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lunes, 26 de diciembre de 2016

En plena devaluación


Por más eufemismos oficiales, para nadie es un secreto que estamos en plena devaluación. Un día sí, y otro también, el peso se devalúa frente al dólar. Tanto así, que ya llegó a los 20 pesos por dólar. Y pensar que nuestra deuda está en dólares… Con más dignidad que ni José López Portillo, Benito Juárez abandonó su lugar en el billete de veinte, para cederlo a George Washington. Quizá en los próximos días, el Banco de México haga una nueva reimpresión. ¿Qué pensaría Don Porfirio? Más allá de la gloriosa nostalgia del porfiriato, cuando la cosa estaba tú por tú, es decir, a peso por dólar, nuestro presente nos queda mucho a deber. Tanto así, que los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, a pesar de la crisis internacional de 2008, ya nos parecen entrañables. Sin temor y sin temblor, la caída del peso no para, y más nos vale que Dios nos agarre confesados en caso de ganar el truhan de Donald Trump. En una de esas, hasta el presidente se vuelve a inclinar con todo y alfombra roja.
Para los mexicanos, la paridad peso dólar es traumática, y no tanto por encarecer el shopping en el otro lado, sino por las desgracias económicas que eso nos recuerda. Echeverría, López Portillo, de la Madrid, Salinas de Gortari… ¡Puro veneno! Como cataclismos quedaron los años 1976, 1982, para acabar pronto, todos los ochentas, y 1994. ¿A quién se parece Peña Nieto? Pero la realidad es un broma. Sí, querido lector, no lo tome a chiste, pero hace unos días en la flamante ciudad de Nueva York, nuestro presidente recibió el premio de estadista del año 2016, mismo que entrega la Foreign Policy Association. Estos gringos no perdona la ironía y todavía Hillary Clinton se desmaya. 
A diferencia de López Portillo, Peña no tiene aspiraciones caninas para defender al peso. Por si fuera poco, el Centro de Análisis e Investigación, Fundar, acaba de publicar un estudio donde demuestra cómo el gobierno distingue entre ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. A los primeros les perdona impuestos en cantidades estratosféricas; a los segundos todo el peso de la ley, y que no se les ocurra retrasarse un solo día porque así le va. Tan sólo el año pasado, quince empresas fueron “beneficiadas” por un monto de 15 mil millones de pesos. ¡Qué gran retiro logró Luis Videgaray! La condonación de créditos fiscales es la política que el gobierno aplica a discreción, de manera opaca con beneficio a ciertos ciudadanos de primera. A casas Geo le perdona más de 4 mil millones de pesos. A Sabritas casi mil. A Gamesa 150 millones. A Scotiabank 28 millones… pero la información es a cuentagotas, porque el SAT ha litigado el acceso a la información para esconder los miles de millones “perdonados” a las grandes empresas.  ¡Esa sí es la puerta negra con cien candados!

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Para el caso, no se trata de descubrir la panacea en eso del combate a la corrupción, porque políticas de esta “naturaleza”, ahora que anda tan de moda esa palabra entre los protectores de la familia y la niñez, denota la ausencia de estado. Pero  ¿si no hay estado entonces qué tenemos? Un grupo de cleptómanos bien organizados que se dedican al usufructo del dinero de los contribuyentes. Nada más. Olvídense de programas, ideologías y esas cosas.  Ya lo dice un clásico en su cuarto informe: “Lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho”. Habría que agregar: cuesta mucho la corrupción.

21 de septiembre 2016
EL Siglo https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1264632.en-plena-devaluacion.html

Más deuda, ¡abróchense los cinturones!


