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domingo, 1 de mayo de 2016

Consejo Cívico de las Instituciones Laguna


La historia está en su gente. Por lo mismo, uno de los aspectos más interesantes de la historia de la Comarca Lagunera es la manera en que los laguneros se han organizado para salir adelante. Me gusta reconocer en la historia lagunera, el surgimiento de asociaciones civiles, uniones empresariales y causas comunitarias. Pienso en las primeros años del siglo XX, cuando prácticamente estaba todo por hacerse en Torreón. Había que levantar una ciudad, construir sus espacios y sobre todo, consolidar una comunidad. Tan moderna y liberal nació Torreón tras el cruce de ferrocarriles en 1883, que un buen día se notó la falta de un espacio público. Al respecto, varios laguneros echaron manos a la obra para hacer la primera plaza de la ciudad, hoy conocida como "plaza de armas". Por entonces el gobierno era tan minúsculo y tan pobre en sus arcas, que fue gracias a las aportaciones particulares como consiguieron hacer una de las plazas más significativas de la ciudad. Poco a poco se juntaron las partes: la venta simbólica del terreno, la donación de plantas y las bancas, la colocación de adoquines. Al poco tiempo los ciudadanos gozaron de los paseos en la plaza.
Cuando hubo necesidad de pavimentar y por fin hacer la emblemática avenida Morelos en los años veinte, fueron nuevamente los esfuerzos ciudadanos reunidos en la figura de la Junta de Mejoras Materiales. Había en ese entonces una colaboración estrecha y productiva entre los ciudadanos y el gobierno municipal. Alrededor de la Morelos confluyeron donaciones de empresas, pequeñas aportaciones de ciudadanos, y por supuesto, el apoyo de clubes de servicios y grupos bien organizados. De esa forma se logró construir y adornar el paseo Morelos.
Sin lugar a dudas, la historia del puente sobre el río Nazas, es una de las más representativas y notables entre los laguneros. Durante muchos años las ciudades de Torreón, Gómez Palacio y Lerdo quedaban incomunicadas por la avenida del río. Hasta que un buen día un grupo de laguneros se propuso construir un puente y así unir a las ciudades. En principio la colecta fue modesta, luego vino una campaña -Coopere usted y habrá puente-, para avanzar en la construcción. Fue tal el ímpetu ciudadano que los gobiernos estatales de Durango y Coahuila se sumaron a la construcción. En 1931 se inauguró el emblema regional.
De igual manera podríamos seguir con otras historias de éxito comunitario entre los laguneros, pero ahora quiero referirme al Consejo Cívico de las Instituciones Laguna, una de las organizaciones ciudadanas de gran prestigio no sólo regional, sino también con reconocimiento nacional. Nació en el difícil año de 2012 -el más violento de las últimas décadas-, con un propósito muy claro: medir y evaluar la incidencia delictiva en la región. Hoy es uno de los observatorios más destacados en el país, y cuenta con la certificación y respaldo del Observatorio Nacional Ciudadano y México Evalúa. El lema del Consejo, "mejores ciudadanos hacen mejores gobiernos", es representativo de una ciudadanía organizada que aspira a un lugar mejor. Uno de los méritos más puntuales de la prestigiosa institución lagunera, es ofrecer de manera sencilla y transparente los números sobre la incidencia delictiva. Cifras por cierto, que alimentan los registros oficiales de la Procuraduría en Coahuila y la Fiscalía de Durango.
La diferencia que hace dicha institución ciudadana e independiente, es hacer públicas las cifras sobre los delitos en la región. Presentarlas de manera sencilla y constante. Después de todo, para resolver un problema, es necesario primero tener información de calidad y sobre todo, que sea transparente. De esa manera, la inseguridad no se acaba por las declaraciones de los gobernantes, mucho menos cuando minimizan los asaltos y otros actos delictivos recientes. De cara a esa problemática, es fundamental hablar con claridad y honestidad, pero sobre todo, con h-u-m-i-l-d-a-d. En estos años, el Consejo Cívico ha sido fiel vigía de un fenómeno tan sentido para todos. Recientemente advirtió sobre el aumento del secuestros en la región. Pero lejos de descalificar, habría que dimensionar lo que eso significa, que a su vez se contrapone a la "verdad oficial" (como la fallida "verdad histórica"). Al final del día, lo que busca es mejorar la región como en otros épocas lo hicieron otras generaciones. Por eso es tan importante la honestidad y la colaboración responsable.
El Siglo de Torreón
16 de marzo 2016
https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1206538.consejo-civico-de-las-instituciones-laguna.html

lunes, 4 de mayo de 2015

Renacer Lagunero

Entre las organizaciones ciudadanas que han florecido en los últimos años en la región, destaca Renacer Lagunero, por su trabajo puntual, constante y plural. La semana pasada avanzaron en la conformación de una Agenda Ciudadana para la Cohesión Comunitaria, el Desarrollo y la Competitividad de La Comarca Lagunera. Lo relevante de su aporte es que proviene desde abajo; desde un diálogo ciudadano.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Ciudadanos Onappafa

