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domingo, 22 de noviembre de 2015

Mediocridad legislativa

A decir de Milton Friedman, "No hay tal cosa como un almuerzo gratis". Dicho en otras palabras, todo en esta vida tiene un costo. Un costo de oportunidad. Aunque lo "gratis" satisface nuestra psicología, en realidad siempre está asociado a un costo económico, porque de una u otra manera alguien tiene que pagar.




En los últimos días surgió una polémica por otra iniciativa en el Congreso de Coahuila. Esta vez asociada al cobro en los estacionamientos comerciales. Los diputados locales Luis Gurza y Shamir Fernández propusieron reformas a la Ley de asentamientos humanos y desarrollo urbano en Coahuila, con la finalidad de que los estacionamientos en centros comerciales sean gratuitos. En principio la propuesta es bien recibida, sobre todo por aquellos que usan automóviles y les resulta molesto pagar por estacionarse cada vez que van a ciertos centros comerciales. Sin duda, la iniciativa genera tal beneplácito entre los automovilistas, que hasta elogios recibieron los diputados: "Por fin trabajan por los ciudadanos"; "Hasta que hicieron algo bueno".
Pero, ¿cuál sería el impacto urbano de prosperar la iniciativa, y sobre todo, cuál es la viabilidad? Por lo general, a los políticos no les interesa la mejor opción, ni la más eficiente, ni la solución técnica más viable, sino el número de votos y aplausos ante la opinión pública.
"Estacionamientos gratis". A primera vista la iniciativa parece positiva, pero paradójicamente, los efectos de este tipo de políticas, terminan con efectos negativos para las ciudades. En nuestro país el Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (por sus siglas en inglés, ITDP), ha hecho estudios serios y bien fundamentados sobre el impacto de los estacionamientos en las ciudades. Menciono algunas consecuencias negativas para las ciudades: detrimento del espacio público; encarecimiento de la vivienda; menor densidad urbana (vea cómo hay más espacio para los automóviles, que para las personas en tantas ciudades mexicanas); más autos, más tráfico y por lo tanto, menos ciudad.
Quizá sea mucho pedir a nuestros legisladores locales que lean los puntuales estudios del ITDP como la Guía práctica: Estacionamiento y políticas de reducción de congestión en América Latina (2013); o Más cajones, menos ciudad (2014). Mientras la tendencia internacional en ciudades como Londres, Chicago, Copenhague, Portland, Nueva York, por mencionar algunas, es regular el automóvil para tratar de disminuir los efectos negativos. Con una supuesta ley como la de Coahuila, no sólo estaríamos incentivando el automóvil, sino multiplicando los cajones para estacionamiento. ¡Horror urbano! El prestigioso político y urbanista Enrique Peñalosa ha insistido en que el estacionamiento no es un derecho constitucional. ¿En verdad queremos derechos para el auto como derechos humanos, derecho a la educación, o derecho al agua? ¡Cuán extraviada está nuestra política!
La iniciativa que proponen los diputados Gurza y Fernández para "beneficiar" a los ciudadanos, en realidad estaría trasladando costos negativos a la parte de la ciudad que no se transporta en vehículo. Si esos diputados en verdad quisieran beneficiar a los coahuilenses, tendrían entonces que llamar a cuentas a los responsables de la deuda por más de 35 mil millones de pesos. ¡Corrupción mayúscula! Entonces sí, nos ahorrarían a cada coahuilense pagar más de 12 mil pesos por el impune robo de recursos públicos durante el gobierno de Moreira I. Pero claro, es más fácil inventarse una propuesta sobre estacionamientos que "ahorra" 10 o 20 pesos, que comprometerse a esclarecer el atraco de miles de millones de pesos. Cuidamos los pesos y perdemos los millones.
En su momento, el gobierno del Distrito Federal quiso obligar a los comercios a no cobrar las primeras dos horas, pero a fin de cuentas, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, declaró inconstitucional esa ley. Empresas como Cimaco o Galerías, que cobran por el uso de sus estacionamientos, pueden recurrir a esa jurisprudencia para echar abajo la ley en caso de aprobarse. No obstante, abunda la mediocridad legislativa que busca atender más la publicidad, que la seriedad en las propuestas.
Pero vuelvo al punto: incentivar el uso del automóvil a través de políticas como quitar el cobro en estacionamientos comerciales, termina por transferir los costos asociados al uso del auto, al desarrollo urbano y a la población que no maneja. No hay tal cosa como un estacionamiento gratis.
9 de septiembre 2015
El Siglo

lunes, 20 de octubre de 2014

La vida dulce y sabrosa de los diputados


Entre los trabajos de la política, ¡pocos como los de diputado! Muy buen sueldo, excelentes prestaciones, pocas responsabilidades, y sobre todo, poco trabajo. ¡Oh Patria querida! que el cielo 500 diputados te dio. Acostumbrados a lo bueno, los legisladores tienen el trabajo de calentar la curul y levantar la mano para las votaciones. Algunos, en la prisa del arduo trabajo, ni siquiera asisten a las sesiones. Tanto demandan los asuntos del país, que a veces, ni tiempo queda para las durísimas responsabilidades parlamentarias. Por eso el sueldo siempre se queda corto, aunque el sacrificio por la nación, es compensado con guirnaldas de oliva. Verdes o azules, abundan los laureles del "moche". Desde el Congreso, el compromiso público resulta desmedido.

Es mucho el sacrificio por los mexicanos, que un buen día, el diputado del Partido Verde Ecologista de México, Ernesto Núñez, decidió aprovechar la riqueza de la cultura. Para la ocasión, se inspiró en un festival cultural en Zitácuaro, pero el alcalde de esa entidad, divulgó el gusto por los diezmos de los recursos públicos. De esa manera viene la multiplicación de los panes: "Yo a todos los diputados les doy el diezmo. Un ejemplo: de 6 (millones) serían 600 (mil). Él, cuando me dijo: En lo cultural se puede sacar más... no hay problema. O sea, a lo mejor separar dos millones de pesos… gastarnos cuatro". Con los diputados no es cuestión de blancos y negros, sino de rojos, amarillos y azules. En plena contienda interna por la presidencia nacional del PAN, brillaron las capacidades legislativas de los "moches". De esa manera, los diputados lograron gran fama como representantes de los mexicanos. Luis Alberto Villarreal tuvo notoriedad por sus capacidades legislativas. Fue reconocido en fama y buenos oficios para gestionar recursos.

