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domingo, 22 de noviembre de 2015

Las lecturas de los mexicanos


Continuamos con las formas de leer y la frecuencia con que leemos los mexicanos. La semana anterior hablamos solamente de los jóvenes. En esta ocasión, toca a los mexicanos en general. ¿Leemos poco o mucho? ¿Qué leemos? ¿En relación a quién? La Encuesta Nacional de Lectura y Escritura 2015, propuesta por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, nos ofrece un perfil actual de los libros, la lectura y los lectores en México. Ya en 2006, la misma institución financió la Encuesta Nacional de Lectura, por lo que ahora, tenemos algunos puntos comparativos. En ese sentido, el estudio es una referencia básica para promotores del libro, educadores, académicos, pero sobre todo, para quienes desde el gobierno o la iniciativa privada tienen interés en la lectura y los lectores.
La encuesta es una brújula; una referencia. Podemos opinar y especular; o basarnos en números, porcentajes y datos duros. Pero vayamos a los resultados. En nuestro tiempo libre, la principal actividad que hacen los mexicanos es ver televisión. 52 por ciento adora la pantalla. Le sigue el deporte, la convivencia familiar, escuchar música, y en quinto lugar, la lectura. 21 por ciento lee libros en su ratos libres.
Al respecto, hay tres datos significativos de los pocos que sí leen. Para el 40 por ciento de los universitarios, leer libros es una actividad recreativa. 41 por ciento de las personas con ingresos superiores a 11 mil pesos (aunque lejos estamos de ser un país de clases medias), gustan de la lectura. Entre los jubilados, 33 por ciento frecuenta la lectura de libros.
Para los niños, dos figuras son relevante en el hábito de la lectura: los padres y los maestros. Es más factible que un niño lea en el futuro, si en su casa ve de manera cotidiana el gusto por lectura en sus padres. 56 por ciento registró que cuando fueron niños, había libros en su casa. Pero un 42 por ciento declaró que no tenía libros. En promedio, las familias donde hay lectores en el país, tiene 40 libros en su biblioteca casera.
¿Qué tipo de libros tienen los mexicanos en su casas? El libro más común en los hogares es el libro de texto, presente en el 45 por ciento de hogares. En más del 40 por ciento de los hogares mexicanos se reportó libros con tema religioso. Le siguieron los cuentos, las enciclopedias y libros de historia. La novela queda en sexto lugar, con 29 por ciento de las preferencias.
¿Por qué razón dicen no leer los mexicanos? 52 por ciento afirma que no tiene tiempo. 49 por ciento no le alcanza para comprar libros. 39 por ciento declara que le falta concentración para leer. En pocas palabras, sabemos leer como acto mecánico, pero no entendemos lo que leemos. ¡Así ni cómo!
En cuanto a los hábitos de lectura, la encuesta aporta datos que son para reír, llorar y celebrar. 46 por ciento deja los libros a la mitad. 40 por ciento toma notas y subraya en las hojas del libro. 27 por ciento lee mientras escucha música. 15 por ciento lee con la televisión prendida. Al respecto, no puedo menos que recordar al gran Marx, por supuesto, Groucho Marx: "Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro". Sólo 13 por ciento declara leer varios libros al mismo tiempo. La gran mayoría de los que lee, 94 por ciento, lo hace en casa. 12 por ciento lee en parques o plazas públicas. 12 por ciento lee en el transporte. Una pequeña minoría, 4.9 por ciento, acostumbra leer en una biblioteca. ¿No les parece que ya es hora de replantear el papel de las bibliotecas?
Entre quienes leen, 57 por ciento procura libros. 55 por ciento lee periódicos. 44 por ciento lee en las redes sociales, 16 por ciento consume comics e historietas. Para los lectores de libros, 60 por ciento lee al menos una vez a la semana y sólo 31 por ciento, lee diario. Y la pregunta del millón, ¿me podría decir el título del último libro que leyó? Por favor agárrense y contengan la carcajada. Para no quedar en ridículo, 8 por ciento, dijo que la Biblia (¿se acordaron de nuestro presidente? 1.5 por ciento, leyó Cincuenta sombras de Grey; 1.1 por ciento, Cien años de soledad; 1 por ciento, El principito (¡ya si no!); 0.8 por ciento, leyó Crepúsculo. En el invisible 0.5 por ciento: ¿Quién se ha llevado mi queso?; Harry Potter; El Alquimista; Sinsajo; Los cuatro acuerdos… Ya mejor ahí le paramos. Al final, querido lector, no perdamos de vista que estas cifras se enmarcan en una: los mexicanos leen en promedio 5.3 libros al año. Ahora sí, ahí la dejamos.
Posdata. Finlandia, 47 libros al año; España, 10.3; Chile, 5.4; Argentina, 4.6; Colombia, 2.2.
18 de noviembre 2015 

