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sábado, 13 de marzo de 2010

Pocas nueces



Hace varios que se rompió la hegemonía del partido oficial. El 2000 fue un año esperanzador para muchos mexicanos que votaron por el cambio. Se esperaba, se exigía mucho de la elección. Las expectativas fueron altas, y quizá por ello vino después una profunda decepción. Hace diez años, muchos votamos para sacar a las “víboras y tepocatas”, pero éstas nunca desaparecieron, ni tampoco se crearon las bases para terminar con los resabios del autoritarismo.
Luego entonces, a fuerza de realidad, fuimos conociendo la acepción mexicana de “alternancia”, que no aparece en los estudios de ciencia política de Robert Dahl, Gabriel Almond, Samuel Huntington. Acaso la excepción sería la del politólogo español Juan Linz.

En México asistimos a la alternancia, sin mudar del todo a un régimen sólidamente democrático. Las viejas estructuras del edificio autoritario quedaron tan vigentes como en el pasado. De esa manera la percepción de la corrupción fue forjada eficientemente por el PAN en estos años, a tal grado que en muchos de los estudios de opinión, el PAN desbancó al PRI como el partido el partido más corrupto.
Así, la alternancia en el poder significó un cambio de personas y partido, pero esto no condujo necesariamente a una puntual rendición de cuentas, a una justicia generalizada. Por el contrario, la impunidad sigue siendo el sello de la vida pública. Recuerdo bien como el ex presidente Fox ofreció “peces gordos” y encargó esa función al Secretario de la Contraloría, hoy Función Pública. Francisco Barrio Terrazas, un hombre de buena fama pública, pero de escasos resultados, porque al final, los “peces gordos” nunca llegaron.

A la vuelta de diez años, en estos simbólicos que coinciden con el Bicentenario, la antigua Contraloría pasó de la innovación a la irrelevancia. La Contraloría fue creada en los tiempos de la “renovación moral” y estuvo a cargo de Samuel del Villar. Con el tiempo, el órgano encargado de combatir la corrupción, terminó siendo el encubridor de la misma. No extraña por lo tanto, una fallida pretensión presidencial por desaparecer dicha secretaría.
Desde hace tiempo que el viejo esquema de contrapeso en el poder es obsoleto. La Contraloría evidenció su incapacidad para combatir la corrupción, desde el momento mismo en que terminó siendo una entidad dependiente y parcial al servicio del ejecutivo en turno. Bajo esa relación, la Contraloría se volvió disfuncional para el control y vigilancia, porque al fin terminó vigilándose a sí misma como quien es juez y parte.

En este sentido, mucho ruido se ha hecho en el Ayuntamiento de Torreón sobre las pretendidas irregularidades de la pasada administración. El impugnado Contralor Municipal, Lauro Villarreal, ha señalado malos manejos e irregularidades en el municipio, especialmente en el SIMAS. Desde los megatanques hasta los seguros de funcionarios, se anuncian anomalías por varios cientos de millones de pesos. Y mientras tanto en los medios se dice que si Simas, que si los seguros, que si los microcréditos, pero al final los señalamientos del Contralor Villareal, sólo corren el riesgo de convertirse en exposiciones mediáticas para cumplir con el escándalo, e incluso en un medio de chantaje contra el adversario político. Esta historia ya la conocemos, y desde hace años que se anuncian las auditorías en SIMAS sin que por ello la Contraloría procure responsabilidades.

Bien dicen en política que la forma es fondo. Por eso, más allá del espectáculo, tratando de olvidar el sainete de la semana en la Cámara de Diputados ¿Qué ha resultado en beneficio de los torreonenses el espectáculo entre Lauro Villareal y el décimo regidor panista, o éste último y el tesorero Pablo Chávez sobre el escándalo de los recibos? Me temo que nada, porque el espectáculo no genera gobierno ni responsabilidad. Finalmente, después del escándalo, no conocemos responsabilidades ni responsables. La labor que ahora lleva el vigilante del Ayuntamiento de Torreón, puede convertirse con facilidad en una “llamarada de petate”, en un fuego fatuo que sólo venga a constatar el triste y decepcionante desempeño de los gobiernos a la hora de combatir la corrupción.

