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domingo, 1 de mayo de 2016

28 gramos de mota


Más nos vale ver los cambios y las nuevas tendencias, a quedarnos como estamos. Por supuesto, me refiero a la fallida guerra contra las drogas y la criminalización de los consumidores. Estados Unidos es el país que lanzó la guerra e impuso cruentos combates en países como Colombia y México. Los resultados: cientos de miles de homicidios, cárceles pobladas, estados debilitados por el crimen y una demanda de drogas creciente al otro lado del río Bravo. Para no ir más lejos, un gran negocio redondo alentado por la política del prohibicionismo. Paradójicamente ese mismo país que obliga a repudiar en otros países las drogas, es el mismo donde sus entidades federativas, no sólo legalizaron el consumo de la marihuana, sino incluso, hasta la producción misma. Esa tendencia fue marcada por los mismos ciudadanos, que empujaron a sus gobiernos locales a la legalización. Washington y Colorado fueron los más recientes.
Contrario al modelo dominante, e incluso, contra las indicaciones de la ONU, Uruguay promovió otro camino que legaliza el consumo y la producción de la marihuana. En México llegamos tarde y mal. Después de miles de asesinatos, policías y gobiernos enteros bajo el control del crimen organizado, hay pequeñas señales de cambio. Por una parte, la ayuda de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, para ofrecer una alternativa en relación al consumo de la marihuana. Por otra, el rotundo fracaso del combate al narco y las drogas que terminó por crear "héroes" y fortunas al estilo "Chapo" Guzmán.
Ante esa tendencia, el presidente Enrique Peña Nieto, dio un viraje un tanto tímido, pero al fin la propuesta es un cambio con respeto al problema de las drogas. Al menos en esta ocasión no desperdició el viaje a la asamblea de la ONU sobre las drogas. Destacan dos puntos: la propuesta de cambiar de enfoque y la iniciativa de aumentar la portación de marihuana a veintiocho gramos para los consumidores.
Después de años de violencia, por fin estamos escuchando otra propuesta gubernamental sobre las drogas en México. Leamos el discurso oficial: "Ante las limitaciones del paradigma prohibicionista, se debe atender el tema mundial de las drogas desde la perspectiva de los Derechos Humanos. Este cambio de fondo, implica modificar el enfoque eminentemente sancionador, para ubicar a las personas, sus derechos y su dignidad".
Para complemento, el presidente envió al Senado de la República, una iniciativa de reforma a la Ley General de Salud y al Código Penal Federal, donde propone aumentar los gramos de posesión de marihuana, lo cual de aprobarse, tendría un impacto en el mediano plazo. Aunque celebro que por fin el gobierno federal está proponiendo nuevos enfoques, la iniciativa se queda muy corta, pues no va a la otra cara de la moneda: la producción. ¿De dónde van a salir los 28 gramos y más, si no es del mercado negro? Al final, la propuesta del presidente parece una mesa que le faltan dos de las cuatros patas. De esa manera, no atiende el problema de los enormes recursos a los que acceden los cárteles, ni tampoco atiende las nuevas tendencias económicas en el mercado estadounidense, donde ya se produce marihuana legalmente. La iniciativa federal es pequeña en relación al tamaño del problema. Reconoce el fracaso, pero sólo busca atenderlo por encima. Quién dijera, mejor el PAN, el partido conservador, tiene una propuesta más liberal y completa al respecto, como lo ha expresado Roberto Gil, presidente del Senado.
El caso de Colombia tiene mucho que decir y qué aportar en términos negativos: lo que no debemos hacer. Colombia pagó con harta sangre el combate al narcotráfico y la penalización de las drogas. A la vuelta de las décadas, México repitió esa historia violenta. A pesar de todo, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, propone algo similar a México, pero no más. Afirma que "consumir no es un crimen y la adicción no es un delito", pero su propuesta no va más allá de reconocer el fracaso de la guerra contra las drogas. Mientras tanto, los veintiocho gramos, y miles de toneladas más, vendrán eficientemente del mercado negro.
27 de abril 2016
El Siglo
https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1218810.28-gramos.html

