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viernes, 30 de diciembre de 2016

Como alcohólico

El alcohólico vuelve a las andas. No termina de salir de una, cuando ya pide otra. No hay bebida que lo aplaque, así que toma como si no hubiera mañana. Llegado el momento, siempre sale con la última y nos vamos. Copa tras copa, botella tras botella, el final nunca llega, hasta que termina derrumbado. En el piso. Como ninguna, la alegoría del alcohólico, es la que mejor se aplica al manejo de las finanzas públicas del Gobierno Federal. Desde que llegó Enrique Peña Nieto a la presidencia, la deuda se ha disparado a niveles peligrosos. Se ha endeudado duro como si nada pasara, pero a la deuda siempre le llega su hora. Cada año del triste sexenio, el gobierno ha recurrido a la deuda como alcohólico. Dicho de otra forma, pedimos prestado el dinero que no tenemos para despilfarrarlo en la fiesta. La deuda en sí, no es mala, siempre y cuando se maneje responsablemente, sin romper una sencilla y sabia regla de oro: no endeudarse más de lo ingresamos. Pero ya sabemos que el mundo en la política funciona al revés, sin lógica, y para “joder” al país. Por cierto, esta última expresión, “joder”, proviene del mismo presidente que ya ganó un lugar en la historia, por su abierta incompetencia e insaciable corrupción.
Como instrumento financiero, la deuda puede ser un factor para salir del paso, o si se quiere, para financiar el desarrollo. Pero alarmantemente, ninguna de esas condiciones está presente en el manejo de las fianzas nacionales. El dinero no se invirtió en desarrollo ni tampoco en proyectos productivos. Mucho menos, en programas para generar valor social. Ese dinero que nos están cargando a los ciudadanos, es para financiar el gasto corriente, las próximas elecciones, y la lujosa fiesta del gobierno federal. 
El déficit nacional que ahora arrastramos, rompe con la regla de oro de las fianzas públicas. Presidentes como Zedillo, Fox y hasta Calderón, la mantuvieron a niveles manejables. Lo que ahora tenemos, es una bomba de tiempo que nos puede explotar en las manos.  A todo esto, ¿dónde esta la oposición? ¿dónde los contrapesos al poder? Los partidos felices recibiendo millones a manos llenas, la Auditoría encantada en el juego de la simulación, y los liderazgos más visibles, contando los días para la elección presidencial en 2018.
El problema que nos va a dejar Peña Nieto es un enorme riesgo al país. Hasta los truhanes del Fondo Monetario Internacional han advertido del grave problema al gobierno mexicano. Eso es tanto, como un cantinero advirtiendo sobre el peligro del alcohol a sus parroquianos. Ahora nos dice el FMI que nos conviene crear un “Consejo Fiscal independiente” para manejar la deuda, como lo expresó a principios de octubre, Vitor Gaspar, director del Departamento Fiscal del Fondo Monetario. Proviniendo de un banquero, esa recomendación, avisa al conductor borracho que puede chochar y ocasionar muertes a su paso. Por otra parte, la palabra “independiente”, deja ver que no confían en los cleptómanos que manejan las finanzas de la federación. Cual república bananera. Si Javier Duarte saqueó a todo Veracruz, qué no harán sus pares de la federación. ¡Todos con su casa blanca!  
El gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, también ha señalado con prudencia el problema de la deuda:  “sí es importante que haga una reflexión del entorno que va a enfrentar más adelante y no nos exponga a una volatilidad”.
Por estos días, en la Cámara de Diputados se discute el presupuesto del próximo año 2017. Pero en vez de ajustar el cinturón y hacer una cirugía mayor peligroso problema, ya están proyectando más deuda. Eso se llama “visión de estado”. Veamos los números. La deuda actual representa el 51% del PIB. Esto significa que el gobierno mexicano paga más de intereses por la deuda, que lo que va regresar a los mexicanos en inversión pública (infraestructura, salud, educación, etc.). Para decirlo más claro: estamos jodidos. No creo que la solución esté en tener un gobierno de ángeles, pero al menos, tendríamos que construir como sociedad, un gobierno que no estorbe a los ciudadanos. Un gobierno, que si no va a ser factor de desarrollo, no sea un lastre para los ciudadanos.
Con frecuencia escucho o leo a muchos analistas mexicanos comparar la tragedia económica y social que provoca el gobierno de Venezuela a sus ciudadanos. Festejan que acá está controlada la inflación, que no hay escases de alimentos… sin embargo, al paso que vamos, el gobierno de Peña Nieto puede provocar una crisis catastrófica si no enderezan las fianzas. Quizá los más jóvenes, los llamados “millennials”, no lo saben, pero era tradición en el PRI,  —desde Luis Echeverría hasta Carlos Salinas de Gortari—, quebrar al país al final del sexenio. Rezo, imploro, porque no vayamos hacia allá.

