En Coahuila estamos sobrados. Por eso el Congreso del estado aprobó a finales de abril el aumento de más regidores en los cabildos. De buenas a primeras la mayoría priista reformó nuevamente el código electoral. Digo priista porque no se puede tomar en serio la propuesta ni exposición de motivos que hizo el diputado Samuel Acevedo Flores del Partido Social Demócrata de Coahuila. Está claro que quien manda en el Congreso y de paso en el estado es el PRI. No hay más, es la hegemonía.
En el 2009 ese partido nos entregó una reforma electoral con una “visión autocrítica”. Todo fue en “en aras de la racionalidad y el ahorro de recursos públicos”. “Nuestro objetivo”, se expuso entonces, “es abrir el sistema de partidos estatal a nuevas expresiones, que contribuyan a reflejar de mejor manera la pluralidad de la sociedad coahuilense”.
Es cierto, aquélla reforma tuvo aspectos positivos. Menciono algunos: ordenó la colocación de propaganda; se acortaron los tiempos de campaña; y se recortó el número de diputados. Pero la realidad es otra, porque la pluralidad en Coahuila es irrelevante.
La nueva reforma insiste en la representación de las “minorías”. De acuerdo con el dictamen de la comisión de gobernación (26 de abril, 2012), “lo que interesa es que el sistema funcione de tal manera que exista una igual o equilibrada representación de todos los sectores”.
Por un lado dice el documento, “no es suficiente para atender la creciente necesidad de la población y de (sic) la diversa problemática social que se vive”. Por otro, el documento no evita el eufemismo ni la contradicción, cuando afirma que el aumento de regidores “permitan corregir el mayoritarismo del sistema electoral”. A este brillante diputado Acevedo Flores no le cuadra la redacción, las ideas y muchos menos los conceptos. Tal vez inaugure una nueva forma de “pensar”.
Pero vayamos a la reforma. Aumentar regidores en el cabildo no aumenta la representatividad de los ciudadanos. En dado caso, aumenta la cartera de los partidos; no la representación de los ciudadanos. Preguntémonos:
¿A quién representa un regidor? ¿Al alcalde que lo designó en su planilla o al ciudadano? ¿Al partido que pertenece o a los ciudadanos?
En ninguno de los casos los regidores se deben al voto directo de los ciudadanos. Elegimos candidatos que ya incluyen planilla, pero directamente nadie elige a los regidores. Nadie vota por ellos. Si realmente la mayoría priista en el Congreso de Coahuila pensara en los ciudadanos, habría cambiado la fórmula de elección y por lo tanto de representación.
Pero no, esta reforma parece empeñada en incluir a “minorías” que no critiquen ni se opongan. Lo que no quieren los priistas son regidores duros de oposición, como en el caso de la bancada panista en Torreón (recién desmantelada por las elecciones). En su momento, los regidores y la síndico panista prácticamente impusieron la línea de comunicación del Ayuntamiento. Por eso hay en la reforma la necesidad de hacer bola, de sumar más regidores sin representatividad, pero eso sí, bien alineados al partido que gana el poder.
De la misma manera que cantidad no es calidad, aumentar el número de regidores no aumenta la representatividad. Muy distinto sería un regidor que se sitúa en una demarcación electoral dentro del municipio y que además es electo directamente por los ciudadanos. Ahí sí tendríamos una representación plural y nada cómoda para el partido en el poder.
2 de mayo 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9146252
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miércoles, 2 de mayo de 2012
sábado, 9 de enero de 2010
La Biblia Vaquera

La semana pasada comenté a vuela pluma que la producción lagunera en materia de literatura fue buena e incluso destacada más allá de lo regional. Otro libro, “Tres amores (o más)” de Francisco Amparán, fue publicado en la Colección Siglo XXI Escritores Coahuilenses, promovida por la Universidad Autónoma de Coahuila. Hay que aplaudir el loable esfuerzo de la Universidad para difundir en esa colección diversas obras de autores coahuilenses.
En los últimos años, han despuntado de manera significativa escritores nacidos a finales de la década de los setenta del siglo XX. Se trata de jóvenes, que como Vicente Alfonso, uno de los más notables de su generación en el quehacer literario, están renovando las letras.
