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domingo, 17 de marzo de 2013

Agárrese, vienen más impuestos

Olvídense de “La maestra”, lo que viene son más impuestos. Para nadie es un secreto la debilidad de las finanzas públicas en México. En esencia el gobierno mexicano, ese actor tan odiado a la hora hablar de impuestos, depende de los contribuyentes, y también de los ingresos que obtiene de Pemex. Durante años, esa fórmula generó distorsiones que ahora se consideran derechos: desperdicio de recursos públicos, prebendas a sindicatos, miles de millones a los partidos, y para acabar pronto, el costo de la corrupción.

Al mismo tiempo, los petrodólares inflaron de manera artificial al gobierno, incluso, por encima de su capacidad real de pago. En consecuencia, tenemos un estado obeso que se traduce, entre otras razones, en comisiones inútiles, instituciones ineficientes e insuficientes, gobiernos que generan poco o nulo valor social. Ahí están los municipios como un barril sin fondo. No se diga de los gobiernos estatales… Súmele también una base de contribuyentes que por sí sola, no podría sustentar el tamaño del Estado que tenemos. En esas circunstancias, y después de tantos años de estancamiento, el nuevo gobierno está decidido a trabajar en un reforma fiscal. La noticia es positiva, pero impopular. Retrocedamos un poco la película para evitar sorpresas. Washington,  Centro Woodrow Wilson, febrero de 2011. La mano derecha del entonces gobernador Enrique Peña Nieto, Luis Videgaray insiste en una conferencia: “el año clave para que México concrete reformas económicas y políticas relevantes será 2013”.

Hoy el proyecto se va amalgamando y por eso el domingo tres de marzo, en la asamblea nacional, el PRI aprobó reformas a sus estatutos para incluir temas como gravar con IVA medicinas y alimentos; mayor apertura y modernización de Pemex. Puntos, hasta antes del elbazo, tabú en el PRI. Previo está el Pacto por México que demanda, si no se quiere quedar en el discurso, recursos de una reforma fiscal. En esa política, también continuará el aumento a las gasolinas porque en el modelo actual, los subsidios son insostenibles. ¿Cuánto más? Hasta llegar a precios internacionales. Mejor ir preparándose.

De esa manera, no hay duda de quien manda en el PRI. Tras la vigésima primera asamblea, los priistas lograron un conceso por unanimidad. Por unanimidad eliminaron candados “obsoletos y dogmas” del programa de acción, estatutos y principios. También eliminaron la frase, “el PRI defenderá la economía popular y no aceptará el IVA en alimentos y medicinas”. Luego de la aprobación, entró Enrique Peña Nieto triunfante al auditorio.

Logrado el consenso entre los priistas, este año podría concretarse la reforma fiscal (con el subsecuente aumento de impuestos) y la reforma en Pemex. Sin embargo, la detención de una intocable como La maestra, parece poco cuando se trata de aumentar impuestos y extraer más recursos de los contribuyentes. Faltan entonces otros influyentes, otros impunes en el gobierno y los partidos, pero también poderes en la iniciativa privada. Hasta entonces, el gordillazo sólo será un caso solitario.

