agosto de 2010
¿Adiós a Irak?
Es más fácil expresar una opinión, que dar un argumento. En esos términos, las generalidades suelen circular con facilidad. Y aunque las comparaciones son irresistibles, no siempre son razonables. Por ejemplo, tras la crisis de inseguridad y violencia que se vive en el país, se suele afirmar con facilidad que México es una “Estado fallido”.
Si bien, el Estado mexicano se ha vuelto peligrosamente vulnerable por los embates y la seducción del crimen organizado, todavía –y no lo digo como consuelo- no reunimos las características formales de un estado fallido. En este sentido, la decadencia no tiene límites.
Otra comparación común que suele afirmarse ligeramente, es que Ciudad Juárez es tan peligrosa, o incluso más, que un país en conflicto como Irak.
Ahora que las autoridades de Estados Unidos han decidido iniciar la “retirada” y dar fin al conflicto de Irak, el saldo muestra el desastre de la guerra de los “tres billones de dólares”, según la afirmación de Stiglitz y Bilmes.
Siete años después y 4,419 soldados norteamericanos muertos, Barack Obama concreta la “retirara” de la tropa. Entrecomillo retirada, porque de los 176 mil soldados norteamericanos que llegaron a operar en Irak, han decidido dejar un año más a unos 50 mil “asesores” en el país. La violencia iniciada, fundamentada y promovida por la mentira de la administración Bush, dado que nunca se probó la existencia de armas de destrucción masiva; inclusive, el gobierno norteamericano reconoció que nunca encontró las mentadas armas.
El saldo general: más 110 mil muertos, la gran mayoría civiles inocentes. Mejor no confundir ni comparar fácilmente, a fin de honrar la inteligencia. En nuestro país, Fernando Gonzalbo Escalante ha discutido un estado de la cuestión sobre el tema de seguridad. Más recientemente, Eduardo Guerrero ha desmontado la estrategia del Gobierno Federal.
Y mientras tanto, Irak seguirá en conflicto, atentados y destrucción. Es triste ver como una de las cunas de la civilización es destruida.
lunes, 16 de agosto de 2010
Y los gobernadores hablaron
Hablaron. Algunos expusieron sus culpas, otros señalaron rezagos, se coincidió en restablecer la seguridad originaria del Estado, también se llevaron propuestas y se pidió más dinero para el rubro de seguridad. Al escuchar antier los discursos y las exposiciones de los gobernadores en el foro convocado por Ejecutivo Federal, “Diálogo por la seguridad”, me quedó la impresión de haber escuchado un acuerdo unánime, una gran convocatoria a refundar la República. Gobernadores reconociendo su parte de responsabilidad; gobernadores sensibles ante la inseguridad que azota a las ciudades; gobernadores conscientes de los rezagos en los cuerpos policiacos y la infiltración de sus agentes; gobernadores que sí se coordinan y están dispuestos a apoyar la “lucha por la seguridad pública” abierta por el presidente Felipe Calderón.
Sin embargo, trato de quitarme los lentes de quien vive inmerso en el contexto de la política mexicana. Y no puedo menos que conmoverme ante las voluntades expresadas por los gobernadores. En verdad que por momentos me convencían de que próximamente vendrá un cambio sustancial para México. Visto desde fuera por un actor ajeno al país, la percepción sería el principio de un gran acuerdo con la finalidad de brindar seguridad a los ciudadanos. Sin duda, algo esperanzador. Lo cierto, más allá de la imaginación deseable, es que poco se les puede creer a los políticos ahí reunidos. O en verdad, ¿ustedes les creen que ahora sí…? La desconfianza no es gratuita, y quizá valga la pena remontarnos a las solemnes reuniones del Consejo Nacional de Seguridad Pública. ¿Cuánto se avanzó tras cada Consejo? Poco, si advertimos el creciente deterioro suscitado en los últimos años.