En este sentido, un libro de narrativa que se ha vuelto todo un fenómeno en diversos círculos literarios es “La Biblia Vaquera, un triunfo del corrido sobre la lógica” del lagunero Carlos Velázquez. “La Biblia” fue publicada en 2009 bajo el Fondo Editorial Tierra Adentro de Conaculta. Es un breve e hilarante libro de 99 páginas que ha recibido los mejores comentarios de la crítica especializada. En lo personal el libro no sólo me hizo reír, sino pensar en algo más profundo y necesario: la identidad. En especial la identidad de la Comarca, la cual desde luego se finca en algo menos voluble e inmediato como un equipo de fútbol. Hay que leer “La Biblia” como señal de los tiempos que vivimos: disgregados, dispersos, decadentes. Hace tiempo que La Laguna no es algodón y uva. Velázquez lo expresa con claridad, el tiempo de la “condición posnorteña”. Quizá por eso su autor nos lleva por la región del “popstock”, misma que va de Moncloyork a Gómez Pancracio, la capital de la lucha libre.
De la ficción a la no ficción, ¿qué más da en qué lugar nos situemos?, Velázquez se autodefine: “Nací en una esquina. En una arena de la lucha libre. En Gómez Palacio. Soy lagunero. Soy rudo. Soy un espanto”. Lo que sigue después es el mundo “facsímil” de “diyeis, luchadores, “dílers” y burritos de “yelera”. Siguiendo acaso a James Joyce, Velázquez transforma, tuerce y retuerce el lenguaje para darle un nuevo, o más bien, un exacto sentido en la personalísima conversación entre dos amigos y su entorno “posnorteño”.
Este “salvaje narrativo” como lo ha descrito Jaime Muñoz Vargas, desconcierta, saca de su lugar y provoca con humor eléctrico en las frases que espetan sus personajes. Para Sergio González Rodríguez (Reforma, 16-VIII-09), “La Biblia” es el “libro de narrativa convocado a cambiar la recepción y la percepción de la literatura mexicana”. Quizá su juicio sea discutible, pero no la seriedad de sus palabras.
Jairo Calixto Albarrán escribió una reseña en Milenio Semanal (18 de julio, 2009) sobre el autor lagunero: “Si un libro es incapaz de orillarte a escarbar en el ataúd donde pernoctan tus demonios, no merece ser leído. Un libro está obligado a reconfigurarte los prejuicios y a consolidar lo más preciado que puedes atesorar: tus dudas. Un libro debe tratarte como a la peor de tus pesadillas y aún así extraerte con pinzas la lucidez resguardada en las alforjas del humor. Velázquez ha perdido la esperanza pero no el sentido del humor”.
Rafael Lemus hizo una advertencia en Letras Libres (octubre 2009): “todos los que crean que la literatura debe parecer literatura pueden alejarse de una vez. Esta obra está dejando de ser, y de parecer, literatura. Aunque está escrita y se vende como libro, desborda su soporte. Es fácil imaginarla como una obra de net art: música y gráficos y videos y juegos y vínculos en la pantalla de una computadora. Es más fácil todavía imaginarla, escucharla, como una pieza de Nortec: tambora y música electrónica y hip hop y banda sinaloense desenfadadamente mezclados”.
Velázquez, el también autor de Cuco Sánchez Blues (2004), regresa a la palestra literaria recargado de esta “Biblia” y otras historias. En su blog, espantobesamemucho.blogspot.com, el lector podrá encontrar otros textos del autor.
2 de enero 2010
El Siglo de Torreón
sábado, 28 de febrero de 2009
PRI reloaded

Paso tras paso, victoria tras victoria, el PRI se apunta claramente como el próximo ganador de la campaña electoral. En la mayoría de los comicios electorales celebrados durante el 2008, el tricolor se impuso como el gran ganador, casi recordando los viejos tiempos del partido único. Por el contrario, el grueso de las derrotas las cargó el PAN, incluso en aquellos espacios que se consideraban históricamente favorables. Hoy por hoy, y esto resulta contradictorio para el partido en el poder, el panismo se derrumba, apenas el año pasado si consiguieron un 3% de victorias electorales; casi nada. Llámese decepción, incapacidad e ineficiencia para gobernar o exceso de confianza, son algunas razones de la derrota panista, y los electores están marcando sus preferencias hacia el PRI.
