Mapa electoral
Mostrando entradas con la etiqueta reelección. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta reelección. Mostrar todas las entradas
miércoles, 7 de noviembre de 2012
lunes, 12 de marzo de 2012
Resquebrajar el sistema político mexicano
Primero vienen a pedir el voto y luego se van. Así son muchos de nuestros políticos. Por eso la historia nos resulta conocida: políticos que abandonan el cargo para buscar otro. Políticos que en busca de alargar su carrera, truncan administraciones públicas. Políticos que ante la falta de incentivos, crean sus propios atajos para ir por otro puesto. Ahí están los alcaldes que avientan el cargo por una diputación o senaduría. Senadores que quieren ser gobernadores. Diputados que saltan del Congreso para ser alcaldes. No estoy en contra de las carreras políticas, pero no hay de otra en el sistema político mexicano.
La continuidad está atada perversamente al abandono del cargo público. Sin instrumentos como la reelección (anulada en 1933), los representantes populares optan por solicitar “licencia”. De esa manera, ante la ausencia de la reelección, pedir licencia se ha vuelto una práctica común y casi incuestionable. Es el mejor camino para los políticos, pero también el peor para los ciudadanos porque no hay rendición de cuentas ni nada que ligue la responsabilidad del voto con el representante. Una vez que un político es electo, éste puede hacer casi lo que le venga en gana. Ejemplos sobran.
Por eso, el inédito caso de la alcaldesa Ivonne Álvarez, de Guadalupe, Nuevo León, puede sentar un precedente nacional que rompe la cómoda normalidad de abandonar los cargos constitucionales en el país. A grosso modo narro el caso. La alcaldesa abandona su cargo, o para decirlo con eufemismo, “el cabildo le concede licencia”, a fin de que ella llegue al senado. En esa lógica, ¿qué más da romper las promesas de campaña, entre ellas, no dejar el cargo y concluir el periodo completo? Los hechos habrían ocurrido con normalidad, si no fuera por una joven abogada, Dinorah Cantú, que interpuso un amparo contra el abandono del cargo de la alcaldesa. Argumentó que en la solicitud de licencia realmente no había motivos para dejar la presidencia. El argumento hizo eco en el Tribunal, y finalmente revocó la decisión del cabildo, lo que obligó a la alcaldesa a regresar a su cargo
.
“Estoy muy indignada” respondió la alcaldesa al conocer el fallo del Tribunal. El síndico del ayuntamiento, José Garza, fue más allá en su defensa de abandonar los cargos: “Están atropellando nuestros derechos constitucionales… el Tribunal no consideró que esto puede dejar un precedente, y bien puede resquebrajarse el sistema político mexicano y puede tener consecuencias de (sic) afectar la paz social”. Concluyó el cínico, perdón síndico: “el sistema político mexicano está en juego”.
Pero la indignada defensa no consideró nunca a los ciudadanos, sino solamente las particularísimas aspiraciones de los políticos, que eso sí, suelen presentarse al servicio de la gente. Si este amparo sienta un paradigma, entonces demos la bienvenida al resquebrajamiento del sistema político. Un sistema por demás obsoleto y esclerótico. En otras palabras: el viejo régimen que el PAN desde el poder no quiso ni supo desmontar. Si el cambio no viene de la clase política, entonces la hora es de los ciudadanos. A pesar de las carencias de nuestra democracia, los ciudadanos todavía tenemos al alcance la denuncia, la discusión pública, el amparo, el acceso a la información para catalizar el resquebrajamiento de sistema político. El esquema actual no puede ofrecer otros resultados, desde hace tiempo que caducó. Por eso resulta vital para nuestra democracia empujar por diferentes caminos la rendición de cuentas.