2 de noviembre 2016
El Siglo https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1278641.como-alcoholico.html

lunes, 26 de diciembre de 2016

En plena devaluación


Por más eufemismos oficiales, para nadie es un secreto que estamos en plena devaluación. Un día sí, y otro también, el peso se devalúa frente al dólar. Tanto así, que ya llegó a los 20 pesos por dólar. Y pensar que nuestra deuda está en dólares… Con más dignidad que ni José López Portillo, Benito Juárez abandonó su lugar en el billete de veinte, para cederlo a George Washington. Quizá en los próximos días, el Banco de México haga una nueva reimpresión. ¿Qué pensaría Don Porfirio? Más allá de la gloriosa nostalgia del porfiriato, cuando la cosa estaba tú por tú, es decir, a peso por dólar, nuestro presente nos queda mucho a deber. Tanto así, que los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, a pesar de la crisis internacional de 2008, ya nos parecen entrañables. Sin temor y sin temblor, la caída del peso no para, y más nos vale que Dios nos agarre confesados en caso de ganar el truhan de Donald Trump. En una de esas, hasta el presidente se vuelve a inclinar con todo y alfombra roja.
Para los mexicanos, la paridad peso dólar es traumática, y no tanto por encarecer el shopping en el otro lado, sino por las desgracias económicas que eso nos recuerda. Echeverría, López Portillo, de la Madrid, Salinas de Gortari… ¡Puro veneno! Como cataclismos quedaron los años 1976, 1982, para acabar pronto, todos los ochentas, y 1994. ¿A quién se parece Peña Nieto? Pero la realidad es un broma. Sí, querido lector, no lo tome a chiste, pero hace unos días en la flamante ciudad de Nueva York, nuestro presidente recibió el premio de estadista del año 2016, mismo que entrega la Foreign Policy Association. Estos gringos no perdona la ironía y todavía Hillary Clinton se desmaya. 
A diferencia de López Portillo, Peña no tiene aspiraciones caninas para defender al peso. Por si fuera poco, el Centro de Análisis e Investigación, Fundar, acaba de publicar un estudio donde demuestra cómo el gobierno distingue entre ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. A los primeros les perdona impuestos en cantidades estratosféricas; a los segundos todo el peso de la ley, y que no se les ocurra retrasarse un solo día porque así le va. Tan sólo el año pasado, quince empresas fueron “beneficiadas” por un monto de 15 mil millones de pesos. ¡Qué gran retiro logró Luis Videgaray! La condonación de créditos fiscales es la política que el gobierno aplica a discreción, de manera opaca con beneficio a ciertos ciudadanos de primera. A casas Geo le perdona más de 4 mil millones de pesos. A Sabritas casi mil. A Gamesa 150 millones. A Scotiabank 28 millones… pero la información es a cuentagotas, porque el SAT ha litigado el acceso a la información para esconder los miles de millones “perdonados” a las grandes empresas.  ¡Esa sí es la puerta negra con cien candados!

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Para el caso, no se trata de descubrir la panacea en eso del combate a la corrupción, porque políticas de esta “naturaleza”, ahora que anda tan de moda esa palabra entre los protectores de la familia y la niñez, denota la ausencia de estado. Pero  ¿si no hay estado entonces qué tenemos? Un grupo de cleptómanos bien organizados que se dedican al usufructo del dinero de los contribuyentes. Nada más. Olvídense de programas, ideologías y esas cosas.  Ya lo dice un clásico en su cuarto informe: “Lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho”. Habría que agregar: cuesta mucho la corrupción.

21 de septiembre 2016
EL Siglo https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1264632.en-plena-devaluacion.html

Más deuda, ¡abróchense los cinturones!