Se quedaron cortos con el recorte. Sólo 239 mil 700 millones de pesos. Por más tijera que metieron al presupuesto, el gobierno federal sigue siendo obeso y esclerótico. Por si fuera poco, quiere seguir comiendo azúcar como un adolescente, pese al cuadro de diabetes que ya presenta. ¿Les suena conocido? Los ingresos que tenían las fianzas públicas por la venta de petróleo, cayeron estrepitosamente. Incluso, como en los viejos tiempos, casi la mitad del presupuesto llegó a depender de esa entrada. A golpe de precios bajos, las finanzas se han despetrolizado, no obstante, lejos de adaptarnos a la realidad financiera, hemos recurrido nuevamente a la deuda. Cada año fuimos a pedir como un alcohólico irredento. Por aquello de la última y nos vamos, esta vez no fue la excepción.
Acostumbrados al dinero fácil del petróleo, la administración de Peña Nieto llegó endeudándose duro. De antemano se pensó que con la reforma energética, ingresaría dinero a raudales… pero al final, nos quedamos sin dinero, y con energéticos más caros. El gas, la gasolina. Hasta los economistas lo saben.
El fantasma de López Portillo nos ronda. ¿Dónde quedaron las duras lecciones del pasado? Ya nadie las recuerda, al menos no es Hacienda. La deuda ya supera los 50 puntos porcentuales del PIB. ¿Qué significa esto? El tamaño del boquete en las finanzas públicas es el que más recursos consume en toda la administración federal. Casi dos veces el presupuesto que se destina a educación. Dicho de otro manera, el mayor dinero que destinará el gobierno federal para el 2017, no será para educar a los jóvenes, tampoco será para ofrecer mayor seguridad, o siquiera mejorar los servicios de salud. Mucho menos, para invertir más en infraestructura. La mayoría del dinero va a destinarse a ese barril sin fondo llamado deuda. De ese tamaño es el desbalance y la imprudencia financiera. Hace tiempo que la Secretaría de Hacienda, con el ahora defenestrado Luis Videgaray, rompió la regla de oro en el cuidado de los dineros públicos. De esa manera, la política es sencilla: la deuda crece y crece irresponsablemente. Para el caso, diría un celebérrimo cantante: ¿A dónde vamos a parar?
Con todo, la llegada de José Antonio Meade es un buena noticia, sin duda, una persona seria y adecuada para el cargo. Ojalá que para el cierre del sexenio se dedique, no a la sucesión presidencial, —donde el PRI ya tiene asegurado el tercer lugar—, sino a cuidar celosamente la estabilidad económica para el fin de sexenio.
Al principio del texto comenté que se quedaron cortos con el recorte. Por supuesto, al Congreso ni lo tocan. Por si fuera poco, todavía se atrevieron a pedir un “pequeño” aumento. A pesar de que no habrá elecciones, el INE nos costará una millonada… y todo para complacer las ilegalidades de los partidos políticos y una megaconstrucción para su sede: Inelandia. 15 mil 371 millones de pesos para lo electoral. En esa bolsa, a los partidos nadie los toca ni con el pétalo de una rosa. Entre los recortes del presupuesto, los alcaldes con aspiraciones electorales, están muy tristes y preocupados porque desaparece el Programa de Prevención del Delito. A menos que lo resuciten de última hora, el dinero para prevenir el delito, afectará la operación electoral en las calles. ¿Y cómo les irá a los estados? Para unos la ley, para otros la justicia. Eruviel Ávila, el consentido virrey del Estado de México, le fue bien con el presupuesto. El PRI en el poder ni la disimula. Por lo tanto,  cómo se nota que habrá elecciones el próximo año. En cambio, Nuevo León, será castigado. Con el dinero, el gobierno federal encontró la fórmula para proteger al exgobernador Rodrigo Medina, a quien el Bronco, ahora manso, nomás no puede llamar a cuentas.  El dilema para el gobernador independiente, Jaime Rodríguez, es claro. Dejas a Medina, o te quitamos el dinero. Coahuila, un estado adicto a la deuda, hasta logró incrementos. Desde la Cámara, gritaron los diputados: ¡todo sea por las elecciones! Con tanta deuda, más vale que nos vayamos abrochando los cinturones.
14 de septiembre 2016
El Siglo https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1262503.mas-deuda-abrochense-los-cinturones.html

domingo, 22 de noviembre de 2015

El bolso de Escobar

Foto: Reforma
Bien dicen que las cosas se parecen a su dueño. Por lo mismo, aunque no deja de sorprender el comportamiento del gobierno federal (unas modestas casas, una empresa consentida y un fiscal para excusarlo todo), el nuevo nombramiento de Arturo Escobar como responsable de la Subsecretaría de Prevención y Participación Ciudadana en la Secretaría de Gobernación, ratifica la congruencia del gobierno con la narrativa nacional de los últimos dos años: corrupción, pérdida de confianza y muchos triunfos electorales.







