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lunes, 26 de diciembre de 2016

Menos pobres

Para qué molestarse en gobernar, si se puede manipular las cifras del INEGI. El Consejo Nacional de Evaluación, denunció que cambiaron el método para medir el ingreso. Con las nuevas cifras, los pobres ya no son tan pobres. ¡Vaya manera de combatir la pobreza! 

domingo, 22 de noviembre de 2015

Discursos sobre la pobreza

El vaso medio lleno, el vaso medio vacío. Así son los discursos sobre la pobreza. Unos a celebrar la "eficiencia" asistencial del gobierno. Otros más optimistas, ya ven un país de clases medias. ¿Pero cómo estamos? Lo datos más recientes del Inegi, a través de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2014, ofrecen un perfil puntual sobre el bolsillo de los mexicanos. Cuánto se percibe, cómo se gasta, quiénes ganan más, o cuan desiguales somos como país. De entrada no hay buenas noticias, de acuerdo con los resultados de la ENIGH, el ingreso corriente total decreció en 3.2 por ciento en términos reales, con respecto a 2012. Dicho de otra forma, el crecimiento de la economía mexicana no alcanza, más todavía, vivimos un entorno de devaluación de la moneda frente al dólar, aunado a una baja expectativa de crecimiento a mediano plazo. Sumen también la caída de los ingresos del petróleo y el aumento de la deuda del gobierno federal. Menos mal que las finanzas están a cargo del "mejor" ministro de hacienda del mundo.
Pero regresemos a los datos de la encuesta. En 2014, el 30 por ciento de los hogares con mayores ingresos, concentró el 62.5 por ciento de los ingresos corrientes totales, mientras que el restante 70 por ciento de los hogares obtuvieron sólo el 37.5 % del ingreso. Ante semejante disparidad y concentración de la riqueza en los segmentos más altos de ingresos, el doctor Roger Bartra ve un país de clases medias. Sin duda en el futuro, incluso a pesar de los gobiernos, México podría emerger como un país de clases medias, sin embargo, todavía nos falta un buen tramo para que eso suceda. Vayamos nuevamente a los datos. En general, la pobreza aumentó en el país. Pasamos en 2012 de 53.3 millones de pobres a 55.3 millones en 2014. Lejos estamos de un país dominado por clases medias, en tanto más del 50 por ciento de la población está en alguna condición de pobreza.
Entre los diez niveles de ingresos de los mexicanos, todos decrecieron, excepto el segundo decil, que mostró una variación porcentual favorable de 2.1 por ciento. Esto significa que un segmento de la población de muy bajos ingresos, mejoró algo, casi nada si vemos las cifras en su contexto. Un poco menos pobre, pero pobre al fin. ¿Cuánto significa esto? El Consejo Nacional de Evaluación (Coneval), mide varias dimensiones de la pobreza en México. Específicamente la pobreza extrema disminuyó de 11.5 millones a 11.4. ¿Es mucho o poco? ¿Cuánto representa? Para la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, es una victoria, porque funciona la política contra la pobreza. Pero en dado caso, habría que agregar que se trata de un victoria pírrica. Tanto como decir, "estamos menos peor". El presidente Enrique Peña Nieto, afirmó que su gobierno contuvo la pobreza, y reconoció que falta mucho por hacer. Esperamos que ese hacer sea entregar algo más que televisores digitales, de preferencia antes de las elecciones.
La gran apuesta del gobierno federal para tratar de cambiar el rumbo de la economía fue en dos sentidos: una agenda de reformas, con énfasis en la energética, y la Cruzada nacional contra el hambre. La primera no ha resultado en beneficios claros para la economía, y en cuanto a las rondas de reforma energética, se desinflaron las inversiones que habría de llegar a cántaros. Sobre la pobreza en México, la Cruzada y los programas de beneficio social, parecen más un gran aparato para mantener clientelas políticas y ganar elecciones, que políticas para disminuir la pobreza. Dos décadas después, el país sigue en el mismo punto: estancado. De acuerdo con el Coneval, el número de carencias promedio de la población en pobreza se redujo entre 2012 y 2014 de 2.4 a 2.3 por ciento. Las carencias promedio de la pobreza extrema también bajaron de 3.7 a 3.6 por ciento. Pero esas ligerísimas bajas no representan cambios significativos para sacar a numerosos grupos de la pobreza. Se necesita ante todo un impulso económico mayor, un crecimiento consistente de la economía que pueda ofrecer oportunidades. Sin productividad, sin crecimiento económico sostenido, seguiremos hablando de pobres y desigualdad durante largo tiempo.
 EN COAHUILA CRECIÓ LA POBREZA
En vano busqué las declaraciones del secretario de Desarrollo Social en Coahuila, Rigo Fuentes Ávila, sobre el incremento de la pobreza. En el estado creció la pobreza de 27.9 a 30.2 por ciento. Y también aumentó la pobreza extrema: de 3.2 a 3.7 por ciento. Para el gobernador Moreira II, sencillamente las cifras no "cuadran". Sólo falta que culpen a los medios… o que decreten una ley para abolir la pobreza.
29 de julio 2015
El Siglo de Torreón 