Se quedaron cortos con el recorte. Sólo 239 mil 700 millones de pesos. Por más tijera que metieron al presupuesto, el gobierno federal sigue siendo obeso y esclerótico. Por si fuera poco, quiere seguir comiendo azúcar como un adolescente, pese al cuadro de diabetes que ya presenta. ¿Les suena conocido? Los ingresos que tenían las fianzas públicas por la venta de petróleo, cayeron estrepitosamente. Incluso, como en los viejos tiempos, casi la mitad del presupuesto llegó a depender de esa entrada. A golpe de precios bajos, las finanzas se han despetrolizado, no obstante, lejos de adaptarnos a la realidad financiera, hemos recurrido nuevamente a la deuda. Cada año fuimos a pedir como un alcohólico irredento. Por aquello de la última y nos vamos, esta vez no fue la excepción.
Acostumbrados al dinero fácil del petróleo, la administración de Peña Nieto llegó endeudándose duro. De antemano se pensó que con la reforma energética, ingresaría dinero a raudales… pero al final, nos quedamos sin dinero, y con energéticos más caros. El gas, la gasolina. Hasta los economistas lo saben.
El fantasma de López Portillo nos ronda. ¿Dónde quedaron las duras lecciones del pasado? Ya nadie las recuerda, al menos no es Hacienda. La deuda ya supera los 50 puntos porcentuales del PIB. ¿Qué significa esto? El tamaño del boquete en las finanzas públicas es el que más recursos consume en toda la administración federal. Casi dos veces el presupuesto que se destina a educación. Dicho de otro manera, el mayor dinero que destinará el gobierno federal para el 2017, no será para educar a los jóvenes, tampoco será para ofrecer mayor seguridad, o siquiera mejorar los servicios de salud. Mucho menos, para invertir más en infraestructura. La mayoría del dinero va a destinarse a ese barril sin fondo llamado deuda. De ese tamaño es el desbalance y la imprudencia financiera. Hace tiempo que la Secretaría de Hacienda, con el ahora defenestrado Luis Videgaray, rompió la regla de oro en el cuidado de los dineros públicos. De esa manera, la política es sencilla: la deuda crece y crece irresponsablemente. Para el caso, diría un celebérrimo cantante: ¿A dónde vamos a parar?
Con todo, la llegada de José Antonio Meade es un buena noticia, sin duda, una persona seria y adecuada para el cargo. Ojalá que para el cierre del sexenio se dedique, no a la sucesión presidencial, —donde el PRI ya tiene asegurado el tercer lugar—, sino a cuidar celosamente la estabilidad económica para el fin de sexenio.
Al principio del texto comenté que se quedaron cortos con el recorte. Por supuesto, al Congreso ni lo tocan. Por si fuera poco, todavía se atrevieron a pedir un “pequeño” aumento. A pesar de que no habrá elecciones, el INE nos costará una millonada… y todo para complacer las ilegalidades de los partidos políticos y una megaconstrucción para su sede: Inelandia. 15 mil 371 millones de pesos para lo electoral. En esa bolsa, a los partidos nadie los toca ni con el pétalo de una rosa. Entre los recortes del presupuesto, los alcaldes con aspiraciones electorales, están muy tristes y preocupados porque desaparece el Programa de Prevención del Delito. A menos que lo resuciten de última hora, el dinero para prevenir el delito, afectará la operación electoral en las calles. ¿Y cómo les irá a los estados? Para unos la ley, para otros la justicia. Eruviel Ávila, el consentido virrey del Estado de México, le fue bien con el presupuesto. El PRI en el poder ni la disimula. Por lo tanto,  cómo se nota que habrá elecciones el próximo año. En cambio, Nuevo León, será castigado. Con el dinero, el gobierno federal encontró la fórmula para proteger al exgobernador Rodrigo Medina, a quien el Bronco, ahora manso, nomás no puede llamar a cuentas.  El dilema para el gobernador independiente, Jaime Rodríguez, es claro. Dejas a Medina, o te quitamos el dinero. Coahuila, un estado adicto a la deuda, hasta logró incrementos. Desde la Cámara, gritaron los diputados: ¡todo sea por las elecciones! Con tanta deuda, más vale que nos vayamos abrochando los cinturones.
14 de septiembre 2016
El Siglo https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1262503.mas-deuda-abrochense-los-cinturones.html

¡Ya nos saquearon! ¡No nos volverán a saquear!