Hace unos días la autoridades locales de Torreón y Coahuila, anunciaron otro operativo para ir contra los autos sin placas o irregulares. La escena se repite, la conocemos y en consecuencia actuamos. Esa parece ser la premisa detrás de cada operativo para sancionar a los conductores de automóviles irregulares. Como en tantos otros aspectos cotidianos, el asunto de las placas revela en mucho el peso de los valores cívicos en la ciudad. Una obligación tan común para muchos, muestra en dos sentidos, la relación entre ciudadanos y gobierno. Por un lado están los ciudadanos que responden a incentivos. Por otro, el gobierno que emite esos incentivos.

Veámoslo desde el duro tema de la seguridad. Se dice que hay necesidad de orden y legalidad en las placas para contribuir a la seguridad en la ciudad. ¡Y la situación no exige menos! Pero además del operativo del gobierno, ¿cuál es el comportamiento de los ciudadanos? Si bien hay un número bien extendido de ciudadanos cumplidos, hay otro tanto que fija sus propias reglas. Enumero tres: están lo que portan placas piratas de organizaciones Onappafa y compañía. Por cierto, cada vez más son lo que utilizan esas “placas” en autos mexicanos, e incluso para modelos recientes. Luego debemos sumar a los que “astutamente” se amparan contra el impuesto (recomiendo ampliamente ver el texto de Gerardo Esquivel: Elogio de la tenencia y el mito del impuesto vehicular ligado a las Olimpiadas). Y finalmente están lo que ni siquiera portan placas. Para fines prácticos podemos llamarlos ciudadanos onappafa, porque al fin los tres han encontrado la salida para los obligaciones ciudadanas. Han sabido librarse de la ley. ¿Acaso representan la tercera parte de los vehículos en la ciudad o ya son la mitad?

Ante el operativo, uno pensaría que ahora sí el gobierno va meter orden. Sin embargo, bajo la presunción de que se trata de otro operativo más, los ciudadanos onappafa saben bien que siempre habrá forma de darle la vuelta a las obligaciones. Si el gobierno aprieta, entonces las organizaciones presionan hasta hacer de los operativos, un esfuerzo irrelevante. Al mismo tiempo un gobierno que renuncia a sus deberes termina por alimentar el círculo vicioso. Lo grave del asunto es que en la calles siempre habrá, bajo esas reglas del juego, motivos para doblar la ley. Entonces ¿tendríamos que sorprendernos de la inseguridad que nos agobia?

Si como en otras ocasiones las autoridades sólo actúan por unos días, el resultado será la consolidación de los ciudadanos onappafa. Esos que exigen derechos, pero rehúyen obligaciones. Ciudadanos dispuestos a romper la ley, pero exigirla cuando se trata de su problema. Ciudadanos indignados por los impuestos, pero indispuestos a llamar a cuentas a las autoridades. Ciudadanos disfuncionales que reflejan gobiernos disfuncionales.

Insisto. El “detalle” de las placas habla mucho de nuestros valores en la ciudad. De nadie más, más que de nosotros mismos.

7 de septiembre 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9158131

domingo, 28 de febrero de 2010

La Consulta, el General y nosotros



No a la generación del No. Así rezó en la semana, la publicación que firmaron en varios periódicos nacionales destacadas personalidades. Entre las firmas, apareció un ex presidente, acaso el más valorado durante los últimos cuatro sexenios. También firmaron conocidos escritores, cineastas, académicos, periodistas, intelectuales.

La resistencia al cambio, expresa el documento, une a la Generación del No, la generación de políticos de todos los partidos que han hecho improductiva nuestra democracia. “Quién se opone a todo está a favor de nada”, argumentan, para luego preguntar: “Si estuviéramos en el paraíso, el cambio sería riesgoso pero, ¿estamos en el paraíso? ¿No hay nada que cambiar?”.
El llamado al Congreso para aprobar la reforma política es loable, pero también discutible. ¿Son sólo los políticos los que han hecho improductiva la democracia? ¿Puede prosperar una democracia sin demócratas? ¿Tiene sentido una democracia sin ciudadanos?

