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lunes, 12 de marzo de 2012

Resquebrajar el sistema político mexicano

Primero vienen a pedir el voto y luego se van. Así son muchos de nuestros políticos. Por eso la historia nos resulta conocida: políticos que abandonan el cargo para buscar otro. Políticos que en busca de alargar su carrera, truncan administraciones públicas. Políticos que ante la falta de incentivos, crean sus propios atajos para ir por otro puesto. Ahí están los alcaldes que avientan el cargo por una diputación o senaduría. Senadores que quieren ser gobernadores. Diputados que saltan del Congreso para ser alcaldes. No estoy en contra de las carreras políticas, pero no hay de otra en el sistema político mexicano. 


La continuidad está atada perversamente al abandono del cargo público. Sin instrumentos como la reelección (anulada en 1933), los representantes populares optan por solicitar “licencia”. De esa manera, ante la ausencia de la reelección, pedir licencia se ha vuelto una práctica común y casi incuestionable. Es el mejor camino para los políticos, pero también el peor para los ciudadanos porque no hay rendición de cuentas ni nada que ligue la responsabilidad del voto con el representante. Una vez que un político es electo, éste puede hacer casi lo que le venga en gana. Ejemplos sobran. 





La promesa de no abandonar la alcaldía. Fuente: El Norte



Por eso, el inédito caso de la alcaldesa Ivonne Álvarez, de Guadalupe, Nuevo León, puede sentar un precedente nacional que rompe la cómoda normalidad de abandonar los cargos constitucionales en el país. A grosso modo narro el caso. La alcaldesa abandona su cargo, o para decirlo con eufemismo, “el cabildo le concede licencia”, a fin de que ella llegue al senado. En esa lógica, ¿qué más da romper las promesas de campaña, entre ellas, no dejar el cargo y concluir el periodo completo? Los hechos habrían ocurrido con normalidad, si no fuera por una joven abogada, Dinorah Cantú, que interpuso un amparo contra el abandono del cargo de la alcaldesa. Argumentó que en la solicitud de licencia realmente no había motivos para dejar la presidencia. El argumento hizo eco en el Tribunal, y finalmente revocó la decisión del cabildo, lo que obligó a la alcaldesa a regresar a su cargo
.
“Estoy muy indignada” respondió la alcaldesa al conocer el fallo del Tribunal. El síndico del ayuntamiento, José Garza, fue más allá en su defensa de abandonar los cargos: “Están atropellando nuestros derechos constitucionales… el Tribunal no consideró que esto puede dejar un precedente, y bien puede resquebrajarse el sistema político mexicano y puede tener consecuencias de (sic) afectar la paz social”. Concluyó el cínico, perdón síndico: “el sistema político mexicano está en juego”.

Pero la indignada defensa no consideró nunca a los ciudadanos, sino solamente las particularísimas aspiraciones de los políticos, que eso sí, suelen presentarse al servicio de la gente. Si este amparo sienta un paradigma, entonces demos la bienvenida al resquebrajamiento del sistema político. Un sistema por demás obsoleto y esclerótico. En otras palabras: el viejo régimen que el PAN desde el poder no quiso ni supo desmontar. Si el cambio no viene de la clase política, entonces la hora es de los ciudadanos. A pesar de las carencias de nuestra democracia, los ciudadanos todavía tenemos al alcance la denuncia, la discusión pública, el amparo, el acceso a la información para catalizar el resquebrajamiento de sistema político. El esquema actual no puede ofrecer otros resultados, desde hace tiempo que caducó. Por eso resulta vital para nuestra democracia empujar por diferentes caminos la rendición de cuentas.

Actualmente muy poco nos protege a los ciudadanos contra los políticos que avientan el cargo en busca de otro. El camino abierto en Nuevo León puede ser la puerta a algo más grande que entonces sí, obligue a los políticos a un mínimo de responsabilidad en el gobierno. La indignada no es la alcaldesa, sino una parte de la ciudadanía que paulatinamente reclama su lugar. Si desea conocer más sobre el amparo, o incluso interponer uno contra su político local, busque en el sitio www.chapulinazonl.wordpress.com

11 de marzo 2012
Milenio http://impreso.milenio.com/node/9127256

sábado, 12 de diciembre de 2009

Bienvenida la reelección


Mito, tabú, aún así, el tema de la reelección en México no pude ignorarse ni tampoco aplazarse más. Máxime por tratarse de un tema que puede posibilitar la rendición de cuentas, el profesionalismo en la política e incluso, una relación distinta entre políticos y ciudadanos. No obstante, a la población en general el tema no le gusta, en buena medida por la calidad de políticos y sobre todo, por la desgracia de los resultados. ¿Quién en su sano juicio quisiera reelegir a muchos de los políticos que tenemos? Pero me temo que este rechazo proviene de un educación oficialista, producto del régimen posrevolucionario que elevó al pedestal una frase actualmente hueca: “Sufragio efectivo no reelección”.