Mal haría el Contralor Villareal en repetir el papel del otrora “hombre de hierro” durante el frívolo sexenio foxista, donde los “peces gordos” fueron charalitos. No vaya resultar que el pescador resulta pescado por su ineptitud. Ojalá que no sea así y pronto conozcamos lo que tanto se anuncia en los medios para beneficio de la confianza y credibilidad del gobierno de Eduardo Olmos.
Si el Contralor se queda en lo mediático, habrá aportado mucho a la percepción de fraude que genera la democracia. No está de más recordar una reciente encuesta donde sabemos que siete de cada 10 mexicanos se sienten insatisfechos con la manera en que la democracia funciona (El Universal, 9-III-2010). Quizá como el refrán, hay mucho ruido y pocas nueces. A estas alturas, lo menos que podemos esperar es seriedad.

13 de marzo 2010
el siglo de torreón
twitter.com/uncuadros

domingo, 28 de febrero de 2010

La Consulta, el General y nosotros



No a la generación del No. Así rezó en la semana, la publicación que firmaron en varios periódicos nacionales destacadas personalidades. Entre las firmas, apareció un ex presidente, acaso el más valorado durante los últimos cuatro sexenios. También firmaron conocidos escritores, cineastas, académicos, periodistas, intelectuales.

La resistencia al cambio, expresa el documento, une a la Generación del No, la generación de políticos de todos los partidos que han hecho improductiva nuestra democracia. “Quién se opone a todo está a favor de nada”, argumentan, para luego preguntar: “Si estuviéramos en el paraíso, el cambio sería riesgoso pero, ¿estamos en el paraíso? ¿No hay nada que cambiar?”.
El llamado al Congreso para aprobar la reforma política es loable, pero también discutible. ¿Son sólo los políticos los que han hecho improductiva la democracia? ¿Puede prosperar una democracia sin demócratas? ¿Tiene sentido una democracia sin ciudadanos?

Si bien, estoy convencido que una reforma del poder como la propuesta por el Ejecutivo Federal, busca cambiar las deterioradas relaciones entre ciudadanos y políticos, gobierno y sociedad, no podemos perder de vista que detrás de la política no suelen estar, y mucho menos participar los ciudadanos. Llámese desconfianza, decepción, o incluso pobreza, la renuncia a la política, entendida como espacio público, es generalizada.
No se trata sólo de la política como una forma electoral, sino de una incursión más amplia en la vida pública. Una plaza por ejemplo, no está descuidada solamente porque el gobierno no la atiende, sino también por el cuidado y valor que le dan sus vecinos.

Pensemos en nuestro entorno inmediato. El gobierno local a cargo de Eduardo Olmos, de manera inédita abrió una consulta popular en relación al Plan de Desarrollo Municipal. Instaló urnas en tiendas y edificios oficiales, publicó en la prensa unas preguntas y también en la página electrónica del Ayuntamiento extendió el llamado.

Abiertamente les preguntó a los torreonenses sobre las problemáticas del municipio y su colonia. Pero al final también les preguntó a qué se comprometían para mejorar su ciudad.
En realidad, la otra cara de la moneda llamada gobierno, son los ciudadanos. Al respecto, les pregunté su opinión a algunas personas cercanas sobre la Consulta, a unas les pareció bien, y otras simplemente rechazaron participar por desconfianza, “escepticismo”.

No obstante las dudas, las críticas, me parece preocupante el desprecio, la indiferencia hacia la política. Porque en el fondo sólo indica la irrelevancia de los espacios comunes, de los valores compartidos, de la solidaridad entre sus miembros. La ausencia de participación es una renuncia anticipada por parte de muchos ciudadanos, tal y como lo han demostrado visiblemente los estudios de cultura y valores cívicos.

Quizá por eso, cuando se compara la participación de los ciudadanos de Juárez con los de Tijuana en un problema decisivo como la seguridad, los primeros han cerrado la puerta a incidir en su entorno, mientras que los segundos han logrado cambios palpables en su realidad. Ahí están los registros puntales de las denuncias al ejército, ahí los autos sin vidrios polarizados. La primera sociedad renunció a sus canales establecidos, mientras que la segunda está haciendo con su corresponsabilidad la diferencia.

Hay que escuchar y tomar en serio el discurso del General y Secretario de la Defensa Nacional, Guillermo Galván: “No se olvide que la delincuencia es un enemigo que se mimetiza, se mueve y se escuda en el seno de la propia comunidad”.
Si hay una ciudad fallida como ciudad Juárez, es porque hay ahí una ciudadanía fallida. De esa manera, podemos plantearlo para otros temas, problemáticas, necesidades. Una sociedad que no se involucra con su gobierno, le abre la puerta a la arbitrariedad, el abuso y la falta de responsabilidad.