Actualmente muy poco nos protege a los ciudadanos contra los políticos que avientan el cargo en busca de otro. El camino abierto en Nuevo León puede ser la puerta a algo más grande que entonces sí, obligue a los políticos a un mínimo de responsabilidad en el gobierno. La indignada no es la alcaldesa, sino una parte de la ciudadanía que paulatinamente reclama su lugar. Si desea conocer más sobre el amparo, o incluso interponer uno contra su político local, busque en el sitio www.chapulinazonl.wordpress.com
11 de marzo 2012
Milenio http://impreso.milenio.com/node/9127256
La continuidad está atada perversamente al abandono del cargo público. Sin instrumentos como la reelección (anulada en 1933), los representantes populares optan por solicitar “licencia”. De esa manera, ante la ausencia de la reelección, pedir licencia se ha vuelto una práctica común y casi incuestionable. Es el mejor camino para los políticos, pero también el peor para los ciudadanos porque no hay rendición de cuentas ni nada que ligue la responsabilidad del voto con el representante. Una vez que un político es electo, éste puede hacer casi lo que le venga en gana. Ejemplos sobran.
La promesa de no abandonar la alcaldía. Fuente: El Norte
Por eso, el inédito caso de la alcaldesa Ivonne Álvarez, de Guadalupe, Nuevo León, puede sentar un precedente nacional que rompe la cómoda normalidad de abandonar los cargos constitucionales en el país. A grosso modo narro el caso. La alcaldesa abandona su cargo, o para decirlo con eufemismo, “el cabildo le concede licencia”, a fin de que ella llegue al senado. En esa lógica, ¿qué más da romper las promesas de campaña, entre ellas, no dejar el cargo y concluir el periodo completo? Los hechos habrían ocurrido con normalidad, si no fuera por una joven abogada, Dinorah Cantú, que interpuso un amparo contra el abandono del cargo de la alcaldesa. Argumentó que en la solicitud de licencia realmente no había motivos para dejar la presidencia. El argumento hizo eco en el Tribunal, y finalmente revocó la decisión del cabildo, lo que obligó a la alcaldesa a regresar a su cargo
.
“Estoy muy indignada” respondió la alcaldesa al conocer el fallo del Tribunal. El síndico del ayuntamiento, José Garza, fue más allá en su defensa de abandonar los cargos: “Están atropellando nuestros derechos constitucionales… el Tribunal no consideró que esto puede dejar un precedente, y bien puede resquebrajarse el sistema político mexicano y puede tener consecuencias de (sic) afectar la paz social”. Concluyó el cínico, perdón síndico: “el sistema político mexicano está en juego”.
Pero la indignada defensa no consideró nunca a los ciudadanos, sino solamente las particularísimas aspiraciones de los políticos, que eso sí, suelen presentarse al servicio de la gente. Si este amparo sienta un paradigma, entonces demos la bienvenida al resquebrajamiento del sistema político. Un sistema por demás obsoleto y esclerótico. En otras palabras: el viejo régimen que el PAN desde el poder no quiso ni supo desmontar. Si el cambio no viene de la clase política, entonces la hora es de los ciudadanos. A pesar de las carencias de nuestra democracia, los ciudadanos todavía tenemos al alcance la denuncia, la discusión pública, el amparo, el acceso a la información para catalizar el resquebrajamiento de sistema político. El esquema actual no puede ofrecer otros resultados, desde hace tiempo que caducó. Por eso resulta vital para nuestra democracia empujar por diferentes caminos la rendición de cuentas.
Actualmente muy poco nos protege a los ciudadanos contra los políticos que avientan el cargo en busca de otro. El camino abierto en Nuevo León puede ser la puerta a algo más grande que entonces sí, obligue a los políticos a un mínimo de responsabilidad en el gobierno. La indignada no es la alcaldesa, sino una parte de la ciudadanía que paulatinamente reclama su lugar. Si desea conocer más sobre el amparo, o incluso interponer uno contra su político local, busque en el sitio www.chapulinazonl.wordpress.com
11 de marzo 2012
Milenio http://impreso.milenio.com/node/9127256
jueves, 6 de octubre de 2011
El mito de la (no)reelección
Más allá de las pantallas, la publicidad y los spots ¿será Enrique Peña Nieto el político que México espera? ¿Hasta qué punto su estilo de gobernar hace la diferencia en relación a otros aspirantes a la presidencia de la República?
Siguiendo la tesis del estilo personal aplicada por Cosío Villegas, la formación de Peña Nieto y su entorno son claves para comprender su idea de política, su estilo de acción y lo que representa su candidatura. Varios libros abordan el tema (Los suspirantes, 2011; Los presidenciables, 2011). Recientemente, la discusión de la reforma política ha metido a diversos actores a debatir tenuemente, exponer ideas y mostrar su visión política para el país.
