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martes, 7 de marzo de 2023

Economía vigente

 



La vecindad hace inevitable el intercambio. Para bien y para mal, México y Estados Unidos comparten una larga y porosa frontera. ¡Más de 3 mil kilómetros! Pese a los muros y las agresiones del país vecino, estamos unidos por una dinámica mayor que supera la política y la ideología. Puede haber prejuicios, discriminación y racismo, pero eso no cambia la presencia de México en Estados Unidos, y viceversa. Por el contrario, reafirma una identidad vital. De esa manera, economía y migración superan la geografía y las jurisdicciones de los estados.

Desde el siglo XIX, las relaciones entre ambos países han pasado de la guerra y las invasiones, incluida la pérdida de la mitad del territorio nacional, a los tratados comerciales y la cooperación.

De un tiempo para acá, un sector de la política estadounidense pide con vehemencia que se declaren "terroristas", a los cárteles mexicanos. La fijación de un "enemigo público", le da contenido a la propaganda gringa y de paso reafirma los prejuicios. Es más fácil culpar al vecino, que reconocer los propios problemas. El tráfico de drogas se puede leer como un problema moral, pero también como una economía bien integrada entre gobiernos, empresas y consumidores. La red es inmensa, tanto como el gusto por las drogas en los Estados Unidos. El discurso contra las drogas, sólo muestra una cara de la misma moneda. Por supuesto, del otro lado nos les gusta reconocer que son un inmenso mercado de drogas, pletórico de hambrientos consumidores.

El historiador inglés, Benjamin Smith, nos advierte en su más reciente libro, Las Drogas (Debate: 2022), que "hoy en día, los mitos en torno a la guerra contra las drogas sientan las bases para el fortalecimiento del nacionalismo estadounidense". Hace dos décadas los "enemigos" fueron los árabes, hoy los sustituyen los cárteles. No obstante, aunque el panorama se presenta entre buenos y malos, como la película Traffic (2000), donde Steven Soderbergh, mostró a Estados Unidos a color, y a México en sepia, la realidad es tan compleja que se entiende mejor una como arraigada economía.

El juicio lapidario al ex secretario de Seguridad Pública en México, Genaro García Luna, llama a reescribir la historia reciente de la llamada guerra contra el narco, que enarboló el presidente Felipe Calderón, en medio de una crisis de legitimidad. Sin duda, Calderón sabía, o era un idiota (Diego Fernández dixit). Sabemos cuándo inició la guerra, pero es fecha que no sabemos cuándo va a terminar. En la actualidad, todavía padecemos en el país, los estragos de la guerra, que abrió un gobierno abiertamente ligado al narco. Pero lejos de ser excepción, hay una continuidad que impone esa economía. En su momento, el poderoso presidente, Plutarco Elías Calles (1924-1928), sobreviviente de la revolución, fundador del Partido Nacional Revolucionario, sabía de los pasos del gobernador Abelardo L. Rodríguez en Baja California. Lejos de condenarlo, lo toleró por ser un hombre leal al régimen. Llegado el momento, Calles lo impulsó como presidente. Abelardo fue promotor del elegante casino Agua Caliente, cuando la absurda prohibición del alcohol en Estados Unidos, incentivó la oferta en la frontera. Esa política alentó el mercado negro y de paso, consolidó a Tijuana, como una ciudad próspera y festiva. El casino pronto se volvió el lugar favorito de estrellas de Hollywood, mafiosos y aventureros. Más todavía, Abelardo se asoció con la mafia estadounidense, esa, que le hacen películas y series de televisión. En vano leí la autobiografía del expresidente, para buscar algún testimonio sobre sus relaciones con la mafia gringa. En cambio, sí enlista más de 84 empresas en las que participó jugosamente.

En su momento, el presidente Miguel Alemán (1946-1952), creó instituciones de inteligencia política y represión, a fin de mantener el régimen autoritario disfrazado de democracia. A principios de 1947 creó la Dirección Federal de Seguridad, un FBI a la mexicana. La Dirección quedó al mando del senador y coronel Carlos I. Serrano. Hombre de todas sus confianzas, repartió su tiempo entre liderar al Senado, espiar y traficar drogas a los Estados Unidos. Alemán sabía.

