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domingo, 6 de enero de 2013

Ciudadanos ¿quiénes son?


Mal y de malas decimos sobre nuestros gobiernos, pero pocas veces reparamos que si algo reflejan los gobiernos que tanto criticamos, es a los ciudadanos. Entonces, ahí la cosa cambia. Ya no nos gusta tanto señalar, incluso no excusamos con el desinterés o la descalificación en automático: “allá la política, yo me dedico a lo mío”. Hacia el último tercio del siglo XIX, cuando al fin logramos estabilizar un gobierno y dar contenido al estado en México, se idealizó al ciudadano. Incluso, ingenuamente creímos que las leyes escritas como las mejores del mundo, harían al fin, un idílico ciudadano. Ni una cosa ni otra. No fuimos lo que imaginamos. Al respecto, busquen el fascinante libro de Fernando Escalante, Ciudadanos imaginarios, Colegio de México).


Fuente: Encup 2012

Sin embargo, lo que interesa es lo actual. ¿Cómo somos los ciudadanos en el México de hoy? ¿Cuál es nuestra expectativa sobre la política? ¿En quién confiamos? Desde hace varios años, la Secretaría de Gobernación promueve un amplio estudio sobre las prácticas, habilidades y hábitos políticos de la ciudadanía. Se trata de la Encuesta nacional sobre cultura política y prácticas ciudadanas, con ediciones para los años 2001, 2003, 2005, 2008 y 2012. La más reciente, con una muestra de 3, 750 casos, fue recién publicada en diciembre del año pasado. Retomo algunos datos.
Para la mitad de los ciudadanos en nuestro país, la política es un asunto muy complicado. Tanto, que a la gran mayoría, 65%, le interesa poco. En otras palabras, para bien o para mal, lo que suceda en la política que impacte sus vidas, ¡no le interesa! Por lo mismo, tenemos políticos tan cómodos que canalizan a su favor ese desinterés. Al contario, sólo 16% le interesa mucho la política. Prácticamente una minoría. Paradójicamente la democracia es un gobierno de mayorías, pero entre nosotros, nada más 18% tienen un conocimiento amplio de lo que sucede constantemente en el país.
Fuente: Encup 2012

¿Qué piensan los mexicanos de la democracia? 6 de cada 10 ciudadanos prefiere la democracia como forma de gobierno. Aunque a 21% le pareció que en algunas circunstancias es preferible un gobierno autoritario. No obstante, 51% se siente insatisfecho con los resultados democracia. Aun así, ya lo decía un famoso político inglés que le tocó luchar contra el nazismo, es el menos peor de los gobiernos.
Es un lugar común maldecir la política por asociación a la corrupción. Pero de cara al gobierno, 7 de cada 10 mexicanos en el país reconoce que los ciudadanos permiten que haya corrupción. ¿Más claro? El dato no sólo es abrumador, sino ofrece una imagen desnuda de los ciudadanos ante el espejo del gobierno. Otra vez, en una proporción similar, 73% afirma que los gobernantes cumplen poco la ley, pero ¿no será más bien reflejo de los ciudadanos que en esa magnitud también la incumplen? Por supuesto, la autocrítica no nos gusta.
Fuente: Encup 2012

En una escala del 0 al 10, todas las autoridades gubernamentales, desde diputados, jueces, presidentes municipales, gobernadores, partidos políticos y policía, están reprobados con 5 ¡y hasta menos! El descrédito es generalizado, y muchas autoridades han hecho todo lo posible porque así sea.
En cambio, la familia es la institución con más confianza entre los mexicanos (7.8 de calificación). Le siguen los médicos (6.6), los maestros (6.3), la iglesia (6.4) y todavía el ejército (6.1). Por supuesto, el estudio da para más. Les propongo abordar en otro texto, las capacidades cívicas para el cambio social. 
6 de enero 2013

Calendario político en Torreón

En este año, el día político más llamativo para Torreón, tendrá lugar el 7 de julio, cuando sucedan las elecciones para elegir alcalde. A fuerza de spots y propaganda será la fecha más llamativa, aunque sigo pensando, que la más importante políticamente, no es la renovación de la alcaldía, ni siquiera la victoria del PAN o la derrota del PRI, sino la construcción de valores cívicos. Asumir que “la” política se reduce a votos, es tener una visión estrecha de “lo” político. En ese sentido, en Torreón padecemos una costosa disfuncionalidad cívica, es decir, una ciudadanía incapaz de construir un espacio público más robusto y solidario.

En pocas palabras, nuestra marca cotidiana es la del “liberal salvaje”. Por eso no importa que la degradación del espacio común tenga su mayor fuente en los mismos ciudadanos. ¿Es necesario repetir que la basura en las calles refleja el comportamiento cotidiano de los ciudadanos? ¿Qué decir, cuando fácilmente exigimos derechos, pero ignoramos las obligaciones? O ¿les parece normal que un tercio de los automovilistas porten placas piratas?