Hasta ahora, es significativo que los legisladores en la Cámara de Diputados, impulsaran una reforma sin el principal componente para la rendición de cuentas del legislativo: la reelección. En ese punto no se descubre el “hilo negro”, más bien hay una tendencia mundial en las democracias para utilizar la reelección como un mecanismo de rendición de cuentas. Se trata de ligar directamente el voto de los ciudadanos como premio o castigo a sus legisladores, a fin de romper el monopolio partidista. Con ese medio, los legisladores deben más su permanencia en el cargo a los votantes, que al partido.
Sobre el tema, el popular precandidato Peña Nieto, mostró su beneplácito porque los diputados del PRI acaban de quitar la reelección de la reforma política. Su posición es clara frente al tema. Para Peña Nieto la conveniencia de la reelección no le parece evidente. Advierte dos riesgos:
1) “podría estrechar de manera desmedida la relación entre grupos de interés económico y los representantes populares, lo que podría llevar a que el Congreso quedara capturado por un conjunto de intereses particulares que, además de desvirtuar la esencia de la representación popular, dificultarían aún más la construcción de acuerdos para reformas de gran trascendencia”;
2) perpetúa en “posiciones clave a los mismos actores sin permitir la renovación de los cuadros políticos”. Además “podría abrir la puerta, como ha sucedido en muchos países de América Latina, a conflictos políticos y tentaciones autoritarias”.
Con reelección o sin ella, los grupos de interés son parte de las democracias. Podrán ser acotados por el Estado, pero difícilmente encontremos una sociedad sin grupos que no busquen influir en la vida pública. Desde hace décadas que la reelección no aplica en nuestro país, pero eso no evitó la influencia perniciosa de grupos e intereses particulares.
Voy al segundo argumento. La renovación de los cuadros políticos no depende de si hay o no reelección, sino de la capacidad de los partidos para renovar a sus miembros en el poder. Más aun, la renovación refleja la capacidad de una sociedad para cambiar a sus grupos e individuos en el poder. Durante dos tercios del siglo XX, México vivió sin reelección legislativa y eso no impidió que un solo partido se perpetuara en el poder por más de 70 años.
En consecuencia, el tema de la reelección legislativa revela con claridad la visión e idea de política de Peña Nieto para el México del siglo XXI. Una visión del siglo pasado.
5 de octubre 2011
Milenio http://impreso.milenio.com/node/9038309
Siguiendo la tesis del estilo personal aplicada por Cosío Villegas, la formación de Peña Nieto y su entorno son claves para comprender su idea de política, su estilo de acción y lo que representa su candidatura. Varios libros abordan el tema (Los suspirantes, 2011; Los presidenciables, 2011). Recientemente, la discusión de la reforma política ha metido a diversos actores a debatir tenuemente, exponer ideas y mostrar su visión política para el país.
Hasta ahora, es significativo que los legisladores en la Cámara de Diputados, impulsaran una reforma sin el principal componente para la rendición de cuentas del legislativo: la reelección. En ese punto no se descubre el “hilo negro”, más bien hay una tendencia mundial en las democracias para utilizar la reelección como un mecanismo de rendición de cuentas. Se trata de ligar directamente el voto de los ciudadanos como premio o castigo a sus legisladores, a fin de romper el monopolio partidista. Con ese medio, los legisladores deben más su permanencia en el cargo a los votantes, que al partido.
Sobre el tema, el popular precandidato Peña Nieto, mostró su beneplácito porque los diputados del PRI acaban de quitar la reelección de la reforma política. Su posición es clara frente al tema. Para Peña Nieto la conveniencia de la reelección no le parece evidente. Advierte dos riesgos:
1) “podría estrechar de manera desmedida la relación entre grupos de interés económico y los representantes populares, lo que podría llevar a que el Congreso quedara capturado por un conjunto de intereses particulares que, además de desvirtuar la esencia de la representación popular, dificultarían aún más la construcción de acuerdos para reformas de gran trascendencia”;
2) perpetúa en “posiciones clave a los mismos actores sin permitir la renovación de los cuadros políticos”. Además “podría abrir la puerta, como ha sucedido en muchos países de América Latina, a conflictos políticos y tentaciones autoritarias”.