Ante el polémico nombramiento, diversas y prestigiosas organizaciones civiles denunciaron que Arturo Escobar "carece de los conocimientos necesarios" para ocupar la Subsecretaría de Prevención del delito y Participación Ciudadana. Pero su pronunciamiento se quedó corto al describir la trayectoria de Escobar. Al mismo tiempo, surgió una iniciativa que juntó firmas para solicitar la destitución del recién nombrado subsecretario.
¿Pero quién es Arturo Escobar? ¿Por qué tanta indignación? Bajo el sello del Partido Verde Ecologista, Escobar ha desempeñado diversos cargos como diputado local en la Asamblea del DF, diputado federal, senador y presidente nacional del Verde. Entre sus flamantes iniciativas, destacó una sobre la pena de muerte, que además sirvió de campaña nacional a ese partido, que hoy por hoy, es la quinta fuerza electoral en el país. Pero si hay en México, un partido despreciable entre los despreciables, ese es el Verde Ecologista. Repasemos brevemente su historia. Administrado por un familia, primero Jorge González Torres y luego su hijo, el célebre Jorge Emilio González, el Verde se abrió paso como un partido útil en la coalición presidencial del 2000 con PAN y posteriormente, junto al PRI. Actualmente el Verde Ecologista funciona como un subpartido del PRI, que le permitió alcanzar la mayoría legislativa en la Cámara baja. De la misma manera, el Verde Ecologista aportó los votos que le faltan al PRI, para que éste mantenga el poder.
El negocio del Verde como partido, supera los 444 millones de pesos para ejercer durante el año 2015. ¡Más de un millón de pesos diarios! Conscientes del negocio, durante las pasadas elecciones, hicieron todo lo posible para posicionarse, incluso rompiendo la ley. Contrataron espacios publicitarios directamente contraviniendo la ley electoral. Pagaron a celebridades para promover el partido, aun después de suspendidas las campañas. Regalaron mochilas a diestra y siniestra por todo el país, no obstante de que las reglas electorales restringieron el uso de materiales plásticos. Transfirieron dinero de su bancada en el Congreso hacia el partido. Todas estas faltas eran causales suficientes para quitar el registro al Verde. Pero cuando el Instituto Nacional Electoral quiso apretar, unas oportunas grabaciones telefónicas, expusieron al presidente del INE, Lorenzo Córdova, quien "comprometido" con la democracia, se echó para atrás. No sólo perdonaron al Verde, además dijeron que no fue tan grave su violación. En el mismo tono, el Tribunal Electoral fue tan generoso, que condonó las multas e hizo descuentos al Verde. ¡Mejor no la podían tener!
Como líder del partido, Arturo Escobar fue el operador de esas campañas, pero también de todas esas violaciones sistemáticas a la ley (aunque en un país como México, a nadie le importa eso). Escobar es el promotor de ilegalidades y ahora es la cara del gobierno federal para la prevención del delito. ¡Y no es broma! Sí, el promotor de la pena de la muerte, es el nuevo encargado de la participación ciudadana con organizaciones civiles de la talla de México Evalúa, Causa en común, México Unido Contra la Delincuencia, IMCO, INCIDE Social. Lejos de ser contradictorio, el nombramiento de Escobar, muestra la congruencia del gobierno de Enrique Peña Nieto, con la narrativa nacional de los últimos dos años: corrupción, impunidad, falta de confianza, escasa aprobación de gobierno. Con todo eso, en México todavía no estamos al nivel de Guatemala, y mucho menos, al nivel democracias funcionales que sí logran sancionar y echar a sus gobernantes. Acá gozan de absoluta impunidad. Por lo mismo, Arturo Escobar, fue el hombre que detuvieron en el aeropuerto de Chiapas con un millón 100 mil pesos en efectivo, bien guardado en su bolso Louis Vuitton. Hoy es el encargado de prevenir el delito.
23 de septiembre 2015 
El Siglo

lunes, 4 de mayo de 2015

Confianza a la mexiquense


Tan sólo hace algunas semanas, la principal autoridad del país afirmó que México está “plagado de desconfianza”. Uno pensaría que con tales afirmaciones, viene un auténtico compromiso por generar confianza, por hacer del gobierno una referencia pública. Pero sin confianza, difícilmente se puede tener credibilidad, en tanto que una alimenta a la otra.

Así, por más buenas intenciones dichas ante democracias de prestigio como la inglesa, la construcción de la confianza pública no depende de millonarias campañas de publicidad, ni de los medios que aplaudan. Sino de la congruencia en las acciones públicas. ¿Qué ha hecho el actual gobierno para generar confianza? La narrativa del Gobierno Federal tuvo un efímero logro con la agenda reformista, para luego desvanecerse con la caída del precio del petróleo. Después vinieron los escándalos de corrupción de la famosa “casa blanca” asociada al presidente Enrique Peña Nieto, y claro, no podía quedarse atrás la casa de Malinalco de Luis Videgaray, el influyente Secretario de Hacienda. Desde esas costumbres, el equipo de la presidencia no tendría incentivos para actuar de otra manera. Por lo mismo, que otro funcionario vaya por las mismas, es congruente con aquellos sucesos. De esa manera, el titular de Conagua, David Korenfeld no pasó inadvertido al utilizar el helicóptero del gobierno para fines privados. 

El suceso habría sido una raya más al tigre, si no fuera por la mirada de un ciudadano que captó el momento donde el funcionario y su familia salían de viaje. Tras el escándalo, el funcionario ofreció una disculpa en Twitter, para solo ratificar la impunidad que se ejerce desde el gobierno. No pasa nada. En la lógica mexiquense, que sus jefes aparezcan con esos de las casas, es una justificación mayor para utilizar los recursos del gobierno en beneficio privado. Cambiemos el papel: si la impunidad viene de los pequeños detalles, pronto terminará en los grandes al estilo Higa. Pero ¿cómo se construye la confianza? Antes del derrumbe, el presidente apareció junto a Norman Foster, uno de los arquitectos más prestigiosos del mundo, para presentar el megaproyecto del nuevo aeropuerto en la ciudad de México. Por supuesto, una filial del Grupo Higa va en un contrato por la pequeña suma de 794 millones de pesos.  

Pero regresemos al punto ¿por qué México está plagado de desconfianza? Ante una serie de solicitudes de información para conocer el detalle y los documentos que sustentan ese contrato, el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, decidió reservar esa información bajo un argumento que raya en el insulto. Cito el documento: “La publicación de la información ocasionaría directamente daños de imposible reparación, entre ellos al Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, quien es presidente del Consejo de Seguridad Nacional, a su gabinete legal y ampliado, al personal del Hangar Presidencial y a invitados especiales, poniendo en riesgo su vida por posibles actos de sabotaje". En pocas palabras, publicar esa información conlleva "riesgos de ataques de grupos delictivos y terroristas".  


Detrás del supuesto argumento de la seguridad, en realidad se esconde un ejercicio opaco de millonarios recursos públicos. De lo que se trata no es de generar confianza, sino ejercer el dinero en la forma más oculta posible. Para ello, reservaron la información por 12 años, es decir, dos sexenios para que no se sepa nada, para ocultar todo rastro posible. ¿En 12 años ya nadie será responsable? Bajo el estilo mexiquense de gobernar,  se entiende por qué México está “plagado de desconfianza”.