miércoles, 13 de febrero de 2013

Decena trágica, 100 años después

De madrugada comenzó la toma violenta del poder. Tiempo atrás venían conspirando contra el gobierno de Francisco I. Madero. Unos desde prisión, otros desde adentro del gobierno. Fueron días de violencia y estruendo en la ciudad de México. Murieron civiles, soldados federales y rebeldes. Diez días, a partir del nueve de febrero de 1913, bastaron para tumbar a la incipiente democracia. En un muro, a las afueras de la cárcel de Lecumberri, donde ahora se resguardan los archivos de la nación, asesinaron a Francisco I. Madero y José Pino Suárez. En la intríngulis del poder, el embajador norteamericano, Henry Lane Wilson, también tuvo su parte en el trato. El golpe, hace cien años, llevó al general Victoriano Huerta a la presidencia. Pero también la historia da vueltas, y no siempre, como sugería Marx, se repite como tragedia o farsa.

Hace unos días caminé con calma por La Ciudadela, una antigua fábrica de tabacos construida a finales del siglo XVIII. La construcción parece más un fuerte militar, que una fábrica. En buena medida, porque el diseño arquitectónico lo hizo un ingeniero militar. Durante el periodo de la Independencia, el edificio de la Ciudadela terminó como cuartel militar. Desde el lugar, el virrey Félix María Calleja organizó combates contra la insurgencia. En 1815 estuvo preso José María Morelos. En el efímero gobierno de Madero, el edificio también era resguardo de armas y municiones, y fue tomado por los golpistas. Con esas mismas armas derrocaron al gobierno. Ahí torturaron y asesinaron al hermano del presidente, Gustavo A. Madero. En pocas palabras, pura tragedia. 

Pero a 100 años de la decena trágica, La Ciudadela celebra otra historia, que de alguna manera fue sembrada en 1946, con la instauración de la Biblioteca México, a cargo de José Vasconcelos. En las crujías del antiguo edificio, ya no se resguardan armas ni municiones, sino docenas de miles de libros que pertenecieron a grandes intelectuales mexicanos: José Luis Martínez, Antonio Castro Leal, Alí Chumacero, Jaime García Terrés y Carlos Monsiváis. La Ciudadela, hoy ciudad de los libros es un impresionante proyecto del Estado mexicano. Trato de resumir: en un edificio del siglo XVIII, están bibliotecas del siglo XX en México, con tecnología del siglo XXI. Lo mejor de todo, el extraordinario acervo es público, abierto a los ciudadanos. En cada biblioteca fui atendido amablemente por el personal, siempre dispuesto a ayudar. Incluso, utilicé un Ipad para acceder a los libros que han digitalizado. Nuevamente quedo encantado de este gran proyecto público. 

Cada acervo es una interpretación particular del espacio. Tan cómodas y bien equipadas, que invitan a leer, a quedarse en la intimidad pública. Hay obras de arte y notables ediciones entre los muros y bellos libreros. Una iluminación exquisita que invita a la lectura. Es irresistible tomar algún libro, ver ahí las historias personales de cada escritor. Ante la inmensidad de las bibliotecas, sencillamente renuncio a toda pretensión de formar la propia. Recorro con especial gusto, la biblioteca de Carlos Monsiváis. Es literalmente una urbe de libros, con altos edificios, pero también, con callejones íntimos que se asemejan a los barrios. 

Después de visitar esa colección, percibo la profunda amistad que tuvo Monsiváis con Francisco Toledo. En ese espacio que guarda unos 20 mil libros, Toledo llenó de gatos la biblioteca. Dos fieltros confeccionados por el oaxaqueño personalizan la intervención, además de un notable tapiz gatuno. Imposible no sentir al escritor entre todos esos libros. Salgo agradecido porque en el país tenemos un proyecto de tal importancia. Ojalá pronto se replique en otros lugares del país. Con razón, Mario Vargas Llosa llamó a La Ciudadela de los libros, “un enclave de civilización invulnerable a la barbarie”.

10 de febrero 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9172030

miércoles, 29 de diciembre de 2010

La cultura en las encuestas




La época exige cambiar de tema, hablar de otras cosas. Y no es para menos, así que desde esta columna mandamos un abrazo a los lectores y les deseamos una feliz Navidad. Para este artículo y el próximo comentaré los resultados la “Encuesta nacional de hábitos, prácticas y consumo culturales, 2010”. El estudio fue impulsado y patrocinado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA). Se trata del segundo en su género, aunque hay que decir, que la magnitud y extensión del mismo, superó con mucho aquella encuesta realizada en el 2005.