domingo, 17 de agosto de 2014

El gobierno, los servicios y los ciudadanos



Percepción, medición, evaluación. Se trata de aspectos mínimos para conocer y mejorar la calidad de un proceso o la entrega de un servicio. De manera similar se mide la política, pero no tanto por las declaraciones, o la imagen artificiosa de un gobierno en los medios, sino por la constancia de los servicios. Más allá de la figura unipersonal del hombre público, son las acciones que en el día a día, muestran la calidad del gobierno.
Recientemente el Inegi entregó los resultados de la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG, 2013), la cual divulga información en relación a la calidad y satisfacción de los ciudadanos con los servicios públicos del gobierno. Con seguridad el asunto de una encuesta para medir la calidad gubernamental no es una novedad. En cambio, lo que sí aporta este estudio es una medida nacional de lo que piensan los ciudadanos sobre los servicios que brinda los gobiernos en México. Otro aspecto relevante del estudio, es la publicación periódica de los resultados por entidad federativa.
Siguiendo la tendencia de otras evaluaciones aplicadas por organismos internaciones como la OCDE con su estudio "Value for Money in Government", donde mide la calidad de los servicios para los ciudadanos, el Inegi muestra resultados comparables. En el mismo sentido, Estados Unidos aplica la evaluación "National Citizen Survey", la cual permite evaluar comparativamente la satisfacción ciudadana sobre servicios públicos municipales. Por su parte, el gobierno de Canadá realiza la encuesta "Citizens First", la cual mide los niveles de satisfacción que reciben los ciudadanos.
En el caso de México, algunos servicios públicos evidencian resultados decepcionantes, pero en cambio, hay otros que son calificados aprobatoriamente. Vayamos por partes. El resultado general como país es reprobatorio. 49% calificó como satisfactorios los servicios públicos que se otorgan en el país. Sin embargo hay contrastes. Por ejemplo, el servicio de energía eléctrica en los hogares, obtuvo una satisfacción de casi 8 de cada 10 ciudadanos. 62% declaró estar satisfecho con la educación pública básica. El servicio de agua potable, uno de los más básicos para la población, fue calificado con 57% de satisfacción entre los ciudadanos. En cambio, la queja perene sobre el pavimento en las calles, obtuvo un bajo nivel de satisfacción de 21%.
En las ciudades del país tenemos una carencia importante de espacios públicos como parques y jardines, de los cuales sólo 4 de cada 10 está satisfecho con esas áreas. El servicio de recolección de limpieza es uno de los mejor calificados. Prácticamente 7 de cada 10 ciudadanos está satisfecho con la recolección de basura. El alumbrado público fue satisfactorio para 35% de los encuestados en el país. A nivel general la policía sólo fue aprobada por 1 de cada 4 ciudadanos. Visto así, es absurdo que muchas autoridades todavía se indignen porque los ciudadanos reclaman más seguridad. Parece que su problema está con las víctimas del delito y no con los criminales. Hasta la fecha, es lamentable que tengamos policías tan ineficientes y poco fiables en las ciudades.
En los servicios de salud, 52% está satisfecho con el IMSS, la principal institución de salud para los mexicanos. 47% considera que el principal problema del seguro social es el acceso a los medicamentos.
En la encuesta también se preguntó sobre trámites, pagos y solicitudes de servicios públicos. 78% de los ciudadanos se sienten satisfechos, pero no así, con la duración del trámite, que demora en promedio tres días.
Si bien, el estudio muestra bajos niveles de satisfacción y calidad de los servicios que reciben los ciudadanos, el problema mayor no está tanto en la mala calidad de algunos, sino en la corrupción que perciben los ciudadanos en el gobierno, no importa si es federal, estatal o municipal. Para todos los casos, 88% de la población considera que la corrupción es muy frecuente en el gobierno. Entonces, el problema está en la confianza, y sobre todo, en la asociación que se hace, de "gobierno es igual a corrupción". Para el caso, los servicios pueden mejorar, pero la confianza, requiere algo más que calidad y eficiencia del gobierno. Quizá tardemos varias generaciones para percibir que el gobierno en México, no es sólo corrupción.
6 de agosto 2014
El Siglo de Torreón

