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viernes, 30 de diciembre de 2016

Cuando Charles Bronson se volvió mexicano




Los síntomas son visibles. Deterioro. Autoridades incompetentes y sin credibilidad. Asaltantes y ladrones por todos lados. Frustración e impotencia. Ciudadanos toman las justicia por propia mano. ¿Qué más sigue? Como si fuera una receta, las condiciones están dadas, para que de vez en cuando, resurja el espíritu de Charles Bronson a la mexicana. Aplaudido por los ciudadanos. Temido por los criminales. El vengador anónimo resuelve, a punta de pistola, lo que las autoridades no pueden. En tiempos de desorden y anarquía, los justicieros cobran popularidad. Como caídos del cielo, lo mismo liberan a los pasajeros de un camión, vengan un robo, o detienen a maleantes a puros balazos.
En el Nueva York de los 70 y los 80, la criminalidad escaló a niveles de escándalo. Como una plaga, robos y homicidios por todo lados. Hasta que se impuso la “tolerancia cero”, el problema disminuyó sensiblemente; eso sí, de la mano de un duro e inteligente republicano. Zonas intransitables, se transformaron en seguros sitios turísticos. Con eficiencia y resultados, el temor se desplazó paulatinamente. Pero en todo ese drama, no faltaron las películas sobre los justicieros anónimos que hicieron frente a la criminalidad. Una saga representativa de aquellas décadas, fue Death Wish. Protagonizada por Charles Bronson, a la larga sería el prototipo del vengador atlético que después le siguió en Hollywood: Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger. Sin gimnasio y esteroides, Bronson pudo tanto como aquéllos. En su representación de Paul Kersey, El Vengador anónimo I, II, III, IV y V, —¡todo eso!— forjó un récord de violencia justiciera. Tanto así, que las autoridades pasaron de perseguirlo a necesitarlo. Un justiciero que en las calles hacía el trabajo sucio. Ese vengador era en apariencia, un “hombre sin atributos”, que al ser lastimado por el crimen, decide denunciar, con la enorme frustración cuando las autoridades nada pueden resolver. Cansado de la inseguridad, ese hombre cualquiera, se transforma al portar una pistola. Primero un pequeño y modesto revólver. Después, una pesada Magnum. Y cuando la ocasión requiere mayores esfuerzos, como enfrentar una pandilla, desempolva ¡artillería pesada! Parece broma, pero en otras ocasiones, la realidad en México siempre da para más. Todo lo supera. La reaparición del vengador anónimo por el rumbo de La Marquesa, en el Estado de México, ha causado revuelo popular. Entre aplausos, apoyo y fama, el justiciero mató a cuatro asaltantes de camino. Ahí quedaron los cuerpos, como una advertencia a otros asaltantes. Confiado en su defensa, recuperó las pertenecías de los pasajeros, y luego pidió a Fuente Ovejuna, no ser denunciado. En su ineptitud, las autoridades especulan sobre la sentencia que habría de caer al Charles Bronson mexicano, y no sobre los ladrones que delinquen tranquila e impunemente en la zona.  A todo esto, ¿qué es la realidad? Para el caso, el justiciero no deja lugar a dudas. Reaparece. Actúa. El sitio huele a pólvora. Charles Bronson en el microbus. Charles Bronson en el camión. Charles Bronson en el metro. Charles Bronson en la calle. Charles Bronson exhibe a las autoridades. Aunque se asemeja a una película de humor involuntario, las escenas son  realistas.  Hace algunas semanas, el senador Jorge Luis Preciado le llovió por su iniciativa de portación de armas y legítima defensa. A su parecer, el estado ha fracasado en brindar seguridad, a cambio, propone la portación de armas como un derecho similar al que tienen los estadounidenses. En lo personal no estoy de acuerdo con el uso de las armas, pero al mismo tiempo, en México vivimos de facto, entre ciudadanos armados. Más grave todavía, el gobierno sí ha resultado incapaz de ofrecer seguridad y justicia. Por lo mismo, cuando surge un justiciero anónimo, pronto levanta admiración y popularidad. En pleno siglo XXI, escenificamos Los Bandidos de Río Frío. Los que tienen suficiente dinero, pagan milicias privadas para protegerse en la jungla. Otra minoría, los políticos, gozan la seguridad que no tienen las mayorías. El resto: ¡sálvese quien pueda!

9 de noviembre 2016
El Siglo https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1281047.cuando-charles-bronson-se-volvio-mexicano.html

lunes, 4 de mayo de 2015

Torreón ¿qué fue de la seguridad?


Sin duda, mejores vientos corren para Torreón y La Laguna. Hace un par de años, no veíamos lo duro, sino lo tupido en cuestiones de seguridad. Era el tema de todos los días, y el temor entre muchos, estaba a flor de piel. Por las noches había calles desiertas. En junio de 2012 alcanzamos un horrendo pico de violencia. A partir de ese año, la violencia comenzó a descender. Si bien, hoy no estamos a los niveles anteriores a 2006, es un hecho notable la disminución de los sucesos de violencia. Poco a poco Torreón se rehace como una ciudad resiliente. En los peores años, salió lo mejor de los ciudadanos a los calles. Se visibilizaron organizaciones y colectivos ciudadanos para defender de algún modo la ciudad. Para bien, nuestro principal tema actualmente no es la inseguridad, sino la economía. Es relevante conocer cómo en los últimos dos años, la economía desplazó a la inseguridad como principal preocupación entre los laguneros.

