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viernes, 11 de febrero de 2011

La tragedia de los héroes



Los héroes son más admirados que nada, se trata de ciudadanos convertidos en modelos para los demás. Han hecho algo que la mayoría no puede o no está dispuesta a hacer.  Lamentablemente, hay también en el héroe (esa suerte de “moderno Prometeo”), un parte de tragedia. Por lo mismo resulta preocupante cuando las personas de una sociedad encuentran la salida trágica en el heroísmo.
De cierta manera, 
el acto individual del heroísmo exhibe la debilidad 
institucional del Estado Mexicano. Ya sea para brindar justicia, ya sea para proteger a sus ciudadanos.
En los últimos años se han sumado en el país diversas historias de héroes que terminaron en tragedia. Los más conocidos del año pasado fueron los casos de Don Alejo Garza Tamez en Tamaulipas y Marisela Escobedo en Chihuahua.  No son los únicos, también hay madres que luchan por proteger a los hijos, padres que claman justicia ante la impunidad de un crimen o ciudadanos que defienden con su propia vida el patrimonio construido a lo largo de los años.
Además de la admiración, la tragedia es la otra cara del heroísmo. Al decir esto, no quiero condenar a los héroes y sus actos, sino mostrar cómo una sociedad con instituciones débiles, orilla a algunos ciudadanos a realizar actos extraordinarios. En fondo, detrás del heroísmo se esconde la ineptitud del Estado para responder a su obligación básica: la protección de la vida,  la seguridad de las personas.
Por eso la trágica historia del Álvaro Sandoval Díaz, llamado efímeramente el “héroe de Palomas”, demuestra la fragilidad del Estado, y por lo tanto, de la sociedad. Sandoval, quien vivía en Puerto Palomas, municipio de Ascensión, una comunidad fronteriza con Columbus, Nuevo México, defendió a su familia de un grupo de criminales que derrumbó el barandal de casa para robarlos. Sandoval no dudó en proteger legítimamente a su familia, y con pistola en mano abatió a tres delincuentes, mientras un cuarto escapó. “Eran ellos o yo y mi familiahabía dicho Sandoval a la prensa.
Por entonces, el gobernador César Duarte declaró sobre el caso que “Chihuahua es aliado de los ciudadanos que defiendan su patrimonio”. Pero Sandoval rechazó la protección del gobierno. Semanas después, los criminales regresaron para asesinar a Sandoval y su esposa, Griselda Pedroza Rocha. Les sobrevivió su hija. Lo inquietante del caso no es la autodefensa que han emprendido o pueden emprender los ciudadanos, sino la endeble y efímera paz que con esto se construye.
Bajo la ley de la selva, esa que Thomas Hobbes había descrito como “estado de naturaleza”, los hombres viven una precaria seguridad que siempre puede ser rota por el más fuerte, el mejor armado o el más audaz. ¿Es la antesala del “todos contra todos”? ¿Cuántos héroes más necesitamos para fortalecer de una vez todas el Estado de derecho? Tristes tiempos cuando el heroísmo se vuelve la opción trágica del momento. 
La Opinión Milenio

jueves, 16 de diciembre de 2010

Don Alejo e Isabel

Sin duda las personas del año en México son Don Alejo Garza Tamez e Isabel Miranda de Wallace. Ambos ciudadanos representan un punto en común: la incapacidad, la ausencia del Estado para brindar seguridad, para preservar la vida de sus ciudadanos.

Don Alejo no dudó en jugar su vida para defender su patrimonio, al final, como dice el corrido, murió matando. Tomó las armas en defensa propia. Por el contrario, el caso de Isabel Miranda, también es heroico por la valentía y fuerza para dar con los secuestradores y asesinos de su hijo, incluso confrontándolos cara a cara, lo cual podría haber terminado en justicia por la propia mano.
Miranda de Wallace no accedió a ese seductor canto, sino que decidió ir por la vía civil para procurar justicia. Su camino llevó a la captura de los delincuentes, pero también a la gestión para aprobar una Ley del secuestro.

Los caminos de Don Alejo e Isabel resultan asombrosos, heroicos. Desde la individualidad, son los extremos de la sociedad, la minoría. Indican la urgencia de un cambio, algo que colectivamente no hemos logrado empujar. Quizá cuando las cosas se deterioren aún más, entonces sí, los diversos grupos de la sociedad civil, incluyendo esa pequeña minoría de la política, se decidan a ir a la raíz, en vez de andar por las ramas.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

¿Cuántos Don Alejos más?



 





La profunda dignidad de Don Alejo Garza Tamez me recordó las viejas historias que nuestros abuelos vivieron entre el siglo XVI y el XIX en el extenso, agreste y difícil noreste mexicano.  Sin embargo, la historia de este héroe del siglo XXI, muestra los extremos,  sobre todo, la incapacidad del Estado para defender a sus ciudadanos. Cuando el Estado no puede, entonces surge la autodefensa, la ley del más fuerte. Y ahí sí, la vida no vale nada, porque entonces hay que morir matando.