domingo, 23 de junio de 2013

Clasemedieros

Ya en el libro Clasemediero (2010), los dos Luises, de la Calle y Rubio, habían advertido que en los últimos años México cambió a un país de clase de media, aunque también señalan que todavía nos falta desarrollo. En la mayoría de los estudios sociales se resalta la pobreza, pero poco a poco se reconoce más a la otra cara de la moneda: los clasemedieros. El punto viene al caso por el estudio más reciente del INEGI sobre las clases medias. De acuerdo a las mediciones, la clase media aumentó en el país. Entre el año 2000 y 2010 ese segmento pasó de 38.4 por ciento a 42.4 de los hogares en el país, es decir, 39 por ciento de la población.  A pesar de que en México predomina la pobreza, 44 millones de mexicanos está en un nivel medio. ¿No es hora de contar y hacer otra historia?
Fuente: Inegi, 2013

En la primera década del siglo XXI las clases medias crecieron casi 4 por ciento. El punto de comparación se observa en el periodo diez años. Con base a la robusta encuesta nacional de ingresos y gastos de los hogares (ENIGH), el INEGI nos ofrece una puntual radiografía del mexicano clasemediero: le gusta salir a restaurantes y gasta alrededor de 4 mil 400 pesos al trimestre en consumir alimentos y bebidas. Cuenta con tarjeta de crédito y abona en promedio mil 660 pesos. Está integrado al mercado laboral formal y trabaja en su mayoría en el sector privado. Su estado civil es casado y conforma un hogar nuclear de cuatro personas. La educación cuenta para este segmento emergente. Estudió principalmente en escuelas públicas y su educación es media superior. Igualmente sus hijos se benefician de la educación pública. Recurre más a créditos de interés social o ayudas familiares para adquirir su vivienda, en vez de ir a la banca comercial. A grosso modo, el mexicano de clase media.

Fuente: Inegi, 2013


Pienso que nos hemos empeñado más en un país de pobres, y en efecto, la mayoría de los mexicanos, 52 millones, está en algún grado de pobreza. Pero la otra mitad de la historia la hacen las clases medias. Mal haríamos en no reconocer el cambio de la última década. ¿Qué falta más? Por supuesto. ¿Qué necesitamos elevar el nivel de bienestar? Sin duda. Pero no ver esos avances, es no advertir que en las próximas décadas México puede dar el paso para tener una línea menor de 50 por ciento de su población en pobreza, y en consecuencia, una clase media mayor que supere ese mismo porcentaje. Domina sí, una visión negativa que suele descalificar esos avances, no obstante los cambios.

A todo esto, regresé al librero por un clásico de la antigüedad que todavía se lee con provecho: La política de Aristóteles. En especial releí el capítulo donde el filósofo hace el elogio de las clases medias como el mejor punto de equilibro para una república. Es su “verdadera base” no dice. Retomo un fragmento: “Es evidente que la asociación política es sobre todo la mejor cuando la forman ciudadanos de regular fortuna. Los Estados bien administrados son aquellos en que la clase media es más numerosa y más poderosa que las otras dos reunidas [alta y baja]”.