Así, me da gusto ver cómo la vida nocturna resurge en la ciudad. La apertura de restaurantes, bares y hasta antros indican otros tiempos. Iniciativas como el Distrito Colón, han inyectado nueva vida a sectores muertos y abandonados. De esa manera, poco a poco dejó de ser un estigma regresar al centro. Ahora caminar por ahí en las noches, es una buena ocasión para encontrar amigos, para divertirse un rato. Recientemente, el Consejo Cívico de las Instituciones Laguna (CCIL), publicó el informe anual2014, sobre incidencia delictiva en la Zona Metropolitana de La Laguna (ZML). En Torreón los homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes descendieron 48 por ciento, de 2013 a 2014. En Gómez Palacio el descenso fue de 52 por ciento para ese mismo lapso. 

La tendencia confirma una baja consistente de ese delito a partir de 2012. A la fecha, en los subsiguientes años las tasas cayeron visiblemente. Es cierto, el problema no se acabó, pero ya no estamos tampoco a esos niveles. Aunque todavía siguen las secuelas y los daños, ya se respira otro ambiente en la ciudad.

Es “políticamente incorrecto” reconocer la labor de contención del ejército en las calles, pero sin los soldados, las cosas habrían sido peor. Igualmente, no debemos desestimar que la policía de Torreón pasó de ser un corporación infiltrada por el crimen, a una institución pulverizada por el despido masivo de policías. Costó años rehacer la institución. Actualmente la policía local es un caso relevante por ser una corporación estable entre los municipios del país. Nos es poca cosa.
Pasó la tempestad, pero todavía hay delitos en la ZML, que registran preocupantes niveles de alta incidencia delictiva. Varias modalidades de robo se mantienen por encima de la media nacional por cada 100 mil habitantes. Como ZML el robo con violencia es dos veces mayor que la media del país. El robo a negocio, es 3.2 veces más que a nivel nacional. El robo a transeúnte, supera 2.7 veces la misma medida nacional. Y lo menos, es el robo de vehículo, que aun así, es 1.2 veces mayor que la incidencia nacional. Hago un paréntesis. Las estadísticas del CCIL se basan en los reportes oficiales de las mismas autoridades, es decir, la Procuraduría General del Estado de Coahuila, y la Fiscalía General de Durango. Son cifras oficiales que el Consejo tiene a bien hacer públicas para los ciudadanos. Estoy convencido que sólo en la medida en que esa información es pública, se pueden encontrar soluciones a las problemáticas.

No se trata de descalificar a los gobiernos, sino de conocer primero cómo estamos, y sobre todo, dónde debemos priorizar las atenciones. Sin embargo a la autoridades no les haría mal reconocer lo que falta, y sobre todo, los puntos urgentes a cambiar. El Informe CCIL es un referente obligado para el tema de seguridad, y también, hay que decirlo, es una de las pocas organizaciones locales,  certificadas por el Observatorio Nacional Ciudadano.


El nuevo Informe del CCIL, vayan a ccilaguna.org.mx, presenta series comparables, datos duros, análisis estadísticos serios y la ocupación compartida por mejorar la región. Falta mucho por hacer, por recuperar. Podría decirse que estamos “menos peor” en la región, o que la situación ha mejorado. Pero lo que no podemos hacer es celebrar, cantar victoria a la ligera para imponer un argumento de autoridad (“yo lo digo”, ¡por favor señores lean a Ockham!). Hago votos para que en los próximos años regresemos a niveles razonables de seguridad. Ese duro trabajo no es solamente para el gobierno, ahí estamos también los ciudadanos.

11 de marzo 2015
El Siglo de Torreón
http://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1094966.torreon-que-fue-de-la-seguridad.html

