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viernes, 30 de diciembre de 2016

Como alcohólico

El alcohólico vuelve a las andas. No termina de salir de una, cuando ya pide otra. No hay bebida que lo aplaque, así que toma como si no hubiera mañana. Llegado el momento, siempre sale con la última y nos vamos. Copa tras copa, botella tras botella, el final nunca llega, hasta que termina derrumbado. En el piso. Como ninguna, la alegoría del alcohólico, es la que mejor se aplica al manejo de las finanzas públicas del Gobierno Federal. Desde que llegó Enrique Peña Nieto a la presidencia, la deuda se ha disparado a niveles peligrosos. Se ha endeudado duro como si nada pasara, pero a la deuda siempre le llega su hora. Cada año del triste sexenio, el gobierno ha recurrido a la deuda como alcohólico. Dicho de otra forma, pedimos prestado el dinero que no tenemos para despilfarrarlo en la fiesta. La deuda en sí, no es mala, siempre y cuando se maneje responsablemente, sin romper una sencilla y sabia regla de oro: no endeudarse más de lo ingresamos. Pero ya sabemos que el mundo en la política funciona al revés, sin lógica, y para “joder” al país. Por cierto, esta última expresión, “joder”, proviene del mismo presidente que ya ganó un lugar en la historia, por su abierta incompetencia e insaciable corrupción.
Como instrumento financiero, la deuda puede ser un factor para salir del paso, o si se quiere, para financiar el desarrollo. Pero alarmantemente, ninguna de esas condiciones está presente en el manejo de las fianzas nacionales. El dinero no se invirtió en desarrollo ni tampoco en proyectos productivos. Mucho menos, en programas para generar valor social. Ese dinero que nos están cargando a los ciudadanos, es para financiar el gasto corriente, las próximas elecciones, y la lujosa fiesta del gobierno federal. 
El déficit nacional que ahora arrastramos, rompe con la regla de oro de las fianzas públicas. Presidentes como Zedillo, Fox y hasta Calderón, la mantuvieron a niveles manejables. Lo que ahora tenemos, es una bomba de tiempo que nos puede explotar en las manos.  A todo esto, ¿dónde esta la oposición? ¿dónde los contrapesos al poder? Los partidos felices recibiendo millones a manos llenas, la Auditoría encantada en el juego de la simulación, y los liderazgos más visibles, contando los días para la elección presidencial en 2018.
El problema que nos va a dejar Peña Nieto es un enorme riesgo al país. Hasta los truhanes del Fondo Monetario Internacional han advertido del grave problema al gobierno mexicano. Eso es tanto, como un cantinero advirtiendo sobre el peligro del alcohol a sus parroquianos. Ahora nos dice el FMI que nos conviene crear un “Consejo Fiscal independiente” para manejar la deuda, como lo expresó a principios de octubre, Vitor Gaspar, director del Departamento Fiscal del Fondo Monetario. Proviniendo de un banquero, esa recomendación, avisa al conductor borracho que puede chochar y ocasionar muertes a su paso. Por otra parte, la palabra “independiente”, deja ver que no confían en los cleptómanos que manejan las finanzas de la federación. Cual república bananera. Si Javier Duarte saqueó a todo Veracruz, qué no harán sus pares de la federación. ¡Todos con su casa blanca!  
El gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, también ha señalado con prudencia el problema de la deuda:  “sí es importante que haga una reflexión del entorno que va a enfrentar más adelante y no nos exponga a una volatilidad”.
Por estos días, en la Cámara de Diputados se discute el presupuesto del próximo año 2017. Pero en vez de ajustar el cinturón y hacer una cirugía mayor peligroso problema, ya están proyectando más deuda. Eso se llama “visión de estado”. Veamos los números. La deuda actual representa el 51% del PIB. Esto significa que el gobierno mexicano paga más de intereses por la deuda, que lo que va regresar a los mexicanos en inversión pública (infraestructura, salud, educación, etc.). Para decirlo más claro: estamos jodidos. No creo que la solución esté en tener un gobierno de ángeles, pero al menos, tendríamos que construir como sociedad, un gobierno que no estorbe a los ciudadanos. Un gobierno, que si no va a ser factor de desarrollo, no sea un lastre para los ciudadanos.
Con frecuencia escucho o leo a muchos analistas mexicanos comparar la tragedia económica y social que provoca el gobierno de Venezuela a sus ciudadanos. Festejan que acá está controlada la inflación, que no hay escases de alimentos… sin embargo, al paso que vamos, el gobierno de Peña Nieto puede provocar una crisis catastrófica si no enderezan las fianzas. Quizá los más jóvenes, los llamados “millennials”, no lo saben, pero era tradición en el PRI,  —desde Luis Echeverría hasta Carlos Salinas de Gortari—, quebrar al país al final del sexenio. Rezo, imploro, porque no vayamos hacia allá.

2 de noviembre 2016
El Siglo https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1278641.como-alcoholico.html

lunes, 26 de diciembre de 2016

En plena devaluación


Por más eufemismos oficiales, para nadie es un secreto que estamos en plena devaluación. Un día sí, y otro también, el peso se devalúa frente al dólar. Tanto así, que ya llegó a los 20 pesos por dólar. Y pensar que nuestra deuda está en dólares… Con más dignidad que ni José López Portillo, Benito Juárez abandonó su lugar en el billete de veinte, para cederlo a George Washington. Quizá en los próximos días, el Banco de México haga una nueva reimpresión. ¿Qué pensaría Don Porfirio? Más allá de la gloriosa nostalgia del porfiriato, cuando la cosa estaba tú por tú, es decir, a peso por dólar, nuestro presente nos queda mucho a deber. Tanto así, que los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón, a pesar de la crisis internacional de 2008, ya nos parecen entrañables. Sin temor y sin temblor, la caída del peso no para, y más nos vale que Dios nos agarre confesados en caso de ganar el truhan de Donald Trump. En una de esas, hasta el presidente se vuelve a inclinar con todo y alfombra roja.
Para los mexicanos, la paridad peso dólar es traumática, y no tanto por encarecer el shopping en el otro lado, sino por las desgracias económicas que eso nos recuerda. Echeverría, López Portillo, de la Madrid, Salinas de Gortari… ¡Puro veneno! Como cataclismos quedaron los años 1976, 1982, para acabar pronto, todos los ochentas, y 1994. ¿A quién se parece Peña Nieto? Pero la realidad es un broma. Sí, querido lector, no lo tome a chiste, pero hace unos días en la flamante ciudad de Nueva York, nuestro presidente recibió el premio de estadista del año 2016, mismo que entrega la Foreign Policy Association. Estos gringos no perdona la ironía y todavía Hillary Clinton se desmaya. 
A diferencia de López Portillo, Peña no tiene aspiraciones caninas para defender al peso. Por si fuera poco, el Centro de Análisis e Investigación, Fundar, acaba de publicar un estudio donde demuestra cómo el gobierno distingue entre ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. A los primeros les perdona impuestos en cantidades estratosféricas; a los segundos todo el peso de la ley, y que no se les ocurra retrasarse un solo día porque así le va. Tan sólo el año pasado, quince empresas fueron “beneficiadas” por un monto de 15 mil millones de pesos. ¡Qué gran retiro logró Luis Videgaray! La condonación de créditos fiscales es la política que el gobierno aplica a discreción, de manera opaca con beneficio a ciertos ciudadanos de primera. A casas Geo le perdona más de 4 mil millones de pesos. A Sabritas casi mil. A Gamesa 150 millones. A Scotiabank 28 millones… pero la información es a cuentagotas, porque el SAT ha litigado el acceso a la información para esconder los miles de millones “perdonados” a las grandes empresas.  ¡Esa sí es la puerta negra con cien candados!

