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lunes, 4 de mayo de 2015

Confianza a la mexiquense


Tan sólo hace algunas semanas, la principal autoridad del país afirmó que México está “plagado de desconfianza”. Uno pensaría que con tales afirmaciones, viene un auténtico compromiso por generar confianza, por hacer del gobierno una referencia pública. Pero sin confianza, difícilmente se puede tener credibilidad, en tanto que una alimenta a la otra.

Así, por más buenas intenciones dichas ante democracias de prestigio como la inglesa, la construcción de la confianza pública no depende de millonarias campañas de publicidad, ni de los medios que aplaudan. Sino de la congruencia en las acciones públicas. ¿Qué ha hecho el actual gobierno para generar confianza? La narrativa del Gobierno Federal tuvo un efímero logro con la agenda reformista, para luego desvanecerse con la caída del precio del petróleo. Después vinieron los escándalos de corrupción de la famosa “casa blanca” asociada al presidente Enrique Peña Nieto, y claro, no podía quedarse atrás la casa de Malinalco de Luis Videgaray, el influyente Secretario de Hacienda. Desde esas costumbres, el equipo de la presidencia no tendría incentivos para actuar de otra manera. Por lo mismo, que otro funcionario vaya por las mismas, es congruente con aquellos sucesos. De esa manera, el titular de Conagua, David Korenfeld no pasó inadvertido al utilizar el helicóptero del gobierno para fines privados. 

El suceso habría sido una raya más al tigre, si no fuera por la mirada de un ciudadano que captó el momento donde el funcionario y su familia salían de viaje. Tras el escándalo, el funcionario ofreció una disculpa en Twitter, para solo ratificar la impunidad que se ejerce desde el gobierno. No pasa nada. En la lógica mexiquense, que sus jefes aparezcan con esos de las casas, es una justificación mayor para utilizar los recursos del gobierno en beneficio privado. Cambiemos el papel: si la impunidad viene de los pequeños detalles, pronto terminará en los grandes al estilo Higa. Pero ¿cómo se construye la confianza? Antes del derrumbe, el presidente apareció junto a Norman Foster, uno de los arquitectos más prestigiosos del mundo, para presentar el megaproyecto del nuevo aeropuerto en la ciudad de México. Por supuesto, una filial del Grupo Higa va en un contrato por la pequeña suma de 794 millones de pesos.  

Pero regresemos al punto ¿por qué México está plagado de desconfianza? Ante una serie de solicitudes de información para conocer el detalle y los documentos que sustentan ese contrato, el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, decidió reservar esa información bajo un argumento que raya en el insulto. Cito el documento: “La publicación de la información ocasionaría directamente daños de imposible reparación, entre ellos al Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, quien es presidente del Consejo de Seguridad Nacional, a su gabinete legal y ampliado, al personal del Hangar Presidencial y a invitados especiales, poniendo en riesgo su vida por posibles actos de sabotaje". En pocas palabras, publicar esa información conlleva "riesgos de ataques de grupos delictivos y terroristas".  


Detrás del supuesto argumento de la seguridad, en realidad se esconde un ejercicio opaco de millonarios recursos públicos. De lo que se trata no es de generar confianza, sino ejercer el dinero en la forma más oculta posible. Para ello, reservaron la información por 12 años, es decir, dos sexenios para que no se sepa nada, para ocultar todo rastro posible. ¿En 12 años ya nadie será responsable? Bajo el estilo mexiquense de gobernar,  se entiende por qué México está “plagado de desconfianza”.

8 de abril 2015
El Siglo de Torreón
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1103445.confianza-a-la-mexiquense.html

Transparencia y confianza

Puro lujo

Como va el rumbo de la cosa pública, nos queda una sensación de ir un paso para adelante y dos para atrás. Entre la comentocracia ya se habla de “regresión”, vuelta al pasado o de una “restauración” del viejo régimen. Incluso, hasta las opiniones más ecuánimes y conservadoras, denuncian la cleptocracia o describen, a manera de lamento, “un presidente como los de antes”. De manera prematura la Presidencia de la República perdió confianza y credibilidad por sus propias acciones relacionadas con la corrupción. Lejos de enmendar el rumbo, hay que aguardar todavía cuatro años más. 

En el poder optaron por la arrogancia como una actualización de “ni los veo ni los oigo”. Por eso, el Secretario de Hacienda, Luis Videgaray, se presenta tan tranquilo, a pesar de las nuevas revelaciones del diario Wall Street Journal sobre su casa en Malinalco y el magnífico crédito otorgado por HIGA. Para el caso, mejor colofón no pudo haber: "Si les parece bien no voy a hacer ninguna otra declaración".

Desde Londres, el presidente Enrique Peña Nieto, reconoce, como quien no es parte del problema, que México está plagado de desconfianza: “Hoy, sin duda, hay una sensación de incredulidad y desconfianza… ha habido una pérdida de confianza que ha sembrado sospecha y duda”. 

Hace unos días, se publicó una encuesta que registra la desaprobación ascendente del gobierno.  58 por ciento de los ciudadanos desaprueba al gobierno de Peña, o como dijera el innombrable: esas encuestas reflejan un despeñadero. Por el contario, solamente 39 por ciento lo aprueba (Parametría, 23 de marzo 2015).

En ese ambiente negativo de nuestra vida pública, aunque todavía muy alejado de la autodegradación venezolana, el Senado acaba de aprobar el dictamen para la nueva Ley General de Transparencia. Después de un estira y afloja en contra de la transparencia, se lograron enmendar varios puntos que mejoran los mecanismos de la ley en el país. De entrada es positivo que la nueva ley amplía los sujetos obligados, entre ellos sindicatos, partidos políticos y el resto de los poderes públicos más allá del ejecutivo. Aunque los legisladores, se dieron un tiempo de espera para que la ley no aplique del todo a ellos, mientras se acomodan. Esto significa que la discrecionalidad en el gasto continuará hasta que no ajusten a la norma. En congruencia con el pasado, el coordinador del PT, Manuel Bartlett, fue el único en votar en contra.

Otro punto relevante es que pasamos de una ley con 17 obligaciones mínimas de transparencia, a 48. Es decir, tendremos una cancha más amplia a favor de la transparencia. También se unificaron los criterios y principios para estados y municipios, a fin de partir de la misma base. Con la ley anterior, cada estado se confeccionaba su vestido de “transparencia” a la medida.


Como en toda ley de transparencia y acceso a la información, un punto polémico son las causas de reserva de información. El motivo más socorrido es la “seguridad del Estado”. Bajo esa justificación, muchas dependencias gubernamentales ocultan dolosamente información de interés público. La nueva ley exige mostrar una prueba de daño para la clasificación de información. En general la nueva ley es un paso de segunda generación si lo comparamos con la primera ley. Pero es cierto, querido y desconfiado lector (la burra no era arisca). La ley de transparencia no resuelve los problemas del país, ni tampoco acaba en automático la corrupción. Por el contrario, necesita de ciudadanos que le den contenido, que la lleven una y otra vez a prueba. Ciudadanos, que cansados de sus gobiernos, los llamen a cuentas a través de un sencilla solicitud de información. Todavía nos falta mucho, pero no partimos de cero. Aunque lo confieso, desalienta saber que avanzamos en unas, pero retrocedemos en otras.  

25 de marzo 2015
El Siglo de Torreón
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1099234.transparencia-y-confianza.html