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domingo, 1 de mayo de 2016

El espejo de Brasil


Como mexicano veo con envidia el momento que están viviendo los brasileños. Todas las sociedades tienen problemas, pero la diferencia está en cómo unas enfrentan sus problemas, y otras sencillamente los dejan pasar. Brasil tiene similitudes con México. En ambos países las autoridades tienen serios problemas de legitimidad y confianza. En ambos países la corrupción es un mal que los degrada. La diferencia está en que una buena parte de la sociedad mexicana es permisiva y tolerante con la corrupción. Acá nos conformamos con la crítica de café, con las rabietas en las redes sociales, donde cualquiera le mienta la madre al presidente. Pero hasta ahí. Pocas veces nos organizamos más allá del malestar, para cambiar el estado de cosas.
Recientemente una propuesta ciudadana para combatir la corrupción reunió cientos de miles de firmas en el país, para apoyar la iniciativa Ley 3 de 3. Ya apoyan el PAN y el PRD en el Congreso, pero es revelador que el partido en el poder, el PRI, meta trabas y obstáculos. Volviendo a Brasil, desde hace tiempo los ciudadanos decidieron tomar la calles y cercar a su gobierno. Miles reclamaron al gobierno de Dilma Rousseff gastar millones de dólares para las futuras olimpiadas, en vez de invertir en el transporte público. De esa manera los brasileños vienen participando, presionando, acorralando. Mal para una democracia donde sus ciudadanos deciden no involucrarse, dejar el rumbo sólo al gobierno. La democracia necesita de pesos y contrapesos.
En el índice global de percepción de corrupción que genera Transparencia Internacional, Brasil ocupa el lugar 76 de 167 países. Entre más abajo en la lista, mayor la percepción de corrupción. De esa manera está a la par de Bosnia, India, Tailandia, Túnez y Zambia. México está todavía más abajo, en el lugar 95, a lado de Mali, Bolivia, Filipinas y Armenia. Poco a cambiado en nuestro país desde que llegó la alternancia al poder en el año 2000. Pero no hay duda que en Brasil, los ciudadanos han puesto de cabeza a su presidenta, Dilma Rousseff. La presión ha sido tal que el Congreso acaba de aprobar un juicio político (impeachment, en la tradición política inglesa y norteamericana), para removerla de poder. Sólo es cuestión de tiempo para que la quiten formalmente del poder, mientras tanto son horas de agonía para la presidente que en el peor momento de su gobierno, decidió proteger al expresidente Lula Da Silva, quien a su vez es investigado por una un caso de corrupción.
Como es natural al poder, la presidenta Rousseff le dio el cargo de Jefe de Ministro para así protegerlo. En pocas palabras le confirió desde el poder, impunidad. ¿Dónde hemos visto esto? Dilma tiene los días contados en una democracia que cuenta con los mecanismo para quitar a sus gobernantes. Envidia de la buena, cuando en nuestro país, el presidente es sorprendido con tremenda "Casa Blanca", y lo mismo, el secretario de Hacienda, pero no pasa nada. Luego el mismo presidente nombra a un leal para que lo "absuelva". Al final repiten que la corrupción es "cultural".
Es cierto, detrás de la crisis política en Brasil también hay intereses e intrigas de los grupos en el poder, pero es preferible un Estado donde el gobierno lo pueden retirar los ciudadanos, a un gobierno de impunidad institucionalizada.
Guatemala ya nos dio el ejemplo. Ahora Brasil está en la misma ruta. Y México, ¿para cuándo? Dormimos el sueño de los justos.

20 de abril 2016
El Siglo
https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1216748.el-espejo-de-brasil.html