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Para el caso, no se trata de descubrir la panacea en eso del combate a la corrupción, porque políticas de esta “naturaleza”, ahora que anda tan de moda esa palabra entre los protectores de la familia y la niñez, denota la ausencia de estado. Pero  ¿si no hay estado entonces qué tenemos? Un grupo de cleptómanos bien organizados que se dedican al usufructo del dinero de los contribuyentes. Nada más. Olvídense de programas, ideologías y esas cosas.  Ya lo dice un clásico en su cuarto informe: “Lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho”. Habría que agregar: cuesta mucho la corrupción.

21 de septiembre 2016
EL Siglo https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1264632.en-plena-devaluacion.html

Más deuda, ¡abróchense los cinturones!


Se quedaron cortos con el recorte. Sólo 239 mil 700 millones de pesos. Por más tijera que metieron al presupuesto, el gobierno federal sigue siendo obeso y esclerótico. Por si fuera poco, quiere seguir comiendo azúcar como un adolescente, pese al cuadro de diabetes que ya presenta. ¿Les suena conocido? Los ingresos que tenían las fianzas públicas por la venta de petróleo, cayeron estrepitosamente. Incluso, como en los viejos tiempos, casi la mitad del presupuesto llegó a depender de esa entrada. A golpe de precios bajos, las finanzas se han despetrolizado, no obstante, lejos de adaptarnos a la realidad financiera, hemos recurrido nuevamente a la deuda. Cada año fuimos a pedir como un alcohólico irredento. Por aquello de la última y nos vamos, esta vez no fue la excepción.
Acostumbrados al dinero fácil del petróleo, la administración de Peña Nieto llegó endeudándose duro. De antemano se pensó que con la reforma energética, ingresaría dinero a raudales… pero al final, nos quedamos sin dinero, y con energéticos más caros. El gas, la gasolina. Hasta los economistas lo saben.
El fantasma de López Portillo nos ronda. ¿Dónde quedaron las duras lecciones del pasado? Ya nadie las recuerda, al menos no es Hacienda. La deuda ya supera los 50 puntos porcentuales del PIB. ¿Qué significa esto? El tamaño del boquete en las finanzas públicas es el que más recursos consume en toda la administración federal. Casi dos veces el presupuesto que se destina a educación. Dicho de otro manera, el mayor dinero que destinará el gobierno federal para el 2017, no será para educar a los jóvenes, tampoco será para ofrecer mayor seguridad, o siquiera mejorar los servicios de salud. Mucho menos, para invertir más en infraestructura. La mayoría del dinero va a destinarse a ese barril sin fondo llamado deuda. De ese tamaño es el desbalance y la imprudencia financiera. Hace tiempo que la Secretaría de Hacienda, con el ahora defenestrado Luis Videgaray, rompió la regla de oro en el cuidado de los dineros públicos. De esa manera, la política es sencilla: la deuda crece y crece irresponsablemente. Para el caso, diría un celebérrimo cantante: ¿A dónde vamos a parar?
Con todo, la llegada de José Antonio Meade es un buena noticia, sin duda, una persona seria y adecuada para el cargo. Ojalá que para el cierre del sexenio se dedique, no a la sucesión presidencial, —donde el PRI ya tiene asegurado el tercer lugar—, sino a cuidar celosamente la estabilidad económica para el fin de sexenio.
Al principio del texto comenté que se quedaron cortos con el recorte. Por supuesto, al Congreso ni lo tocan. Por si fuera poco, todavía se atrevieron a pedir un “pequeño” aumento. A pesar de que no habrá elecciones, el INE nos costará una millonada… y todo para complacer las ilegalidades de los partidos políticos y una megaconstrucción para su sede: Inelandia. 15 mil 371 millones de pesos para lo electoral. En esa bolsa, a los partidos nadie los toca ni con el pétalo de una rosa. Entre los recortes del presupuesto, los alcaldes con aspiraciones electorales, están muy tristes y preocupados porque desaparece el Programa de Prevención del Delito. A menos que lo resuciten de última hora, el dinero para prevenir el delito, afectará la operación electoral en las calles. ¿Y cómo les irá a los estados? Para unos la ley, para otros la justicia. Eruviel Ávila, el consentido virrey del Estado de México, le fue bien con el presupuesto. El PRI en el poder ni la disimula. Por lo tanto,  cómo se nota que habrá elecciones el próximo año. En cambio, Nuevo León, será castigado. Con el dinero, el gobierno federal encontró la fórmula para proteger al exgobernador Rodrigo Medina, a quien el Bronco, ahora manso, nomás no puede llamar a cuentas.  El dilema para el gobernador independiente, Jaime Rodríguez, es claro. Dejas a Medina, o te quitamos el dinero. Coahuila, un estado adicto a la deuda, hasta logró incrementos. Desde la Cámara, gritaron los diputados: ¡todo sea por las elecciones! Con tanta deuda, más vale que nos vayamos abrochando los cinturones.
14 de septiembre 2016
El Siglo https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1262503.mas-deuda-abrochense-los-cinturones.html

lunes, 20 de octubre de 2014

Barril sin fondo


El gobierno de Coahuila anunció la contratación de un nuevo crédito para pagar más deuda. Como un alcohólico que no puede dejar de beber, la autoridades del estado nos hablan de 2 mil millones de pesos más para pagar las deudas con proveedores. ¿Y los 35 mil millones de Moreira I no fueron suficientes? Como mal parroquiano, las finanzas estatales se definen por "la última y nos vamos", o "que tanto es tantito". Desde su adicción, el alcohólico sigue y sigue, al igual que la cuenta. En estado actual de cosas Coahuila no puede solventar más gasto, por la sencilla razón de que todo lo tiene comprometido. Después de tanta negación, Moreira II bien podría reclamar el dinero que saqueó Villarreal y compañía. Pero claro, eso sólo pasa en Estados Unidos. Nosotros somos especiales.