Con reelección o sin ella, los grupos de interés son parte de las democracias. Podrán ser acotados por el Estado, pero difícilmente encontremos una sociedad sin grupos que no busquen influir en la vida pública. Desde hace décadas que la reelección no aplica en nuestro país, pero eso no evitó la influencia perniciosa de grupos e intereses particulares.
Voy al segundo argumento. La renovación de los cuadros políticos no depende de si hay o no reelección, sino de la capacidad de los partidos para renovar a sus miembros en el poder. Más aun, la renovación refleja la capacidad de una sociedad para cambiar a sus grupos e individuos en el poder. Durante dos tercios del siglo XX, México vivió sin reelección legislativa y eso no impidió que un solo partido se perpetuara en el poder por más de 70 años.
En consecuencia, el tema de la reelección legislativa revela con claridad la visión e idea de política de Peña Nieto para el México del siglo XXI. Una visión del siglo pasado.
5 de octubre 2011
Milenio http://impreso.milenio.com/node/9038309
jueves, 21 de julio de 2011
Reelige o castiga
Fuente: http://www.reeligeocastiga.org/
Recién acabo de ver el breve documental “Reelige o castigar”. Como bien lo apunta su título, el documental tiene un objetivo claro y está centrado en un tema tabú para nuestra clase política: la reelección. Durante un siglo, “Sufragio efectivo, no reelección”, fue la fórmula mítica, casi sagrada del régimen político revolucionario. Lo que empezó como un rechazo a la eterna reelección porfiriana (sólo a nivel de presidente de la República), en 1933 terminó a manos de Plutarco Elías Calles en un cerco al poder legislativo. De esa manera, el poderoso presidente suprimió “convenientemente” el derecho de los ciudadanos para apremiar o castigar a sus senadores, diputados y presidentes municipales. En consecuencia, la decisión pasó a manos del Partido y actualmente, sigue en manos de Los partidos.
Nuevamente el tema de la reforma política resurge como una alternativa viable para oxigenar el vetusto régimen político. Pero si el tema regresa no es por un grupo de legisladores reformistas, sino por llamada de atención de un grupo de ciudadanos y también activos tuiteros. Se trata de una asociación civil conformada por profesionistas y académicos. La propuesta está abierta para los ciudadanos que desean exigir a sus diputados avanzar en la reforma del poder.
Un listado en la página de la asociación muestra a los diputados que se han pronunciado a favor de la reelección de legisladores y alcaldes. En el caso de Coahuila, sólo los diputados Jesús Ramírez Rangel y Tomasa Vives aparecen en la lista. ¿Y el resto? ¿Qué opina la mayoría priísta de Coahuila? En el caso de Durango, también dos diputados apoyan la propuesta: Laura Elena Estrada Rodríguez y Bonifacio Herrera Rivera.
Está claro que dejar la política a los políticos es riesgoso. Por lo mismo, la reforma donde se incluyó la reelección fue rechazada en su momento por los priista de la Cámara baja, a pesar de que el dictamen fue promovido por los senadores de ese mismo partido. Entonces se pretextó la increíble necesidad de ¡más tiempo! para revisar el tema.
En la crisis de legitimidad que viven los partidos políticos y las instituciones, hacer una reforma representa una alternativa viable al descontento, a la insatisfacción. Sin embargo, para los legisladores no hay prisa, para los ciudadanos sí.
Carlos Fuentes resumió el tabú de la reelección: “un miedo a la democracia”. ¿Por eso no le entran?
sábado, 19 de diciembre de 2009
La reforma del poder
¿Puede ser México de otra manera? ¿Los mexicanos podemos cambiar conductas tan recurrentes como negativas, entre ellas la corrupción? ¿Nuestros políticos pueden actuar de otra forma, ofrecer otros resultados de cara al ciudadano? ¿Acaso la ley se podría convertir en una referencia general y no un desprecio generalizado? ¿Debemos conformarnos con que “así somos y no hay remedio”? Al tono de pesimismo o en mejor de los casos, escepticismo acerca de las posibilidades para mejorar nuestra vida pública, bien vale releer la historia reciente para reconocer cambios favorables en nuestro país. Es cierto que tenemos muchos rezagos y carencias, pero al igual que nosotros, otros países han construido desde peores condiciones un futuro deseable. Corea del Sur, Irlanda, España, Chile e incluso Brasil son algunos ejemplos. ¿Cómo le hicieron esos países para ser exitosos, para salir del atraso?
