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domingo, 1 de mayo de 2016

El espejo de Brasil


Como mexicano veo con envidia el momento que están viviendo los brasileños. Todas las sociedades tienen problemas, pero la diferencia está en cómo unas enfrentan sus problemas, y otras sencillamente los dejan pasar. Brasil tiene similitudes con México. En ambos países las autoridades tienen serios problemas de legitimidad y confianza. En ambos países la corrupción es un mal que los degrada. La diferencia está en que una buena parte de la sociedad mexicana es permisiva y tolerante con la corrupción. Acá nos conformamos con la crítica de café, con las rabietas en las redes sociales, donde cualquiera le mienta la madre al presidente. Pero hasta ahí. Pocas veces nos organizamos más allá del malestar, para cambiar el estado de cosas.
Recientemente una propuesta ciudadana para combatir la corrupción reunió cientos de miles de firmas en el país, para apoyar la iniciativa Ley 3 de 3. Ya apoyan el PAN y el PRD en el Congreso, pero es revelador que el partido en el poder, el PRI, meta trabas y obstáculos. Volviendo a Brasil, desde hace tiempo los ciudadanos decidieron tomar la calles y cercar a su gobierno. Miles reclamaron al gobierno de Dilma Rousseff gastar millones de dólares para las futuras olimpiadas, en vez de invertir en el transporte público. De esa manera los brasileños vienen participando, presionando, acorralando. Mal para una democracia donde sus ciudadanos deciden no involucrarse, dejar el rumbo sólo al gobierno. La democracia necesita de pesos y contrapesos.
En el índice global de percepción de corrupción que genera Transparencia Internacional, Brasil ocupa el lugar 76 de 167 países. Entre más abajo en la lista, mayor la percepción de corrupción. De esa manera está a la par de Bosnia, India, Tailandia, Túnez y Zambia. México está todavía más abajo, en el lugar 95, a lado de Mali, Bolivia, Filipinas y Armenia. Poco a cambiado en nuestro país desde que llegó la alternancia al poder en el año 2000. Pero no hay duda que en Brasil, los ciudadanos han puesto de cabeza a su presidenta, Dilma Rousseff. La presión ha sido tal que el Congreso acaba de aprobar un juicio político (impeachment, en la tradición política inglesa y norteamericana), para removerla de poder. Sólo es cuestión de tiempo para que la quiten formalmente del poder, mientras tanto son horas de agonía para la presidente que en el peor momento de su gobierno, decidió proteger al expresidente Lula Da Silva, quien a su vez es investigado por una un caso de corrupción.
Como es natural al poder, la presidenta Rousseff le dio el cargo de Jefe de Ministro para así protegerlo. En pocas palabras le confirió desde el poder, impunidad. ¿Dónde hemos visto esto? Dilma tiene los días contados en una democracia que cuenta con los mecanismo para quitar a sus gobernantes. Envidia de la buena, cuando en nuestro país, el presidente es sorprendido con tremenda "Casa Blanca", y lo mismo, el secretario de Hacienda, pero no pasa nada. Luego el mismo presidente nombra a un leal para que lo "absuelva". Al final repiten que la corrupción es "cultural".
Es cierto, detrás de la crisis política en Brasil también hay intereses e intrigas de los grupos en el poder, pero es preferible un Estado donde el gobierno lo pueden retirar los ciudadanos, a un gobierno de impunidad institucionalizada.
Guatemala ya nos dio el ejemplo. Ahora Brasil está en la misma ruta. Y México, ¿para cuándo? Dormimos el sueño de los justos.

20 de abril 2016
El Siglo
https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1216748.el-espejo-de-brasil.html

domingo, 22 de noviembre de 2015

Guatemala, ¿y México?

