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lunes, 26 de diciembre de 2016

La Alameda

Espacios de identidad

Pocos lugares tan emblemáticos como la Alameda Zaragoza en Torreón. De los paseos públicos en la ciudad, la Alameda ocupa un lugar especial entre los laguneros. Ya sea para caminar, divertirse, encontrarse con alguien, o simplemente descansar a la sombra de unos árboles, la Alameda es un referente urbano. Tan significativo es, que no nos imaginamos Torreón sin su Alameda.
Por más de cien años, caminar por la Alameda continúa siendo uno de los paseos tradicionales por el rumbo de los fraccionamientos de Cobián. Hace más de un siglo, el empresario algodonero Feliciano Cobián —que después se construyó un palacete que ahora sirve como sede de la Secretaría de Gobernación en la ciudad de México—, compró unas tierras al agricultor lagunero, Coronel Carlos González Montes de Oca. Pero Cobián fue visionario en términos urbanos, no se quedó con esa tierra para sembrar más algodón, sino tuvo a bien fraccionar  los terrenos en 1898. De esa manera nacieron los cinco fraccionamiento de Cobián que ahora van desde la calzada Colón a la calle 40.
Como la naciente población carecía de espacios públicos y paseos, el empresario  Joaquín Serrano, omnipresente en las grandes empresas laguneras, compró por su propia iniciativa y peculio, cuatro manzanas a Cobián en 1899, para hacer ahí la Alameda. Pero no sólo compró y donó los terrenos a la ciudad, sino además mandó traer desde Allende, Chihuahua, un buen número de álamos para arbolar debidamente el parque.
Serrano es uno de los héroes olvidados en la historia de Torreón. Una vida extraordinaria a la espera de biografía. Pero su grandeza se debe al emprendimiento y generosidad que tuvo para la ciudad. Tan alto prestigio social tenía, que el matón de Pancho Villa le permitió quedarse en aquella  expulsión xenofóbica que hizo contra los españoles en 1914. Serrano fue el padre de la Alameda y de tantas empresas en Torreón, pero no aceptó quedarse y se marchó con el resto. Pasada la tormenta, regresó nuevamente a su casa, que ya no era Logroño, España, sino Torreón, Coahuila.  Aquí estaban sus obras y su vida. Aquí donó los terrenos de la actual colonia San Joaquín, para que los obreros tuvieran un lugar donde construir sus casas. De ese tamaño era la grandeza del español que se hizo lagunero.
Pero regresemos a la Alameda. Poco a poco la autoridades fueron acondicionando el lugar. Una balaustrada alrededor de todo el terreno. Una bomba para el riego de las áreas verdes. Tampoco faltaron los ciudadanos que sembraron más árboles y también contribuyeron con bancas y ornatos, como las dos pilastras de cantera que todavía reciben a los visitantes por la avenida Morelos. Ambas columnas fueron donadas por la colonia “sirio otomana” en 1910, con motivo del centenario de la Independencia. Deténganse a observarlas. Una está en árabe y la otra en español. La Alameda tiene historia y monumentos de gran valor, como las ocho columnas de cantera en cada una de las cuatro esquinas. Están ahí desde 1914, con mucho, el año más violento que se recuerde en la ciudad. Nada más en aquella terrible batalla, se mataron cinco mil personas.
En los años veinte, Torreón vivía un esplendor urbano, y el alcalde Nazario Ortiz Garza, se dio a la tarea de gestionar los recursos para construir el principal monumento que distingue a la Alameda: la “fuente del pensador”. Se trata de una réplica del escultor Fernando Toriello, con base a la escultura funeraria que hizo Miguel Ángel para Lorenzo el Magnífico. El año de su inauguración fue en 1928 y a partir de entonces, de manera popular, la gente la conoce como “fuente del pensador”. Por cierto, ese monumento fue financiado por la compañía  inglesa de petróleo El Águila. Hay muchas historias más, pero me detengo al presente.
La semana pasada, el Instituto Municipal de Planeación de Torreón, a cargo de Eduardo Holguín, convocó a una consulta para escuchar a los ciudadanos sobre las problemáticas que perciben de la Alameda. No se trata de descubrir el hilo negro, pero tampoco de hacer ocurrencias. Banquetas y adoquines en mal estado. Deforestación, basura y descuido de los monumentos históricos muestran un visible deterioro del parque.  Aunado a un numeroso grupo de ambulantes que compiten con ruidosas bocinas. Hace tiempo que el espacio perdió lustre. Hago votos para que la obra que se vaya hacer, se haga bien y con cuidado; con respeto de los monumentos y la historia, pero sobre todo, que al final se restaure la dignidad de nuestra Alameda.
29 de junio 2016 
El Siglo  


martes, 1 de enero de 2013

La sociedad cerrada




¿Qué ciudad estamos construyendo ahora? ¿Cuál es la ciudad que vamos a disfrutar o padecer en las próximas décadas? Sólo dos preguntas, no más, son las que me preocupan al conocer nuevamente sobre las acciones de los ciudadanos que cierran las calles para protegerse. Es profundamente significativo que como sociedad, la respuesta más firme a la crisis de seguridad que vivimos, es cerrarse. Ya hemos levantado muchas bardas y todavía nos esperan más. Prácticamente el modelo de vivienda en auge, edifica una ciudad amurallada, cerrada contra sí misma. También las autoridades, ante el fracaso por garantizar la seguridad a los ciudadanos, han destruido brechas y avalado el cierre de calles, pero todavía son incapaces de construir puentes y lazos de confianza. O ¿quién puede confiar en un gobierno que tapa un megafraude, o en uno que no le interesa tener servicios públicos de calidad? Atrás queda el Torreón mítico que se construyó abierto para el paso de los ciudadanos. Hoy son los ciudadanos los que proponen cerrar espacios públicos, no sólo por el hecho material de obstruir el paso, sino por la ausencia de confianza.