No hay actitud más peligrosa en política que despreciar la política. Podemos criticar, incluso destruir o hacer un llamado a la “revolución”, pero qué sigue después, qué camino tomar, hacia dónde, cómo construir. Se necesita inteligencia, imaginación y arrojo, algo que colectivamente parece negado.

Es cierto que los ciudadanos no confían en la autoridad, pero tampoco confían en sus vecinos. Por lo tanto, puede haber dudas o desconfianza en el ejercicio de una consulta convocada por el gobierno, pero ¿no debemos los ciudadanos tomar la iniciativa?
La “generación del No” también se explica por lo que son sus ciudadanos.

el siglo de torreón, 27 de febrero 2010
twitter.com/uncuadros

lunes, 19 de octubre de 2009

Eduardo Olmos



Se confirmó al fin el amplio triunfo de Eduardo Olmos del PRI para la alcaldía de Torreón. La diefrencia con Jesús de León Tello según el PREP del IEPC quedó en 19.93 puntos, lo cual confirma varias cosas:
-La alternancia en el municipio y un votante proclive a apremiar y castigar. Desde finales de 1990 Torreón no está casado con un partido.
-La base tradicional de votantes del PAN se dispersó por lo menos desde 2008.
-Es cierto que los programas sociales (tinacos, pintura, tarjetas de la gente) empujaron el voto, pero no de forma significativa como sí lo hizo el ineficiente gobierno panista. Al final, eso pesó más.
-Tras el amplio margen de victoria, Olmos despierta una gran expectativa, por lo tanto, está obligado a realizar un buen gobierno: capaz y eficiente, con liderazgo e innovador, responsable y sobre todo, con miras al largo plazo (no sólo los próximos cuatro años).

domingo, 2 de agosto de 2009

El presente de la basura



Entrampado, enredado, complicado, sin claridad en los acuerdos, así se presenta la larga e infructuosa negociación entre el Ayuntamiento de Torreón y Promotora Ambiental (PASA). Por eso, resulta revelador el manejo que ha realizado el Ayuntamiento de Torreón, a cargo de José Ángel Pérez, en el tema de la basura. Digo revelador, en tanto que una decisión de esa naturaleza, implica una actitud, pero sobre todo, una visión de largo plazo. Al menos, desde finales del año 2007, el Ayuntamiento inició el proceso de renovación del servicio de limpieza con escasos resultados. Hubo reuniones, discusión, se invirtió tiempo y dinero, e incluso se contrató un flamante estudio con investigadores del Colegio de México.

Al final, las cosas, lejos de resolverse, se han enredado más, y también se ha perdido un tiempo valioso para construir una decisión tan importante como estratégica para la administración municipal y sus ciudadanos. Quizá para los políticos, esto no resulte relevante o pueda esperar, pero al final, la basura de la ciudad, termina por ser un problema que nos involucra a todos. Sin lugar a dudas, el tema es clave para entender por qué un municipio o una región son más exitosos que otras para el manejo y aprovechamiento de la basura, pues si algo queda claro, es que la basura vale y es un buen negocio, como lo han lo demostrado ciudades como León, municipios rurales como Teocelo, Veracruz o la microrregión conformada por ocho municipios en Puebla.

No está demás exponer lo que sucede en otras latitudes, tal vez sea esclarecedor. A principios de año, las imágenes en los medios resultaban increíbles: la ciudad de Nápoles y su región, Campinia, en Italia, se ahogaban en basura. Alrededor de 2 mil toneladas comenzaron acumularse en las calles y vecindarios, tras una inminente y previsible crisis en sus depósitos y vertederos de basura que data desde 1994. Por un lado, los basureros se saturaron y por otro, los incineradores de basura, fueron insuficientes tras el colapso, lo que provocó que montañas de basura se apilaran en las calles. La situación hizo crisis, a tal grado, que muchos ciudadanos, al no soportar el fétido olor, provocaron más de 100 incendios en la zona, generando así, un problema mayor. Para finales del mes enero, las toneladas de basura en las calles superaron las 100 mil toneladas en la región. Tras el fracaso del gobierno italiano, el ejército asumió la tarea de barrer y recoger las miles de toneladas en las calles, para luego exportarlas a Cerdeña y Alemania con un costo altísimo para el gobierno y la población.