Foto: BBC

Es difícil negar que las comparaciones son odiosas, y sin embargo, ¡cuán útiles suelen ser! Entre los países es frecuente generar índices y tablas comparativas que permiten dimensionar y saber dónde estamos. Ya sea en economía o gobierno, las comparaciones están a la orden del día. Con cierta regularidad aparecen las comparaciones con países ricos. Por ejemplo la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). Ahí se dice cómo estamos, qué tan bien o mal andamos… pero muchas veces, aunque deseamos esos buenos niveles, en realidad salimos mal librados. Cercanos a nosotros, las comparaciones resultan más pertinentes con nuestros pares latinoamericanos. Ya sea por idioma, historia, o por calamidades, Latinoamérica comparte unas ciertas características que nos hermanan.
Recientemente he seguido con suma familiaridad el escándalo de corrupción en el gobierno de nuestro vecino Guatemala. Unas serie de llamadas telefónicas exhibieron todo una red de corrupción que implica al nivel más alto de ese país, en la persona del presidente Otto Pérez Molina. El "mero mero" dicen en las llamadas telefónicas. En las últimas semanas el escándalo escaló a tal punto, que no sólo hubo otras marchas para exigir la renuncia al mismo presidente, sino además, otros poderes del gobierno se pronunciaron a favor de que el presidente renuncie.
La Fiscalía y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, lo acusó de estar al frente de una red de corrupción para "administrar" los recursos del Estado desde las aduanas. Ya se imaginarán por dónde va la cosa. Un grupo de funcionarios de alto nivel ser organizan para capturar la renta del Estado. Algo así como impuesto del impuesto. ¿Les suena conocido? Pero si bien, la corrupción hasta la más alta esfera del gobierno guatemalteco no difiere en mucho de la documentada en México, algo que es impensable en el nuestro país, es la intervención de la Suprema Corte. En Guatemala, la Corte Suprema de Justicia avaló realizar un juicio político contra el presidente Pérez Molina. Ya antes habían renunciado seis de trece ministros de su gabinete, así como otros altos funcionarios de gobierno. A los ojos ciudadanos, sólo falta el presidente, quien se aferra a la impopularidad como último recuso de la impunidad.
En las calles se han repetido marchas multitudinarias contra el presidente. Se fueron sus ministros, y hasta la exvicepresidenta Roxana Baldetti ya está en la cárcel condenada por operar la red de corrupción al interior del gobierno. En un gesto de compromiso, el arzobispo de la Archidiócesis de Guatemala, Oscar Julio Vián Morales, también pidió que dimita el presidente. De los obispos en México, mejor ni decimos.
Con amparos, el presidente Pérez Molina gana tiempo, pero lo que no puede ganar ya, es la confianza de los ciudadanos, que viven una vez más la ignominia como marca irremediable de su país. ¿No estamos así nosotros? Más todavía, a pesar de los escándalos de corrupción en México ligados al presidente (recién exculpado por la Secretaría de la Función Pública), todavía otorgamos una mayoría en el Congreso al partido gobernante.
Incapaces de llamar a cuentas al presidente, los poderes divididos en México, parecen el primer frente para proteger la corrupción. ¿Se imaginan a los ministros de la Corte pidiendo la renuncia del presidente? ¿O qué les parece una Auditoría Superior haciendo un informe sin precedentes? Por supuesto, al día siguiente todos esos funcionarios se quedarían sin chamba. Con todos sus defectos, las democracias bien consolidadas ofrecen a los ciudadanos la posibilidad de llamar a cuentas a sus gobernantes, empezando por la figura del presidente.
Lejos de debilitar la democracia, el emblemático escándalo de Watergate que terminó con la dimisión de Richard Nixon, fortaleció el poder de los ciudadanos desde el cual emana el gobierno. Sin duda, es el paso que como democracia no nos hemos atrevido a dar en México. Preferimos aceptar la impunidad como parte de la "cultura" y la "condición humana". En una de ésas, Guatemala nos da el ejemplo.

2 de septiembre de 2015

lunes, 4 de mayo de 2015

Desencanto de la democracia

Vivimos un desencanto con la democracia, un malestar latente de nuestra vida pública. El ambiente parece sombrío, aciago. No termina una y ya empieza otra. Cuando aparentemente se logró un acuerdo nacional, éste se desfiguró rápidamente por la sombra de la corrupción y la inoperancia gubernamental.  Como si el desprestigio no fuera suficiente, se acumularon más escándalos para comprobar que lo importante es el poder, no la confianza y la eficiencia del gobierno. Cuando más debía fortalecerse, más se alimentó la desconfianza; el descrédito. De pronto la política echó más leña al fuego. Ante esa percepción, predomina el rechazo, y en el mejor de los casos, la indiferencia. Ese es el ambiente que se respira en medio de unas abúlicas elecciones para renovar la Cámara de Diputados.

Diputado. La palabra en sí ya tiene una connotación negativa. Recientemente, el Diagnóstico sobre el Parlamento Abierto en México (2015), verificó las razones de la mala imagen: parlamentos opacos y poco dispuestos a la rendición de cuentas. Pero ¿qué tanto nos sentimos los ciudadanos representados por los legisladores? 7 de cada 10 personas en el país, no se siente representada por los legisladores. En esas condiciones llegamos a las elecciones, que serán histórica no por el desdén de los ciudadanos, sino por retomar la posibilidad de reelección en la nueva legislatura.