A pesar de la unanimidad y el beneplácito observado en la reunión, todavía falta esperar una agenda concreta donde se incluya un programa para el cambio de estrategia. Sobre la mesa, hubo propuestas concretas con diferente valor y sentido, porque verdaderamente algunos gobernadores que estuvieron, sólo se limitaron a hablar o expiar sus culpas, pero no llevaron una propuesta seria. Véase los gobernadores que ya se van: Amalia García, Fidel Herrera, Eugenio Hernández, Ismael Hernández, entre otros. Los gobernadores vigentes, y para el caso pienso en la propuesta de Enrique Peña Nieto: destinar más dinero de los contribuyentes a las corporaciones de seguridad. En el análisis duro, si algo ha quedado claro, además del fracaso gubernamental, es que no hay correlación clara para la atractiva ecuación de “más dinero igual a más seguridad”. Por el contrario, pareciera que el resultado es “más dinero, más inseguridad”. En vez de solicitar más dinero, esa fuente paciente e inagotable de los contribuyentes, habrá que exigir indicadores, metas visibles y avances en la reducción de los índices delictivos. Lo más cómodo para un gobernante no es dar resultados, sino aumentar el presupuesto.
Por otro lado, y ofreciendo una lección pedagógica, el famoso y todavía gobernador de Puebla, Mario Marín, insistió en la educación, al igual que otros mandatarios. Pero ¿realmente es la educación la alternativa?, sobre todo, si pensamos en la forma en que es administrada por el sempiterno liderazgo de Elba Esther y compañía. Un plan serio basado en la educación, sobre todo si pensamos en el largo plazo, tendrá que considerar una reestructuración a fondo de nuestros educadores. ¿Estará dispuesto el gobierno federal? ¿Harán lo mismo los gobernadores en sus estados?
Por lo pronto, hay que reconocer la apertura del foro y la posibilidad de integrar una estrategia distinta para un problema urgente. Ojalá pronto veamos una agenda puntual de compromisos.
lunes, 9 de agosto de 2010
La parábola del rey
Había un rey que convocó a un banquete. Llegada la fecha de la reunión, uno a uno los invitados se fueron excusando por no poder asistir. Al ver el rey que no llegaban los invitados decidió salir al cruce de caminos e invitar a lo que no habían sido invitados en un principio. Al igual que el rey de la parábola, el presidente Felipe Calderón se declaró solitario y salió nuevamente a convocar a diversos actores de la sociedad, haciendo énfasis en los políticos, a fin de discutir el tema de la seguridad. Hace algunas semanas, tras el atentado al candidato a gobernador de Tamaulipas, el presidente hizo un llamado a la unidad que inmediatamente fue rechazado por los opositores políticos.
En los diversos foros del “Diálogo por la seguridad; hacia una política de Estado", convocados por el Gobierno Federal durante esta semana, participaron expertos, empresarios, líderes religiosos, políticos y funcionarios. En pleno laberinto de la inseguridad y con más de la mitad del sexenio recorrido, el presidente se mostró desesperado, solitario e incluso abandonado. Hay que leer con detenimiento el discurso pronunciado el miércoles 4 de agosto ante líderes religiosos. Un Calderón que se percibe así como el rey abandonado de la parábola, por eso no dudó en reprochar a los actores políticos sus excusas: “Yo estoy saliendo y pidiendo la ayuda de la sociedad, como también ya se la pedí a los partidos políticos, y se la pedí al Congreso, y se la seguiré pidiendo. Pero no me voy a quedar a esperar a ver a qué hora los intereses particulares terminan de estar por encima de los intereses nacionales”.
En general hay un clamor para que el Gobierno Federal cambie la estrategia contra el crimen organizado, el narcotráfico y otras manifestaciones que afectan la precaria de la seguridad pública en el país. En este sentido, cada vez más han aumentado las voces que critican la ruta seguida por las autoridades federales. Algunos con razón y honestidad, otros simplemente desde la idiotez que niega el interés público, a fin sólo de llevar agua a su molino.