Por sus instituciones los conoceréis


Como en todo, las empresas pasan ciclos buenos y ciclos malos. En las buenas rachas no sólo se gana, sino también se crece. Los años buenos pueden apalancar el futuro y también permiten amortiguar las bajas. Pero las oportunidades no siempre se dan. De ahí, que una buena administración hace la diferencia para permanecer y continuar. Aunque se trata de pequeños principios, resulta aterrador conocer la forma en que a lo largo de las décadas, se han administrado las empresas públicas. Peor todavía, las instituciones. A diferencia de las empresas privadas, que suelen desaparecer tras una mala administración, las empresas del gobierno y también sus instituciones tienen la "ventaja" de permanecer no obstante una deuda que las ahoga, o una pésima administración. Al final siempre quedan los recursos públicos para sostener lo insosteniblemente.
Nuevamente Pemex, "la empresa de los mexicanos", está al borde del colapso. Ahí los principios básicos de administración no aplican, como tampoco aplica una sana economía. Otra vez, de la historia no aprendimos nada. La primera década del siglo XXI dejó ingresos millonarios a la empresa. Los altos precios del petróleo sirvieron para financiar el gasto corriente de los gobiernos, la deuda pública, proyectos improductivos y al final, muy poco de eso nos quedó como valor público. Ahora que los precios están por los suelos, el gasto operativo de la empresa es incosteable. No aprendimos nada de los exuberantes años 70 del siglo pasado. Tampoco nos quedó nada de esa buena racha con precios altos; ni siquiera un fondo para los años de "vacas flacas". Durante décadas Pemex fue la caja chica del Estado mexicano, pero todo tiene un límite. Hoy le saldría más barato a los ciudadanos declararla en quiebra, que tratar de mantener artificialmente un cadáver. Como solución, el gobierno federal propone más deuda para rescatar un empresa inoperante. Se trata de una cifra estratosférica: ¡un billón de pesos! Por lo pronto, ya recetaron 50 mil millones de pesos para solventar las pensiones. El cuento de nunca acabar.
Sin embargo, lejos de tratarse de un caso asilado que amerita un rescate excepcional, se trata de una característica que muestra la dimensión inoperante del Estado mexicano. No sólo del gobierno, sino del Estado mismo. ¿Ahora entienden por qué es tan endeble la seguridad pública?
Pero veamos otra institución, para no ensañarnos con las "empresa de los mexicanos". Recientemente las autoridades festejaron la creación la nueva Secretaría de Cultura a nivel federal. Pero lo nuevo poco duró, porque arrastra serios problemas en su administración. Mucho personal y pocos resultados. El mejor ejemplo lo tenemos en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Encargado de proteger el patrimonio arqueológico e histórico del país, el INAH está ahogado por una inmensa burocracia que se concentra en la capital del país (¡qué raro!). ¿Qué significa esto? De más de 7 mil trabajadores, sólo 24 por ciento hacen labores sustantivas para la conservación. El resto engorda la nómina. Dicho en otras palabras, una institución relevante es degradada desde un gobierno inoperante. Por lo mismo, es difícil que así pueda haber eficiencia, buen servicio y resultados con un claro valor público. Hace décadas Gabriel Zaid llamó a esta característica del Estado mexicano, el progreso improductivo. Seguimos en las mismas. Bajo esa relación, no hay dinero público que alcance, ni instituciones que puedan prestar servicios de calidad. Para el caso, ya mejor ni hablamos de la salud. Más que pensar en reformas y gastar en aviones millonarios, habría que empezar por lo básico: administrar bien lo que se tiene. ¿Es mucho pedir?
El Siglo 17 de febrero 2016
https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1198031.por-sus-instituciones-los-conocereis.html