Para muchos no hay razones para salir a votar. Prefieren el desprecio, al fin “todos son iguales”, pero lo preocupante del momento no es sólo la participación de los ciudadanos, sino el desprestigio de la democracia ante gobiernos que se esmeran porque así sea. Entre acusaciones y críticas, el PAN le apuesta a la desatinos del gobierno priista, e incluso, hasta señala la corrupción, pero no hizo nada con la propia. En el pasado reciente el PAN hizo un gobierno mediocre y comodino con el status quo, léase la corrupción. El PRI se defiende con el INE, para cortar los spots “calumniosos”, y luego el fallido presidente Enrique Peña Nieto dice que respeta la libertad de expresión. El PRD, que también tiene sus helicópteros, busca diputaciones, pero dista mucho de ser una oposición. Entonces ¿dónde quedó la oposición? En una democracia funcional, los partidos son vigilantes del poder y también forman parte de un sistema de pesos y contrapesos. Si revisamos la historia reciente de la transición a la democracia, encontramos momentos luminosos y aportaciones fundamentales de la oposición.  En protesta por la ausencia de democracia, la oposición no participó en las elecciones de 1976, de tal forma que José López Portillo compitió contra si mismo. En consecuencia, el secretario de gobernación, Jesús Reyes Heroles promovió una reforma electoral que a la postre fue clave para entender la transición a la democracia. 

En esa trayectoria el PAN fue oposición leal, y llegado el momento, empujó cambios fundamentales para la democracia como un instituto electoral autónomo, además de la credencial para votar. Tras la derrota en las elecciones de 1988, las agrupaciones del izquierda del Frente Democrático Nacional darían origen al PRD, que durante la década de 1990, hizo oposición y democracia, de tal forma, que para 1997, se rompió el monopolio del PRI en el Congreso. La tendencia en el 2000 condujo a la pérdida de la presidencia por parte del PRI.

A lo largo de tres décadas, la oposición, ya fuera el PAN o el PRD fueron contrapeso del poder e indudablemente aportaron a la democracia mexicana. ¿Qué pasó después? El PAN fue un fracaso en el poder durante los 12 años de la presidencia. No pudo ni quiso cambiar lo que había que cambiar. Después del regreso del PRI a la presidencia con Peña Nieto en el año 2012, la oposición se ha desvanecido. Un PAN acomodado en el Congreso y en algunas gubernaturas, pero carente del espíritu combativo que lo caracterizó en el pasado. Hoy es una caricatura de su historia. El PRD está pulverizado por sus propios miembros. Luego de llegar a ser la segunda fuerza política en el país, también renunció a la oposición, para establecerse cómodamente en los beneficios del poder. ¿Y el Partido Verde Ecologista? Un partido gañán que ha sabido cómo extraer las rentas de la democracia y encontrar de los ciudadanos. Eso sí, ha sabido hacer las alianzas pertinentes con el PRI y el duopolio televisivo. De esa manera asegura el poder a los primero (y el dinero corre a raudales), y con los segundos, emite un propaganda engañosa, pero efectiva.  No se descarta el escenario donde el Verde (que no tiene nada de Verde sino la fachada), suma los votos mínimos para que el PRI mantenga el control en el Congreso.  


Sin oposición a favor de la democracia, no sólo tenemos un gobierno dominado por la corrupción, sino una oposición que también se alinea contra la sociedad. En momentos donde parece no haber alternativa, diversos grupos ciudadanos en el país han demostrado capacidad crítica y también propuestas. Si en el pasado reciente la oposición aportó a la democracia, hoy ese papel, comienza a asumirlo paulatinamente los ciudadanos, sin embargo todavía hay muchos candados y trabas para los ciudadanos. Ante la corrupción y la mediocridad de los partidos, estamos en un desencanto de la democracia. A la larga, un mal escenario nos acerca a la degradación venezolana. Hago votos porque así no sea.  

15 de abril 2015
El Siglo de Torreón
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1105569.desencanto-de-la-democracia.html