La reciente encuesta de Reforma (23 febrero), publicada el lunes pasado, dibuja en cierta forma la caída libre del PAN y el reposicionamiento del PRI. Tan sólo en los últimos dos meses, el partido de Felipe Calderón se desplomó doce puntos porcentuales, mismos que el PRI ganó consistentemente desde el año pasado. Los resultados de la encuesta nacional, son similares también, a los expuestos por El Universal (9 de febrero), donde la ventaja se abre 15 puntos a favor del PRI. Dicho de otra forma, si este mes fueran las elecciones, el PRI obtendría 39.9% de los votos, mientras que el PAN alcanzaría 25.1% y el PRD 15.4%. El panorama no podría ser mejor para el tricolor, ya que inicia en su mejor momento desde hace seis años, incluso, en la encuesta de Mitofsky (enero), donde se mide el rechazo de los votantes hacia los partidos, el PAN le ganó al PRI el segundo lugar del partido más rechazado (24%), sólo superado, y con creces, por el PRD, que suma ya un 43% de rechazo. Con estas cifras, está claro que la próxima legislatura quedará dominada por el PRI, quien ocupa actualmente la tercera posición en el Congreso, pero que se comporta y marca el ritmo de la agenda como si fuera primera fuerza. No obstante, se plantea ya la posibilidad, que desde 1997, un partido logre la mayoría absoluta, cincuenta por ciento más uno, lo que equivale a 251 diputados para controlar el Legislativo. De ser así, estaríamos ante un rechazo contundente al proyecto del presidente Calderón y consecuentemente, a la factibilidad del arribo del PRI a los Pinos.
Pero ¿qué puede ofrecer este regreso inminente del PRI, esta versión reloaded o recargada? Veamos un ejemplo. Hace un días, el presidente del PAN, Germán Martínez, criticó al PRI por el “fracaso de los gobiernos”. La respuesta no se hizo esperar y según un senador del PAN, esta discusión tumbó las negociaciones en el Senado para que se aprobaran tres iniciativas importantes del presidente Calderón en materia de seguridad y combate al crimen organizado, tales como, la extinción de dominio sobre los bienes del narco. Mientras el crimen organizado no descansa, la política se paraliza para dar paso al chantaje. No te apruebo porque me criticas. Al final no importa la urgencia ni la pertinencia de las iniciativas, porque nuestro tiempo, lo deja claro la clase política, es otro. Y ese es el mensaje que da el PRI, en un momento en que se apunta casi como el gran ganador de los comicios. Su desprecio hacia el tema de seguridad, nos deja en claro para qué quiere el poder.
Al final, lo que debiera interesar no es tanto si el PAN, el PRI o el PRD proponen, sino la calidad del trabajo que va encaminado a mejorar la vida pública en México, ahora tan degradada por la violencia. De poco ayuda un partido con la mayoría absoluta en el Congreso, si la política carece de una visión de Estado, pues al final, estará siempre al servicio de unos pocos. Resulta desalentador que mientras el crimen organizado actúa a diestra y siniestra, los políticos utilicen el tema de la seguridad como materia prima para las elecciones. Así de pequeña es nuestra política, así de efímera y estéril.
sábado, 15 de noviembre de 2008
Miles de millones

Aunque el título de este artículo hace pensar en un buen libro del astrónomo norteamericano Carl Sagan, siempre con su generoso tono didáctico, en realidad me voy a referir a temas más terrenales y menos astronómicos: el presupuesto en miles de millones que recién aprobó la honorable Cámara de Diputados para el próximo año.
La cifra es astronómica, 3 billones 45 mil 478.6 millones de pesos, o si se quiere, el 23.5% del Producto Interno Bruto en México. Pero, ¿cómo se entiende todo ese dinero público? ¿De qué manera saber que se ese dinero se utiliza adecuadamente? ¿Cuál es el costo beneficio de esos recursos públicos? ¿Cómo vigilar, controlar, transparentar el ejercicio? ¿Hay lugar para la rendición de cuentas?
La ultramillonaria bolsa se repartió para el 2009 en las áreas administrativas del gobierno federal, poderes legislativo, judicial, entidades autónomas, gobiernos estatales y municipales.