Recuerdos de la deuda


Cada 16 septiembre, las fiestas patrias son motivo de días inhábiles en el trabajo, descanso para los niños en la escuela y repetidos "vivas" para México. Pero dejemos las conmemoraciones y festividades nacionales, porque nunca falta la resaca tras los aniversarios. Durante los años setenta del siglo pasado celebremos y celebramos hasta que la resaca nos llevó a la cruda realidad. Eran los años donde se descubrieron nuevas fuentes de petróleo en el país. Por entonces el presidente José López Portillo, un hombre que defendió el peso como un "perro", informó a los mexicanos que ya no éramos un país pobre, sino que había que "administrar la abundancia". ¡Viva México! Y el futuro corrió por cuenta de los "veneros del diablo". Con ese optimismo gubernamental gastamos y gastamos lo que todavía no teníamos, hasta que la fiesta se acabó.
Al igual que el clima, los aires internacionales cambiaron y los precios del petróleo derrumbaron las abundantes expectativas, pero ya nos habíamos endeudado. De paso, la economía mexicana también se derrumbó. Luego vino Luis Echeverría y otra crisis nos alcanzó. Fue la secuela perfecta de una película de terror. No obstante, la tragedia económica no venía desde afuera, sino del gobierno mismo. Otra vez los efectos de la fiesta nos afectaron. A la distancia, un escritor de la onda, bautizó aquellos sexenios como la "docena trágica". Sin embargo, los problemas de la deuda no acabaron ahí. Un buen día, un presidente pelón, carismático y reformador, terminó su sexenio quebrando el país. La causa, según se dijo, fue un "errorcillo de diciembre". Más mal no nos podía ir, y al fin tuvimos una tregua para los sexenios de Zedillo, Fox y Calderón. En ese inercia positiva, la deuda pública se mantuvo a niveles razonables, sin que el gobierno fuera esencialmente problema para los ciudadanos.
Enrique Peña Nieto, el presidente que logró el paquete de reformas más importantes en los últimos 18 años, recibió un gobierno con finanzas públicas sanas. Desde el año pasado, rompió una regla de la ortodoxia financiera. Su gobierno contrajo deuda para financiar el gasto. En 2013 el déficit fue de 4.1 por ciento del PIB. Tanto, como en los exuberantes años setenta. Este año, nuevamente el gobierno federal volverá a contratar deuda. Es decir, vamos a pagar la operación del gobierno con dinero prestado.
Para el gurú de la Secretaría de Hacienda, Luis Videgaray, el país "todavía requiere de un impulso contracíclico para lograr llegar a los niveles de pleno empleo, de ahí que en este momento el no utilizar el déficit público probablemente sería un acto de gran irresponsabilidad".
Desde esa política, parece que en este momento no vivir de prestado sería irresponsable. ¡Cómo han cambiado los tiempos! En el pasado, México vivió muy malas experiencias con el manejo de la deuda pública. Quiebra tras quiebra, aquellos gobierno dejaron un profundo retroceso que sólo agravó desigualdad y pobreza. En los años recientes, nuestro país fue reconocido internacionalmente por el buen manejo de las finanzas. Tras las crisis global de 2008, México pasó bien la tormenta, no así la endeuda economía gringa, además de un buen número de países europeos. Quien dijera, a la vuelta de los años, sí hicimos bien la tarea. Por segundo año consecutivo el gobierno anunció más contratación de deuda. Ahora de 3.5 % del PIB. Si bien es cierto, actualmente no tenemos un problema con la deuda, experiencias en el pasado nos llaman a desconfiar. Hacienda acaba de proponer el paquete económico para 2015 con más déficit. La razón se justifica porque busca "suavizar la trayectoria del gasto y no afectar la dinámica positiva que ha venido observando la economía mexicana" (Comunicado de Hacienda, 14-IX-2014). En cuestión de días, Hacienda dice una cosa, pero el Banco de México dice otra. De esa manera, el Banxico volvió a recortar la previsión anual del crecimiento para el país. ¿Qué no estábamos en una dinámica positiva? ¡Vaya galimatías! Por lo pronto, restan cuatro años al sexenio. Que ¡Viva México!

El Siglo de Torreón
17 de septiembre 2014

http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1038071.recuerdos-de-la-deuda.html