Por la amplitud del estudio de opinión, más 32 mil entrevistas en el país, se hace necesario escribir en un primer momento, sobre los resultados nacionales, lo que de alguna manera muestra la tendencia general que tenemos los mexicanos hacia la cultura. En un segundo texto abordaré los resultados para Coahuila, y lo que acá sucede en relación a la cultura. Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de cultura? ¿Cuál es la utilidad de medir las prácticas culturales entre los mexicanos?


Hago dos aclaraciones. La primera: la investigación partió de un concepto delimitado de cultura, no se refiere entonces, a la acepción antropológica de la cultura, sino a la manifestaciones artísticas y sus prácticas como la pintura, la danza, la música, la literatura, el teatro y el cine.
Segunda aclaración: la técnica del estudio se basó en una enorme encuesta distribuida proporcionalmente en todo el país. Entiendo que algunos tienen prejuicios con respecto a los estudios de opinión, otros los descalifican a priori, y algunos más los subestiman con el cliché de que son la “fotografía del momento”. Sin embargo, en el desempeño de una actividad, sólo puede ser mejorado, aquello que puede ser medido. En este sentido, la encuesta proporciona parámetros claros y actualizados sobre la relación que tenemos los mexicanos con el libro y la lectura, los museos o el arte.


Por ejemplo, en el último año, sólo 7 por ciento de los mexicanos declararon haber comprado al menos un libro. En contraste, la gran mayoría, 79 por ciento, no ha comprado ninguno durante el año. Por lo tanto, estaría bien pensar en un libro como objeto de regalo. Las razones principales por las cuales los mexicanos no han comprado un libro, es por falta de dinero y tiempo para leer (un 43 por ciento). En cuanto a la lectura, independientemente de las compras, sólo 27 por ciento declaró haber leído algún libro durante el año. Comparado con los españoles, el 59 por ciento leyó algún libro. En Francia la cifra sumó 71% y en el Reino Unido llegó hasta el 82 por ciento. Es decir, a diferencia de México, en esos tres países, la lectura es un hábito.



Fuente: Encuesta de cultura, Conaculta, 2010



Si pensamos en una lectura cotidiana como la del periódico, los resultados no dicen que sólo una minoría consume periódicos. Menos del 10 por ciento lee diariamente la prensa. En cambio, un 38 por ciento ni siquiera lo hace ocasionalmente. De esa minoría de mexicanos que sí leen periódicos, un 67 por ciento los compra, y una minoría de minorías, el 2 por ciento, los lee en Internet. 43 por ciento lee noticias sobre el país y su localidad. ¡Cuán lejos estamos de ideal ilustrado!


Pero si menos de la tercera parte de la población consume lecturas, entonces, ¿qué es lo que leemos los mexicanos? 60 por ciento consume revistas de espectáculos, deportes, salud y belleza. Por lo mismo, ahora vemos a un cúmulo de políticos preocupados por salir en las portadas de revistas del corazón.

Fuente: Encuesta de cultura, Conaculta, 2010


En otro ámbito, se ha afirmado que una manera de combatir la violencia es a través de la promoción de la cultura. Sin embargo, tras conocer los números detrás de nuestras costumbres, todavía estamos muy lejos de integrar a los centros culturales a una supuesta estrategia contra la violencia. No obstante de los esfuerzos discursivos que encontramos en los gobiernos. En el último año, 87% (cifra altísima), no ha asistido alguna actividad en los centros culturales, ya sea una exposición de pintura, un concierto de música o la presentación de un libro. Quienes sí fueron al menos una vez en el último año, registró un raquítico 8 por ciento.

Algo similar sucede con el consumo de teatro. Ya no digamos los monumentos históricos, donde 81 por ciento en el último año, no ha visitado ningún monumento histórico. 59 por ciento tampoco asistió a algún museo, pero quienes sí lo hicieron, fue un 26 por ciento de los mexicanos. En relación a otros países, un 77 por ciento los franceses fue a un museo. 44 por ciento en el caso de los ingleses y 31 por ciento entre los españoles. Si bien es pequeño el público mexicano que acude a los museos, los que lo hacen los califican altamente con 8.85 (en una escala del 1 al 10). Por lo tanto, estamos hablando de espacios públicos con un enorme potencial de confianza y aprobación, algo de lo que suelen carecer muchas de las instituciones públicas. En consecuencia, estaría muy bien empezar por ahí. Ojalá los gobiernos tengan mayor atención a los centros culturales, museos y otros espacios relacionados.


Me quedo sin comentar los resultados con respecto al arte, la música y la danza. Prometo hacerlo en el blog si me tienen paciencia. Por lo pronto, la semana que entra estaremos hablando sobre Coahuila. Un abrazo.