Lejos de erradicar las drogas, el prohibicionismo y la guerra, han fortalecido el mercado, y hasta lo han hecho más rentable. De allá para acá nos condenan con visión maniquea. De aquí para allá, el mercado se integra como otras industrias altamente rentables.

En su estudio reciente, 2022, sobre las drogas y los espías gringos en nuestro país, el investigador Carlos A. Pérez Ricart resume la otra cara de la misma moneda: "Las métricas del éxito de la DEA son las cuentas del fracaso de México. Lo que la DEA asume como logros ineludibles de la estrategia antinarcóticos -la fragmentación de las grandes organizaciones de la droga en entes más pequeños y aparentemente más controlables- no ha sido sino el detonador de las mayores oleadas de violencia criminal en todo el continente. En esa medida, la DEA es responsable directa de violaciones a los derechos humanos".

Quizá nos disguste aceptarlo, pero la economía de las drogas es una realidad vigente de un lado y de otro.

El Siglo 

domingo, 11 de agosto de 2013

México mágico


México es mágico. Nunca nos deja de sorprender. Ya sea por colores, lugares o expresiones, siempre hay espacio para el asombro y la diferencia. ¡Como México no hay dos! Su geografía es tan rica como su gastronomía. Decimos que en costumbres y cultura somos casi excepcionales. Nuestra literatura, dada a lo fantástico, nos refleja. Un repaso reciente a nuestras costumbres también dibuja de cuerpo entero la magia que se vive en el país.
31 de julio 2013. El juez 13 de Distrito de Procesos Penales Federales, Carlos López Cruz exoneró del cargo de enriquecimiento ilícito a Raúl Salinas de Gortari, después de consabido “usted disculpe”. Al final, la competente justicia nada le probó al acusado que se le encerró por corrupción, asesinato y otras virtudes del México mágico. El ahora hermano cómodo y célebre miembro de la Cosa nuestra está de regreso. ¿Qué andará tramando? ¿Ya le habrá escrito a Zedillo? Tras su triunfo sobre la justicia mexicana, varios exgobernadores del PRI, PAN y PRD marcaron inmediatamente a Raúl para solicitarle el elíxir de la impunidad. Ya duermen tranquilos con su valioso consejo. Al paso que vamos, el gobierno de Enrique Peña Nieto debería de integrarlo como un gran asesor en fondos de inversión extranjeros y limpieza de reputación. En una de esas, la imagen de México mejora.
8 de agosto de 2013. Es liberado Rafael Caro Quintero, pionero de la industria narca a gran escala. Héroe de los años ochenta del siglo pasado, además de legendario hombre de negocios. Libró la justicia gracias a los buenos oficios de sus abogados y a la ineptitud del Estado mexicano. Durante los años idos de la infancia, escuché en varias ocasiones que el agricultor de Badiraguato pagaría la deuda del país con el gobierno gringo, a cambio de dejarlo trabajar. Mito o no, el hombre trabajó a sus anchas como un búfalo. A diferencia del Chapo que salió por la puerta grande, Caro Quintero hizo un largo trámite burocrático para alcanzar la libertad. Al fin, es de la vieja guardia. Del otro lado del río, donde todavía pagan una hipócrita y costosa lucha contra las drogas, la noticia causó indignación de oficio. ¿Qué otra cosa podrían decir si la legalización de la cannabis ya está en marcha? Un burócrata del Departamento de justica, Peter Carr, dijo que su gobierno, y en particular la DEA, están “profundamente decepcionado con el resultado” de la liberación. Pero si son sensatos, Caro Quintero podría asesorar la producción y control de la drogas en el voraz mercado gringo.
La liberación de ambos hombres nos dice que el México mágico está más vigente que nunca. Humberto Moreira, el vivo gobernador de la deuda y el megafraude, debería presentarse el próximo año como candidato a diputado local en Coahuila. El generoso electorado lo perdonaría. Armando Reynoso Femat sería un candidato digno para dirigir el IFAI y ya entrados en materia, habría estatuas e importantes avenidas en honor al padre Marcial Maciel. Por supuesto que no lo hemos visto todo, todavía falta más. ¡Siempre hay más! México lindo y querido, si muero lejos de ti… 
11 de agosto 2013

domingo, 16 de diciembre de 2012

Lavandería mundial


Sí, una gran lavandería mundial. Con sucursales por todo el mundo y mucha publicidad. Los clientes son exigentes, desean sus lavados lo mejor posible. Se debe quitar ante todo, cualquier mancha, cualquier rastro de suciedad. Son expertos en limpieza. Por eso, uno de sus grandes negocios es la lavandería mundial. La demanda es tanta, que el negocio se multiplicó por el mundo. Así, hasta cualquiera puede contabilizar hasta 1000 millones de dólares por concepto de limpieza. El negocio es tan conocido, como encontrar una sucursal en la esquina de cada ciudad respetable. Y ahí sí, cada quien se ajusta a su necesidad.