domingo, 15 de febrero de 2015

México y Francia


Cortados por la tragedia, conmocionados por la violencia. México y Francia se encuentran cuando las vidas se pierden sin sentido. Hay civilización, pero también barbarie. El siglo XXI nos recuerda que la historia no queda atrás, sino regresa una y otra vez en forma de terror y violencia. No obstante, si recientemente la violencia nos emparenta con Francia, la respuesta a la violencia distancia a ambos países. El atentado terrorista al semanario Charlie Hebdo movió a la sociedad francesa a manifestar un claro repudio hacia los extremismos y la intolerancia. En este caso relacionada a radicales del Islam. Una mirada al pasado nos muestra que en nombre de las religiones, Dios o la Verdad, también se mata al por mayor. La tragedia llevó a cientos de miles de personas a manifestar su rechazo a los extremistas en las calles. El repudio no es a la religión por la religión, sino a la intolerancia. Al mismo tiempo, las multitudes en las calles reafirmaron con las marchas, valores fundamentales en toda democracia: libertad y tolerancia. Como persona, nos conmueve e indigna el atentado que cobró la vida de 17 franceses. Como ciudadano mexicano, no deja de llamar la atención la forma en que la sociedad y el Estado francés han reaccionado. Por un lado, los ciudadanos han tomado las calles para reafirmar los valores de la república. Incluso, el mismo semanario satírico Charlie Hebdo, en vez de replegarse y ceder ante los violentos que callan la palabra a balazos, ha decidido anteponer el valor civil de la libertad de expresión. La portada de su nuevo número muestra a Mahoma llorando bajo la frase: "Todo está perdonado".
Ahí la máxima de Voltaire: "No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo". ¿Y qué del Estado francés? La respuesta de las autoridades fue inmediata y determinante. Tanto en política como en fuerza. El presidente francés, Francois Hollande no dudó en salir tras la tragedia. Asumió su responsabilidad y sobre todo, su papel como el principal representante de los ciudadanos franceses. Por su parte, las fuerzas del Estado hicieron hasta lo imposible por dar con los agresores. Bloquearon el aeropuerto, cerraron vías e incluso, hasta tres policías perdieron la vida por dar con los terroristas. Es decir, el suceso no quedó impune y Estado cumplió con su obligación en unos días. A la inversa de Estados Unidos, que después de los 11 de septiembre inventaron una absurda guerra contra Afganistán e Irak, en Francia los principales líderes políticos europeos, se unieron a los ciudadanos en las calles, para protestar contra el terrorismo. "Libertad, libertad, libertad", fue el grito de los ciudadanos que se unieron por el dolor: Je suis Charlie. Ayer, Ángela Merkel, la poderosa canciller alemana, encabezó junto al Consejo Central de los Musulmanes en Alemania y la Comunidad Turca de Berlín, una marcha contra la islamofobia.
A más de tres meses de que 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, en Iguala, Guerrero, desaparecieran, el Estado ha sido incapaz de reafirmar su estatus. Al contrario, por momentos parece que no tenemos Estado, pero sí una serie de políticos con "casas blancas" y fortunas en el extranjero que sus sueldos como funcionarios no justifican. En vez de dar la cara como el principal gobernante del país, el presidente Enrique Peña Nieto prefirió viajar miles de kilómetros a China. Lejos de las protestas, lejos de las responsabilidades. Incluso, hasta una revista del corazón cubrió puntualmente la gira del mandatario y su esposa. Ni siquiera a su regreso fue capaz de visitar el lugar de la tragedia. El presidente tardó más de dos meses en recibir a los padres de las víctimas y hasta la fecha, las autoridades no terminan de esclarecer el crimen. El suceso parece destinado a la impunidad de criminales, políticos y autoridades cómplices. Si algo ha reafirmado Ayotzinapa, es la ausencia funcional de instituciones que arropan al Estado en favor de la sociedad.
Muchas veces nos queda la sensación de que las autoridades están contra los mismos ciudadanos. Incluso, el presidente habla del combate a la corrupción, pero él mismo fue incapaz de generar confianza tras el escándalo la "casa blanca" y el conflicto de interés con la constructora favorita del gobierno. Abundan los desaparecidos y la violencia, que si bien no está motivada por la religión, lastima profundamente al país. Hasta ahora, han sido los ciudadanos los que han protestado por miles en las calles. Son los ciudadanos los que están cansados de un Estado inútil y corrupto. Si en Francia el atentado fue una excepción en muchos años, en México, la violencia es casi cotidiana. Y sin embargo, seguimos atrapados en un gobierno más preocupado en ganar elecciones con base a regalar televisores; o unas instituciones bien dispuesta a tirar 5 mil millones de pesos en los partidos. Por desgracia, la tragedia no nos ha enseñado a construir un auténtico Estado.
14 de enero 2015