Por entonces, su cargo en el Congreso como representante panista, no sólo fue ratificado por Gustavo Madero, sino que lo fortaleció contra las molestias del trabajo. Para relajar el estrés legislativo, optó por el baile y las reuniones exclusivas con sus compañeros de bancada, hasta que la fama de su trabajo le exigió dejar a "disposición" su cargo. Ya con calma, Villareal recordó que la atención a su trabajo, fue de "profesionales". La diputada del PRD, Purificación Carpinteyro, supo bien hacer las labores de su cargo y sobre todo, tomar las ventajas de la Reforma en Telecomunicaciones.

Por ello no duda en probar para sí, los beneficios de la nueva ley:

"Yo creo que ya nos sacamos la lotería". Hábil y clara, la legisladora reconoció el negocio y de paso defendió su suerte al declarar: "Las conversaciones difundidas hacen eco de lo que intereses monopólicos y sectarios han intentado siempre hacer: convertir en el centro de atención los asuntos privados de una persona desviando la atención sobre lo que debe de mantenernos atentos, los debates sobre las Leyes Secundarias de Telecomunicaciones". Y como un escándalo desplaza a otro, por fortuna ya olvidamos a quien en su momento, también fue diputado del PRI, Cuauhtémoc Gutiérrez. Hoy por hoy, el ejemplo de trabajo lo da Ricardo Monreal, quien insistió en regresar las compensaciones que la tesorería depositó a su partido político, Movimiento ciudadano. 15 millones devolvió al erario, porque él trabajó desinteresadamente en las reformas del país. Sin tantas complicaciones, así la vida dulce y sabrosa de los diputados.

DESPUÉS DE LAS ELECCIONES El PAN en Coahuila quiere ganar en la mesa, lo que en las calles fue incapaz de lograr: el voto de los ciudadanos. Es cierto que la ley electoral en Coahuila beneficia al PRI, pero es más cierto que el PAN no hizo nada por ganarse la confianza y el voto de los electores. ¡Así ni cómo! Para consuelo, las futuras elecciones serán bajo nuevas reglas que corrigen aquellas distorsiones, donde el segundo partido más votado, queda casi, sin representación.

El Siglo de Torreón
20 de agosto 2014

http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1028628.la-vida-dulce-y-sabrosa-de-los-diputados.html

domingo, 17 de agosto de 2014

Coahuila, romance con el PRI

Las elecciones del domingo pasado expresaron sin ninguna duda el romance de los coahuilenses con el PRI. Imposible negarlo. Con algunas excepciones, que más bien parecen errores temporales como las alcaldías de Saltillo y Monclova, el PRI es el partido de Coahuila por excelencia. No hay otro. Aquí el tiempo no ha pasado y la alternancia es una broma de mal gusto. El "carro completo" ratifica el fin de la oposición en el estado, pero también, la clara preferencia al PRI de los Moreira. Porque no importa qué pasó, así sea la deuda o lo que sea, el electorado ya se pronunció: queremos a los Moreira por sobre todas las cosas.
Al mismo tiempo, la aplastante victoria del PRI demuestra la aprobación de los electores al actual gobierno estatal. Es cierto que hay malestar y bajas calificaciones, es cierto que la deuda es un tremendo lastre negativo, pero más cierto es el romance de los ciudadanos con el PRI. No busquemos complejas explicaciones, ni tampoco hagamos viscerales descalificaciones. Coahuila es del PRI y de nadie más. Pero ese poder no emana de los políticos por sí mimos, sino de los ciudadanos que así lo decidieron. Otros culpan al abstencionismo y repiten que 6 de cada 10 electores no salió votar, pero ese abulia no le quita al PRI la capacidad de tener y saber conservar el poder. Si algo mostraron los resultados del domingo, es que el PRI podrá estar mal, pero no basta con que así sea para que los ciudadanos los castiguen.
Nuevamente habrá quien descalifique a los priistas, pero el PAN ni siquiera es opción. ¿Más claro? La mayoría de los ciudadanos despreciaron las elecciones, sin embargo, quienes votaron parecen haber electo al menos peor. En esa lógica, el electorado fijó una clara respuesta: preferible votar por quienes ejercen el poder, que por pusilánimes jugando a las elecciones. Al PRI podrá reprochársele la deuda y su encubrimiento, pero no su inacción. Por puro contraste, veamos a los panistas: ¿Quién quiere elegir a quien nada ha hecho en el camino? Como si fuera una sorpresa, los panistas descubrieron que las elecciones no se ganan en dos meses. Tal vez para la siguiente, lo vuelvan a descubrir.
Hace años, cuando el PRI bajo Moreira I logró "carro completo", algunos advertimos sobre los peligros de entregar un cheque en blanco a un solo partido. Igualmente argumentamos la necesidad de contrapesos a fin de evitar la concentración del poder. Pero el resto de la historia ya la conocemos y también el vano argumento de la crítica. Ahora que el electorado se volvió a manifestar, la crítica no sólo sobra, sino es inútil. Después del domingo los electores coahuilenses nos acaban de demostrar sobradamente que las elecciones son un borrón y cuenta nueva. Es la maravilla de los comicios. Qué hubo deuda: no importa. Qué hubo corrupción: no importa. Lo importante es que el PRI ganó y arrasó.
A partir de ahí, quizá habrá que rectificar unas serie de malentendidos. Menciono el principal: la deuda. A decir del electorado, la deuda es lo mejor que le ha sucedido a Coahuila en los últimos años. Se contrató mal, pero las intenciones fueron las mejores, y ahora los coahuilenses reconocen sus beneficios. Por otro lado, el gobernador Rubén Moreira es, a decir de los electores, uno de los mejores gobernadores de Coahuila. La deuda es peccata minuta. Con el tiempo y las futuras elecciones, es posible que Moreira II se vuelva el mejor. Los señalamientos que se hicieron en el pasado, son sólo incomprensiones hacia el gobernador. No obstante, el electorado se ha encargado de refutar a los críticos. Al fin los votos le dieron la razón.
De esta manera, es tanta la unanimidad que todas las posiciones las ganó su partido. En Torreón, si había dudas con el alcalde Miguel Ángel Riquelme, las elecciones del domingo se encargaron también de despejarlas. Insisto, el electorado no se equivoca y ya apuntalan al lagunero como candidato a gobernador. Con el aval de las elecciones y los coahuilenses que sí votaron, ya sólo hay un camino en Coahuila: el PRI.
9 de julio 2014
El Siglo de Torreón 

viernes, 1 de marzo de 2013

Charolas, amparos y otras historias de impunidad

Charola, dulce, charola...
¡Nada como la charola para librarla! Charola: dícese de una pequeña identificación de metal o papel, para librarse de la ley, la justicia o el alcoholímetro. Sirve también para identificar al funcionario público, al diputado o al senador. Utilícese en caso de emergencia y no se deje al alcance de los niños. Es efectiva para mayores de 18 años y tiene mayor peso, si su cargo es de representación popular. Nota importante: no olvide salir sin ella.