lunes, 20 de octubre de 2014

Recuerdos de la deuda


Cada 16 septiembre, las fiestas patrias son motivo de días inhábiles en el trabajo, descanso para los niños en la escuela y repetidos "vivas" para México. Pero dejemos las conmemoraciones y festividades nacionales, porque nunca falta la resaca tras los aniversarios. Durante los años setenta del siglo pasado celebremos y celebramos hasta que la resaca nos llevó a la cruda realidad. Eran los años donde se descubrieron nuevas fuentes de petróleo en el país. Por entonces el presidente José López Portillo, un hombre que defendió el peso como un "perro", informó a los mexicanos que ya no éramos un país pobre, sino que había que "administrar la abundancia". ¡Viva México! Y el futuro corrió por cuenta de los "veneros del diablo". Con ese optimismo gubernamental gastamos y gastamos lo que todavía no teníamos, hasta que la fiesta se acabó.
Al igual que el clima, los aires internacionales cambiaron y los precios del petróleo derrumbaron las abundantes expectativas, pero ya nos habíamos endeudado. De paso, la economía mexicana también se derrumbó. Luego vino Luis Echeverría y otra crisis nos alcanzó. Fue la secuela perfecta de una película de terror. No obstante, la tragedia económica no venía desde afuera, sino del gobierno mismo. Otra vez los efectos de la fiesta nos afectaron. A la distancia, un escritor de la onda, bautizó aquellos sexenios como la "docena trágica". Sin embargo, los problemas de la deuda no acabaron ahí. Un buen día, un presidente pelón, carismático y reformador, terminó su sexenio quebrando el país. La causa, según se dijo, fue un "errorcillo de diciembre". Más mal no nos podía ir, y al fin tuvimos una tregua para los sexenios de Zedillo, Fox y Calderón. En ese inercia positiva, la deuda pública se mantuvo a niveles razonables, sin que el gobierno fuera esencialmente problema para los ciudadanos.
Enrique Peña Nieto, el presidente que logró el paquete de reformas más importantes en los últimos 18 años, recibió un gobierno con finanzas públicas sanas. Desde el año pasado, rompió una regla de la ortodoxia financiera. Su gobierno contrajo deuda para financiar el gasto. En 2013 el déficit fue de 4.1 por ciento del PIB. Tanto, como en los exuberantes años setenta. Este año, nuevamente el gobierno federal volverá a contratar deuda. Es decir, vamos a pagar la operación del gobierno con dinero prestado.
Para el gurú de la Secretaría de Hacienda, Luis Videgaray, el país "todavía requiere de un impulso contracíclico para lograr llegar a los niveles de pleno empleo, de ahí que en este momento el no utilizar el déficit público probablemente sería un acto de gran irresponsabilidad".
Desde esa política, parece que en este momento no vivir de prestado sería irresponsable. ¡Cómo han cambiado los tiempos! En el pasado, México vivió muy malas experiencias con el manejo de la deuda pública. Quiebra tras quiebra, aquellos gobierno dejaron un profundo retroceso que sólo agravó desigualdad y pobreza. En los años recientes, nuestro país fue reconocido internacionalmente por el buen manejo de las finanzas. Tras las crisis global de 2008, México pasó bien la tormenta, no así la endeuda economía gringa, además de un buen número de países europeos. Quien dijera, a la vuelta de los años, sí hicimos bien la tarea. Por segundo año consecutivo el gobierno anunció más contratación de deuda. Ahora de 3.5 % del PIB. Si bien es cierto, actualmente no tenemos un problema con la deuda, experiencias en el pasado nos llaman a desconfiar. Hacienda acaba de proponer el paquete económico para 2015 con más déficit. La razón se justifica porque busca "suavizar la trayectoria del gasto y no afectar la dinámica positiva que ha venido observando la economía mexicana" (Comunicado de Hacienda, 14-IX-2014). En cuestión de días, Hacienda dice una cosa, pero el Banco de México dice otra. De esa manera, el Banxico volvió a recortar la previsión anual del crecimiento para el país. ¿Qué no estábamos en una dinámica positiva? ¡Vaya galimatías! Por lo pronto, restan cuatro años al sexenio. Que ¡Viva México!

El Siglo de Torreón
17 de septiembre 2014

http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1038071.recuerdos-de-la-deuda.html

La vida dulce y sabrosa de los diputados


Entre los trabajos de la política, ¡pocos como los de diputado! Muy buen sueldo, excelentes prestaciones, pocas responsabilidades, y sobre todo, poco trabajo. ¡Oh Patria querida! que el cielo 500 diputados te dio. Acostumbrados a lo bueno, los legisladores tienen el trabajo de calentar la curul y levantar la mano para las votaciones. Algunos, en la prisa del arduo trabajo, ni siquiera asisten a las sesiones. Tanto demandan los asuntos del país, que a veces, ni tiempo queda para las durísimas responsabilidades parlamentarias. Por eso el sueldo siempre se queda corto, aunque el sacrificio por la nación, es compensado con guirnaldas de oliva. Verdes o azules, abundan los laureles del "moche". Desde el Congreso, el compromiso público resulta desmedido.

Es mucho el sacrificio por los mexicanos, que un buen día, el diputado del Partido Verde Ecologista de México, Ernesto Núñez, decidió aprovechar la riqueza de la cultura. Para la ocasión, se inspiró en un festival cultural en Zitácuaro, pero el alcalde de esa entidad, divulgó el gusto por los diezmos de los recursos públicos. De esa manera viene la multiplicación de los panes: "Yo a todos los diputados les doy el diezmo. Un ejemplo: de 6 (millones) serían 600 (mil). Él, cuando me dijo: En lo cultural se puede sacar más... no hay problema. O sea, a lo mejor separar dos millones de pesos… gastarnos cuatro". Con los diputados no es cuestión de blancos y negros, sino de rojos, amarillos y azules. En plena contienda interna por la presidencia nacional del PAN, brillaron las capacidades legislativas de los "moches". De esa manera, los diputados lograron gran fama como representantes de los mexicanos. Luis Alberto Villarreal tuvo notoriedad por sus capacidades legislativas. Fue reconocido en fama y buenos oficios para gestionar recursos.