miércoles, 12 de agosto de 2015

La increíble y triste historia de Joaquín Archivaldo Guzmán

Su historia raya en lo increíble y lo sorprendente. Entre sobresaltos y sobrevivencias, no hay lugar para lo ordinario. Un escape, dos escapes, qué más da. Su nombre es leyenda, al igual que su alias. Cual héroe de la revolución (pero sin ideario), tiene corridos y es venerado. Para el caso, es el hijo pródigo de Sinaloa. Reconocido por propios y extraños. Una revista gringa de negocios dijo que es muy rico y poderoso, pero para los mexicanos, es verdad de perogrullo. Unos lo acusan de ser el enemigo público número uno. Para otros es un forajido ejemplar. Su historia inspira leyendas, películas y hasta historietas. Próximamente habrá más series de televisión. Nuestra realidad es tan hilarante, tan alucinante, que alimenta sobradamente guiones y novelas.
Joaquín Archivaldo Guzmán, alias el Chapo, es el criminal más buscado, el famosísimo narcotraficante, y también el hombre de mediana estatura que en pleno ambiente de impunidad y pobreza, vence al Estado una y otra vez. No importa el tamaño de los muros, ni los penales de máxima seguridad. Sin duda estamos ante un tipo paciente y metódico; un duro empresario a punta de metralla. De esa manera, la fuga del Chapo no sólo exhibe lo obvio: corrupción, impunidad, una profunda debilidad del Estado. Sobre todo muestra el vacío de gobiernos y gobernantes.
Durante años, el PRI espetó a los gobiernos del PAN los problemas de seguridad y sobre todo, la fuga del Chapo en 2001. No saben gobernar, dijeron. En el imaginario, hasta se asumió la bondad de un PRI corrupto, pero con oficio para el gobierno. A la vuelta de los años, ni una cosa ni otra. Es un mito el PRI a la hora de gobernar. En cambio, es un partido bien organizado y eficiente para ganar elecciones. Una máquina electoral para mantener el poder. El artificio del PRI con Enrique Peña Nieto en la presidencia, iba muy bien. Reformas históricas, acuerdos sin precedentes. Inseguridad a la baja, y la cereza del pastel: la captura del Chapo en 2014. Después la terca realidad derrumbó prematuramente la imagen del gobierno. Tlatlaya, Ayotzinapa, la Casa blanca y Grupo Higa. Inseguridad y corrupción. Eso sí, Peña Nieto no sacrificó su viaje a China. ¿Para qué ir a ese pobre poblado de Guerrero si puede ir al otro lado del mundo? Ahora el "gobernante" se fue a Francia con muchos acompañantes. Porque entre más pequeño el político, más grande es la comitiva. Al fin, en París las compras y los paseos son mejores. Ni "prole" que los moleste.
En 1992 el mítico Pablo Escobar, se fugó de la cárcel. Consciente de la importancia del suceso, el entonces presidente de Colombia, César Gaviria, suspendió su viaje a la cumbre de Madrid, para afrontar el problema. En México, nuestro presidente está al revés, se va de viaje para evitar los problemas.
Materialmente el túnel del Chapo es la metáfora del gobierno. El gobierno avestruz que esconde la cabeza: el desgobierno. En plena ironía, la procuradora Arely Gómez y el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, fueron a conocer el túnel. Seguramente ya nadie les platica. ¡Qué lejos estamos de las leyendas que dieron gloria a la Secretaría de Gobernación! Jesús Reyes Heroles, Fernando Gutiérrez Barrios. ¡Qué cerca estamos de la ineptitud y el ridículo! Nadie renuncia, nadie es responsable. Hasta indigna la pregunta al secretario Osorio Chong.
Como sea, antes y después de las fugas del Chapo, poco cambiaron las cosas en el país en relación a la corrupción y la terrible vulnerabilidad del Estado mexicano. El esquema prohibicionista y punitivo contra las drogas que asume México, vía los Estados Unidos, sólo ha hecho más poderosos y ricos a los cárteles mexicanos. Paradójicamente en Estados Unidos hay una tendencia a liberar el consumo y hasta la producción de droga, particularmente marihuana. En México, preferimos los desvaríos de una guerra, que las alternativas de legalización. Pero difícilmente tenemos hombres que no les quede grande el cargo para gobernar. Por el contrario, abunda el gobierno de la cleptocracia. A todo esto ¿dónde quedó la oposición?
POSDATA
Indigna la fuga del Chapo, pero no perdamos de vista que varios exgobernadores gozan igualmente de protección e impunidad. Libre Humberto Moreira que desfalcó a Coahuila con más de 35 mil millones de pesos. Libre Armando Reynoso Femat, quien "gobernó" Aguascalientes, como su empresa personal. Libre Eugenio Hernández acusado de lavado de dinero en Estados Unidos. La lista es larga…

¡Humberto Moreira es inocente!

Foto: http://mexico.cnn.com/nacional/2011/03/04/humberto-moreira-asume-al-cargo-como-presidente-del-opositor-pri

No hay duda: la realidad supera la ficción. Más todavía. Prefiero la ficción, en tanto nos permite construir mejores realidades. Pero la realidad es terca y decepcionante. Para el caso, retomo cuatro sucesos recientes.