En Torreón no tenemos un problema de la magnitud italiana, ni estamos al borde de una crisis sanitaria, sin embargo, hay una clave común en todo esto: un gobierno con escasa visión que abdica a sus actos de autoridad.

Ante la debilidad y desorganización del Ayuntamiento lagunero (véase el Cabildo), ahora parece que la empresa PASA le hace un favor a Torreón, a pesar del carácter público y temporal de la concesión para prestar el servicio de limpieza. Como si la ciudad no tuviera suficiente con las oleadas del crimen organizado que en muchos sentidos, la ha secuestrado, para todavía ser rehén de una empresa. Ya es hora de que la basura de Torreón beneficie a los ciudadanos de Torreón, por ejemplo, ¿estaría dispuesta la empresa PASA a ofrecer incentivos económicos a los ciudadanos que desde origen separen la basura? ¿Qué hay de los desechos reciclados como el cartón, el Pet, el vidrio y el aluminio?

Irónicamente, el PAN ganó por primera vez la alcaldía de Torreón, entre otras cosas, por las irregularidades y generosas ventajas otorgadas a la empresa PASA, durante la inolvidable administración priista de Mariano López Mercado. A la vuelta de los años, esa historia ahora se vuelve contra el PAN.

miércoles, 10 de junio de 2009

Más sobre Asamblea de Culturas

Compilo las preguntas y respuestas del caso "Asamblea de culturas"

1

Se publicó ayer en este diario el artículo titulado “Asamblea de Culturas”, de Carlos Castañón, donde me acusa de plagiar, en un reciente libro del mismo nombre, la obra que hace varios años editó Elisa Gutiérrez Galindo, llamada Catálogo de extranjeros. Vamos aclarando. Primer asunto: en el Archivo Municipal existen más de dos mil quinientos expedientes que pertenecen a otros tantos extranjeros, y en donde se asientan datos acerca de su procedencia, estado civil, ocupación, religión, etc. Tal información está expresada en formularios del Departamento de Migración, y fue manifestada por cada uno de los inmigrantes que arribaron a estas tierras. Por otra parte, al ser documentación pública, está al alcance de quien la quiera consultar.

Segundo asunto. Repito una vez más lo que he dicho en varias ocasiones: mi respeto y admiración por el trabajo desarrollado, tanto por Elisa, como por quienes también me antecedieron en la dirección del Archivo. Aclaro aquí que ambos libros sí tienen diferencias, y profundas en cuanto al contenido (por eso preferí no hacer mención del Catálogo), pero no estoy desacreditando el trabajo anterior.

Tercer asunto. Para fundamentar su acusación de plagio, dice Castañón que Asamblea “muestra los mismos datos, pero ordenados de forma diferente” y además que “La publicación contiene prácticamente la misma información que ahora, sin pudor alguno, nos presenta como nueva”. Por supuesto que la manera de ofrecer la información es absolutamente distinta (prefiero que el lector juzgue cuál de las dos es un poco más atractiva), pero si Castañón compulsa con seriedad los dos textos, se dará cuenta que hay al menos doscientas diferencias, todas documentadas, por las cuales es un absoluto disparate hablar de plagio. Algunos ejemplos tomados del Catálogo: el Sr. Jorge Furusawa Furusawa aparece como chino y luego como japonés (pp. 167 y 665); El Sr. Jorge Jaik Chabab aparece como español y después como libanés (pp. 440 y 700); el Sr. Tomás López Alonso viene como norteamericano, siendo que es español (pp. 821 y 451). Repito: más de doscientos casos similares no aparecen en Asamblea de Culturas.

Omite Castañón que 252 páginas de Asamblea contienen varias listas, que son parte fundamental del texto. Es más: sólo esas listas son ya una diferencia sustancial. En resumen: Son bases de datos diferentes, es información ofrecida de manera diferente, eliminando de Asamblea más de doscientas casos que aparecen en el Catálogo. ¿Dónde está el plagio? Creo que el “profesional de la historia” Carlos Castañón, no comparó bien dos libros totalmente distintos. (Quien desee el inventario de las diferencias, puede solicitarlo a:

7 de junio de 2009

jorgerdzp@hotmail.com

Jorge Rodríguez Pardo

2

¿Libros totalmente distintos?