martes, 15 de enero de 2013

Un paso adelante, un paso para atrás



Sin duda, el eslabón más débil del gobierno mexicano, es el municipio. Al mismo tiempo, es el gobierno más inmediato a los ciudadanos. Por lo mismo, mucho de lo que sucede en las ciudades, tiene su gloria o su tumba en los gobiernos municipales. Para no ir tan lejos, la transición a la democracia se dio de abajo hacia arriba, es decir, de los municipios hacia el gobierno nacional. De esa manera la alternancia primero se cultivó en las presidencias municipales, pero hasta la fecha, la capacidad de ese nivel de gobiernos es sumamente desigual.
 Por un lado tenemos un pequeño cúmulo de municipios con amplias capacidades (hablamos de unos 60 entre dos mil), pero por otro, abundan los municipios con un papel meramente testimonial, inermes para hacer frente a los problemas de la ciudad. Hace varias décadas, en 1983, se fortaleció la capacidad y la autonomía de los municipios a través de la reforma al artículo 115 constitucional. En aquella época fue un avance, pero ahora, el papel de los municipios está rebasado. No sólo por la desigualdad de las instituciones, sino por la calidad de los gobiernos. El tema de la calidad, o si quieren, de eficiencia, parece trivial para muchos alcaldes, pero en contextos de competencia, hacer una buena administración tan solo es un aval mínimo para ratificar el poder. Dicho en otras palabras, hacer una buena administración también es rentable electoralmente.
Así como en los últimos años, algunos gobiernos estatales contrajeron deudas insostenibles, Coahuila es el peor ejemplo, también es común la quiebra financiera en los municipios. Entre deudas y negligencia administrativa, hay casos paradigmáticos como Cuernavaca y Acapulco. Pero la historia no termina ahí, sino empieza con la facilidad de los alcaldes para dejar herencias tóxicas a los ciudadanos, y salvo contadas excepciones, son llamados a cuentas. Al respecto, la ley de contabilidad gubernamental es una respuesta al desorden en los municipios, pero también, es un refuerzo para la transparencia de los recursos, y entonces sí, el llamado a rendir cuentas. 
En ese sentido, es positiva la postura del Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, al negar que rescatarán las finanzas de estados y municipios: “deben tener la capacidad de crear financiamiento, de ordenar sus finanzas, realizar ajustes para disminuir las partidas de gastos y recaudar más impuestos”. 
Pero lo que es un paso para adelante, también es un paso para atrás. El 2012 cerró con un regalo de los diputados federales para continuar con las malas cuentas en los estados y municipios. Aprobaron la condonación de multas y recargos por no pagar debidamente el impuesto sobre la renta ante la Secretaría de Hacienda. Por supuesto, ese privilegio no es para los ciudadanos en general, sino para los gobiernos municipales que reciben incentivos para la ineficiencia.
Bajo esas reglas del juego, es difícil que los gobiernos locales hagan administraciones de calidad, si al final, hay pocas consecuencias para políticos que quiebran, defraudan o sencillamente dilapidan los recursos públicos. Al final, no faltará quien afirme, ¡para eso son las plurinominales!
9 de enero 2013






viernes, 10 de febrero de 2012

De inversiones y deudas


Esta semana coincidieron dos noticias que se entrecruzan. Por una parte, el anuncio que hizo el gobernador Rubén Moreira acerca del Programa de Inversión Pública para el presente año. Por otro, el resurgimiento de la deuda que arrastra el Estado y la posibilidad de aprehensión de algunos implicados, aunque nada se dice todavía, de Moreira I ¿Quién sabe si los tiempos electorales deparen una sorpresa? En esencia, ambos temas se corresponden por tratarse de los recursos públicos en Coahuila. 

El Programa de inversión prevé ejercer 5 mil 938 millones de pesos. A primera vista la cantidad parece enorme y un logro plausible en la entidad, pero en realidad, si la situamos en el conjunto presupuestal, la cifra es pequeña. Para entender el monto hay que conocer elresto de las cifras. Así, si lo comparamos con el gasto corriente que implica la existencia misma del gobierno estatal, se guarda un constante desbalance.  Nada más en el capítulo de servicios personales el Estado ejercerá más del doble de lo anunciado en obras por Moreira II, es decir, 12 mil 952 millones de pesos. Y si de pagar deuda se trata, no importa la corrupción de varios miles de millones, al fin se destinarán 4 mil 627 millones o quizá más al cierre del año. Con esas cifras, no sólo se mantiene una inequidad en el gasto público, sino que al final queda poco para los ciudadanos. En ese sentido, el Programa de inversión es una victoria pírrica. Algo similar sucede con otras entidades, y en pequeño, el ejemplo se repite desgraciadamente en los municipios. Mucho dinero para operar, pero muy poco para regresar a los ciudadanos en servicios, infraestructura e inversión social.

Irónicamente son los países ricos los que ahora padecen crisis en sus finanzas. Ya realizan recortes, despidos, aumento de impuestos, más años laborales y reducción del gasto corriente. En nuestro país la estabilidad financiera no ha servido para fortalecer el desarrollo, en cambio esa estabilidad ha permitido en palabras de Gabriel Zaid, el “progreso improductivo”.  De esa manera, aunque el dinero anunciado parezca mucho, en realidad es poco. Con razón decía un agraciado gobernador: “No era posible esperar 30 años”.


10 de febrero 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9110296 

lunes, 31 de enero de 2011

Peras y manzanas


A decir de Hannah Arendt, quien no sabe distinguir, no sabe pensar. Y esa parece ser la regla de tantos gobiernos municipales en el país. Una revisión somera al manejo de las finanzas públicas, evidencia una clara diversidad en conceptos, rubros y clasificaciones. Para un gobierno lo que son peras, implica manzanas para su vecino. Esa confusión llega al extremo de considerar el gasto como inversión, los cual incentiva ineficiencias y abusos a costa de los contribuyentes. Basta comparar los informes de la cuenta pública que generan los municipios de la zona metropolitana de La Laguna, para comprobar las diferencias.


Ante la falta de claridad, impera un criterio donde todo puede caber, donde no necesariamente dos más dos son cuatro. Desde hace tiempo, la Auditoría Superior de la Federación ha documentado esta situación que no es exclusiva de los gobiernos municipales, sino que prácticamente se extiende al gobierno federal, los estados y otros organismos públicos.

El diagnóstico está claro, y también, en los ejemplos cotidianos abundan los abusos, las “buenas intenciones” y de plano, declarados fraudes. Hace unos días la Secretaría de la Función Pública dio a conocer el caso de tres ex funcionarios de la Procuraduría General de la República, quienes defraudaron a la institución por 27 millones de pesos entre los años 2007 y 2009. La fórmula es sencilla, en una contabilidad donde todo cabe, es posible meter viajes a las Vegas, comprar electrónicos, meter gastos funerarios a personal ajeno a la institución y hasta pagar un Nintendo “Wii”. Es difícil pensar en el éxito de la “lucha por la seguridad pública”, cuando adentro de la casa opera el crimen con uniforme.


En el ámbito local, un caso de desorden financiero evidenció el desdén por la legalidad. El tesorero del municipio, Pablo Chávez Rossique, incurrió en una ilegalidad a fin de ahorrarse la tediosa burocracia. Contrató un crédito sin cursar el procedimiento legal que implica llevarlo a la Comisión de Hacienda del Cabildo, como lo denunció la síndica Natalia Virgil. Es posible que el tesorero obrara con “buena intención”, pero al mismo tiempo, no siguió las reglas que lo obligan, porque al fin puede ser avalado por el primer regidor, Rodrigo Fuentes. Es decir, el mensaje termina siendo poderosamente negativo. Rompo la ley, pero hago un bien.  

Nada más engañoso que el argumento de la “voluntad” para justificar el desprecio por la legalidad.