Si algo debemos desmontar, deconstruir diría el filósofo argelino Jacques Derrida, son esos mitos que heredamos de la “Revolución”. Como escribieron recientemente Héctor Aguilar Camín y Jorge Castañeda, “México es preso de su historia” porque "nos sobra pasado, pero nos falta futuro”.

Así, mucho antes que Francisco I. Madero tomara la causa política de la “no reelección” para Presidente de la República, Porfirio Díaz luchaba por el mismo fin, acaso porque otro presidente en el poder, Benito Juárez, no dejaba la silla tan deseada. A Juárez ni el viento lo movió de la presidencia, cargo que ejerció durante 14 años consecutivos hasta que eso sí, le llegó la muerte. Esto sumó más del doble de tiempo que su “Alteza Serenísima”, Antonio López de Santa Anna, quien fue y vino de la presidencia –en once ocasiones–, como quien va al supermercado. El problema de la duración del poder fue resuelto hasta 1929 con la creación del Partido Nacional Revolucionario (ahora PRI), a fin de frenar los asesinatos entre los aspirantes. Sin embargo, esta limitación terminó con los años, por extenderse a otros cargos de elección popular como diputados, senadores y presidentes municipales. Al final, esta limitación terminó por inhibir también el derecho de los ciudadanos para llamar a cuentas a sus gobernantes.

Para fines prácticos, nuestro sistema político permite votar, pero sin recibir a cambio ninguna garantía o mecanismo de control sobre los representantes a quienes otorgamos el poder. Esto es tanto como comprar un producto en el mercado, y no recibir ninguna garantía o factura que ampare un defecto o una devolución si la mercancía está dañada o es claramente insatisfactoria. Por lo tanto, el votante está impedido a reclamar, a llamar a cuentas al político.
El voto se convierte así en un boleto de ida que no tiene regreso, ni garantía. De esa manera, la relación actual entre los políticos y los ciudadanos es desigual porque legalmente así está instituida. Y si no rinden cuentas, es porque no está establecido en ningún mecanismo que permita a los votantes apremiar o castigar a los políticos. Se tendría que transformar la relación para producir otros efectos.

En este sentido, durante la ceremonia por su tercer año de gobierno en Palacio Nacional, el Presidente Felipe Calderón propuso la reelección de legisladores y de alcaldes en todo el país, “para obligarlos a una rendición de cuentas”. Además, habló de impulsar la participación de la sociedad a través de figuras como la iniciativa ciudadana, el referéndum, y la posibilidad de participación en los procesos electorales “sin rigideces”. ¿Se referirá a las candidaturas ciudadanas?

El sistema político actual no puede producir los efectos deseados en la ciudadanía por la sencilla razón de que no fue dispuesto para empoderar a los votantes. Si queremos obtener otro resultado, será necesario cambiar las reglas de juego, donde entonces sí, el ciudadano no sea un mero observador, sino un auténtico partícipe con el poder de elegir, pero también de castigar.
Países como Chile, Argentina, Brasil, Uruguay y hasta El Salvador, han incorporado en sus sistemas electorales la reelección como una forma de representación inclusiva, sujeta a que el ciudadano pueda evaluar si su representante popular realizó un buen trabajo o no. Sólo de esa manera, los representantes populares estarían siendo responsables directos ante el ciudadano y no solamente ante las complacientes dirigencias partidistas.

Al respecto, el poderoso senador Manlio Fabio Beltrones ha expresado textualmente su interés por impulsar estas reformas políticas, pero al igual que lo propuesto por Calderón, no se ve claro para cuándo. De concretarse una reforma de esta naturaleza, estaríamos dando un paso para transformar las tan deterioradas relaciones entre políticos y ciudadanos.
Si bien, una reforma así no es la panacea y mucho menos la solución al decoroso comportamiento de los políticos, sí estaría enfocada a generar productividad y buen desempeño, bajo un esquema de incentivos entre representante y representado. Ojalá pronto podamos ratificar o reprobar el trabajo de nuestros políticos, puesto que ya es hora de regresar el poder a los ciudadanos.

El Siglo de Torreón
12 de diciembre 2009

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