Como en los años setenta, pero del siglo pasado, acabamos de escuchar el perdón del presidente. En otra década, el presidente José López Portillo, ofreció disculpas a los pobres por fallarles. Conmovido, no sólo lloró, hasta golpeó el atril mientras leía su último informe. Para rematar su discurso, expresó: ¡Ya nos saquearon! ¡No nos volverán a saquear! Portillo fue un pésimo presidente. Quebró al país, además de ser un fidedigno representante de la corrupción. Con él inició una larga decadencia de la economía mexicana, y también del sistema político mexicano, que por entonces, era autoritario.
En nuestra defectuosa democracia, pero al fin democracia, el pasado lunes el presidente Enrique Peña Nieto “pidió” (sic) perdón por los sucesos de la casa blanca, un símbolo prematuro de corrupción en su gobierno. Tradicionalmente los escándalos de corrupción estaban reservados al último año, pero Peña adelantó la tradición con notable prisa. Desde entonces ya no pudo levantar su imagen, y mucho menos, mantener un poco de credibilidad; no obstante, las carretadas de dinero para los principales medios de comunicación. ¡4 mil millones de pesos el año pasado!
Para empezar la semana, el presidente anunció el Sistema Nacional Anticorrupción “como el inicio de una nueva etapa para la democracia y el Estado de Derecho en México”. Durante la ceremonia oficial, comentó sobre la casa más famosa del país: “No obstante que me conduje conforme a la ley, este error afectó a mi familia, lastimó la investidura presidencial y dañó la confianza en el Gobierno. En carne propia sentí la irritación de los mexicanos. La entiendo perfectamente, por eso, con toda humildad, les pido perdón. Les reitero mi sincera y profunda disculpa por el agravio y la indignación que les causé. Cada día, a partir de ello, estoy más convencido y decidido a combatir la corrupción”. 
A pesar del reconocimiento presidencial, está claro que nos indigna la corrupción, pero tampoco la ciudanía se atreve a más como en Brasil o Guatemala.
Cuando las palabras provienen de una figura tan desacreditada como el presidente Peña, el perdón resulta irrelevante, por la sencilla razón de que no hay forma de creerle. Pero si en verdad estamos en el umbral de una nueva etapa con el Sistema Anticorrupción, acaso, ¿tendrían que aplicarse las nuevas reglas contra el mismo presidente? Ese mismo día, Virgilio Andrade renunció a la Secretaría de la Función Pública, aunque antes cumplió cabalmente con tapar al presidente. ¿Alguien le creyó? Para no quedarse atrás, el nuevo presidente del PRI, Enrique Ochoa Reza, construyó un perfecto oxímoron: "El PRI tiene que ser garante de la honestidad de sus gobernantes. Tenemos que ser los primeros en señalar casos donde cualquier funcionario público que venga de las filas del PRI haya traicionado a la sociedad y se haya corrompido”.
De ser así, ¿procederán contra los dos gobernadores Duarte, de Chihuahua y Veracruz? ¿irán tras Roberto Borge? ¿tocarán a los Moreira? Mal humorado y manchado en su “honor”, el ex gobernador de Coahuila demandó al prestigioso académico del Colegio de México, Dr. Sergio Aguayo Quezada. Sin duda estos políticos desearían mandar como en Cuba, Rusia o Corea del Norte. Ya entrado en gastos, sólo falta que soliciten también la derogación del artículo sexto constitucional por ir contra el honor.
Mala señal cuando el problema son las expresiones, y no los actos descaradamente corruptos de la clase política. Para el caso, al estado mexicano le resulta más sencillo detener a Gerardo Ortiz y enviarlo al penal de Puente Grande por su mal gusto como cantante, que ir contra los políticos. Si el estado realmente asumiera el compromiso de gobernar, impondría el imperio de la ley a los gobernantes. ¡El problema es que nos quedaríamos sin clase política! En una de esas, las cosas funcionarían mejor.
20 de julio 2016

