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lunes, 12 de enero de 2015

Antimanual del ciudadano

Cansados de la política, pensamos en los ciudadanos como una fuente inagotable de pureza. Tan mala imagen tiene nuestros políticos, que los ciudadanos nos parecen el último refugio de la sociedad. Hartos de nuestros gobernantes, elogiamos las vías ciudadanas como la única forma admisible. En la crisis de legitimidad de los representantes públicos, las “organizaciones de la sociedad civil” se presentan como una vía más confiable. De esa manera, ante la desconfianza, tenemos más fe en las asociaciones civiles o en las llamadas organizaciones no gubernamentales. 

Por puro contraste, todo lo que suene a ciudadano está “bien”.  Pero la vida pública es más compleja que unas categorías o unas diferencias conceptuales entre políticos y ciudadanos. No se trata de “tipos ideales”, sino de actores que en el fondo, reflejan comportamientos más profundos de la sociedad. Y ahí, no importan mucho la diferencia entre políticos y ciudadanos, por ser al fin artificiosa. Nada más ingenuo que decir: “no soy político”. Pero al mismo tiempo, nada más rentable que asumirse desde la negación a la ciudadanía. Así aparecen grupos de ciudadanos organizados, que sin estar en un partido político reproducen prácticas similares. ¡Sí! Esas prácticas que tanto detestamos.  Quizá la única diferencia es el acceso a bolsas millonarias o a la encarnación más viva del poder: la violencia.

Lejos de la idealización de los ciudadanos, hay prácticas que se corresponden y se parecen a las que odiamos tanto en nuestros políticos. Veamos algunas estampas.

El monopolio soy yo. Nadie es más importante en las asociaciones civiles, que la nuestra. Las demás también hacen trabajo, pero la mejor, la verdadera y sobre todo, la auténtica, es la que llevamos nosotros. Como si fuera un extensión del ego personal, se asume un ego colectivo.

Se vale criticar, pero a mi no critiques. Contrario a la apuesta liberal de la democracia, donde la crítica y debate son una esencia de la vida pública, en el microcosmos de las organizaciones de la sociedad civil, la crítica es deseable hacia fuera, pero nunca adentro. Se vale señalar con todo a los políticos en el gobierno, pero no se permite la crítica a los críticos. Como en el mundo de las redes sociales, los comentarios en contra se borran y de paso, se bloquea a los usuarios que cuestionan.

La tolerancia no es para nosotros. Si hay un discurso políticamente correcto, es el de la tolerancia. Tolerancia de opiniones, de grupos, de creencias está bien para los políticos, pero no para los ciudadanos organizados. Diferir es mal visto, y no adoptar la opinión de la mayoría, es casi una condena.

Tan largos unos como otros. Se ha hablado de la transparencia como un valor fundamental de la democracia. También se ha dicho que la rendición de cuentas es un deber del gobierno. Pero al revisar las cuentas de los ciudadanos asociados en redes de colonos o grupos de interés, encontramos tanta opacidad como en el gobierno. Al final llegan al mismo punto: los fraudes no son exclusivos de los políticos.

Superioridad moral. En el quehacer de las organizaciones, siempre hay quien habla desde la superioridad moral. Cargados con una batería de adjetivos, nos dicen quienes hace bien, y quienes hacen mal.  Así, cualquier foro es la ocasión para pontificar. Si otros ciudadanos colaboran con el gobierno, son “acarreados”. Si nosotros colaboramos con el gobierno, somos especiales e importantes.  

Demerite a los demás. Reflejo de los complejos personales, hay en el ámbito de los ciudadanos, un gusto por demeritar todo lo que no sea el trabajo propio. Si está bien el de otra asociación, demerítelo. Si está mal, diga mil veces que está mal. De esa manera quedará satisfecho con su trabajo, como quien asume haber descubierto la tierra.

Autoelogio, autoelogio y más autoelogio. De lo que se trata es de que brille uno.  La organización sólo es el vehículo para la promoción personal. Deje de lado el trabajo duro, usted salga en la foto. Llegue al momento oportuno cuando las cámaras estén encendidas. De lo que se trata es de aparecer. No lo olvide, la foto es lo más importante. Incluso si puede, regale un objeto personal a manera de relicario. 