Hay mucho en nuestra condición de pobreza que lastima, pero también hay un emergente sector que construye otro México más próspero y educado, más exigente con sus gobernantes y más creyente de su futuro. Sin duda ahí se está gestado otro país.

21 de junio 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9184131

lunes, 29 de abril de 2013

¡Que se jodan los peatones!


Bien dicen que lo más cercano es lo más invisible. Eso mismo sucede con los peatones en la ciudad. Lejos de construir nuestras ciudades para las personas, hemos hecho grandes y costosas vías para los autos. De esa manera, la lógica urbana está en función de los vehículos, no de la personas que transitan la ciudad. En el país es la tendencia, y de ahí, para los tomadores de decisiones públicas, los peatones no existen en su geografía mental. Por eso las vías son funcionales para los automovilistas, no para las personas que transitan a pie o en bicicleta. Olvídense de quien se atreve a salir en silla de ruedas.

Para dimensionar las desproporciones, retomo varias cifras que aporta Rodrigo Díaz, un experto en movilidad urbana que ha escrito con razón sobre la deshumanización de la calle: “3 de cada 4 viajes urbanos se hacen parcial o íntegramente a pie, más del 75 por ciento de los recursos que México destina a transporte se utilizan para la construcción de infraestructura orientada al uso del automóvil particular, medio utilizado en tan sólo el 25 por ciento de los viajes urbanos”.

El peatón que es mayoría, padece la tiranía de una minoría que conduce auto. Es la visión dominante, por eso los periódicos están poblados de quejas por el mal estado del pavimento. Por eso los medios insisten en exigir más vialidades y más puentes vehiculares. Por eso lo normal es defender a los autos y condenar a los peatones. Ellos que jodan por no tener auto. Voy a un ejemplo. Se habla de los puentes peatonales como una “inversión desperdiciada”, pero en cambio, nada se dice sobre la principal función de esos puentes: exhibir publicidad. ¿Tendrían el mismo atractivo si se prohibiera sin excepción los anuncios comerciales? Contrario a lo que parece, los puentes peatonales no están diseñados para que transiten de forma segura los ciudadanos, sino para que los autos sigan su tránsito.
Adelanto algunos hallazgos de un estudio que preparo en relación a la muertes asociadas al transporte en la Zona Metropolitana de La Laguna. En once años, entre el 2000 y 2011, el 3 por ciento de las muertes fueron de ciclistas atropellados. El 4 por ciento motociclistas. El 33 por ciento de automovilistas y el 61 por ciento de peatones. De los dos últimos existe una clara correlación entre muertes de automovilistas y peatones.
La pregunta es muy seria ¿Qué clase de ciudad queremos, una que proteja la vida de las personas, o una que la dominen los autos? Con tristeza veo la mediocridad de los políticos que celebraron esta semana, la asignación de 422 millones de pesos del fondo de la zona metropolitana de La Laguna para carreteras, bulevares, entronques… y más carreteras. Nada, sí, nada para hacer de nuestras ciudades espacios más seguros e incluyentes para las personas.

Por ningún lado, la “mejora” de la movilidad metropolitana procura amplias banquetas, cruces peatonales seguros (no puentes para anuncios), ciclovías, programas de cultura vial, y sobre todo, cuidado de la vida. Acaso, lo más relevante de esas obras proyectadas pudiera ser un BRT o metrobús, pero es sólo un estudio interminable que anunciaron desde hace años y ahora lo vuelven a retomar. Regreso al punto: lo que importa son los autos, no la vida de las personas. Para eso, ¡que los peatones se jodan!

14 de abril 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9177701

viernes, 23 de noviembre de 2012

Más allá del PIB, la felicidad



“Es hielo abrasador, es fuego helado, 
es herida que duele y no se siente, 
es un soñado bien, un mal presente, 
es un breve descanso muy cansado…”


Así describió Francisco de Quevedo al amor y sus sinuosos caminos.