lunes, 12 de enero de 2015

Gobiernos de aparador

Difícil saber a dónde vamos en medio de la crisis. Para el caso no hay bola de cristal ni predicción que valga. Aunque la historia ofrece ejemplos y comparaciones, no sabemos bien a bien dónde va a parar la crisis que vive México. Sabemos dónde empezó la indignación, pero no sabemos dónde va a terminar. En el colmo de la incomprensión, el presidente llamó a superar el dolor. ¡Sí! Así de distante, así de ajeno al momento que vive México. Por su cabeza no pasa la autocrítica y mucho menos, la humildad. Desde 1968 no veíamos un movimiento similar: manifestaciones, crítica, protesta, rechazo al poder, indignación por todas partes. De cierta manera vivimos un momento "tectónico". Capas y cimientos que en muchas décadas no se habían movido. Desde el poder se apela a la conspiración, pero no se reconoce el fondo el problema: corrupción e impunidad del mismo poder. Las claves de nuestra endeble democracia las ofrecen los mismos actores políticos. Anoto las principales.
No hay oposición, pero sí complicidad. Silvano Aureoles, presidente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados y miembro del PRD, ratifica su lealtad al presidente. Para él la casa blanca es un "asunto entre particulares". Lejos de investigar o ser un contrapeso, el poder legislativo se quedó callado, para que tampoco sea investigado. Para los diputados es preferible la complicidad, a la rendición de cuentas.
Cuando el auditor renuncia a llamar a cuentas, sabemos que la impunidad prosperó. Juan Manuel Portal, titular de la Auditoría Superior de la Federación se comportó como debía comportase: un hombre leal al status quo. Escuchemos sus palabras: "Hasta ahorita el tema de la casa blanca es un asunto de particulares, quién le compró y quién le vendió, la señora no es funcionaria pública aunque maneje recursos públicos, pero en fin, una vez que pudiéramos tener facultades para hacerlo durante, quizá podríamos revisar el procedimiento de licitación del Tren por presunto conflicto de intereses, de la casa no salió de recursos públicos". Portal no quiere ser un outsider, ni tampoco un héroe solitario que denunció la corrupción. Nada de eso, su papel es ser un celoso guardián del orden establecido.
Cuando no salíamos de una casa, ya estábamos en otra. Luis Videragay, arquitecto de las reformas de Peña Nieto y flamante Secretario de Hacienda, no quiso quedarse atrás en eso de las casas. No obstante que declaró estar desempleado en 2012, accedió a la bondad empresarial de Grupo Higa y consiguió el mejor precio del mercado. Cuestionado por la prensa estadounidense, Videgaray, reconoció la crisis que vive el país por los escándalos de corrupción y seguridad. Más aún, la periodista Michelle Caruso le cuestionó: "Si Bárbara Bush hubiera tenido una casa construida por Halliburton, George W. Bush hubiera sido sometido a juicio político". Pero claro, Videgaray asume que está en México y no en Estados Unidos, donde sí han corrido al presidente por corrupción, como sucedió con Richard Nixon. En función de esa "certeza", el Secretario dice que no hay conflicto de interés, no obstante que Higa ha recibido contratos de miles de millones de pesos del gobierno.
Entre las autoridades, hay pocas excepciones, y quien realmente sorprendió fue el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el ministro Juan Silva Meza. En un reciente discurso, Silva Meza aludió elegantemente al presidente. Lamentó los sucesos violentos que "ni el tiempo, ni el silencio permitirán superar la adversidad, sino el reconocimiento y la determinación para hacerles frente". Luego crítico a los gobiernos de aparador: "la sociedad no quiere una justicia inservible y lejana, justicia de discurso, justicia de aparador, debemos entender que nuestro lugar está a lado de la sociedad y sus derechos, no por encima de ella".
Sin embargo, para coronar la impunidad, esta semana una noticia demostró que el cambio, si lo hay, no vendrá de las actuales instituciones, ni de los políticos en el poder, sino de una generación que se atrevió a salir a las calles. Por lo tanto: Salinas de Gortari es inocente. Como ave de mal agüero, la historia no tenía razón y ahora resulta, que Raúl Salinas, hermano de uno de los peores presidentes de México, fue exonerado por un tribunal en el DF. ¡Cómo se nota que manda el PRI! Hace algunos meses, nuestro presidente afirmó que la corrupción es un problema cultural que afecta a México. Si es así, qué cultos son estos gobernantes.
17 de dic 2014
El Siglo

domingo, 22 de junio de 2014

¿Todos somos Coahuila?

Difícil es la realidad. Para pensarla nos sobran filósofos, economistas, y algún soñador. Sobre el caso, mejor filosofar a martillazos como quería un célebre alemán. En ese sentido, cada vez que las expectativas salen de su sitio, nada como la lapidaria realidad para regresarlas a su lugar. Luego viene el problema de la percepción, que también puede ser realidad. Bien dicen que a fuerza de repetir una mentira, el mensaje se vuelve verdad. Otra forma proviene de la negación. En la práctica política, la negación hace las veces de salvavidas. Usted niegue y niegue. Nunca acepte. En la cumbre del poder, el presidente de la nación vecina afirmó lo increíble: "no tuve sexo con esa mujer". Ahí, por más esfuerzo de retórica y artificio, la realidad terminó por imponerse.
Siempre habrá quien no acepte la realidad, aunque los sucesos muestren lo contrario. De esa manera abundan las declaraciones sin sentido. Las más reciente fue la proyección económica del país de la Secretaría de Hacienda. Que si íbamos a crecer a 3.9 por ciento, ahora nos salen con que siempre no. 2.9 dicen el sumo sacerdote de las finanzas públicas. Sólo espero, que al paso que vamos, ese dos no termine en uno. Como consuelo nos queda que creceremos más que América Latina y ¡Estados Unidos! Videgaray dixit.
En el ámbito local la distancia no es mucha. Un día se afirma que el gobierno ya le ganó la batalla al crimen, pero al otro, la triste realidad se encarga de desmentirlo. En esa lógica, lo importante no son las cifras de la incidencia delictiva, sino la retórica de que las cosas van bien. Por supuesto, cuestionar el rumbo es inadmisible. En la línea del artificio y la desesperación, no queda más negar la evidencia de las cosas. Hace unos días, el Tribunal Federal Electoral, emitió una sentencia que afectará las próximas elecciones en Coahuila. Como balde de agua fría cayó la resolución del Tribunal a la gran coalición llamada "Todos somos Coahuila". Conformada por el PRI y sus convenientes satélites Verde Ecologista, Nueva Alianza, Social Demócrata de Coahuila, Partido Joven, Primero Coahuila, de la Revolución Coahuilense y Campesino Popular.
De acuerdo con el Tribunal, la ley electoral en Coahuila "ocasiona directamente la consecuencia negativa de una distorsión en el cálculo de los porcentajes de sobre y subrrepresentación de los partidos contendientes, así como del número de escaños que pueden alcanzar por ambos principios, lo cual evidentemente va en contra de los principios básicos que rigen la integración del órgano legislativo".
En otras palabras, la resolución del Tribunal evidencia la distorsión legal que el PRI había aprobado tiempo atrás en el Congreso, para hacerse de más diputaciones, no obstante la sobrerrepresentación. Bien dicen: el que hace la regla hace la trampa. Por entonces, bajo la "nueva forma de gobernar", aprobaron una reforma electoral para tener incluso, sobrerepresentación a cuenta de las minorías (léase: partidos satélites). En esa historia, el PRI se llevó el "carro completo" y un pilón más. Otro ejemplo más recientemente lo vimos en las elecciones municipales, donde la fórmula distorsionada llevó a menguar el número de regidores del PAN, no obstante de ser el partido más votado en Torreón durante las elecciones de 2013. La clave fue la coalición de partidos, sin la cual, el PRI ahora no "reinaría". A unos días de que arranquen las elecciones para renovar esa ficción llamada Congreso local, el Tribunal abrió una pauta inesperada para la competencia entre el PAN y el PRI (y el resto de los demás partidos).
De esa manera, la sentencia del Tribunal impacta sobre un tema fundamental que había sido distorsionado por el mismo PRI en el Congreso local, me refiero a la representación. Ya en otras ocasiones, he comentado distintos casos históricos de cómo los actores pueden contrariar la democracia desde la misma democracia. En otros palabras, bajo el juego democrático se encuentra la posibilidad de la autocracia. Venezuela es un ejemplo reciente. En la negación, David Aguillón, presidente del PRI en Coahuila, todavía afirmó que la sentencia resultó contra el PAN.
Lo significativo del caso, es la antidemocracia que se oculta bajo la figura de las coaliciones como bien lo muestra el alegato del Tribunal. Todos somos Coahuila y nada más.
28 de mayo 2014
El Siglo de Torreón