Ese día, Jorge Emilio González, alias el “Niño verde”, salió sin charola. Ya en la fiesta la pasó bien y unos tequilas animaron la noche. De regreso topó con los inconvenientes de la autoridad. La prueba del alcoholímetro no la libró y fue detenido. Para colmo, declaró otro nombre, pero el hambre y el frío traicionaron su identidad. Una más del político por excelencia en México. Al fin, si la charola se olvida en casa, todavía tiene otro recurso para la impunidad: el amparo. Recuerde bien que si olvida la preciada identificación, siempre habrá un amparo bajo la manga. Otros usos de la charola: utilícese como placa de auto. Hombre práctico, el diputado federal José Rangel Espinosa, se ahorró los trámites por derechos vehiculares y tenencia. Ya en el cargo, mandó hacer una versión de la charola como placa de un flamante auto. Así acudía a la Cámara, hasta que un compañero lo exhibió en Twitter. Chabacano e impune, el diputado ofendido por la exhibida en las redes sociales y los medios, amenazó al tuitero. Eso sí, luego hablo de diplomacia y relaciones políticas…

Charola al volante. Con menos presupuesto, el alcalde priista de Mazatlán, Chiapas, Encarnación Martínez Victorio (el nombre no es broma), utiliza una charola prestada, por supuesto, de un diputado federal. Para andar seguro por la calles, porta la charola en el tablero de su coche. Justo ahí, donde todos pueden verla, no vaya a ser que alguna autoridad se atreva aplicar la ley.

Pero estas historias de charolas e impunidad no son simples anécdotas, ni casos extraordinarios, sino una relación generalizada en el país. En ese sentido, no hay duda de que uno de los impedimentos que tiene nuestro país para dar el salto, es su relación la ley y la paupérrima cultura de la legalidad. Hay un desprecio por la legalidad en los ciudadanos, pero también lo hay en muchos políticos. Son las reglas del juego que repetimos. No respondemos y ni podemos responder a otro comportamiento mientras tengamos instituciones débiles, poco consistentes. Una muestra pequeña es el uso de la llamada charola. Se ve como normal, se usa como si fuera el derecho de los unos sobre los otros. En realidad, lo que reflejan estas historias son un vacío enorme en eso que llamamos legalidad y justicia. 

A cambio se llena con la ilegalidad y la justicia del más impune. Esa impunidad es la alienta, permite y reproduce el estado mexicano. Por lo mismo, es una consecuencia lógica “charolear”, violar la ley desde algún cargo de autoridad. Pero lo más grave no es el funcionario que se brinca la ley, el senador que se ampara después de la juerga o el diputado que anda sin placas, sino el poderoso mensaje que mandan a los ciudadanos. “Ustedes también pueden hacer lo mismo”. Y esa es precisamente la ciudadanía que después cosechamos. Y tú ¿te sorprendes, te indignas o te reconoces?

20 de febrero 2013 
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9172944

martes, 15 de enero de 2013

Un paso adelante, un paso para atrás



Sin duda, el eslabón más débil del gobierno mexicano, es el municipio. Al mismo tiempo, es el gobierno más inmediato a los ciudadanos. Por lo mismo, mucho de lo que sucede en las ciudades, tiene su gloria o su tumba en los gobiernos municipales. Para no ir tan lejos, la transición a la democracia se dio de abajo hacia arriba, es decir, de los municipios hacia el gobierno nacional. De esa manera la alternancia primero se cultivó en las presidencias municipales, pero hasta la fecha, la capacidad de ese nivel de gobiernos es sumamente desigual.
 Por un lado tenemos un pequeño cúmulo de municipios con amplias capacidades (hablamos de unos 60 entre dos mil), pero por otro, abundan los municipios con un papel meramente testimonial, inermes para hacer frente a los problemas de la ciudad. Hace varias décadas, en 1983, se fortaleció la capacidad y la autonomía de los municipios a través de la reforma al artículo 115 constitucional. En aquella época fue un avance, pero ahora, el papel de los municipios está rebasado. No sólo por la desigualdad de las instituciones, sino por la calidad de los gobiernos. El tema de la calidad, o si quieren, de eficiencia, parece trivial para muchos alcaldes, pero en contextos de competencia, hacer una buena administración tan solo es un aval mínimo para ratificar el poder. Dicho en otras palabras, hacer una buena administración también es rentable electoralmente.
Así como en los últimos años, algunos gobiernos estatales contrajeron deudas insostenibles, Coahuila es el peor ejemplo, también es común la quiebra financiera en los municipios. Entre deudas y negligencia administrativa, hay casos paradigmáticos como Cuernavaca y Acapulco. Pero la historia no termina ahí, sino empieza con la facilidad de los alcaldes para dejar herencias tóxicas a los ciudadanos, y salvo contadas excepciones, son llamados a cuentas. Al respecto, la ley de contabilidad gubernamental es una respuesta al desorden en los municipios, pero también, es un refuerzo para la transparencia de los recursos, y entonces sí, el llamado a rendir cuentas. 
En ese sentido, es positiva la postura del Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, al negar que rescatarán las finanzas de estados y municipios: “deben tener la capacidad de crear financiamiento, de ordenar sus finanzas, realizar ajustes para disminuir las partidas de gastos y recaudar más impuestos”. 
Pero lo que es un paso para adelante, también es un paso para atrás. El 2012 cerró con un regalo de los diputados federales para continuar con las malas cuentas en los estados y municipios. Aprobaron la condonación de multas y recargos por no pagar debidamente el impuesto sobre la renta ante la Secretaría de Hacienda. Por supuesto, ese privilegio no es para los ciudadanos en general, sino para los gobiernos municipales que reciben incentivos para la ineficiencia.
Bajo esas reglas del juego, es difícil que los gobiernos locales hagan administraciones de calidad, si al final, hay pocas consecuencias para políticos que quiebran, defraudan o sencillamente dilapidan los recursos públicos. Al final, no faltará quien afirme, ¡para eso son las plurinominales!
9 de enero 2013