Sin ánimo de agotar las explicaciones, ofrezco una referencia desde la aceptada y funcional teoría institucionalista, de la cual su principal exponente es el profesor Douglass North (premio Nobel de economía en 1993). En su libro Instituciones, cambio institucional y desempeño económico (1990), North escribió: “las instituciones son las reglas del juego en una sociedad, o más formalmente, son las limitaciones ideadas por el hombre que dan forma a la interacción humana. Por consiguiente estructuran incentivos en el intercambio humano, sea político, social o económico. El cambio institucional conforma el modo en que las sociedades evolucionan a lo largo del tiempo”.
Describo dos ejemplos que explica la teoría. El comportamiento de los legisladores está modelado por las instituciones, por lo tanto, su conducta refleja las mismas. De esa manera, si los diputados o senadores que emanan del poder público no regresan al público, al votante, es porque no hay realmente un puente formal que obligue a los primeros a regresar con los electores, es decir, no tiene inventivos formales para hacerlo. En este sentido si quisiéramos propiciar un cambio en el desempeño, pero sobre todo, en la relación entre legislador y ciudadano, tendrían que cambiarse las actuales reglas del juego. No hay nada obligue o incentive para bien, que un legislador regrese y rinda cuentas a su electorado, mucho menos tenemos una relación en la cual los electores podamos apremiar o castigar su trabajo.
Otro ejemplo común lo tenemos en la criminalidad, bien estudiada por el economista Gary Becker. En México, antes y después de la “guerra contra el narco”, el índice de impunidad alcanza hasta un 95%, en consecuencia los delincuentes tienen un alto grado de rentabilidad y un riesgo bajo de ser castigados, pues el entorno institucional es ineficiente y débil. Así, los incentivos a quienes delinquen son muy atractivos en la medida que reflejan el comportamiento (la reglas del juego) de las instituciones.
Si queremos políticos productivos y que podamos llamar a cuentas, si queremos una seguridad eficiente, una cultura de la legalidad, tenemos que cambiar el entorno institucional y el ejemplo que en la práctica de ahí deriva.
Por eso me parece positivo el debate abierto por el presidente Felipe Calderón al proponer al Congreso de la Unión una Iniciativa de Reforma Política en diez puntos. Y me parece positivo en dos sentidos: por un lado, ya no estamos hablando de discursos presidenciales, sino de una iniciativa en papel, la cual ya está propiciando un debate entre los diferentes actores políticos. Por otro lado, una reforma al poder de esta naturaleza estaría regresando poder a los ciudadanos para así incidir en la política. Detrás de esta propuesta, encuentro una sentida y añeja demanda para cambiar y acercar la relación entre políticos y ciudadanos.
Candidaturas ciudadanas, reelección en legisladores y presidentes municipales, disminución de diputados y senadores, segunda vuelta electoral, son algunas de las diez propuesta que contiene la iniciativa. Varios políticos han criticado que la iniciativa de reforma se queda corta, pero lo cierto es que a partir del documento la propuesta se puede mejorar y enriquecer. Ahí está por ejemplo la propuesta de Reforma del Estado publicada recientemente por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. También están las propuestas del senador Manlio Fabio Beltrones.
El debate está abierto y la oportunidad de avanzar en la reforma del poder abre las posibilidades de un cambio institucional importante, a fin de fortalecer al tan debilitado ciudadano.
twitter.com/uncuadros
sábado, 12 de diciembre de 2009
Bienvenida la reelección

Mito, tabú, aún así, el tema de la reelección en México no pude ignorarse ni tampoco aplazarse más. Máxime por tratarse de un tema que puede posibilitar la rendición de cuentas, el profesionalismo en la política e incluso, una relación distinta entre políticos y ciudadanos. No obstante, a la población en general el tema no le gusta, en buena medida por la calidad de políticos y sobre todo, por la desgracia de los resultados. ¿Quién en su sano juicio quisiera reelegir a muchos de los políticos que tenemos? Pero me temo que este rechazo proviene de un educación oficialista, producto del régimen posrevolucionario que elevó al pedestal una frase actualmente hueca: “Sufragio efectivo no reelección”.