En lo personal, y lo he escrito en otras ocasiones, no comparto la visión y los caminos que animaron “la lucha por la seguridad pública”; sin embargo también hay que reconocer que ahora el Ejecutivo Federal se mostró dispuesto a discutir un cambio de estrategia, e incluso, “analizar a profundidad” un tema complejo y espinoso como la legalización de las drogas. A estas alturas del desastre, si los tomadores de decisiones no atienden la palabra del presidente y empujan la administración del problema hacia otros enfoques y resultados eficientes, entonces el laberinto de la inseguridad seguirá acrecentándose fatalmente, mientras el tiempo corre y los ciudadanos esperan en vano.
Por lo tanto, si la crítica, y vaya que hay muchas voces, no conduce a un avance, o la dilucidación de un problema no lleva a resolverlo, el esfuerzo será estéril. Críticos y críticas nos sobran, pero construcción y constructores de instituciones nos faltan. Desde los partidos la crítica ha sido alharaca y en tanto no vaya acompañada de una propuesta, de una alternativa, pierde el valioso sentido republicano. El cambio de estrategia implica una revisión, otra estrategia, y por consiguiente habrá que preguntarse: ¿qué se propone, cómo, con quiénes, bajo que indicadores, en cuánto a tiempo, a qué costo?
Ya es hora que el PRI o el PRD expresen sus propuestas y no solamente sus críticas. Porque al final, esos partidos también forman parte del poder y tienen responsabilidades. De la misma manera, la sociedad tiene su parte de corresponsabilidad. Pero si bien, como señaló Calderón, “tenemos una delincuencia organizada y una sociedad desorganizada”, el asunto de la participación a través de la denuncia se vuelve poco efectivo en un entorno de profunda desconfianza institucional. Y no nos referimos a casos de conocidos personajes públicos, como aquel obispo duranguense que se atrevió a señalar la morada de un delincuente, y luego de una oportuna amenaza, se desdijo convenientemente. Más bien, nos referimos a la advertencia que luego pueden hacer algunos ciudadanos, no obstante de dominar el miedo o la duda razonable de que luego se revierta contra los mismos. ¿Cuánto tiempo más esperar?
Para acrecentar el debate, recomiendo algunas referencias que bien vale echar un vistazo. Por ejemplo, resulta de utilidad conocer el último Informe Mundial de las Drogas 2010, generado por la ONU (véase unodc.org); también conviene revisar el primer Informe del Centro Internacional de Ciencia en Política de Drogas (icsdp.org) donde se ha explorado la hipótesis de que el combate a las drogas genera más violencia en vez de reducirla. Y finalmente, para dimensionar el problema del narcotráfico, no dejen de leer en la revista de Nexos del actual mes, el texto “Los hoyos negros de la estrategia contra el narco” de Eduardo Guerrero Gutiérrez.
twitter.com/uncuadros
martes, 27 de julio de 2010
La educación
En comparación a los resultados 2009-2010, se incrementa la cantidad de docentes ubicados en “Aceptables” y se reduce a la mitad el porcentaje de los ubicados en “No aceptables”.
7 de cada 10 maestros aspirantes a plazas es sujeto a "nivelación académica". En otras palabras, no pasaron el examen, pero es lo que hay...
Que la información es confiable, no hay duda. Desde hace varios años, el gobierno a través de la SEP ha transparentado algunos procesos: la evaluación de alumnos, profesores, escuelas, estados y municipios. Acá estos resultados incluso, pueden ser desagregados por el nombre del aspirante o maestro que presentó el examen.
Sin embargo, por medio de relaciones como estas, podemos caracterizar el significado de la transparencia en México, donde suele confundirse con plenitud de cinismo.
A pesar de conocer la problemática con nombre y apellido, a pesar de la trasparencia, no hay un puente con la rendición de cuentas, la responsabilidad y los resultados.
Con facilidad escuchamos a políticos expresar que la educación es la respuesta al crimen y el narcotráfico, pero así, con esta oferta, las cosas no llegarán a buen rumbo.
Un desastre en el México Bicentenario.
sábado, 19 de septiembre de 2009
¿Qué celebramos?

