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martes, 5 de noviembre de 2013

Un mundo nos vigila




No, no, no, por favor no piense lector que esta columna se refiere a la elucubraciones del recién fallecido Don Pedro Ferriz Santa Cruz. Para nada. más bien trata de algo más terrenal y menos metafísico. Lo lamento, no hay Ovnis, ni extraterrestres. Eso sí, hay un mundo terrenal, a veces visible, pero siempre omnipresente. Observa, sigue nuestras pasos, sabe de nuestras actividades e incluso, conoce los mensajes que enviamos a través del correo electrónico o nuestros teléfonos celulares. Sí, está presente en todas partes aunque no lo veamos. Sabe lo que pasa y lo que no. Pero no se trata de una gigantesca conspiración, sino de la voluntad personal que tenemos cuando usamos Google, Hotmail, Facebook… nuestros teléfonos inteligentes, o humildes celulares.
Es la imaginación de Orwell hecha realidad. Ni siquiera en la guerra fría los gobiernos de las principales potencias tenían los alcances de ahora. El Internet y las telecomunicaciones permiten una red de vigilancia con los recursos de los propios ciudadanos. El escándalo abierto por ese paria norteamericano, Edward Snowden, sólo ratificó la existencia de una enorme red de espionaje por cortesía de Estados Unidos y otros gobiernos. Pero el espionaje no es una novedad, ni tampoco un invento de la modernidad a cargo de agentes estilo James Bond. Algoritmos, robots y un ejército de analistas monitorean a través de programas como Prism y Boundless Informant. Al estilo de Jason Bourne, pero sin Matt Damon y la espectacularidad de la ficción, la vigilancia de agencias gringas como la NSA es normal.
Raro sería que los Estados Unidos no espira a su vecino. ¡Y también al mundo entero! En México, lo hizo desde el siglo XIX con las intrigas de Poinsett como enviado especial. ¡Así nos fue! En el XX, hubo incluso un embajador, Henry Lane Wilson, que colaboró abiertamente en el derrocamiento del presidente Madero. Aquello terminó en tragedia. Hacia los años cincuenta de ese mismo siglo, la vigilancia se sofisticó y llevó a la nómina a varios presidentes mexicanos. No había necesidad de la fuerza. Todo era política y elegancia. Un encantador agente de la CIA, Winston Scott, tuvo como testigo de su boda, al presidente López Mateos. ¡Ni eso ocultaban!
Las nuevas revelaciones de que Estados Unidos espió a Enrique Peña Nieto durante la campaña a presidencia, son en realidad normales para la superpotencia. Tampoco dudemos del espionaje a Peña, ahora que es presidente. No obstante, ya ni por reflejo, la cancillería mexicana reclamó. Se tardo tanto en decir algo, que ni interés se vio entre límites de un gobierno y otro. En contraste, el gobierno de Brasil rápido reaccionó y lo hizo en tono fuerte. Ya en el enojo, esperan en vano una disculpa por escrito desde Washington.
El mundo que nos vigila no viene de afuera ni es extraterrestre. Está bien asentado gracias a ciertos gobiernos que quiere saber todo y pueden. Unos les llaman seguridad nacional, otros como Baltasar Gracián, “razón de establo”. Como sea, para fines prácticos espían, vigilan, intervienen, reprimen, aprehenden, eliminan a sus objetivos. Ni quien esté por encima. Ni quien pueda limitarlos, menos todavía la democracia.

6 de septiembre 2013
Milenio http://www.milenio.com/firmas/carlos_castanon_cuadros/mundo-vigila_18_148965110.html

domingo, 23 de junio de 2013

El fin de las libertades





“No soy un traidor ni un héroe. Soy un americano”. La frase no corresponde a una novela de Ian Fleming o de John le Carré, sino a un joven estadounidense de 29 años, Edward Snowden, quien acaba de develar una gigantesca red global de espionaje alentada por Estados Unidos. Pero lo particular del escándalo, no es tanto el espionaje, al fin una práctica usual e inherente al Estado, sino el arrepentimiento de un colaborador. Snowden era un “analista” subcontratado por una agencia de inteligencia del gobierno gringo. En algún momento el joven espía decidió dar marcha atrás y filtró documentos a los periódicos The Guardian y The Washington Post, donde se evidencia un gran programa para espiar llamadas telefónicas, correos, mensajes y cualquier cosa que pase por compañías como Google, Apple, Microsoft, Facebook y Skype. En pocas palabras ¡todo! Pero si creíamos que las peores manos están en el gobierno, esas empresas globales no sólo lo superan, sino hacen realidad la distopía imaginada en 1984. La tecnología rebasa a la literatura. Acaso, de vez en cuando, hay alguien que rompe o se suicida. Al igual que Bradley Manning, el analista militar en Irak que filtró miles de documentos a WikiLeaks, Snowden aparece como un tránsfuga. Un héroe posmoderno. Un anormal que decide romper el pacto.