La presidencia rampante

En las crisis se conoce a los hombres. Por lo mismo, la crisis que vive el partido en el poder, el PRI, muestra las prácticas de los hombres detrás del partido. Se derrumbó el mito de Manlio Fabio Beltrones tras la derrota electoral, pero si algo le quedó al político de la vieja guardia, fue abandonar el barco antes de hundirse en el 2018. Para el relevo en la presidencia del partido, el grupo compacto del presidente Enrique Peña Nieto, impulsó la llegada de Enrique Ochoa Reza, quien sólo llenó un mero trámite de la convocatoria. ¿Quién dijo? ¿Enrique Ochoa? Lo mismo se preguntaron priistas de altos vuelos y de la base del partido. A lado de Beltrones, Ochoa es joven, ágil, y no tiene el perfil tradicional del priista. Por el contrario, es más un técnico que un político. Llega bajo el amparo del señor de los dineros públicos, el desastroso secretario de Hacienda, Luis Videgaray.
Ochoa Reza recién dejó la dirección de la Comisión Federal de Electricidad, que ocupó durante más de dos años. ¿Cuál fue su desempeño? Dejó números negativos en las finanzas de CFE. Aumentó en 20 por ciento la deuda y los pasivos de la paraestatal. Fue operador y artífice de la reforma energética. Pero ¿bajó la luz con la reforma e hizo más competitiva a la empresa? Muy lejos de lo que prometieron las reformas, ya aumentaron las tarifas de luz. Tampoco se puede decir que la empresa sea más competitiva, menos aún, con los pasivos laborales y las pensiones que carga. Para el caso, Ochoa Reza no llega por su flamante desempeño en la administración pública, sino por ser parte de un reducidísimo grupo del presidente. Lejos de traer a un hombre de profusa trayectoria partidista y electoral, llevaron un técnico que no ha pisado tierra en las contiendas electorales. Lo interesante de quien será el nuevo presidente del PRI, es lo que revela de la crisis del partido. Va como candidato único, lo cual nos hace recordar a los viejos tiempos de José López Portillo. El priista Hugo Díaz Thomé ni siquiera cumplió los requisitos. Por otro lado, un grupo de prisitas como Ulises Ruiz y Dulce María Sauri cuestionó severamente a quien será el dirigente nacional del partido. Por si fuera poco, algunos hasta cuestionaron e impugnaron su militancia. De esa manera presentaron el video donde el mismo Ochoa Reza niega la militancia en el 2010. Para desdecirse publicó en Twitter, su vieja credencial firmada por Colosio. Pero más allá de las fisuras internas del PRI, la crisis que carga el partido puede resumirse en dos razones: la corrupción y la ineptitud para gobernar. Hace años, cuando los panistas estaban en el poder, se decía que el PRI era corrupto, pero sí sabía gobernar. A la vuelta de los años, la presidencia es rampante, y además, no ha sabido gobernar. Por lo mismo, no extraña el mimetismo de Ochoa Reza con Videgaray o Aurelio Nuño, quien hizo de la SEP un frente de guerra. En pocas palabras, gobernantes que no llenan el papel de gobernantes. Eso sí, luego aparecen con grandes casas y lujosas propiedades.
Ya casi como presidente del PRI, Ochoa Reza declara que “los gobiernos emanados del PRI deben de ser los principales responsables de tener espacios de transparencia y rendición de cuentas”. Vaya laberinto en el que se metió, justo cuando gobernadores como Javier Duarte en Veracruz y Roberto Borge en Quintan Roo hacen de las suyas. En Chihuahua, la Secretaría de Hacienda se declara incapaz de frenar la deuda. Ahí César Duarte hizo del gobierno una empresa personal de corrupción e impunidad.
Tan sintomática la crisis, que hasta el ex candidato del PRI al gobierno de Veracruz, Héctor Yunes, acaba de solicitar a Javier Duarte, deje el cargo como gobernador, lo cual ya es mucho decir.