Las dependencias del gobierno federal con mayores incrementos en relación al presupuesto del presente año, se concentraron en la seguridad: la Secretaría de Seguridad Pública con 62.2% (832 mil 916 millones 838 mil 380 pesos); la Procuraduría General de la República con 29.2%, o 12 mil 309 millones 857 mil 565 pesos. Le siguen la Secretaría de Desarrollo Social con 25.9% (68 mil 146 millones 568 mil 105 pesos); Gobernación con 25.1% (9 mil 594 millones 007 mil 041 pesos); Economía con 24.8% (14 mil 153 millones 375 mil 103 pesos); el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología con 24.7% (15 mil 474 millones 732 mil 726 pesos); y la Defensa Nacional con 19.4% más (43 mil 623 millones 321 mil 860 pesos).
Sin embargo, y para no perdernos en las cifras, conviene reparar al menos en tres aspectos que ayudan a entender las circunstancias del dinero público.
1
Dentro de todo lo negativo que implica la crisis en el mundo, la Secretaría de Hacienda (SHCP), tuvo el buen tino de preveer dificultades en su momento. De hecho, el secretario Agustín Carstens blindó el presupuesto federal, basado en un precio del petróleo de 70 dólares por barril. Ahora la cifra anda en los 41 dólares. Basta recordar la catástrofe financiera que durante el gobierno de José López Portillo se ocasionó debido al gasto desmedido financiado con la renta petrolera, que luego se esfumó en los vaivenes del mercado internacional del crudo. La historia terminó en una caída abrupta del precio de petróleo, generando una crisis mayúscula a los mexicanos, no sólo al gobierno.
Por fortuna los tiempos han cambiado, y durante los últimos meses la SHCP realizó en los mercados financieros internacionales operaciones de cobertura contra el riesgo de reducciones en los precios del petróleo, con lo cual se protegió el nivel de ingresos petroleros del Gobierno Federal previstos en la Ley de Ingresos de la Federación 2009.
Esta operación funciona como un seguro en el que se paga una prima al momento de su adquisición y en caso de que el precio promedio de la mezcla mexicana, como ahora sucede, se ubique por debajo de 70 dólares por barril, se otorga un pago al Gobierno Federal que compensa la disminución observada en los ingresos presupuestarios.
De esta manera, la cobertura permitió al Gobierno Federal evitar que las disminuciones en el precio del petróleo afecten la ejecución de los programas previstos en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2009. En este sentido, es loable destacar la responsabilidad financiera del Gobierno, lo cual es esencial para mitigar la crisis exterior que afecta al país.
2
Ya se me hacía demasiado bello para ser cierto. Eso de que los senadores reducirían el presupuesto de su Cámara con 750 millones para reasignarlo a otros rubros del gobierno. En plena madrugada, los senadores negociaron con los diputados el regreso de 300 millones para su presupuesto. Los diputados, fieles representantes del pueblo, quitaron 300 millones del ramo 23, en su parte de “Seguridad y logística” para reasignarlos al senado. El hecho sería trivial si México no tuviera los graves problemas que enfrenta contra el crimen organizado y la quiebra de la seguridad que viven muchas ciudades mexicanas. Con seguridad, esta medida aplicada en otro país, en una democracia funcional, les abría costado una elección a los responsables legisladores. Mientras tanto, el electorado mexicano carece de vías para llamar cuentas a los legisladores, por eso no extraña, que representen todo, menos a los ciudadanos.
3
Y ya que hablamos de rendición de cuentas, habrá que recordar que en los últimos años, el Gobierno Federal invirtió la fórmula para favorecer el federalismo y la descentralización. Por lo tanto, hasta un 87% de los recursos que tiene los Estados del país, dependen del presupuesto federal. Sin embargo, lo que se ganó al federalizar, se perdió en límites y vigilancia. Como bien argumenta Jorge Zepeda Patterson, en el libro que coordina, Los Intocables: aumentó la discrecionalidad y opacidad, lo cual supone que el saldo final de la “federalización” ha significado un retroceso en el manejo de los dineros públicos en México. En Coahuila, se ejercerá casi 25 mil millones ¿habrá transparencia?
La cifra es astronómica, 3 billones 45 mil 478.6 millones de pesos, o si se quiere, el 23.5% del Producto Interno Bruto en México. Pero, ¿cómo se entiende todo ese dinero público? ¿De qué manera saber que se ese dinero se utiliza adecuadamente? ¿Cuál es el costo beneficio de esos recursos públicos? ¿Cómo vigilar, controlar, transparentar el ejercicio? ¿Hay lugar para la rendición de cuentas?