Como cada año, las fiestas patrias mueven a un rancio nacionalismo o en el mejor de los casos, a festejos sin sentido, pero con mucha alharaca. Herencia todavía de los regímenes oficiales, la historia que mueve a estos festejos no ayuda a echar luz a nuestro extraviado presente. Más bien lo distorsiona. Ahí, los sucesos históricos se mezclan con el mito y la irrealidad de un pasado “glorioso”. De esa manera arrancaron por estos días los festejos del Bicentenario de la Independencia de México y el Centenario de la Revolución. No importa que no se sepa con claridad lo qué se festeja, sino el “patriotismo” del aniversario. Uno de nuestros grandes historiadores, Jean Meyer, escribió a propósito de las celebraciones: “En lugar de intoxicarnos con un pasado machacado y rumiado hasta la indigestión, un pasado que proyecta una densa sombra sobre el presente y el futuro, la conmemoración de 1810, como la de 1910, debe propiciar una verdadera toma de conciencia histórica que permita una auténtica catarsis, una liberación”. Por ejemplo, no hay que omitir que del “Grito de Dolores” se pasó a la carnicería de Granaditas, la cual por cierto, hace palidecer a la ola de violencia desatada en estos tiempos. En un texto provocador publicado en Reforma (28-VI-09), Gabriel Zaid lo cuestionó así: “El 16 de septiembre de 1810 y el 20 de noviembre de 1910 no son fechas gloriosas. Interrumpieron, en vez de acelerar, la construcción del país. Destruyeron muchas cosas valiosas. Causaron muertes injustificables. Lo que los indios, mestizos y criollos habían venido construyendo después del desastre de la Conquista alcanzó un nivel sorprendente en el siglo XVIII, que se perdió con los desastres de la Independencia y la Revolución.
México no empezó hace 200 años. Los verdaderos Padres de la Patria no son los asesinos que enaltece la historia oficial, sino la multitud de mexicanos valiosos que han ido construyendo el país en la vida cotidiana, laboriosa, constructiva y llena de pequeños triunfos creadores”.
En el fondo ¿qué celebramos? ¿Cuál es el sentido de la oda fúnebre del Bicentenario y Centenario? ¿Qué sentido tiene un festejo que ahora se disputan los políticos? En realidad, detrás de la fiesta se oculta el fracaso histórico, el subdesarrollo.
Con el país sumido en una crisis económica y el desempleo a la alza, con el lastre durísimo de la pobreza, con las crisis de seguridad y el problema del narcotráfico, con el país formado por inmensas generaciones de maestros y alumnos reprobados. Como si no fuera poco, se suma un gobierno que quiere más dinero sin rendir cuentas, sin ser eficaz.
Tras el recuento histórico la cosecha levantada es pobre, insuficiente y decepcionante. La ventaja de un territorio rico en recursos naturales, se desvaneció en una profunda desigualdad mostrada por Alexander von Humboldt en los años previos a las guerras de Independencia.
Cien años después, durante el porfiriato las cosas no cambiaron mucho, pues la desigualdad y el atraso seguían ahí, no obstante los esfuerzos por iniciar la industrialización del país. A la vuelta de cien años más, vinieron otras revueltas y revoluciones que terminaron con la clase gobernante, Porfirio Díaz en el exilio y alrededor de un millón de muertos, pero los añejos problemas nacionales permanecieron. En nuestro presente, varios de esos problemas, como la inequidad y la pobreza aumentaron geométricamente. Otros como la corrupción, se expandieron en las instituciones como cáncer. El balance es negativo, por lo mismo es contradictorio el “festejo” a luz de nuestro pasado. Porque en el presente no hay muchas alternativas razonables, avances importantes. Octavio Paz, a quien debemos recurrir por estos días, escribió con razón que “la Revolución mexicana nos hizo salir de nosotros mismos y nos puso frente a la Historia, planteándonos la necesidad de inventar nuestro futuro y nuestras instituciones. La Revolución ha muerto sin resolver nuestras contradicciones”.