Si bien, estoy convencido que una reforma del poder como la propuesta por el Ejecutivo Federal, busca cambiar las deterioradas relaciones entre ciudadanos y políticos, gobierno y sociedad, no podemos perder de vista que detrás de la política no suelen estar, y mucho menos participar los ciudadanos. Llámese desconfianza, decepción, o incluso pobreza, la renuncia a la política, entendida como espacio público, es generalizada.
No se trata sólo de la política como una forma electoral, sino de una incursión más amplia en la vida pública. Una plaza por ejemplo, no está descuidada solamente porque el gobierno no la atiende, sino también por el cuidado y valor que le dan sus vecinos.

Pensemos en nuestro entorno inmediato. El gobierno local a cargo de Eduardo Olmos, de manera inédita abrió una consulta popular en relación al Plan de Desarrollo Municipal. Instaló urnas en tiendas y edificios oficiales, publicó en la prensa unas preguntas y también en la página electrónica del Ayuntamiento extendió el llamado.

Abiertamente les preguntó a los torreonenses sobre las problemáticas del municipio y su colonia. Pero al final también les preguntó a qué se comprometían para mejorar su ciudad.
En realidad, la otra cara de la moneda llamada gobierno, son los ciudadanos. Al respecto, les pregunté su opinión a algunas personas cercanas sobre la Consulta, a unas les pareció bien, y otras simplemente rechazaron participar por desconfianza, “escepticismo”.

No obstante las dudas, las críticas, me parece preocupante el desprecio, la indiferencia hacia la política. Porque en el fondo sólo indica la irrelevancia de los espacios comunes, de los valores compartidos, de la solidaridad entre sus miembros. La ausencia de participación es una renuncia anticipada por parte de muchos ciudadanos, tal y como lo han demostrado visiblemente los estudios de cultura y valores cívicos.

Quizá por eso, cuando se compara la participación de los ciudadanos de Juárez con los de Tijuana en un problema decisivo como la seguridad, los primeros han cerrado la puerta a incidir en su entorno, mientras que los segundos han logrado cambios palpables en su realidad. Ahí están los registros puntales de las denuncias al ejército, ahí los autos sin vidrios polarizados. La primera sociedad renunció a sus canales establecidos, mientras que la segunda está haciendo con su corresponsabilidad la diferencia.

Hay que escuchar y tomar en serio el discurso del General y Secretario de la Defensa Nacional, Guillermo Galván: “No se olvide que la delincuencia es un enemigo que se mimetiza, se mueve y se escuda en el seno de la propia comunidad”.
Si hay una ciudad fallida como ciudad Juárez, es porque hay ahí una ciudadanía fallida. De esa manera, podemos plantearlo para otros temas, problemáticas, necesidades. Una sociedad que no se involucra con su gobierno, le abre la puerta a la arbitrariedad, el abuso y la falta de responsabilidad.

No hay actitud más peligrosa en política que despreciar la política. Podemos criticar, incluso destruir o hacer un llamado a la “revolución”, pero qué sigue después, qué camino tomar, hacia dónde, cómo construir. Se necesita inteligencia, imaginación y arrojo, algo que colectivamente parece negado.

Es cierto que los ciudadanos no confían en la autoridad, pero tampoco confían en sus vecinos. Por lo tanto, puede haber dudas o desconfianza en el ejercicio de una consulta convocada por el gobierno, pero ¿no debemos los ciudadanos tomar la iniciativa?
La “generación del No” también se explica por lo que son sus ciudadanos.

el siglo de torreón, 27 de febrero 2010
twitter.com/uncuadros

martes, 23 de febrero de 2010

Consulta popular



Hay algo de inédito, de inusual en la Consulta popular que el Ayuntamiento de Torreón ha convocado de manera abierta a la sociedad. El tema: construir el Plan de Desarrollo Municipal.

Hay una pregunta en la Consulta que cambia el sentido tradicional de las relaciones, pues está dirigida directamente a los ciudadanos: ¿qué pueden hacer por su ciudad?

La invitación está abierta, ¿La tomarán los ciudadanos? ¿Harán uso de los espacios? No lo sé, pero unas semanas conoceremos la respuesta.