Es significativo de la presidencia de Peña Nieto su incapacidad para gobernar. Pero todavía, para controlar a los gobiernos estatales desbocados. En el pasado autoritario, el presidente solía tapar su propia corrupción cortando la cabeza de gobernadores. Tras la alternancia, sólo hemos visto medianía en el poder. Lo más atrevido que ha hecho la presidencia, es impugnar a través de la PGR, unos paquetes de impunidad que casualmente promueven esos tres gobernadores. ¿Y cuándo van hacer algo en Coahuila? Por lo pronto, mejor tomarse la selfie con el presidente.
13 de julio 2016 

A la deriva


Por un lado y por otro, la situación se sale de control. La cosa pública parece sin rumbo. Ya sea en la economía, la política o la educación. Incluso, los mal pensados ya sumaron también al aburrido fútbol. Es cierto, no todo está así, pero hay muestras preocupantes de ingobernabilidad. Espacios donde no hay Estado ni ley. Sería exagerado suponer esa situación en todo el país, pero sin duda, los conflictos locales apuntan un problema mayor. Gobiernos que no gobiernan. Leyes que no se aplican. Justicia que nunca llega, y hasta brotes de violencia en las protestas.
Como lo manda cada seis años ­—casualmente en la transición de un gobierno estatal a otro—, la protesta magisterial es el sello de la casa en Oaxaca. A tomar las calles, las plazas y las carreteras. En esa versión, la política es chantaje y presión. Eso sí, en tanto la negociación no sea satisfecha. Luego vienen largos periodos de calma, como una especie de “paz magisterial”. Al tiempo, otra vez surgen los demonios y comienza una nueva negociación forzada. Así terminó el odiado exgobernador Ulises Ruiz, quien fue rescatado por la intervención de la Policía Federal en 2006. Al calor de esas violentas protestas, nació en las calles oaxaqueñas, la “virgen de las barricadas”. Protégenos de los federales, rezaban los manifestantes por aquellos años. En aquella refriega, murió el periodista estadunidense Bradley Will. Así nomás.
Como tragedia y como farsa, la protesta regresa nuevamente a Oaxaca para demostrar que la política tiene sus ciclos. Termina un sexenio, el del gobernador Gabino Cue, quien ni tarde, ni perezoso se construyó una notable casa para no quedarse atrás del presidente. Mientras tanto, las carreteras arden. ¿Habrá entendiendo el mensaje el recién electo gobernador Alejandro Murat? ¿Cuánto le costará arreglar a los maestros?
La protesta de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, a la que se sumaron en el camino una serie de grupos, que llaman genéricamente “pueblo”, ya cuenta con 8 muertos, entre ellos el reportero Elidio Ramos. Así nomás.  El asunto de Oaxaca, evidencia otras vez una autoridad inútil, en el caso del gobierno estatal. Peor aún el cauce que tomó la intervención de la Policía Federal. ¿Son preferible las muertes al diálogo? Lejos de desmantelar el movimiento de protesta, la detención de líderes magisteriales, sólo avivó más las llamas del conflicto, que ya amenaza con una movilización mayor.  No sabemos hasta dónde pueda llegar, pero la crisis local agrava las malas percepciones. En esa crisis, no veo cómo los secretarios Miguel Ángel Osorio Chong, de Gobernación, y Aurelio Nuño, aspiran a ser candidatos a la presidencia. ¿Para qué sirven políticos así? Ni por gobernabilidad, ni por educación.
En otro ámbito, la salida del líder del PRI, Manlio Fabio Beltrones, sólo ratifica la crisis interna del partido en el poder. No obstante la corrupción, tanto alardearon que sí sabían gobernar, para terminar como el ahora presidente Enrique Peña Nieto, encerrando en el baño. Un gobierno escondido; un gobierno pasmado; un gobierno sin timón.  Pero la salida de Beltrones no solo corrobora un partido a la deriva, sino un gobierno que no puede gobernar. Eso sí, con los Moreira sueltos, con los Duarte haciendo de las suyas, con los Borge endeudando impunemente. Hay en el ambiente una política rancia que resulta inoperante ante las demandas actuales. El ejemplo más reciente lo tuvimos con la iniciativa 3de3, donde al final, los legisladores aprobaron lo que quisieron, es decir, lo que les convenía. Pero las protestas no sólo vienen de maestros rebeldes, sino de empresarios agrupados en cámaras como la Coparmex, que también salieron a protestar contra la corrupción, y sobre todo, contra una clase política que se niega a perder sus privilegios. Que los empresarios protestaran, ya es mucho decir.
Para el gobierno de Enrique Peña Nieto, los astros sea alinean en contra. Sin embargo, ante el rechazo y la crisis política, una de las grandes ausencias de la democracia en México, es la moción de gobierno y la revocación de mandato. Lo menos, es que se vayan ya.
 22 de junio 2016