La ultramillonaria bolsa se repartió para el 2009 en las áreas administrativas del gobierno federal, poderes legislativo, judicial, entidades autónomas, gobiernos estatales y municipales.
Las dependencias del gobierno federal con mayores incrementos en relación al presupuesto del presente año, se concentraron en la seguridad: la Secretaría de Seguridad Pública con 62.2% (832 mil 916 millones 838 mil 380 pesos); la Procuraduría General de la República con 29.2%, o 12 mil 309 millones 857 mil 565 pesos. Le siguen la Secretaría de Desarrollo Social con 25.9% (68 mil 146 millones 568 mil 105 pesos); Gobernación con 25.1% (9 mil 594 millones 007 mil 041 pesos); Economía con 24.8% (14 mil 153 millones 375 mil 103 pesos); el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología con 24.7% (15 mil 474 millones 732 mil 726 pesos); y la Defensa Nacional con 19.4% más (43 mil 623 millones 321 mil 860 pesos).
Sin embargo, y para no perdernos en las cifras, conviene reparar al menos en tres aspectos que ayudan a entender las circunstancias del dinero público.
1
Dentro de todo lo negativo que implica la crisis en el mundo, la Secretaría de Hacienda (SHCP), tuvo el buen tino de preveer dificultades en su momento. De hecho, el secretario Agustín Carstens blindó el presupuesto federal, basado en un precio del petróleo de 70 dólares por barril. Ahora la cifra anda en los 41 dólares. Basta recordar la catástrofe financiera que durante el gobierno de José López Portillo se ocasionó debido al gasto desmedido financiado con la renta petrolera, que luego se esfumó en los vaivenes del mercado internacional del crudo. La historia terminó en una caída abrupta del precio de petróleo, generando una crisis mayúscula a los mexicanos, no sólo al gobierno.
Por fortuna los tiempos han cambiado, y durante los últimos meses la SHCP realizó en los mercados financieros internacionales operaciones de cobertura contra el riesgo de reducciones en los precios del petróleo, con lo cual se protegió el nivel de ingresos petroleros del Gobierno Federal previstos en la Ley de Ingresos de la Federación 2009.
Esta operación funciona como un seguro en el que se paga una prima al momento de su adquisición y en caso de que el precio promedio de la mezcla mexicana, como ahora sucede, se ubique por debajo de 70 dólares por barril, se otorga un pago al Gobierno Federal que compensa la disminución observada en los ingresos presupuestarios.
De esta manera, la cobertura permitió al Gobierno Federal evitar que las disminuciones en el precio del petróleo afecten la ejecución de los programas previstos en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2009. En este sentido, es loable destacar la responsabilidad financiera del Gobierno, lo cual es esencial para mitigar la crisis exterior que afecta al país.
2
Ya se me hacía demasiado bello para ser cierto. Eso de que los senadores reducirían el presupuesto de su Cámara con 750 millones para reasignarlo a otros rubros del gobierno. En plena madrugada, los senadores negociaron con los diputados el regreso de 300 millones para su presupuesto. Los diputados, fieles representantes del pueblo, quitaron 300 millones del ramo 23, en su parte de “Seguridad y logística” para reasignarlos al senado. El hecho sería trivial si México no tuviera los graves problemas que enfrenta contra el crimen organizado y la quiebra de la seguridad que viven muchas ciudades mexicanas. Con seguridad, esta medida aplicada en otro país, en una democracia funcional, les abría costado una elección a los responsables legisladores. Mientras tanto, el electorado mexicano carece de vías para llamar cuentas a los legisladores, por eso no extraña, que representen todo, menos a los ciudadanos.
3
Y ya que hablamos de rendición de cuentas, habrá que recordar que en los últimos años, el Gobierno Federal invirtió la fórmula para favorecer el federalismo y la descentralización. Por lo tanto, hasta un 87% de los recursos que tiene los Estados del país, dependen del presupuesto federal. Sin embargo, lo que se ganó al federalizar, se perdió en límites y vigilancia. Como bien argumenta Jorge Zepeda Patterson, en el libro que coordina, Los Intocables: aumentó la discrecionalidad y opacidad, lo cual supone que el saldo final de la “federalización” ha significado un retroceso en el manejo de los dineros públicos en México. En Coahuila, se ejercerá casi 25 mil millones ¿habrá transparencia?
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