¿Acaso, esta historia no la conocíamos ya desde los primeros días del año anterior? ¿Ha cambiado en algo? Le pregunto al regidor José Ganem si habrá sanción o al menos, un extrañamiento. No lo veo convencido, porque al fin, justifica el atajo. Hace tiempo que la famosa fórmula del ideólogo, “la forma es fondo”, ya no se aplica.


Pero más allá de ejemplos, hay que rescatar una noticia que no ocupó primeras planas y ni horas de televisión, como tristemente se le ha dedicado con interés a un criminal. Me refiero al trabajo que realizó una comisión especial de diputados, a fin de concretar nuevas reglas para impulsar una armonización contable. El objetivo de la reforma constitucional fue evitar la conveniente confusión de peras con manzanas. De esa manera, la federación, estados y municipios estarán obligados a operar las nuevas reglas en la clasificación del gasto, a fin de tener los mismos conceptos contables. La vigencia comienza en el 2012.


Por lo pronto, la Secretaría de Hacienda publicó las reglas de Clasificación Funcional del Gasto que deberán aplicar los tres órdenes de Gobierno durante 2011 y que servirán de base para la presentación de los proyectos presupuestales de 2012. Las nuevas reglas contienen 143 conceptos de clasificación, divididos en cuatro finalidades básicas de gasto: Gobierno, Desarrollo Social, Desarrollo Económico y Otros. Al respecto, ¿Ya se estarán preparando los municipios? ¿Qué están haciendo los tesoreros de los principales municipios para homologar las finanzas?


Se puede objetar que una ley por sí sola no cambiará los vicios actuales. Es cierto, pero en la medida que ahora contamos con un marco, partimos de una obligación más que de la voluntad. Las reformas servirán para tener parámetros claros y comparables de la forma en que se gasta el dinero público por parte de los gobiernos y demás organismos públicos. Por cierto, hay que anotar que la reforma fue acompañada por varias asociaciones civiles conocedoras del tema, entre estas, Fundar.

Hay que escuchar la palabras de Gastón Luken, el diputado y presidente de esa comisión especial: “la importancia del Acuerdo de Clasificación Funcional del Gasto, sus beneficios y repercusiones son comparables a la Ley Federal de Acceso a la Información Pública Gubernamental”.
Dentro del ánimo negativo que hay en nuestra vida pública, una política de esta naturaleza puede ser profundamente favorable para el futuro. Ojalá así lo sea.

martes, 26 de octubre de 2010

Cuado el destino



No cabe duda, este país será mejor cuando se agote su petróleo. ¿De qué otra manera tendríamos que entender el crecimiento artificial e insostenible de toda esa inmensa estructura llamada gobierno? Hoy por hoy, los países con altos niveles de competencia, esos que tanto admiramos, no sólo cuentan con finanzas públicas sanas, sino un sistema fiscal eficiente, equitativo, autónomo.
Por eso, resulta decisivo para los ciudadanos, (les guste o no la política, les apasione o la desprecien), la forma en la que el gobierno obtiene los recursos y que de alguna manera los distribuye. El impuesto sobre la renta o el recaudado con el valor agregado, por mencionar algunos, representan el tamaño real del gobierno. Gracias a los ingresos del petróleo, ahora proyectado en 65 generosos dólares, el gobierno (léase estados y municipios también), ha crecido su tamaño desproporcionadamente y fuera de la realidad.
De ahí que veamos gobiernos estatales voraces, más dados a consumir la mayoría de los ingresos en gasto corriente, principalmente en sostener la obesa burocracia. Algo similar sucede con las presidencias municipales y para el caso, sobra repetir los excesos; la irracionalidad de cada día.  

Por ejemplo, la media nacional refleja que el 67% del dinero público va a nómina, los estados más gastones, de los que más reportan en el capítulo de servicios personales, son Michoacán, Verazcruz, Puebla y Coahuila. Pero todavía, hay casos extremos, donde existen nóminas adicionales: Baja California, Nuevo León y San Luis Potosí gastan por arriba del 70%. Así ni cómo avanzar en serio.   

Además del malestar para los consumidores de cigarrillos, los cuales tendrán que cargar con una votación “políticamente correcta”, la Ley de Ingresos para el 2011, en realidad exhibe la precariedad del sistema fiscal mexicano. Un sistema ineficiente, inequitativo y mal distribuido. El análisis de la mayoría de las finanzas gubernamentales, llámese federal, estatal, municipal, órganos autónomos, entre otros entes… nos da cuenta que a los mexicanos nos sale más caro sostener el gobierno, que los supuestos beneficios derivados del mismo. Ahí está por ejemplo, el caso de la seguridad, donde casi cualquier nivel de autoridad se empequeñece, se lava las manos o para acabe pronto, le echa la culpa al vecino.   

Lo cierto es que el México de la alternancia, o incluso el México del siglo XXI no ha podido concretar un aparato fiscal competitivo, capaz de sostener con estabilidad al estado. En las comparaciones, se suele hablar de la exitosa transición española y los famosos pactos de la Moncloa, sin embargo, esos pactos en esencia, fueron fiscales. El caso del milagro irlandés ilustra también sobre el compromiso de su clase política para cobrar impuestos, pero con la condición de que los ingresos recaudados quedaron  vedados al gasto corriente. Para decirlo claro, el gasto corriente termina siendo un barril sin fondo, un fiesta de la cual ya pagamos la consecuencias de la resaca.

Aún así, no se ve en el PAN, el PRI o el PRD un pacto por construir una reforma fiscal. Si a los azules les falló la política, a los tricolores les gana el temor por el costo político, máxime con la elección presidencial en puerta. Y de lo perredistas, estos ya no saben qué hacer con el tabasqueño.
El año pasado los legisladores prometieron ahora sí empujar una reforma fiscal. Desde luego que esto rápido se olvidó. Por lo pronto, la recién aprobada Ley de Ingresos terminó por ser un fiasco, eso sí, calificada como "responsable" por el partido en el poder.     

Hay varios puntos insostenibles. La relación asimétrica entre quienes pagan formalmente impuestos y sostienen inequitativamente los servicios públicos que consume la mayoría. Desde esa relación, no hay institución que aguante. Y para prueba las pensiones que ha alcanzado el IMSS. ¿Se entenderá la gravedad del problema francés que ahora mismo tiene en jaque a sus autoridades? 