No sabemos si estamos en una de esas ironías que se reconocen después en la historia. Así, para 1910 se vivía con júbilo la celebración del Centenario de la Independencia organizado por el gobierno de Díaz, sin sospechar que detrás de la fiesta, estaba una revuelta armada que interrumpió abruptamente la conmemoración. Ahora México necesita una revolución auténtica, desde luego no armada ni violenta, sino una revolución ciudadana que retome desde abajo la dignidad de la política y al mismo tiempo encauce el rumbo del país para salir del atraso. Porque de la manera cómo vamos, con esta clase política al mando y una ciudadanía dormida, tenemos asegurado el progreso improductivo para un futuro inviable.
19 de oct 2009
El Siglo de Torreón
sábado, 25 de julio de 2009
Más pobre y desigual
El próximo año, 2010 será el Bicentenario de la Independencia y el Centenario del la Revolución en México. En las condiciones actuales, ¿hay algo que celebrar? O mejor dicho: ¿Qué tanto ha cambiado el país a la fecha? ¿Cuánto ha avanzado? Negar los cambios sería absurdo. Hoy por hoy nuestro país está integrado, a diferencia del siglo XIX y la política no es un asunto de violencia a la hora de renovar el poder. Del siglo XX y la Revolución somos herederos de las instituciones públicas que actualmente continúan vigentes entre nosotros, por ejemplo, el IMSS y el Banco de México.
No obstante, pareciera que en México, hay ciertas constantes, cierta raíz que no podemos cortar y que está tan vigente como en el pasado. Me refiero al atraso y su manifestación más dura: la pobreza. Y eso es lo que recientemente nos vuelve a recordar el INEGI y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL). Esta semana se revelaron los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en los Hogares (ENIGH), y como sabemos, la pobreza, lejos de disminuir, aumenta. Con datos duros, se estima que 50.6 millones de mexicanos viven en la pobreza, de los cuales, unos 19.5 se encuentran en pobreza extrema, lo cual implica para estos pobres entre los pobres, pobreza alimentaria. En este sentido, si algo caracteriza nuestro país en esa historia a “celebrarse”, es la profunda desigualdad, pero a diferencia del Bicentenario y la Revolución, ahora la desigualdad aparece multiplicada.
Paradójicamente, entre el periodo 1992-2008, la pobreza de patrimonio disminuyó de 53.1% a 47.4% y la alimentaria de 21.4% a 18.2%. A pesar de ello, se incrementó de 2006 a 2008, en 4.5 millones el número de personas pobres de patrimonio y en 880 mil el número de pobres alimentarios (CONEVAL, 2008). Para el Secretario de Desarrollo Social, Ernesto Cordero, el aumento se debe a un “bache”, que si bien es cierto, la crisis económica agravó la situación, ésta no cambió mucho la tendencia de las últimas dos décadas. A pesar de los grandes programas asistenciales, primero Solidaridad, luego Progresa y Oportunidades, y ahora Vivir Mejor, los resultados más que benéficos, han sido contraproducentes como bien lo demuestra Santiago Levy en su libro, “Buenas Intenciones, Malos Resultados: Política Social, Informalidad y Crecimiento Económico en México (2008)”. Las buenas intenciones del gobierno, a través de los programas para el desarrollo social y combate a la pobreza, están generando malos resultados.
Otra consecuencia de esta política, expresa Levy, es la generación de “incentivos perversos” hacia la informalidad, es decir, mexicanos que trabajan, pero lo hacen desde la economía informal, beneficiándose a su vez, de los programas sociales que pagan los contribuyentes. A pesar de todo, algunos no han perdido la esperanza en México. Uno de ellos es el profesor Georg Friedman, que en su reciente libro sobre el futuro, “The next 100 years”, imagina a México como una de las grandes potencias para fines del siglo XXI. Mientras tanto, a la luz de los problemas nacionales, parece que hemos extraviado el rumbo, ahora que sabemos que el país es más pobre y desigual.
sábado, 16 de mayo de 2009
Política y ciencia

Más por obligación y urgencia, en las últimas semanas en nuestro país, el papel de la ciencia, y desde luego, de los científicos, fue sumamente valorado. La crisis de la Influenza humana replanteó una vez más, los temas que son cruciales para el desarrollo de un país en el largo plazo. Y es que más allá de las dificultades inmediatas del virus, pareciera que nuestras instituciones sólo reaccionan, en un terreno que exige planeación y alto desempeño, inteligencia e inversión. Tal como sugirió el sociólogo alemán, Max Weber, la ciencia exige una vocación distinta a la del político, y quizá por eso, la relevancia del trabajo científico se ve ofuscada por la política, que lo domina todo.