sábado, 12 de diciembre de 2009

Bienvenida la reelección


Mito, tabú, aún así, el tema de la reelección en México no pude ignorarse ni tampoco aplazarse más. Máxime por tratarse de un tema que puede posibilitar la rendición de cuentas, el profesionalismo en la política e incluso, una relación distinta entre políticos y ciudadanos. No obstante, a la población en general el tema no le gusta, en buena medida por la calidad de políticos y sobre todo, por la desgracia de los resultados. ¿Quién en su sano juicio quisiera reelegir a muchos de los políticos que tenemos? Pero me temo que este rechazo proviene de un educación oficialista, producto del régimen posrevolucionario que elevó al pedestal una frase actualmente hueca: “Sufragio efectivo no reelección”.

Si algo debemos desmontar, deconstruir diría el filósofo argelino Jacques Derrida, son esos mitos que heredamos de la “Revolución”. Como escribieron recientemente Héctor Aguilar Camín y Jorge Castañeda, “México es preso de su historia” porque "nos sobra pasado, pero nos falta futuro”.

Así, mucho antes que Francisco I. Madero tomara la causa política de la “no reelección” para Presidente de la República, Porfirio Díaz luchaba por el mismo fin, acaso porque otro presidente en el poder, Benito Juárez, no dejaba la silla tan deseada. A Juárez ni el viento lo movió de la presidencia, cargo que ejerció durante 14 años consecutivos hasta que eso sí, le llegó la muerte. Esto sumó más del doble de tiempo que su “Alteza Serenísima”, Antonio López de Santa Anna, quien fue y vino de la presidencia –en once ocasiones–, como quien va al supermercado. El problema de la duración del poder fue resuelto hasta 1929 con la creación del Partido Nacional Revolucionario (ahora PRI), a fin de frenar los asesinatos entre los aspirantes. Sin embargo, esta limitación terminó con los años, por extenderse a otros cargos de elección popular como diputados, senadores y presidentes municipales. Al final, esta limitación terminó por inhibir también el derecho de los ciudadanos para llamar a cuentas a sus gobernantes.

Para fines prácticos, nuestro sistema político permite votar, pero sin recibir a cambio ninguna garantía o mecanismo de control sobre los representantes a quienes otorgamos el poder. Esto es tanto como comprar un producto en el mercado, y no recibir ninguna garantía o factura que ampare un defecto o una devolución si la mercancía está dañada o es claramente insatisfactoria. Por lo tanto, el votante está impedido a reclamar, a llamar a cuentas al político.
El voto se convierte así en un boleto de ida que no tiene regreso, ni garantía. De esa manera, la relación actual entre los políticos y los ciudadanos es desigual porque legalmente así está instituida. Y si no rinden cuentas, es porque no está establecido en ningún mecanismo que permita a los votantes apremiar o castigar a los políticos. Se tendría que transformar la relación para producir otros efectos.

En este sentido, durante la ceremonia por su tercer año de gobierno en Palacio Nacional, el Presidente Felipe Calderón propuso la reelección de legisladores y de alcaldes en todo el país, “para obligarlos a una rendición de cuentas”. Además, habló de impulsar la participación de la sociedad a través de figuras como la iniciativa ciudadana, el referéndum, y la posibilidad de participación en los procesos electorales “sin rigideces”. ¿Se referirá a las candidaturas ciudadanas?

El sistema político actual no puede producir los efectos deseados en la ciudadanía por la sencilla razón de que no fue dispuesto para empoderar a los votantes. Si queremos obtener otro resultado, será necesario cambiar las reglas de juego, donde entonces sí, el ciudadano no sea un mero observador, sino un auténtico partícipe con el poder de elegir, pero también de castigar.
Países como Chile, Argentina, Brasil, Uruguay y hasta El Salvador, han incorporado en sus sistemas electorales la reelección como una forma de representación inclusiva, sujeta a que el ciudadano pueda evaluar si su representante popular realizó un buen trabajo o no. Sólo de esa manera, los representantes populares estarían siendo responsables directos ante el ciudadano y no solamente ante las complacientes dirigencias partidistas.

Al respecto, el poderoso senador Manlio Fabio Beltrones ha expresado textualmente su interés por impulsar estas reformas políticas, pero al igual que lo propuesto por Calderón, no se ve claro para cuándo. De concretarse una reforma de esta naturaleza, estaríamos dando un paso para transformar las tan deterioradas relaciones entre políticos y ciudadanos.
Si bien, una reforma así no es la panacea y mucho menos la solución al decoroso comportamiento de los políticos, sí estaría enfocada a generar productividad y buen desempeño, bajo un esquema de incentivos entre representante y representado. Ojalá pronto podamos ratificar o reprobar el trabajo de nuestros políticos, puesto que ya es hora de regresar el poder a los ciudadanos.

El Siglo de Torreón
12 de diciembre 2009

twitter.com/uncuadros

sábado, 7 de noviembre de 2009

Ahora sí

Ahora sí nos dicen nuestros políticos, el año que entra vendrá la verdadera reforma, la necesaria, la profunda, la de largo alcance. Ahora sí se podrán de acuerdo y discutirán con tiempo para construir los cambios que requiere el país. La promesa parece razonable, se escucha convincente e incluso sugiere que ahora sí hablan en serio. De pronto, tras avanzar con la aprobación de la Ley de Ingresos (ley donde se fijaron los impuestos), los legisladores se iluminaron para luego reconocer que lo aprobado no era lo deseable pero sí lo posible, al fin, el año que entra, el del peregrino Bicentenario, saldrá la “reforma” buena aseguran. Pero no perdamos de vista lo que declararon los principales actores políticos, a fin de no caer en las promesas prometeicas que cada fin de año ocurren.

Después de avalar por unanimidad el paquete fiscal, César Nava, el líder panista que naufragó en sus palabras, aceptó: "No creo que haya nadie satisfecho con un paquete de esta naturaleza, y es por eso que estamos convencidos de la importancia de una reforma fiscal de fondo que implique cambios profundos". La medianía, el punto de conformismo lo lleva a asumir que "por ahora tenemos un paquete fiscal y cumple con la expectativa para el 2010”.