Donald Trump es el perfecto ejemplo de que el dinero no garantiza ser buen político o si quiera, tener buen gusto. Las declaraciones racistas del millonario que aspira obtusamente a la presidencia de Estados Unidos, terminó por hundir su posible candidatura, además de hacerle tremendo favor a Hillary Clinton. Por otro lado, su declaraciones evidencian la desconexión y profunda insensibilidad ante los brotes de racismo en Estados Unidos. No sólo es la infamia de esa historia para los estadounidenses, que todavía en la década de 1960, hacían ley contra los afroamericanos. Quedan secuelas desde un terrible presente donde cualquier día, un loco le da por asesinar personas en nombre de las "razas". Como sucedió en una emblemática iglesia de Charleston. Hasta las democracias más avanzas, guardan dentro de sí, latentes amenazas.
Lejos de ser estáticas, las instituciones también cambian conforme cambian las sociedades. Desde hace tiempo que la noción de familia y matrimonio dejaron su definición tradicional, como bien lo demuestran las tendencias internacionales. Desde hace tiempo que la concepción tradicional de familia cambió en un país conservador como México. ¿No lo creen? Vean los perfiles demográficos en el Inegi. Igualmente, el matrimonio ha cambiado. En ese sentido, celebro la pluralidad y reconocimiento hacia los matrimonios homosexuales. No sólo es un asunto nacional, como recientemente lo reconoció la Suprema Corte de Justicia de la Nación, sino también es un reconocimiento global de los derechos de las personas. Como tal, no deja de sorprender lo lejos que va la Iglesia Católica al expresar su rechazo, y al mismo tiempo, encubrir impunemente los casos de pederastia en México y el mundo.
Al otro lado del mundo, nuevamente Grecia da la nota. La desgracia financiera de ese país de la Unión Europea, nos acerca a la historia de México por la deuda pública, la quiebra de las finanzas y la corrupción de los gobiernos. Los griegos tuvieron extraordinarios filósofos, y pésimos economistas. Más vale vernos en el espejo griego, que lamentar futuras quiebras bajo la mano del "mejor" ministro de finanzas del mundo. No hay que perder de vista que el gobierno de Enrique Peña Nieto, está pagando la operación del gobierno con deuda. Dicho de otra manera, una bomba de tiempo se cultiva en las finanzas mexicanas. En los últimos 18 años, tuvimos gobiernos responsables financieramente. Lo que ahora se está haciendo es preocupante. Súmele a eso, el control de la Cámara de Diputados. No hay balance, ni contrapesos. La oposición sencillamente encantada con el gobierno.
Para cerrar querido lector, ¡Humberto Moreira es inocente! Sí, inocente. Otra vez el gobierno gringo hace la chamba que en Coahuila se evita a toda costa. Mientras acá se protege al exgobernador, allá exhiben la corrupción ligada a la megadeuda de 36 mil millones de pesos. Como en el pasado nacionalista, podría decirse que la culpa es de los gringos, porque sí tienen estado derecho. Justicia pues, algo que en México se aplica selectivamente.
¡Humberto Moreira es inocente! Los malos son esos jueces gringos que señalan a los "conspiradores" y la mansión del gobernador, como si hablaran de Alí Babá y los cuarenta ladrones. Sin embargo, es inocente, porque acá en México no hay nada, y en Coahuila hasta el PRI volvió a ganar "carro completo" en las elecciones federales. El pueblo bueno no se equivoca, por eso refrendó a los Moreira en el poder. 7 de 7 diputaciones garantizan que todo cambia, para que todo siga igual. Sobre la deuda no hay responsables, ni esas cosas impertinentes de transparencia y rendición de cuentas.
¡Humberto Moreira es inocente! Prueba de su honorabilidad, son los miles de millones de pesos contratados con documentos falsificados, firmas inventadas y hasta algún decreto ficticio en el mejor diario literario del Estado: el Periódico Oficial. Con razón nuestro Presidente, el de la casa blanca, habla de domar la condición humana. ¿A qué se referirá? Hasta ahora, ¡Humberto Moreira es inocente! En tanto Estados Unidos lo decida.
1 de julio 2015

lunes, 4 de mayo de 2015

Desencanto de la democracia

Vivimos un desencanto con la democracia, un malestar latente de nuestra vida pública. El ambiente parece sombrío, aciago. No termina una y ya empieza otra. Cuando aparentemente se logró un acuerdo nacional, éste se desfiguró rápidamente por la sombra de la corrupción y la inoperancia gubernamental.  Como si el desprestigio no fuera suficiente, se acumularon más escándalos para comprobar que lo importante es el poder, no la confianza y la eficiencia del gobierno. Cuando más debía fortalecerse, más se alimentó la desconfianza; el descrédito. De pronto la política echó más leña al fuego. Ante esa percepción, predomina el rechazo, y en el mejor de los casos, la indiferencia. Ese es el ambiente que se respira en medio de unas abúlicas elecciones para renovar la Cámara de Diputados.