Si algo debemos desmontar, deconstruir diría el filósofo argelino Jacques Derrida, son esos mitos que heredamos de la “Revolución”. Como escribieron recientemente Héctor Aguilar Camín y Jorge Castañeda, “México es preso de su historia” porque "nos sobra pasado, pero nos falta futuro”.
Así, mucho antes que Francisco I. Madero tomara la causa política de la “no reelección” para Presidente de la República, Porfirio Díaz luchaba por el mismo fin, acaso porque otro presidente en el poder, Benito Juárez, no dejaba la silla tan deseada. A Juárez ni el viento lo movió de la presidencia, cargo que ejerció durante 14 años consecutivos hasta que eso sí, le llegó la muerte. Esto sumó más del doble de tiempo que su “Alteza Serenísima”, Antonio López de Santa Anna, quien fue y vino de la presidencia –en once ocasiones–, como quien va al supermercado. El problema de la duración del poder fue resuelto hasta 1929 con la creación del Partido Nacional Revolucionario (ahora PRI), a fin de frenar los asesinatos entre los aspirantes. Sin embargo, esta limitación terminó con los años, por extenderse a otros cargos de elección popular como diputados, senadores y presidentes municipales. Al final, esta limitación terminó por inhibir también el derecho de los ciudadanos para llamar a cuentas a sus gobernantes.
Para fines prácticos, nuestro sistema político permite votar, pero sin recibir a cambio ninguna garantía o mecanismo de control sobre los representantes a quienes otorgamos el poder. Esto es tanto como comprar un producto en el mercado, y no recibir ninguna garantía o factura que ampare un defecto o una devolución si la mercancía está dañada o es claramente insatisfactoria. Por lo tanto, el votante está impedido a reclamar, a llamar a cuentas al político.
El voto se convierte así en un boleto de ida que no tiene regreso, ni garantía. De esa manera, la relación actual entre los políticos y los ciudadanos es desigual porque legalmente así está instituida. Y si no rinden cuentas, es porque no está establecido en ningún mecanismo que permita a los votantes apremiar o castigar a los políticos. Se tendría que transformar la relación para producir otros efectos.
En este sentido, durante la ceremonia por su tercer año de gobierno en Palacio Nacional, el Presidente Felipe Calderón propuso la reelección de legisladores y de alcaldes en todo el país, “para obligarlos a una rendición de cuentas”. Además, habló de impulsar la participación de la sociedad a través de figuras como la iniciativa ciudadana, el referéndum, y la posibilidad de participación en los procesos electorales “sin rigideces”. ¿Se referirá a las candidaturas ciudadanas?
El sistema político actual no puede producir los efectos deseados en la ciudadanía por la sencilla razón de que no fue dispuesto para empoderar a los votantes. Si queremos obtener otro resultado, será necesario cambiar las reglas de juego, donde entonces sí, el ciudadano no sea un mero observador, sino un auténtico partícipe con el poder de elegir, pero también de castigar.
Países como Chile, Argentina, Brasil, Uruguay y hasta El Salvador, han incorporado en sus sistemas electorales la reelección como una forma de representación inclusiva, sujeta a que el ciudadano pueda evaluar si su representante popular realizó un buen trabajo o no. Sólo de esa manera, los representantes populares estarían siendo responsables directos ante el ciudadano y no solamente ante las complacientes dirigencias partidistas.
Al respecto, el poderoso senador Manlio Fabio Beltrones ha expresado textualmente su interés por impulsar estas reformas políticas, pero al igual que lo propuesto por Calderón, no se ve claro para cuándo. De concretarse una reforma de esta naturaleza, estaríamos dando un paso para transformar las tan deterioradas relaciones entre políticos y ciudadanos.
Si bien, una reforma así no es la panacea y mucho menos la solución al decoroso comportamiento de los políticos, sí estaría enfocada a generar productividad y buen desempeño, bajo un esquema de incentivos entre representante y representado. Ojalá pronto podamos ratificar o reprobar el trabajo de nuestros políticos, puesto que ya es hora de regresar el poder a los ciudadanos.
El Siglo de Torreón
12 de diciembre 2009
twitter.com/uncuadros
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