Por su lado, el priista Francisco Rojas no ocultó su vocación salvadora: “En el PRI sabemos que el crecimiento será insuficiente, pero también que las tareas básicas del Estado podrían estar en riesgo si no dotamos al gobierno de elementos presupuestales indispensables... con la aprobación de los nuevos impuestos no sólo se salvó un plan fiscal y se garantizó la viabilidad de las finanzas públicas y de la economía nacional, sino se salvó al Estado mexicano de un grave riesgo”. Manlio Fabio Beltrones, el poderoso senador priista enarbola un discurso digno de todo hombre de Estado, con la salvedad de que se trata de una postura personal, por eso propone bajar el Impuesto Sobre la Renta de 30% a 25. Según declaró sobre el Impuesto al Valor Agregado: “La tasa de 16% es muy alta, debería ser de 12% pero que todos paguen. Esto identificando en que no existan excepciones y que se genere una canasta básica de alimentos, pero que sea generalizado el impuesto al consumo al 12 por ciento”.

Luego el Presidente Felipe Calderón reconoció la aprobación del paquete fiscal, pero al mismo tiempo hizo un llamado, como en otras ocasiones, para hacer los cambios de fondo, los mismos que él no ha logrado impulsar. Quizá por eso afirmó: “Quiero convocar a los actores económicos, políticos y sociales de México a que por la vía del diálogo y del entendimiento acordemos la ruta económica que nos permita acelerar el crecimiento y el empleo. Que construyamos a fondo, a través del diálogo, un pacto, un verdadero pacto por el empleo en el País y por el crecimiento de nuestra economía, que discutamos entre actores económicos, legisladores, Gobierno, Gobernadores, cuál es la ruta que nos permita hacer de la economía mexicana la economía que queremos que sea: moderna, competitiva y generadora de empleos".

Pero en el fondo, sea el PAN, el PRI, el Presidente o el casi jefe de Gabinete, el senador Beltrones, el tema de los impuestos en México seguirá siendo un tema de inequidad, donde el Estado y por lo tanto, quienes deciden, no cuentan con incentivos para romper con el corto plazo, con lo políticamente incorrecto (IVA en medicinas y alimentos), con los privilegios y otras distorsiones en la economía Mexicana. Difícilmente podría producirse un efecto diferente con las reglas del juego actuales. La tan deseada “reforma profunda” que tanto pronuncia últimamente el Presidente, no parte del terreno fértil de los ciudadanos para luego regresar a ellos, sino que simplemente trata de llevar las cosas, de tal manera que no se muevan mucho.

Por eso, no es extraño que las encuestas de percepción realizadas a los ciudadanos mexicanos no se pierden en la opinión, sino corroboran la realidad del gobierno. Por ejemplo, la encuesta de Reforma publicada el pasado 27 noviembre, registró con claridad la percepción de los mexicanos con respecto al tema de los impuestos. La mayoría, es decir, el 80% de los mexicanos no considera que el gobierno haga buen uso de sus impuestos. Más lapidario aún es el 88% de la población que lejos de pensar que los impuestos benefician a la gente, percibe se utilizan para privilegiar a unos cuantos. Y esa señal fue ratificada nuevamente por el poder legislativo al ceder ante los intereses fácticos de una televisora capaz de borrar a los políticos presidenciables.

El regalo de poco más de cinco mil millones de pesos se consumó al reformar la Ley Federal de Derechos, donde se regula el espacio radioeléctrico que concesiona el Estado mexicano. Al regalar esos impuestos a las futuras concesionarias de celulares, los legisladores mandan la señal a los ciudadanos que a unos sí se les incrementa los impuestos y a otros simplemente los exenta. Nuevamente estamos en ese círculo vicioso donde la diferencia es visible para los ciudadanos de primera y de segunda, donde el colofón es el privilegio para unos cuantos en detrimento de muchos. En eso consisten los incentivos de nuestras instituciones, mientras no exijamos un cambio de reglas, los resultados serán los mismos.

7 de noviembre

El Siglo de Torreón

sábado, 24 de octubre de 2009

Apagar el fuego



Nuestros políticos no serán acaso, buenos políticos, pero sí buenos actores. Después de la tragicomedia legislativa en la semana, los diputados aprobaron nuevos impuestos, eso sí, ya pasadas las elecciones. Entre tanto, tomaron una decisión que nos involucra nos a la mayoría. Conviene preguntarnos: ¿La miscelánea fiscal que aprobaron por mayoría los diputados hará de México un mejor país? ¿Estos nuevos impuestos generarán la infraestructura para el desarrollo en el futuro?

Predeciblemente la respuesta es no. No se sentaron las bases para una fiscalización moderna, ni tampoco de ahí saldrá la inversión para el desarrollo. Y si no es así, entonces qué fue lo que aprobaron la mayoría de los diputados. Aprobaron un paquete fiscal para “librar” el año que entra, 2010. Por lo tanto, para octubre y noviembre de ese año, estaremos nuevamente ante el mismo problema: un gobierno que no puede sostener su gasto. En este sentido, el alcance de la miscelánea responde al corto plazo, es decir, fue impulsada para inmediatez insostenible del gobierno, para unas finanzas que dependen enfermizamente del petróleo. La historia se repite, ante la urgencia de compensar el ingresó de la renta petrolera, nuestros diputados se han avocado a apagar el fuego, pero no a proponer un solución mayor.

La fórmula combina aumento de impuestos con déficit público. Otra vez, lo que imperó en el Congreso fue el posibilismo ante la incapacidad de no asumir los costos de lo necesario, lo deseable. No importa que en lo individual muchos legisladores reconozcan la necesidad de hacer las llamadas “reformas estructurales”. Igualmente resulta irrelevante el acertado diagnóstico y la pertinente propuesta del Centro de Estudios de Finanzas Públicas del Congreso, si al fin los legisladores están atendiendo otras cosas menos al interés público, al bienestar del país. A pesar de la retórica de Francisco Rojas y su dolor por México, o la valentía patriotera de Fernando Gómez Mont.