El 40% del gasto público total es financiado mediante la menguante y volátil riqueza petrolera. De acuerdo a una estimación del IMCO (2010), el declive en la producción de hidrocarburos tocará fondo en 2017. Para entonces México dejará de ser exportador de petróleo. Por otro lado, como muestra el estudio del competitividad del IMCO, existe el riesgo latente que representan los sistemas de pensiones estatales de los cuales depende poco más de un millón y medio de personas. Cuando el destino nos alcance, habrá tres caminos para cubrir el déficit público: aumentar impuestos, incurrir en más deuda y bajar el gasto. 
Quizá después del 2017 se logre un gran pacto, no de gobierno, sino de estado. Mientras tanto, la cuenta de la fiesta seguirá corriendo a costa de los contribuyentes. Eso sí, cuando el destino nos alcance. 

Twitter/uncuadros

sábado, 8 de mayo de 2010

Se buscan municipios competitivos

Hoy por hoy, muchas de las mejores prácticas de gobierno están en los gobiernos locales. Pero ¿Qué les espera a los municipios de nuestro país en el futuro? ¿Cómo afrontarán la sensible baja de recursos inestables como los del petróleo? ¿De qué manera pueden contribuir a la seguridad tan resquebrajada del país? En una pregunta: ¿Puede nuestro país cambiar su condición de subdesarrollo? La respuesta es , y la clave está en la columna vertebral del país: los municipios. Pero ese camino conlleva, más que grandes reformas −las tan esperadas, escuchamos por aquí y por allá−, un conjunto de pequeños cambios sólidos y bien extendidos. Hablamos de acciones robustas, inteligentes, comprometidas, que entonces sí, puedan generar cambios sustanciales para sustentar el futuro.

En este sentido, el CIDE ha documentado por años una serie experiencias exitosas en cientos de municipios del país, de los poco más de 2400. Se trata de pequeñas acciones que a la vez son innovadoras y creativas, no obstante de enfrentar una mayor carencia de recursos en relación a las finanzas de los gobiernos estatal y federal.
Sin embargo, antes que una tradición municipalista, la historia moderna de nuestro país está marcada por el peso, siempre asimétrico, de los gobiernos centrales, o en el mejor de los casos, de los caudillos.  Así el diseño institucional ha dejado en último lugar de importancia al primer actor que tienen los ciudadanos: el municipio.

Si algo muestra la distancia entre el gobierno más próximo a los ciudadanos y el más lejano, es la asignación de los recursos. Un pacto desigual, donde sólo el 30% de sus recursos proviene de la recaudación propia; el resto depende en un 70% de la “generosidad” estatal y federal.
Dadas esas condiciones los gobiernos locales enfrentan ya el problema de unas endebles finanzas públicas, con poca autonomía para sostener los servicios públicos y las demandas ciudadanas.

Acaso con  la excepción de municipios como Puerto Peñasco, Bahía de Banderas, Los Cabos, Rosarito, San Pedro Garza García, la gran mayoría carece de independencia financiera y por lo tanto, tienen una capacidad limitada para contribuir al desarrollo.

En otros ámbitos, los municipios enfrentan tres problemas urgentes: el manejo del agua, no sólo por su costo y distribución, sino por la ausencia sustentable de su disponibilidad. La Laguna es un “buen” ejemplo. Un segundo problema es la seguridad porque no se confía en las policías municipales y tampoco se cuenta con cuerpos profesionalizados, aunado a un irregular sistema de justicia.
Un tercer problema radica en la movilidad y el transporte. Si algo ha hecho notablemente desigual a las ciudades mexicanas del siglo XXI, es su sistema de transporte. Basado en el rey automóvil, nuestras ciudades se han hecho disfuncionales a la mayoría de los ciudadanos, incluso imposibles de caminar. Más que integrar, las ciudades se han convertido en referencia para la exclusión. Por ejemplo, por separado Mexicali, Monterrey y el DF  tienen más carros por cada mil habitantes que Berlín, Londres y Nueva York. Esto es tanto como manejar en sentido contrario.

Para mejorar nuestras ciudades, el IMCO, en su estudio de Competitividad Urbana 2010, propone acciones urgentes y concretas como homologar las cuentas públicas; aprobar la reelección de alcaldes y diputados locales a fin de generar incentivos para las buenas prácticas;  crear una policía nacional única; homologar los códigos penales; cobrar el agua conforme a su costo y auditar periódicamente los indicadores de gestión; privilegiar el transporte público, e impulsar instituciones con una visión metropolitana. 

Mejor trabajo no pueden tener nuestros municipios en el año del Bicentenario: disponer el entramado para la viabilidad de las ciudades del futuro.

sábado, 5 de diciembre de 2009

Torreón en datos duros




Para Heriberto Ramos

¿Quién es quién en los municipios de Coahuila? ¿Cuáles son los municipios que presentan el mejor desempeño general? ¿Bajo qué criterios medir los resultados? ¿Cómo comparar los 38 municipios y en relación a qué? Esta semana la Auditoría Superior del Estado de Coahuila, dirigida por el contador Armando Plata Sandoval, presentó nuevamente un panorama general y preciso, claro y contundente, cuidadoso y necesario sobre las finanzas del Estado.ç

El Informe del Resultado de la Cuenta Pública 2008, compila el desempeño de los municipios y demás entidades en el Estado durante los últimos cinco años. Se trata de un documento técnico y extenso sobre la aplicación de los recursos públicos, es una especie de “Quién es quién de los municipios” que permite conocer con precisión el estado de las finanzas públicas. El Informe se construyó por medio de ocho indicadores básicos en referencia a un punto común (la media estatal por ejemplo) que permite compararlos. Esos indicadores van desde la autonomía financiera de los ayuntamientos (recursos propios) hasta la eficiencia administrativa y su proporción en relación al gasto corriente y la inversión pública.

En este sentido, bien vale echar un vistazo a los datos concretos del Informe, para así entonces, situar al municipio de Torreón. En el tema de la autonomía financiera, es decir, donde se mide cuánto vale el municipio en relación a los ingresos propios que recauda, podemos dimensionar para la base del presupuesto que se ha ejercido en 2008, 1447 millones de pesos), que sólo vale menos de la mitad: 41% (593 millones) son generados por el municipio. El resto se completa con participaciones federales y estatales. De ahí la importancia para el municipio de generar una recaudación eficiente de los impuestos locales, para así proyectar un presupuesto estable de recursos no petroleros. De esa manera los municipios de Ramos Arizpe, Torreón e Hidalgo son los que mayor autonomía tienen en el Estado. Los que menos ingresan: Lamadrid, Viesca y Abasolo.