MÚSICA Y POLÍTICA
Excelente concierto de Lila Downs en la Plaza Mayor, además de lo positivo de ver a las personas en las calles. Sin embargo, como mosca en el arroz, cuando la cantante oaxaqueña agradeció al gobierno de Coahuila, el público abucheó. Cuando agradeció a Moreira II, el público volvió abuchear más. ¿Por qué será?

domingo, 11 de agosto de 2013

México mágico


México es mágico. Nunca nos deja de sorprender. Ya sea por colores, lugares o expresiones, siempre hay espacio para el asombro y la diferencia. ¡Como México no hay dos! Su geografía es tan rica como su gastronomía. Decimos que en costumbres y cultura somos casi excepcionales. Nuestra literatura, dada a lo fantástico, nos refleja. Un repaso reciente a nuestras costumbres también dibuja de cuerpo entero la magia que se vive en el país.
31 de julio 2013. El juez 13 de Distrito de Procesos Penales Federales, Carlos López Cruz exoneró del cargo de enriquecimiento ilícito a Raúl Salinas de Gortari, después de consabido “usted disculpe”. Al final, la competente justicia nada le probó al acusado que se le encerró por corrupción, asesinato y otras virtudes del México mágico. El ahora hermano cómodo y célebre miembro de la Cosa nuestra está de regreso. ¿Qué andará tramando? ¿Ya le habrá escrito a Zedillo? Tras su triunfo sobre la justicia mexicana, varios exgobernadores del PRI, PAN y PRD marcaron inmediatamente a Raúl para solicitarle el elíxir de la impunidad. Ya duermen tranquilos con su valioso consejo. Al paso que vamos, el gobierno de Enrique Peña Nieto debería de integrarlo como un gran asesor en fondos de inversión extranjeros y limpieza de reputación. En una de esas, la imagen de México mejora.
8 de agosto de 2013. Es liberado Rafael Caro Quintero, pionero de la industria narca a gran escala. Héroe de los años ochenta del siglo pasado, además de legendario hombre de negocios. Libró la justicia gracias a los buenos oficios de sus abogados y a la ineptitud del Estado mexicano. Durante los años idos de la infancia, escuché en varias ocasiones que el agricultor de Badiraguato pagaría la deuda del país con el gobierno gringo, a cambio de dejarlo trabajar. Mito o no, el hombre trabajó a sus anchas como un búfalo. A diferencia del Chapo que salió por la puerta grande, Caro Quintero hizo un largo trámite burocrático para alcanzar la libertad. Al fin, es de la vieja guardia. Del otro lado del río, donde todavía pagan una hipócrita y costosa lucha contra las drogas, la noticia causó indignación de oficio. ¿Qué otra cosa podrían decir si la legalización de la cannabis ya está en marcha? Un burócrata del Departamento de justica, Peter Carr, dijo que su gobierno, y en particular la DEA, están “profundamente decepcionado con el resultado” de la liberación. Pero si son sensatos, Caro Quintero podría asesorar la producción y control de la drogas en el voraz mercado gringo.
La liberación de ambos hombres nos dice que el México mágico está más vigente que nunca. Humberto Moreira, el vivo gobernador de la deuda y el megafraude, debería presentarse el próximo año como candidato a diputado local en Coahuila. El generoso electorado lo perdonaría. Armando Reynoso Femat sería un candidato digno para dirigir el IFAI y ya entrados en materia, habría estatuas e importantes avenidas en honor al padre Marcial Maciel. Por supuesto que no lo hemos visto todo, todavía falta más. ¡Siempre hay más! México lindo y querido, si muero lejos de ti… 
11 de agosto 2013

