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lunes, 20 de octubre de 2014

Recuerdos de la deuda


Cada 16 septiembre, las fiestas patrias son motivo de días inhábiles en el trabajo, descanso para los niños en la escuela y repetidos "vivas" para México. Pero dejemos las conmemoraciones y festividades nacionales, porque nunca falta la resaca tras los aniversarios. Durante los años setenta del siglo pasado celebremos y celebramos hasta que la resaca nos llevó a la cruda realidad. Eran los años donde se descubrieron nuevas fuentes de petróleo en el país. Por entonces el presidente José López Portillo, un hombre que defendió el peso como un "perro", informó a los mexicanos que ya no éramos un país pobre, sino que había que "administrar la abundancia". ¡Viva México! Y el futuro corrió por cuenta de los "veneros del diablo". Con ese optimismo gubernamental gastamos y gastamos lo que todavía no teníamos, hasta que la fiesta se acabó.
Al igual que el clima, los aires internacionales cambiaron y los precios del petróleo derrumbaron las abundantes expectativas, pero ya nos habíamos endeudado. De paso, la economía mexicana también se derrumbó. Luego vino Luis Echeverría y otra crisis nos alcanzó. Fue la secuela perfecta de una película de terror. No obstante, la tragedia económica no venía desde afuera, sino del gobierno mismo. Otra vez los efectos de la fiesta nos afectaron. A la distancia, un escritor de la onda, bautizó aquellos sexenios como la "docena trágica". Sin embargo, los problemas de la deuda no acabaron ahí. Un buen día, un presidente pelón, carismático y reformador, terminó su sexenio quebrando el país. La causa, según se dijo, fue un "errorcillo de diciembre". Más mal no nos podía ir, y al fin tuvimos una tregua para los sexenios de Zedillo, Fox y Calderón. En ese inercia positiva, la deuda pública se mantuvo a niveles razonables, sin que el gobierno fuera esencialmente problema para los ciudadanos.
Enrique Peña Nieto, el presidente que logró el paquete de reformas más importantes en los últimos 18 años, recibió un gobierno con finanzas públicas sanas. Desde el año pasado, rompió una regla de la ortodoxia financiera. Su gobierno contrajo deuda para financiar el gasto. En 2013 el déficit fue de 4.1 por ciento del PIB. Tanto, como en los exuberantes años setenta. Este año, nuevamente el gobierno federal volverá a contratar deuda. Es decir, vamos a pagar la operación del gobierno con dinero prestado.
Para el gurú de la Secretaría de Hacienda, Luis Videgaray, el país "todavía requiere de un impulso contracíclico para lograr llegar a los niveles de pleno empleo, de ahí que en este momento el no utilizar el déficit público probablemente sería un acto de gran irresponsabilidad".
Desde esa política, parece que en este momento no vivir de prestado sería irresponsable. ¡Cómo han cambiado los tiempos! En el pasado, México vivió muy malas experiencias con el manejo de la deuda pública. Quiebra tras quiebra, aquellos gobierno dejaron un profundo retroceso que sólo agravó desigualdad y pobreza. En los años recientes, nuestro país fue reconocido internacionalmente por el buen manejo de las finanzas. Tras las crisis global de 2008, México pasó bien la tormenta, no así la endeuda economía gringa, además de un buen número de países europeos. Quien dijera, a la vuelta de los años, sí hicimos bien la tarea. Por segundo año consecutivo el gobierno anunció más contratación de deuda. Ahora de 3.5 % del PIB. Si bien es cierto, actualmente no tenemos un problema con la deuda, experiencias en el pasado nos llaman a desconfiar. Hacienda acaba de proponer el paquete económico para 2015 con más déficit. La razón se justifica porque busca "suavizar la trayectoria del gasto y no afectar la dinámica positiva que ha venido observando la economía mexicana" (Comunicado de Hacienda, 14-IX-2014). En cuestión de días, Hacienda dice una cosa, pero el Banco de México dice otra. De esa manera, el Banxico volvió a recortar la previsión anual del crecimiento para el país. ¿Qué no estábamos en una dinámica positiva? ¡Vaya galimatías! Por lo pronto, restan cuatro años al sexenio. Que ¡Viva México!

El Siglo de Torreón
17 de septiembre 2014

http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1038071.recuerdos-de-la-deuda.html

viernes, 23 de noviembre de 2012

Más allá del PIB, la felicidad



“Es hielo abrasador, es fuego helado, 
es herida que duele y no se siente, 
es un soñado bien, un mal presente, 
es un breve descanso muy cansado…”


Así describió Francisco de Quevedo al amor y sus sinuosos caminos.

También con métrica, pero sin poesía, el INEGI acaba de publicar los resultados de un estudio exploratorio sobre la satisfacción de la vida, el bienestar y eso que llamamos felicidad. Ya en otras ocasiones (por aquí y por allá) he comentado cómo la tendencia mundial apunta hacia indicadores de felicidad y satisfacción basados no únicamente en la riqueza (por ejemplo el PIB), sino en otros ámbitos de la vida. A partir de este año, nuestro país se acaba de sumar a la nueva modalidad de medición de la OCDE. La propuesta de medir el bienestar más allá de lo material o el dinero, fue hecha en 2009 por los economistas Joseph Stiglitz, Amartya Sen y Jean Paul Fitoussi.

Fuente: Inegi


Pero ¿cómo andamos los mexicanos? Si a la satisfacción de la vida le asignamos un número entre el cero y 10, el promedio general es de 8. El estudio midió varios ámbitos que van desde la satisfacción familiar, educativa, económica, hasta la vida afectiva. Sólo faltó el sexo.
Dos extremos en los datos. Por una parte la familia es la mayor fuente de felicidad para los mexicanos con un valor promedio de 8.6, pero por otra, la insatisfacción sí está en los bolsillos. Ahí el valor expresado fue de 6.5.

Fuente: Inegi

Será cosa de la edad como se suele decir, pero los jóvenes entre 18 y 29 registraron el mayor grado de felicidad (8.5) entre el resto de los grupos de edad hasta 70 años. Acaso todavía no se desencantan de la vida, como aquellos que andan entre los 45 y 59 años. A la mitad de la vida, ese grupo registró menor satisfacción (7.8).

Fuente: Inegi

Contrario a la feliz ignorancia que expresó un ilustre presidente de México (no lean periódicos), los mexicanos que más grado de satisfacción con la vida promediaron, fueron aquellos que tienen el mayor grado de estudios en el país, es decir lo que cuentan con algún posgrado. Quienes expresaron menor satisfacción fueron los que no cuentan con estudios. Así la felicidad entre los mexicanos.
23 de noviembre 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9165230