Por entonces, su cargo en el Congreso como representante panista, no sólo fue ratificado por Gustavo Madero, sino que lo fortaleció contra las molestias del trabajo. Para relajar el estrés legislativo, optó por el baile y las reuniones exclusivas con sus compañeros de bancada, hasta que la fama de su trabajo le exigió dejar a "disposición" su cargo. Ya con calma, Villareal recordó que la atención a su trabajo, fue de "profesionales". La diputada del PRD, Purificación Carpinteyro, supo bien hacer las labores de su cargo y sobre todo, tomar las ventajas de la Reforma en Telecomunicaciones.

Por ello no duda en probar para sí, los beneficios de la nueva ley:

"Yo creo que ya nos sacamos la lotería". Hábil y clara, la legisladora reconoció el negocio y de paso defendió su suerte al declarar: "Las conversaciones difundidas hacen eco de lo que intereses monopólicos y sectarios han intentado siempre hacer: convertir en el centro de atención los asuntos privados de una persona desviando la atención sobre lo que debe de mantenernos atentos, los debates sobre las Leyes Secundarias de Telecomunicaciones". Y como un escándalo desplaza a otro, por fortuna ya olvidamos a quien en su momento, también fue diputado del PRI, Cuauhtémoc Gutiérrez. Hoy por hoy, el ejemplo de trabajo lo da Ricardo Monreal, quien insistió en regresar las compensaciones que la tesorería depositó a su partido político, Movimiento ciudadano. 15 millones devolvió al erario, porque él trabajó desinteresadamente en las reformas del país. Sin tantas complicaciones, así la vida dulce y sabrosa de los diputados.

DESPUÉS DE LAS ELECCIONES El PAN en Coahuila quiere ganar en la mesa, lo que en las calles fue incapaz de lograr: el voto de los ciudadanos. Es cierto que la ley electoral en Coahuila beneficia al PRI, pero es más cierto que el PAN no hizo nada por ganarse la confianza y el voto de los electores. ¡Así ni cómo! Para consuelo, las futuras elecciones serán bajo nuevas reglas que corrigen aquellas distorsiones, donde el segundo partido más votado, queda casi, sin representación.

El Siglo de Torreón
20 de agosto 2014

http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1028628.la-vida-dulce-y-sabrosa-de-los-diputados.html

miércoles, 29 de mayo de 2013

Una persona normal

De un escándalo a otro, la opinión pública puede ser demoledora. Es un monstruo que vive en calma, y de un momento a otro estalla. Caprichosa, a la opinión pública se le suele subestimar, incluso confundir fácilmente con la opinión publicada. Cuidado cuando una y otra se corresponden cerca de una elección. Aunque parezca tan general y adormecida, requiere de una constante atención. Por eso resultan representativos de nuestra vida pública, los casos de tres personajes públicos recientemente degradados.

El primero, es una persona normal, que dice vestir de pantalón de mezclilla y camisa de cuadros, pero cuando se pasa de copas, presume un sobrado guardarropa, viajes y lujos. Una persona normal que tienen cientos de zapatos y cientos de camisas. Pero la acumulación no tiene nada de malo. Lo sospechoso en el caso de Andrés Granier, el exgobernador de Tabasco, es el origen y sobre todo, el desastre que dejó en las finanzas del estado. Un Humberto Moreira del sur. Pero nada es casualidad. El hombre que cuida las camisas y las aprecia, no negó su voz, sino la reconoció sólo para recordarnos ese viejo dicho latino: in vino veritas.

El problema no está en el espionaje telefónico, tan común entre los políticos, sino en la bebida: “Me pasé de copas. Desgraciadamente me tomé muchas copas, ese fue mi error… alardeé de lo que no era”, según expresó el exitoso exgobernador que ya no quiere saber nada de la política.
El otro caso corrió como pólvora en las redes sociales, ¿alguien duda de su poder? Dominado por los caprichos de su hija, Humberto Benítez, efímero titular de la Procuraduría del Consumidor (Profeco), nunca pensó, ni siquiera un poco, en renunciar tras el escándalo de la influyente “Lady Profeco”. Tranquilo, pensó que nada pasaba, salvo unas malas notas y la impertinencia de las redes sociales. Así continuó durante días, hasta que se hizo insostenible para el gobierno de Enrique Peña Nieto. En el colmo del escándalo, el secretario de gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, tuvo que salir a dar la cara. El caso de Benítez, un hombre “leal” al presidente, muestra que para el gobierno de Peña es sumamente importante cuidar la imagen ante la opinión pública. Y vaya que en política pesa más la percepción que la supuesta realidad. Bajo ese precepto, no habría tolerado más un tercera semana de golpeteo contra “la imagen y prestigio de la institución”. Todo por un hombre que nunca le pasó por la mente renunciar. Al final, Benítez terminó clausurado por su hija, y en el colmo de la cortesía, el gobierno de Peña le dio todo su reconocimiento. ¡Vaya eufemismo!