Entones, si quienes toman las decisiones conocen los casos de éxito, si cuenta con la propuesta pertinente, si saben la importancia de construir el largo plazo ¿por qué no se materializa? Dado que ya no es posible encontrar una respuesta lógica, habrá que decir, como lo hizo hace algunas semanas Ciro Gómez Leyva, que nuestros animales políticos son “una generación política genéticamente mal dotada para la grandeza”.

Imposibilitado desde las elecciones federales, el PAN fracasó en impulsar la propuesta del presidente Felipe Calderón. El PRI más cauto, esperó a que pasara el tiempo, para luego decepcionar con su paquete fiscal. Pero ni uno ni otro atienden al largo plazo, son simples remedios inmediatos para una realidad que demanda compromiso, responsabilidad y resultados. La propuesta fiscal para aumentar impuestos recurre a la misma fórmula imaginativa: gravar a los de siempre.

Desde hace tiempo, uno de los órganos que sí funciona en el gobierno, la Auditoría Superior de la Federación, ha recordado que la ineficiencia fiscal de México, lo sitúa en el peor índice entre las naciones de la OCDE. En consecuencia, tenemos a unos cuantos sosteniendo al Estado y muchos “colgándose” de la aportación de estos. No se trata descubrir un misterio, sino de aplicar las líneas de acción empolvadas en los archiveros de los legisladores.

Por ejemplo, retomo el área de oportunidad señalada por la Auditoría: “Ante los retos y demandas sociales, así como la impostergable necesidad de un sano financiamiento del desarrollo del país, se requiere de decisiones consecuentes para mejorar la eficiencia recaudatoria del Estado, siendo necesario para ello dotar de mayores facultades recaudatorias a estados y municipios, ampliar el padrón de contribuyentes, combatir decididamente la evasión y elusión fiscal, eliminar el sector informal de la economía y el contrabando, simplificar y mejorar la progresividad del marco regulatorio impositivo, otorgar certidumbre jurídica al contribuyente, establecer una política fiscal de largo plazo que propicie certeza a las inversiones, y mejorar la recuperación de las obligaciones fiscales a través de juicios”.

De esta manera, uno de los problemas de legitimidad en el tema de los impuestos es que estos no se traducen beneficios para los mexicanos, como una educación de calidad, servicios públicos de primera o telecomunicaciones competitivas. Al final, los impuestos sirven para sostener un Estado obeso e ineficiente.

En principio, estaría de acuerdo en que subieran de los impuestos, aunque no en el sentido en que lo hicieron los legisladores, sino de promoviendo una forma moderna, equitativa y generalizada a toda la población a través del consumo. Sin embargo, qué beneficio vamos a obtener a cambio: ¿un mejor país? ¿Leyes que se cumplen y políticos que las observan? ¿Condiciones para el desarrollo del futuro? Siento decepcionar al lector, pero nada a cambio. Dentro de dos meses, los mismos diputados que ahora nos incrementan los impuestos, serán lo que no los pagarán en diciembre.

jueves, 22 de octubre de 2009

Mediocridad pura


Decepcionante la propuesta, decepcionante la aprobacion de los nuevos impuestos. Nuestra clase política, tan imaginativa como pertinente, recetó a los ya contribuyentes, una nueva carga. ¿A cambio de qué? ¿Acaso de resultados palpables y benéficos para la población, para el país?
Al fin, una clase que no le interesa el futuro ni nada que implique más, es decir, mediocridad pura. Aquí un artículo de Ciro Gómez Leyva a propósito de la mediocridad.

sábado, 28 de marzo de 2009

Una buena


Hacia 1950, uno de los grandes politólogos de la Universidad de Chicago, el norteamericano Harold Lasswell, había propuesto una innovadora y creativa forma de hacer política, a partir de una metodología para el tratamiento y resolución de problemas públicos. La técnica, fue bautizada en castellano, aunque de manera inexacta, como políticas públicas. En esencia, el método propuesto por Lasswell, parte de la relación entre el gobierno y los grupos de ciudadanos organizados, como una forma, en donde ambos actores participan de los problemas y las alternativas.
En otras palabras, la técnica busca construir una agenda de gobierno compartida en responsabilidades, porque no es solamente el gobierno quien decide y resuelve problemas, sino que también los ciudadanos, participan en conjunto de las problemáticas y su solución. De cierta manera, se trata de la incorporación de los ciudadanos en el proceso decisorio del gobierno, siempre en campos pequeños y limitados, como la colonia, la comunidad, la escuela, el gobierno local. Pero ¿es aplicable este esquema en México, donde nuestra cultura política es precaria y contradictoria, pobre e incipiente? Más aún, ¿existen casos exitosos o ejemplos de políticas ciudadanas en nuestro entorno inmediato?

Sin caer en entusiasmos y efímeros optimismos, la respuesta es sí. Y casi, habrá que escribirlo con mayúscula, a pesar de las dificultades del entorno, las posibilidades de cambio, están sin lugar a dudas, en los espacios locales. Y para muestra, El Siglo de Torreón (24/03/09), dio cuenta en una de sus notas de la sección local, de qué manera los vecinos de la colonia El Fresno, lograron lo que parecía imposible: incidir en la agenda de gobierno para atender sus problemáticas específicas. El problema de los vecinos provenía de tiempo atrás, derivado de los ruidos generados por los antros que rodean la zona habitacional. Hartos del problema, intentaron por una y otra vía cambiar la situación. Ni los desplegados en la prensa, ni las peticiones al Ayuntamiento rindieron frutos.

Tras los infructuosos intentos, los propios vecinos, representados por Enrique Peña, presidente de la Asociación de Colonos, fueron autocorrigiendo la ruta para resolver el problema. Decidieron recurrir a su representarte popular, el diputado federal Carlos Bracho, a quien expusieron el problema, para luego exigirle en su participación legislativa, que llevara al Congreso la propuesta de actualización de la norma que regula el ruido. Así los vecinos, entendieron que al cambiar las reglas del juego, podrían entonces, incidir en el bienestar de su comunidad inmediata. La propuesta ciudadana para actualizar la obsoleta Norma Oficial Mexicana 081 (aprobada en 1994), se refiere a la regulación de los ruidos con la finalidad de mejorar el bienestar de las personas y del medio ambiente.