Gracias Raúl


Su nombre es escándalo y por momentos regresé a la década de los noventa con la absolución de Raúl Salinas de Gortari, un héroe indiscutible del pasado reciente. Libre y con su fortuna de regreso, tal vez hasta escriba unas memorias o un pequeño manual de derecho mexicano. La sentencia del juez Carlos López Cruz no pudo ser mejor sobre el hermano, ahora cómodo: que el hombre es muy rico no hay duda, y además, no es “penalmente responsable de la comisión de dicho delito”. Pasados los años, ya nadie se acuerda del político, ni de los escándalos de corrupción y mucho menos del supuesto asesinato de un tal Ruiz Massieu. Todo eso fueron artificios de la política ficción. El tiempo todo lo cura, pero sobre todo un buen abogado. ¡Qué justa es la ley!

El retorno del hermano nos confirma que en México siempre hay lugar para la reivindicación del pasado. Todo cabe en la ley sabiéndola interpretar. A su regreso triunfal, Raúl, bien puede ser un invaluable asesor en la defensa de Andrés Granier. Ahora más que nunca, cuando la salud de ex gobernador de Tabasco se complica en la cárcel, el hermano tiene la fórmula para la libertad.
Otro exgobe, Armando Reynoso Femat de Aguascalientes, resolvió su problema con nueve millones de pesos. Y aunque su hijo también resultó millonario después de la gubernatura de su padre, no hay nada que una fianza no pueda arreglar. Aún así, podrían consultar al hermano Raúl para que los asesore en los casos difíciles y desesperados con los expedientes judiciales que guarda la Procuraduría del Estado. Sobre todo, si quieren evitar la impertinencia de la prensa con los datos personales, más ahora que el juez negó los amparos para ocultar la información. No lo descartemos, el hermano Raúl tiene mucho que aportar. Con distintos nombres y cuentas en extranjero, supo recuperar la honra y hasta el perdón de las autoridades.

En una de esas logre representar con el mismo éxito, casos internacionales como del otrora primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi. El italiano se dice preso de una persecución política, y todo por no pagar debidamente los impuestos. Algo similar le sucedió al más célebre capo de Chicago, Al Capone, quien terminó en la cárcel no por matón, sino por evasión de impuestos. La historia parece moverse en círculos. En una país como México, donde se mata por miles con absoluta libertad e impunidad, se prefiere castigar los corridos, en especial los que hablan de las hazañas narcas. Se acusa de promover la apología de los criminales, pero en las calles los criminales pueden tomar al gobierno.
Michoacán es el ejemplo de moda. Ahí ya no hay procurador, secretario de finanzas y mucho menos gobernador. Infausto Vallejo, “el viejito” que quiso ser gobernador, ahora es rehén de su propio partido. No sería extraño que la única razón para no sustituir los poderes electos con nuevas elecciones, sea la inminente derrota del PRI, algo que a todas luces es inadmisible para el gobierno federal.

Todavía está el trauma de Baja California. Pero lo de menos es castigar criminales. Mientras el gobierno municipal de Chihuahua multa con 100 mil pesos a “El Komander”, un famoso representante de la chabacanería que canta narcorridos, en las calles de esa ciudad los organizados siguen asesinando a mansalva. Por fortuna, la nueva política federal recomienda no hablar al respecto en los medios. Yo prefiero agradecerle a Raúl por recordarme una década que ya había olvidado.

2 de agosto 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9187804 

miércoles, 13 de febrero de 2013

Justicia comunitaria

A diario, las noticias sobre el problema de las policías en México llena las páginas. Los esfuerzos son muy variados. Tenemos desde algunas, poquísimas policías en orden, hasta corporaciones pulverizadas por la corrupción y el crimen. Pero desde que la inseguridad desbordó la agenda pública, es hora que en el país no tenemos una corporación eje de la seguridad. El nuevo gobierno federal ha propuesto la gendarmería nacional, pero entre el planteamiento formal y la posible operación pasarán años antes de tener resultados. Mientras tanto, a los más altos o pequeños niveles, la policía es más un problema, que una solución.

Ahí está el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, tratando de explicar el “absurdo” de que los policías matan a los policías. En Durango, de un día para otro se depura la corporación, pero ya se anuncia otra vez el mando único. En Oaxaca y Guerrero hay comunidades donde la población no da crédito a la policía formal, y entonces, ante el vacío, se llena con una “policía comunitaria”. El asunto no es menor, por más que se localice en pequeñas poblaciones. En esa lógica comunitaria, la responsabilidad se diluye en la multitud. Es la “policía” que nace ante la ausencia de legitimidad de la autoridad formal. Porta armas, instala retes y usa capuchas o pañuelos para cubrirse el rostro. Detiene delincuentes y también aplica una justicia comunitaria. Pero si ya es un riesgo la carencia institucional de la policía, más lo es la justicia por la propia mano. 