Si analizamos el indicador de la proporción del gasto corriente, el cual se refiere al dinero utilizado para que la administración municipal opere, Torreón dedica 53% del total de sus recursos, lo cual es una cifra alta que refleja la ineficiencia en términos de administración pública. Lo deseable es alrededor de un 30%, porque mientras más cueste operar un ayuntamiento, menos inversión pública beneficiará a sus habitantes. Ahí el costo de oportunidad es alto. Sin embargo, en Coahuila hay municipios más ineficientes aún: Allende dedica 79% de sus recursos; Frontera 79% y San Juan de Sabinas 77%. Saltillo por ejemplo, un municipio de dimensiones similares a Torreón, utiliza hasta un ¡66%! de sus recursos para funcionar. Esto quiere decir que a los contribuyentes de esa ciudad les sale, como dice coloquialmente en sus clases el economista Isaac Katz, “más caro el caldo que las albóndigas”. Todo un reto de eficiencia tiene el alcalde electo Jericó Abramo Masso.



En el tema de la burocracia, los recursos destinados a servicios personales y pago de personal, el ayuntamiento de Torreón creció (¿justificadamente?) en los últimos seis años su nómina. En el año 2004 se destinó 278 millones, en 2006 pasó a 335 millones para luego llegar en 2009 a 442 millones. Se disparó la nómina, pero no así los servicios, la calidad, ¿la eficiencia?
En este sentido, los ayuntamientos que más gastan en burocracia, paradójicamente son municipios pequeños como San Buenaventura que dedica 48% de su presupuesto, Francisco I. Madero con 47% y Nadadores con 44%. Torreón gasta 29% y Saltillo 34%.


¿Y con tanto gasto cuánto queda para la inversión pública? Poco cuando se sostiene un elevado gasto corriente. Los ayuntamientos que más invierten por cuenta propia son Candela (58%), Progreso (56%) y Ramos Arizpe (47%). Saltillo invirtió la raquítica suma de 22%. Torreón asignó el 32%, con la particularidad de que en los últimos seis años esa inversión ha competido con lo gastado en burocracia. Si a esto le sumamos el gasto corriente, sencillamente concluimos que a los ciudadanos no sale más caro sostener el funcionamiento del ayuntamiento que el beneficio obtenido.


Por lo tanto, lo que éste regresa en bienes y servicios a los habitantes llega muy mermado. Gastan un peso, pero nos regresan menos de 50 centavos. Si lo planteamos en términos de utilidad, sale perdiendo la ciudadanía, lo cual produce un alto costo de bienestar social.






Me queda claro que si en el próximo Ayuntamiento de Torreón se lo proponen, el alcalde electo Eduardo Olmos, bien puede fincar las bases e iniciar la construcción de una administración eficaz y razonable, competitiva y fuerte, pero sobre todo, a favor de los ciudadanos.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Economía presidencia II


¿En qué se va el dinero público? ¿Por qué no le alcanza al gobierno? Mejor decirlo en pocas palabras: así como están las cosas, y dada la tendencia histórica del gasto público, el gobierno generoso, Ogro filantrópico lo llamó Paz, nos lleva 3 pesos con un costo de 9. Esta situación no tiene lógica, racionalidad ni futuro como refleja la gráfica de Reforma (21, IX, 09) con datos de la Secretaría de Hacienda. Como dice un sabio dicho: nos sale más caro el caldo que las albóndigas.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Dinero sin responsabilidad



Vaya forma de aproximarnos a la celebración del Bicentenario: en plena crisis, nuestro gobierno quiere más dinero. Eso sí, sin rendir cuentas claras ni resultados razonables. Después del Informe, el presidente Felipe Calderón, anunció un ambicioso decálogo para hacer, ahora sí, los cambios profundos que requiere el país. Sin embargo, la propuesta que conocimos esta semana sobre el presupuesto y el paquete fiscal para aumentar impuestos nos dice lo contrario. Lejos de atreverse a una auténtica y necesaria reforma fiscal, propone un paliativo en vez de ir a la raíz. El gobierno, ahora emplazado por las circunstancias de una baja en los ingresos petroleros, nos pide que hagamos un sacrificio que él mismo no está dispuesto a hacer.

Los ajustes anunciados, un recorte de Secretarías por 11 mil millones, no compensa el desequilibrio fiscal de un Estado irracional que gastó a ritmos descomunales. En los últimos siete años, los extraordinarios excedentes del petróleo, se desperdiciaron: 73% se fue a gasto corriente, 13% a inversión financiera y sólo 14% a inversión física. Como ha expresado recientemente Arturo González de Aragón, auditor de la federación, “Así no podemos aspirar a constituir proyectos productivos, a reconstituir las cadenas que requerimos para la creación de la inversión, del empleo y de todas las necesidades que tenemos del País, de manera que nos hemos equivocado terriblemente con todos estos ingresos adicionales que hemos tenido". Y esto mismo es lo que confirmó el estudio del Senado, “Comparativo de Plazas Asignadas en la Administración Pública Federal 2004-2009”, donde se demostró que la burocracia aumentó generosa e improductivamente.

A la inversa de lo que hizo Brasil con el petróleo y Chile con el cobre; generar riqueza y distribuir los ingresos a través de inversiones productivas, en México se dilapidaron los recursos. No nos extrañemos que mientras nosotros caímos hasta un 10% en el PIB, esos dos países latinoamericanos sólo restarán 1 punto porcentual.
Por lo pronto, la iniciativa enviada a la Cámara de diputados, justifica una nueva contribución para combatir la pobreza. Pero hagamos un poco de memoria con la última evaluación del Coneval, donde se concluyó que el número de pobres en México aumentó a más de 4 millones. La justificación del impuesto anunciado en la semana, invoca la Constitución para asumir un deber del Estado, pero ese mismo Estado incumple magníficamente con una de sus principales funciones: la seguridad.
¿Por qué tendríamos que confiar en el nuevo ajuste? ¿Ahora sí se administrarán los dineros públicos con eficiencia? ¿Qué garantía tenemos de que los nuevos impuestos serán empleados con racionalidad y sobre todo responsabilidad? La primera muestra del “compromiso” por los pobres se plasmó en la propuesta del presupuesto donde se incluyen incrementos millonarios para diversas entidades públicas como la Suprema Corte de Justicia, el IFE y el Senado. ¿No se trataba de ahorrar y ajustarse el cinturón?

