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miércoles, 7 de marzo de 2012

Por sus diputados los conoceréis

Lo más llamativo de la próxima elección es la contienda presidencial. La mayoría de las notas se dedican a esos candidatos. Que si las lecturas de uno, que las encuestas del otro o el amor que vendrá. Igualmente las discusiones y las tendencias se centran en los aspirantes a la silla presidencial. Pero desde finales de los noventas (del siglo pasado), el Congreso ha sido un actor fundamental en los cambios y sobre todo, en la permanencia de un obsoleto sistema político. Más que los presidentes, son un cúmulo de diputados y senadores los que deciden el rumbo del país. Por lo mismo, la importancia de los comicios en julio, está en los congresistas que habremos de elegir. Ya de alguna manera los candidatos propuestos hablan de los partidos. Al mismo tiempo, sería un despropósito descalificar a un partido entero por una persona, pero no podemos negar que las personas dicen mucho de los partidos que los proponen.

Así, mientras el PAN insiste en que es la mejor opción para seguir gobernando el país, envía al tristemente célebre Fernando Larrazábal como candidato a diputado. Es cierto, un diputado no es todo el partido, pero ¡cómo lo marca! El alcalde de Monterrey fue premiado por su partido con el primer lugar en la lista de plurinominales por Nuevo León. Atrás quedó esa historia de su hermano, el “exitoso” quesero que paseaba puntualmente por los casinos. De esa manera, el presidente del PAN, Gustavo Madero, avaló la candidatura del dudoso alcalde de Monterrey. Una pena para la ciudad que solía ser paradigma de trabajo y esfuerzo.


Pero en todos lados se cuecen habas. En el PRI, tan sólo por citar un ejemplo, volvieron a postular entre los primeros lugares al senado, al líder del sindicato petrolero, Carlos Romero Dechamps. Sí, el mismo que colaboró en aquel escandaloso desvío de recursos de Pemex para la campaña del PRI en el 2000. Por supuesto que esa cifra, unos mil millones de pesos, es nada en comparación a la de Coahuila; hasta la fecha sin responsables y varios “desaparecidos”.


En el PRD, al menos ya rectificaron la candidatura por la vía plurinominal de Ethan Peña, quien en las redes sociales presumía una “uzi” 9 milímetros. Si bien, estas honorables candidaturas no representan el todo de los partidos, sí nos dicen mucho de sus dirigencias y la tolerancia a la corrupción. Con candidatos así, el día de mañana no nos sorprendamos.



7 de marzo 2012
Milenio http://impreso.milenio.com/node/9125080

sábado, 12 de diciembre de 2009

Bienvenida la reelección


Mito, tabú, aún así, el tema de la reelección en México no pude ignorarse ni tampoco aplazarse más. Máxime por tratarse de un tema que puede posibilitar la rendición de cuentas, el profesionalismo en la política e incluso, una relación distinta entre políticos y ciudadanos. No obstante, a la población en general el tema no le gusta, en buena medida por la calidad de políticos y sobre todo, por la desgracia de los resultados. ¿Quién en su sano juicio quisiera reelegir a muchos de los políticos que tenemos? Pero me temo que este rechazo proviene de un educación oficialista, producto del régimen posrevolucionario que elevó al pedestal una frase actualmente hueca: “Sufragio efectivo no reelección”.

Si algo debemos desmontar, deconstruir diría el filósofo argelino Jacques Derrida, son esos mitos que heredamos de la “Revolución”. Como escribieron recientemente Héctor Aguilar Camín y Jorge Castañeda, “México es preso de su historia” porque "nos sobra pasado, pero nos falta futuro”.

Así, mucho antes que Francisco I. Madero tomara la causa política de la “no reelección” para Presidente de la República, Porfirio Díaz luchaba por el mismo fin, acaso porque otro presidente en el poder, Benito Juárez, no dejaba la silla tan deseada. A Juárez ni el viento lo movió de la presidencia, cargo que ejerció durante 14 años consecutivos hasta que eso sí, le llegó la muerte. Esto sumó más del doble de tiempo que su “Alteza Serenísima”, Antonio López de Santa Anna, quien fue y vino de la presidencia –en once ocasiones–, como quien va al supermercado. El problema de la duración del poder fue resuelto hasta 1929 con la creación del Partido Nacional Revolucionario (ahora PRI), a fin de frenar los asesinatos entre los aspirantes. Sin embargo, esta limitación terminó con los años, por extenderse a otros cargos de elección popular como diputados, senadores y presidentes municipales. Al final, esta limitación terminó por inhibir también el derecho de los ciudadanos para llamar a cuentas a sus gobernantes.