También con métrica, pero sin poesía, el INEGI acaba de publicar los resultados de un estudio exploratorio sobre la satisfacción de la vida, el bienestar y eso que llamamos felicidad. Ya en otras ocasiones (por aquí y por allá) he comentado cómo la tendencia mundial apunta hacia indicadores de felicidad y satisfacción basados no únicamente en la riqueza (por ejemplo el PIB), sino en otros ámbitos de la vida. A partir de este año, nuestro país se acaba de sumar a la nueva modalidad de medición de la OCDE. La propuesta de medir el bienestar más allá de lo material o el dinero, fue hecha en 2009 por los economistas Joseph Stiglitz, Amartya Sen y Jean Paul Fitoussi.

Fuente: Inegi


Pero ¿cómo andamos los mexicanos? Si a la satisfacción de la vida le asignamos un número entre el cero y 10, el promedio general es de 8. El estudio midió varios ámbitos que van desde la satisfacción familiar, educativa, económica, hasta la vida afectiva. Sólo faltó el sexo.
Dos extremos en los datos. Por una parte la familia es la mayor fuente de felicidad para los mexicanos con un valor promedio de 8.6, pero por otra, la insatisfacción sí está en los bolsillos. Ahí el valor expresado fue de 6.5.

Fuente: Inegi

Será cosa de la edad como se suele decir, pero los jóvenes entre 18 y 29 registraron el mayor grado de felicidad (8.5) entre el resto de los grupos de edad hasta 70 años. Acaso todavía no se desencantan de la vida, como aquellos que andan entre los 45 y 59 años. A la mitad de la vida, ese grupo registró menor satisfacción (7.8).

Fuente: Inegi

Contrario a la feliz ignorancia que expresó un ilustre presidente de México (no lean periódicos), los mexicanos que más grado de satisfacción con la vida promediaron, fueron aquellos que tienen el mayor grado de estudios en el país, es decir lo que cuentan con algún posgrado. Quienes expresaron menor satisfacción fueron los que no cuentan con estudios. Así la felicidad entre los mexicanos.
23 de noviembre 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9165230

sábado, 29 de septiembre de 2012

18 millones de víctimas


Sí, ¡18 millones de víctimas! de la delincuencia en el último año en México.  Ese el dato de la recién publicada Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2012 (ENVIPE). Vale decir que el estudio lo hacía antes el ICESI, pero ante el disgusto de los gobernadores, la ejecución de la encuesta pasó a manos de INEGI. Aun así los resultados no son complacientes para los responsables directos de la seguridad en el país.

La ENVIPE, con una muestra de más de 95 mil encuestas, ofrece información sobre el nivel de victimización y delincuencia; denuncia del delito; características de las víctimas de delito; los tipos de delitos; los daños causados; percepción sobre la inseguridad y desempeño institucional.

Fuente: ENVIPE 2012


Hay varias técnicas con las cuáles se puede conocer el problema de la inseguridad y sus consecuencias sociales. A través ENVIPE, tenemos estimaciones muy certeras sobre los delitos que golpean a los mexicanos. Cito algunos datos relevantes: 66% de los mexicanos percibe como principal problema la inseguridad. No es gratuito que esta cifra se traduzca en 18 millones de ciudadanos que fueron víctimas de la delincuencia en el último año. Visto de otra forma, 30% de los hogares en México fueron blanco de la delincuencia. El costo estimado de la inseguridad representa 1.3% del PIB, es decir, unos ¡211 mil millones de pesos!

Los mexicanos, de acuerdo con la ENVIPE (2012), consideran que el desempeño efectivo de las autoridades, es del 50%, no importa que como ciudadanos paguemos 100 por ciento, y recibamos a cambio la mitad. Como sabemos, la cifra negra es altísima, 91%. No denunciamos, ni confiamos en las autoridades. Denunciar, registra la encuesta, es una pérdida de tiempo.

Fuente: ENVIPE 2012


Con excepción del Ejército y la Marina, de un año a otro, 2010-2011, los mexicanos NO percibieron mejoría en el desempeño de las autoridades. A nivel municipal consideran que la policía local tiene 36% de efectividad. La policía federal y estatal también están reprobadas: 55% y 42% respectivamente.