domingo, 1 de mayo de 2016

28 gramos de mota


Más nos vale ver los cambios y las nuevas tendencias, a quedarnos como estamos. Por supuesto, me refiero a la fallida guerra contra las drogas y la criminalización de los consumidores. Estados Unidos es el país que lanzó la guerra e impuso cruentos combates en países como Colombia y México. Los resultados: cientos de miles de homicidios, cárceles pobladas, estados debilitados por el crimen y una demanda de drogas creciente al otro lado del río Bravo. Para no ir más lejos, un gran negocio redondo alentado por la política del prohibicionismo. Paradójicamente ese mismo país que obliga a repudiar en otros países las drogas, es el mismo donde sus entidades federativas, no sólo legalizaron el consumo de la marihuana, sino incluso, hasta la producción misma. Esa tendencia fue marcada por los mismos ciudadanos, que empujaron a sus gobiernos locales a la legalización. Washington y Colorado fueron los más recientes.
Contrario al modelo dominante, e incluso, contra las indicaciones de la ONU, Uruguay promovió otro camino que legaliza el consumo y la producción de la marihuana. En México llegamos tarde y mal. Después de miles de asesinatos, policías y gobiernos enteros bajo el control del crimen organizado, hay pequeñas señales de cambio. Por una parte, la ayuda de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, para ofrecer una alternativa en relación al consumo de la marihuana. Por otra, el rotundo fracaso del combate al narco y las drogas que terminó por crear "héroes" y fortunas al estilo "Chapo" Guzmán.
Ante esa tendencia, el presidente Enrique Peña Nieto, dio un viraje un tanto tímido, pero al fin la propuesta es un cambio con respeto al problema de las drogas. Al menos en esta ocasión no desperdició el viaje a la asamblea de la ONU sobre las drogas. Destacan dos puntos: la propuesta de cambiar de enfoque y la iniciativa de aumentar la portación de marihuana a veintiocho gramos para los consumidores.
Después de años de violencia, por fin estamos escuchando otra propuesta gubernamental sobre las drogas en México. Leamos el discurso oficial: "Ante las limitaciones del paradigma prohibicionista, se debe atender el tema mundial de las drogas desde la perspectiva de los Derechos Humanos. Este cambio de fondo, implica modificar el enfoque eminentemente sancionador, para ubicar a las personas, sus derechos y su dignidad".
Para complemento, el presidente envió al Senado de la República, una iniciativa de reforma a la Ley General de Salud y al Código Penal Federal, donde propone aumentar los gramos de posesión de marihuana, lo cual de aprobarse, tendría un impacto en el mediano plazo. Aunque celebro que por fin el gobierno federal está proponiendo nuevos enfoques, la iniciativa se queda muy corta, pues no va a la otra cara de la moneda: la producción. ¿De dónde van a salir los 28 gramos y más, si no es del mercado negro? Al final, la propuesta del presidente parece una mesa que le faltan dos de las cuatros patas. De esa manera, no atiende el problema de los enormes recursos a los que acceden los cárteles, ni tampoco atiende las nuevas tendencias económicas en el mercado estadounidense, donde ya se produce marihuana legalmente. La iniciativa federal es pequeña en relación al tamaño del problema. Reconoce el fracaso, pero sólo busca atenderlo por encima. Quién dijera, mejor el PAN, el partido conservador, tiene una propuesta más liberal y completa al respecto, como lo ha expresado Roberto Gil, presidente del Senado.
El caso de Colombia tiene mucho que decir y qué aportar en términos negativos: lo que no debemos hacer. Colombia pagó con harta sangre el combate al narcotráfico y la penalización de las drogas. A la vuelta de las décadas, México repitió esa historia violenta. A pesar de todo, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, propone algo similar a México, pero no más. Afirma que "consumir no es un crimen y la adicción no es un delito", pero su propuesta no va más allá de reconocer el fracaso de la guerra contra las drogas. Mientras tanto, los veintiocho gramos, y miles de toneladas más, vendrán eficientemente del mercado negro.
27 de abril 2016
El Siglo
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