El antimanual del ciudadano  continuará…

29 de oct 2014
El Siglo
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1052161.antimanual-del-ciudadano.html

domingo, 17 de agosto de 2014

Signos de la política

De un lado y de otro los ejemplos abundan. Gobernadores que desfalcaron a su estado. Gobernadores que se aliaron al crimen. Gobernadores que gobiernan contra los ciudadanos. Los ejemplos nos parecen comunes, porque ya no encontramos asombro. Tanto se repitieron los escándalos, que al final terminaron por no hacer ruido. Tras la década de la alternancia, comprobamos que los de entonces, resultaron una mala copia de los de antaño. Mucho nos dice de la política el comportamiento de los hombres públicos, pero más nos dice, el comportamiento de los ciudadanos. Al final del día, son las prácticas ciudadanas las que reflejan a los odiados hombres del poder.
Como signo de la política, la renuncia del gobernador Fausto Vallejo, cerró un infausto gobierno. Vallejo ganó la gubernatura de Michoacán en 2011 y asumió el poder al año siguiente. A partir de entonces, la ausencia fue una constante de su gobierno. A los tres meses solicitó licencia del cargo por motivos de salud, y así se la pasó: renovando licencia tras licencia. Vallejo nunca asumió el poder y le dejó el cargo como "gobernador interino" al secretario de gobierno, Jesús Reyna García. En abril de este año, el interino fue detenido por sus nexos con el crimen organizado. Con desgana, Vallejo tuvo que regresar sólo para comprobar la miseria de su gobierno. Mientras tanto, Michoacán seguía en jaque por los criminales y la creciente presión de las autodefensas.
El gobierno de Enrique Peña Nieto no optó por la vieja fórmula priista de quitar a los gobernadores, sea la causa que fuera: corrupción, rivalidad política, disgusto. Mejor sustituyó por los hechos al gobernador. De esa manera nombró, en enero de 2014 a Alfredo Castillo gobernador de facto, bajo el eufemismo: "Comisionado para la Seguridad y el Desarrollo Integral de Michoacán". Pero a Vallejo no lo tumbó su ineptitud, ni tampoco su irrelevancia política en el estado, sino la fotografía de su hijo con un prominente criminal. La imagen se difundió el 14 de junio y cuatro días después Vallejo dejó la gubernatura. Así sin más, sin investigaciones, sin un llamado a cuentas por las relaciones con el crimen. Simplemente dejó el cargo, como quien dice, "ahí muere". Lo significativo de los infortunios de Vallejo, es el "borrón y cuenta nueva" que aplicó el reformista gobierno federal. Dicho de otra manera, la corrupción de un gobierno no sólo fue perdonada, sino además se dejó intacta, con tal de que político en turno se fuera del cargo. Al final, lo de Vallejo parece más un problema de imagen pública para el Gobierno federal, que de corrupción al más alto nivel.
Por mera circunstancia un caso coincidió con otro, pero con la diferencia de que el gobierno no es mexicano, sino estadounidense. Y vaya que los gringos sí toman en serio eso de las leyes y el derecho. Por lo mismo, poco importó que el acusado fuera un político o un criminal cualquiera. Jorge Torres, célebre "hombre de negocios" y exgobernador interino de Coahuila, cubrió en 2011 al inolvidable Humberto Moreira, a fin de que este último pudiera dejar tranquilo el poder a su hermano, Moreira II. Acusado de lavado de dinero por transferir 2.7 millones de dólares de una cuenta en el banco JP Morgan Chase en Texas, a otra en el banco Old Mutual de Bermudas. ¡Todo un paraíso!
Al principio, Torres intentó defenderse y trató de reclamar el dinero incautado, pero al final no pudo solventar esa cuentillla en dólares. En su momento, hasta alegó ser accionista de una empresa cementera, pero los voceros de la misma lo negaron. Así se acabó el shopping en los "Yunites".
Lo interesante del caso, es que Torres fue llamado a la justicia no por el gobierno de Coahuila en relación al megafraude de la deuda, donde hasta la fecha sigue impune su principal responsable: Moreira I. Aquí, ni el procurador Homero Ramos, ni el encargado de la función pública, Ismael Ramos (¡ahora en finanzas!), ni los diputados de entonces (ahora nuevamente candidatos Verónica Martínez y Shamir Fernández), y mucho menos el gobernador Moreira II vieron nada. Eso sí, quedó un enorme boquete de 35 mil millones de pesos.
Mientras en Coahuila y en México estos casos de corrupción se borran y quedan impunes, en Estados Unidos, ya encerraron a Javier Villarreal, operador financiero de la deuda. Recientemente fue la justicia norteamericana quien declaró prófugo a Torres, y al mismo tiempo, la Agencia Antinarcóticos (DEA), publicó la ficha del exgobernador. ¿Qué tan mal estamos acá, que la justicia proviene de otro país? Sin duda, son los signos de la política en México.
CAMPAÑAS
Y si usted pensó que todo este asunto de Torres prófugo va a impactar negativamente en las campañas del PRI. Agárrese, ya que desde hace tiempo el PAN renunció a la oposición. Simplemente les pasó de noche. Francamente no veo para qué quieren llegar al Congreso local, si ni siquiera como candidatos son capaces de articular un contrapeso. Mejor no la podía tener el PRI.