Lejos de parecer extraño, la lavandería mundial mejor conocida como HSBC, nos revela el tamaño del negocio de limpieza y la exigencia de sus “clientes”. Por supuesto que no fueron las autoridades mexicanas, siempre tan permisivas y flexibles, sino las autoridades vecinas en los Estados Unidos quienes abrieron la investigación sobre lavado de dinero. Aquí no se tomaron la molestia de investigar y abrir un proceso, eso se lo dejaron a los medios que informaron algún tiempo sobre los escándalos del banco. Luego, como casi todo, nada pasó. Lo que para unos es negocio y amistad, para otros es justicia y ley. En nuestro país estamos más cercanos a la amistad, que a la verdad. Por eso las sanciones vienen de otra parte, no importan que nosotros estemos involucrados.

Finalmente, el banco HSBC aceptó la responsabilidad de lavar miles de millones de dólares de los cárteles mexicanos. Ya entrado en gastos, quién sabe qué cosas más se lavaron. Stuart Gulliver, jefe ejecutivo del banco afirmó: “Aceptamos responsabilidad por nuestro pasados errores”. Pero veamos sólo una parte de la pequeña responsabilidad. Nada más entre 2007 y 2008 la lavandería mundial limpió unos 7 mil millones de dólares desde sus sucursales en México. El dato es revelador porque no se trata de una especulación, ni de una opinión periodística, sino del resultado de una investigación que se generó en un subcomité del Senado, ¡pero de Estados Unidos! No nos confundamos: ¡Ni por error en México!

La pequeña cifra nos permite dimensionar el tamaño del negocio de las drogas en México, y por lo mismo, el poderío de los cárteles como emporios globales. Aunque es muy temprano para evidenciar el impacto de la legalización, producción y comercialización de la mariguana en Colorado y Washington, ya podría estar en camino el mayor golpe a los cárteles mexicanos en ese producto mayoritario. Lo bueno puede ser la baja de las ventas. Lo malo es que la cartera criminal siempre tiene otros negocios en puerta.

Es significativo que la sanción contra la lavandería mundial HSBC, provino del gobierno estadounidense. Aunque la sanción sólo se limita a una multota de 1900 millones de dólares, no habrá mayores sanciones judiciales por las operaciones de lavado. Eso parece decirnos que el negocio de lavanderías mundiales es sólo un mal necesario con un futuro promisorio.

14 de diciembre 2012 
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9167141

sábado, 21 de febrero de 2009

De tapados y bloqueos

Al principio, el bloqueo parecía una cosa normal, una protesta más de la que suelen aparecer en el país, sin embargo, la continuidad, la organización y los días fueron revelando otra cosa. No se trataba de una protesta más, ni tampoco de un simple reclamo, más bien, en los hechos, se asemejó a las formas que suele emplear un partido político a la hora de movilizar gente para su causa. Más tardó en reaccionar el gobierno, más tardó en entender la ciudadanía de qué se trataba, por qué se protestaba, en que los propios bloqueos se multiplicaran en distintos puntos y ciudades. La frontera en Ciudad Juárez, Reynosa, Nuevo Laredo y Matamoros, pero también al interior del país, en ciudades como Victoria, Veracruz y Monterrey.

¿De qué se trata? ¿Por qué el malestar? Tras los días, la autoridad fue confirmando las suposiciones: detrás de las movilizaciones “ciudadanas”, del conjunto de “tapados” está el narco. Jugando con los medios y fines, utilizaron lo mismo jóvenes que niños, señoras que ancianos, para bloquear las avenidas, con la finalidad de exigir la salida del ejército de las colonias, el retiro de las operaciones militares contra el narcotráfico. No se trató de un demanda contra las violaciones a los derechos humanos perpetradas por el ejército, como afirmaban los mensajes de los bloqueos, tampoco de una lucha civil para restablecer un servicio o exigir un beneficio social, sino de la utilización, previo beneficio económico, de la población de escasos recursos para los fines del narco. ¿Cómo explicar esto? ¿Por qué un sector de la sociedad está dispuesto a colaborar con el narco? ¿Qué beneficio les genera, más allá de los 200 o 500 pesos y una mochila con útiles escolares? Pasamos de las narcomantas a las narcoprotestas.