8 de abril 2015
El Siglo de Torreón
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1103445.confianza-a-la-mexiquense.html

lunes, 12 de enero de 2015

Mucho gobierno, poco Estado



A nadie le gusta pagar impuestos. Sobre todo cuando se tiene gobiernos como en México, donde siempre queda una sensación de profunda desconfianza, donde con facilidad el gobierno se vuelve sinónimo de corrupción. No sé a ustedes, pero cada vez que pagamos impuestos, me pregunto a dónde va ese dinero. Podemos pensar que a grandes obras públicas, o necesarias inversiones en la educación o salud. El punto viene a colación porque la semana pasada se aprobó el presupuesto billonario del gobierno federal para ejercerse en 2015. El Presupuesto de Egresos será de 4 billones 694 mil 677 millones de pesos. A simple vista la cifra parece ilegible. Tantos números, tantos miles de millones. Según la Secretaría de Hacienda, encargada de extraer rentas a los mexicanos, "se trata de un presupuesto austero, eficiente y responsable, que refleja el compromiso y trabajo conjunto de las y los diputados federales… para impulsar el crecimiento y el desarrollo económico y social del país". Pero dejemos la solemnidad gubernamental, porque si algo demuestran los hechos, es un gobierno incapaz de brindar un auténtico estado derecho, ya no digamos la seguridad, que es la esencia misma del Estado.
Regresemos al presupuesto billonario. ¿Por qué si es tanto dinero, no alcanza? ¿Por qué si cada año se ejerce un mayor presupuesto, hay grandes rezagos en infraestructura? Lo que en principio parece mucho dinero, termina diluyéndose en un gobierno obeso que se va en burocracia y más burocracia. Súmele mala administración, y un excesivo gasto corriente. Para seguir con la analogía de la obesidad, tenemos un gobierno nacional con abundante colesterol y problemas de salud. De entrada el 77 por ciento del presupuesto, se destina al gasto corriente. Es decir, para pagar la operación del gobierno y sus empleados. Sólo el 23 por ciento será gasto de inversión. Esto significa que la gran mayoría del dinero no regresará a los ciudadanos en servicios, obras o atenciones del inmenso aparato gubernamental. Nada más una pequeña parte llegará a los ciudadanos. Por cada peso que capta el gobierno federal, más de 70 centavos nada más para que el gobierno exista, sin importar los criterios de eficiencia o beneficios que generen valor público.
Pero cambiemos de analogía, cuando un gobierno destina la mayoría de sus recursos al gasto corriente, significa tanto como gastar en la borrachera la mayoría del salario, para sólo regresar a casa con un raquítico 20 por ciento. En esa relación de ingresos y egresos del gobierno federal, no hay dinero que alcance para invertir a fondo en áreas estratégicas como la educación o la salud. Mucho menos en seguridad. En pocas palabras tenemos una riqueza nacional mal administrada y mal distribuida: mucho gasto y poca inversión. ¿Para qué sirve un gobierno así?
Recientemente visité la biblioteca de una universidad pública en el norte del país. Lo que más me impactó de esa biblioteca fue la falta de inversión y mantenimiento. Lejos de llevar lo mejor a los estudiantes, la inversión queda relegada o sencillamente no llega. Entonces ¿adónde va todo el dinero? A pagar campañas publicitarias. A pagar obras millonarias que benefician a una minoría. A pagar las deudas irresponsables de los gobernadores. A pagar instituciones disfuncionales o en el peor de los casos, a pagar policías corruptas que se vuelven contra la población. Ya no digamos los líderes sindicales y las dinastías en el poder. O las mansiones de los políticos en turno... Cuando conocemos cómo se distribuye el dinero público, entendemos por qué tenemos mucho gobierno y poco Estado. ¡Así ni cómo!
19 de nov 2014
El Siglo

