Mostrando entradas con la etiqueta cultura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cultura. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de mayo de 2023

El triunfo del corrido

 

Peso Pluma


La música lo dice todo. Es lenguaje universal y en muchos sentidos, puede representar una época. De esa manera, ciertos acordes y sonidos definen nuestros tiempos. La música que ayer fue vituperada, hoy se gana el gusto internacional. Desde tradiciones a la manera del romance español, el corrido tiene sus orígenes en el siglo XIX, pero fue hasta la revolución mexicana, cuando ese estilo irrumpió el gusto musical. Cantar historias es muy antiguo, tanto de las hazañas de hombres y mujeres, o momentos decisivos en algún lugar. Otros corridos celebraron a bandidos o resaltaron moralejas. A Rosita Alvírez su mamá se lo decía: Hija, esta noche no sales. Mamá no tengo la culpa que a mí me gusten los bailes. De Heraclio Bernal a Pancho Villa, el corrido forjó el gusto musical de varias generaciones, sobre todo, reflejaron los tiempos revolucionarios. Tales canciones fueron toda una épica y lírica memorables. ¿Quién no se sabe La Cucaracha?  ¿Quién no cantó La Adelita? Al paso de las décadas, el género decayó y el gusto cambió. Otras formas surgieron y el corrido continuó en menor grado, casi en la orilla, hasta volverse marginal. Pero nuevos tiempos vinieron, y entonces los intérpretes actualizaron las gestas de otros hombres que igualmente expusieron la vida hasta el límite. Migrantes, bandidos y narcotraficantes. No es casualidad. Hacia 1968 los jovencísimos hermanos Hernández, originarios de Mocorito, Sinaloa, formaron Los Tigres del Norte. Al igual que tantos mexicanos, tuvieron que migrar a los Estados Unidos, y de ahí, conquistaron con su música a México. Los Tigres continuaron la forma tradicional del corrido y su temática cambió a los héroes revolucionarios, por pistoleros, narcos y sufridos migrantes en el otro lado. En la misma ruta, una voz excepcional surgió en Culiacán: Chalino Sánchez, 1960. Igualmente, fue a los “Yunaites” para conquistar México. Chalino se hizo famoso no sólo por consolidar el género de los narcorridos bajo demanda expresa, sino por ser él mismo, objeto de ataques violentos. En Coachella sobrevivió a una balacera, lo cual catapultó más su fama. Su vida parece sacada del western No Country for Old Men, con locaciones en California y México. Después de un concierto en Culiacán, el 15 de mayo de 1992, recibió una amenaza. En plena actuación se detuvo a leer el ultimátum, secó el sudor de la frente y continuó cantando esa joya que es Alma enamorada. Al día siguiente fue asesinado. Durante los años de la mal llamada “guerra contra el narco”, el entonces presidente de la República, ahora autoexiliado en España, condenó los corridos por hacer apología del crimen. De igual manera, varios gobiernos estatales, emitieron inútiles leyes para prohibirlos, en particular los que se refieren a narcos y criminales. Sin embargo, esa condena, asumió el dudoso supuesto de que una cosa lleva a la otra, como si de manera causal, escuchar narcocorridos resultara en futuros criminales. El argumento raya en el absurdo. Sería dar por cierto que, durante la revolución, cantar corridos en las calles provocó que surgieran revolucionarios. En realidad, el género sólo refleja los tiempos y su entorno. Si hay narcos, armas, alardes machistas, amores y demás, no es por mera fabulación, sino por algo que emana de la realidad misma. Guste o no, la música es un espejo de la sociedad. Los temas y las representaciones de los corridos actuales pueden indignar a las buenas conciencias, no obstante, son alegoría de lo social. Actualmente el corrido vive una tercera temporada con subgéneros de tumbados y bélicos. Odiados por unos, despreciados por otros, y queridos por una inmensa mayoría. Esta oleada es sumamente exitosa e internacional. Llevó la expresión a otro nivel. Nuevos cantantes, algunos muy jóvenes, innovaciones y mezclas de estilos: hip hop, trap y reggaetón. Más todavía, cantantes y compositores como Natanael Cano, Peso Pluma (Hassan Kabande Laija) o Víctor Cibrian (En el radio un cochinero…), expresan un estilo cercano al rap, por el ritmo, el tono y las letras, pero sin perder la raíz de la tradición. La fusión de estilos y letras explícitas, rompen con la armonía y le dan un nuevo curso al corrido. Hay que decirlo claramente, no sólo cantan al narco, también tratan los clásicos temas que se repiten en la música. ¿Cuánto va a durar la ola? No lo sabemos, pero sin duda, los nuevos exponentes llevaron muy lejos al género, hasta el punto que los anónimos músicos del XIX nunca imaginaron. Y ahora sí, vuela, vuela palomita.