En torno a la respuesta de Jorge Rodríguez Pardo, director del Archivo Municipal, quiero reiterar lo expuesto en el artículo “Asamblea de culturas” del sábado pasado, publicado en el espacio editorial de este periódico. Lo interesante de la respuesta de Pardo, es que al fin reconoce, lo cual es revelador, que la publicación de Asamblea de culturas, se basa en la misma información del Catálogo de extranjeros, 2002. Y casualmente es muy similar, incluyendo las fotos. Pero le pregunto a Pardo, por qué reconoce hasta ahora, que es expuesto su plagio. Y si no hubiera sido así, ¿también lo habría reconocido? Pardo ofrece en su carta de ayer, una serie de “diferencias” que no son sustanciales, y que por lo tanto, no se apartan del corpus principal del Catálogo de extranjeros, lo cual constata el análisis comparativo de ambos libros que resumí en mi artículo. No hay diferencia sustancial entre ambas publicaciones. Le invito a que los comparen lectores especializados o no, para que verifiquen el plagio que comete. No está de más recordarle a Pardo la definición de la Real Academia Española sobre plagio: Copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias. Finalmente, le recomiendo a Pardo leer en mi blog las referencias bibliográficas de instituciones como el CIDE, la UNAM, UANL y otras, que han reseñado en los años recientes mi trabajo profesional como historiador.

Con atención, Carlos Castañón Cuadros

7 de junio de 2009

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Nuevamente, Carlos Castañón pone en mis labios palabras que no he formulado. Se lo voy a decir de manera más llana: Yo revisé, uno a uno, todos los expedientes que componen el Fondo Extranjerías, que es, si no lo ha entendido, la misma fuente de la que parten las dos obras (Catálogo de Extranjeros y Asamblea de Culturas). Por tanto, de tal revisión y entendimiento de los expedientes, en Asamblea de Culturas ya no aparecen más de doscientas personas.

¿Vinieron a solicitar su baja voluntaria? No. Más bien, encontré diversas causas por las que no debieran figurar en el texto nuevo. ¿Deben figurar como inmigrantes a Torreón más de 50 personas por las cuales solamente, en un telegrama o en un oficio, el Departamento de Población le pregunta al presidente municipal si radican aquí? No. ¿Decenas y decenas de personas fallecidas vinieron a avisarme que sus nombres o apellidos aparecen en el Catálogo alterados, o con sexo cambiado, o con nacionalidad inexacta, o repetidos en dos sitios primero con un nombre y luego con otro? Creo que no.

Incluso en su libro sobre inmigración china a La Laguna, Castañón incluye al Sr. Furuzawa como chino, y afirma que otro chino procede de Saigón, lo cual evidencia (en el mejor de los casos) que no acudió a los expedientes.

Con esta respuesta doy por terminada una discusión que considero necia y amañada por parte de Carlos Castañón. Yo no hablo con los muertos, ni mucho menos hice un “copiar y pegar”. Revisé 2,600 expedientes y publiqué, esperando que con pocos errores, la valiosa información contenida en el Fondo Extranjerías.

10 de junio de 2009

Jorge Rodríguez Pardo,

Director del Archivo Municipal de Torreón.

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Quizá Rodríguez Pardo ya olvidó lo que escribió a raíz de mi artículo, pero lo recuerdo: "Elisa Gutiérrez Galindo, a la sazón directora del Archivo Municipal, publicó en 2002 el libro mencionado, basándose en el contenido de los expedientes igualmente referidos." Y si bien, el funcionario habla de las particularidades que él aportó, no reconoce que el corpus de la obra publicada en 2002, es en lo sustancial, el mismo.

Por lo demás, me llama la atención, que su "argumento" final, lo cual es triste, lo dedique a calificarlo como "necio y amañado". No habría sido mejor, a bien de la honestidad intelectual, escribir: Edición corregida y aumentada del Catálogo de extranjeros, 2002.

con atención, Carlos Castañón, 10 de junio de 2009


sábado, 6 de junio de 2009

Asamblea de culturas


Asamblea de culturas o de cómo plagiar un libro con dinero público

Pocos son los libros que se publican en Torreón, y más aun, sobre temas como la historia de la Región o de la ciudad. Por eso, un nuevo libro de historia no debe pasar inadvertido. En este sentido, hace algunos días se realizó la presentación del libro “Asamblea de Culturas en La Laguna”, publicado por el Ayuntamiento y el Archivo Municipal de Torreón. La edición consta de quinientos ejemplares y es atribuido a Jorge Rodríguez Pardo, quien se desempeña como director del Archivo Municipal de la ciudad. Se trata de un ejemplar voluminoso de 467 páginas, donde se compilan miles de expedientes de los extranjeros que vinieron a la región en busca de mejores caminos y oportunidades. El tema resulta bastante atractivo, sobre todo, por las raíces extranjeras que terminaron por asumir a La Laguna, como patria adoptiva.