El escándalo ya tiene proporciones suficientes para ratificar a Barack Obama como el tipo carismático y cool que sostiene la guerra, Guantánamo y una estructura orwelliana de dimensiones insospechadas. Ya en el camino del escándalo, el multicitado libro de Orwell escaló las ventas en Amazon y Barnes and Noble.

Paradójicamente, por más fuerza que tuvieron los Estados a lo largo de la historia, siempre había zonas infranqueables hacia las personas. Estados tiránicos, dictaduras militares, poderes autoritarios, pero ninguno como ahora, encontró en los gobiernos democráticos, los medios más eficaces para invalidar las libertades. Nada se acerca tanto a lo imaginado por el autor inglés, como esta red global que quiso abandonar Snowden. Hace tiempo que Daniel Bell habló de las contradicciones de la sociedad posindustrial y la era de la información. Estamos conectados en una sociedad global. Pero la modernidad que tanto se empeñó en defender la individualidad frente a la comunidad, terminó anulada por una omnipresente escucha global. ¿Tendríamos que sorprendernos? De alguna manera hay forma de acotar un Estado. Nixon fue pillado y depuesto de la presidencia por expiar a la oposición. Pero cómo acotar empresas que superan el tamaño y los recursos de muchos países. 

¿Quién sanciona a Google, Apple y demás monstruos del mercado? Sencillamente no hay forma.
Quizá la revelación de los secretos quede como un escándalo temporal en los medios internacionales. Con el paso de tiempo ya nadie hablará del espionaje, la intervención de la privacidad y el fin de las libertades. Sin duda para entonces, tendremos una vida más cómoda.
Posdata
En México no necesitamos gran tecnología ni demasiada sofisticación. Podemos pedir una orden maciza y el padrón del IFE. ¡Cuál privacidad! Usted pase y compre las bases de datos.

14 de junio 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9183456

lunes, 30 de enero de 2012

Elecciones ¿todo se vale?


En tiempos de elecciones casi cualquier cosa es válida para avanzar. Por eso no extraña el escándalo de espionaje al Poder Legislativo. Aunque es ilegal, su práctica es común. Pero hay casos emblemáticos que no quedaron impunes; pienso en Watergate y la caída del mismísimo presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, quien no dudó en utilizar ciertas “ventajas” para vencer a sus oponentes electorales.  

Regresemos al caso mexicano. Hace algunos años, en 2008, el influyente senador Manlio Fabio Beltrones denunció ante las autoridades el espionaje telefónico del que fue objeto. Al final se dio con un grupo de espías que apuntaron su origen en el Estado de México. Ya se imaginarán. Aunque el escándalo se esfumó, de por medio se detuvo a un ¡ex funcionario! del mismísimo Cisen y otros cómplices que después libraron la cárcel. Así de fácil.

El caso de espionaje telefónico que nuevamente se destapó en la Cámara de Diputados, parece una reedición de aquel momento. Rumbo a las elecciones todo es posible, incluso la ilegalidad. Como la espada de Damocles, otra vez los medios y los fines. No hace falta que los partidos pretendan un “blindaje” contra el dinero y el poder del narco. Sencillamente con la disputa interna entre ellos basta. 
Lo grave no es solamente el espionaje, sino que las autoridades contribuyan a la impunidad. Por lo mismo, la práctica sigue intacta y llega hasta al poder legislativo sin que pase nada. O ¿esta vez será la excepción? La protesta de los legisladores fue unánime, a tal grado que emitieron un punto de acuerdo para que la Procuraduría de la República investigue el caso. Pero si la historia se repite y queda impune el espionaje como en otros tantos casos, ¿qué podemos esperar los ciudadanos que no pertenecemos a esa pequeña élite del legisladores?

Rumbo a la contienda presidencial puede esperarse cualquier cosa, con tal de vencer al adversario o de asegurar el triunfo de la grande. En cierto modo es la naturaleza de la política. Así,  no sabemos qué escándalos están por venir.  Pero sin escándalos de por medio, y sólo con pura deliberación, los candidatos ya escatiman los debates. Por eso, en su afán de no discutir, ya se consulta al IFE sobre lo que se puede hacer y no hacer. Es bien sabida la aversión de nuestros hombres públicos al debate, a pesar de que la comisión del órgano electoral les diga en los próximos días que sí son factibles los debates. Ojalá que en ese punto, la contienda presidencial no nos defraude. 

27 de enero 2012