domingo, 10 de julio de 2011

James Bond en México

En ocasiones subestimamos la realidad. Por lo mismo, la historia parece increíble, pero no lo es. Si bien, no hay tantos detalles públicos de sus operaciones en el país, los lugares, los acontecimientos y las personas evidencian los tentáculos del Estado y la influencia de sus agentes.
Nuestro hombre en México. Winston Scott y la historia oculta de la CIA (Taurus, 2010), del periodista Jefferson Morley, narra la historia del principal agente secreto en México en los años de la posguerra. En aquella época el país fue la Casablanca americana, donde los gobiernos de Estados Unidos, Rusia y Cuba libraron una batalla “oculta”.
Aunque parece ficción, Win Scott, una especie real de James Bond en México, fue el principal operador de la CIA durante los años de la Guerra Fría. Su primera visita a México, nos dice Morley, fue arrogante, con tropas y armas. La segunda estancia fue larga y mejor: se acompañó de tecnología, dinero y amistad.

Afable, discreto. Con formación en matemáticas, poseía las habilidades de un archivista con inteligencia de ladrón. Pero “la vida de un espía no promueve la buena salud ni la longevidad”. La noche, el alcohol y las mujeres se confundían con su trabajo. Conocía bien la patología de la profesión y también la reconocía en sí. Uno era el personaje real, que tenía familia y un trabajo administrativo en la embajada de Estados Unidos. El otro, igual de real, era el espía que realizó operaciones encubiertas, al tiempo que hacía amistad y reclutaba a funcionarios de alto nivel en el gobierno Mexicano: Adolfo López Mateos (ya era el agente Litensor); Gustavo Díaz Ordaz (Litempo-2); Luis Echeverría Álvarez (Litempo-8); y desde luego, también estaban las brillantes glorias negras de la seguridad en México: Fernando Gutiérrez Barrios (Litempo-4) y Miguel Nazar Haro.

Una historia de esta naturaleza siempre tiene episodios detestables, como el golpe de estado fraguado contra Guatemala en 1954, las torturas, las detenciones clandestinas y los desaparecidos por razones de Estado (diría Baltasar Gracián, de establo).

El libro sobre el Bond norteamericano, está basado en documentos y testimonios que Morley consultó, gracias al apoyo del hijo de Win, Michael Scott. Algunos archivos desclasificados arrojaron luz para escribir la historia, otros simplemente fueron negados por la agencia de inteligencia, entre ellos, unas 120 páginas de las memorias de Scott donde se incluyen pasajes de la visita a México de Lee Harvey Oswald, el asesino de John F. Kennedy.

En 1971, ya retirado y después de 13 años de servicio, el espía que reclutó presidentes, falleció en México. Sus restos descansan en un panteón de la capital.

Milenio, 10 de julio 2011
http://impreso.milenio.com/node/8989614