Para intercambiar puestos, partidos y responsabilidades públicas, el nuevo blanco recayó en César Nava, el exdirector jurídico de Pemex y también expresidente del PAN. Como en los otros casos, ya ni se niega lo evidente. Para qué perder el tiempo en los detalles dirán los que fueron funcionarios. En los próximos meses vendrán otros escándalos, otros Benítez, otros Granier, otros Nava, pero difícilmente veremos, más allá de los eufemismos y las ridículas justificaciones, un llamado a cuentas a estos auténticos truhanes.

17 de mayo 2013 
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9180856

domingo, 13 de enero de 2013

El mundo de Moreira II


Aceptémoslo de mala gana. El gobierno de Coahuila tiene una apuesta clara: dejar pasar el tiempo para olvidar el colosal fraude de la deuda. Dejar así sin más, sin justicia, sin responsables, sin la reparación del daño. ¡Allá que paguen los contribuyentes! Como si nada hubiera pasado, se pretende ocultar lo inocultable. Pero lejos de las vistosas diferencias entre hermanos, esa apuesta es congruente con la política asumida por el gobernador Rubén Moreira. Ya sabemos que ahí, ni por error, hay ruptura, sino complicidad.
Para Moreira II, “Coahuila ya no está en el tema de la deuda pública” (Milenio 11-I-13). 
De acuerdo con el gobernador: “Nosotros hicimos lo que nos correspondía y si bien las medicinas no son muy sabrosas, los resultados son evidentes”. Tal cual como lo acaban de leer, no es ninguna broma, ni tampoco exceso de optimismo. En el mundo de Moreira II nuestro estado ya no está en el tema de la deuda. Vamos, en Coahuila hasta tenemos una nueva forma de gobernar. Por supuesto que no importa que tengamos exfuncionarios prófugos, un desfalco que se cuenta por miles de millones, firmas y documentos falsificados, o una megadeuda que nunca fue explicada, sino a base de puros enredos.
En el mundo de Moreira II, pasamos de lo peor a lo menos peor, pero sin dejar, al final, de estar mal. ¡Vaya consuelo! Por eso la deuda “ya no es tema”, aunque una lectura cuidadosa al reciente informe de Standard & Poor’s sobre la calificación financiera asignada al estado, advierte que “la calificación del estado de Coahuila se mantiene sin cambio desde su última revisión” (S&P, 9 de enero de 2013). Un punto más, un punto menos, pero al fin con el lastre de la deuda. A lo mucho, lo más destacado de ese informe, es que el estado de Coahuila es un fiel pagador de la deuda contratada con los bancos. 
Los coahuilenses podemos estar tranquilos, y más todavía los bancos, porque el megafraude realizado en la administración de Moreira I, va a ser puntualmente pagado por la administración de Moreira II. Ese es el mayor reconocimiento de la famosa calificadora: certeza para el pago. En resumidas cuentas, a los calificadores no les importa la corrupción; les importa ante todo, que les paguen a sus clientes. Al informe de la calificadora no le falta claridad, porque los créditos tóxicos están bien respaldados por el “presente y futuro” de los impuestos coahuilenses.
Nada más para este año, la herencia fraternal dispone de 4 mil 531 millones de pesos para saldar deuda. Habrá que subrayar que ese dinero no proviene de lo gobernantes que ahora nos proponen olvidar la deuda, sino de los contribuyentes coahuilenses. En pocas palabras, el mundo de Moreira II.
13 de enero 2013 

viernes, 3 de junio de 2011

Arizona, Inglaterra ¿Y México?