6 de marzo 2013
http://laguna.milenio.com/cdb/doc/impreso/9174211

sábado, 12 de marzo de 2011

La luchita de Manlio



Cada uno sueña con ser presidente, pero el sueño de uno está más cerca de otro. Enrique Peña Nieto a la cabeza de las encuestas parece inamovible, casi invencible rumbo a la presidencia. Por el contrario, Manlio Fabio Beltrones, hombre de suma experiencia en el buen y mal sentido de la palabra,  aparece débilmente en los estudios demoscópicos. Cada uno a su modo construye su sueño por la presidencia. Peña ha recurrido generosamente a los medios, en especial a la televisora que encantada, produce una telenovela política. Por su parte, Beltrones aprovecha su posición en el senado para hacer su luchita. El primero carece de discurso, pero le sobra imagen. El segundo  articula un discurso, en ocasiones convincente, pero aparece en la tele tan poco, que prácticamente no existe.
¿Cuál sería el mejor candidato? ¿Quién gobernaría mejor? Sin tener simpatía por uno y otro, les propongo un punto de análisis que permita superar las filias y las fobias, desde luego no pretendo se categórico, pero sí considero que el tema de la reforma fiscal nos dice mucho de un candidato y de otro.
Para Peña, está claro que la reforma fiscal por más necesaria que sea, por más prioritaria y estratégica para el desarrollo del país, no es un asunto relevante al cual los actores políticos tengan que atender ahora. Para él su presente  está en función de las elecciones presidenciales en el 2012. Por eso, Luis Videgaray, político sin duda interesante, técnico entendido en tema, pero atendido al tiempo de Peña, declaró que el “año clave para que México concrete reformas económicas y políticas relevantes será 2013, justo después de la elección presidencial. Para Videgaray el ambiente político no hace factible lograr reformas, declaró en Washington, en el Woodrow Wilson Center. A pesar de la relevancia del tema, está claro el sentido de prioridad de Peña.
Beltrones, urgido de presencia, propone con razón una modernización fiscal y advierte que “lo importante es que los tiempos electorales no se impongan sobre la necesidad del País”. Para él, el tiempo de la reforma es este. A diferencia de Peña, Beltrones sí articula una propuesta, y en la última semana ha cabildeado con las principales cámaras empresariales para impulsar una simplificación hacendaria, reducción de impuestos (IVA, ISR) y una recaudación generalizada. Después de pasar por el senado, la propuesta estaría en manos de los diputados; pero ahí, como sabemos, es otra historia.
A Beltrones no le queda de otra. O claudica ante la candidatura de su rival Peña Nieto, o hace su luchita para promoverse con un tema, que independientemente de las elecciones, es necesario para el desarrollo del país. Bajo la óptica del tema fiscal se revela las sustancia de uno, y la vacuidad del otro.

http://impreso.milenio.com/node/8925185
11 de marzo 2011
La Opinión Milenio

sábado, 24 de octubre de 2009

Apagar el fuego



Nuestros políticos no serán acaso, buenos políticos, pero sí buenos actores. Después de la tragicomedia legislativa en la semana, los diputados aprobaron nuevos impuestos, eso sí, ya pasadas las elecciones. Entre tanto, tomaron una decisión que nos involucra nos a la mayoría. Conviene preguntarnos: ¿La miscelánea fiscal que aprobaron por mayoría los diputados hará de México un mejor país? ¿Estos nuevos impuestos generarán la infraestructura para el desarrollo en el futuro?

Predeciblemente la respuesta es no. No se sentaron las bases para una fiscalización moderna, ni tampoco de ahí saldrá la inversión para el desarrollo. Y si no es así, entonces qué fue lo que aprobaron la mayoría de los diputados. Aprobaron un paquete fiscal para “librar” el año que entra, 2010. Por lo tanto, para octubre y noviembre de ese año, estaremos nuevamente ante el mismo problema: un gobierno que no puede sostener su gasto. En este sentido, el alcance de la miscelánea responde al corto plazo, es decir, fue impulsada para inmediatez insostenible del gobierno, para unas finanzas que dependen enfermizamente del petróleo. La historia se repite, ante la urgencia de compensar el ingresó de la renta petrolera, nuestros diputados se han avocado a apagar el fuego, pero no a proponer un solución mayor.

La fórmula combina aumento de impuestos con déficit público. Otra vez, lo que imperó en el Congreso fue el posibilismo ante la incapacidad de no asumir los costos de lo necesario, lo deseable. No importa que en lo individual muchos legisladores reconozcan la necesidad de hacer las llamadas “reformas estructurales”. Igualmente resulta irrelevante el acertado diagnóstico y la pertinente propuesta del Centro de Estudios de Finanzas Públicas del Congreso, si al fin los legisladores están atendiendo otras cosas menos al interés público, al bienestar del país. A pesar de la retórica de Francisco Rojas y su dolor por México, o la valentía patriotera de Fernando Gómez Mont.