Para fines prácticos, nuestro sistema político permite votar, pero sin recibir a cambio ninguna garantía o mecanismo de control sobre los representantes a quienes otorgamos el poder. Esto es tanto como comprar un producto en el mercado, y no recibir ninguna garantía o factura que ampare un defecto o una devolución si la mercancía está dañada o es claramente insatisfactoria. Por lo tanto, el votante está impedido a reclamar, a llamar a cuentas al político.
El voto se convierte así en un boleto de ida que no tiene regreso, ni garantía. De esa manera, la relación actual entre los políticos y los ciudadanos es desigual porque legalmente así está instituida. Y si no rinden cuentas, es porque no está establecido en ningún mecanismo que permita a los votantes apremiar o castigar a los políticos. Se tendría que transformar la relación para producir otros efectos.

En este sentido, durante la ceremonia por su tercer año de gobierno en Palacio Nacional, el Presidente Felipe Calderón propuso la reelección de legisladores y de alcaldes en todo el país, “para obligarlos a una rendición de cuentas”. Además, habló de impulsar la participación de la sociedad a través de figuras como la iniciativa ciudadana, el referéndum, y la posibilidad de participación en los procesos electorales “sin rigideces”. ¿Se referirá a las candidaturas ciudadanas?

El sistema político actual no puede producir los efectos deseados en la ciudadanía por la sencilla razón de que no fue dispuesto para empoderar a los votantes. Si queremos obtener otro resultado, será necesario cambiar las reglas de juego, donde entonces sí, el ciudadano no sea un mero observador, sino un auténtico partícipe con el poder de elegir, pero también de castigar.
Países como Chile, Argentina, Brasil, Uruguay y hasta El Salvador, han incorporado en sus sistemas electorales la reelección como una forma de representación inclusiva, sujeta a que el ciudadano pueda evaluar si su representante popular realizó un buen trabajo o no. Sólo de esa manera, los representantes populares estarían siendo responsables directos ante el ciudadano y no solamente ante las complacientes dirigencias partidistas.

Al respecto, el poderoso senador Manlio Fabio Beltrones ha expresado textualmente su interés por impulsar estas reformas políticas, pero al igual que lo propuesto por Calderón, no se ve claro para cuándo. De concretarse una reforma de esta naturaleza, estaríamos dando un paso para transformar las tan deterioradas relaciones entre políticos y ciudadanos.
Si bien, una reforma así no es la panacea y mucho menos la solución al decoroso comportamiento de los políticos, sí estaría enfocada a generar productividad y buen desempeño, bajo un esquema de incentivos entre representante y representado. Ojalá pronto podamos ratificar o reprobar el trabajo de nuestros políticos, puesto que ya es hora de regresar el poder a los ciudadanos.

El Siglo de Torreón
12 de diciembre 2009

twitter.com/uncuadros

sábado, 7 de noviembre de 2009

Ahora sí

Ahora sí nos dicen nuestros políticos, el año que entra vendrá la verdadera reforma, la necesaria, la profunda, la de largo alcance. Ahora sí se podrán de acuerdo y discutirán con tiempo para construir los cambios que requiere el país. La promesa parece razonable, se escucha convincente e incluso sugiere que ahora sí hablan en serio. De pronto, tras avanzar con la aprobación de la Ley de Ingresos (ley donde se fijaron los impuestos), los legisladores se iluminaron para luego reconocer que lo aprobado no era lo deseable pero sí lo posible, al fin, el año que entra, el del peregrino Bicentenario, saldrá la “reforma” buena aseguran. Pero no perdamos de vista lo que declararon los principales actores políticos, a fin de no caer en las promesas prometeicas que cada fin de año ocurren.