Diputado. La palabra en sí ya tiene una connotación negativa. Recientemente, el Diagnóstico sobre el Parlamento Abierto en México (2015), verificó las razones de la mala imagen: parlamentos opacos y poco dispuestos a la rendición de cuentas. Pero ¿qué tanto nos sentimos los ciudadanos representados por los legisladores? 7 de cada 10 personas en el país, no se siente representada por los legisladores. En esas condiciones llegamos a las elecciones, que serán histórica no por el desdén de los ciudadanos, sino por retomar la posibilidad de reelección en la nueva legislatura.

Para muchos no hay razones para salir a votar. Prefieren el desprecio, al fin “todos son iguales”, pero lo preocupante del momento no es sólo la participación de los ciudadanos, sino el desprestigio de la democracia ante gobiernos que se esmeran porque así sea. Entre acusaciones y críticas, el PAN le apuesta a la desatinos del gobierno priista, e incluso, hasta señala la corrupción, pero no hizo nada con la propia. En el pasado reciente el PAN hizo un gobierno mediocre y comodino con el status quo, léase la corrupción. El PRI se defiende con el INE, para cortar los spots “calumniosos”, y luego el fallido presidente Enrique Peña Nieto dice que respeta la libertad de expresión. El PRD, que también tiene sus helicópteros, busca diputaciones, pero dista mucho de ser una oposición. Entonces ¿dónde quedó la oposición? En una democracia funcional, los partidos son vigilantes del poder y también forman parte de un sistema de pesos y contrapesos. Si revisamos la historia reciente de la transición a la democracia, encontramos momentos luminosos y aportaciones fundamentales de la oposición.  En protesta por la ausencia de democracia, la oposición no participó en las elecciones de 1976, de tal forma que José López Portillo compitió contra si mismo. En consecuencia, el secretario de gobernación, Jesús Reyes Heroles promovió una reforma electoral que a la postre fue clave para entender la transición a la democracia. 

En esa trayectoria el PAN fue oposición leal, y llegado el momento, empujó cambios fundamentales para la democracia como un instituto electoral autónomo, además de la credencial para votar. Tras la derrota en las elecciones de 1988, las agrupaciones del izquierda del Frente Democrático Nacional darían origen al PRD, que durante la década de 1990, hizo oposición y democracia, de tal forma, que para 1997, se rompió el monopolio del PRI en el Congreso. La tendencia en el 2000 condujo a la pérdida de la presidencia por parte del PRI.

A lo largo de tres décadas, la oposición, ya fuera el PAN o el PRD fueron contrapeso del poder e indudablemente aportaron a la democracia mexicana. ¿Qué pasó después? El PAN fue un fracaso en el poder durante los 12 años de la presidencia. No pudo ni quiso cambiar lo que había que cambiar. Después del regreso del PRI a la presidencia con Peña Nieto en el año 2012, la oposición se ha desvanecido. Un PAN acomodado en el Congreso y en algunas gubernaturas, pero carente del espíritu combativo que lo caracterizó en el pasado. Hoy es una caricatura de su historia. El PRD está pulverizado por sus propios miembros. Luego de llegar a ser la segunda fuerza política en el país, también renunció a la oposición, para establecerse cómodamente en los beneficios del poder. ¿Y el Partido Verde Ecologista? Un partido gañán que ha sabido cómo extraer las rentas de la democracia y encontrar de los ciudadanos. Eso sí, ha sabido hacer las alianzas pertinentes con el PRI y el duopolio televisivo. De esa manera asegura el poder a los primero (y el dinero corre a raudales), y con los segundos, emite un propaganda engañosa, pero efectiva.  No se descarta el escenario donde el Verde (que no tiene nada de Verde sino la fachada), suma los votos mínimos para que el PRI mantenga el control en el Congreso.  