Percepción de inseguridad. Fuente: ENVIPE 2012


En el país, Nuevo León registra el mayor nivel de percepción de inseguridad, 86%. Le sigue el Estado de México, 84%; y Tamaulipas con 83%.

A nivel nacional, Coahuila fue el estado donde más se incrementó de un año a otro (de un Moreira a otro Moreira), la percepción de inseguridad. Pasamos de 64.5 a 74.6, una variación porcentual de 15 puntos.

Por eso, la mejor precisión sobre el problema en Coahuila la hizo Moreira II: 

Lo que digo no quiero que se vaya mal interpretar. Esa no fue una fuga [la de Piedras Negras], fue un reclutamiento que hicieron y se aprovecharon de las circunstancias, para empezar de un penal que fue construido con otra dimensión de los problemas, y tal vez, eso lo dirán los jueces, con la colaboración de algunas personas” (Milenio Laguna 28-IX-2012).

Siguiendo esa misma interpretación sobre el grave problema de inseguridad, podríamos decir sobre el estudio del INEGI: No me malinterpreten, en Coahuila no aumentó la inseguridad, ese 15% no es un 15%...



domingo, 13 de marzo de 2011

Torreón, el Diablo de los números



“Sí, son unas criaturas fantásticas, los números. ¿Sabes? En el fondo no hay números normales. Cada uno de ellos tiene sus propios rasgos, sus propios secretos. Nuca acaba uno de conocerlos”. Esa es la respuesta del diablillo a Robert, en su empeño por explicar los números. El resto de la historia se puede encontrar en un entretenido libro de Hans Magnus Enzensberger, titulado “El diablo de los números”. 
De alguna manera, los resultado definitivos del Censo 2010 practicado por el INEGI nos revela perfiles de la sociedad, sin que acabe uno de conocerlos del todo. La primera sorpresa que el Censo nos dio: somos más mexicanos de los esperados. Así, el Consejo Nacional de Polación (Conapo )fue superada con cuatro millones más por la realidad de 112 millones habitantes.
Para Coahuila, el censo registró 2 millones 748 mil 391 habitantes (93 mil más que la proyección de la Conapo). A su vez la ciudad de Torreón sumó 639 mil 629 habitantes, de los cuales, hay una ligera mayoría de mujeres. Es decir, en nuestra ciudad hay 95.3 hombres por cada 100 mujeres. La cifra cerrada: 312 mil 135 hombres; 327 mil 494 mujeres. Sin sobresaltos, Torreón se asemeja a la tendencia nacional: hay más mujeres que hombres. 
Digo sin sobresaltos, porque Torreón vivió una época excepcional en tiempos de la Revolución, lo cual alteró de manera significativa la curva demográfica. Al revisar más de cien años de censos en Torreón pude comparar que en el censo de 1921, el inmediato al conflicto armado, en la ciudad había 66% de mujeres en relación 34% de hombres. La Revolución impactó en su mayoría en los hombres. Un década después, en el censo de 1930, esa relación de normalizó.  
Un dato relevante. Durante buena parte del siglo XX Torreón concentraba la mayor población del estado. Sólo a partir de 1990 Saltillo empezó a registrar una mayor población. Actualmente sostiene el liderazgo demográfico en el estado con 725 mil 123 habitantes. El extremo de Torreón y Saltillo en Coahuila, son dos pequeñas poblaciones donde casi todos se conocen. Me refiero a Abasolo y Juárez, donde cada uno apenas supera más de mil habitantes.
Regreso a Torreón. En promedio, las familias torreonenses representan un conjunto de 3.7 miembros. La quinta parte de la población en la ciudad cuenta con algún grado profesional o universitario, hablamos de 111 mil 262 habitantes. Los torreonenses con posgrado son una minoría: 7 mil 163 documenta el censo. 65 mil hogares reportaron contar con al menos una computadora. El grado promedio de escolaridad en la población mayor a 15 años es de ¡10.2! Esto nos recuerda que estamos muy lejos del ideal ilustrado, de una población educada.
Otro dato significativo del censo, en nuestra ciudad hay 41 mil 788 hogares que tienen como cabeza a una mujer. Se trata de mujeres que día a día están sacando adelante a sus familias.  
Finalmente, otra serie de datos no deja de causar sorpresa a nivel estatal. En Coahuila la preferencia religiosa por el catolicismo cayó 4.7% en una década (2000-2010). Actualmente el catolicismo representa la mayor preferencia religiosa del estado con 81.7%, pero ¿cómo explicar esa baja? ¿Qué dicen nuestros sacerdotes al respecto? En otro sentido, los coahuilenses que se declararon sin religión pasaron a representar el 3.8% en el 2000 (76 mil 574 para ser exactos). En 2010 aumentó a 5.4%, unos 132 mil 703 coahuilenses.
Hasta aquí una parte de los cientos de miles de datos que arroja el censo 2010. Por lo pronto los dejo con la esperanza de regresar al Diablo de los números.