No es casualidad, que los países con mayores niveles de desarrollo, son también los que más invierten en investigación científica. Tanto en los indicadores del Banco Mundial, como los de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), México aparece como el último lugar en incentivos a la ciencia. Dos indicadores al respecto, nos sitúan contundentemente en el atraso: la inversión en investigación y desarrollo; y el número de patentes que logra registrar nuestro país. En el primer caso, en México se destina 0.4% del Producto Interno Bruto (PIB) al desarrollo de investigación científica. En el otro extremo se encuentran países como Suecia con 3.8% de inversión; Finlandia, 3.5%; Japón, 3.4% y Corea del Sur, 3.1%. El promedio de los países que integran la OCDE, refleja un 2.3% de inversión del PIB, como bien lo muestra el estudio “Regions at a Glance”, publicado el 23 de marzo de 2009.
El segundo indicador tiene que ver con las patentes registradas en el país, es decir, el número documentos en que oficialmente se le reconoce a alguien una invención y los derechos que de ella se derivan. En un bloque de treinta países, México registra tan sólo 2 patentes anuales, por cada millón de habitantes. En contraste, Finlandia registra 271 patentes anuales; Suecia 270; Suiza 275; y Dinamarca 208; tan sólo por mencionar los primeros lugares.
Después de recorrer estas cifras, uno puede entender por qué el único premio Nobel mexicano en el área de la ciencia, Mario Molina, desarrolló sus trabajos de investigación en los Estados Unidos. No obstante, a pesar de las limitantes con las que cuentan los científicos mexicanos, durante la semana, se difundió la buena noticia de que en el Instituto Nacional de Medicina Genómica, se logró descifrar el mapa del genoma mexicano. En otras palabras, la investigación realizada por los científicos mexicanos, y conducida por el Dr. Gerardo Jiménez Sánchez, permite conocer el genoma humano o el número total de cromosomas que tiene el cuerpo, los cuales son los responsables de la herencia. En este sentido, el valioso estudio, permitirá conocer qué enfermedades podrá sufrir una persona en su vida, pero también generará mejores estudios clínicos para el tratamiento de diversas enfermedades, incluyendo la Influeza.
Sin lugar a dudas, esta aportación de la ciencia, traerá beneficios para el país. En consecuencia, habría que cuestionar severamente cuáles son los beneficios de la política y los políticos en México, porque entonces, en la práctica, estamos desperdiciando valiosos recursos en la política, los cuales sólo reditúan a unos cuantos. Por ejemplo, es inaceptable, que los gastos de las elecciones sean equiparables a los de la Secretaría de Salud. Mientras la institución de Salud ejerce un presupuesto de 17 mil millones de pesos, el IFE, el TRIFE y los partidos políticos ejercerán este año, 17 mil 689 millones para gastos electorales. Bastante mal está un país que derrocha millonarios recursos, en actividades de poca utilidad pública. ¿No sería mejor invertir en ciencia y tecnología con miras al futuro, con miras a un país mejor, en vez de estar derrochando el dinero de los contribuyentes en causas de dudosa utilidad?
sábado, 25 de abril de 2009
Política, valores y cultura

La democracia es ante todo, una práctica, un ejercicio que se asume cotidianamente. A casi 100 años de la llamada Revolución, nuestro país ha tratado de buscar un lugar en los principios democráticos escritos en la Constitución. No obstante de las luchas, los esfuerzos y hasta la esperanza en un futuro mejor, la práctica de la democracia es algo que no termina de cuajar bien en México. Aunque sí hemos avanzado en aspectos importantes, como pasar de repartirnos el poder a balazos, sangre y fuego, para organizar elecciones de manera pacífica y a través de las instituciones. Ya lo decía el filósofo Karl Popper, la democracia es un sistema que permite trasmitir el poder sin derramar sangre.