El punto de acuerdo, donde el diputado, dirigido por los ciudadanos, expresó así el problema: “El primer aspecto importante que deberá ser sujeto de revisión está en el campo de aplicación de la norma, donde se incluyen en una sola categoría a la pequeña, mediana y gran industria, comercios establecidos, servicios públicos o privados y actividades en la vía pública sin establecer diferencia alguna entre la amplia gama de actividades que se mencionan, mucho menos una distinción clara expresada en decibeles de los límites de emisión de ruido para cada una de las categorías. No se debería evaluar con el mismo criterio ni con la misma escala, el ruido que produce una fábrica instalada en una zona industrial durante la jornada de trabajo, que una cantina con música en vivo enclavada en los límites de una zona residencial y operando en horario nocturno permitía hasta 65 decibeles en espacios habitacionales, cuando el parámetro internacional de la Organización Mundial de la Salud (OMS), establece 40 decibeles”. El interés ciudadano fue plasmado en el legislativo el 8 de abril de 2008, donde se exhortó al Ejecutivo Federal actualizar la norma. Finalmente este mes, lo ciudadanos organizados lograron que la Cámara de Diputados aprobara la iniciativa.

Sin bloqueos de calles, ni afectaciones a terceros, los colonos lograron, de manera civil y sin violencia, recurriendo a los caminos institucionales establecidos, pero poco utilizados, incidir en la vida pública de su entorno inmediato; pero también, con su iniciativa, beneficiarán a los demás ciudadanos en el país. Entonces, el impacto de la política pública, trascendió más allá de un problema particular en una colonia de Torreón.

Varias lecciones nos quedan de esta valiosa experiencia: 1) Si se lo proponen, los ciudadanos organizados civilmente, pueden transformar para bien su entorno común; 2) Una participación responsable exige cuentas a sus gobiernos, como una clara forma de asumir su corresponsabilidad; y 3) Los cambios profundos en nuestra vida pública, o al menos sus posibilidades, tendrán que venir de abajo hacia arriba, porque de arriba hacia abajo, dejó de funcionar hace mucho tiempo.

sábado, 25 de octubre de 2008

Cheque en blanco


A la luz de los resultados, unos predecibles, otros sorprendentes y la mayoría apabullante, el proceso electoral de la semana pasada que vimos en Coahuila, dejó lecciones interesantes, pero también signos preocupantes en el presente político.
Como ya es noticia de todos, el PRI se reafirmó nuevamente como la maquinaria electoral más eficiente de Coahuila, del país. Nos guste o no, el Revolucionario Institucional es la fuerza política del país con mejores resultados electorales, incluso capaz de sobreponerse a su notable (auto)desprestigio. Lo que vimos en Coahuila el domingo, fue en general normal, en el sentido de que la mayoría de la representación popular la tiene y la tenía desde antes el PRI en el Estado. Lo que sí rompió con la tendencia, fue que el PRI logró desplazar, debo decir, “arrasar” con los distritos electorales de Torreón, tradicionalmente asociados al bastión azul. Tan sólo para dimensionar la elección, el triunfo del PRI en Torreón fue desde 2 a 1 hasta 4 a 1 de diferencia con el PAN.
Mientras que a nivel Estatal los votos del PAN comenzaban en un rango de mil a 10 mil, los del PRI iniciaron en 16 mil, es decir, siempre arriba, hasta los 30 mil. Dentro de las diferentes causas y razones para explicar la quiebra del PAN, hay una central: el voto de castigo hacia la administración panista de José Ángel Pérez. Aunque el alcalde ha negado que así sea, es posible que él se refiera a otros comicios, a otra elección en otro estado, pero no a la del 19 de octubre en Torreón, donde se inscribió una calificación contundente que evalúa el desempeño de su gobierno. Si bien, existía desde tiempo atrás la percepción en muchos ciudadanos de que el desempeño de la administración no era adecuado, cito sólo dos ejemplos paradigmáticos: la controversia constitucional y las crisis en la Dirección de Seguridad Pública. La verdadera dimensión del rechazo y desaprobación de la administración lo pudimos conocer en números el domingo. Fue a través de la elección donde el electorado expresó su reprobación votando por el PRI y también no votando, puesto que seis de cada cuatro votantes no ejerció su derecho.
En lo personal, al revisar la tendencia histórica de los triunfos del PAN en Torreón, supuse erróneamente que el blanquiazul podría ganar uno o dos distritos, sin embargo las encuestas de Mitofsky y Demotecnia de María de las Heras, anunciaban con claridad el “carro completo”. Consecuentemente, pudimos conocer la real dimensión de ese rechazo.
No obstante, el voto de castigo debe interpretarse en el mismo sentido cuando el electorado castigó en el pasado al PRI. Lo que tenemos desde hace más diez años cuando triunfó por primera vez el PAN en Torreón, es en realidad una alternancia entre un partido y otro, pero no una permanencia inamovible de uno. Más que priístas y panistas, los votantes aprueban o rechazan gobiernos en función de los resultados. Pareciera obvio, pero desde el poder se olvida fácilmente que la mejor carta que tiene un gobierno frente a los ciudadanos, es la calidad de los resultados. Si algo heredó el actual alcalde de su antecesor de partido, Guillermo Anaya, fue una aprobación razonable de su gobierno, y por lo tanto, un buen aval ciudadano.

Otra de las causas que terminó por minar al PAN, fueron los conflictos internos. Al respecto, hace cuatro meses escribí en este mismo espacio editorial lo siguiente:
“A veces la historia puede ser aleccionadora. El PAN de Coahuila aparece así más esforzado en sus conflictos internos, que en competir hacia fuera. Mientras el PRI afianza su músculo en todos los rincones del estado, el PAN se ensaña contra si mismo. La elección interna del sábado es importante, pero más lo son las de afuera. El próximo 19 de octubre, cuando se renueve el Congreso local, tendremos un buen indicador que anuncie la capacidad electoral de ese partido para el 2009. Entre tanto, lo que está en juego es una débil representación para la salud de un sistema de pesos y contrapesos (21-VI-2008)”.

Finalmente, este es el punto al que quiero llegar, no queda duda de que el gran ganador de las elecciones fue el PRI, sin embargo, el posicionamiento actual de ese partido en el Congreso, hace recordar las épocas del partido hegemónico. Ganar 20 de 20, más una curul extra por asociación, reafirma al PRI en una posición absoluta, tal y como lo anunciara el historiador inglés Lord Acton: el poder tiende a corromper, y el poder absoluto, corrompe absolutamente.
Tiene razón el líder del PRI, Rubén Moreira, cuando argumenta que la ciudadanía favoreció al tricolor con más de 400 mil votos, un 59% del total emitido. En otras palabras, el electorado entregó un cheque en blanco al PRI: ¿Qué nos garantiza que será bien empleado? ¿Y si no es así, a qué contrapeso recurrir si el dominio está concentrado en un actor dominante?

