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domingo, 21 de julio de 2013

Pacto por México y pacto por los partidos

Contra los pronósticos, el famoso Pacto por México resultó ser un medio eficaz para lograr acuerdos, avanzar en puntos y reformas. De alguna manera tiros y troyanos ha reconocido la funcionalidad, incluso, los dos principales partidos de oposición se han acomodado también al Pacto, que ahora lo usan como medio de presión. La lógica es muy sencilla: Me das, te concedo. No me das, me retiro. A estas alturas, las presiones del presidente del PAN, Gustavo Madero (que se compara ridículamente con Greta Garbo), y de su homólogo en el PRD, Jesús Zambrano, parecen más caprichos y humores, que el oficio de la política. En reiteradas ocasiones han anunciado que se retiran del Pacto, luego, convidados a la foto con el presidente Peña Nieto, ahí están firmando y aplaudiendo. Ahora nuevamente ambas dirigencias condicionan su permanencia en la mesa del Pacto a cinco puntos. 

Veamos brevemente. Uno: revisar las violaciones en algunos casos durante las elecciones pasadas, lo cual es razonable, pero es un asunto que no se pueda inscribir únicamente en el pacto, aunque después del triunfo panista en Baja California, las exigencias se calmaron. Dos: aprobación pronta de leyes secundarias a las reformas educativa, de telecomunicaciones y competencia económica. Sin duda, el tiempo apremia. Tres: aprobar un periodo extraordinario para otra reforma política-electoral. Entonces, cada vez que terminen elecciones ¿estarán llamando a otra reforma y así sucesivamente? ¡Qué absurdo, qué desperdicio! Cuatro: más iniciativas de reforma del Estado. Todavía hay mucho del viejo régimen que continúa vigente. Cinco: avanzar en la reforma energética y hacendaria. La polémica de Pemex y más impuestos.

Mientras los partidos están en el juego del estira y afloja con el gobierno, el IFE acaba de multar a todos con 341 millones de pesos por irregularidades en las elecciones federales del 2012. Ni uno solo se salvó, todos recibieron sanciones económicas que habrán de pagar con los mismos recursos de los contribuyentes, es decir, al final no les afectará porque es dinero que los partidos no generan. Dos aspectos resaltan en las multas. Al Movimiento Progresista (PRD, PT y Movimiento ciudadano), que abanderó Andrés Manuel López Obrador, le rebajaron la multa después de tanta queja. En otras palabras, se vale regatear ante el IFE, al fin da muestras generosas. El PRI, que sí sabe hacerla en las elecciones, recibió la multa más alta, por 148 millones, por la causa de que 149 candidatos a diputados de 151, excedieron los gastos de campaña. Con ese dato, ahora se completa la película de los gastos de Enrique Peña Nieto en la campaña presidencial. Por eso él sí viajó en avión privado durante la campaña, y el pobre López Obrador en clase turista como cualquier ciudadano más. Aún así los contadores de López fueron incapaces de cuadrar las cifras, a tal grado, que los multaron por exceder los gastos de la campaña presidencial. Después de aquél golpe histórico de mil millones en el año 2000, al PRI no se la hacen dos veces. Por lo mismo, la pulcritud de las cifras para la campaña de Peña y la carga para 148 campañas de diputados, al fin, ¿a ellos quién les dice algo?

Las erogaciones de aquella campaña federal costaron a los contribuyentes, 2 mil 572 millones de pesos. Está claro, que por más logros que tenga el Pacto por México, el mayor beneficio, el mayor pacto es el que se da entre los partidos. Lo demás parece buena voluntad.

17 de julio 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9186415

domingo, 17 de marzo de 2013

El regreso del Estado


Escuché con atención los discursos sobre la iniciativa de reforma en telecomunicaciones. Había un aire de optimismo, de nuevos vientos. Las principales fuerzas políticas estaban ahí celebrando la firma que antecede a la reforma de un sector dominado vorazmente por tres empresas. El presidente Enrique Peña Nieto no se cansó de felicitarlos. En el mismo tono triunfalista los representantes del PAN, PRI y PRD coincidieron en que la futura reforma se trata de un acuerdo “histórico”, sin precedentes. Aunque en lo personal prefiero ser desconfiado, en vez de triunfalista sobre el acuerdo, tampoco deberíamos olvidar de dónde venimos. 

Resumo rápidamente. Una clase política extorsionada por los monopolios (¿Se acuerdan del borrado ex senador Santiago Creel?). Unos candidatos a la presidencia de la República en 2006, amedrentados, en particular Roberto Madrazo del PRI y Felipe Calderón del PAN, que prefirieron callarse sobre la llamada “Ley Televisa”, antes que ser borrados de la televisión. Ante la arbitrariedad, un grupo de senadores interpusieron una controversia constitucional en la Suprema Corte de Justicia. En un momento de lucidez, la Corte derogó la ley, sin embargo, nos quedamos igual, para festín de las televisoras. 

Siete años después las cosas parecen diferentes, y hasta el presidente insiste una y otra vez en las bondades de la competencia. Para Slim fue el silencio, aunque con ese nivel de riqueza, los cambios le han de parecer insignificantes. Por las mismas Ricardo Salinas Pliego. A Emilio Azcárraga no le quedó más que dar la bienvenida a la competencia.