Entones, si quienes toman las decisiones conocen los casos de éxito, si cuenta con la propuesta pertinente, si saben la importancia de construir el largo plazo ¿por qué no se materializa? Dado que ya no es posible encontrar una respuesta lógica, habrá que decir, como lo hizo hace algunas semanas Ciro Gómez Leyva, que nuestros animales políticos son “una generación política genéticamente mal dotada para la grandeza”.

Imposibilitado desde las elecciones federales, el PAN fracasó en impulsar la propuesta del presidente Felipe Calderón. El PRI más cauto, esperó a que pasara el tiempo, para luego decepcionar con su paquete fiscal. Pero ni uno ni otro atienden al largo plazo, son simples remedios inmediatos para una realidad que demanda compromiso, responsabilidad y resultados. La propuesta fiscal para aumentar impuestos recurre a la misma fórmula imaginativa: gravar a los de siempre.

Desde hace tiempo, uno de los órganos que sí funciona en el gobierno, la Auditoría Superior de la Federación, ha recordado que la ineficiencia fiscal de México, lo sitúa en el peor índice entre las naciones de la OCDE. En consecuencia, tenemos a unos cuantos sosteniendo al Estado y muchos “colgándose” de la aportación de estos. No se trata descubrir un misterio, sino de aplicar las líneas de acción empolvadas en los archiveros de los legisladores.

Por ejemplo, retomo el área de oportunidad señalada por la Auditoría: “Ante los retos y demandas sociales, así como la impostergable necesidad de un sano financiamiento del desarrollo del país, se requiere de decisiones consecuentes para mejorar la eficiencia recaudatoria del Estado, siendo necesario para ello dotar de mayores facultades recaudatorias a estados y municipios, ampliar el padrón de contribuyentes, combatir decididamente la evasión y elusión fiscal, eliminar el sector informal de la economía y el contrabando, simplificar y mejorar la progresividad del marco regulatorio impositivo, otorgar certidumbre jurídica al contribuyente, establecer una política fiscal de largo plazo que propicie certeza a las inversiones, y mejorar la recuperación de las obligaciones fiscales a través de juicios”.

De esta manera, uno de los problemas de legitimidad en el tema de los impuestos es que estos no se traducen beneficios para los mexicanos, como una educación de calidad, servicios públicos de primera o telecomunicaciones competitivas. Al final, los impuestos sirven para sostener un Estado obeso e ineficiente.

En principio, estaría de acuerdo en que subieran de los impuestos, aunque no en el sentido en que lo hicieron los legisladores, sino de promoviendo una forma moderna, equitativa y generalizada a toda la población a través del consumo. Sin embargo, qué beneficio vamos a obtener a cambio: ¿un mejor país? ¿Leyes que se cumplen y políticos que las observan? ¿Condiciones para el desarrollo del futuro? Siento decepcionar al lector, pero nada a cambio. Dentro de dos meses, los mismos diputados que ahora nos incrementan los impuestos, serán lo que no los pagarán en diciembre.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Economía presidencia II


¿En qué se va el dinero público? ¿Por qué no le alcanza al gobierno? Mejor decirlo en pocas palabras: así como están las cosas, y dada la tendencia histórica del gasto público, el gobierno generoso, Ogro filantrópico lo llamó Paz, nos lleva 3 pesos con un costo de 9. Esta situación no tiene lógica, racionalidad ni futuro como refleja la gráfica de Reforma (21, IX, 09) con datos de la Secretaría de Hacienda. Como dice un sabio dicho: nos sale más caro el caldo que las albóndigas.