Después de avalar por unanimidad el paquete fiscal, César Nava, el líder panista que naufragó en sus palabras, aceptó: "No creo que haya nadie satisfecho con un paquete de esta naturaleza, y es por eso que estamos convencidos de la importancia de una reforma fiscal de fondo que implique cambios profundos". La medianía, el punto de conformismo lo lleva a asumir que "por ahora tenemos un paquete fiscal y cumple con la expectativa para el 2010”.

Por su lado, el priista Francisco Rojas no ocultó su vocación salvadora: “En el PRI sabemos que el crecimiento será insuficiente, pero también que las tareas básicas del Estado podrían estar en riesgo si no dotamos al gobierno de elementos presupuestales indispensables... con la aprobación de los nuevos impuestos no sólo se salvó un plan fiscal y se garantizó la viabilidad de las finanzas públicas y de la economía nacional, sino se salvó al Estado mexicano de un grave riesgo”. Manlio Fabio Beltrones, el poderoso senador priista enarbola un discurso digno de todo hombre de Estado, con la salvedad de que se trata de una postura personal, por eso propone bajar el Impuesto Sobre la Renta de 30% a 25. Según declaró sobre el Impuesto al Valor Agregado: “La tasa de 16% es muy alta, debería ser de 12% pero que todos paguen. Esto identificando en que no existan excepciones y que se genere una canasta básica de alimentos, pero que sea generalizado el impuesto al consumo al 12 por ciento”.

Luego el Presidente Felipe Calderón reconoció la aprobación del paquete fiscal, pero al mismo tiempo hizo un llamado, como en otras ocasiones, para hacer los cambios de fondo, los mismos que él no ha logrado impulsar. Quizá por eso afirmó: “Quiero convocar a los actores económicos, políticos y sociales de México a que por la vía del diálogo y del entendimiento acordemos la ruta económica que nos permita acelerar el crecimiento y el empleo. Que construyamos a fondo, a través del diálogo, un pacto, un verdadero pacto por el empleo en el País y por el crecimiento de nuestra economía, que discutamos entre actores económicos, legisladores, Gobierno, Gobernadores, cuál es la ruta que nos permita hacer de la economía mexicana la economía que queremos que sea: moderna, competitiva y generadora de empleos".

Pero en el fondo, sea el PAN, el PRI, el Presidente o el casi jefe de Gabinete, el senador Beltrones, el tema de los impuestos en México seguirá siendo un tema de inequidad, donde el Estado y por lo tanto, quienes deciden, no cuentan con incentivos para romper con el corto plazo, con lo políticamente incorrecto (IVA en medicinas y alimentos), con los privilegios y otras distorsiones en la economía Mexicana. Difícilmente podría producirse un efecto diferente con las reglas del juego actuales. La tan deseada “reforma profunda” que tanto pronuncia últimamente el Presidente, no parte del terreno fértil de los ciudadanos para luego regresar a ellos, sino que simplemente trata de llevar las cosas, de tal manera que no se muevan mucho.

Por eso, no es extraño que las encuestas de percepción realizadas a los ciudadanos mexicanos no se pierden en la opinión, sino corroboran la realidad del gobierno. Por ejemplo, la encuesta de Reforma publicada el pasado 27 noviembre, registró con claridad la percepción de los mexicanos con respecto al tema de los impuestos. La mayoría, es decir, el 80% de los mexicanos no considera que el gobierno haga buen uso de sus impuestos. Más lapidario aún es el 88% de la población que lejos de pensar que los impuestos benefician a la gente, percibe se utilizan para privilegiar a unos cuantos. Y esa señal fue ratificada nuevamente por el poder legislativo al ceder ante los intereses fácticos de una televisora capaz de borrar a los políticos presidenciables.

El regalo de poco más de cinco mil millones de pesos se consumó al reformar la Ley Federal de Derechos, donde se regula el espacio radioeléctrico que concesiona el Estado mexicano. Al regalar esos impuestos a las futuras concesionarias de celulares, los legisladores mandan la señal a los ciudadanos que a unos sí se les incrementa los impuestos y a otros simplemente los exenta. Nuevamente estamos en ese círculo vicioso donde la diferencia es visible para los ciudadanos de primera y de segunda, donde el colofón es el privilegio para unos cuantos en detrimento de muchos. En eso consisten los incentivos de nuestras instituciones, mientras no exijamos un cambio de reglas, los resultados serán los mismos.

7 de noviembre

El Siglo de Torreón