El Siglo

https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/2023/el-triunfo-del-corrido.html


domingo, 22 de noviembre de 2015

¡Se acabaron los desnudos!


Por donde lo veamos, no hay cultura sin desnudo, ni civilización sin desnudez. Si en el principio fue el Verbo, lo que se siguió después fue el desnudo. ¿O acaso alguien nace vestido? Mucho antes de la conciencia represora, el Génesis (2:25) nos dice: "Los dos estaban desnudos, hombre y mujer, pero no sentían vergüenza". Así, en las culturas más primitivas, la representación de los cuerpos desnudos se repite una y otra vez. Hay una fascinación por los desnudos, y toda una mitología alrededor. Ya sea en objetos, figurillas o en las pinturas de las cavernas, aparece el hombre desnudo. Como un hechizo primigenio, el desnudo se vuelve una representación simbólica inevitable: de la Venus de Milo a los desnudos de Modigliani; del Discóbolo al canon anatómico de Leonardo.
Entre griegos y romanos abundaron las esculturas desnudas como la imagen misma de la perfección. De la misma manera, los egipcios no se quedaron atrás en eso del desnudo, aunque a estas alturas, los restos de la historia parecen una amenaza para los fundamentalismos religiosos. Ya ven como le fue a las ruinas de un viejísimo templo en Palmira, y eso que no tenía desnudos. En su estudio sobre la evolución del comportamiento humano, el zoólogo Desmond Morris, partió desde el mono desnudo. ¿Habría otra manera? Sin ser su principal tema, el desnudo recorre la provechosa historia de la belleza y la fealdad de Umberto Eco. En la historia, la percepción del desnudo también cambia con las sociedades y el tiempo.
Tampoco es difícil llevarse por el encanto de los desnudos en el arte sacro. ¡Sí! Ese que parte de la religión. En la enorme tradición cristiana encontramos numerosas escenas de inocencia, erotismo y piedad donde el desnudo es se vuelve esencial. Sin embargo, Lorenzo Bernini ni siquiera tuvo que llegar al desnudo, para plasmar el profundo éxtasis de santa Teresa. ¡Pura maestría!
Nada más cercano a los orígenes mismos, que la desnudez. Por lo mismo, la Capilla Sixtina es el más extraordinario tributo al cuerpo desnudo. Ahí, hasta el mismo Dios está hecho a imagen y semejanza del hombre. ¡Por favor no me excomulguen! Con el tiempo, no faltó la orden de vestir algunos cuerpos del magnífico fresco. Y esa es precisamente la otra parte del desnudo: lo oculto.
Ya por pudor, gazmoñería, escándalo, tradición o simple protección, no faltan las ganas de cubrir todo el cuerpo. Visto así, sorprende cómo la más ortodoxa representación femenina encuentra notables similitudes en el vestido: la burka y el hábito de monja. En eso de los gustos se rompen géneros. Para gozo de la vista, el gran Francisco Goya nos legó dos majas: una vestida y la otra desnuda. En algún momento, la maja desnuda fue confiscada por el Tribunal de la Inquisición. El pecado: considerarla una "pintura obscena". En una ciudad de Norte del México, había una serie de desnudos que adornaban las calles. Un buen día, el alcalde en turno mandó quitar los monumentos por considerarlas "obras de arte pornográficas". Vaya criterio.
Para mi asombro, hace tiempo llegó a mis manos un viejo libro de arte, que perteneció a un jesuita pudoroso. Como no soportaba los desnudos en las pinturas, mejor decidió taparlas a rayones. Quizá con eso evitó los malos pensamientos. Nunca se sabe.
Alrededor del mundo, Spencer Tunick ha convocado multitudinarios desnudos en plazas públicas, campos y hasta algún museo. Su fotografía une los cuerpos en un solo cuerpo, logrando imágenes deslumbrantes.
En 1953, un provocativo y visionario empresario, Hugh Hefner, fundó la archifamosa revista Playboy. Si algo le faltaba a la revolución sexual, era una revista en masa. En sus mejores tiempos, Playboy llegó a publicar célebres desnudos en millones de ejemplares. 5.6 millones para ser exactos. La revista más deseada y emblemática de una época, hizo del desnudo, una industria. Celebridades como Marilyn Monroe, Madonna, Sharon Stone o Naomi Campbell, consagraron sus portadas. Pero nada es para siempre. Hoy la revista es irrelevante, tanto así, que su director Scott Flanders, acaba de anunciar que a partir del año que entra, se acabaron los desnudos. Los excesos de imágenes y los accesos casi infinitos en Internet, llevaron a la irrelevancia a la más famosa revista de desnudos. Quien dijera, el desnudo nuca es para siempre.
14 de octubre 2015
El Siglo