Ya sé lo que pensarán. Las comparaciones son odiosas. Pero también necesarias para mirar otras perspectivas que tal vez nos den luz a problemáticas comunes. Tras meses de polémica en Arizona, la multicitada ley SB1070 parece encontrar otro cursos en la población estadounidense. El proyecto de ley fue promovido por el presidente del senado en el estado, el republicano Russell Pearce.  La ley tuvo el aval de la gobernadora Jan Brewer.
 Hasta ahí la historia parecía ir sin sobresaltos, pero por medio de una controversia constitucional se echó abajo los párrafos de la ley donde se criminalizó a los inmigrantes. Sin embargo, las cosas no se quedaron ahí, y por estos días un grupo de ciudadanos decidió ir más allá: promover la revocación de mandato del patriótico senador. En protesta se organizaron y recabaron el doble de firmas requeridas, unas 18 mil, para solicitar la revocación del legislador ante la oficina de la Secretaría de Estado. El siguiente paso es la validación oficial, que de verificarse estaría revocandoel mandato de Pearce, y por lo tanto, la gobernadora tendría que convocar a elecciones. En contraparte el senador se ha defendido y ya lo apoya un grupo de patriotas que comparte sus ideas. Lo interesante del caso es el mecanismo de contrapeso y rendición de cuentas que pueden ejercer los ciudadanos de manera sencilla y directa. Alguien pensará que este tipo de figuras se presta para el abuso, pero en mucho tiempo no se ha ejercido en Arizona. Lo importante es la posibilidad que tienen esos ciudadanos para ejercer un contrapeso. No sabemos cómo terminará la historia del senador. Por lo pronto, las firmas ya están registradas.
De manera paralela en Inglaterra, un parlamentario ingresó esta semana a la cárcel por hacer fraude con la declaración de sus gastos como legislador. Lord Taylor of Warwick, de 58 años, deberá cumplir una condena de un año por declarar otra residencia en Londres, a fin de obtener recursos extras por 11 mil libras para cubrir supuestos viáticos. Lo cierto es que el legislador vio la forma de “ganar” más dinero falseando la dirección de una residencia. Así lo hizo hasta que los descubrieron y lo enviaron a la cárcel. Su condición de parlamentario no lo amparó contra el fraude, por el contrario, fue juzgado como cualquiera que comete un delito. El mensaje es poderoso para los ciudadanos de esos países, sobre todo, para sus políticos.
¿Se imagina lector estas posibilidades al alcance de los ciudadanos en México? ¿Qué sucedería en Torreón donde luego nos esteramos de cada cosa? ¿Cuánto durarían nuestros políticos? Estas herramientas para los ciudadanos están vedadas convenientemente en nuestro país, de ahí la relevancia de la reforma política. Por otra parte, el sistema de justicia es profundamente inequitativo y termina por ofrecer una patente de corso a quienes ejercen el poder. Ambos caminos no están en las opciones reales de los partidos en México y tampoco podemos esperar mucho de quienes detentan el poder. Si los partidos han fracasado, no queda más camino que empoderar, quiero decir, empoderarnos los ciudadanos

3 de junio 2011
Milenio, http://impreso.milenio.com/node/8969257

lunes, 21 de febrero de 2011

Cuentas claras

 Cuentas claras, amistad larga. Cual máxima popular, podríamos preguntar si los gobiernos en México tiene cuantas claras para sus ciudadanos. ¿Hay confianza en el ejercicio del dinero público que aportan los contribuyentes? La respuesta es un no, pero la desconfianza no proviene de supuestos ni de opiniones, sino de la revisión puntual de las cuentas públicas.
En este sentido, hay que destacar el buen desempeño de la Auditoría Superior de la Federación, ahora dirigida por Juan Manuel Portal
En los últimos años, gracias a la Auditoría los ciudadanos tenemos la posibilidad de conocer cómo se gastan nuestros impuestos. Y más aún, si la aplicación de ese dinero público tuvo un beneficio para los ciudadanos. Del resultado tristemente abundan los abusos y en el mejor de los casos, las ineficiencias. También hay excepciones y áreas de gobierno responsables. Así, hubo un glorioso tiempo donde solía reconocerse por tiros y troyanos, la credibilidad del IFE. Ahora es increíble la defensa del “guardadito” que la institución electoral defiende para su desprestigio y rechazo a la Auditoría.

En general la Auditoría ha ofrecido a los ciudadanos una muestra contundente de cómo el dinero público se ejerce en este país. Nuevamente, el resultado de la fiscalización de la cuenta pública 2009 lo corrobora. Si bien, hay áreas gubernamentales con buen desempeño, la tendencia encontrada por la Auditoría nos habla de desvíos, irregularidades, sobrecostos, ineficiencias y fraudes bien documentados.
Bajo esa muestra, está claro que no es suficiente pretender resolver un problema con dinero, sino que ese dinero impacte lo mejor posible en la sociedad. En Torreón es bien conocido el caso de hacer obras para luego tirarlas, claro está, con el aval inmenso que ofrece la impunidad.

Por eso, para que al valioso trabajo de la Auditoría sea un incentivo al buen ejercicio de los recursos, habrá que cerrar la pinza con el sistema de justicia. Da nada sirve una ley, si no se acompaña de una coerción que la asegure. Muchos datos de irregularidades, pero pocos responsables.
Otro punto valioso en la fiscalización 2009, divulgada el miércoles pasado (véase ww.asf.gob.mx), es la posibilidad de discutir, con la finalidad de poder influir en el futuro, sobre los destinos y la utilidad del dinero público. 