En esos casos, la política es reflejo de los ciudadanos, aun y cuando expresen que no les interesa. Pero el mal de la inseguridad y la violencia han agravado ese círculo vicioso que alimenta la desconfianza, el miedo y un peligroso desprecio por la política.

A decir de Arnold Toynbee, 

el mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernador por personas que sí se interesan

Por lo tanto, más nos vale empezar por ahí. Tampoco pienso que todo está perdido. Más bien, en el cenit de la crisis, estamos llamados a reinventarnos. Hay grupos, organizaciones y asociaciones, aunque un tanto dispersos, que están trabajado por esa esperanza.

Casi sin ser percibidos, sin la publicidad de unas elecciones, están haciendo una mejor ciudad. No buscan, ni piensan: hacen.
Hace varios meses, cuando acudí a una enésima reunión con organizaciones civiles para conocer el diagnóstico y los índices delictivos de la Zona Metropolitana de La Laguna, la petición unánime de los ciudadanos coincidió en impulsar acciones para acrecentar valores cívicos.
Lo relevante no fue el diagnóstico de que estamos jodidos, sino potenciar acciones que cambien comportamientos, que hagan hábitos para los ciudadanos. Entonces, ¿es mucho pedir una campaña para respetar peatones? ¿otra más para la educación y convivencia vial? ¿qué les parece dignificar los barrios y las colonias de la ciudad?

Se trata de colaborar con pequeñas acciones de gran impacto en la ciudad. Para todas esas acciones los protagonistas no son, ni serán los políticos, los partidos o los gobiernos, sino esencialmente los ciudadanos.

Ya sabemos que de nuestros gobiernos inmediatos no podemos esperar actos de autoridad, porque hace tiempo que se esfumó la legitimidad. Por eso creo que el mayor compromiso tiene que venir desde abajo. Es decir, de los ciudadanos hacia el gobierno. Solamente así, para aspirar a mejores gobiernos, habría que hacer primero mejores ciudadanos. Es un difícil arte, pero no imposible.

4 de enero 2013 
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9168732 

domingo, 9 de septiembre de 2012

Ciudadanos Onappafa

Hace unos días la autoridades locales de Torreón y Coahuila, anunciaron otro operativo para ir contra los autos sin placas o irregulares. La escena se repite, la conocemos y en consecuencia actuamos. Esa parece ser la premisa detrás de cada operativo para sancionar a los conductores de automóviles irregulares. Como en tantos otros aspectos cotidianos, el asunto de las placas revela en mucho el peso de los valores cívicos en la ciudad. Una obligación tan común para muchos, muestra en dos sentidos, la relación entre ciudadanos y gobierno. Por un lado están los ciudadanos que responden a incentivos. Por otro, el gobierno que emite esos incentivos.

Veámoslo desde el duro tema de la seguridad. Se dice que hay necesidad de orden y legalidad en las placas para contribuir a la seguridad en la ciudad. ¡Y la situación no exige menos! Pero además del operativo del gobierno, ¿cuál es el comportamiento de los ciudadanos? Si bien hay un número bien extendido de ciudadanos cumplidos, hay otro tanto que fija sus propias reglas. Enumero tres: están lo que portan placas piratas de organizaciones Onappafa y compañía. Por cierto, cada vez más son lo que utilizan esas “placas” en autos mexicanos, e incluso para modelos recientes. Luego debemos sumar a los que “astutamente” se amparan contra el impuesto (recomiendo ampliamente ver el texto de Gerardo Esquivel: Elogio de la tenencia y el mito del impuesto vehicular ligado a las Olimpiadas). Y finalmente están lo que ni siquiera portan placas. Para fines prácticos podemos llamarlos ciudadanos onappafa, porque al fin los tres han encontrado la salida para los obligaciones ciudadanas. Han sabido librarse de la ley. ¿Acaso representan la tercera parte de los vehículos en la ciudad o ya son la mitad?

Ante el operativo, uno pensaría que ahora sí el gobierno va meter orden. Sin embargo, bajo la presunción de que se trata de otro operativo más, los ciudadanos onappafa saben bien que siempre habrá forma de darle la vuelta a las obligaciones. Si el gobierno aprieta, entonces las organizaciones presionan hasta hacer de los operativos, un esfuerzo irrelevante. Al mismo tiempo un gobierno que renuncia a sus deberes termina por alimentar el círculo vicioso. Lo grave del asunto es que en la calles siempre habrá, bajo esas reglas del juego, motivos para doblar la ley. Entonces ¿tendríamos que sorprendernos de la inseguridad que nos agobia?

Si como en otras ocasiones las autoridades sólo actúan por unos días, el resultado será la consolidación de los ciudadanos onappafa. Esos que exigen derechos, pero rehúyen obligaciones. Ciudadanos dispuestos a romper la ley, pero exigirla cuando se trata de su problema. Ciudadanos indignados por los impuestos, pero indispuestos a llamar a cuentas a las autoridades. Ciudadanos disfuncionales que reflejan gobiernos disfuncionales.

Insisto. El “detalle” de las placas habla mucho de nuestros valores en la ciudad. De nadie más, más que de nosotros mismos.

7 de septiembre 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9158131