miércoles, 29 de mayo de 2013

Grandeza del Río Nazas

Río Nazas, puentes. 

En la efervescencia del fútbol, el equipo Santos Laguna es nuestro termómetro, nuestro referente de humor. Felices porque el equipo avanza; luego deprimidos por la tremenda derrota. Y casi acariciamos el campeonato… pero en los vaivenes del balompié, los laguneros llevan bien puesta la camiseta verde. Es el orgullo regional, y a la vez la marca que nos identifica. Más allá de las localidades, decimos “Santos Laguna”, no “Santos Torreón”. Además somos guerreros por dos raíces: la norteña y la felizmente tlaxcalteca. Quienes conozcan bien la historia del equipo saben de lo que hablo. En todo esto, la identidad lagunera tiene en el Santos al símbolo más inmediato y por lo mismo, el más visible. No hay duda que nos identificamos con los guerreros, pero se trata, como los icebergs, sólo de la identidad que radica en la superficie. La parte profunda está ligada a sus ríos. Para los laguneros, el nombre es destino, es agua. Así, el río Nazas y el Aguanaval cruzan nuestra historia y conforman nuestra identidad desde al menos hace ¡seis siglos! Somos laguneros por el conjunto de lagunas que formaban los ríos. Hacia el siglo XVI los colonizadores hispano tlaxcaltecas, encontraron en la región un impresionante paraje lacustre. Así, la primera identificación que se hizo, fue con base a “las lagunas”. A partir de entonces se hablaría de la región de las lagunas; del país de la laguna. En diversos mapas coloniales, quedaron registradas tres grandes lagunas: la del caimán o Tlahualilo; la de Parras o Mayrán, y el Álamo de Parras, ahora Viesca.

¿Pero a qué viene todo este asunto? El Museo Arocena acaba de inaugurar una oportuna exposición donde retoma la identidad profunda de los laguneros: Río Nazas, identidad e historia. El propósito de la expo, en la cual tuve el honor de colaborar con la investigación, es conectar a los habitantes con la raíz profunda de su historia. A través de recursos digitales como pantallas táctiles, videos, fotografías y documentos, podemos conocer no sólo la historia, sino la interpretación que desde el presente hacemos sobre nuestro principal afluente. Por eso es significativo ver cómo las generaciones jóvenes que no conocieron el río en su cauce natural, acudieron al retorno del Nazas en el año 2008. Tan importante para los laguneros es la riqueza del agua, que hasta lo reconocemos como el “Padre Nazas”. Incluso, en el esplendor del “progreso”, los viejos agricultores del siglo XIX, lo llamaron el “Nilo lagunero”.