martes, 5 de noviembre de 2013

Más sobre el Informe

120 días y el reloj va contando… ¡pero todavía faltan 5 años! Así que no celebremos con anticipación. Ni tanto que queme al santo, ni tanto que lo alumbre. Expertos en zalamería, varios gobernadores celebraron el informe de Enrique Peña Nieto a través de sus cuentas de Twitter. Desde esa privilegiada posición, todo es celebración y loa al presidente, porque todo México está bien. Ya se va moviendo, dirán.
En el otro extremo de la lambisconería, quedaron los discursos en la Cámara de diputados. Igualmente predecibles y sin imaginación, se fueron por las puras críticas, los señalamientos flamígeros y las descalificaciones. Brillante (lo cual es un decir), estuvo Alberto Villareal, coordinador del grupo parlamentario del PAN. Para no confundir la lucidez, cito al panista: “¿Qué se informa cuando no hay nada que informar? Esa es la pregunta que millones y millones de mexicanos hoy nos hacemos”. Con ese inicio no hay porque ir a lo demás.
Sin relevancia entre la derecha y la izquierda, en el mismo sentido, fue el diputado Ricardo Monreal, coordinador de Movimiento Ciudadano en la Cámara. En su intervención al estilo “contrainforme”, hizo un deslumbrante análisis: “No hay nada que celebrar, es un informe gris, no se han cumplido las metas y solo son escenarios de simulación y de juegos pirotécnicos que encubren la realidad del país”. Pero no vayamos demasiado lejos, ya sabemos que los políticos según sea el cargo y la posición, se mueven entre la adulación y la condena. Dejemos la altura de lado, porque tampoco hay reconocimiento o alguna mediana argumentación. Ni puntos medios ni escalas. Eso no vende. Por eso la vigencia del “todo está bien señor presiente”. O la estéril contraparte: “todo está mal señor presidente”. Así de unipersonal.
Con todo y las protestas de los maestros, el primer periodo de Peña Nieto no está tan mal como lo señalan los diputados, pero tampoco está tan bien como uno pensaría tras el aplauso de los invitados. Así son los protocolos. Sin duda el mayor logro fue posicionar y avanzar en una agenda reformadora. Lo cual indica la visión del actual gobierno para trabajar primero con la urdimbre de las instituciones y posteriormente cosechar esos cambios.
Entre tanto, todavía no sabemos si esas tan renombradas reformas, va a tener un impacto favorable en el país. En papel y por supuesto, en el spot eso se dice, pero veamos la reforma financiera: todavía no encontramos créditos más baratos. Algo similar sucede con los cambios a la educación, las telecomunicaciones y la anunciada reforma energética. En dado caso, el primer periodo del gobierno a cargo de Peña Nieto, sembró una serie de cambios en las reglas del juego, pero tal vez, y sólo eso, los cambios tendrían su beneficios en los próximos años. El primer indicador lo veremos en la economía. Ahí topará Peña Nieto o ahí tendrá su gloria el resto del sexenio.

4 de septiembre 2013
Milenio http://www.milenio.com/firmas/carlos_castanon_cuadros/Informe_18_147765243.html

Primer Informe de Peña Nieto, y los impuestos que vienen…

Pasemos el alboroto mediático, la propaganda en exceso y los viejos ritos del presidencialismo que llamamos democrático. Enrique Peña Nieto llega a su primer informe de gobierno. ¿Qué nos queda de este primer periodo de seis? Sin lugar a dudas lo más notable fue el Pacto por México. En principio fue subestimado, pero al tiempo demostró ser un buen acuerdo entre los principales actores que dirigen el país. Se rompió la parálisis del disenso para llegar a las reformas. El Congreso fue el talón de Aquiles de Fox, y Calderón apenas quiso gobernar con el legislativo, basta recordar que lo expulsaron desde la toma de posesión. Ahora los mismos actores, pero desde otro lugar, han animado con buenos resultados el Pacto, que todavía parece dar para otros temas: ojalá el de la reforma política. Sin embargo, el Pacto durante los primeros meses de gobierno, no era tan rentable mediáticamente. Hacía falta un golpe que dijera a los cuatro vientos: “aquí está el presidente”. En febrero se concretó el “elbazo” a la Gordillo, la otrora intocable líder de los maestros. Fue un golpe de timón para el gusto de la opinión pública, que desde hace años la señalaba como la gran villana de la política en México. No obstante, siempre ¡hay peores!
Contra la corrupción simbólica, no había mejor prueba que encarcelar a La maestra. Durante las semanas siguientes a la victoria electoral de Peña Nieto, sus asesores le aconsejaron hablar de transparencia y todo eso de fortalecer al IFAI. Un discurso políticamente correcto para sonar bien, durante el tiempo vacío de la larguísima transición del poder. Las promesas generaron expectativas positivas entre los consejeros del Instituto Federal de Acceso a la Información. También fueron bien vistas por organizaciones especializadas en el tema. Sin embargo, tarde que temprano el gobierno tendría que matizar su propuesta de mayor empoderamiento y autonomía al Instituto. En otras palabras, sacó el cobre a través de los diputados. De esa manera, el fortalecimiento a la transparencia, terminó en un golpe al misma. Todo sea por la “seguridad nacional” y el Ejecutivo. No nos sorprendamos en el futuro, si los asuntos públicos quedan bien ocultos.
Otro bandera del gobierno retomó a los millones de pobres en el país. Bajo la Cruzada Nacional contra el Hambre, se presentó con nuevo nombre un viejo programa, que ni los gobiernos panistas en el pasado, ni tampoco los priitas, pudieron presentar como exitoso a la hora de dar resultados. Eso sí, hay más pobres, pero no se preocupen, la culpa la tiene la crisis. Para ejemplo de eficiencia, la Secretaría de Desarrollo Social, organizó un concierto de rock en el Auditorio Nacional a fin de recaudar alimentos para la Cruzada. Resultado: el concierto costó más (10 millones de pesos), que lo recaudado. Así las cosas contra el hambre.
De la seguridad ni hablamos… pero nos dicen que ciudades como Torreón son “ejemplo de éxito”. ¡Menos mal! Así, Acapulco es el destino turístico más seguro y Michoacán un ejemplo mundial.
La propuesta de reforma energética es solamente una propuesta, siendo realistas, en el mejor de los casos el impacto económico para el país podría ser hasta los próximos tres o cuatro años. La economía continúa en la mediocre inercia. Pero ¡ya vienen más impuestos!
1 de septiembre 2013