Así como está en papel, la iniciativa inscrita en el Pacto por México, es ambiciosa y positiva. Desde luego falta ver su aplicación, y sobre todo, si las anunciadas ventajas para los consumidores se podrán palpar pronto. En los últimos meses, el nuevo gobierno ha atendido a los símbolos y la espectacularidad. La impresión es que hay acuerdo político, y se ha afirmado. La impresión es que tenemos Estado, y se hace notar. Para el presidente Peña la iniciativa en telecomunicaciones “reafirma la soberanía democrática del Estado mexicano”. ¿Estaremos ante un nuevo comienzo? Extraigo algunas visiones en el poder. El coordinador de la bancada del PAN, Alberto Villarreal, afirmó: “Estamos en un acto sin precedente en la vida de la República y en la vida política de México”. Para César Camacho, presidente nacional del PRI, la iniciativa es “reivindicatoria, porque recupera la rectoría del Estado en la prestación de un servicio público de interés general; e histórica, porque la materia nunca había sido regulada con tal hondura y por la auténtica revolución que va a provocar”.
En tono similar, Gustavo Madero, presidente del PAN, expuso que la iniciativa “será un parteaguas. Es un antes y es un después”. El líder del PRD, Jesús Zambrano, afirmó que se trata de “una profunda reforma que significará una verdadera revolución en el campo de las telecomunicaciones y que relanzará el desarrollo integral de nuestro país”.

Como si fuera otro país, de pronto, los principales líderes políticos están de acuerdo y repiten en recuperar la soberanía del Estado. ¿Estamos ante el regreso del Estado? Todo parece indicar que sí. Para un país con una inconfesada vocación monárquica, más que hombres fuertes, urge un Estado fuerte. No autoritario como en el pasado, ni débil como en los años panistas, pero sí con instituciones sólidas, consistentes para sustentar el futuro. El Pacto por México parece ser una vía para concretarlo.

13 de marzo 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9174844

domingo, 9 de diciembre de 2012

¡Parkour por México!

Sólo en las dictaduras el gobierno tiene todo. En su versión autoritaria, en México conocimos durante varias décadas al gobierno que dominaba todo. Septuagenario, sin competencia, sin otro poder para el contrapeso, tuvimos un poder hegemónico. Hay que reconocer que algunos todavía extrañan las glorias negras de esos tiempos. A pesar de nuestra historia, los últimos gobiernos en el país han estado claramente acotados, con otros poderes y actores que los observan. Sin duda el ascenso más notable han sido los grupos de ciudadanos organizados. No reconocer esos cambios en la sociedad mexicana sería un despropósito.

En esas circunstancias, el nuevo gobierno encabezado por Enrique Peña Nieto, acaba de hacer un llamado a la coalición. No a la ilusa unidad que se pretende en los discursos políticamente correctos, sino a la pragmática coalición entre actores y fuerzas políticas. Sabe bien el nuevo presidente que si quiere gobernar y sacar adelante el proyecto de la administración, deberá hacer pactos, tender ligas, hacer acuerdos, abrir puentes. En un entorno democrático no hay de otra. Por eso es relevante la figura (no muy bien aceptada ni entendida), de la coalición. Al convocar al Pacto por México, el presidente asume la necesidad de gobernar con la oposición. Insisto, sí hay diferencias. No es el tiempo de “ni los veo, ni los oigo”. 


En la firma estuvieron el presidente, los líderes del PAN, Gustavo Madero, del PRD, Jesús Zambrano y Cristina Díaz del PRI. El Pacto es un listado largo de propósitos a realizar en los próximos años. Las temáticas son variadas, y van desde una necesaria unificación del Código penal en el país hasta temas de transparencia, educación, seguridad social, salud. En pocas palabras son los principales ejes del gobierno que ya dibuja Peña Nieto. Pero ese camino no lo podrá hacer sólo, ante todo, requiere de una coalición amplia en el Congreso. En principio me parece positivo el Pacto por México, aunque ya lo dirá el Diablo que siempre está en los detalles. El pacto es una carta de buena intención sobre las acciones que habrán de realizarse durante el sexenio. Tiene propuestas del PRI, retoma propuestas del PAN y del PRD. 

Mucho dependerá no sólo del gobierno en turno, sino de los dos principales partidos de oposición. Como en todo, hubo duras críticas a Zambrano por suscribir el pacto. De “traidor” y no sé cuántos más calificativos le endilgaron. Incluso hasta lo quieren destituir de la dirigencia del PRD. Pero la política no es el campo de la pureza, sino de la praxis. Quien quiera hacer política deberá ante todo estar dispuesto a ensuciarse. Arremangarse la camisa. No se puede pretender participar en la vida pública como un hombre excepcional e inmaculado. Eso está bien para las congregaciones religiosas, que a veces ni eso respetan. La inclusión del perredista me sorprendió para bien, porque rompe con la inercia de negaciones habituales del PRD y demás sucedáneos de la izquierda.

Por ser el inicio, hay algo de esperanza o si quiere, damos el beneficio de la duda al nuevo gobierno. Pero la palabra “cambio” es ahora prohibitiva por ser el slogan fracasado de Fox, ahora se habla de “mover” a México. Entonces, bienvenido el ¡parkour!


5 de diciembre 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9166312