En 1995, el afamado politólogo y sociólogo norteamericano, Robert Putnam, publicó un influyente e innovador ensayo para explicar por qué unos pueblos son exitosos y otros no. Putnam utilizó el concepto de “capital social” para entender un conjunto de redes sociales, normas y confianza que posibilitan alcanzar beneficios sociales e incluso económicos para favorecer el desarrollo de la sociedad. Sin embargo, la construcción del capital social, requiere de condiciones propicias y valores que le permiten a los grupos de la sociedad cooperar y asociarse para el beneficio mutuo (una comunidad cívica). En este sentido, el concepto de capital social es una útil herramienta para explicar una crisis social como la que vivimos con el crimen organizado. A diferencia de las sociedades exitosas, lo que estamos padeciendo en México, es el lado oscuro del capital social que se promueve desde dos vías: la ausencia de un estado de derecho (la impunidad) y un gobierno ineficaz.

El crimen organizado, por ejemplo, también teje redes de confianza y lealtad, que en ante el incentivo de esas dos vías, sustituye e implanta sus propias reglas. Piénsese en la Mafia. Por otro lado, existe una realidad lacerante entre los mexicanos: no confiamos entre nosotros, lo cual mina claramente el sentido de una comunidad cívica. Menciono un dato para dimensionar la afirmación: 6 de cada 10 mexicanos confían poco en las demás personas (ENCUP, 2005). El asunto de los tapados, los bloqueos y las protestas contra el ejército, son apenas la superficie de una distorsión. Desde hace buen tiempo, el ejército es una de las instituciones públicas que mantiene amplios niveles de confianza y credibilidad entre los mexicanos. En la más reciente encuesta del Gabinete de Comunicación Estratégica realizada en Monterrey (GCE, 18 de febrero), se demuestra que 8 de cada 10 está a favor de la presencia y el reforzamiento del ejército. Otra encuesta, hecha por El Norte (13 de febrero), demuestra que 93% de los regiomontanos, aprueban la presencia del ejército. Entonces, ¿dónde quedaron las protestas?

En el fondo, lo que sí está bien arraigado, es esa cultura de ilegalidad que ha tejido con fuerza sus propias redes sociales, su confianza y solidaridad, ante la ausencia de autoridad. En otras palabras, implanta sus propias reglas con base a un capital social negativo.
Ante la amenaza que impone el narco, ante el poderoso mensaje que manda la violencia, ante las dificultades que implica esta lucha entre gobiernos y entre los propios grupos del crimen organizado, no podemos creer que el problema es sólo de restricciones y mercados, como han propuesto recientemente diversos exmandatarios; ni tampoco es meramente un problema de corrupción e impunidad arrastrada por el gobierno. A lo que me quiero referir, es que todo esto está inmerso en la sociedad, es decir, proviene de ahí, y de las reglas del juego que lo han permitido, que lo han impulsado, pero también que lo han tolerado.

El problema no viene de fuera de la sociedad, ni se originó de algo muy lejano, ajeno a la sociedad misma. Y en este punto, no podemos ignorar la relación que guardan gobierno y sociedad, por dos razones, porque el poder emana o se legitima a través de los ciudadanos, pero también, porque las personas que dan vida al gobierno, provienen de ahí. Entonces, no tenemos el gobierno que nos merecemos, sino el que se nos parece. De la misma manera, el medio millón de “ciudadanos” que el gobierno federal afirma que es parte del narco, proviene de esa sociedad. Lo paradójico del caso, es que cuando se le pregunta a la gente, qué tan responsable es la propia sociedad en la solución del problema, ésta piensa que es el gobierno, el presidente, la policía, los jueces, y casi al final, los ciudadanos (GCE, 2008). Un cambio profundo en la cultura y las instituciones, diría Putnam, requiere tiempo y lentitud.