viernes, 1 de noviembre de 2013

Joder al IFAI

Más que la prosperidad, es en las dificultades donde conocemos la hechura de un gobierno. Por estos días, el gobierno de Enrique Peña Nieto enfrenta embates que no sólo llevan a prueba la administración, sino también muestra de qué está hecho. Mucho se ha hablado de las reformas impulsadas por el presidente, pero todavía estamos lejos de ver los impactos en el país. Más vale no celebrar por anticipado, porque nada se hace de la noche a la mañana. La más reciente iniciativa de reforma energética no llega todavía a discusión al Congreso, cuando las reformas a la educación ya causan estragos con el sector rijoso de maestros del sindicato: CNTE.

Pero en las movilizaciones de los profes no hay novedad. Hasta cierto punto, la protesta, y no las clases, son su modus vivendi. Antes han doblegado gobiernos estatales. Hoy no sólo amagaron a las autoridades federales, también cercaron al Congreso para impedir que avance la reforma. Metidos en el chantaje, al Congreso no le quedó más que bajar el dictamen en disputa, y el secretario de gobernación Miguel Ángel Osorio Chong sólo mirando. Tanto criticaron la inoperancia de los panistas, para venir ahora a ver pasar los problemas. Doblado, el poder legislativo optó por cambiar de sede. Al paso que vamos ¿también necesitaremos un poder alterno?

Hace tiempo que la luna de mil del gobierno acabó, y ante las bajas expectativas de crecimiento económico, algunos ya hablan de que el “momento mexicano” pasó. Es sintomático que las malas noticias no las afronta el presidente Peña Nieto, ni tampoco su responsable en Hacienda, Luis Videgaray. Ante los medios, ellos sólo hablan de lo que puede mover a México. Nada dicen a la hora de defender el gobierno ante los problemas que nos estancan, que nos hacen retroceder. El artificio es no hablar, aunque la realidad sea lapidaria. Así, el ajuste de Hacienda se hizo agua entre un 3.5 por ciento de crecimiento a 1.8. Sabrá cómo cierre el año.

Dejemos por un momento a los malos de la película, es decir al CNTE y su toma de calles. En el legislativo también se construyen retrocesos. En un principio, el entonces presidente electo tomó el tema de la transparencia como un discurso políticamente correcto. Más todavía, anunció una serie de reformas para fortalecer al IFAI y en consecuencia a la transparencia. Por entonces le pregunté a Sigrid Arzt, comisionada del instituto, sobre la propuesta. Al margen de la duda, me contestó, hay que tomarle la palabra para fortalecer al IFAI. 

Hoy sabemos de qué manera los diputados del PRI quieren “fortalecer” al instituto: quitándole poder para abrir la información, minando su autoridad, limitando su capacidad. Ya en el camino para fortalecer la opacidad, se sumaron los diputados del Verde Ecologista (lo cual no sorprende en ese partido gañán) y algunos del PRD. ¡Vaya izquierda! Lejos queda la prometida autonomía constitucional porque el Ejecutivo se impondría con los nuevos cambios, por encima del IFAI. Es un juego por doble partida. El PRI en Senado apoyó fortalecer la transparencia. Pero el mismo PRI en la cámara de diputados cambia el sentido de la reforma. Y esto apenas empieza.

23 de agosto de 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9189598

miércoles, 29 de mayo de 2013

Plan Nacional de Desarrollo

Nada más ingrato en la administración pública que elaborar planes de desarrollo. El gobierno hace un gran ruido: convoca a foros ciudadanos; consulta a expertos; enuncia indicadores; instruye al gabinete; y por su puesto, describe un futuro mejor. Pero años después, la inoportuna realidad se encarga de encoger a los mejores planes. Y no dudo de la capacidad cuando la hay, de la planeación estratégica, de los diagnósticos y los datos duros que acompañan a los planes de desarrollo. En cambio, sí dudo de la buena fe y esperanza que suelen abrir los gobiernos cuando inician. Nuestro sagrado texto constitucional indica la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo (PND). En sentido estricto no es un documento operativo, pero sí la brújula de las principales acciones. También refleja, al menos en papel, la visión del gobierno en turno. El pasado lunes se publicó el PND. Ya sé que a casi nadie le importa, pero, para bien o para mal, lo enunciado ahí es la plasma la visión del gobierno para las próximos años, ¡al menos seis!

El documento de 184 páginas se resume en cinco grades metas, y no es casual, después de la funesta herencia del gobierno anterior, que la primera meta sea alcanzar un México en paz. Luego enuncia lograr un país incluyente; construir una educación de calidad; impulsar un México próspero; y consolidar una responsabilidad global. Para cada eje se describe un diagnóstico, seguido de un plan de acción. Según el propio presidente, “no es un Plan para administrar la coyuntura o las circunstancias; es un Plan para hacer cambios de fondo”.
En México Evalúa han señalado con razón que “el enfoque actual a resultados esta desvinculado de los objetivos del Plan Nacional de Desarrollo y de aquellos de mediano y largo plazo que dirigen la gestión pública. Un ejemplo claro de ello es que somos capaces de conocer el momento en que inicia la operación de un programa, pero nunca sabemos en qué momento finalizará o cuál es su meta última a alcanzar”.