Sin oposición a favor de la democracia, no sólo tenemos un gobierno dominado por la corrupción, sino una oposición que también se alinea contra la sociedad. En momentos donde parece no haber alternativa, diversos grupos ciudadanos en el país han demostrado capacidad crítica y también propuestas. Si en el pasado reciente la oposición aportó a la democracia, hoy ese papel, comienza a asumirlo paulatinamente los ciudadanos, sin embargo todavía hay muchos candados y trabas para los ciudadanos. Ante la corrupción y la mediocridad de los partidos, estamos en un desencanto de la democracia. A la larga, un mal escenario nos acerca a la degradación venezolana. Hago votos porque así no sea.  

15 de abril 2015
El Siglo de Torreón
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1105569.desencanto-de-la-democracia.html

Transparencia y confianza

Puro lujo

Como va el rumbo de la cosa pública, nos queda una sensación de ir un paso para adelante y dos para atrás. Entre la comentocracia ya se habla de “regresión”, vuelta al pasado o de una “restauración” del viejo régimen. Incluso, hasta las opiniones más ecuánimes y conservadoras, denuncian la cleptocracia o describen, a manera de lamento, “un presidente como los de antes”. De manera prematura la Presidencia de la República perdió confianza y credibilidad por sus propias acciones relacionadas con la corrupción. Lejos de enmendar el rumbo, hay que aguardar todavía cuatro años más. 

En el poder optaron por la arrogancia como una actualización de “ni los veo ni los oigo”. Por eso, el Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, se presenta tan tranquilo, a pesar de las nuevas revelaciones del diario Wall Street Journal sobre su casa en Malinalco y el magnífico crédito otorgado por HIGA. Para el caso, mejor colofón no pudo haber: "Si les parece bien no voy a hacer ninguna otra declaración".

Desde Londres, el presidente Enrique Peña Nieto, reconoce, como quien no es parte del problema, que México está plagado de desconfianza: “Hoy, sin duda, hay una sensación de incredulidad y desconfianza… ha habido una pérdida de confianza que ha sembrado sospecha y duda”. 

Hace unos días, se publicó una encuesta que registra la desaprobación ascendente del gobierno.  58 por ciento de los ciudadanos desaprueba al gobierno de Peña, o como dijera el innombrable: esas encuestas reflejan un despeñadero. Por el contario, solamente 39 por ciento lo aprueba (Parametría, 23 de marzo 2015).

En ese ambiente negativo de nuestra vida pública, aunque todavía muy alejado de la autodegradación venezolana, el Senado acaba de aprobar el dictamen para la nueva Ley General de Transparencia. Después de un estira y afloja en contra de la transparencia, se lograron enmendar varios puntos que mejoran los mecanismos de la ley en el país. De entrada es positivo que la nueva ley amplía los sujetos obligados, entre ellos sindicatos, partidos políticos y el resto de los poderes públicos más allá del ejecutivo. Aunque los legisladores, se dieron un tiempo de espera para que la ley no aplique del todo a ellos, mientras se acomodan. Esto significa que la discrecionalidad en el gasto continuará hasta que no ajusten a la norma. En congruencia con el pasado, el coordinador del PT, Manuel Bartlett, fue el único en votar en contra.

Otro punto relevante es que pasamos de una ley con 17 obligaciones mínimas de transparencia, a 48. Es decir, tendremos una cancha más amplia a favor de la transparencia. También se unificaron los criterios y principios para estados y municipios, a fin de partir de la misma base. Con la ley anterior, cada estado se confeccionaba su vestido de “transparencia” a la medida.


Como en toda ley de transparencia y acceso a la información, un punto polémico son las causas de reserva de información. El motivo más socorrido es la “seguridad del Estado”. Bajo esa justificación, muchas dependencias gubernamentales ocultan dolosamente información de interés público. La nueva ley exige mostrar una prueba de daño para la clasificación de información. En general la nueva ley es un paso de segunda generación si lo comparamos con la primera ley. Pero es cierto, querido y desconfiado lector (la burra no era arisca). La ley de transparencia no resuelve los problemas del país, ni tampoco acaba en automático la corrupción. Por el contrario, necesita de ciudadanos que le den contenido, que la lleven una y otra vez a prueba. Ciudadanos, que cansados de sus gobiernos, los llamen a cuentas a través de un sencilla solicitud de información. Todavía nos falta mucho, pero no partimos de cero. Aunque lo confieso, desalienta saber que avanzamos en unas, pero retrocedemos en otras.  