A pesar del mal trato que le hemos dado al padre, sobre todo después de la construcción de las grandes presas, todavía hay grandeza en el Nazas. Digo esto, porque hay poblaciones que han perdido trágicamente sus ríos.
La exposición que presenta el Arocena permite reconocernos en el río por medio de su historia, sus conflictos y sobre todo su presente. En especial me encantó la forma en que los laguneros ven al río actualmente. Por cierto, Sergio Garza hizo una espléndida compilación de videos en You Tube, además de los interactivos, donde se expresa una visión más reciente sobre el Nazas. Vayan, disfruten la exposición, que también se presenta simultáneamente en la Plaza Cuatro Caminos con motivo del día internacional de los museos. Como parte del diálogo con el museo, pueden mandar sus fotos o videos sobre el río a: info@musa.org.mx

19 de mayo 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9180999

miércoles, 29 de diciembre de 2010

La cultura en las encuestas




La época exige cambiar de tema, hablar de otras cosas. Y no es para menos, así que desde esta columna mandamos un abrazo a los lectores y les deseamos una feliz Navidad. Para este artículo y el próximo comentaré los resultados la “Encuesta nacional de hábitos, prácticas y consumo culturales, 2010”. El estudio fue impulsado y patrocinado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA). Se trata del segundo en su género, aunque hay que decir, que la magnitud y extensión del mismo, superó con mucho aquella encuesta realizada en el 2005.

Por la amplitud del estudio de opinión, más 32 mil entrevistas en el país, se hace necesario escribir en un primer momento, sobre los resultados nacionales, lo que de alguna manera muestra la tendencia general que tenemos los mexicanos hacia la cultura. En un segundo texto abordaré los resultados para Coahuila, y lo que acá sucede en relación a la cultura. Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de cultura? ¿Cuál es la utilidad de medir las prácticas culturales entre los mexicanos?


Hago dos aclaraciones. La primera: la investigación partió de un concepto delimitado de cultura, no se refiere entonces, a la acepción antropológica de la cultura, sino a la manifestaciones artísticas y sus prácticas como la pintura, la danza, la música, la literatura, el teatro y el cine.
Segunda aclaración: la técnica del estudio se basó en una enorme encuesta distribuida proporcionalmente en todo el país. Entiendo que algunos tienen prejuicios con respecto a los estudios de opinión, otros los descalifican a priori, y algunos más los subestiman con el cliché de que son la “fotografía del momento”. Sin embargo, en el desempeño de una actividad, sólo puede ser mejorado, aquello que puede ser medido. En este sentido, la encuesta proporciona parámetros claros y actualizados sobre la relación que tenemos los mexicanos con el libro y la lectura, los museos o el arte.


Por ejemplo, en el último año, sólo 7 por ciento de los mexicanos declararon haber comprado al menos un libro. En contraste, la gran mayoría, 79 por ciento, no ha comprado ninguno durante el año. Por lo tanto, estaría bien pensar en un libro como objeto de regalo. Las razones principales por las cuales los mexicanos no han comprado un libro, es por falta de dinero y tiempo para leer (un 43 por ciento). En cuanto a la lectura, independientemente de las compras, sólo 27 por ciento declaró haber leído algún libro durante el año. Comparado con los españoles, el 59 por ciento leyó algún libro. En Francia la cifra sumó 71% y en el Reino Unido llegó hasta el 82 por ciento. Es decir, a diferencia de México, en esos tres países, la lectura es un hábito.