Cuando 7 de cada 10 ciudadanos en Torreón perciben la inseguridad como el principal problema (Politeia, nov 2012) en la ciudad, casi cualquier cosa, por más ilusoria o contraria a las libertades, encuentra terreno fértil. No hay que olvidar la lección que nos dejó el siglo XX, un siglo de gran matazón. Fue precisamente ahí donde la decepción de la democracia, aunado a la desconfianza por las libertades, abrió las puertas a las peores dictaduras o regímenes totalitarios. Por supuesto, no sugiero que eso estamos promoviendo tal cual, pero en el fondo, la semilla del temor y la desconfianza, aunado a un estado débil, es un caldo de cultivo para la justicia por la propia mano; para el estado de todos contra todos
No nos extrañe que le día de mañana, la sociedad que hoy se cierra, se también la pide suprimir libertades. Porque no se trata solamente de los cierres materiales con jardineras, bardas o rejas, sino de los cierres sociales que implican una sociedad segregada, cerrada para sí.

La expropiación de los espacios públicos hoy, es un mensaje desalentador para la ciudad del mañana. Lo que ahora nos parece adecuado, por ejemplo, cerrar calles, mañana puede volverse contra nosotros mismos. Como fácil ideología, nos gusta repetir que debemos reconstruir esa entelequia llamada “tejido social”; pero por otro lado, la acción más relevante de los ciudadanos, es cerrar el paso a otros ciudadanos. Difícilmente de ahí puede venir la confianza, la apertura para el encuentro de los ciudadanos.

Posdata
Aunque parezca irrelevante decir que los cierres de calles contravienen la constitución, ¿habrá todavía en nuestra ciudad algún joven abogado dispuesto a amparase contra el cierre de las calles? Si no, a manera de paráfrasis ya tenemos el prólogo de “La sociedad cerrada y sus amigos”.

28 de diciembre 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9168265

domingo, 11 de noviembre de 2012

Más sobre moreleando

Visto acá
Acudo puntual a la entrevista para hablar sobre el centro histórico de Torreón en la Universidad Iberoamericana. Como historia el tema es apasionante, como futuro el centro de la ciudad tiene que llamar a la esperanza. Por eso me entusiasma el empuje de los jóvenes estudiantes de la Ibero, además de otros grupos que en su conjunto promueven moreleando, de vuelta al centro (busquen el Facebook con el mismo nombre). Como referencia aluden al paseo de nuestros padres y abuelos. 

Morelear en aquéllas décadas era todo un ritual: dar la vuelta en el coche, ver a los amigos, ir al cine, compartir un “tanque” (cerveza) en la botana… seguro algunos lo recordarán bien. En la mejor representación del espacio público, los laguneros se encontraban en las espléndidas banquetas.
Sobra repetir el actual abandono y hasta la negligencia en uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad. Lo interesante de la propuesta es la posibilidad de reinventar el espacio público como espacio de convivencia. Al igual que ellos, imagino una ciudad deseable; moreleando es un buen vehículo para regresar la dignidad a esos espacios (y conste que no hablo de esa abstracción llamada “tejido social”). Recuerdo bien, en mis años en chilangolandia, la fealdad de la emblemática avenida Madero (también había ahí un “maderear”). Como parte de una estrategia de movilidad, orgullo y rescate del centro histórico, el gobierno del Distrito Federal, instituyó la Madero como una zona peatonal por excelencia. ¡Ahí todos los días hay fiesta! Ahí todos los días alguien se conoce, alguien se encuentra. Al principio los comerciantes estaban histéricos, y hasta acusaban que aquello no funcionaría. Qué decir de los automovilistas, que reclaman todo para sí, incluso los pasos peatonales. Sencillamente hoy, la Madero es un paseo obligado que dignifica la ciudad. Imposible no sentirse identificado. Orgulloso.

Por eso tengo esperanza en la Morelos, en la propuesta de los jóvenes y en el detonante que esto implicará para Torreón. Una vez que probemos y hagamos de nueva cuenta “morelear”, la ciudad será más nuestra. Será más habitable. Por ahí nos vemos el próximo sábado 10 de noviembre.

7 de noviembre 2012
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9163736

domingo, 14 de octubre de 2012

Seguridad y jardineras


Bajo la tendencia de cerrar calles, un nuevo conflicto se suscita entre los vecinos de la colonia Margaritas y las autoridades del Ayuntamiento de Torreón. Pero seamos consecuentes. Cuando el gobierno local avaló los primeros cierres, abrió el camino para otras colonias afectadas. Nadia más promovió ese incentivo que la misma autoridad. Así, no le queda más asumir esa política.