Sin embargo, la democracia no se agota, ni es solamente el voto mismo. Más bien, la democracia exige una práctica constante de valores como la libertad, la tolerancia, la confianza, la participación, la solidaridad entre los ciudadanos y la legalidad, por mencionar los principales. En su conjunto, estos valores representan la cultura cívica o la cultura política de una sociedad, en tanto costumbres, prácticas y formas de hacer. Los grandes sociólogos y politólogos del pasado, como Maquiavelo, Tocqueville o Montesquieu, carecían de instrumentos para medir esos valores. Sin embargo, recurrían a la historia, la observación, y finalmente, a la sabiduría para describir a los pueblos y su relación con la política, entendida esta como espacio público, es decir, responsabilidad común. En la actualidad, las formas y los métodos para conocer a la sociedad han cambiado, y se recurre a estadísticas y encuestas para conocer el perfil de la misma.
En general, los resultados del estudio son preocupantes, y en buena medida reflejan la profunda insatisfacción de los ciudadanos, ante su sistema político, pues a pesar de aprobar la democracia, los mexicanos no logran encontrar resultados claros y contundentes. Peor aún, los logros que se habían obtenido con tanto esfuerzo en el pasado, como la garantía de elecciones limpias, se perciben ahora con una profunda desconfianza. Para traducirlo en números, presento los resultados más significativos:
3 de cada 10 mexicanos está insatisfecho con la democracia. El dato es tajante, y revela la disfuncionalidad del sistema político y sus principales operadores en los partidos. Lo que significa que 7 de cada 3 respondió tener poca o nada de confianza en los partidos políticos. Aunado a que 3 de cada 4 encuestados expresan que los diputados y senadores toman más en cuenta sus propios intereses o los de sus partidos al elaborar las leyes. Sólo 1 de cada 10 ciudadanos cree que los funcionarios públicos toman en cuenta los intereses de la población.
Y entonces, ¿en quién confían los mexicanos? Confían en la familia, los médicos, el ejército (ahora tan presente), la iglesia (¡a pesar de los pederastas!), pero no así en los sindicatos, la policía, los partidos políticos, los senadores y los diputados, quienes invariablemente suelen ocupar con orgullo el último lugar.
En cuanto a la legalidad, el 64% considera que la ley no se respeta en México, y por si fuera poco, cuando se logra aplicar, el 68% de los mexicanos considera que se aplica para beneficio de unos cuantos.
Pero no deseo culpar de todo a los políticos y los partidos, porque finalmente estos actores de poder, emanan de la sociedad misma. Y si han hecho y deshecho, es porque del otro lado, existe una sociedad abúlica, desinteresada, irresponsable y poco participativa, que en la práctica permite y solapa esta situación. Entonces, nos encontramos en un círculo vicioso: ciudadanos apáticos, políticos cómodos.
Detrás de los números, se evidencia una sociedad pasiva que reclama derechos, pero rehúye obligaciones. A pesar de que la política nos influye a todos, puesto que los políticos toman las decisiones públicas más importantes que nos afectan para bien y para mal, 63% de los mexicanos le interesa poco y nada la política, a tal grado que un 66% de la población no le interesan las próximas elecciones para elegir diputados federales el próximo 5 de julio. Por eso, el 64% no sabe siquiera, cuánto dura un diputado en su cargo. En consecuencia, un apabullante 66% cree que las elecciones en México no son limpias.
Si hablamos de la participación ciudadana, los datos no son menos preocupantes. 3 de cada 4 no considera asociarse o colaborar con otros ciudadanos para resolver un problema que afecta a la comunidad, y 95% ni siquiera considera acudir a los representantes populares (diputados y los senadores) para atender una problemática. Llama la atención, a propósito de la inseguridad, que 78% de los mexicanos considera que es el gobierno quien debe solucionar los problemas, y sólo un 16%, piensa que la sociedad es corresponsable. En conclusión: Se buscan ciudadanos ¿Usted es uno? Porque el país, si avanza, no será por los políticos, sino por los ciudadanos.