El Siglo de Torreón
25 de junio 2014
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1009607.signos-de-la-politica.html

domingo, 27 de mayo de 2012

Ahora la Ibero en Torreón

Mucha tinta ha corrido sobre los jóvenes de la Ibero, el movimiento #YoSoy132 y la multiplicación de las manifestaciones en el país. También ya se hicieron las inevitables comparaciones con los jóvenes de la Primavera árabe, los indignados españoles, los estudiantes chilenos e incluso otros movimientos en la historia como el 68. Algunas comparaciones son desproporcionadas, pero otras ayudan a dimensionar la protesta mexicana. Un Mubarak o un Gadafi gobernaron por décadas con regímenes duros. En la realidad mexicana, no obstante de ser una democracia, hay herencias autoritarias igual o más viejas. En doce años de gobierno el PAN no pudo ni quiso desmontarlas; hoy disputa con razón el segundo lugar en la contienda presidencial.

En el país hay estados que nunca han sido gobernados por otro partido. Coahuila es uno de ellos, y también sirve como ejemplo de corrupción para el Departamento de Estado de nuestro vecino del Norte. Por lo mismo, en las calles los jóvenes nos advierten sobre el obsoleto sistema político mexicano, aunque dudo que nuestros políticos quieran entender el momento.

Esos jóvenes que protestan son la parte más privilegiada del país, la que incluso estudia en universidades privadas como la Ibero o el ITAM, por mencionar algunas. Son universitarios de clase media, con buen acceso a las redes y capacidad de respuesta. Muchos de ellos están de edad de votar por primera vez en la elección de julio. Por ahora han centrado sus críticas en Peña Nieto y el duopolio, pero también ven con reserva a otros actores políticos.

En tales circunstancias la Universidad Iberoamericana en Torreón recién publicó los resultados de la Encuesta sobre Cultura Política, 2012. El momento no podía ser mejor. Gracias al maestro Gerardo Rivera supe de manera preliminar del estudio durante el foro de marketing político en el que participamos junto al profesor Krismell Grullón, el pasado mes de abril. Ahora, ¡y vaya que lo exige nuestro presente! se puede acceder al estudio en el sitio ww.lag.uia.mx. Comento los principales resultados.

Aplicaron una muestra de 148 entrevistas a los alumnos de doce carreras. La gran mayoría son jóvenes que viven en Torreón. Lo datos evidencian un perfil no exento de contradicciones y paradojas. Las tres instituciones en las que más confianza tienen son los maestros, la iglesia y los ¡medios de comunicación!


Hay gran desconfianza en el ejército, así lo afirmó 63%. Prácticamente 1 de cada 2 aprueba el trabajo del Presidente de la República; y sólo 34% aprobó el trabajo del gobernador de Coahuila; el alcalde de Torreón fue aprobado por el ¡8 por ciento!


Aunque el 63% de los alumnos declararon interés por la política, a la hora de preguntarles si estaban dispuestos a participar como funcionarios de casilla, 76% contestó que no. Parece más fácil para los jóvenes expresarse de lejos, piensen en las redes sociales, que la engorrosa tarea de hacer política.
70% no supo cuánto dura un Diputado Federal en el cargo. 78% tampoco supieron cuánto dura un senador. 


La redes sociales (Facebook, Twitter) compiten con la televisión como medio de información sobre la política. 76% no acude al periódico como fuente de información. Por las mismas la radio y las revistas. Aunque la muestra del estudio es pequeña, el microcosmos de la Ibero en nuestra ciudad refleja de alguna manera la cultura política que prevalece en los jóvenes. Y claro, hay un reconocimiento mayoritario de que la política es complicada (69%). 
Nadie dijo que fuera fácil. ¡Bienvenidos!


27 de mayo 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9148668