En nombre de la comunidad, esa justicia puede convertirse en el peor remedio de la sociedad. En otras circunstancias, el vacío de autoridad en algunas ciudades norteñas, lo llenan los vecinos cerrando calles o pagando (aunque el remedio sea psicológico), seguridad privada, que al final del día tampoco se responsabiliza por los robos, las agresiones y mucho menos la violencia. No es difícil compartir el diagnóstico que da el coordinador del PRI en la Cámara de Diputados, Manlio Fabio Beltrones, cuando afirma que la presencia de guardias comunitarias es un signo de “ingobernabilidad” en los estados. En los primeros días del mes, un pareja de turistas que venía del DF, no se detuvo ante un retén de la guardia comunitaria en un poblado de Guerrero. La respuesta fue atacarlos a balazos. El líder de la “policía”, Bruno Placido, calificó a los turistas como “imprudentes”. De ese tamaño es el riesgo que como sociedad podemos estar cultivando. Porque al final del día, perder la vida puede ser una imprudencia, pero nunca responsabilidad de esa colectividad envuelta en la “justicia comunitaria”.

13 febrero 2013
Milenio http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9172318

jueves, 30 de diciembre de 2010

Videla sí, y ¿Echeverría?


A sus 85 años, Jorge Rafael Videla fue condenado por la justicia argentica a cadena perpetua. Trás cometer crímenes de lesa humanidad entre 1976 y 1983, el otrora dictador argentino, no quedó impune como su par mexicano: Luis Echeverría. 
Ni antes de la alternancia, ni después, la justicia es o fue el sello del Estado mexicano. Por el contrario, es la impunidad institucionalizada la lógica que rige el orden del desorden. 
 
 

sábado, 2 de octubre de 2010

Formas de justicia


Incentivos para la impunidad
Entre veras y bromas arranqué al fin el “Diccionario político mexicano”. No es el primero, ni el último, sino alguna edición que no se sabe cuándo saldrá ni dónde terminará. Alentado por la tradición diabólica de Ambrose Bierce, el gringo viejo que cruzó la frontera del México revolucionario para bien morir; es ahora un punto de partida para el Diccionario, a fin de comprender, aunque no siempre explicar, el periodo mexicano posterior a la transición. Hay que actualizar términos, pero también, hay que incorporar aquellos que han sobrevivido con éxito los años, las crisis y el desgaste.
En las palabras están las acciones, o al menos su reflejo. Como prueba cotidiana, las palabras muestran la profunda huella del viejo régimen, aquél que Paz describió como el ogro filantrópico. Pero así como hay permanencias, hay cambios sutiles, lentos, imperceptibles incluso, a la vorágine periodística.

Por ejemplo, la definición de “maicear”, rescatada de la tenebra por el obispo de Ecatepec, nos recordó viejas prácticas en nuevos tiempos. Así, otras palabras como “plenitud”, “ética”, “estado”, “charro”, “caudillo”,   “democracia”, “alternancia”, “competencia”, “monopolio”, son algunos conceptos que a la luz de la teoría política más solvente, resultan deficientes explicarlos.
El desencanto que siguió después del año 2000, nos reveló con claridad que la alternancia no produce rendición de cuentas, ni justicia, ni esclarecimiento del pasado. Tampoco sobrevino la deconstrucción del antiguo régimen, por eso, a pesar de algunos cambios positivos, las antiguas prácticas se siguen reproduciendo con tanta vigencia como en el pasado.

De esa manera, si leemos lo sucedido en las últimas semanas, varios casos muestran la materia de lo que está hecha la justicia en México. Por eso no resulta sorprendente que con frecuencia hablamos de impunidad, porque en realidad la justicia es una excepción. En este sentido, el mensaje que desde las instituciones se envía a los ciudadanos, termina por reafirmar en la práctica que las leyes no son relevantes para un orden común. Y esto en verdad, es una de las tragedias nacionales.
En estas circunstancias, resulta “normal” que un ex funcionario de la Comisión Federal de Electricidad, pueda utilizar un cargo público como medio de enriquecimiento ilícito. De ahí el yate, el Ferrari y las cuentas bancarias. Sin embargo, el escándalo de corrupción y sobornos no fue procesado por las autoridades mexicanas, sino por la justicia del país vecino: Estados Unidos. De hecho, el secretario de la Función Pública, Salvador Vega ni siquiera estaba enterado.

Pero si de “Lucha por la seguridad pública” se trata, el rotundo fracaso del llamado “michoacanazo” dejó en claro la incapacidad de la Procuraduría General del República para investigar, procesar y castigar. No decimos que los liberados del “michoacanazo” sean unos santos, pero la Procuraduría no pudo probar las acusaciones de una supuesta vinculación con el crimen organizado. Al mismo tiempo, un diputado prófugo la justicia, hermano del gobernador Godoy, se declara inocente y víctima política, pero actuó como si no lo fuera.

Inoperante para cerrar la pinza y concluir los procesos, la procuración de justicia resulta un incentivo para la impunidad.  Si la autoridad no es un ejemplo de buen actuar, no hay fuertes motivos para el ciudadano sí lo sea.