Al respecto, Rodríguez Pardo afirma con pasión, que la elaboración del trabajo fue “tan retador y tan gratificante”. La fuente de los datos compilados en el libro, proviene del archivo de extranjerías, clasificado y capturado por los archivistas del Instituto, en una base de datos, que por lo menos, existe desde hace siete años. ¿Pero cuál es el valor de este libro? ¿Cuál es su aportación a la historia de la ciudad y la Región? A primera vista, y sobre todo, para el público no especializado o aficionado a la historia, el libro parece una novedad y una prometedora investigación. Sin embargo, al recorrer con detenimiento las páginas del libro, encontramos inmediatamente que no se trata de una investigación, ni tampoco de la interpretación de un científico social que ayuda a comprender el pasado.

Más bien, el libro es un enorme compilado que retoma la base de datos ya existente en el Archivo. No obstante, Rodríguez Pardo, no explica intencionalmente, ni tampoco da el crédito adecuado a quienes generaron la base de datos, simplemente nos dice con entusiasta voluntad: “Era una obligación hacer pública la información contenida en este libro.” ¿Pero no era también una obligación dar los créditos correspondientes? ¿Tampoco era una obligación reconocer el trabajo previamente publicado, citarlo al menos? Hasta aquí la situación no es tan grave.

Lo verdaderamente inaceptable, lo profundamente deshonesto de este “trabajo” es haber omitido deliberadamente, el libro que plagió Rodríguez Pardo. Y para muestra, no se necesita hacer una análisis muy profundo de Asamblea de Culturas, para demostrar que se trata de un pastiche, es decir, un trabajo que muestra los mismos datos, pero ordenados de forma diferente, de tal manera, que se da la impresión de ser una creación independiente. En otras palabras, nuestro “autor”, plagió hábilmente una obra previamente publicada en el año 2002 por Elisa Gutiérrez Galindo, ex directora del Archivo. El libro plagiado se titula “Catálogo de extranjeros“, y fue publicado también por el Ayuntamiento. La publicación contiene prácticamente la misma información que ahora, sin pudor alguno, nos presenta como “nueva” Rodríguez Pardo.

La situación presenta, para recordar la definición de Ambrose Bierce sobre el plagio: “una coincidencia literaria entre una prioridad carente de mérito y una posteridad honorable”. Como profesional de la historia, y como Presidente de la Academia Lagunera de la Historia, uno no puede avalar este tipo de fraudes y mucho menos aceptar, que con dinero público, se insulte la inteligencia de los lectores. Basta con cotejar una publicación con otra para evidenciar el plagio que nos receta el funcionario público. Al respecto, ofrezco en mi blog una serie de pruebas documentales y comparativos que evidencian con claridad, el trabajo “tan retador” de nuestro “autor”.

Lo curioso del caso, es que libro viene avalado por el mensaje del Alcalde José Ángel Pérez, quien escribe que el libro de Rodríguez Pardo, viene “a prestar un necesario servicio a la historia de Torreón”. Como si el Alcalde no tuviera suficientes problemas, como para firmar todavía un libro plagiado. ¿No habría sido mejor dictaminar la obra, informase con algún conocedor previamente? ¿Por qué que no se recurrió a la opinión de un profesional, al dictamen de un perito doctorado en historia y reconocido académicamente lo mismo en Estados Unidos que en Francia, como es el Cronista de la Ciudad, Sergio Antonio Corona Páez?

En el fondo, situaciones como estas, vienen a ilustrar la forma en la que los políticos gobiernan este país, es decir, designan no al más capaz o preparado para un puesto técnico como la dirección de un Archivo, sino se paga un favor político derivado de una campaña. A eso se limita el profesionalismo en la política. Bien recuerda un viejo sabio de origen chino: los líderes lo son, no porque lo sepan todo, y sean muy inteligentes, sino porque se rodean de gente capaz que les complementen sus carencias. Finalmente, si una persona roba un objeto en una tienda es aprehendida, pero si plagia un libro, ¿también?