Por ejemplo, al revisar el desempeño del Sistema Nacional de Seguridad Pública encontramos una conclusión inaceptable: muchos recursos, pocos resultados. Cito el dictamen: “La ausencia de mecanismos de coordinación eficaces restringe la contribución del Sistema Nacional de Seguridad Pública en la salvaguarda de la integridad y derechos de las personas, así como en la preservación de las libertades, el orden y la paz públicos”. ¿En verdad queremos que se sigan gastando así los recursos? Lo menos, es pedir cuentas.
La Opinión Milenio 
16 febrero 2011

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Ética para Amalia

Las manos del poder...
Quizás mañana ya nadie se acuerde de ellos, salvo algún inoportuno memorioso. Pero nuestros gobernadores o ex gobernadores, llámese Ulises Ruiz, Mario Marín, Emilio González o el nombre que usted complete, gozan hoy por hoy, la mejor posición del sistema político en México. Ejercen recursos millonarios a discreción, mueven y remueven las piezas en sus estados e incluso, aunque se demuestre corrupción, desfalco al erario o abiertamente violaciones contra los ciudadanos, ellos siguen ahí, incólumes, intactos.  Son, sin lugar a dudas, los mayores beneficiarios de la alternancia en México a partir del año 2000, cuando el PAN logró romper el monopolio político del PRI. Por eso, se puede identificar un paradigma de impunidad en el ejercicio del poder público.

El escándalo de la semana, si se puede decir de una manera, tras ventilar las cuentas de Amalia García, ex gobernadora de Zacatecas por el PRD, reafirma lo que tiempo atrás se asomó en su administración: contratos en beneficio privado, sobrecostos en obra pública, irregularidades millonarias en la construcción de las nuevas oficinas de gobierno, y ahora, un presunto faltante por más de mil millones de pesos. Hasta aquí, nada que no se repita dentro de paradigma de impunidad imperante en gubernaturas, presidencias y otros cargos públicos. 

En Zacatecas recién se dio la alternancia a un gobierno priista, a cargo del gobernador Miguel Alonso Reyes. Allá la Contraloría interna encontró irregularidades y tiene la posibilidad de llamar a cuentas a la gobernadora saliente. ¿Lo hará más allá de lo mediático o repetirá el paradigma no escrito de protección a funcionarios? El nuevo gobierno tiene la posibilidad de cambiar ese paradigma. Mucho bien haría a la rendición de cuentas, a la justica y a la confianza de los ciudadanos, pero no es, ni ha sido costumbre de ese partido y de otros, romper con las prácticas del “antiguo régimen”. El mejor caso de comodidad con el pasado fue el PAN tras su conquista de los Pinos.

Antes bien, la defensa por escrito de la ex gobernadora Amalia García, revela esos acuerdos, esas prácticas. Su indignación proviene porque el gobierno en turnó mostró las huellas de su administración: “se falta a la ética al dar a conocer, y con interpretaciones dolosas, juicios sumarios sin haber concluido el procedimiento”. Desde su óptica habría sido ético no dar a conocer que falta solventar por ahí, la friolera de más de mil millones pesos. Lo lógico en transiciones entre un mismo partido, es ocultar los desfalcos del anterior gobernante.

Es difícil pensar en la posibilidad de la rendición de cuentas. Lo dudo de Rafael Moreno Valle, quien encabezó la alianza para sacar al ilustre gobernador Marín de Puebla. Sobre todo, por estar asociada dicha alianza, a la omnipresente Elba Esther Gordillo. Pero acaso, una modesta esperanza surge en Oaxaca ante la posibilidad de que Gabino Cué sí tome en serio la responsabilidad de su triunfo y materialice las demandas de justicia. Allá, las huellas del prócer Ulises Ruiz, apuntan a una situación similar a la expuesta en Zacatecas: obras públicas repartidas entre los funcionarios del propio gobierno, sobrecostos, obras sin concluir pero sí finiquitadas en la tesorería, placas y concesiones “desaparecidas”, y por supuesto, un secretario de Finanzas, asociado a un desfalco por más de mil millones de pesos. 

A pasar a la alternancia en el poder y a la pluralidad de los gobiernos, la esencia del viejo régimen no despareció, por el contrario, se fortaleció a tal grado, que si antes, el poder central del presidente solía ser un balance, ahora es un actor más. A diez años de la alternancia, quienes realmente fueron los ganadores de la pérdida del poder presidencial, no fueron los ciudadanos, sino los gobernadores. 

sábado, 11 de abril de 2009

Fujimori sí, ¿y Echeverría?















A veces cuando hablamos de democracia, solemos compararnos injustamente con las grandes tradiciones democráticas de países europeos o norteamericanos como Estados Unidos y Canadá, sin embargo, con todas sus dificultades y retrasos históricos, algunos países latinoamericanos han cultivado con mejores resultados aspectos de la democracia que en el México simplemente no pintan. Ahora Perú nos da una lección. Mientras en México se exoneró a Luis Echeverría, por estas mismas fechas, la justicia peruana condenó a Alberto Fujimori a 25 años de cárcel por diversos asesinatos.