Fuente: Encuesta de cultura, Conaculta, 2010



Si pensamos en una lectura cotidiana como la del periódico, los resultados no dicen que sólo una minoría consume periódicos. Menos del 10 por ciento lee diariamente la prensa. En cambio, un 38 por ciento ni siquiera lo hace ocasionalmente. De esa minoría de mexicanos que sí leen periódicos, un 67 por ciento los compra, y una minoría de minorías, el 2 por ciento, los lee en Internet. 43 por ciento lee noticias sobre el país y su localidad. ¡Cuán lejos estamos de ideal ilustrado!


Pero si menos de la tercera parte de la población consume lecturas, entonces, ¿qué es lo que leemos los mexicanos? 60 por ciento consume revistas de espectáculos, deportes, salud y belleza. Por lo mismo, ahora vemos a un cúmulo de políticos preocupados por salir en las portadas de revistas del corazón.

Fuente: Encuesta de cultura, Conaculta, 2010


En otro ámbito, se ha afirmado que una manera de combatir la violencia es a través de la promoción de la cultura. Sin embargo, tras conocer los números detrás de nuestras costumbres, todavía estamos muy lejos de integrar a los centros culturales a una supuesta estrategia contra la violencia. No obstante de los esfuerzos discursivos que encontramos en los gobiernos. En el último año, 87% (cifra altísima), no ha asistido alguna actividad en los centros culturales, ya sea una exposición de pintura, un concierto de música o la presentación de un libro. Quienes sí fueron al menos una vez en el último año, registró un raquítico 8 por ciento.

Algo similar sucede con el consumo de teatro. Ya no digamos los monumentos históricos, donde 81 por ciento en el último año, no ha visitado ningún monumento histórico. 59 por ciento tampoco asistió a algún museo, pero quienes sí lo hicieron, fue un 26 por ciento de los mexicanos. En relación a otros países, un 77 por ciento los franceses fue a un museo. 44 por ciento en el caso de los ingleses y 31 por ciento entre los españoles. Si bien es pequeño el público mexicano que acude a los museos, los que lo hacen los califican altamente con 8.85 (en una escala del 1 al 10). Por lo tanto, estamos hablando de espacios públicos con un enorme potencial de confianza y aprobación, algo de lo que suelen carecer muchas de las instituciones públicas. En consecuencia, estaría muy bien empezar por ahí. Ojalá los gobiernos tengan mayor atención a los centros culturales, museos y otros espacios relacionados.


Me quedo sin comentar los resultados con respecto al arte, la música y la danza. Prometo hacerlo en el blog si me tienen paciencia. Por lo pronto, la semana que entra estaremos hablando sobre Coahuila. Un abrazo.

sábado, 25 de abril de 2009

Política, valores y cultura



La democracia es ante todo, una práctica, un ejercicio que se asume cotidianamente. A casi 100 años de la llamada Revolución, nuestro país ha tratado de buscar un lugar en los principios democráticos escritos en la Constitución. No obstante de las luchas, los esfuerzos y hasta la esperanza en un futuro mejor, la práctica de la democracia es algo que no termina de cuajar bien en México. Aunque sí hemos avanzado en aspectos importantes, como pasar de repartirnos el poder a balazos, sangre y fuego, para organizar elecciones de manera pacífica y a través de las instituciones. Ya lo decía el filósofo Karl Popper, la democracia es un sistema que permite trasmitir el poder sin derramar sangre.

Sin embargo, la democracia no se agota, ni es solamente el voto mismo. Más bien, la democracia exige una práctica constante de valores como la libertad, la tolerancia, la confianza, la participación, la solidaridad entre los ciudadanos y la legalidad, por mencionar los principales. En su conjunto, estos valores representan la cultura cívica o la cultura política de una sociedad, en tanto costumbres, prácticas y formas de hacer. Los grandes sociólogos y politólogos del pasado, como Maquiavelo, Tocqueville o Montesquieu, carecían de instrumentos para medir esos valores. Sin embargo, recurrían a la historia, la observación, y finalmente, a la sabiduría para describir a los pueblos y su relación con la política, entendida esta como espacio público, es decir, responsabilidad común. En la actualidad, las formas y los métodos para conocer a la sociedad han cambiado, y se recurre a estadísticas y encuestas para conocer el perfil de la misma.