25 de octubre 2008
El Siglo de Torreón

sábado, 18 de octubre de 2008

Salir a votar


Sin muchas propuestas, sin muchas ideas de nuestros candidatos, llegamos por fin a la parte final del proceso electoral en Coahuila. Para algunos, sobre todo, para la elite del poder que encarnan los partidos políticos, el domingo 19 de octubre será crucial para la composición de sus intereses; para otros, simplemente, las elecciones serán un trámite más o una fecha irrelevante que encuentra su mejor expresión en el abstencionismo.
¿Cuántos coahuilenses con derecho a voto saldrán a votar? ¿Qué puede motivar a más de un millón ochocientos mil electores para que el domingo vayan a votar? Formulemos de otro modo la pregunta: ¿por qué la gente no sale a votar?

No es difícil anticipar un pobre panorama de participación ciudadana, a pesar del optimismo del árbitro electoral, Jacinto Faya. De entrada, los comicios se presentan con la novedad de ir “solos”, es decir, sin estar acompañados de elecciones de presidentes municipales y gobernador, por lo tanto, el interés sobre el proceso es menor. Por otro lado, no hay que olvidar que el mayor desprestigio público que carga un sujeto en este país, se concentra en la figura del político, especialmente el diputado. Y no sin razón, la mayoría de los ciudadanos desprecia esta figura, no sólo la considera oportunista y rapaz, sino alejada de todo interés público. Durante tres ediciones, la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas (ENCUP) ha medido la opinión de los ciudadanos, demostrando que el nivel de confianza más bajo está en los legisladores. Dicho de otro modo, en quienes menos confían los mexicanos, aún por debajo de los policías, lo cual es mucho decir en la crisis de inseguridad que vivimos, es en lo diputados. ¿Tendrían motivos los ciudadanos para salir a votar por estos individuos que se ostentan como representantes populares?

Más bien, lo que vamos ver, como en otras elecciones, es que el nivel de participación es bajo, y no supera la tercera parte de la población registrada para votar. Lo que reina por el contrario, es el abstencionismo, y más que condenarlo, debemos interpretarlo como un rechazo casi en automático de ese gran número de votantes que no creen en la política, no les interesa y tampoco consideran relevante ese mundo para sus vidas. La cuestión del abstencionismo se explica mejor por la cultura política del país. Es bien sabido que sólo 1 de cada 6 mexicanos se interesa de alguna manera por la política, y que solamente 3 de cada 10 se organiza para participar por un beneficio en común (ENCUP: 2005). En otras palabras lo mexicanos somos pocos solidarios e interesados en la vida pública como espacio común de convivencia. De ahí que la abstención sea una expresión congruente con la cultura. Al mismo tiempo debe entenderse como un voto del no voto. No votar es un derecho en una democracia y también es una expresión del poco interés que tenemos por la cosa pública.

Ahora bien, si observamos las costumbres de los jóvenes, veremos que ellos no les “llama” la política, pues sólo 4 de cada 10 jóvenes está dispuesto a votar en las elecciones. La cifra resulta estrepitosa cuando sabemos que el 83% de los jóvenes les interesa poco o nada la política, porque es un mundo ajeno a ellos, concluye la Encuesta Nacional de Juventud, 2005.
A pesar de que no encuentro muchos argumentos para defender a los legisladores, pienso que debemos salir a votar, pero al mismo tiempo, pienso que tenemos que alentar canales más eficientes y modernos de participación, que el simple voto. La vida política en democracia es mucho más amplia que el derecho a votar libremente, exige ciudadanos que ejercen derechos, pero que también asumen obligaciones. Exige ciudadanos dispuestos a colaborar e incidir en el gobierno (lo que se ha llamado gobernanza); y desde luego ciudadanos dispuestos a cuestionar y llamar a cuentas a através de los mecanismos establecidos. Para muestra cito un ejemplo: ¿cuántos de nosotros hacemos valer nuestro derecho a la información? ¿Cuántos exigimos saber cómo se gastó tal dinero público o cómo se tomó una decisión gubernamental?
Entonces, en vez de apostarle todo al voto, necesitamos alentar vías más adecuados de participación y utilizar la que ya existen.

Por lo pronto, el domingo veremos, un refrendo general del dominio priísta en el Estado, ahí no habrá novedad que merme la hegemonía tricolor. Para el caso de los cinco distritos de Torreón, que concentran más de 400 mil electores, podremos leer el resultado como una aprobación o rechazo, según sea el caso, de los diputados panistas que actualmente representan cuatro de los cinco distritos en el Congreso. El pronóstico del alcalde José Ángel Pérez es tres a favor y dos en contra. En el PRI de Rubén Moreira, con encuestas en mano, esperan el “carro completo”.
Prefiero no adelantarme más y esperar los resultados preeliminares de la elección, mismos que podrán ser consultados en la página del Instituto Electoral, www.iepcc.org.mx.

18 de octubre, 2008
El Siglo de Torreón

lunes, 11 de agosto de 2008

¿Competencia?

El Diccionario de las autoridades (RAE) define competencia como la disputa entre dos o más personas. Sin lugar a dudas, la modernidad política del PRI en Coahuila, expresa su definición particular. Desde Salvador Hernádez Vélez, hasta Fernando de las Fuentes, los priistas entrarán a "competir" por la candidatura a una diputación local. Sólo ellos, sus nombres y sus egos competirán. En otras palabras, se trata candidatos únicos.

domingo, 3 de agosto de 2008

425 mil

Se acercan las onerosas campañas electorales del 19 de octubre. Como parte de la reforma electoral, las pautas publicitarias no podrán ser contratadas directamente por los partidos políticos, ni tampoco por los particulares. Esto con la finalidad de transferir el monopolio de los medios a los partidos. Por lo pronto, Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Coahuila (IEPC) en colaboración con el IFE, acordaron la distribución de la pequeña suma de 425 mil 831 spots por espacio aproximado de 30 segundos durante la programación de 91 estaciones de radio y 36 canales de televisión en Coahuila.