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lunes, 26 de diciembre de 2016

Diez años del Museo Arocena

Foto: http://www.mexicoescultura.com/actividad/141149/recorrido-peatonal-gastronomia-lagunera.html

Sin duda, entre los motivos para estar orgullosos de Torreón, está el Museo Arocena. A diez años de su apertura, el museo ya es parte de la ciudad y de los laguneros. A lo largo de una década, el Arocena ha construido la oferta cultural más sólida y consistente de la región, ya sea por exposiciones, conferencias, ciclos de cine, cursos, e incluso, por el rescate y conservación de edificios históricos como el Casino de La Laguna (1910), el Banco Chino (1907) y la Casa Arocena (1920).  
Este mes llega a su décimo aniversario, y a la distancia, podemos decir que el Museo Arocena que dirige Rosario Ramos, es un fiel representante de la ciudad, un lugar de referencia obligada, y sobre todo, un sitio que ya es parte de nuestra identidad. ¿Ustedes se imaginan a Torreón sin su principal museo? Como institución cultural, el museo ha hecho una exitosa combinación de arte, historia y sobre todo, un clara relación con el presente. Más de 700 mil visitas han recibido desde su apertura. 718 mil noventa y nueve para ser exactos. Pero no solamente es la visita al museo de esos cientos de miles, sino a la larga, es la formación de públicos que a través de los años, reconocen y buscan nuevamente alguna exposición, cierta pintura, o simplemente el gusto de ver el arte por las salas del museo. Por lo mismo, es de suma alegría encontrarnos entre los pasillos del museo, numerosos grupos de niños que provienen de las escuelas de la región. Cuando vemos  tantos niños, uno se queda con la esperanza de que la institución está sembrando para las próximas generaciones, y ojalá rinda frutos, para una ciudad que necesita más arte.
Al respecto, la curadora del museo, Adriana Gallegos, tuvo a bien proponer para el aniversario, el arte en las calles. No cualquier arte, sino específicamente las obras de la colección Arocena. Gracias a la oportuna invitación que el museo hizo al artista francés, Julien de Casabianca, las obras se llevaron a las paredes y rincones del centro histórico. Bajo la refrescante tendencia del Street Art, Casabianca no le sacó al intenso calor lagunero, ni tampoco ninguno de los participantes locales que lo acompañaron. Ahí estaban felices y concentrados “liberando” las obras del Arocena ante la mirada de peatones y curiosos, que celular en mano, fotografiaban algo que fácilmente se confundía con vandalismo.  Me confieso cómplice de cargar un cubetón de pegamento. Durante varios días caminaron por la calles interviniendo lugares, como antes lo hizo en Francia, Alemania, Estados Unidos, y ahora también en Torreón. Justo enfrente de la Plaza de Armas, por la calle Valdés Carrillo, está una de las pinturas liberadas en las ruinas de lo que fue el notable restaurante, Apolo Palacio. Un elegante rostro del siglo XIX inquieta a los peatones. Más aún, los hace detenerse en su apresurada marcha.  Cuando vi la escena de una familia retratando la obra que a todas luces les perecía inusual y ajena a ese muro en ruinas, recordé la expresión de Agustín: La belleza es lo que nos detiene. Algo aparentemente tan sencillo como imprimir unas obras del museo, recortarlas, y luego llevarlas a las calles, en realidad se convirtió en una experiencia sorprendente. ¿No me creen? Vayan a la calle Rodríguez esquina con Morelos a ver una monumental mujer de otro siglo muy distante al nuestro, pero al mismo tiempo, cercana por la imagen que resignifica la pared del edificio Santa Lucía.
En otra proporción, —una de las obras que más aprecio del museo—, escenifica la angustia de San Pedro en la fachada del antiguo Casino de La Laguna. Ahí, una mirada lleva a otra. El asombro y la curiosidad terminan por reconocer esa pintura que los detiene.  Casabianca emprende una acción aparentemente fácil, pero al final, el impacto lo observamos en las lecturas que provoca una pintura descontextualizada del rígido ambiente museístico. Hace un par de semanas hicimos en bicicleta el recorrido con las Bicionarias Laguna. Fueron doce piezas en el centro histórico, y si se apuran, todavía puede ver la mayoría. Busquen el sitio, www.museoarocena.com/outings-projects-torreon.
Pero si liberar la obra no es suficiente, a la manera de los grafiteros, Casabianca fue a las vías del ferrocarril a intervenir un vagón. Ahí también se fue otra obra del Arocena. ¿Dónde estará ahora?
En la avenida Ocampo, casi esquina con Leona Vicario, se resguarda Santa Bárbara con un torreón en mano. La imagen hace tal juego, que realza la estética de una fachada de ladrillo, por así decirlo, del “gótico lagunero”. Outings Project, es una acción local con ecos globales. No les digo más, mejor vayan a la búsqueda. Mientras tanto, hay que decirlo con todas sus letras: felicidades al Museo Arocena por el décimo aniversario. ¡Qué vengan muchos más!
17 de agosto 2016
El Siglo https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1253883.diez-anos-del-museo-arocena.html

