Las fiestas en la ciudad sucedieron en paz. Y aunque había llamados en las redes sociales a no participar, en general la gente salió a las calles. No sólo los asistentes que acudieron a la Plaza de Armas a conmemorar el grito, sino los laguneros que llenaron los restaurantes y al fin salieron a las calles. Y qué bueno, a estas alturas lo que no podemos hacer es ceder más terreno al temor, a los criminales. Por eso me dio gusto ver la plaza llena, las calles con tráfico, la multitud en el desfile.
El jueves pasado, la sesión solemne de Cabildo fue ocasión para entregar las preseas a los ciudadanos distinguidos en varios ámbitos. Bien por los reconocidos ciudadanos, en especial el filósofo y humanista lagunero, Mauricio Beuchot, quien recibió la medalla Magdalena Mondragón.
Al término de la sesión solemne de Cabildo, me señala un buen amigo, se notó la ausencia de un minuto de silencio por los policías municipales caídos; también por los ciudadanos inocentes que los alcanzó el fuego cruzado. Ojalá que en las próximas ceremonias de esa relevancia no pase inadvertido para las autoridades.
18 de septiembre 2011
Milenio http://impreso.milenio.com/node/9028124