domingo, 22 de junio de 2014

Brasil vs México


Las comparaciones son odiosas, pero también necesarias. Por lo mismo, para definirnos, lo hacemos en relación a los otros. Nos guste o no, comparar es una brújula cotidiana, si se quiere, un mal necesario. Hace unos días, Lula da Silva, el exitoso y popular expresidente brasileño, afirmó que México es peor que Brasil. En un foro organizado por el diario español El País, Lula declaró: "México fue presentado como la gran novedad del siglo 21 y que estaba mejor que Brasil... pero me fui a enterar y todo es peor que en Brasil. No hay ningún indicador comparable a los nuestros". ¿Qué tan cierta es la afirmación de Lula? ¿Es México peor que Brasil?
Veamos algunos números e indicadores. En población, prácticamente Brasil está 2 a 1 sobre México. Nosotros tenemos 119 millones de habitantes y los brasileños registran 201 millones. En extensión territorial Brasil es el quinto país más grande del mundo, y México el décimo. Ambos países han estado de moda en el mundo. Durante los buenos años de la economía brasileña, se les incluyó entre los llamados BRICS, junto a Rusia, India y China. Más recientemente, a la expectativa sobre México en los medios internacionales, lo bautizaron como "el momento mexicano", pero ahora, con todo y reformas, la imagen se desinfló.
La prueba PISA organizada por la OCDE para evaluar la educación, ha encontrado entre 65 países, que Brasil y México tienen desempeños desastrosos. En lectura, México ocupa el lugar 52, y Brasil el 55. En matemáticas México va en el 53 y Brasil en 58. Para llorar el desempeño de los dos países.
Hacia 2010 la economía brasileña creció 7.5%, y en 2013 disminuyó a 2.3 su tasa de PIB. México creció 5.5% para 2010. En 2013, apenas alcanzó 1.1. Sin embargo, una medición más completa sobre el bienestar económico y social elaborada por la OCDE, demuestra que entre 36 países, México está en lugar 35 de desarrollo y Brasil en lugar 32. Al final, uno más mal que otro. La otra cara de la moneda es la pobreza. De acuerdo con un informe de la CEPAL sobre pobreza en 2013, Brasil ha logrado reducir de manera consistente el número de pobres, mientras que en México ha crecido. No obstante los problemas de desarrollo, cuando se trata de felicidad, ambos países ocupamos mejores lugares que los países ricos como Estados Unidos, Suiza, Alemania o Inglaterra. Tanto México como Brasil están empatados en el felizómetro o Índice mundial de felicidad (Happy Planet Index, 2012).
Cuando se trata de impuestos, Brasil tiene una mejor recaudación que México, pues se acerca a la media de la OCDE, lo que coloca a los cariocas dos a uno con respecto a nuestro país. En movilidad urbana, un famoso columnista del oficialismo, escribió que los embotellamientos son peores en Brasil que en México, pero le faltó agregar que Brasil ha hecho avances importantes con el BRT, y hoy por hoy, Curitiba es un paradigma mundial de movilidad urbana eficiente y sustentable (ITDP, 2013). ¿Qué ciudad mexicana lo es?
La tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes es mayor en Brasil (25.2) que en México (21.5), como lo informó la UNODC en 2012. El precio de la gasolina en México es más barato: 1.04 dólares por litro. En Brasil, sin subsidio gubernamental cuesta 1.33 dólares por litro, según el registro de Global petrol prices. La aprobación de la presidenta Dilma Rousseff está por los suelos. 33% la aprueba (Datafolha, junio 2014). Enrique Peña Nieto lo aprueban 49% (Mitofsky, mayo 2014).
No es contundente que Brasil sea mejor que México, pero tampoco México parece ser mejor que Brasil. En varias ocasiones los países compiten por los peores lugares, lo cual parece una carrera por ser el menos malo. Para desgracia de algunos, quedamos en el mismo grupo del mundial de futbol. Y ahí sí, Brasil, pinta para campeón mundial. En futbol México es un país modesto. Pero ya se verán las caras en los próximos días.
11 de junio 2014
El Siglo de Torreón
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1004668.brasil-vs-mexico.html

domingo, 30 de junio de 2013

Brasil, después del fútbol

Perder la opinión pública es un lujo que no pueden darse los políticos. Más todavía, cuando los ciudadanos toman las calles, protestan, se manifiestan por miles. No hay vuelta atrás. Pocos mandatarios en pleno siglo XXI pueden salir a reprimir, incluso a masacrar a los ciudadanos como en Siria (y no importa que la ONU diga algo). Para sorpresa de muchos, Brasil, el BRIC, el país de moda, no sólo tendrá el mundial de fútbol en el 2014, sino además, enfrenta ahora serias protestas de su población, en especial de las clases medias. 

Contrario a lo que se cree, la protesta no vino de los pobres sino de un sector educado de jóvenes con acceso a internet y redes sociales. Ciudadanos de clase media, en un país con millones de pobres, a pesar del conocido éxito de programas gubernamentales como Brasil sin miseria y Beca familia, durante la última década. Lejos de ser mayorías, la clases medias salieron por miles a las calles no sólo a protestar, sino exigir mejores servicios públicos como educación, transporte, y salud. La gota que derramó el vaso fue el pretendido aumento al transporte, y todo esto en medio del fútbol. Sí, ¡el deporte que se juega con los pies!

Brasil es el país donde la religión parece ser el fútbol, pero también es el país donde un segmento de la sociedad reclamó al gobierno la construcción de estadios, en vez de atender los servicios públicos. ¿Dónde hemos escuchado esas historias de desperdicio? Mientras miles disfrutaban de un aburrido juego México-Japón, otros miles salieron a tomar las calles. Escribieron mensajes como: “Un Brasil para todos”; “Dinero para la salud y la educación, no para el fútbol”; “Si tu hijo se enferma lo tendrás que llevar al estadio”; “Brasil se despertó”.

Las instituciones políticas en Brasil también viven bajo un enorme desprestigio: políticos, partidos y gobiernos. El mundial se presentó como un buen espectáculo a favor del gobierno. Ahora las protestas evidencian los problemas. El costo del mundial para el gobierno de Brasil, será de unos 13 mil millones de dólares, más lo que se acumule al próximo año. Ya sabemos cómo se la juegan los gobiernos…
Según un estudio de Ibope, 7 de cada 10 manifestantes cuenta con educación superior, y 75 por ciento de la población en general en el país apoya las protestas. Con esas cifras en contra, más la presión en las calles, al gobierno de Dilma Rousseff no le quedó más que ceder ante los manifestantes y desistirse del aumento al transporte: “la voz de la calle tiene que ser escuchada”.