En cambio, a diferencia de largo proceso del PND, más pragmático e inmediato ha resultado el Pacto por México, que se propuso metas y objetivos más factibles. En la práctica, el Pacto ha hecho las veces de plan. Poco a poco avanza, a pesar de los manotazos de Gustavo Madero y las pugnas internas en el PAN. Incluso, ha dado resultados de corto plazo para la negociación de reformas en conjunto con el PRD. Son dos medios distintos. El PND es obligatorio, aunque no se cumpla ni alcance consistencia entre las metas, los objetivos y los resultados. El Pacto, se adelantó al plan y de paso, logró concretar en poco tiempo, acuerdos en el congreso. Pero los planes fácilmente pueden caer en negligencia, y los pactos, ser frágiles por las voluntades. Al final, en medio de ambos, no queda más que la política y un enorme plan.

22 de mayo 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9181274

lunes, 29 de abril de 2013

Impertinentes palabras

A partir de diciembre se acabaron los muertos. No importan que existan, eso ya no es relevante. Da lo mismo si las ejecuciones fueron en el Estado de México, Durango, Acapulco o Michoacán. Para el caso, ya no existen en el discurso oficial. Y eso es lo que cuenta. Tan fácil como borrarlos, como dejar de hablar de ellos. Nada de impertinentes noticias, ahora la política es otra, otros los temas, otro el partido y otro el presidente. ¡Y vaya que se nota! A cuatro meses del cambio de gobierno, hay un cierto optimismo y buenos niveles de aprobación de la presidencia en la opinión pública. Se habla de al menos un año para ver algunos frutos en la seguridad, y sobre todo en la pacificación. Pero mientras eso sucede, la estrategia inmediata del gobierno federal, fue cambiar el tono de las declaraciones cuando se habla de los problemas de seguridad. De esa manera, el primer cambio está en omitir “esas” impertinentes palabras. Al fin, percepción es realidad. Porque tanto se abusó en el sexenio anterior, que fue difícil hablar de otra cosa. Y así nos fue.

Acostumbrados a mandar, hasta los gobernadores siguen la misma línea discursiva. Ya todo está bien, ya la seguridad está mejorando, ya no hay muertos. Con la llegada de Enrique Peña Nieto, a los gobernadores no les quedó más que callar, obedecer y estar siempre a los órdenes del señor presidente. Y si no, basta ver como, los antes bravucones, son ahora mansos zalameros de la presidencia. Pero no basta con ordenar a la mayoría de los estados, faltan los municipios, donde los problemas siempre se multiplican.

“Gobernar es comunicar” dice un funcionario de la Secretaría de Gobernación. Como todo empieza por las palabras y la manera de expresarlas, entonces hay que alinear también a los voceros. Por eso Gobernación organizó el Primer Encuentro Nacional de Comunicadores en Seguridad Pública, a fin de homologar el discurso. Por ejemplo, se sugirió evitar palabras impertinentes como “capo”, “encajuelado”, “ejecutado”, “cártel”, “jefe de finanzas”, “lugarteniente”, “encobijado”… y no es que tales palabras no existan en eso que llamamos realidad, por el contrario, tan existen que su peso ya es cotidiano. Lo que se busca es quitarles protagonismo, sacarlas del día a día.

Extirpar esas palabras del discurso oficial tiene sentido dentro la comunicación gubernamental. No es deseable hablar en esos términos, ni tampoco reproducirlos a la manera del lenguaje criminal. Sin embargo, una política así requiere necesariamente de una correspondencia de resultados en las calles. Porque de otra manera, omitir las indeseables palabras, no omite la realidad ni mucho menos el problema. Los muertos siguen ahí, aunque no se quiera hablar de ellos. Si en el largo plazo la política no es consistente con los resultados, sencillamente los supuestos de la comunicación se derrumban. Entonces conoceremos los verdaderos resultados.

17 de abril 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9178011

domingo, 17 de marzo de 2013

100 días @EPN



100 días del gobierno a cargo de Enrique Peña Nieto. El número es simbólico de lo que puede venir el resto del sexenio y ya varias acciones han marcado el carácter del nuevo gobierno. Se podrá estar de acuerdo o no, pero en principio, los 100 de días del gobierno actual no nos dejan indiferentes. Hay claramente una opinión al respecto. Si bien los proyectos de largo plazo no los podemos medir, sí tenemos en cambio una serie de acciones emprendidas que nos dejan en claro dos cosas: uno, que tenemos presidente; dos; que hay un acuerdo entre las principales fuerzas políticas capaz de sumar en temas estratégicos para el país. Después de los primeros 100 ya no podemos subestimar a Peña Nieto, ni mucho menos quedarnos con el cliché del mexiquense. Ha demostrado pragmatismo y eficiencia, dos ingredientes esenciales para una política exitosa.