Desde el año 2001, la Secretaría de Gobernación, ha realizado un formidable estudio para conocer las prácticas de los mexicanos en relación a la democracia, y justamente la semana pasada, se divulgaron los datos de la cuarta Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas (ENCUP). ¿Cómo viven los mexicanos la democracia? ¿Qué piensan de la política y los políticos? ¿En quién confían y cómo participan?

En general, los resultados del estudio son preocupantes, y en buena medida reflejan la profunda insatisfacción de los ciudadanos, ante su sistema político, pues a pesar de aprobar la democracia, los mexicanos no logran encontrar resultados claros y contundentes. Peor aún, los logros que se habían obtenido con tanto esfuerzo en el pasado, como la garantía de elecciones limpias, se perciben ahora con una profunda desconfianza. Para traducirlo en números, presento los resultados más significativos:

3 de cada 10 mexicanos está insatisfecho con la democracia. El dato es tajante, y revela la disfuncionalidad del sistema político y sus principales operadores en los partidos. Lo que significa que 7 de cada 3 respondió tener poca o nada de confianza en los partidos políticos. Aunado a que 3 de cada 4 encuestados expresan que los diputados y senadores toman más en cuenta sus propios intereses o los de sus partidos al elaborar las leyes. Sólo 1 de cada 10 ciudadanos cree que los funcionarios públicos toman en cuenta los intereses de la población.
Y entonces, ¿en quién confían los mexicanos? Confían en la familia, los médicos, el ejército (ahora tan presente), la iglesia (¡a pesar de los pederastas!), pero no así en los sindicatos, la policía, los partidos políticos, los senadores y los diputados, quienes invariablemente suelen ocupar con orgullo el último lugar.

En cuanto a la legalidad, el 64% considera que la ley no se respeta en México, y por si fuera poco, cuando se logra aplicar, el 68% de los mexicanos considera que se aplica para beneficio de unos cuantos.
Pero no deseo culpar de todo a los políticos y los partidos, porque finalmente estos actores de poder, emanan de la sociedad misma. Y si han hecho y deshecho, es porque del otro lado, existe una sociedad abúlica, desinteresada, irresponsable y poco participativa, que en la práctica permite y solapa esta situación. Entonces, nos encontramos en un círculo vicioso: ciudadanos apáticos, políticos cómodos.

Detrás de los números, se evidencia una sociedad pasiva que reclama derechos, pero rehúye obligaciones. A pesar de que la política nos influye a todos, puesto que los políticos toman las decisiones públicas más importantes que nos afectan para bien y para mal, 63% de los mexicanos le interesa poco y nada la política, a tal grado que un 66% de la población no le interesan las próximas elecciones para elegir diputados federales el próximo 5 de julio. Por eso, el 64% no sabe siquiera, cuánto dura un diputado en su cargo. En consecuencia, un apabullante 66% cree que las elecciones en México no son limpias.

Si hablamos de la participación ciudadana, los datos no son menos preocupantes. 3 de cada 4 no considera asociarse o colaborar con otros ciudadanos para resolver un problema que afecta a la comunidad, y 95% ni siquiera considera acudir a los representantes populares (diputados y los senadores) para atender una problemática. Llama la atención, a propósito de la inseguridad, que 78% de los mexicanos considera que es el gobierno quien debe solucionar los problemas, y sólo un 16%, piensa que la sociedad es corresponsable. En conclusión: Se buscan ciudadanos ¿Usted es uno? Porque el país, si avanza, no será por los políticos, sino por los ciudadanos.