miércoles, 8 de diciembre de 2010

A Pan y agua (diez años con el PAN)








Regresé a las páginas de ese provechoso libro, El Antiguo régimen y la revolución, de Alexis de Tocqueville. El momento lo exigía y acaso, parecía que leía sobre el México actual. Comparto un breve párrafo: “La única diferencia esencial entre una y otra época es la siguiente: antes de la Revolución, el gobierno sólo podía cubrir a sus agentes recurriendo a medidas ilegales y arbitrarias, en tanto que después ha podido legalmente permitirles violar las leyes”.

Y sí, pareciera que Tocqueville no sólo se refería a la república francesa y los tiempos posteriores a la revolución, sino al México del presente. Desde luego que esto no es así, pero las observaciones de Tocqueville son útiles en tanto observador de una sociedad en cambio y permanencia. Por eso, esta semana que el PAN cumplió diez como gobierno al frente de la presidencia, conviene regresar a sus páginas para preguntar: ¿Cuál ha sido el saldo? ¿Qué tanto avanzó el país bajo el sello de los gobiernos panistas? ¿Hasta qué punto cambió la política en relación a los tiempos del partido único?
Sin lugar a dudas, lo más destacado en la década panista es la estabilidad de las grandes cifras. Un manejo del déficit público razonable, reservas internacionales notables que incluso, aguantaron los vaivenes mundiales del 2009. También se reconoce la estabilidad en la paridad peso-dólar, un promedio de inflación del 4.4 por ciento, muy por debajo del 22 por ciento con Zedillo, el 15 con Salinas. Por otro lado, la introducción de la transparencia y el acceso a la información, con todo y los obstáculos que la dificultan, representan aspectos valiosos de los gobierno panistas de Fox y Calderón. Sin embargo, el balance general, a pesar de los reconocibles logros, es decepcionante porque lo sustancial permaneció igual. Una economía estable que no crece, o sólo genera riqueza para una minoría. Dicho en otras palabras, no sólo de democracia vive el hombre, sino del bienestar económico que lo sustenta.

Pero la decepción fue esencialmente política, porque lo cambios que el PAN estaba llamado a hacer no los entendió, no pudo hacerlos o no los quiso realizar. Al final, el blanquiazul encontró “agradable” y muy cómodo el estado de cosas establecido en el viejo régimen. Por lo mismo, no cambió e incluso, terminó acrecentando los vicios, las corruptelas, los arreglos como en los tiempos del autoritarismo. En el mejor de los casos, fue una mala copia del PRI. Del “no nos falles” en el 2000, los votantes han pasado al rechazo del panismo en las elecciones locales y nacionales. Hay alternancia también.

El domingo pasado, Calderón festejó los diez años de gobiernos panistas advirtiendo, como quien mira al abismo, que regresar al pasado es corrupción y pobreza. “México no se merece quedar parado a la mitad del camino y mucho menos regresar a lo antiguo, a lo autoritario, a lo irresponsable”. ¿Lo antiguo? ¿Lo autoritario? ¿Lo irresponsable? Calderón habló para los suyos, con la “magia” que implica un encuentro interno de partido.  Afuera, lo antiguo, lo autoritario, lo irresponsable fue adoptado y reproducido en tantos espacios donde el PAN no fue la diferencia, sino la similitud.

La gente no vive en el pasado, sobre todo, cuando el presente es incierto para millones de mexicanos, o para otros tantos que no viven de la política. Por eso resulta inútil la melancolía, como sugirió esta semana Jesús Silva-Herzog Márquez. Porque quizás, la mayor deuda del panismo como actor central de la alternancia, fue la justicia, la rendición de cuentas. En contraparte, los incentivos a la impunidad permanecieron como en el antiguo régimen y rápido, la intenciones por desmontar lo anterior, se hicieron agua.