25 de marzo 2015
El Siglo de Torreón
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1099234.transparencia-y-confianza.html

El gobierno que merecemos

Fuente, aquí

Pródiga empezó la semana con los tres galardones al cineasta mexicano, Alejandro González Iñárritu. Me gustó la alegría que los premios generaron. También me gustaron los brevísimos comentarios políticos de un mexicano que es la antípoda de nuestra clase política. Retomo sus palabras: "Finalmente solo quiero tomarme un segundo para dedicar este premio a mis compañeros mexicanos: los que viven en México, ruego porque podamos encontrar y construir el gobierno que merecemos, y a aquellos que vivimos en este país, quienes somos parte de la última generación de inmigrantes en este país, espero que podamos ser tratados con la misma dignidad y respeto que aquellos que llegaron antes y construyeron esta increíble nación de inmigrantes”.

Como en todo, las palabras de Iñárritu calaron al gobierno de Enrique Peña Nieto. Un gobierno desmoronado por la corrupción, carente de confianza. ¡Y pensar que todavía le quedan cuatro años! La respuesta del PRI en Twitter no se hizo esperar: “Estamos construyendo un mejor gobierno”. Pero ¿qué tanto el PRI en Los Pinos está construyendo un mejor gobierno? ¿Qué tanto el gobierno de Peña Nieto construye un mejor gobierno? El gobierno de Peña Nieto se mostró eficaz el primer año para operar una agenda reformista, aunque todavía no queda claro los beneficios de esas reformas. La reforma hacendaria sólo expurgó más a los contribuyentes, pero a cambio, la corrupción en el gobierno se disparó, se multiplicaron las casas y la economía no crece. En telecomunicaciones, los usuarios ya no pagarán larga distancia, pero a cambio, el gobierno le concedió un regalazo millonario a Televisa y TV Azteca. La reforma energética, hasta ahora la mayor apuesta peñista, se desmoronó en un santiamén con la caída del precio del petróleo. La reforma política abrió paso a las candidaturas ciudadanas y también dejó intacto el régimen disfuncional.

¿Un mejor gobierno? Peso devaluado, criminalidad por aquí y por allá. Más que percepciones, se trata de juicios de hecho. Sin lugar a dudas estamos en el peor de los escenarios, es decir, un gobierno arrogante y enconchado en su poder. Un gobierno que la crítica y reprobación de sus ciudadanos no parece importarle por una razón muy sencilla: tiene el poder. Desde esa estéril relación, el poder emana de los ciudadanos, para luego desentenderse de ellos. La “gran política” nacional está destinada a mantener ese poder. Un ejemplo reciente lo ofrece la degradación del exgobernador de Guerrero, Ángel Aguirre. No sólo lo tumbaron de la “plenitud” del poder, ahora el Gobierno Federal lo persigue no tanto por haber asaltado el erario, sino por ser de un partido contrario. Caso contrario lo tenemos en Coahuila con el exgobernador Humberto Moreira. Moreira I endeudó el estado casi hasta la quiebra. También fue artífice de un enorme escándalo de corrupción, pero en México la libró por ser del mismo partido. No sabemos todavía cómo le irá en Estados Unidos, donde la regla no es la impunidad.

Pero apenas sacudió un mensaje, cuando otro desató más rencores. El Papa Francisco, carismático y con ciertos aires de renovación en la Iglesia Católica, expresó sobre México y Argentina la verdad en relación al narcotráfico y la criminalidad: "Ojalá estemos a tiempo de evitar la mexicanización. Estuve hablando con algunos obispos mexicanos y la cosa es de terror".  La comparación del Papa enojó al gobierno mexicano, que rápidamente expresó su repudio a través del canciller de la Secretaría de Relaciones Exteriores, José Antonio Meade. El problema para un gobierno de artificio, no es la realidad criminal que impera en el país, sino las declaraciones de terceros. En consecuencia, lo que más preocupara es la imagen, o lo queda de ella, pero no la eficacia, y mucho menos la responsabilidad de Estado.


No hay duda de la capacidad de los mexicanos para el trabajo y destacar más allá de las fronteras. Una vez más se reafirma una generación de mexicanos que sale adelante, destaca y genera tendencia. Al mismo tiempo, tenemos en México una generación de políticos mediocres que arribaron al poder sin ningún sentido de responsabilidad pública. Y ese es precisamente el contraste entre lo que tenemos y nos merecemos. ¿Dónde estarán los González Iñárritu de la política en México? No lo sé, pero cómo nos hacen falta.  

25 de febrero de 2015
El Siglo de Torreón