Como las protestas no terminaron ahí, a pesar de la disposición de la presidenta brasileña, ahora anuncia una reforma política. Los clases medias que se manifestaron no sólo respondieron al aumento del transporte, o criticaron los miles de millones que gasta el gobierno para construir la infraestructura del Mundial de fútbol (la cual será un desperdicio una vez que termine el torneo). Sobre todo reclamaron la corrupción de la clase política y la carga impositiva al segmento. Antes de que aquello se incendie más, la presidenta propuso un plebiscito para una reforma política. En un mes, la asamblea constituyente habrá de incluir los temas de salud, transporte, rendición de cuentas, responsabilidad fiscal y lo más importante: EDUCACIÓN. Una propuesta que en verdad me dio envidia y que había quedado en promesa desde el año pasado en Brasil: destinar el 100 por ciento de los recursos obtenidos de la exploración petrolera a la educación. 

A todo esto, y en México ¿dónde están las clases medias? ¿cuándo tomarán las calles para exigir al gobierno? Menos mal que Marcelo Ebrard propone un debate al presidente. ¡Perdidos al fin!.

26 de junio 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9184554

domingo, 23 de junio de 2013

Tomar las calles


Antes de la violencia política, está el recurso de salir a tomar las calles. En algunos casos se toman los espacios para evitar más violencia. En otros, es la violencia de Estado la que aviva otras fuerzas e impulsa que los ciudadanos tomen las calles. No hay una fórmula para predecir el comportamiento social, aunque explicaciones no faltan, sin embargo, lo que empieza con la toma de las calles, bien podría terminar en la toma del gobierno. Tarde lo entendieron los otrora líderes árabes. El peor de todos fue Muamar Gadafi que pagó con su vida la soberbia del poder. Durante meses la sorpresa fue la Primavera árabe: cayó Ben Ali en Túnez, Hosni Mubarak en Egipto, y Gadafi en Libia. En cambio, sostenido por China y Rusia, el gobierno de Bashar Al-Assad sigue en pie gracias a un guerra que libra contra su ¡propio pueblo! Incluso se da el lujo de advertir a Europa que no se le ocurre armar a los rebeldes. A los ojos del poder: ¿Qué son 100 mil sirios muertos?

Después de varios años, tocó el turno a Turquía. Un suceso aparentemente trivial desencadenó una fuerza mayor (otra vez las pequeñas cosas). El proyecto de transformación del parque Gezi, que implica quitar árboles, para dar paso a la urbanización basada en la arquitectura otomana. Contra la decisión del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, los ciudadanos organizaron una protesta multitudinaria para defender los árboles y la plaza. Al paso de los días, Erdogan no encontró mejor forma que reprimir, golpear y gasear a los ciudadanos que tomaron la plaza Taksim. ¡Olvídense de la democracia! El referéndum es un decir de la corrección política; no en el gobierno autoritario. Las protestas continuaron y Erdogan declaró perder la tolerancia. Lo que siguió fue reprimir a los manifestantes, encarcelarlos, herirlos. Hasta los mismos ciudadanos improvisaron brigadas médicas para atender a los heridos. Mientras la violencia y los gases lacrimógenos se apoderaron de las calles, en la televisora nacional pasaban el concurso de Miss Turquía y CNN trasmitía un documental sobre ¡pingüinos! Vaya broma. A pesar de la represión, las protestas continuaron entre miles de ciudadanos que salieron a las calles. Qué más podía declarar el primer ministro, sino la acusación de “terroristas, anarquistas, vándalos”. La explicación oficial refiere la teoría de la conspiración para acusar que los manifestantes son movidos por terroristas, medios de comunicación y hasta agentes extranjeros. Imaginación no le falta a Erdogan, ni tampoco ganas meter al ejército si continúan las protestas. Ya amenazó.

Algunos han visto la defensa del parque como la continuación de la Primavera árabe. No obstante de aquel movimiento político que derrocó gobiernos, las protestas han evidenciado que detrás de la buena imagen de un país como Turquía ante la Unión Europea, se escuda un duro autoritarismo con formas de democracia. Es difícil saber en qué terminaran las protestas de estos indignados turcos, pero su mensaje advierte que en pequeños detalles el supuesto equilibrio del poder, es frágil. Tanto como ahora lo muestra las manifestaciones violentas en Sao Paulo y Río en Brasil. De cara al mundial de fútbol, el aumento al transporte trastoca la estabilidad del gobierno al mando de Dilma Rousseff. En la aparente tranquilidad, la protesta llegó hasta el Maracaná. Nuevamente las pequeños detalles. Una plaza, unos árboles, el costo del transporte. Para México, ¿cuáles serán los nuestros?

19 de junio 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9183904