Por otro lado, los contribuyentes formales, esos que están registrados en el Sistema de Administración Tributaria, rinden cuentas cada mes del año, a reserva de ser sancionados, pero el SAT mismo se resiste a rendir cuentas al IFAI. No importa que de por medio se viole la ley, no importa que se envíe un mensaje negativo y de paso se oculte información. ¿Por qué el SAT no revela los nombres de las personas y empresas beneficiadas con la cancelación de créditos fiscales por la suma de 73 mil 960 millones de pesos en 2007? ¿Qué oculta?

A la inversa de lo señalado por Douglass North, el reflejo de nuestras instituciones de justicia, impulsan un despropósito para la legalidad, el desarrollo económico y el cambio institucional.
Twitter/uncuadros

viernes, 13 de noviembre de 2009

De San Pedro a Juchitepec



Dos municipios opuestos, radicalmente diferentes, geográficamente distantes y económicamente incomparables. Se trata de dos caras de una misma realidad en el país. San Pedro Garza García en Nuevo León es uno de los municipios más ricos de Latinoamérica, junto con la delegación Benito Juárez. Ahí el nivel de riqueza per cápita es sobresaliente. Al mismo tiempo, Juchitepec es un municipio plagado de carencias, marcado por la migración hacia los “Yunaites”. Tal y como concluye duramente el Índice de Desarrollo Humano Municipal en México generado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. En nuestro país coexisten municipios con un desarrollo similar al observado en Estados Unidos o en los países que integran la OCDE, pero por otro lado, también es posible identificar circunscripciones con niveles de desarrollo inferiores a los del África Subsahariana.

Sin embargo, a pesar de la radicalidad de sus circunstancias, ambos municipios comparten una cara de la misma moneda: la inseguridad, el hartazgo general de sus habitantes.
En San Pedro, el polémico alcalde Mauricio Fernández expresa sus intenciones de ir más allá de sus funciones, incluso por encima de la ley, con tal de disminuir el crimen, de erradicar el cáncer de la inseguridad. El mismo día de su toma de protesta como nuevo alcalde anunció la muerte de un conocido criminal que azolaba tranquilamente la zona metropolitana. La polémica, pero también la seducción del personaje aumentó como burbuja cuando anunció un grupo de “limpieza” para combatir a los criminales incluso por encima de la ley. Las simpatías de muchos no se hicieron esperar, e incluso el propio Fernando Martí reconoció: "Como activista social no puedo decir que estoy de acuerdo. Como ciudadano, como sentir ciudadano, creo que a todos nosotros hasta gusto nos dio".

En las condiciones actuales, donde el Estado mexicano es incapaz de garantizar la seguridad, las manifestaciones por encima de la ley encuentran terreno fértil. De esa forma, cuando aparecen personajes dispuestos a combatir la criminalidad sea como sea, aparece también la aprobación de muchos, que cansados o temerosos, ven con buenos ojos la barbarie para acabar con la barbarie. Nada más riesgoso que este silogismo de violencia. Jesús Silva Herzog Márquez describió la imprudencia del alcalde como un “populismo justiciero” a riesgo de sacrificar leyes e instituciones.



En otro punto de país, en condiciones opuestas a las conocidas en Nuevo León, cuatro sujetos, entre ellos dos policías federales, fueron identificados por algunos habitantes y posteriormente detenidos por las autoridades bajo la presunción de secuestro. La voz rápidamente se corrió y varios cientos de habitantes “arrebataron” a las autoridades municipales de Juchitepec, a los cuatro detenidos. Bajo la firme convicción “popular” de linchamiento, los habitantes furiosos golpearon a los criminales e incendiaron un sitio de la presidencia municipal. La turba pretendía rociarlos de gasolina y prenderles fuego –situación que a muchos pareció sensata−, otros ya traían a uno de los sujetos detenidos con una soga al cuello para colgarlo. Al final, cientos de policías intervinieron y rescataron a los criminales de la espontánea iniciativa popular.
En ambos casos, aún y con las diferencias visibles entre los municipios de Nuevo León y el Estado de México, existe una población azolada por el crimen, cansada de la inseguridad. No nos extrañen por lo tanto, los linchamientos en nombre de una justicia colectiva o la ferviente aprobación de la violencia ante el visible vacío que deja el Estado en grandes zonas del país, y que el propio gobierno ha llamado “zonas de impunidad”.

Esta condición bien puede generar situaciones donde con facilidad se justifica la barbarie de la justicia por la propia mano. Una especie de estado de naturaleza, argumentó en el siglo XVII el filósofo inglés Thomas Hobbes, donde manda el más fuerte, para luego ser sustituido precariamente por otro más fuerte y luego otro. Justamente esta debilidad en el largo plazo subyace a la seducción de la justicia por propia mano. La tentación de la justicia no por la vía de las leyes y las instituciones, es más atractiva y “razonable” para diversos grupos sociales que no ven de las autoridades avances en materia de seguridad.

Según el prestigioso estudio sobre la democracia en Latinoamérica, el Latinobarómetro (2008), el 61% de los mexicanos estaría dispuesto en tener un gobierno no democrático si este resuelve los problemas económicos. ¿Estaremos acaso ante la preferencia de un régimen autoritario a cambio de seguridad? No lo creo, pero algunas expresiones por ahora resultan preocupantes.