Por otro lado, con qué autoridad exige el gobierno federal un sacrificio, si los diputados son los primeros en no pagar impuestos por medio del generoso presupuesto que les reintegra sus obligaciones tributarias.
México es unos de los países latinoamericanos que menos recauda vía impuestos, pero también es uno de los más inequitativos en función de gravar a unos cuantos y dejar a muchos en la informalidad. Está claro que de esa relación no se puede esperar mucho, pero también el gobierno carece de credibilidad para exigir mayor recaudación.

Hay mucho de contradictorio en todo esto. A penas la semana pasada el presidente hacía un llamado a la reforma y competencia en el campo de las telecomunicaciones. México se encuentra como uno de los países de la OCDE con servicios de internet más caros y lentos. A esto hay que sumar además del pernicioso monopolio telefónico, el poderoso duopolio televisivo. Para profundizar más esa brecha, ahora se propone establecer un impuesto de 4% a los servicios de telecomunicaciones e Internet.

Gerardo Esquivel, uno de los economistas mexicanos más importantes, escribió: “pretender enfrentar la crisis económica con una reducción en el gasto público y con un aumento en los impuestos, es ir en contra del sentido económico común e ir en contra de lo que se está haciendo en otras partes en el mundo, en donde lo que se está planteando son aumentos en el gasto público, reducciones en los impuestos y una ampliación en los déficits fiscales. El resultado de una medida como la que se ha propuesto sería, sin duda, profundizar la crisis económica en la que ya estamos, lo que equivale a tratar de apagar el fuego arrojándole gasolina”. A todo esto, ¿cuándo como sociedad les vamos exigir cuentas?

martes, 18 de agosto de 2009

Punto frágil (economía presidencial)



Es difícil celebrar con tantas carencias de por medio.
Aún así, el Gobierno apresta ya la celebración de los “héroes que nos dieron patria”, unos del Bicentario de la Independencia y otros del Centenario de la Revolución. Pero bien vale recordar, con las limitaciones que eso conlleva, las condiciones del país en los últimos años del porfiriato entre el siglo XIX y XX. Después de un convulso pasado durante el siglo XIX, al fin se había logrado la “paz y el progreso”, no obstante de las enormes brechas y desigualdades en la población, mismas que ahora se han multiplicado hasta llegar a millones. Uno de cada dos mexicanos es pobre. De esta manera, las diferencias entre el pasado y el presente son notables, pero también encontramos algunas similitudes.

En aquella época, el país tenía las condiciones para desarrollarse como una potencia, a pesar del recelo estadounidense. Nuestra moneda mantenía un buen valor internacional y las expectativas eran grandes. Al final, el rumbo se perdió y volvimos a empezar después de una revolución ¿Ahora nuestro país tiene condiciones favorables? y si no, ¿se están creando? ¿Será la crisis mundial un incentivo para reinventarnos y salir del atraso? Veamos algunos datos.
Con una dosis inevitable de realismo, el Secretario de Hacienda, Agustín Carstens ofreció una visión más realista y menos optimista del “catarrito”. Uno de los efectos será un faltante financiero de 300 mil millones de pesos en el presupuesto para el 2010. ¿Qué va a proponer la mayoría priista en el Congreso a partir del primero de septiembre?

El gobierno no es el principal generador de riqueza y desarrollo, pero su labor sí puede ser decisiva y facilitar en mucho el camino para lograrlo. Al paso que vamos y como estamos, es difícil que las condiciones provengan de ahí. En el plano comparado, nuestro país destaca por mucho con el peor desempeño económico de América Latina en el 2009, según el Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2009, publicado por la CEPAL el mes pasado. Todavía se discute si el PIB de México caerá 7 o 9 puntos, mientras nuestros vecinos Panamá, Perú, Bolivia, Haití y Argentina crecerán. Países más sólidos como Brasil y Chile, sólo caerán un punto. ¿Qué han hecho estos últimos dos países para llevar mejores rumbos? Hacer puntualmente sus tareas, entre ellas, recién afirmó el ex presidente Ernesto Zedillo, tomar medidas impopulares, como cobrar impuestos a quienes se debe cobrar y viven en la informalidad. Unos pocos sosteniendo al resto, es un modelo del que no se puede esperar ni exigir mucho, por la sencilla razón de que no hay dinero que alcance.

A su vez, el gobierno enfrenta una crisis financiera, aunque no la reconozca como un punto frágil que amenaza con convertirse en un serio problema. La cifras reportadas por la Secretaría de Hacienda, muestran que para este primer semestre del 2009, el gobierno gastó más de lo que le ingresó. Crecieron los gastos y cayeron los ingresos. En los primeros seis meses de presente año se obtuvieron ingresos presupuestales por 1.33 billones de pesos, de los cuales se erogaron 1.44 billones de pesos. Bien nos decía un conocido economista, sale más caro el caldo que las albóndigas. ¿En qué se ha gastado el gobierno ese dinero? La respuesta la intuimos fácilmente: gasto corriente y más burocracia, no inversiones ni proyectos de desarrollo. Para los Poderes y entes autónomos el incremento fue 12.1%. En las dependencias del Gobierno Federal fue otro tanto de 12.1%. Tan sólo para dimensionar los números, en febrero de 2008, la Presidencia de la República gastó 102 millones de pesos, en el mismo mes de 2009 gastó 437 millones de pesos. ¿Habrán sido los tiempos electorales, siempre urgidos de recursos?

Tenemos una maquinaria gubernamental obesa y poco efectiva, que gasta el dinero, por ejemplo, con buenas intenciones en programas sociales, pero con irrelevantes resultados. Ahí está Oportunidades, ahora llamado “Vivir mejor”, lejos de reducir la pobreza, produce más.
Ante este panorama, la solución propuesta no es siquiera un poco imaginativa. Estamos contra la pared y la tarea no la hacemos, pues tenemos a la mano, dos fabulosos préstamos para apagar el fuego y posponer una vez más solucionar el problema. Listos sobre la mesa están 1500 millones de dólares del Banco Mundial para el programa de lucha contra la pobreza Oportunidades. Del otro lado, también se cuenta con una línea de crédito del Fondo Monetario Internacional por 47 mil millones de dólares, lo que equivaldría a120% de toda la deuda gubernamental en moneda extranjera.

¿Cómo llegaremos al 2010? Con una economía morrallera escribe Enrique Quintana. Pequeña como las nuevas monedas.

15 de agosto de 2009
El Siglo de Torreón