sábado, 25 de julio de 2009

Más pobre y desigual


El próximo año, 2010 será el Bicentenario de la Independencia y el Centenario del la Revolución en México. En las condiciones actuales, ¿hay algo que celebrar? O mejor dicho: ¿Qué tanto ha cambiado el país a la fecha? ¿Cuánto ha avanzado? Negar los cambios sería absurdo. Hoy por hoy nuestro país está integrado, a diferencia del siglo XIX y la política no es un asunto de violencia a la hora de renovar el poder. Del siglo XX y la Revolución somos herederos de las instituciones públicas que actualmente continúan vigentes entre nosotros, por ejemplo, el IMSS y el Banco de México.

No obstante, pareciera que en México, hay ciertas constantes, cierta raíz que no podemos cortar y que está tan vigente como en el pasado. Me refiero al atraso y su manifestación más dura: la pobreza. Y eso es lo que recientemente nos vuelve a recordar el INEGI y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL). Esta semana se revelaron los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en los Hogares (ENIGH), y como sabemos, la pobreza, lejos de disminuir, aumenta. Con datos duros, se estima que 50.6 millones de mexicanos viven en la pobreza, de los cuales, unos 19.5 se encuentran en pobreza extrema, lo cual implica para estos pobres entre los pobres, pobreza alimentaria. En este sentido, si algo caracteriza nuestro país en esa historia a “celebrarse”, es la profunda desigualdad, pero a diferencia del Bicentenario y la Revolución, ahora la desigualdad aparece multiplicada.

Paradójicamente, entre el periodo 1992-2008, la pobreza de patrimonio disminuyó de 53.1% a 47.4% y la alimentaria de 21.4% a 18.2%. A pesar de ello, se incrementó de 2006 a 2008, en 4.5 millones el número de personas pobres de patrimonio y en 880 mil el número de pobres alimentarios (CONEVAL, 2008). Para el Secretario de Desarrollo Social, Ernesto Cordero, el aumento se debe a un “bache”, que si bien es cierto, la crisis económica agravó la situación, ésta no cambió mucho la tendencia de las últimas dos décadas. A pesar de los grandes programas asistenciales, primero Solidaridad, luego Progresa y Oportunidades, y ahora Vivir Mejor, los resultados más que benéficos, han sido contraproducentes como bien lo demuestra Santiago Levy en su libro, “Buenas Intenciones, Malos Resultados: Política Social, Informalidad y Crecimiento Económico en México (2008)”. Las buenas intenciones del gobierno, a través de los programas para el desarrollo social y combate a la pobreza, están generando malos resultados.

Otra consecuencia de esta política, expresa Levy, es la generación de “incentivos perversos” hacia la informalidad, es decir, mexicanos que trabajan, pero lo hacen desde la economía informal, beneficiándose a su vez, de los programas sociales que pagan los contribuyentes. A pesar de todo, algunos no han perdido la esperanza en México. Uno de ellos es el profesor Georg Friedman, que en su reciente libro sobre el futuro, “The next 100 years”, imagina a México como una de las grandes potencias para fines del siglo XXI. Mientras tanto, a la luz de los problemas nacionales, parece que hemos extraviado el rumbo, ahora que sabemos que el país es más pobre y desigual.