Mucho se ha comentado de la espectacularidad, el efectismo y la imagen proyectada por el gobierno nacional. También se han criticado los golpes político-mediáticos, sin embargo, todo gobierno que busque un lugar entre los ciudadanos (el inevitable punto de la legitimidad), no sólo tiene que ser, sino parecer. En esa lógica, durante los primeros 100 días, el gobierno federal ha logrado entusiasmar a la opinión pública, y mandar el mensaje de que hay Estado. Nada más desalentador para la ciudadanía durante el pasado sexenio que aprobar por un lado el combate al crimen, y por otro asumir, que los criminales le van ganando al Estado. Por lo mismo, no basta ahora con haber sacado de la comunicación oficial el problema de la violencia, los muertos y la inseguridad. El problema sigue ahí, no desaparece aunque se omita. Para convencer a los ciudadanos, sobre todo, a los que viven en las ciudades más afectadas, tendrán que dar resultados visibles y duraderos. Urge y es una obligación, pero ahí los cambios difícilmente los podremos ver en 100 días. Serán varios años, o hasta el sexenio completo.

Sin pretender agotar el análisis, la otra gran vertiente está en el Pacto por México. Hasta ahora, es un alentador acuerdo político con acuerdo casi inmediatos. Van dos de dos. Me refiero a la reforma a la educación y las telecomunicaciones. Pero todavía vienen otras batallas impopulares como el IVA y Pemex. Sólo entonces sabremos si el Pacto da para más.

Igualmente, para el largo plazo está la cruzada nacional contra el hambre, que si no logra empatarse con políticas hacendarias y económicas, el programa no pasará de ser un instrumento asistencialista y peor aún, una maquinaria electoral. Tal vez sea la esperanza o el optimismo de los primeros días, pero este gobierno parece traer más sustancia para el Estado y el país. Con la salvedad, con la razonable duda, de que corrupción, casi innata al PRI, no gane.

15 de marzo 2013
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El regreso del Estado


Escuché con atención los discursos sobre la iniciativa de reforma en telecomunicaciones. Había un aire de optimismo, de nuevos vientos. Las principales fuerzas políticas estaban ahí celebrando la firma que antecede a la reforma de un sector dominado vorazmente por tres empresas. El presidente Enrique Peña Nieto no se cansó de felicitarlos. En el mismo tono triunfalista los representantes del PAN, PRI y PRD coincidieron en que la futura reforma se trata de un acuerdo “histórico”, sin precedentes. Aunque en lo personal prefiero ser desconfiado, en vez de triunfalista sobre el acuerdo, tampoco deberíamos olvidar de dónde venimos. 

Resumo rápidamente. Una clase política extorsionada por los monopolios (¿Se acuerdan del borrado ex senador Santiago Creel?). Unos candidatos a la presidencia de la República en 2006, amedrentados, en particular Roberto Madrazo del PRI y Felipe Calderón del PAN, que prefirieron callarse sobre la llamada “Ley Televisa”, antes que ser borrados de la televisión. Ante la arbitrariedad, un grupo de senadores interpusieron una controversia constitucional en la Suprema Corte de Justicia. En un momento de lucidez, la Corte derogó la ley, sin embargo, nos quedamos igual, para festín de las televisoras. 

Siete años después las cosas parecen diferentes, y hasta el presidente insiste una y otra vez en las bondades de la competencia. Para Slim fue el silencio, aunque con ese nivel de riqueza, los cambios le han de parecer insignificantes. Por las mismas Ricardo Salinas Pliego. A Emilio Azcárraga no le quedó más que dar la bienvenida a la competencia.

Así como está en papel, la iniciativa inscrita en el Pacto por México, es ambiciosa y positiva. Desde luego falta ver su aplicación, y sobre todo, si las anunciadas ventajas para los consumidores se podrán palpar pronto. En los últimos meses, el nuevo gobierno ha atendido a los símbolos y la espectacularidad. La impresión es que hay acuerdo político, y se ha afirmado. La impresión es que tenemos Estado, y se hace notar. Para el presidente Peña la iniciativa en telecomunicaciones “reafirma la soberanía democrática del Estado mexicano”. ¿Estaremos ante un nuevo comienzo? Extraigo algunas visiones en el poder. El coordinador de la bancada del PAN, Alberto Villarreal, afirmó: “Estamos en un acto sin precedente en la vida de la República y en la vida política de México”. Para César Camacho, presidente nacional del PRI, la iniciativa es “reivindicatoria, porque recupera la rectoría del Estado en la prestación de un servicio público de interés general; e histórica, porque la materia nunca había sido regulada con tal hondura y por la auténtica revolución que va a provocar”.
En tono similar, Gustavo Madero, presidente del PAN, expuso que la iniciativa “será un parteaguas. Es un antes y es un después”. El líder del PRD, Jesús Zambrano, afirmó que se trata de “una profunda reforma que significará una verdadera revolución en el campo de las telecomunicaciones y que relanzará el desarrollo integral de nuestro país”.

Como si fuera otro país, de pronto, los principales líderes políticos están de acuerdo y repiten en recuperar la soberanía del Estado. ¿Estamos ante el regreso del Estado? Todo parece indicar que sí. Para un país con una inconfesada vocación monárquica, más que hombres fuertes, urge un Estado fuerte. No autoritario como en el pasado, ni débil como en los años panistas, pero sí con instituciones sólidas, consistentes para sustentar el futuro. El Pacto por México parece ser una vía para concretarlo.

13 de marzo 2013
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